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Uribe…Portentoso* !!! (By. Carlos Prieto)

Posted by pocho On Octubre - 10 - 2009

Es asombrosa la popularidad de nuestro presidente. Tuve la oportunidad de asistir a la asamblea anual de Cotelco, en Armenia (Quindio), la semana inmediatamente anterior. Allí llego el Dr. Uribe, a cumplir una cita con los Hoteleros de Colombia, acompañado de un sin numero de colaboradores de altísimo nivel: Ministro, Director del Sena, Director Aerocivil, etc. Es admirable la capacidad mental de nuestro presidente; quien sin lugar a dudas tiene “Metido el país en su cabeza”.

Al margén de darle la razón a unos u a otros, con referencia a un tercer mandato, me gustaría hacer la siguiente reflexión:

Tienen razón quienes van en contra de la reelección, cuando plantean que debe haber un cambio en el poder, para así dinamizar el desarrollo de nuestro país. Que hay corrupción, que se esta generando un autoritarismo aplastante, que…etc., etc., etc.

Tienen razón quienes respaldan la reelección, cuando plantean que debemos seguir con los programas de seguridad democrática, que debemos aprovechar la capacidad de nuestro presidente para seguir saliendo del atolladero donde nos habían metido administraciones anteriores. Que…etc., etc., etc.

¿Será que más del 60% de los Colombianos está equivocado, al pensar que el Dr. Uribe debe seguir con un Tercer Mandato? Pocho

*Portentoso: Extraño, singular, que causa admiración ó asombro

245. Sin contrapeso

244. Barriendo

243. Aplastante

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La tricolor democracia (By. Mauricio Pombo)

Posted by pocho On Septiembre - 8 - 2009

“En el tercer mundo, la democracia respetable es aquella que permite compartir el botín cada cierto tiempo a corruptos de otros partidos.”

186. Tricolor

Lo he dicho e insisto. No creo en el cuento aque de que la segunda reelección desinstitucionaliza al país. Y no lo creo, pues siempre he dudado de la seriedad de sus llamadas instituciones. En estos días, el vicepresidente Santos dijo que en Colombia hay “un Congreso fuerte, un poder Judicial muy fuerte e independiente y una prensa absolutamente libre”. Al respecto, me apropio del comentario de un lector de El Espectador: “Es cierto, Colombia siempre ha tenido un Congreso fuertemente corrupto, un sistema judicial fuertemente ineficiente y una prensa absolutamente libre de objetividad y responsabilidad social”.

Así, pues, estoy en contra de la reelección, pero no por los motivos esgrimidos desde la oposición, en cuanto al asunto de los pesos y contrapesos, bla, bla, etc. Estoy en contra, pues considero que debe haber un cambio en la gerencia de la corrupción. O sea, darles la oportunidad a otros para que, al menos durante cuatro años, ejerzan el democrático derecho de llenar los bolsillos de sus amigos. Uno aquí a lo máximo a que puede aspirar, en términos de democracia, es al cambio de corrompidos y corruptores. Es desgastador ver siempre a los mismos robando. Hay que darles la oportunidad a otros. Volver a la democracia, maestros, como cuando con Samper robaban los amigos de Samper y luego con Pastrana los suyos. Lo injusto de este cuento de la segunda reelección es que siguen siendo los mismos los que roban y, a su vez, se atenta contra la democracia del robo y la corrupción. La redistribución del ingreso sólo es posible si cambian los intermediarios. A Sarmiento Angulo le da igual a quién financia; sabe que, venga quien venga, le cuidarán la finca. Los presidentes son sus mayordomos. El cuento bonito de los tres poderes independientes no tiene ni tuvo sustento alguno ¡nunca! Los tres, años ha, han sido dependientes del narcotráfico o de los poderes económicos ‘legales’.

En el tercer mundo, la democracia respetable es aquella que permite compartir el botín cada cierto tiempo a corruptos de otros partidos. Así de sencillo. Basta pensar en la cantidad de gente que se vería favorecida con un cambio: los amigos de Pardo, de Vargas Lleras, de los Gaviria. Por eso, y solo por eso, nos debemos oponer a que la rapiña siga en manos de quienes han usufructuado de ella por casi siete años. ¡Viva la democracia, maestros!

Lo bonito de nuestra tricolor democracia era la alternancia de la corrupción. Es injusto que un inepto como Andrés Uriel sea el único con derecho a ejercer su ineptitud. Democrático sería que otros ineptos de otros bandos (¿bandas?) tuvieran también acceso a cargos públicos. Además, descansaríamos de algunos columnistas, que recuperarían sus antiguos consulados. En fin, hay un sinfín de razones para estar en contra de la segunda reelección.

Tomado de El Tiempo

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Tapa bocas

Tapa bocas

No hay que hacer historia patria para saber que las actividades de los hijos del presidente de turno siempre han sido objeto de polémica y hasta de menoscabo de los poderes del Ejecutivo. Tampoco hay que hacer un gran esfuerzo mental para deducir que la controversia por los negocios de Tomás y Jerónimo Uribe no es más que un anzuelo para pescar algo más grande; casos similares hay muchos -unos legales, otros no; unos éticos, otros no-, pero no revisten el interés malsano que este despierta.

Es normal que haya suspicacias en un país donde el tráfico de influencias es tan pródigo como el de narcóticos, y donde hasta se compran leyes -como se desprende de una conversación entre ejecutivos de Fendipetróleo-. Pero hay que entender que una cosa es hacer o tener negocios con el Estado y otra, muy distinta, es hacer trámites ante el Estado, con apego a la ley, que son los mismos para cualquier ciudadano. Solicitar la aprobación de una zona franca no es hacer un negocio con el Estado, sino un trámite ante él; es como pedir licencia de funcionamiento para un negocio -una discoteca, una cafetería- en los términos que la Ley exige.

Existe el prejuicio de que a ellos les aprobaron la solicitud sólo por ser los hijos de Uribe, pero el Gobierno ha reglamentado 47 zonas francas, en las que no participan hijos del Presidente, y no hay razón para pensar que ellos -y sus socios- carecen de la idoneidad suficiente para desarrollar un proyecto con el cumplimiento de los requisitos que tantos otros han solventado.

Los Uribe no necesitaban recibir beneficios espurios por parte de los subalternos del papá porque la Ley obliga a aprobar las solicitudes que cumplen los requisitos. Tampoco requerían ‘información privilegiada’ porque no es el Estado el que decide dónde habrá zonas francas ni dónde hay un negocio que pinta bien. Sugerir que hubo información confidencial equivale a decir que nadie sabía que Bavaria tenía ese lote en venta -con avisos de prensa y todo-; que por allí pasa el tren desde 1917; que la doble calzada está prevista desde 1995, o que el POT de Mosquera proyectaba ese terreno como de uso industrial desde el 2000. Es una necedad sugerir que ese lote iba a ser una ’selva virgen’ hasta el fin de los tiempos, a menos que un poder malévolo metiera baza allí.

Otra cosa que no hace honor a la verdad es la tergiversación malintencionada de que los Uribe le están robando al Estado 3.000 millones de pesos, cuando esta suma corresponde a la estimación de ganancias de un negocio privado; es más, puede que estén haciendo las cuentas de la lechera y la utilidad sea mucho menor, pero el hecho es que no hay dineros públicos ahí.

Y, por cierto: no hay nada de indecente en el hecho de que alguien haga fortuna lícitamente, a la edad que sea. Es de una aterradora pobreza intelectual argumentar que unos jóvenes como los Uribe (el mayor tiene 28 años) no deberían estar ganándose miles de millones a estas alturas, sino ” ‘mochiliando’ en la Sierra Nevada de cuenta del papá”. Resulta que estos pipiolos no lo han hecho nada mal: SalvArte proporciona sustento a 200 familias de artesanos; mientras que Ecoeficiencia tiene 303 empleados con todas las prestaciones de ley.

El odio de clases, mezclado con la noción de que la riqueza es pecaminosa, es un peligroso coctel maniqueísta que no le hace bien a Colombia. Por el contrario, de estos necesitamos muchos más. Lo que tienen Jerónimo y Tomás es una ‘formación privilegiada’, por lo que hay que abogar por una educación de calidad para todos y propagar la vocación empresarial entre la juventud colombiana.

Cuando los Uribe vendían artesanías, les parecían buenos muchachos a todo el mundo porque esos abalorios no dan plata. Pero un gran negocio era el papayazo perfecto para armar otro sainete protervo contra el Gobierno. La inconveniencia del negocio no se discute, pero el trámite es legítimo.

Saúl Hernández

Tomado de El Tiempo

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Ni furibista, ni urifóbico (By. Mauricio Vargas)

Posted by pocho On Mayo - 11 - 2009

Excelente nota del Sr. Vargas. Me alíneo completamente con este critério absolutamente imparcial. Pocho

111-equilibrio

No estoy de acuerdo con el ex asesor presidencial José Obdulio Gaviria, ni con quienes lo atacan con ferocidad con toda clase de epítetos descalificadores. Él plantea que los electores no tenemos sino dos opciones: Uribe o el desastre. Y los otros, que equiparan a Uribe con el desastre, no quieren saber nada de lo que huela a Uribe, así se trate de herederos suyos dispuestos a seguir con sus políticas más positivas, e imponer ajustes en la dirección del país. Para José Obdulio, sólo Uribe debe seguir a Uribe en el 2010. Para quienes lo atacan, Uribe acabó con la democracia y se convirtió en dictador.

Todos ellos están equivocados. En su radicalismo, olvidan que en la historia hay procesos y en la política, matices. Que la realidad no es de blanco y negro, que hay grises, y que la sociedad colombiana, a punta de enfrentar las amenazas de los peores criminales, lo mismo ‘Tirofijo’ que Mancuso, ‘Jojoy’ que ‘Jorge 40′, ha madurado y no se va a dejar encerrar en el juego maniqueo de estar con Uribe o contra él, de pensar que es la personificación del Mesías, o de creer que es el mismísimo Patas.

Uribe sacó a Colombia de un hoyo profundo. Cumplió su promesa de contener a una guerrilla prepotente, que año a año ganaba más territorios. E hizo más: la arrinconó, la desbarató y la dejó al borde de la derrota definitiva. En cuanto a los paramilitares, creo que cometió graves errores en el proceso de Justicia y Paz, y que cargará la responsabilidad política de haber nombrado a Jorge Noguera en el DAS, lo que abrió las puertas de esa entidad a una pandilla de criminales, algo que me permití denunciar hace ya varios años en esta columna. Pero también pienso que el día que extraditó a los 14 jefes paramilitares más importantes acabó con las Auc. ¿Que se sacrificó la verdad y la reparación? Me parece que en Estados Unidos, los ‘paras’ extraditados han contado más de lo que habían dicho aquí, donde se burlaban de los fiscales y de las víctimas en cada audiencia. Para no hablar de que aquí iban a pagar de cuatro a seis años en celdas de lujo, y en la tierra del Tío Sam van a pagar décadas con una hora diaria de sol.

Aun si la guerrilla sigue atacando, y aun si perviven bandas armadas que evocan los inicios de las Auc, creo que la historia dirá que bajo los dos mandatos de Uribe tanto guerrilla como paramilitares perdieron el impulso que traían y quedaron en estado de coma. Este éxito de Uribe deja sin argumentos, por igual, a furibistas y a urifóbicos. A los urifóbicos, porque esos logros de Uribe, más allá de errores y condenables excesos, le devolvieron a Colombia la posibilidad de vivir en paz y en democracia. Y a los furibistas, porque si los resultados son tan sólidos, su sostenimiento no debería depender de que Uribe siguiera en el gobierno. Lo contrario querría decir que aún son frágiles y que los casi siete años de mandato del Presidente no han sido tan buenos. El verdadero éxito de las políticas de un mandatario, sobre todo si estuvo ocho años, es que estas hayan quedado tan consolidadas que él pueda irse del poder sin temor a un reversazo.

En la última encuesta de Gallup, puntean Sergio Fajardo, el menos uribista de los uribistas, seguido de Juan Manuel Santos, Germán Vargas y Andrés Felipe Arias. Ningún anti-uribista aparece con opciones de ganar: los colombianos no quieren a alguien que ponga en riesgo los logros en materia de seguridad. Pero los encuestados encuentran en el abanico de presidenciables opciones distintas a la reelección, incluso si esta tiene apoyo. Y al mantener el respaldo a Uribe en 68 por ciento, pero rajarlo en temas como empleo, lucha contra la pobreza o combate a la corrupción, demuestran que tienen más matices que aquellos que nos quieren meter en la sinsalida de que hay que estar con Uribe o contra él.

mvargaslina@hotmail.com

Mauricio Vargas

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36-enrique-santos

Hasta las Farc podrían contribuir a atornillar a Uribe en el poder.

Dos fuertes golpes sufrieron esta semana las Farc en su estratégica región de Sumapaz: la caída del tenebroso ‘Negro Antonio’, autor de más de cien secuestros, y la muerte en combate de alias ‘Gaitán’, jefe de la red urbana de Bogotá. Significativo revés para la pretensión de volver a sus andanzas en Cundinamarca.

No menos diciente fue la captura en el campamento del ‘Negro Antonio’ de un dirigente del sindicato agrario Fensuagro, que señala que, bajo el liderazgo de ‘Alfonso Cano’, las Farc han intensificado su estrategia de “combinar las formas de lucha” e infiltrar organizaciones sindicales, sociales y estudiantiles.

Tampoco está exento de significado el cordial mensaje enviado por el Secretariado de las Farc al II Congreso del Polo Democrático (al que hasta hace poco despreciaban por blandengue y reformista), en el que sugiere acuerdos políticos para frenar la continuidad del uribismo. El hecho es revelador de la nueva táctica de acercamiento a los movimientos legales, como lo es que el mensaje no produjera un rechazo más claro -y sobre todo colegiado- de la Dirección Nacional del Polo.

La ambivalencia de algunos de sus sectores ante la lucha armada es apenas uno de los factores que hoy dividen al Polo, que solo parece estar de acuerdo en evitar la reelección uribista, aunque no cómo, ni con quiénes. Salió pegado con babas de su Congreso y en el fondo es una lástima, porque a este país le convendría una opción de izquierda moderna, vigorosa y seria. Pero, para que algún día pueda convertirse en alternativa creíble, no puede caer en el clientelismo samuelista, ni mucho menos coquetear con lo que en épocas más gloriosas se conocía como el “movimiento armado”.

Y mientras la izquierda armada o la desarmada debate cómo frenar lo que considera el “para-narco-facho-uribismo”, la última encuesta Gallup señala que a la mayoría de colombianos no le chocaría para nada elegir por tercera vez al Presidente que tienen.

¿Cómo entenderlo, cuando todo indicaba (incluso la anterior Gallup) que la popularidad de Uribe iba en progresivo declive? Por motivos obvios: economía frenada; desempleo disparado; carreteras destruidas; DMG; ‘chuzadas’, etc. Y cuando también parece haber un ilustrado consenso político sobre el nocivo efecto institucional que para Colombia tendría una segunda reelección presidencial (desequilibrio de poderes; otra reforma constitucional; más “arreglos” en el Congreso; referendo cuestionablemente financiado; mala lectura internacional…).

Pero el hecho es que, con una confirmada favorabilidad del 69 por ciento, el Presidente mantiene enorme ascendencia sobre una campaña que seguirá girando en torno de lo que él haga o no haga. En su editorial sobre la última encuesta, El Nuevo Siglo llega a decir que ya “parece reelegido”.

Yo prefiero pensar que Álvaro Uribe entiende la inconveniencia de un tercer mandato; que conoce las lecciones de la historia sobre el tema y sabe que su legado no puede estar asociado a caudillismos continuistas. Comunes en el continente, pero ajenos a la tradición política colombiana.

Quiero creer que Uribe no pretende perpetuarse y lo que busca es que todos los que se proclaman uribistas se midan en el debate público para juzgar quién garantiza mejor el seguimiento de sus políticas. Que es de lo que se trata. Y dar luego el guiño final.

Ingenuo, me dicen los que aseguran que todos los caminos conducen a Uribe. “No pierdan el tiempo, el candidato del uribismo es Uribe”, escribió alguien por estos días en eltiempo.com. Amanecerá y veremos.

Aún le queda mucho trecho a una campaña incipiente en un país impredecible. Falta ver qué pasa con el referendo en el Congreso y qué dirá la Corte Constitucional. O con qué salgan las Farc, que podrían atornillarlo en la Casa de Nariño a punta de atentados y bombazos.

Tomado de El Tiempo (08/03/2009)

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La periodista de SEMANA María Jimena Duzán estuvo en el vecino país y palpó el creciente sentimiento anticolombiano. Es la radiografía de una olla a presión que puede estallar en cualquier momento mientras en Colombia a nadie le importa.

3-correa

En un debate televisivo con el Fiscal General del Ecuador, uno de los periodistas invitados le increpó al funcionario por la ineficacia de ciertas medidas adoptadas por su despacho. El Fiscal lo miró y respondió a su pregunta no sin antes echarle en cara su origen colombiano. A José Hernández, actual director editorial de la revista Vanguardia, la alusión no sólo le sonó fuera de lugar, sino que lo sorprendió: en sus 12 años de vida como periodista era la primera vez que algo así le sucedía en Ecuador. Sorprendido con el episodio, no le quedó más remedio que responderle: “Pues yo sí quiero decirle a usted -le dijo al aire al Fiscal- que yo tengo el honor de ser una persona que tiene las dos nacionalidades”. 

Lo que le sucedió a José Hernández, un periodista que para ser más justos es más ecuatoriano que colombiano, no es un caso fortuito. Infortunadamente, ese tipo de situaciones en las que se percibe un creciente sentimiento anticolombiano se ha ido incrementando de manera muy preocupante en Ecuador. Sobre todo desde el primero de marzo del año pasado, fecha en que la Policía y el Ejército colombiano incursionaron en territorio ecuatoriano y, sin avisarle al Presidente ecuatoriano, bombardearon el campamento del jefe guerrillero ‘Raúl Reyes’, hecho que motivó el rompimiento de las  relaciones entre los dos países.  

Desde entonces, las historias de colombianos que han sido bajados de un taxi por haberse declarado partidarios del presidente Uribe se han ido multiplicando, así como los trámites y el costo para la revalidación de las visas a los colombianos residentes. No menos sorprendentes han resultado las declaraciones dadas por el dimitente ministro de Gobierno, Fernando Bustamante, un reconocido intelectual liberal, en las que justificó la exigencia del certificado judicial a los colombianos que entran al Ecuador, basándose en “la percepción ciudadana” -que nadie ha podido probar en la realidad- de que “el libre ingreso de colombianos ha contribuido a la inseguridad”. En esa misma línea estaría el ex canciller Francisco Carrión, quien recuerda que en las cárceles ecuatorianas la mayoría de los presos no son de ese país sino colombianos. 

Por no hablar de que en los almacenes de Quito y Guayaquil a los vendedores colombianos, antes tan apetecidos por los comerciantes debido a su destreza en ese campo, se les contrata cada vez menos.  “El acento ya no les gusta”, me dijo una colombiana que ha sentido en carne propia un cambio sustancial en la forma como los ecuatorianos resienten el uso de imperativos y el hablar directo y francote que caracteriza al colombiano. “Es que suenan tan arrogantes como el presidente Uribe”, me dijo un taxista que no le perdona “que le haya mentido a Correa como lo hizo”.

Yo misma fui objeto de una fuerte recriminación en ese sentido por parte del jefe de prensa del dimitente ministro, a quien le disgustó tremendamente el tono de voz que utilicé por el teléfono cuando lo llamé a pedirle de manera infructuosa una entrevista con su jefe: “¡No tiene que levantar la voz para pedir una entrevista con el Ministro!”, me dijo de manera drástica, como si mi tono lo hubiera agredido. 

“Es probable que a muchos colombianos en Ecuador les esté pasando lo que les sucedió a los musulmanes en Estados Unidos, después del 11 de septiembre”, me confesó, muy a su pesar, Guadalupe Mantilla, la dueña y directora del periódico El Comercio, el diario más influyente y más antiguo de Ecuador,  por el que además ha pasado una pléyade de importantes periodistas colombianos que llegaron a Ecuador hace muchos años. 

Hoy, sin embargo, los vientos que recorren ese país son otros y de la visión idílica que se tenía hace 10 ó 20 años de los colombianos, se ha pasado a una marcada por el prejuicio y la xenofobia. Prueba de ello es que a los pocos días del bombardeo del campamento de ‘Reyes’ en territorio ecuatoriano, dos colombianos acusados de haber violado a una niña fueron linchados por la comunidad, que prefirió quemarlos vivos a ponerlos a disposición de la justicia.    

¿A qué horas los colombianos nos convertimos en los pícaros y dejamos de ser los vecinos queridos y admirados? ¿Por qué nos están odiando tantos ecuatorianos?

Para contestar esta pregunta habría primero que decir que fueron muchos los demonios que se despertaron en Ecuador -pero que se venían incubando desde hacía años- luego de la incursión colombiana del primero de marzo de 2007, día de la violación a su soberanía.

Mientras en Colombia la opinión pública aplaudió la decisión unilateral del Presidente colombiano de bombardear un campamento de las Farc en Sucumbíos, y el gobierno de Bogotá intentó lavarse las manos con la tesis de que su problema era con la amenaza terrorista de las Farc y no con el pueblo ecuatoriano, en Ecuador este acto fue como una puñalada a su nacionalismo que tocó hondas raíces culturales e históricas.

La actitud de Uribe fue registrada en Ecuador como la de un Presidente arrogante, que no quiso informarle a Correa  lo que realmente había sucedido en Sucumbíos a pesar de que en los días anteriores la conversación entre los dos había sido bastante fluída. Tanto era así, que 72 horas antes del bombardeo el presidente Correa había decidido levantar la exigencia del pasado judicial para los colombianos. “Uribe se equivocó con esa actitud porque afincó en el imaginario ecuatoriano esa percepción de que los colombianos nos han mirado siempre por encima del hombro”, sostiene el ex canciller Francisco Carrión, uno de los ecuatorianos que más han cuestionado la actitud imperialista de Colombia a la hora de sentarse a solucionar los problemas que afectan a una frontera de por sí porosa, entrecruzada por el narcotráfico, guerrilla, paras y desplazados.  

Pero, además, en Ecuador se percibe en todos los ambientes una sensación de desconcierto frente a un país que siempre ha sido un referente cultural. Aunque también es cierto lo que dice el periodista José Hernández en el sentido de que paralela a esa percepción los ecuatorianos han mantenido una relación de amor y odio con Colombia, porque por un lado nos admiran, mientras que por el otro resienten el trato displicente que les damos.     

Lo cierto es que a los ojos de los ecuatorianos, su país no mereció el trato indigno que le dio el gobierno de Colombia con el bombardeo sobre Sucumbíos. Ecuador ha recibido los últimos siete años miles y miles de refugiados, ha hecho ingentes esfuerzos para ayudarles a retomar su vida lejos del conflicto colombiano y además ha acogido en su territorio cerca de 500.000 colombianos en los últimos siete años. “El gobierno colombiano nos trató como si nosotros fuéramos un país enemigo”,  me dijo la subdirectora del periódico Hoy de Quito.   

Para poder entender la magnitud de la indignación que ha suscitado en Ecuador el bombardeo en Sucumbíos, hay que recordar que este es el mismo país que vivió casi todo el siglo pasado un conflicto cruento con el Perú. “Por ese motivo -me recuerda Adrian Bonilla, director de Flacso- el tema de la soberanía es un tema tremendamente sensible para los ecuatorianos”. Durante casi 60 años este país construyó en su imaginario la imagen de que Perú era el enemigo de su soberanía y cuando sucedió el bombardeo en Sucumbíos se despertaron todos estos fantasmas que se habían sepultado desde cuando en 1998 se pactó finalmente la paz con Perú.  

Ahora entiendo lo que me dijo Gonzalo Ruiz, un periodista ecuatoriano integrante del grupo de buenos oficios constituido por la Fundación Carter, en el sentido de que los colombianos no entendimos realmente el significado de la mirada cerrera que le propinó Correa a Uribe en aquella tensa reunión de Santo Domingo. “No era simplemente la mirada de un presidente furioso que se sintió engañado. Esa mirada interpretaba un país cuya soberanía estuvo amenazada por espacio de 60 años, que fue lo que duró el conflicto con Perú”. No sobra anotar que durante ese conflicto, Ecuador nunca rompió relaciones con ese país.    

Evidentemente las causas del cambio en la percepción de los colombianos en Ecuador van más allá de los errores cometidos por Uribe y de esta guerra de percepciones en las que unas resultan más reales que otras. Para el canciller ecuatoriano Francisco Carrión, este cambio comenzó en el año 2000, cuando aumentó considerablemente el número de colombianos en Ecuador, muchos de los cuales habían llegado como refugiados a raíz del conflicto interno que vive el país, según datos ofrecidos por la Acnur. “Si se fija uno bien, en las cifras este aumento de la migración coincidió con el Plan Colombia, lo cual confirma la teoría del ‘balloon effect’, según la cual todo lo que tu reprimes por un lado sale por el otro”. 

En siete años, Ecuador pasó de tener una migración colombiana pequeña constituida por representantes de las elites preparadas, a tener una más popular y numerosa. Se cree que en Ecuador puede haber cerca de 500.000 colombianos, aunque muchos hablan de que la cifra puede ser el doble si se tiene en cuenta que muchos de ellos están indocumentados. Como lo dice el ex canciller Carrión, “para un país que tiene escasos 13 millones de habitantes, el impacto de la migración colombiana es de hecho bastante grande”. 

Muchos de esos colombianos han llegado a un país donde la oferta de empleos es reducida e insuficiente, y han desplazado a muchos nacionales que han tenido que aceptar que en la mayoría de los casos los colombianos son más preparados y más trabajadores. Lo más grave es que esta tensa situación se podría agudizar aun más en la medida en que la crisis económica se hace más latente y los puestos de trabajo escaseen, sobre todo entre los que viven en el subempleo, que en Ecuador es uno de los más altos de Suramérica. 

Por si lo anterior ya no fuera difícil de manejar, existe el hecho innegable de que no todos los colombianos que han llegado a Ecuador lo han hecho con la intención de trabajar y de salir adelante. Muchos de ellos se han dedicado a montar bandas delincuenciales dedicadas a asaltar bancos y residencias.  “La verdad es que cada vez que hay una noticia en los medios informando sobre el asalto a una residencia o a un banco, el jefe de la banda es colombiano”, me confiesa un ecuatoriano, preocupado por el aumento de la inseguridad en su país y quien no duda de que este deterioro tenga que ver con la presencia de colombianos. ”En Ecuador hasta hace poco un muerto era la gran noticia”, me dice. Y aunque en realidad las bandas actuales son cada vez más mixtas o inclusive ya tienen jefes ecuatorianos, la percepción que se ha ido afincando en Ecuador es la de que las dos cosas van de la mano. Por cuenta de estas percepciones, a los colombianos que buscan arrendar un apartamento les están exigiendo tres veces más documentos que a los ecuatorianos. “No es que yo piense que todos los colombianos sean unos pillos, pero por uno que la embarra, las llevan todos”, me dijo una mujer que se dedica a arrendar apartamentos. 

La situación se agrava con el hecho de que este tipo de percepciones que incitan a la xenofobia  y  que reafirman clichés que poco ayudan a la convivencia entre unos y otros -como el de que el colombiano es un vivo y el ecuatoriano un torpe-, coinciden con un duro discurso oficial que el presidente Correa ha mantenido contra el gobierno Uribe; un discurso que sin duda es mucho más persistente e incitador que el que ha tenido Uribe contra Correa.

No hay sábado que el Presidente ecuatoriano no se refiera de manera peyorativa al gobierno colombiano ni les recuerde a los ecuatorianos la importancia de pelear por la patria y la defensa de la soberanía. “Un Presidente que ha tenido en dos años casi que cinco elecciones y que se apresta a reelegirse el próximo 26 de abril, ha sabido utilizar electoralmente el tema de Colombia para exacerbar un nacionalismo que cohesiona a los ecuatorianos y que le da buenos puntos en las encuestas”, me advirtió el periodista Gonzalo Ruiz. Aunque el presidente Correa se cuida de no inmiscuir en sus diatribas sabatinas al pueblo colombiano, para muchos ecuatorianos la diferencia entre el presidente Uribe y sus súbditos en la práctica resulta más difícil de establecer. 

Lo más preocupante es que mientras estos estigmas se están afincando en el imaginario ecuatoriano, no hay mucho interés por reanudar las relaciones con Colombia. Entre otras razones porque existe la sensación de que los costos de esta ruptura, medidos en términos económicos, han sido prácticamente nulos. Así lo advierte un estudio hecho por la Flacso en el que queda claro que las importaciones colombianas desde Ecuador no sólo no decrecieron, sino que tuvieron su mejor año en 2008. 

La sensación de que no hay necesidad de reanudar las relaciones se afianzó aun más hace unos meses, cuando más de la mitad del Ecuador sufrió un apagón y Colombia le envió energía sin mayores contratiempos. No sería extraño que esta sensación sea la misma que se siente en Bogotá y que estos brotes xenófobos contra los colombianos que viven en Ecuador le tengan sin cuidado a la gran mayoría de los colombianos.    

Yo me quedo con lo que opina el ex canciller ecuatoriano Francisco Carrión, para quien “las relaciones entre los dos países no se pueden medir por el termómetro económico porque terminan subordinándose serios problemas sociales que necesitan de una pronta solución”. Ojalá no se necesite esperar a que esta olla de presión explote y se tenga que lamentar hechos violentos, para que el presidente Uribe y el presidente Correa hagan a un lado sus gigantes egos y se sienten a dialogar.

Tomado de Revista Semana (07 Febrero 2009)

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El ansiado “guiño” (By. Matador)

Posted by pocho On Enero - 27 - 2009
El ansiado "guiño"  

 

 

El ansiado "guiño"

Lo quiere Juan Manuel, lo quiere Andrés Felipe, lo quiere Germán; también lo quiere Rodrigo. Mejor dicho, lo quieren todos. ¿Quien será el elegido? ¿Será que tiene razón Matador?.

No creo que Uribe insista con Uribe, para el 2010. Creo que le hará el “Guiño”,  al que adquiera el “COMPROMISO” de devolverle el trono en el 2014.

Compromiso: Obligación contraída por medio de acuerdo, promesa o contrato

Pocho

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¿Habrá periodismo sin Uribe? (By. María Isabel Rueda)

Posted by pocho On Enero - 13 - 2009

¡Y qué tal en las que se vería el pobre de Vladdo si Álvaro Uribe se va del Gobierno! Tamaño trasteo el que le tocaría hacer desde la Casa de Nariño, en cuya fachada, con gran desprendimiento, su actual inquilino le ha permitido venir colgando algunos de sus más exóticos trofeos. Vladdo tendría que descolgar la foto de monseñor Escrivá de Balaguer, la curita, las banderas de Planeta y EL TIEMPO, la antena de RCN, el emblema de la Cruz Roja y de Telesur, la cara de la ‘Gata’, la calavera, el elefante, los angelitos de Tomás y Jerónimo. Pero, lo más difícil, por su truculencia, sería buscarle ubicación a la mano de Iván Ríos.

mariaisabelrueda

Si al fin no hay reelección presidencial, no quiero ni imaginar cuántos colegas y amigos podrían perder sus trabajos por falta de inspiración periodística.

Por ejemplo, ¿qué haría Felipe Zuleta con su columna de El Espectador? Depende tanto de Álvaro Uribe que, cada 50 columnas seguidas en las que acusa al Presidente de paramilitar y de corrupto, Felipe tiene la precaución de emprenderla el domingo siguiente contra los amigos y aliados del Presidente, para no volverse cansón. Y eso le da para otras 50 columnas.

Igualmente me preocupa mi querido y talentoso amigo Ramiro Bejarano. Si Uribe ya no está en el gobierno, ¿a quién dirigirá sus denuncias sobre los abusos que vienen cometiéndose contra la justicia por cuenta del despotismo presidencial, que está llenando la rama judicial de magistrados uribistas? No. La lectura de El Espectador jamás sería igual si nos llegaran a faltar las agudas adendas dominicales de Ramiro contra el presidente Uribe.

Y sigo con Daniel Coronell, en quien me refugio con frecuencia en busca de consejo o, sencillamente, de la generosa amistad que me ha brindado durante tantos años. Temo que en su caso el golpe sea doble. Sin Uribe, Daniel se quedaría sin tema en su popular columna de Semana y perdería inspiración el juicioso periodismo de investigación que hace desde Noticias Uno.

¡Y qué tal en las que se vería el pobre de Vladdo si Álvaro Uribe se va del Gobierno! Tamaño trasteo el que le tocaría hacer desde la Casa de Nariño, en cuya fachada, con gran desprendimiento, su actual inquilino le ha permitido venir colgando algunos de sus más exóticos trofeos. Vladdo tendría que descolgar la foto de monseñor Escrivá de Balaguer, la curita, las banderas de Planeta y EL TIEMPO, la antena de RCN, el emblema de la Cruz Roja y de Telesur, la cara de la ‘Gata’, la calavera, el elefante, los angelitos de Tomás y Jerónimo. Pero, lo más difícil, por su truculencia, sería buscarle ubicación a la mano de Iván Ríos.

Otro que quedaría envainado laboralmente sería el director de El Nuevo Siglo. Gracias a la forma como lo inspira su antiuribismo, Juan Gabriel Uribe ha logrado que las páginas políticas de su periódico sean las más sustanciosas del país y se hayan convertido en lectura obligada, lo mismo que los editoriales en los que trata tan a fondo el decaimiento moral del país bajo la era Uribe. Confieso que me asusta que, si no hay reelección, la alta calidad editorial de El Nuevo Siglo se venga en picada.

Ni para qué hablar de lo que le sucedería al exitosísimo programa radial Hora 20. Lo sintonizo sin falta de lunes a viernes a las siete en punto, picada por la curiosidad de saber quiénes serán los cuatro que esa noche vaciarán a Uribe durante dos horas seguidas. ¿Se imaginan lo aburrido que será Hora 20 el día en el que, sin Uribe, los invitados tengan que dedicarse a alabar al Presidente de turno?

Pero, si no hay reelección, la más envainada de todas con la ausencia de Uribe será María Jimena Duzán. Le tocaría desenlaminar su columna de Semana, con la que monotemáticamente insulta al Presidente bajo distinto título. Pero, además, Uribe le ha dado la oportunidad de convertirse en la versión colombiana de las madres de la Plaza de Mayo. Entre semana, como no tiene columna, María Jimena se entretiene agitando en su contra un pañuelo blanco desde la Plaza de Bolívar. No nos engañemos: sin el Presidente, la valiosa vida periodística de María Jimena podría perder todo su sentido. Eso no podemos permitir que suceda.

Soy opositora rotunda de una nueva reelección de Álvaro Uribe. Pero ante la perspectiva de que tan valiosos colegas se queden sin trabajo, hasta estaría dispuesta a reconsiderarla.

Al fin y al cabo, para eso es la amistad.

María Isabel Rueda. Tomado de El Tiempo (11 Ene. 2009)


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Situación (By. Antonio Caballero)

Posted by pocho On Diciembre - 2 - 2008

 

Situación

Situación

 Dificil situación que esta viviendo nuestro país en estos momentos. Son tantos los frentes y los temas que agobian a nuestra amada nación, que habrá que tener cabeza fria para solventar estos obstaculos. Ojala nuestros dirigentes tomen la desiciones acertadas, para un mejor futuro. Desafortunadamente creo que no dependemos de nosotros mismos. Habrá que esperar igualmente que las cosas mejores en todo el planeta. 

Creo que el aporte que cada uno de nosostros podría dar, es hacer bien las cosas. Si antes pensabamos que estabamos dando nuestro mayor esfuerzo…esto fue insuficiente. Volvamos cada vez más competitivos…apuntemosle a la excelencia.

Carlos Prieto (Pocho)

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ARMARIO PRESIDENCIAL (By. Arantiz)

Posted by pocho On Noviembre - 20 - 2008

Para los interesados en saber que contiene el Armario de Nuestro Sr. Presidente. ¿Malo ó Bueno? Amanecerá y veremos…

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