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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Alianza de chiflados verdes

Posted by Pocho On mayo - 31 - 2011

Un Partido Verde y biche pegado con babas (Alianza?). Que horror!, ha sido este bochornoso espectáculo que nos han brindado, a los que aplaudimos este esperanzador proyecto; haciendonos creer  en una nueva forma de hacer política en nuestra amada Colombia. Por eso, es excelente la pregunta que se plantea el Sr, Mauricio Vargas en su columna: “¿Qué habría pasado si hubiesen ganado?”. Pocho

Caricatura: La U copó los Verdes (Osuna)

Por: Salomón Kalmanovitz (El Espectador – Bogotá, Colombia)

Nombre de Columna: La alianza de la U y el Partido Verde

Luis Eduardo Garzón se inventó su propia versión de gobernabilidad durante la alcaldía que ejerció por el Polo Democrático. Consistía en que cada sector con representación en el Concejo de Bogotá recibía cargos burocráticos y contratos, de tal manera que aprobaran todos las iniciativas del alcalde.

El Partido de la U, conservadores, liberales, Cambio Radical y el entonces Partido Verde (opción centro) recibieron beneficios que inhibieron la formación de una oposición al alcalde. Este fue el caldo de cultivo en el que se gestó la enorme ola de corrupción que envolvió a la capital.

Garzón dejó contratada la fase III de Transmilenio, que incluyó las empresas de la familia Nule y de otros empresarios que se lucraron de los cambios en la contratación pública introducidos por el presidente Uribe: adelantos financieros sin control, cambios a favor de los contratistas las veces que quisieran, participación en múltiples contratos al mismo tiempo y escasas exigencias financieras y de calidad en las obras.

No se sabe hasta dónde va la responsabilidad de Garzón en el surgimiento de los carruseles, pero lo que sí se puede afirmar es que la gobernabilidad que abanderó aplacó la crítica política y contribuyó al nefando resultado. Las nuevas reglas de contratación que incentivaron  el robo de los recursos públicos en el ámbito nacional crearon un enorme detrimento, mayor de 2 billones de pesos, en el patrimonio de los bogotanos y la tortura para la ciudadanía de obras atolondradas e inconclusas.

Es claro también que el Polo Democrático continuó con la misma estructura de gobierno heredada de Garzón, lo que contribuyó a que la corrupción se profundizara con la participación de Iván Moreno como intermediario de la contratación en Bogotá.  El Polo no aceptó las críticas que Gustavo Petro y Carlos Vicente de Roux levantaron en su momento, haciendo evidente que consideraban la corrupción un mal menor, comparada con los temas de equidad social. Todos los desagradecidos aliados del Polo en la debacle (en especial el Partido de la U) hoy se hacen los locos.

Garzón vuelve a buscar una futura gobernabilidad para Enrique Peñalosa, haciendo acuerdos programáticos con el Partido de la U. Lo hace rapidito y renunciando a los principios de defensa de la vida, recursos públicos inviolables y  a los temas medio ambientales. El argumento es que los acuerdos no son con Uribe, que viene en picada por su legado de corrupción desaforada. Las alianzas son ahora con Santos, quien es el que dispone de presupuesto y de poder burocrático, lo que hace que todos los resortes del Partido de la U estén a su disposición.

Pero no es precisamente Santos el que le ha extendido el aval público a Peñalosa, sino un expresidente al que cada día se le prueban más alianzas con el crimen organizado  y el que expidió patentes de corso para que saquearan las arcas estatales. El propósito obvio de Uribe es destruir el Partido Verde, algo que Peñalosa no ha logrado comprender hasta el momento.

Antanas Mockus tiene una perspectiva complicada. Hizo una alianza difícil de mantener con políticos de derecha como Peñalosa y oportunistas como Garzón. Le queda un aliado posible dentro del PV, que es Fajardo, quien resiente el centralismo de los bogotanos. A Mockus le queda lanzarse a la Alcaldía, aliarse con Petro o estarse quieto donde está, pero sus vacilaciones no le ayudan.

oooooooooo

Caricatura: Divide y venceras (Matador)

Por: Felipe Zuleta (El Espectador – Bogotá, Colombia)

Nombre de la columna: Los chiflados del verde

El partido verde ciertamente estaba biche y no aguantó el primer aguacero político y sus frutos y hojas se vinieron al suelo de manera contundente y, me temo, irremediable.

Ya lo habíamos advertido hace un par de meses, cuando sostuvimos que el apoyo del ex presidente Uribe podría significar el abrazo del oso para Peñalosa y, por contera, para la colectividad. Por eso no fue sorpresiva la decisión de Mockus de pedirle a Peñalosa que mejor se vaya para el Partido de la U, en donde seguramente él se sentiría más cómodo, mejor acompañado y ciertamente con más respaldo.

Es realmente lamentable ver la crisis del Partido Verde, en donde sus dirigentes, literalmente parecen los cuatro chiflados, cada uno diciendo lo que se les ocurre, sin medir las consecuencias que, anticipo, llevarán al partido a unas fracturas incurables.

Mockus está violento e intransigente. No acepta ningún apoyo de Uribe y de su gente. Dice que temas como la corrupción y los falsos positivos no pueden ser avalados por el Partido Verde, ni tolerados. Y tratándose de él, pues eso lo refleja de cuerpo entero. Lo incoherente de su parte sería lo contrario. Lucho Garzón sostiene que el Partido Verde recibe todos los apoyos siempre y cuando provengan de personas que no hayan sido condenadas y el expresidente Uribe no lo ha sido por lo que, en estricto rigor, puede ejercer sin limitaciones sus derechos políticos y eso implica poder apoyar a quien le dé la gana, en este caso a Peñalosa.

Fajardo dice que está cansado de tanta peleadera, que el Partido Verde no puede limitarse al tema de la candidatura de Bogotá, que él seguirá aspirando y que no piensa pegarse otro porrazo electoral.

Es realmente lamentable que el Partido Verde haya dilapidado sus millones de votos, que se han esfumado como consecuencia de varios errores estratégicos que arrancaron desde la propia campaña presidencial de Mockus, continuaron con múltiples estupideces y se sumaron las embarradas del propio Peñalosa.

La mezcla de Mockus, Peñalosa, Lucho y Fajardo resultó parecida a un coctel en donde sirvieran champaña y morcilla. No hay estómago que resista al aristócrata estrato seis, al académico teórico pero chifladito, al hijo de la empleada del servicio, inteligente y frentero, y al paisa engreído y confuso. Acabar con el Partido Verde no era propiamente una obra de alta ingeniería y eso lo tiene claro el expresidente Uribe, quien sólo tuvo que pegarle una patadita al árbol para que se cayeran todos los aguacates. Ahora bien, ¿para qué hizo eso el expresidente Uribe? Para acabar con Peñalosa quien, me temo, ya se jodió.

Eso, sin lugar dudas, le despeja el camino a Uribe para llegar a la Alcaldía de Bogotá. Lo veremos inscribiéndose el 10 de agosto a las 4 de la tarde. Pregúntenle a Ernesto Yamhure.

oooooooooo

Por: Mauricio Vargas (El Tiempo – Bogotá, Colombia)

Nombre de la columna: Guerra de verduras

La batalla verbal entre los líderes del Partido Verde obliga a preguntar: ¿qué habría pasado si hubiesen ganado?

Antanas Mockus es uno de los líderes que, en los años noventa, más vientos frescos y renovadores le trajo a la política colombiana. Lejos de las trampas de la izquierda anclada en el pasado, a la cual el profesor tuvo a bien mostrarle el trasero cuando era rector de la Universidad Nacional y los izquierdistas lo chiflaron, Mockus aportó propuestas de transparencia, cultura ciudadana y, sobre todo, respeto por las reglas.

Justamente por eso, sorprende tanto que haya resuelto desconocer la decisión mayoritaria de las directivas del Partido Verde, que hace algunos días aprobaron, en una votación en la cual Mockus salió derrotado, darle facultades al candidato a la alcaldía de Bogotá, Enrique Peñalosa, para que negociara el apoyo de otras fuerzas políticas. Y como estas facultades le fueron otorgadas en medio de la insistencia del ex presidente Álvaro Uribe para que ‘la U’ apoyase a Peñalosa, la decisión del directorio verde fue leída como una autorización para que, entre otras posibles alianzas, el candidato acordara una con ‘la U’ de Uribe.

A muchos verdes de la línea radical les disgustó la decisión. Y es comprensible: para ellos, Uribe representa mucho de lo que no les gusta en la política. Pero aun así, como el mismo Mockus nos enseñó a los habitantes de Bogotá durante sus dos alcaldías, las reglas existen y, más allá de que a uno le gusten o no, hay que cumplirlas. En resumen: Mockus tiene todo el derecho a estar en desacuerdo con que Peñalosa reciba el apoyo de Uribe, pero, aparte de ello, debe respetar las reglas de su partido, en este caso la decisión mayoritaria que votó su directorio.

En un principio, pareció resignarse. Pero con el paso de los días se rebeló, y la semana pasada desató una crisis al decir que si Peñalosa quería el apoyo de Uribe, se fuera para ‘la U’. En el entrelineado de sus declaraciones, muchos han creído leer una amenaza para apoyar otra candidatura (algunos hablan de Gustavo Petro, quien se lanza esta semana) o incluso para lanzarse él mismo. Eso sería lo más antimockusista que Mockus podría hacer: el ex alcalde estaría diciendo que, como el resultado de la aplicación de las reglas no le gustó, desconoce las reglas. Como el niño que invita a sus amigos a jugar fútbol con su nuevo balón y, cuando le meten un gol legítimo, se pone bravo y se lleva el balón para la casa.

Aparte del desafortunado espectáculo que Mockus está dando con todo esto, otros líderes verdes han terciado en la polémica, con durísimas frases. Luis Eduardo Garzón calificó de bochornosa la pelea de Mockus con Peñalosa, y le dijo al profesor que no era el dueño del Partido Verde y que no podía echar de la colectividad ni a Peñalosa ni a nadie.

Y el cuarto mosquetero verde, el ex alcalde de Medellín Sergio Fajardo, no se quedó atrás: sentenció que ese partido no ha estado a la altura de la ola verde que generó hace un año. En vez de todos para uno y uno para todos, los cuatro líderes verdes parecen aplicar otro lema: el de todos contra todos. Y, claro, en medio de semejante guerra de verduras, uno se pregunta qué habría pasado si hubiesen ganado las elecciones del 2010 y hoy estuviesen a cargo del gobierno de Colombia.

Gustavo Petro

Posted by Pocho On diciembre - 3 - 2010

Fuente: El Tiempo

Caricatura: Matador

De algo bastante oscuro y turbio, esta contaminado el Polo. El Sr. Petro, no fue escuchado. Como el bien lo dice, el control esta en manos de unos cuantos. Lamento que esta opción de izquierda para nuestra democracia, se siga derrumbando. Nuestra amada Colombia, necesita de partidos fuertes y estables, de opciones políticas diversas; que nos lleven en conjunto a construir siempre, un mejor país. No importa el color, no importa que sean de izquierda, centro ó derecha; lo que importa es que los que elijamos como gobernantes, en principio nos generen bienestar y muchísima esperanza. Pocho

Caricatura: “Cambio” climatico en el Polo. Por: Matador

“El Polo ya no es el proyecto que fundamos”, afirma Gustavo Petro quien, tras años de pugna interna, decidió irse del partido.

En entrevista con EL TIEMPO, el ex candidato presidencial señala a los hermanos Iván y Samuel Moreno Rojas de ser los responsables de “la destrucción” del Polo.

¿Se va del Polo?

Sí. Me voy del Polo. Mi tiempo allí ya terminó.

¿Por qué?

Hasta el último momento manejamos dos opciones: una era esperar que el Polo se refundara a sí mismo, ante la magnitud de la crisis, los hechos contundentes que generó la consulta popular que gané y las evidencias de corrupción en su interior. Pero eso no sucedió. La otra opción es refundar el proyecto democrático con independencia de la actual estructura del Polo.

¿La decisión de la Comisión de Ética de no suspender a los hermanos Iván y Samuel Moreno mientras eran investigados precipitó su decisión?

Sí. Ahí se demostró que las instancias clave del Polo no fueron capaces de enfrentar el poder de la familia Moreno Rojas dentro del partido. Ese poder fue creciendo, siempre a través de métodos que tenían que ver con el uso del poder público. Eso estableció una ruptura con los principios fundantes del Polo de cero corrupción y la defensa de la Constitución del 91. El Polo ya no es el proyecto que fundamos.

¿No es usted también culpable de esta crisis?

Sí. Yo no fui capaz de ganarle a Samuel Moreno en la consulta a la Alcaldía, cuando apoyé a María Emma (Mejía). Tampoco hicimos control político en el Concejo desde el inicio de la administración.

¿Qué responsabilidad le asiste a Carlos Gaviria?

Yo lo apoyé cuando ganó la consulta presidencial en 2006. Luego, cuando yo la gané, él no me apoyó. Pero en el fondo la responsabilidad es de la Anapo y del Moir. Los Moreno Rojas, la Anapo, incrementaron su poder con la selección de delegados del partido y la entrega de contratos. Usaron a Gaviria para oponerse a mí. Creo que él no lo entendió ni lo ha entendido aún.

¿Le dolió algún hecho en particular?

Me dolió la campaña de sectores del Polo para mostrarme como uribista. Olvidan que Uribe trató de destruirme, y que hice los debates más grandes y profundos de la oposición colombiana en los últimos ocho años, sin desconocer otros. Todo esto a riesgo de mi vida.

¿Qué va a hacer al otro día de retirarse del Polo?

Voy a construir el acuerdo democrático progresista que no pude construir dentro del Polo, convocando a diversas fuerzas, para actuar por fuera del Gobierno, pero en interlocución de este, para conquistar mayorías electorales. No será un partido político, sino un espacio de convergencia.

¿Va a respaldar candidatos en las elecciones del 2011?

El año entrante habrá una reconfiguración de la política. Surgirán dos bloques: el viejo liberalismo, con Santos a la cabeza; y el uribismo. Las fuerzas que no están en el poder tenderán a aglutinarse. Ahí entraremos nosotros.

¿No le da ‘guayabo’ irse del Polo Democrático?

Indudablemente, es algo que yo fundé. Con él volvimos a competir en las grandes ligas electorales a nivel nacional. Cuando Uribe, hicimos una oposición valiente. No nos arrodillaron. Mientras muchos hacíamos esa oposición, un grupo pequeño se dedicó a sus negocios y así surgió la crisis.

¿Cómo le va a ir al Polo en el 2011?

En Bogotá, su plaza principal, va a tener un castigo muy grande. Mi esfuerzo consiste en que se construya un bloque democrático, que impida que la ciudad termine en manos de la extrema derecha tras las elecciones de octubre del próximo año.

Los nietos del general

Posted by Pocho On octubre - 27 - 2010

Por: María Elvira Bonilla

Caricaturas por: Matador

Fuente: El Espectador

En medio de las gravísimas denuncias de corrupción, sale a refugiarse en generalidades y autoproclamarse víctima, aduciendo ataques mal intencionados a su familia. Ciertamente, los Moreno Rojas conforman un clan liderado por María Eugenia, la Capitana, que se defiende como gato patas arriba. Desde el primer día, Samuel no ha hecho otra cosa que involucrar a su familia, el hermano y la madre, en las decisiones de gobierno. Mejor, en los contratos y los nombramientos. La casona familiar en Teusaquillo fue la sede alterna de la campaña en donde se cocinaron los acuerdos políticos y pactos del corte de aquel con DMG que si bien no tumbó al personero Rojas Birry, lo calló para siempre. Por allí siguen pasando a rendir cuentas los secretarios de despacho. Cuando Iván fue alcalde de Bucaramanga, la Capitana se trasladó, con su esposo Samuel, a acompañarlo y a actuar como primera dama del municipio. Allá sólo dejaron una estela de escándalos y sinsabores, parecida a la de su hermano mayor en Bogotá.

Llevan décadas de practicar el nepotismo como una vieja forma de ejercer la política, iniciada en los tiempos del abuelo general. Durante su dictadura, la Capitana fue su mano derecha y desde Sendas (Servicio nacional de asistencia social) con recursos a rodos, determinó las políticas sociales de corte populista y asistencialista que se transformaron en el caudal electoral de la Anapo. Votos que le sirvieron a María Eugenia para aspirar a la Presidencia, a Samuel para llegar al Senado, curul heredada por su hermano Iván, y que fueron el pote para lograr la Alcaldía de Bogotá. La alianza de la Anapo con el Polo no ha sido más que una simple coalición electoral, sin ninguna comunión ideológica ni programática. A la Capitana la mueve un único afán: reivindicar la figura de su padre y mantener vigente su partido para garantizar la permanencia de Samy e Iván en la política. De ahí las permanentes mutaciones de la Anapo, que van del M-19 al Partido Conservador hasta aterrizar en el Polo Democrático.

Sólo la semana pasada, gracias al coraje de tres valientes dirigentes del mismo Partido —Petro, De Roux y Avellaneda—, se logró que la realidad de la corrupción en Bogotá, dejara de ser rumor, al poner al descubierto el alcance de los tentáculos burocráticos y de negociados de Iván Moreno, quien capturó la administración a través de amigos, de bajísimo perfil, en cargos de segundo nivel —o de primero, como la inexperta Secretaria de Gobierno—, pero en los puestos decisivos para controlar la billonaria contratación del Distrito. Inexplicable que convivan bajo el mismo techo en un partido que dice llamarse de izquierda democrática personas como Jorge Robledo, Carlos Gaviria, Gustavo Petro, Germán Navas, María Emma Mejía, Patricia Lara, con los nietos del general. Son ellos los Moreno Rojas, quienes deberían, con sus cómplices, retirarse del Polo y enterrarse en familia, cobijados con la bandera de la Anapo, esclavos de sus viejos hábitos políticos. Se despejaría mucho el horizonte.

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