Un Partido Verde y biche pegado con babas (Alianza?). Que horror!, ha sido este bochornoso espectáculo que nos han brindado, a los que aplaudimos este esperanzador proyecto; haciendonos creer en una nueva forma de hacer política en nuestra amada Colombia. Por eso, es excelente la pregunta que se plantea el Sr, Mauricio Vargas en su columna: “¿Qué habría pasado si hubiesen ganado?”. Pocho


Caricatura: La U copó los Verdes (Osuna)
Por: Salomón Kalmanovitz (El Espectador – Bogotá, Colombia)
Nombre de Columna: La alianza de la U y el Partido Verde
Luis Eduardo Garzón se inventó su propia versión de gobernabilidad durante la alcaldía que ejerció por el Polo Democrático. Consistía en que cada sector con representación en el Concejo de Bogotá recibía cargos burocráticos y contratos, de tal manera que aprobaran todos las iniciativas del alcalde.
El Partido de la U, conservadores, liberales, Cambio Radical y el entonces Partido Verde (opción centro) recibieron beneficios que inhibieron la formación de una oposición al alcalde. Este fue el caldo de cultivo en el que se gestó la enorme ola de corrupción que envolvió a la capital.
Garzón dejó contratada la fase III de Transmilenio, que incluyó las empresas de la familia Nule y de otros empresarios que se lucraron de los cambios en la contratación pública introducidos por el presidente Uribe: adelantos financieros sin control, cambios a favor de los contratistas las veces que quisieran, participación en múltiples contratos al mismo tiempo y escasas exigencias financieras y de calidad en las obras.
No se sabe hasta dónde va la responsabilidad de Garzón en el surgimiento de los carruseles, pero lo que sí se puede afirmar es que la gobernabilidad que abanderó aplacó la crítica política y contribuyó al nefando resultado. Las nuevas reglas de contratación que incentivaron el robo de los recursos públicos en el ámbito nacional crearon un enorme detrimento, mayor de 2 billones de pesos, en el patrimonio de los bogotanos y la tortura para la ciudadanía de obras atolondradas e inconclusas.
Es claro también que el Polo Democrático continuó con la misma estructura de gobierno heredada de Garzón, lo que contribuyó a que la corrupción se profundizara con la participación de Iván Moreno como intermediario de la contratación en Bogotá. El Polo no aceptó las críticas que Gustavo Petro y Carlos Vicente de Roux levantaron en su momento, haciendo evidente que consideraban la corrupción un mal menor, comparada con los temas de equidad social. Todos los desagradecidos aliados del Polo en la debacle (en especial el Partido de la U) hoy se hacen los locos.
Garzón vuelve a buscar una futura gobernabilidad para Enrique Peñalosa, haciendo acuerdos programáticos con el Partido de la U. Lo hace rapidito y renunciando a los principios de defensa de la vida, recursos públicos inviolables y a los temas medio ambientales. El argumento es que los acuerdos no son con Uribe, que viene en picada por su legado de corrupción desaforada. Las alianzas son ahora con Santos, quien es el que dispone de presupuesto y de poder burocrático, lo que hace que todos los resortes del Partido de la U estén a su disposición.
Pero no es precisamente Santos el que le ha extendido el aval público a Peñalosa, sino un expresidente al que cada día se le prueban más alianzas con el crimen organizado y el que expidió patentes de corso para que saquearan las arcas estatales. El propósito obvio de Uribe es destruir el Partido Verde, algo que Peñalosa no ha logrado comprender hasta el momento.
Antanas Mockus tiene una perspectiva complicada. Hizo una alianza difícil de mantener con políticos de derecha como Peñalosa y oportunistas como Garzón. Le queda un aliado posible dentro del PV, que es Fajardo, quien resiente el centralismo de los bogotanos. A Mockus le queda lanzarse a la Alcaldía, aliarse con Petro o estarse quieto donde está, pero sus vacilaciones no le ayudan.
oooooooooo

Caricatura: Divide y venceras (Matador)
Por: Felipe Zuleta (El Espectador – Bogotá, Colombia)
Nombre de la columna: Los chiflados del verde
El partido verde ciertamente estaba biche y no aguantó el primer aguacero político y sus frutos y hojas se vinieron al suelo de manera contundente y, me temo, irremediable.
Ya lo habíamos advertido hace un par de meses, cuando sostuvimos que el apoyo del ex presidente Uribe podría significar el abrazo del oso para Peñalosa y, por contera, para la colectividad. Por eso no fue sorpresiva la decisión de Mockus de pedirle a Peñalosa que mejor se vaya para el Partido de la U, en donde seguramente él se sentiría más cómodo, mejor acompañado y ciertamente con más respaldo.
Es realmente lamentable ver la crisis del Partido Verde, en donde sus dirigentes, literalmente parecen los cuatro chiflados, cada uno diciendo lo que se les ocurre, sin medir las consecuencias que, anticipo, llevarán al partido a unas fracturas incurables.
Mockus está violento e intransigente. No acepta ningún apoyo de Uribe y de su gente. Dice que temas como la corrupción y los falsos positivos no pueden ser avalados por el Partido Verde, ni tolerados. Y tratándose de él, pues eso lo refleja de cuerpo entero. Lo incoherente de su parte sería lo contrario. Lucho Garzón sostiene que el Partido Verde recibe todos los apoyos siempre y cuando provengan de personas que no hayan sido condenadas y el expresidente Uribe no lo ha sido por lo que, en estricto rigor, puede ejercer sin limitaciones sus derechos políticos y eso implica poder apoyar a quien le dé la gana, en este caso a Peñalosa.
Fajardo dice que está cansado de tanta peleadera, que el Partido Verde no puede limitarse al tema de la candidatura de Bogotá, que él seguirá aspirando y que no piensa pegarse otro porrazo electoral.
Es realmente lamentable que el Partido Verde haya dilapidado sus millones de votos, que se han esfumado como consecuencia de varios errores estratégicos que arrancaron desde la propia campaña presidencial de Mockus, continuaron con múltiples estupideces y se sumaron las embarradas del propio Peñalosa.
La mezcla de Mockus, Peñalosa, Lucho y Fajardo resultó parecida a un coctel en donde sirvieran champaña y morcilla. No hay estómago que resista al aristócrata estrato seis, al académico teórico pero chifladito, al hijo de la empleada del servicio, inteligente y frentero, y al paisa engreído y confuso. Acabar con el Partido Verde no era propiamente una obra de alta ingeniería y eso lo tiene claro el expresidente Uribe, quien sólo tuvo que pegarle una patadita al árbol para que se cayeran todos los aguacates. Ahora bien, ¿para qué hizo eso el expresidente Uribe? Para acabar con Peñalosa quien, me temo, ya se jodió.
Eso, sin lugar dudas, le despeja el camino a Uribe para llegar a la Alcaldía de Bogotá. Lo veremos inscribiéndose el 10 de agosto a las 4 de la tarde. Pregúntenle a Ernesto Yamhure.
oooooooooo
Por: Mauricio Vargas (El Tiempo – Bogotá, Colombia)
Nombre de la columna: Guerra de verduras
La batalla verbal entre los líderes del Partido Verde obliga a preguntar: ¿qué habría pasado si hubiesen ganado?
Antanas Mockus es uno de los líderes que, en los años noventa, más vientos frescos y renovadores le trajo a la política colombiana. Lejos de las trampas de la izquierda anclada en el pasado, a la cual el profesor tuvo a bien mostrarle el trasero cuando era rector de la Universidad Nacional y los izquierdistas lo chiflaron, Mockus aportó propuestas de transparencia, cultura ciudadana y, sobre todo, respeto por las reglas.
Justamente por eso, sorprende tanto que haya resuelto desconocer la decisión mayoritaria de las directivas del Partido Verde, que hace algunos días aprobaron, en una votación en la cual Mockus salió derrotado, darle facultades al candidato a la alcaldía de Bogotá, Enrique Peñalosa, para que negociara el apoyo de otras fuerzas políticas. Y como estas facultades le fueron otorgadas en medio de la insistencia del ex presidente Álvaro Uribe para que ‘la U’ apoyase a Peñalosa, la decisión del directorio verde fue leída como una autorización para que, entre otras posibles alianzas, el candidato acordara una con ‘la U’ de Uribe.
A muchos verdes de la línea radical les disgustó la decisión. Y es comprensible: para ellos, Uribe representa mucho de lo que no les gusta en la política. Pero aun así, como el mismo Mockus nos enseñó a los habitantes de Bogotá durante sus dos alcaldías, las reglas existen y, más allá de que a uno le gusten o no, hay que cumplirlas. En resumen: Mockus tiene todo el derecho a estar en desacuerdo con que Peñalosa reciba el apoyo de Uribe, pero, aparte de ello, debe respetar las reglas de su partido, en este caso la decisión mayoritaria que votó su directorio.
En un principio, pareció resignarse. Pero con el paso de los días se rebeló, y la semana pasada desató una crisis al decir que si Peñalosa quería el apoyo de Uribe, se fuera para ‘la U’. En el entrelineado de sus declaraciones, muchos han creído leer una amenaza para apoyar otra candidatura (algunos hablan de Gustavo Petro, quien se lanza esta semana) o incluso para lanzarse él mismo. Eso sería lo más antimockusista que Mockus podría hacer: el ex alcalde estaría diciendo que, como el resultado de la aplicación de las reglas no le gustó, desconoce las reglas. Como el niño que invita a sus amigos a jugar fútbol con su nuevo balón y, cuando le meten un gol legítimo, se pone bravo y se lleva el balón para la casa.
Aparte del desafortunado espectáculo que Mockus está dando con todo esto, otros líderes verdes han terciado en la polémica, con durísimas frases. Luis Eduardo Garzón calificó de bochornosa la pelea de Mockus con Peñalosa, y le dijo al profesor que no era el dueño del Partido Verde y que no podía echar de la colectividad ni a Peñalosa ni a nadie.
Y el cuarto mosquetero verde, el ex alcalde de Medellín Sergio Fajardo, no se quedó atrás: sentenció que ese partido no ha estado a la altura de la ola verde que generó hace un año. En vez de todos para uno y uno para todos, los cuatro líderes verdes parecen aplicar otro lema: el de todos contra todos. Y, claro, en medio de semejante guerra de verduras, uno se pregunta qué habría pasado si hubiesen ganado las elecciones del 2010 y hoy estuviesen a cargo del gobierno de Colombia.