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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Gramática de la guerra

Posted by Pocho On noviembre - 10 - 2011

Por: Óscar Collazos

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

La desproporción del símbolo tiene relación con la ‘desproporción’ de los métodos para destruirlo.

En un comunicado del Partido Comunista Colombiano (PCC) difundido el martes en la página del Polo Democrático Alternativo (PDA) se afirma que “el asesinato de Alfonso Cano, en desproporcionado operativo aéreo y terrestre”, es “prueba de que el alto gobierno le niega a la sociedad colombiana la oportunidad de una salida hacia la paz”.

No sé si en esta apreciación exista un acuerdo entre las corrientes ideológicas que conviven en el PDA. Supongo que no. Y no se trata de defender o atacar al Gobierno y a sus fuerzas militares -que en repetidas ocasiones han cometido crímenes investigados y condenados contra la población civil-, sino de poner las palabras en el lugar de los hechos: Cano no fue “asesinado”, murió en una acción de guerra.

Existe una aparente desproporción en los medios utilizados por el Gobierno y el objetivo perseguido en este operativo. En una guerra irregular como la que libran Estado y guerrillas, se produce un hecho curioso: los generales de los ejércitos regulares nunca adquieren un valor simbólico tan extraordinario como el que adquieren a veces los cabecillas de las organizaciones ilegales.

El tamaño simbólico de Alfonso Cano no era el de un guerrillero que sucedió a otro guerrillero que murió de viejo, sino el de una organización ilegal con alto potencial destructivo que se enfrenta a las fuerzas de un Estado. La desproporción del símbolo tiene una relación directa con la “desproporción” de los métodos elegidos para destruirlo.

Esta guerra impuso una lógica atroz: no basta eliminar al enemigo revestido de valor simbólico: los instrumentos de la eliminación deben volverse ejemplares. En esa carrera de actos destructivos y simbólicos, el Estado tiende a demostrar el monopolio de las armas con un poderío militar exhibido como espectáculo de masas.

Al decir que “no era obligatorio ni necesario para el establecimiento matar a Cano si Santos tuviera una mínima voluntad de lograr la paz a través de una vía civilizada y no por medios exclusivamente militares como lo está haciendo”, se expone una verdad a medias.

Si se aceptara el razonamiento del PCC, habría que preguntar si ha sido “necesaria” para las Farc la multiplicación de sus ofensivas y la muerte de soldados, policías y población civil, sobre todo cuando se entreabren puertas hacia la paz que el gobierno anterior había cerrado con tranca.

No se puede olvidar que en esta danza macabra bailan dos. La espectacularidad mediática y el poder tecnológico de las fuerzas del Estado serán cada día más grandes y la desproporción en los medios será más inevitable. Lo que no se puede imponer como condición para la paz es que el Estado se quede quieto mientras la guerrilla se mueve, se reorganiza y causa daños.

Cano murió, es cierto, en un “desproporcionado operativo” de fuerzas combinadas del Estado colombiano. Esto no justifica “la bacanal pagana” de la celebración, sino la sensatez de una reflexión sobre los escenarios de la paz. No puede hablarse de “asesinato” ni de muertes “obligatorias” o “necesarias” en un conflicto que no encuentra aún las bases de un acuerdo que lleve a una mesa de diálogos.

Al llamar “asesinato” la baja de uno de sus miembros, las organizaciones guerrilleras y sus intérpretes pretenden hacernos creer que las muertes ocasionadas por ellos no son “asesinatos”.

En la mitología revolucionaria del siglo XX, los revolucionarios no asesinaban, “ajusticiaban”. Y esta fue una de las perversiones que dieron origen a la justificación del terror como instrumento de las revoluciones sociales.

Alianza de chiflados verdes

Posted by Pocho On mayo - 31 - 2011

Un Partido Verde y biche pegado con babas (Alianza?). Que horror!, ha sido este bochornoso espectáculo que nos han brindado, a los que aplaudimos este esperanzador proyecto; haciendonos creer  en una nueva forma de hacer política en nuestra amada Colombia. Por eso, es excelente la pregunta que se plantea el Sr, Mauricio Vargas en su columna: “¿Qué habría pasado si hubiesen ganado?”. Pocho

Caricatura: La U copó los Verdes (Osuna)

Por: Salomón Kalmanovitz (El Espectador – Bogotá, Colombia)

Nombre de Columna: La alianza de la U y el Partido Verde

Luis Eduardo Garzón se inventó su propia versión de gobernabilidad durante la alcaldía que ejerció por el Polo Democrático. Consistía en que cada sector con representación en el Concejo de Bogotá recibía cargos burocráticos y contratos, de tal manera que aprobaran todos las iniciativas del alcalde.

El Partido de la U, conservadores, liberales, Cambio Radical y el entonces Partido Verde (opción centro) recibieron beneficios que inhibieron la formación de una oposición al alcalde. Este fue el caldo de cultivo en el que se gestó la enorme ola de corrupción que envolvió a la capital.

Garzón dejó contratada la fase III de Transmilenio, que incluyó las empresas de la familia Nule y de otros empresarios que se lucraron de los cambios en la contratación pública introducidos por el presidente Uribe: adelantos financieros sin control, cambios a favor de los contratistas las veces que quisieran, participación en múltiples contratos al mismo tiempo y escasas exigencias financieras y de calidad en las obras.

No se sabe hasta dónde va la responsabilidad de Garzón en el surgimiento de los carruseles, pero lo que sí se puede afirmar es que la gobernabilidad que abanderó aplacó la crítica política y contribuyó al nefando resultado. Las nuevas reglas de contratación que incentivaron  el robo de los recursos públicos en el ámbito nacional crearon un enorme detrimento, mayor de 2 billones de pesos, en el patrimonio de los bogotanos y la tortura para la ciudadanía de obras atolondradas e inconclusas.

Es claro también que el Polo Democrático continuó con la misma estructura de gobierno heredada de Garzón, lo que contribuyó a que la corrupción se profundizara con la participación de Iván Moreno como intermediario de la contratación en Bogotá.  El Polo no aceptó las críticas que Gustavo Petro y Carlos Vicente de Roux levantaron en su momento, haciendo evidente que consideraban la corrupción un mal menor, comparada con los temas de equidad social. Todos los desagradecidos aliados del Polo en la debacle (en especial el Partido de la U) hoy se hacen los locos.

Garzón vuelve a buscar una futura gobernabilidad para Enrique Peñalosa, haciendo acuerdos programáticos con el Partido de la U. Lo hace rapidito y renunciando a los principios de defensa de la vida, recursos públicos inviolables y  a los temas medio ambientales. El argumento es que los acuerdos no son con Uribe, que viene en picada por su legado de corrupción desaforada. Las alianzas son ahora con Santos, quien es el que dispone de presupuesto y de poder burocrático, lo que hace que todos los resortes del Partido de la U estén a su disposición.

Pero no es precisamente Santos el que le ha extendido el aval público a Peñalosa, sino un expresidente al que cada día se le prueban más alianzas con el crimen organizado  y el que expidió patentes de corso para que saquearan las arcas estatales. El propósito obvio de Uribe es destruir el Partido Verde, algo que Peñalosa no ha logrado comprender hasta el momento.

Antanas Mockus tiene una perspectiva complicada. Hizo una alianza difícil de mantener con políticos de derecha como Peñalosa y oportunistas como Garzón. Le queda un aliado posible dentro del PV, que es Fajardo, quien resiente el centralismo de los bogotanos. A Mockus le queda lanzarse a la Alcaldía, aliarse con Petro o estarse quieto donde está, pero sus vacilaciones no le ayudan.

oooooooooo

Caricatura: Divide y venceras (Matador)

Por: Felipe Zuleta (El Espectador – Bogotá, Colombia)

Nombre de la columna: Los chiflados del verde

El partido verde ciertamente estaba biche y no aguantó el primer aguacero político y sus frutos y hojas se vinieron al suelo de manera contundente y, me temo, irremediable.

Ya lo habíamos advertido hace un par de meses, cuando sostuvimos que el apoyo del ex presidente Uribe podría significar el abrazo del oso para Peñalosa y, por contera, para la colectividad. Por eso no fue sorpresiva la decisión de Mockus de pedirle a Peñalosa que mejor se vaya para el Partido de la U, en donde seguramente él se sentiría más cómodo, mejor acompañado y ciertamente con más respaldo.

Es realmente lamentable ver la crisis del Partido Verde, en donde sus dirigentes, literalmente parecen los cuatro chiflados, cada uno diciendo lo que se les ocurre, sin medir las consecuencias que, anticipo, llevarán al partido a unas fracturas incurables.

Mockus está violento e intransigente. No acepta ningún apoyo de Uribe y de su gente. Dice que temas como la corrupción y los falsos positivos no pueden ser avalados por el Partido Verde, ni tolerados. Y tratándose de él, pues eso lo refleja de cuerpo entero. Lo incoherente de su parte sería lo contrario. Lucho Garzón sostiene que el Partido Verde recibe todos los apoyos siempre y cuando provengan de personas que no hayan sido condenadas y el expresidente Uribe no lo ha sido por lo que, en estricto rigor, puede ejercer sin limitaciones sus derechos políticos y eso implica poder apoyar a quien le dé la gana, en este caso a Peñalosa.

Fajardo dice que está cansado de tanta peleadera, que el Partido Verde no puede limitarse al tema de la candidatura de Bogotá, que él seguirá aspirando y que no piensa pegarse otro porrazo electoral.

Es realmente lamentable que el Partido Verde haya dilapidado sus millones de votos, que se han esfumado como consecuencia de varios errores estratégicos que arrancaron desde la propia campaña presidencial de Mockus, continuaron con múltiples estupideces y se sumaron las embarradas del propio Peñalosa.

La mezcla de Mockus, Peñalosa, Lucho y Fajardo resultó parecida a un coctel en donde sirvieran champaña y morcilla. No hay estómago que resista al aristócrata estrato seis, al académico teórico pero chifladito, al hijo de la empleada del servicio, inteligente y frentero, y al paisa engreído y confuso. Acabar con el Partido Verde no era propiamente una obra de alta ingeniería y eso lo tiene claro el expresidente Uribe, quien sólo tuvo que pegarle una patadita al árbol para que se cayeran todos los aguacates. Ahora bien, ¿para qué hizo eso el expresidente Uribe? Para acabar con Peñalosa quien, me temo, ya se jodió.

Eso, sin lugar dudas, le despeja el camino a Uribe para llegar a la Alcaldía de Bogotá. Lo veremos inscribiéndose el 10 de agosto a las 4 de la tarde. Pregúntenle a Ernesto Yamhure.

oooooooooo

Por: Mauricio Vargas (El Tiempo – Bogotá, Colombia)

Nombre de la columna: Guerra de verduras

La batalla verbal entre los líderes del Partido Verde obliga a preguntar: ¿qué habría pasado si hubiesen ganado?

Antanas Mockus es uno de los líderes que, en los años noventa, más vientos frescos y renovadores le trajo a la política colombiana. Lejos de las trampas de la izquierda anclada en el pasado, a la cual el profesor tuvo a bien mostrarle el trasero cuando era rector de la Universidad Nacional y los izquierdistas lo chiflaron, Mockus aportó propuestas de transparencia, cultura ciudadana y, sobre todo, respeto por las reglas.

Justamente por eso, sorprende tanto que haya resuelto desconocer la decisión mayoritaria de las directivas del Partido Verde, que hace algunos días aprobaron, en una votación en la cual Mockus salió derrotado, darle facultades al candidato a la alcaldía de Bogotá, Enrique Peñalosa, para que negociara el apoyo de otras fuerzas políticas. Y como estas facultades le fueron otorgadas en medio de la insistencia del ex presidente Álvaro Uribe para que ‘la U’ apoyase a Peñalosa, la decisión del directorio verde fue leída como una autorización para que, entre otras posibles alianzas, el candidato acordara una con ‘la U’ de Uribe.

A muchos verdes de la línea radical les disgustó la decisión. Y es comprensible: para ellos, Uribe representa mucho de lo que no les gusta en la política. Pero aun así, como el mismo Mockus nos enseñó a los habitantes de Bogotá durante sus dos alcaldías, las reglas existen y, más allá de que a uno le gusten o no, hay que cumplirlas. En resumen: Mockus tiene todo el derecho a estar en desacuerdo con que Peñalosa reciba el apoyo de Uribe, pero, aparte de ello, debe respetar las reglas de su partido, en este caso la decisión mayoritaria que votó su directorio.

En un principio, pareció resignarse. Pero con el paso de los días se rebeló, y la semana pasada desató una crisis al decir que si Peñalosa quería el apoyo de Uribe, se fuera para ‘la U’. En el entrelineado de sus declaraciones, muchos han creído leer una amenaza para apoyar otra candidatura (algunos hablan de Gustavo Petro, quien se lanza esta semana) o incluso para lanzarse él mismo. Eso sería lo más antimockusista que Mockus podría hacer: el ex alcalde estaría diciendo que, como el resultado de la aplicación de las reglas no le gustó, desconoce las reglas. Como el niño que invita a sus amigos a jugar fútbol con su nuevo balón y, cuando le meten un gol legítimo, se pone bravo y se lleva el balón para la casa.

Aparte del desafortunado espectáculo que Mockus está dando con todo esto, otros líderes verdes han terciado en la polémica, con durísimas frases. Luis Eduardo Garzón calificó de bochornosa la pelea de Mockus con Peñalosa, y le dijo al profesor que no era el dueño del Partido Verde y que no podía echar de la colectividad ni a Peñalosa ni a nadie.

Y el cuarto mosquetero verde, el ex alcalde de Medellín Sergio Fajardo, no se quedó atrás: sentenció que ese partido no ha estado a la altura de la ola verde que generó hace un año. En vez de todos para uno y uno para todos, los cuatro líderes verdes parecen aplicar otro lema: el de todos contra todos. Y, claro, en medio de semejante guerra de verduras, uno se pregunta qué habría pasado si hubiesen ganado las elecciones del 2010 y hoy estuviesen a cargo del gobierno de Colombia.

Persiguiéndose la cola (By. Daniel Pacheco)

Posted by Pocho On agosto - 25 - 2009

175. Polo

Una de las cosas emocionantes de la política es que es como los juegos: se trata de ganar. Los motivos pueden ser muchos (para hacer un mundo mejor, para hacer plata, para “ayudar a la gente”, para ayudarse a sí mismo, etc.), pero el objetivo es el mismo, sin importar la orientación ideológica o los medios utilizados durante la competencia.

Y el Polo está de competencia. Compite con el Partido Liberal y el Partido Conservador en las consultas presidenciales del 27 de septiembre. Compite con el Gobierno desde la oposición. Compite con la guerrilla por llevar las banderas de la izquierda. Compite consigo mismo en la campaña de los precandidatos a la presidencia, Petro y Gaviria.

Pero nada de lo que hace el Polo indica que quiere ganar. Aunque es el partido que se opone más claramente al Gobierno, su presidente por cuatro años, Carlos Gaviria, dice que acepta reelegirse como presidente y lanzarse como candidato, con el argumento de que es su responsabilidad porque se lo pidieron “las bases democráticas de la colectividad”.

Luego el Polo nombra a Jaime Dussán, probablemente el miembro más desprestigiado de la izquierda legal en Colombia, como presidente temporal, mientras Gaviria hace campaña. Lo primero que hace Dussán es meterse en un escándalo mediático por sus conductas clientelistas en la ya cuestionada gestión de Samuel Moreno.

Lo segundo, a raíz del reciente conflicto con Venezuela, es autonombrarse como mediador. Se va a donde Chávez justo cuando las relaciones con el Gobierno de Colombia están congeladas, declara que “comparte los ideales socialistas” del movimiento bolivariano que le hace estatuas a Tirofijo y dice “no tengo información sobre eso”, cuando le preguntan si está de acuerdo con el cierre de medios de comunicación o con el modelo de Estado Docente que tumba la libertad de cátedra.

Si el objetivo del Polo es ganar votos, ¿por qué busca el “beso de la muerte” de Chávez? Si su objetivo es ganar sin recurrir a las prácticas tradicionales de hacer política, ¿por qué nombra a Jaime Dussán de presidente? Si quiere ser una alternativa política que se la juega por el Estado de Derecho y la coherencia ideológica, ¿por qué concurre con modelos políticos que violan en sus países la libertad individual, de expresión y de cátedra? Si hay gente en el Polo que sí quiere jugar para ganar, ¿por qué no dicen nada?

Preguntas fascinantes. Del tipo de fascinación que se siente al ver a un loco arrancarse el pelo, o a un perro mordiéndose la cola. Pero también un poco tristes, sobre todo si es un loco al que uno le tiene simpatía.

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