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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

El discurso de Guardiola

Posted by Pocho On abril - 29 - 2011

Por: Ramon Besa

Fuente: El País – Madrid, España

Guardiola siempre guardó un respeto institucional hacia el Madrid. Mantiene todavía una buena relación con Raúl, recuerda a la Quinta del Buitre como una generación futbolística revolucionaria, intercambia mensajes con Fernando Hierro y es de la cuerda de Valdano. Desde su condición de barcelonista, le tiene desde siempre por un equipo muy competitivo y un club poderoso. Le preocupa, en cambio, cómo Florentino Pérez administra y aplica el poder, y a sus oídos ha llegado también que el presidente del Madrid recibió su llegada al banquillo del Camp Nou con una frase despectiva tal que “Guardiola es el López Caro del Barça”.

No hay pruebas, como de tantas otras afirmaciones que circulan por el mundo periodístico a gusto del consumidor, en función del bando en el que se milite, ya sea en la central lechera, como se denomina a la prensa afín a Florentino, o en la culé. No para el ventilador de la propaganda ni el de la contra propaganda. El presidente del Madrid ha congelado el organigrama y también el tejido social del club del señorío que tanto reverenciaba el entrenador del Barça. Florentino se ha vencido a Mourinho y la suma de ambos provocó que el martes reventara Guardiola, desquiciado al igual que en su día Rijkaard, después de que Mourinho le acusara de conspirar en la caseta del árbitro.

Hay quien sostiene desde el Camp Nou que Mourinho consiguió sacar “lo peor de Guardiola”, su perfil más desconocido y agresivo, no el reivindicativo, que siempre lo tuvo, tanto en las causas personales como de club. Una de las personas próximas al técnico aseguró ayer: “Pep ha reaccionó así porque cree que el equipo le necesitaba”. La cuestión era liberar a los jugadores, ponerles a salvo de cualquier duda, mientras el propio Guardiola se batía con Mourinho. Hombre de juzgados y comunicados, a Rosell le tocaba el papel de neutralizar a Florentino, que a ojos de algunos barcelonistas parece menos enemigo que Laporta.

A Guardiola y al Barça les convenía recuperar la iniciativa, o al menos el protagonismo positivo, después de que Mourinho hubiera visualizado mejor la serie de los clásicos. A diferencia del Barcelona, que ha distinguido tres torneos diferentes de una larga temporada y de un proyecto a largo plazo, el técnico portugués ha afrontado el choque como un pack en el que tenía una posibilidad única de destruir en 15 días la obra de Guardiola. No es casualidad que la trama haya ido in crescendo, siempre desde la espiral de Mourinho, empeñado en manchar todos los títulos del Barça, dispuesto a demostrar que todo su futbol es artificial, puro teatro, un invento de la prensa.

El discurso de negación del fútbol barcelonista había funcionado mucho mejor que el de afirmación hasta el desenlace porque la maquinaria madridista había actuado con más determinación que la azulgrana. La duda estaba en saber si la personalidad de Guardiola, personaje de club por excelencia, absorbente y capaz de asumir distintos papeles, había provocado una parálisis institucional o la directiva aún no encontraba su sitio en el club, más allá de la de controlar el gasto, siempre a la expectativa del discurso de Guardiola, incapaces los miembros del consejo de responder al pilón destructor de Mourinho.

Mou siempre se defendió a partir de medias verdades y procuró convencer al espectador de que el Barça no juega al fútbol sino que hace teatro y que no hay más guionista que Guardiola. Llegados a tal punto, no está en juego un título sino la cabeza de Mou o de Pep, sobre todo porque la política de los dos clubes descansa en sus técnicos. A Mourinho, sin embargo, le protege el poder mientras que al equipo de Guardiola se lo lleva la corriente, expuesto al marcador. El desgaste del técnico azulgrana es imparable porque se ha sentido solo mientras que el del Madrid congregó a la entidad. A Mou solo le preocupa desenmascarar a Pep, batirse en el cuerpo a cuerpo, desenmascarar al Barça.

No es extraño por tanto que el Madrid se sintiera más fuerte en el cuerpo a cuerpo, en los torneos de eliminación, que en la Liga, un torneo que domina el Barcelona por su capacidad para relacionarse con el Sporting u Osasuna, despreciados por Mou, deseoso de medirse con quien le disputa la jerarquía. A Mourinho le obsesiona desenmascarar al Barça mientras que Guardiola pretende ganarse a la gente del fútbol, y de ahí su arrebato colérico, su discurso contra Mourinho, porque en el fondo cree que está defendiendo a su equipo, al fútbol, a Valdano, a la Quinta del Buitre, al Madrid que perdió la Liga en Tenerife sin decir ni pío para gloria del Barça.

Así que, visto el guión y disputada la ida de la Champions, el fútbol se puso de parte de Guardiola y negó a Mourinho. Triunfó Messi a partir de la expulsión de Pepe, una jugada que permitirá a cada entrenador continuar con su discurso. Los guiños del fútbol son inacabables. De momento, sin embargo, visto el juego y el marcador, Messi le ha dado la razón a Guardiola. El entrenador se mojó por el equipo y el equipo homenajeó al técnico.

Valores, no colores

Posted by Pocho On abril - 24 - 2011

Por: Jorge Barraza

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

“Ultrabarcelonista”, “Falto de imparcialidad”, “Argentino de m…” En lugar de utilizar la red de Internet para debatir ideas, el público -mayoritariamente- aprovecha el anonimato de los foros para descalificar al cronista, insultar a otros lectores o despotricar contra todo.

La gente flota en una fantasía: todo está amarrado. Los partidos, los jugadores, los periodistas. Ante cualquier apreciación del cronista viene la réplica del internauta: “Claro, porque a usted le paga fulano…”

Siempre sostenemos que en el fútbol hay más boca sucia que suciedad. ¿Quién es capaz de entrar a un vestuario de fútbol y decir “muchachos, hoy hay que ir para atrás”…? No lo imaginamos. En tantos años de fútbol no hemos sabido de algo así. Sólo una vez se conoció un pacto aberrante, en el Mundial-82, entre Alemania y Austria. Austria aceptó perder 1-0 con tal de que clasificaran los dos a segunda ronda. Nadie lo negó.

Lo mismo acontece con la prensa. “Al diario le conviene vender esto…”, “Los medios buscan entronizar a aquel…” Mitos. Definitivamente, el hombre común descree del ambiente; odia a los dirigentes, aborrece a los periodistas, se indigesta con los entrenadores y… piensa que los futbolistas son unos cándidos sujetos a quienes todos explotan y maltratan.

El duelo Barcelona-Real Madrid se ha convertido en más que un partido de fútbol, que una rivalidad y que dos camisetas en pugna. El hincha es hipersensible a toda opinión que se deslice al respecto. Pero ocurre que el periodista, sin perder objetividad, debe tomar partido.

El Barcelona de hoy, este fenomenal ballet creado por Josep Guardiola, es una escuela de valores. Más allá del indiscutible placer visual que genera, de los títulos conquistados, transmite sentimientos nobles: su respeto al buen fútbol, al juego limpio, a los rivales, la línea de educación y tolerancia que baja su entrenador hacia el plantel en cada declaración, el hidalgo manejo en todo sentido.

El Real Madrid fue posiblemente el equipo más popular del mundo durante medio siglo. Un club querido, admirado. Luego entró en una era de arrogancia deportiva, en la soberbia de los millones. Se volvió antipático. Hoy representa la antípoda del Barcelona.

La gente suele no advertir que un equipo que trata de generar un buen espectáculo está defendiendo el dinero de su entrada. Cree que todo es cuestión de camisetas. Ojalá un día el Real Madrid decida cambiar totalmente su política y contrate un Guardiola. Ese día seremos fervorosos hinchas merengues. No lo ocultaremos, lo gritaremos. Pero se trata de valores, no de colores.

La modernidad de Mourinho

Posted by Pocho On febrero - 7 - 2011

Por: Miquel Molina

Fuente: www.lavanguardia.es

Mentar el Barça de Guardiola como referencia del trabajo bien hecho puede ser inadecuado. Porque la labor rigurosa del entrenador y la paciencia del club –han tenido que pasar 30 años para que la cultura Masia fuera plenamente reconocida– son valores cada vez más ajenos al convulso mundo del fútbol y a la sociedad en general. Pretender que esta es la línea que hay que seguir para triunfar en la vida es tan ingenuo como sería pedirle a un empresario que asuma diez años de pérdidas antes de lograr beneficios. El mundo actual tiene prisa, y la minuciosidad y la capacidad de concentración ya no son imprescindibles para el éxito, como nos sugiere Nicholas Carr en ‘Superficiales’ (Taurus), libro que analiza los efectos que causa la revolución digital en nuestro cerebro. En este contexto puede decirse que José Mourinho es un líder contemporáneo, mientras que su rival Guardiola sería una reliquia del pasado. Valiosísima, sí, pero reliquia.

Una de las últimas evoluciones de la música popular es el llamado Mash-up, una práctica consistente en la combinación de varios temas musicales, a menudo de diferentes estilos, en una sola pieza. A falta de ideas propias, se importan y se incrustan en el conjunto. Fragmentos del Disco blanco de los Beatles mezclados con raps de Jay-Z dieron forma a un exitoso disco de DJ Danger Mouse, por poner un ejemplo.

Cuando se contrapone el estilo definido del Barcelona a la estrategia Mash-up del Real Madrid y se critica a este porque “no se sabe a qué juega” se incurre en un anacronismo. Y se comete de paso una injusticia con Mourinho. Porque el portugués, desde su rabiosa modernidad, tiene como rival a un Barça que es irrepetible, fruto de circunstancias que difícilmente volverán a confluir. Mourinho lleva años imponiendo su fútbol Mash-up, basado en fichar sobre la marcha a jugadores veteranos y en mezclar estilos y procedencias. Así triunfó en el Oporto, en el Chelsea y en el Inter. Y lo haría en el Madrid, que lleva la bonita suma de 51 puntos sobre 63 posibles, si no fuera por ese accidente llamado Barça, conjunto que ha logrado un nivel de eficacia brutal pese a basarse en conceptos tan obsoletos como la cultura del esfuerzo o la promoción del talento.

Tan moderno es Mourinho que, igual que han hecho muchas empresas desde que estalló la crisis, ha relegado a un segundo plano la realidad social corporativa, tan de moda hace pocos años. Ya no se lleva eso de respetar al rival ni al jugador propio. Ni siquiera a esos seguidores del Bernabeu que aprecian el buen fútbol y la deportividad. El desprecio es un valor en alza: sólo importa la cuenta de resultados.

Y, en esta línea de posmodernidad y suma de conceptos, constataremos también que el técnico de Setúbal logra combinar fútbol y artes escénicas, al convertir en un auténtico drama la actividad deportiva diaria. Si ha habido un atisbo de modernidad en el vetusto Barça fue cuando el Camp Nou se inventó un cántico que era puro Mash-up: el Mourinho vete al teatro entonado a ritmo de Guantanamera.

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