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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

El hombre que escupe odio

Posted by Carlos Prieto On noviembre - 24 - 2011

Por: Alexander Cambero

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

El nuevo liderazgo terminó de nublarle el entendimiento. La muestra de profunda certificación democrática que surgió de la resultante del primer debate de los precandidatos de la libertad hizo que las pastillas tranquilizantes fueran  un acompañante necesario por los predios de Miraflores. La hermosa gesta que se transformó en esperanza para la gran mayoría de los venezolanos condensa regocijo en los hornos ardientes del pueblo.

Ellos trazan una ruta distinta al festín malandro de 13 años de obscenidad y complicidad miserable. Venezuela ha descubierto un abanico de nuevos actores con actitudes muy superiores al mandatario actual. Su gran preparación profesional y política se contrapone al cenagoso mecanismo empírico que acompaña a funcionarios mediocres, personajes sombríos surgidos del último eslabón de los repitientes consuetudinarios y que ahora quieren mostrarse como seres con hojas de servicios impecables.

La realidad descubre un Hugo Chávez agotado en sus posibilidades, ha perdido la fortaleza de su conexión con las masas espontáneas. Las secuelas del tiempo y la cruel enfermedad se notan en una humanidad  envejecida. Sus respuestas son lerdas, ya que no puede mostrase como vocero del futuro; él está confinado a representar al pasado oprobioso. Y   lo decimos porque Venezuela vivió épocas esplendorosas con administraciones que legaron grandes cosas que aún subsisten pese a la marcada ineficacia del régimen. Es injusto dejar de reconocer que valerosos hombres fraguaron una patria grande, nuestra geografía se llenó de obras trascendentes; nos sacaron de la ruralidad hasta conectarnos con la modernidad; infortunadamente, se cometieron errores que hicieron germinar el desastre que padecemos.

El gobierno de Hugo Chávez, con el sol calentándole hasta los intestinos, ni siquiera tuvo testosterona para atreverse a sabotear el debate de los demócratas, encadenó con la tradicional sarta de mentiras y se fue enfriando hasta quedarse mudo, mientras las manecillas del reloj nos acercaban al encuentro de nuestros mejores talentos. El deseo de la inmensa mayoría de los ciudadanos de escuchar al próximo presidente obligó al gobierno nacional a tener que bajar la persiana. El presidente, acongojado, buscaba desviar la atención, pero las ranuras del molino del cambio terminaron liquidando su aviesa intención; los ciudadanos, hartos de su fábrica de fábulas, lo obligaron a callar. Seguramente que sus más cercanos colaboradores recibieron su recital de insultos ante el éxito del nombrado debate. Quizás sintió un frío penetrándole por todos los hinchados flancos, cuando Diego Arria prometió llevarlo al Tribunal de La Haya. Allá espera un banquillo de fino acabado francés por su huésped venezolano.

El hombre sigue escupiendo odio. Sus intervenciones tienen la mezcolanza del engaño con la animadversión contra todo aquel sector que no se deja engañar por la jauría revolucionaria.

Después de 13 años, nuevos actores le hablaron al país, lo hicieron con un lenguaje respetuoso y cónsono con la majestad a la que aspiran, tan distinto al discurso escatológico de Hugo Chávez. Cualquiera de ellos tiene mayor formación, inteligencia y modernidad que el régimen inmoral.

Se asoma el 2012 con sus fulgores de esperanza. Venezuela ya dejó de seguir al hombre que escupe odio; este seguirá revolcándose en su propio dolor del alma. El tiempo se le agota y caen las hojas del calendario para mostrar que todo tiene su final.

e-mail: alexandercambero@hotmail.com

Twitter @alecambero

La vanidad de los príncipes (By. Antonio Caballero)

Posted by Carlos Prieto On septiembre - 16 - 2009

El prestigio de los príncipes se mide en su capacidad de jugar a la guerra. los príncipes se arman por vanidad.

194. Sarkosy-LulaVENEZUELA-RUSSIA/CHAVEZ

Brasil le hace a Francia una gigantesca compra de armamento y salen felices los presidentes Lula y Sarkozy, cogidos de la mano, posando para las fotos. Venezuela le hace a Rusia otra compra de armamento no menos grande, y los presidentes Chávez y Medvedev posan no menos contentos para su foto respectiva. Desde el punto de vista del francés y del ruso la satisfacción se comprende: están vendiendo las armas y cobrando una millonada por ellas. Pero el brasileño y el venezolano ¿para qué las compran? ¿No podrían gastarse sus millonadas respectivas en algo más útil?

Aquí debería venir la retahíla habitual sobre los hospitales y demás cosas útiles. Hasta un jefe de Estado (es decir, un comprador de armas) como el peruano Alan García insinuó en la reciente cumbre de Bariloche que esos gastos constituyen un despilfarro injustificable. Pero no. Y él lo sabía. Lo que pasa es que la cumbre era televisada, y hablaba para la galería.

Hugo Chávez ha explicado varias veces que sus compras de armamento se hacen en defensa propia. Siente que Venezuela, por cuenta tanto del mal ejemplo de su “revolución bolivariana” como de sus ingentes reservas de petróleo, está bajo la amenaza de un ataque del imperio norteamericano. Lula, por su parte, expuso un argumento parecido con respecto a las compras del Brasil, aunque sin citar al enemigo. Refiriéndose a los inmensos yacimientos petrolíferos descubiertos hace un par de años bajo las aguas territoriales brasileñas dijo, sin referirse a nadie en particular: “El petróleo ya fue motivo de mucha guerra y mucho conflicto, y no queremos eso”. No les falta razón a los dos, claro. Pero ¿acaso le sirvieron de mucho a Saddam Hussein sus colosales gastos en armamento (comprado a la Unión Soviética) para defender el petróleo iraquí cuando los Estados Unidos se inventaron un pretexto para invadir el país? Sin embargo, no es que Chávez se haga la ilusión de que sus tanques rusos van a defender la franja del Orinoco, ni que Lula piense que sus submarinos franceses protegerán de intrusos el fondo del Atlántico. Las explicaciones de los dos presidentes no son convincentes porque no son ciertas. Como García en Bariloche, hablan para la galería. Sus verdaderos motivos para armarse hasta los dientes son otros.

El primero se resume en la frase sibilina del ruso Medvédev al anunciarles a los periodistas el acuerdo con Chávez: “No voy a engañarlos: este tipo de contratos no siempre se firma en público”. Me trajo a la memoria el escándalo que se armó aquí hace veinte años cuando el entonces presidente Virgilio Barco se refirió “en público” (ante una periodista argentina) a la compra de armas por parte de Colombia y Venezuela. Reveló que le había propuesto a su colega venezolano Carlos Andrés Pérez reducir el despilfarro de los dos países pasándoles a sus respectivos militares el importe de las comisiones de la compra de armas sin necesidad de comprarlas. De esa revelación imprudente le vino a Barco la fama de que era bobo o estaba loco. Porque, aunque era una propuesta de hombre sensato, no podía ser una propuesta de hombre de Estado. Los hombres de Estado saben que las armas no se compran únicamente por las comisiones (que también existen en los hospitales, por ejemplo), sino porque son más útiles que los hospitales. Dan prestigio: el prestigio de los príncipes se mide en su capacidad de jugar a la guerra.

Pero el motivo más profundo es otro. El general Charles de Gaulle, que participó en dos guerras mundiales en las que su país, armado hasta los dientes, fue derrotado, y se encargó de liquidar la guerra colonial de Argelia en la que Francia, pese a su superioridad de armamento, tampoco obtuvo la victoria, explicó la necesidad de que se armara también con armas atómicas a sabiendas de que, si llegaban a usarse, quedaría aniquilada por completo:

— Estar armado es necesario para ser invitado a las conferencias de desarme.

Los príncipes se arman por vanidad. Mírenlos en la foto.

Tomado de Semana

La pesadilla de la apostilla (By. Editorial de El Tiempo)

Posted by Carlos Prieto On julio - 3 - 2009

124. Apostilla

Una decisión soberana de Venezuela ha generado en los últimos meses extenuantes filas enfrente de las dos oficinas de atención al público de la cancillería colombiana en Bogotá. En aras de controlar su flujo de divisas, el gobierno de Caracas empezó a exigir un certificado de residencia y de parentesco a los compatriotas que envían remesas desde Venezuela a sus familiares en Colombia. Esos documentos requieren una apostilla que expide el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Pero Venezuela no es el único vecino que ha complicado los requisitos. A raíz de la crisis diplomática con Bogotá, Ecuador volvió a exigir el certificado judicial para el ingreso de colombianos a su territorio. Pero ahora el documento también necesita ser apostillado y esto ha desembocado en traumatismos en la circulación de turistas, comerciantes y empresarios de ambos países. Así, la apostilla, un sello internacional de notaría, se ha venido convirtiendo en un engorroso trámite que ha desbordado la capacidad de las autoridades.

De un plumazo, la Cancillería pasó de expedir 3.500 apostillas diarias a 8.000 -la mitad relacionada con colombianos en Venezuela-. Sin lugar a dudas, la inmediata sobredemanda ha superado los recursos logísticos y humanos del Ministerio -que casi ha colapsado ante las miles de personas que diariamente hacen cola para obtener este requisito-. A lo anterior se suman las hordas de tramitadores, verdaderas mafias que monopolizan cientos de turnos para luego venderlos al mejor postor. Asimismo, otros trámites que necesitan apostillas, como adopciones e inversiones extranjeras, han empezado a sufrir demoras en su expedición.

Sería injusto afirmar que el Ministerio no está haciendo nada. De hecho, ayer anunció una línea telefónica para agilizar el procedimiento, además de descentralizar la atención y contemplar la declaratoria de urgencia manifiesta. Sin embargo, las medidas tomadas no están produciendo los resultados esperados y la descongestión no parece estar cerca. Independientemente de que estas colas sean producto de los vecinos, la Cancillería está en la obligación de responderles con celeridad a quienes a diario precisan de estos trámites.

Es perentorio negociar con las autoridades venezolanas la flexibilidad de este requisito, pues con Ecuador las cosas se ven más difíciles. De igual manera, que se amplíe el abanico de recursos para que la normalidad retorne lo más pronto posible a los servicios de apostillamiento de la Cancillería.

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