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Petro “Despolarizado” (By. Héctor Pineda*)

Posted by pocho On Abril - 18 - 2009

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Después de tanto “amagar y no dar”, como dice el estribillo de la canción, el senador Gustavo Petro hace expresa su intención de llegar a la Casa de Nariño apelando al favor del voto popular y -vivir para ver- se desmarca de la “cantaleta polarizada” antiuribista de los integrantes de su colectividad (PDA). De entrada, con lenguaje y tono lleno de ponderación, invita a la franja de candidatos y colectividades políticas y sociales independiente a “camellar” en lo que él denomina “la convergencia (aunque la palabreja está desprestigiada por la ‘parapolítica’) para sacar al país de la guerra”, e incluye en el ramillete de convocados a varias de las “uribistas” desertadas de sus colectividades.

Por supuesto, la reacción a la decisión del senador no se hizo esperar y le armaron el “pleque pleque” en la “colectividad amarilla”. Su colega vecino de la “siniestra” de curul, el senador Jaime Dussán, en tono entre rabioso y destemplado, se atreve a vaticinar que “Petro hará su retorno a la colectividad después de Semana Santa, como el perro del verso infantil, arrepentido y con el rabo entre las piernas, más solitario que el Llanero Solitario y menos acompañado de lo que se marchó”; otros, con sarcasmo  señalan que la tal “convergencia” no es más que un simple “parapetro”; los más benévolos tratan de encontrar la explicación de la conducta del senador porque el proyecto del Polo se desdibujó y “se convirtió en la trinchera de los mamertos del Partido Comunista y del Moir”.

Pero el tono “despolarizado” con el que se expresa el precandidato presidencial, por ahora, de nada le ha servido para suavizar las lenguas filudas de algunos de sus convocados “desactivadores bélicos”. Cuentan que la ex ministra Marta Lucía Ramírez, en público y en privado, no lo quiere ver ni en pintura (“donde él esté yo no estoy porque es un crítico de la seguridad democrática de mi presidente”, dicen que ella dice); “a Petro le falta aclarar más su propuesta de ‘acuerdo’ porque pareciera que busca sólo agrupar el antiuribismo y eso no es lo esencial en las circunstancias del país”, anotan estudiosos de los asuntos políticos y electorales.

Sin embargo, existen quienes se han atrevido a afirmar que el senador (¿ex polista?) abrevó en la prosa reflexiva del columnista de EL TIEMPO Eduardo Posada Carbó (de estirpe conservadora), quien ha venido insistiendo en convocar hacia el Centro, sigue porfiando en hacer entender la urgencia de diálogo entre Gobierno y oposición y advierte sobre los riesgos que implica para la democracia la polarización.

Quizás para despejar dudas, o de pronto para apuntalar gestualidades coherentes con su propuesta y renovado talante, cuentan que está desaforado visitando (y dialogando por cuanto medio se le atraviesa) a sus convocados (Sergio, Gina, Antanas, Garzón, Pardo, etc.) y, para empezar a tomarse fotos en un tono cromático que, como dice el poeta nariñense, “es de todos los colores”, decidió ir a visitar a los Verdes. Allí, jugueteando con un celular entre las manos, habló pausado, elaborando con el cuidado de la filigrana de un artesano momposino cada una de sus frases. “Separar la política del crimen”, “separar de las tierras fértiles a las mafias” y “una política social coherente” son, según Petro, los ejes para quitar el oxígeno a la guerra obligando a la guerrilla a negociar o llevándola a la definitiva derrota militar (reconoce los logros de la seguridad democrática) y remata diciendo que en el proceso de paz que le propone vivir y recorrer a los colombianos, el protagonista es la ciudadanía y “no la guerrilla ni ningún paraco”.

El precandidato, durante la charla, no se sonrojo ni se puso verde cuando dijo que “la reelección no era mala en sí misma”. También fue claro al reconocer las dificultades para materializar la propuesta del “acuerdo”. “Juntar tanta pluralidad es bien difícil”, anotó. Para ejemplificar su voluntad de apertura al diálogo y a la conversación con la franja independiente, más allá del pro Uribe o el contra Uribe, recordó que fue él el primero que conversó y acordó (en compañía de Navarro) con el gobierno del presidente Uribe los topes de gastos de las campañas presidenciales (“por la plata baila el petro”, dijeron los radicales) en la pasada reciente reforma política. Mirando fijo, como quien trata de descifrar ocultos códigos en los arabescos de la vieja alfombra, dice que “Uribe sabe que hay temas que urgen acuerdos como el de las medidas para enfrentar la crisis en la economía y otros asuntos que son más de Estado que de gobierno”. Culminó su charla enhebrando uno que otro recuerdo sobre su militancia ambiental y no sin antes soltar una sonora carcajada cuando alguien de los participantes, en broma, comentó que “la nueva voz tenía más tono uribista que el de la ex senadora Marta Lucía”.

Así, pues, Colombia empieza a escuchar la palabra de un Petro “despolarizado”. Mientras nos acostumbramos a la lengua y al nuevo “petrono” nos preguntamos: ¿será solo la imagen de un Petro suavizado como recurso de campaña electoral? ¿Será la rectificación necesaria para asumir los postulados del Centro? ¿Se materializará la “megagavilla” de los independientes o el “combo de los magníficos”? ¿Será que la movida alcanza para el 2010? ¿Será que Colombia se mete en la “salvadorización” presidencial? Meditar, meditar, meditar, es el imperativo de los días.

* Constituyente de 1991

 Tomado de El Tiempo

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El eterno retorno de lo igual (By. Mauricio Pombo)

Posted by pocho On Marzo - 10 - 2009

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Tengo vivos los recuerdos universitarios en los que la izquierda se odiaba a sí misma más que al supuesto enemigo común. Los mamertos de la Juco (juventudes comunistas) no soportaban a los maoístas de la Jupa (juventudes patrióticas del Moir) y juntos a su vez despotricaban de los trotskistas del Bloque. Funcionaban como iglesias enfrentadas y algo de organización modelo Opus Dei las asemejaba. De todas maneras, era imposible tener un proyecto común. Las figuras destacadas de los diversos grupos tenían asimismo algo en común: eran narcisos, ególatras, solipsistas y ensimismados (perdóneseme la redundancia, pero eran redundantes en ello) cuyo interés primordial -por encima de la lucha de clases- era tener dominio sobre las hembras de la tribu. Los diferentes grupos funcionaban como iglesias enfrentadas a la manera de testigos de Jehová o de numerarios discípulos del hoy San José María Escrivá.

Para muchos de quienes estábamos de acuerdo con la urgencia y necesidad de los cambios en términos de justicia social, reforma agraria, etc., era muy difícil encontrar un lugar en cualquiera de estos grupos que vivían ladrándose entre sí. Los defensores del proletariado no soportaban a quienes veían en el campesinado la punta de lanza de la revolución. Moscú y Pekín se daban en la jeta en las universidades bogotanas. Entre tanto, la derecha, como siempre, estaba unida y aprovechaba la atomización de la oposición en su beneficio. Algunos universitarios de entonces se fueron al monte tras las huellas de Bateman, cansados de las bizantinas e improductivas discusiones de entonces. Otros nos quedamos por ahí sin mayor alternativa. Valga recordar la revista ‘Alternativa’, que siguiendo el modelo de la izquierda universal también se dividió de manera irreconciliable. Una salía bajo el lema de “atreverse a pensar es empezar a luchar y el de la otra rezaba “atreverse a luchar es empezar a pensar”. Yo me quedé con la primera.

En fin, ya vendrían épocas más oscuras, estatutos de seguridad, caballerizas del Cantón Norte, y esa izquierda caníbal y atomizada no podía aglutinarse y fue despachada a pastorejo limpio. La creación del Polo y luego la del PDA (Polo Democrático Alternativo) nos hizo creer a muchos que la izquierda había logrado su mayoría de edad, su plena madurez, lejos de la combinación de formas de lucha y enfocada en el proyecto central de la izquierda universal. Sin embargo, los hechos recientes nos regresan a épocas pasadas y evidentemente nunca superadas. Salen los centristas (¿Lucho, Petro, Navarro?) y se quedan arriba los tres ególatras del ala radical. Ni modo, seguimos en lo mismo, el eterno retorno.

Tomado de El Tiempo 

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De las Farc al Polo (By. Rafael Guarín)

Posted by pocho On Marzo - 6 - 2009

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Imaginemos un momento que Carlos Castaño y Salvatore Mancuso hubieran enviado un mensaje público al Congreso de uno de los partidos de la coalición de gobierno o al Partido Liberal. ¿Cuál sería la reacción si además propusieran un acuerdo para cambiar el “régimen” y dicho partido no rechazara la amable invitación? ¿No sería una modalidad similar al Pacto de Ralito entre paramilitares y un grupo de políticos para “refundar el país”?

Pues fue exactamente eso lo que ocurrió la semana pasada con un mensaje del Secretariado de las Farc al Congreso del Polo Democrático Alternativo PDA. Luego de lanzar el infundio de que la Política de Seguridad Democrática es el obstáculo para la “convivencia”, la organización terrorista le señala a ese partido la necesidad de “acuerdos políticos que abran las puertas a un nuevo régimen con capacidad de cimentar la paz democrática”. En otras palabras, le proponen un “pacto” para derrotar la estrategia de seguridad en las urnas y abrirle paso a un gobierno que comparta los criterios farianos. 

A pesar que los senadores Iván Moreno, Luis Carlos Avellaneda y Parmenio Cuéllar descalificaron tajantemente la carta de Alfonso Cano, el Congreso del PDA se abstuvo de pronunciarse. En realidad esas declaraciones sirvieron para ocultar que los delegados al Congreso evitaban abordar la propuesta fariana para no introducir un elemento que ahondara la fracturada unidad. 

El secretario del Polo, Carlos Bula, sacó la versión que el tema estaba resuelto. Según él, era una “posición de principios” que no admite duda respecto a que ese partido está en contra del secuestro, el terrorismo y la combinación de todas las formas de lucha. Lo que no dijo Bula, es que para el Polo los soldados y policías no son secuestrados sino prisioneros de guerra, por tanto, que los miembros de la fuerza pública pueden seguir siendo raptados por la guerrilla conforme al derecho internacional, lo que no es otra cosa que la legalización del secuestro. 

Se le olvidó también decir que desde el punto de vista del PDA las Farc no son terroristas sino un actor político con el cual se debe negociar y conseguir una “salida pacífica”, lo que implica que rechazar al terrorismo no es rechazar a las Farc. Y omitió reconocer que aunque en la retorica repudian la combinación de las formas de lucha, en la práctica el Partido Comunista Colombiano, que controla gran parte del Polo, defiende la “validez de la lucha armada”. 

La razón del silencio institucional ante la carta de Cano es la misma que está detrás de los vientos de división que enmarcaron el Congreso del Polo. Los análisis redujeron la actitud de Lucho Garzón y Gustavo Petro a una derrota en el número de delegados, otros lo registraron como resultado de su afán de contemporizar con el “establecimiento”, pero más que esas razones lo que está en el fondo es la influencia que ejerce cada vez más las Farc en el PDA. 

En septiembre pasado Petro dijo: “Hay una campaña soterrada de las Farc por sacar a Petro y a Lucho del Partido. Sería conveniente que todos los militantes del Polo no cayeran en esa trampa”. Nadie dijo nada. El repudio que ambos despiertan en sectores extremistas obedece a que descalifican la acción violenta y se niegan a concederle legitimidad a la guerrilla, mientras que los legitimadores de las Farc los acusan de uribistas, escudándose en los mitos farianos, la teoría de las causas objetivas de la violencia y la existencia de un supuesto “conflicto social y armado”. 

Los agentes farianos, camuflados de dirigentes políticos y sociales, se mueven al interior del Polo y del Partido Liberal para ejecutar la estrategia planteada en diversos documentos internos. No hay que esforzarse mucho para saber la filiación política de Fensuagro y de Efraín Mendoza Gamba, “dirigente social” capturado en el campamento guerrillero del ‘Negro Antonio’. Según el Manifiesto de las Farc del 1 de octubre de 2007 el objetivo táctico es la “creación de una alternativa para el cambio, surgida de un Gran Acuerdo Nacional por la Paz” y un gobierno que “tome la decisión de regresar las tropas a sus cuarteles”. 

Como lo señaló Petro, en la carta del Secretariado hay una “intención integral de incidir en la política del Polo Democrático”. Ante esa situación lo que se espera es un profundo y contundente rechazo del Partido como tal, no declaraciones aisladas de sus miembros. Si la izquierda no se blinda y deslinda sin ambigüedades del acecho terrorista y se depura de farcpolíticos, nunca llegará al poder. En ese propósito hay que estar del lado de Petro y de Lucho. 

www.rafaelguarin.blogspot.com 

Tomado de Semana.com

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