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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Sensatez

Posted by Carlos Prieto On mayo - 10 - 2011

Por: Saúl Hernández Bolívar

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Caricaturas: Matador

La corrupción se ha querido manejar con una demagogia suicida, como si para expurgar unos parásitos hubiera que tomar cicuta.

Los ciudadanos no estamos reclamando venganzas ni pidiendo chivos expiatorios.

(Nombre de caricatura)…Corrupción: problema de salud pública

Que el 70 por ciento de los colombianos consideren que el problema de corrupción se está agravando entraña un asunto más delicado aún, como es la pérdida de credibilidad de las instituciones. Y eso ocurre porque el tema se ha querido manejar con una demagogia suicida, como si para expurgar unos parásitos hubiera que tomar cicuta.

Es irresponsable plantear que la corrupción empezó ayer, que el gobierno anterior fue un dechado de podredumbre o que esta degradación la inventó el Polo en Bogotá. Flaco favor le hace al país la justicia espectáculo cuando toma decisiones dizque “para que los medios no nos cocinen” (Mendoza Diago), o cuando se exagera la verdadera magnitud de las cosas para justificar medidas arbitrarias.

Es cierto que los ciudadanos estamos esperando resultados, pero no estamos reclamando venganzas ni pidiendo chivos expiatorios. La corrupción en Colombia es alta, pero eso no es excusa para hacer un manejo alegre de las cifras. Por ejemplo, si entre el 2005 y el 2010 se concedieron 4,9 billones de pesos en recobros, no puede decirse que se robaron 4,5 billones porque eso equivaldría -como afirma el ex ministro Palacio- a que todos los recobros fueron fraudulentos y a que hay centenares o miles de cómplices entre jueces, miembros de comités técnicos y ‘pacientes’ que se prestaron para estafar al sistema.

(Nombre de caricatura)…Diagnóstico

Algo similar ocurrió cuando el fiscal del caso AIS acusó de peculado a los cinco ex funcionarios del Ministerio de Agricultura, asegurando que todo el dinero destinado al módulo de riego era una defraudación a favor de los 33.000 beneficiarios. Claro que a estos funcionarios no les han encontrado indicios de que se hayan apropiado de recursos públicos, como en el caso del saqueo a la salud, donde hay correos electrónicos que comprueban el chanchullo y el cinismo de estos delincuentes: “… por fin vamos a salir de pobres. Jajajaja”.

Seamos serios. En Colombia siempre ha habido corruptos dedicados a identificar puntos débiles para defraudar al Estado, como el filón de los recobros al Fosyga, que pasaron de 626.000 millones en el 2007 a 2,6 billones en el 2010. Pero recordemos que mientras el Gobierno y algunos comentaristas asegurábamos que eso era un abuso al que había que ponerle coto, la oposición aducía que a los pacientes había que darles lo que fuera y al costo que fuera.

EL TIEMPO ha publicado casos de corrupción en la salud por montones. Cobros por cirugías de próstata en mujeres, tutelas que ordenan poner ascensores en casas de enfermos o pagar sesiones de ‘perroterapia’ o de campos magnéticos. Pero, a pesar de que el gobierno anterior se mostró renuente a admitir esos excesos, en los tribunales periodísticos los inquisidores condenan a ex funcionarios con argumentos pueriles: “¡Usted cómo no se dio cuenta!”, “¡usted por qué no hizo nada!”.

La corrupción es silenciosa, como el cáncer, y suele ser un delito sofisticado -lo dice la Fiscal General-, del que nadie se da cuenta hasta mucho después. No entender algo tan básico es desconocer su naturaleza. Y hay algo peor: nuestro ordenamiento jurídico impide tomar medidas prontas y contundentes, el ‘debido proceso’ es una maraña de recovecos legales muy apropiada para salirle al quite a cualquier imputación. Si el Estado no tiene dientes ni para obligar a un conductor a que pague sus comparendos, ¿qué puede esperarse que haga contra organizaciones poderosas que tienen dinero, conexiones y numerosos abogados?

Para combatir este fenómeno con éxito es necesario entenderlo a cabalidad y ponderarlo seria y serenamente. Convertirlo en arma de desprestigio y persecución política es un grave error que solo les conviene a los amigos del caos y la anarquía.


Adiós al Polo

Posted by Carlos Prieto On agosto - 25 - 2010

Por: Daniel Pacheco

Fuente: El Espectador

Será importante siempre para nuestra democracia, que en el espectro politico de nuestra nación, esten las fuerzas de izquierda, centro y derecha. Es deplorable lo que ha ocurrido en la administración de Bogotá. Desafortunadadamente la opción que ha tenido El Polo, de mostrarse como una verdadera alternativa a la politica tradicional, ha sido empañada por las mismas malas-prácticas que durante años denunciaron y sobre las cuales se hicieron elegir para dos administraciones continuas.

Como bien lo expone el Sr. Pacheco en esta columna, nuestro país necesita de una izquierda moderna y dinamica. Una izquierda capaz de proponer verdaderas alternativas de cambio; y no esa izquierda con ansias de poder, para hacer lo mismo que han hecho durante años sus contradictores. Pocho

Todavia me retumban las palabras del senador Robledo, del Polo Democrático: “…si no actuamos como equipo y en unidad, no hay futuro para nadie y menos para Colombia, porque (el Polo es) la única esperanza de este país”.

Lo más trágico de esas declaraciones mesiánicas es que Robledo cree, en lo profundo de su dogmática mente, que son verdad. Y no es sólo Robledo, esta forma de pensar es la epidemia responsable del acelerado declive del Polo.

Porque un partido político que se ve como la única alternativa, como el poseedor de la verdad, además de ser terriblemente descalificador de los demás, mata toda posibilidad de autocrítica. Entonces, mientras Robledo y Petro se disputan la coherencia ideológica de “la izquierda”, son incapaces de enfrentar a sus compañeros de lucha que roban callados.

El problema del Polo no es de tendencias, es de diván. Si alguien dentro de ese partido todavía tiene esperanzas de salvar un proyecto político con posibilidades de gobernar, debería internar a sus dirigentes en una terapia de grupo. ¡Ya!

Trabajando para Gustavo Petro, tuve la oportunidad de ser testigo de primera mano de algunos eventos de manicomio que dan lugar a las grandes fracturas dentro del Polo. La “unidad”, aquello sin lo cual Robledo dice “no hay futuro para nadie”, ha sufrido más porque sus líderes no se pasan al teléfono, por cualquier desacuerdo ideológico.

Una señal de lo peculiar del pensamiento polista es que “izquierda”, en su lenguaje, no es sólo un adjetivo, sino también un nombre propio. Nacen así expresiones como “representamos la unidad de la izquierda”. Los complejos de personalidad detrás de tener que nombrarse se entienden más claramente a partir del “los ataques de la derecha”. La derecha, nombre que ningún partido usa para referirse a sí mismo, y que la izquierda no ha sabido explicar bien a quién se refiere, es el punto de apoyo a todo lo que ha sido el Polo: una oposición.

Por eso los retos para el Polo en este gobierno son mucho mayores. Los llamados de concordia del nuevo presidente pueden tener efectos más negativos para la supervivencia de “la izquierda”, que los ataques desde “la derecha”. Por eso la paradoja, planteada por Eduardo Posada Carbó, es que la oposición tiene hoy la presión de hacer reales las promesas de unidad nacional, y no el Gobierno.

Posada Carbó insiste en la necesidad de romper prejuicios para acercar a los partidos políticos del país hacia una “paz política”. Buena suerte. Irónicamente, no hay ningún partido menos revolucionario y más conservador que el Polo. Basta ver la tenacidad religiosa con la que internamente se debate a partir de exégesis del Ideario de Unidad, la Biblia del partido.

Ahora que sus temas bandera, como la pobreza, el desempleo y las víctimas, han sido asumidos por la coalición del gobierno, cabe preguntarse: ¿Desaparecerá el Polo?

Tal vez eventualmente. Tal vez conserve un lugar cada vez más reducido. Como quiera que sea, me separo del pesimismo que ve en la desaparición de este partido un signo preocupante para la democracia colombiana. A fin de cuentas, el Polo es de izquierda, no la izquierda.

¿Elegirán al aguachento? (By. María Isabel Rueda)

Posted by Carlos Prieto On septiembre - 24 - 2009

205. Carlos Gaviria

Carlos Gaviria Díaz muy seguramente ganará la consulta del Polo el próximo domingo. Cuando está en Colombia, porque le fascina viajar invitado por el mundo, es un buen candidato, porque en su empaque de oráculo griego, la gente le come cuento. Lo cual debería alegrarnos mucho a quienes no militamos en la izquierda, porque podría ser el puntillazo final para colocar al borde del descrédito la vocación de gobernar que con su alcaldía le abrió Lucho Garzón a la izquierda colombiana.

A mí personalmente eso no me alegra. Por el contrario, me parece lamentable que la izquierda, que viene de enriquecer el debate político, unidas sus distintas vertientes bajo la sombrilla del Polo, termine estrellada con el candidato equivocado.

A Gaviria lo va a acompañar toda la maquinaria del Moir, fuerza muy sectaria pero con fama de limpia. Tiene al Partido Comunista, una fuerza también organizada pero no tan limpia: un pequeño sector todavía simpatiza con las Farc. Tiene a toda la Anapo, actualmente dueña de uno de los gobiernos más corruptos que ha tenido Bogotá. Y tiene al senador Jaime Dussan, que ha roto su neutralidad como presidente del Polo, lo cual, a estas alturas de su trayectoria, honra a quien no goce de su apoyo clientelista. Ah. Y Gaviria también tiene a la Academia: a los intelectuales y profesionales de izquierda, estudiosos, habladores de paja que tienen una posición apoltronada de ver el mundo.

Estas fuerzas, unidas en el colmo del pragmatismo, podrían llevar a que el Polo desperdicie a una figura tan interesante como Gustavo Petro. Que no tiene al Moir, ni al Partido Comunista, ni a la Anapo, ni a los contratistas de la Alcaldía, ni al presidente del Polo, ni a los intelectuales de izquierda. En una decisión muy aventurada, Petro rompió con toda esa maquinaria clientelista y se lanzó a las calles a hacer una campaña en la que ha intentado conectarse con las grandes mayorías del país haciéndose una simple pregunta: ¿por qué ellas quieren a Uribe?

Y pienso que Petro ha descubierto que las mayorías no están equivocadas en su apetito de seguridad, en sentirse repugnadas con las Farc y enfurecidas con las amenazas bélicas de Chávez.

Para haber sido amigos de vieja data, me pareció muy valiente y oportuno que Petro hubiera salido a decir que las agresiones del gobierno venezolano contra el presidente Uribe las recibe el país como una agresión al conjunto de la sociedad colombiana. Previamente, y en innumerables ocasiones, ha salido a poner en su puesto a las Farc y no ha dudado en denunciar las prácticas clientelistas y corruptas de la actual administración.

En contraste, las posiciones de Gaviria han sido cuando no correctas pero tremendamente abstractas, como en su rechazo a los métodos violentos de las Farc, aguachentas, como cuando ha pedido pruebas, primero de la masacre de los diputados del Valle -las sigue esperando- y recientemente de todas las cosas espantosas que vienen pasando en la actual administración de Bogotá. Esas pruebas existen, pero él se hace el ciego.

Por preferir a Gaviria, el Polo ya derrotó a Antonio Navarro, al cual dejó ir a buscar horizontes políticos en Nariño, cuyos pastusos hoy son unos verdaderos privilegiados con su gobernación. Ahora está a punto de desperdiciar a Gustavo Petro.

Si yo decidiera participar en la consulta abierta del Polo, preferiría mil veces a un ex guerrillero hoy firme contra la guerrilla, contra el clientelismo y contra la amenaza de Chávez, que a un ex magistrado y profesor que jamás ha tomado un arma, pero al que no le salen sino desmayadas declaraciones contra quienes aún las usan contra el resto de colombianos. Y que exige pruebas sobre la evidente falta de idoneidad moral de quienes probablemente lo van a ungir como candidato.

Tomado de El Tiempo

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