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La vanidad de los príncipes (By. Antonio Caballero)

Posted by pocho On Septiembre - 16 - 2009

El prestigio de los príncipes se mide en su capacidad de jugar a la guerra. los príncipes se arman por vanidad.

194. Sarkosy-LulaVENEZUELA-RUSSIA/CHAVEZ

Brasil le hace a Francia una gigantesca compra de armamento y salen felices los presidentes Lula y Sarkozy, cogidos de la mano, posando para las fotos. Venezuela le hace a Rusia otra compra de armamento no menos grande, y los presidentes Chávez y Medvedev posan no menos contentos para su foto respectiva. Desde el punto de vista del francés y del ruso la satisfacción se comprende: están vendiendo las armas y cobrando una millonada por ellas. Pero el brasileño y el venezolano ¿para qué las compran? ¿No podrían gastarse sus millonadas respectivas en algo más útil?

Aquí debería venir la retahíla habitual sobre los hospitales y demás cosas útiles. Hasta un jefe de Estado (es decir, un comprador de armas) como el peruano Alan García insinuó en la reciente cumbre de Bariloche que esos gastos constituyen un despilfarro injustificable. Pero no. Y él lo sabía. Lo que pasa es que la cumbre era televisada, y hablaba para la galería.

Hugo Chávez ha explicado varias veces que sus compras de armamento se hacen en defensa propia. Siente que Venezuela, por cuenta tanto del mal ejemplo de su “revolución bolivariana” como de sus ingentes reservas de petróleo, está bajo la amenaza de un ataque del imperio norteamericano. Lula, por su parte, expuso un argumento parecido con respecto a las compras del Brasil, aunque sin citar al enemigo. Refiriéndose a los inmensos yacimientos petrolíferos descubiertos hace un par de años bajo las aguas territoriales brasileñas dijo, sin referirse a nadie en particular: “El petróleo ya fue motivo de mucha guerra y mucho conflicto, y no queremos eso”. No les falta razón a los dos, claro. Pero ¿acaso le sirvieron de mucho a Saddam Hussein sus colosales gastos en armamento (comprado a la Unión Soviética) para defender el petróleo iraquí cuando los Estados Unidos se inventaron un pretexto para invadir el país? Sin embargo, no es que Chávez se haga la ilusión de que sus tanques rusos van a defender la franja del Orinoco, ni que Lula piense que sus submarinos franceses protegerán de intrusos el fondo del Atlántico. Las explicaciones de los dos presidentes no son convincentes porque no son ciertas. Como García en Bariloche, hablan para la galería. Sus verdaderos motivos para armarse hasta los dientes son otros.

El primero se resume en la frase sibilina del ruso Medvédev al anunciarles a los periodistas el acuerdo con Chávez: “No voy a engañarlos: este tipo de contratos no siempre se firma en público”. Me trajo a la memoria el escándalo que se armó aquí hace veinte años cuando el entonces presidente Virgilio Barco se refirió “en público” (ante una periodista argentina) a la compra de armas por parte de Colombia y Venezuela. Reveló que le había propuesto a su colega venezolano Carlos Andrés Pérez reducir el despilfarro de los dos países pasándoles a sus respectivos militares el importe de las comisiones de la compra de armas sin necesidad de comprarlas. De esa revelación imprudente le vino a Barco la fama de que era bobo o estaba loco. Porque, aunque era una propuesta de hombre sensato, no podía ser una propuesta de hombre de Estado. Los hombres de Estado saben que las armas no se compran únicamente por las comisiones (que también existen en los hospitales, por ejemplo), sino porque son más útiles que los hospitales. Dan prestigio: el prestigio de los príncipes se mide en su capacidad de jugar a la guerra.

Pero el motivo más profundo es otro. El general Charles de Gaulle, que participó en dos guerras mundiales en las que su país, armado hasta los dientes, fue derrotado, y se encargó de liquidar la guerra colonial de Argelia en la que Francia, pese a su superioridad de armamento, tampoco obtuvo la victoria, explicó la necesidad de que se armara también con armas atómicas a sabiendas de que, si llegaban a usarse, quedaría aniquilada por completo:

— Estar armado es necesario para ser invitado a las conferencias de desarme.

Los príncipes se arman por vanidad. Mírenlos en la foto.

Tomado de Semana

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La pesadilla de la apostilla (By. Editorial de El Tiempo)

Posted by pocho On Julio - 3 - 2009

124. Apostilla

Una decisión soberana de Venezuela ha generado en los últimos meses extenuantes filas enfrente de las dos oficinas de atención al público de la cancillería colombiana en Bogotá. En aras de controlar su flujo de divisas, el gobierno de Caracas empezó a exigir un certificado de residencia y de parentesco a los compatriotas que envían remesas desde Venezuela a sus familiares en Colombia. Esos documentos requieren una apostilla que expide el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Pero Venezuela no es el único vecino que ha complicado los requisitos. A raíz de la crisis diplomática con Bogotá, Ecuador volvió a exigir el certificado judicial para el ingreso de colombianos a su territorio. Pero ahora el documento también necesita ser apostillado y esto ha desembocado en traumatismos en la circulación de turistas, comerciantes y empresarios de ambos países. Así, la apostilla, un sello internacional de notaría, se ha venido convirtiendo en un engorroso trámite que ha desbordado la capacidad de las autoridades.

De un plumazo, la Cancillería pasó de expedir 3.500 apostillas diarias a 8.000 -la mitad relacionada con colombianos en Venezuela-. Sin lugar a dudas, la inmediata sobredemanda ha superado los recursos logísticos y humanos del Ministerio -que casi ha colapsado ante las miles de personas que diariamente hacen cola para obtener este requisito-. A lo anterior se suman las hordas de tramitadores, verdaderas mafias que monopolizan cientos de turnos para luego venderlos al mejor postor. Asimismo, otros trámites que necesitan apostillas, como adopciones e inversiones extranjeras, han empezado a sufrir demoras en su expedición.

Sería injusto afirmar que el Ministerio no está haciendo nada. De hecho, ayer anunció una línea telefónica para agilizar el procedimiento, además de descentralizar la atención y contemplar la declaratoria de urgencia manifiesta. Sin embargo, las medidas tomadas no están produciendo los resultados esperados y la descongestión no parece estar cerca. Independientemente de que estas colas sean producto de los vecinos, la Cancillería está en la obligación de responderles con celeridad a quienes a diario precisan de estos trámites.

Es perentorio negociar con las autoridades venezolanas la flexibilidad de este requisito, pues con Ecuador las cosas se ven más difíciles. De igual manera, que se amplíe el abanico de recursos para que la normalidad retorne lo más pronto posible a los servicios de apostillamiento de la Cancillería.

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