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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Otro reto para Obama

Posted by Carlos Prieto On abril - 9 - 2010

Por: Fernando Savater

Fuente: El País (España)

Para quienes teníamos 20 años cuando mataron a Martin Luther King y recordamos al gobernador Wallace en la puerta de la Universidad de Alabama cerrando el paso al estudiante negro que había reivindicado su derecho constitucional a entrar en ella, la llegada de Obama a la presidencia de Estados Unidos supuso ante todo el cumplimiento de un sueño romántico juvenil: algo insólito, porque pocos llegan a realizarse. Entonces admiré al candidato vencedor, desde luego, pero sobre todo la transformación regeneradora del electorado que le votó.

Y me acordé de nuevo de Lindon B. Johnson, el presidente de la posguerra que más hizo por los derechos civiles y acabó con la segregación racial en las escuelas: los niños así educados con menos prejuicios fueron los que votaron 40 años después a Obama…

Pudiera uno haberse dado ya por satisfecho con ese triunfo, lo mismo que algunos aficionados en la Maestranza -si me disculpan ustedes el hoy peligroso símil taurino- se marchaban a casa después de ver hacer el paseíllo a Curro Romero, sin pedir más milagros al ruedo ni a la vida. Sin embargo, lo mejor estaba por llegar y es ahora, controvertido y limitado a la honrada estatura humana, cuando Barack Obama me merece auténtica admiración. Por haber intentado muchas cosas y haber logrado unas cuantas; por hablar con insólita claridad, a su país y al oportunismo “pacifista” de quienes le concedieron el Nobel; por haber irritado a los banqueros, haber decepcionado inicialmente a Michael Moore y conseguir que Fidel Castro le tache de “fanático imperialista”; por haberse puesto serio con Netanyahu y parece que marcar el inicio de un respaldo menos acrítico y más exigente a Israel; por haber luchado tenazmente por salvar lo más posible de su reforma sanitaria, pese a que quizá hubiese podido quedar bien aplazándolo todo para no “crispar” ni dividir al país; y -last but not least- por sacar de quicio a los frikis de nuestra izquierda y derecha mediáticas, que le acusan de ser demasiado americano o de querer “europeizar” Estados Unidos.

Ahora sí se gana un puesto en la cima política, no desde la beatitud inane del coro celestial sino a trompicones, renuncias parciales, fracasos y mandobles.

De modo que, aunque ya tiene lo suyo, es inevitable hacerle rogativas y pedirle todavía más… incluso quienes no somos ciudadanos de su país. ¿Por qué no enviarle también otra instancia? Mi solicitud es que reconsidere la actual situación de las llamadas drogas ilegales. Hace más de 20 años hice la única de mis profecías políticas que se ha cumplido… desgraciadamente, porque hubiera preferido equivocarme como siempre. Anuncié que la cruzada contra la droga no acabaría ni mucho menos con ella, todo lo contrario, pero en cambio pondría en grave riesgo la estabilidad de las democracias en Hispanoamérica. A la vista está lo que ocurre hoy en México, como ayer en Colombia y otros países. Incluso en el nuestro, donde el 80% de los reclusos menores de 30 años están encarcelados por delitos referidos a esas sustancias arbitrariamente prohibidas.

A estas alturas ya nadie supone que las drogas, que han existido siempre en todas las sociedades humanas (¡y hasta en algunas animales!) van a ser erradicadas precisamente ahora, cuando la química ha alcanzado su máximo desarrollo y cualquiera puede montar un laboratorio en la cocina de su casa. Y cuando los cultivos de opiáceos se han convertido en la única esperanza de supervivencia en algunas zonas del planeta con su agricultura desmantelada y sin otro modo de aprovechar rentablemente el mercado internacional.

Sabemos desde que lo explicó nítidamente Milton Friedman que las drogas ilegales son la mercancía perfecta, cuyos beneficios aumentan según crece la persecución a que se las somete. Claro que de tal persecución no sólo se aprovechan los gánsteres que trafican con ellas, sino las redes de funcionarios que las persiguen, los políticos que las convierten en el Enemigo con mayúscula para distraer a la población de otros males más reales, etcétera. Quienes pagan la factura son los usuarios que perecen por adulteración o sobredosis de productos incontrolados, las víctimas de los enfrentamientos entre bandas mafiosas, los policías corruptos por el incesante flujo de dinero que mueve ese comercio y los policías asesinados por no haberse corrompido, etcétera. Inútil es hablar de la libertad personal pisoteada, porque en nuestras sociedades en las que los gastos sanitarios han convertido la salud en una obligación penal esa reclamación ni siquiera es ya comprendida.

Las tímidas voces que siempre se han alzado contra esta cruzada irracional vuelven a oírse ahora, en un tono más alto y -en Hispanoamérica- más angustiado. Incluso la crisis de la economía mundial favorece el despertar de algunos y en California el gobernador Schwarzenegger propone legalizar la marihuana para aumentar con el impuesto que la gravará los ingresos del Estado. Desde luego, es obvio que la despenalización de las drogas ahora prohibidas no erradicará por completo el crimen organizado, que sabe reciclarse con los cambios de mercado, pero puede ayudar decisivamente a disminuir sus beneficios y por tanto hacer a los mafiosos más vulnerables y más fáciles de controlar. La abolición de la Ley Seca no erradicó del todo el gansterismo pero dificultó la vida a los herederos de Al Capone y mejoró la seguridad cotidiana en numerosas comunidades antes sometidas a la violencia permanente.

¿Cuál es el papel de Estados Unidos en este problema? No sólo es que aporta millones de consumidores que sostienen el negocio y perpetúan una demanda criminógena para otras poblaciones americanas.

Lo peor es que sus autoridades, su DEA y demás bloquean a nivel internacional la posibilidad de un planteamiento diferente de este asunto, basado no en la prohibición sino en la homologación de los productos, la información verídica sobre su uso y su abuso, así como una educación eficaz para la templanza.

Nadie se atreve -aunque muchos quisieran- a discutir abiertamente sobre las alternativas a la cruzada vigente por miedo a las represalias del país más poderoso del mundo, que la apadrinó desde su comienzo. Sólo un presidente de Estados Unidos con audacia y visión de futuro podría desbloquear el atolladero actual. Y algunos pensamos que Barack Obama puede ser ese político providencial, al menos para iniciar un camino que será seguramente largo.

Encontrará sin duda una feroz oposición. Como los republicanos ultraderechistas son los últimos creyentes que quedan en la revolución comunista (por eso llaman “comunista” a quien intenta cualquier reforma seria que ponga en cuestión la pena de muerte, la venta libre de armas o propicie la asistencia sanitaria para todos), si Obama intenta un movimiento hacia la cordura en materia de drogas ya sabe el epíteto que le van a dedicar. Pero supongo que a estas alturas estará muy acostumbrado y el reto merece la pena.

Fernando Savater es escritor.

Una nueva estructura mundial

Posted by Carlos Prieto On noviembre - 20 - 2009

Por: George Soros *

Fuente: El Tiempo

326. Tierra

Veinte años después de la caída del Muro de Berlín y del desplome del comunismo, el mundo afronta otra difícil alternativa entre dos formas fundamentalmente diferentes de organización: el capitalismo internacional y el capitalismo de Estado. El primero, representado por los Estados Unidos, ha quedado decompuesto, y el segundo, representado por China, está en ascenso. Seguir la vía de la menor resistencia propiciará la desintegración gradual del sistema financiero internacional. Hay que inventar un nuevo sistema multilateral basado en principios más sólidos.

Si bien la cooperación internacional para la reforma de la reglamentación es difícil de alcanzar fragmentariamente, podría lograrse con un gran pacto que reorganizara todo el orden financiero. Es necesaria una nueva conferencia de Bretton Woods, como la que creó la estructura financiera internacional posterior a la segunda guerra mundial para establecer unas nuevas normas internacionales, incluidos el trato dispensado a las entidades financieras demasiado grandes para quebrar y el papel de los controles de capital. También debería reconstituir el Fondo Monetario Internacional para que reflejara mejor el orden jerárquico predominante entre los Estados y revisar su método de funcionamiento.

Además, un nuevo Bretton Woods debería reformar el sistema monetario. El orden de la posguerra, que hizo a Estados Unidos más igual que los demás, produjo desequilibrios peligrosos. El dólar ya no disfruta de la confianza que merecía en otro tiempo y, sin embargo, ninguna divisa puede ocupar su lugar.

E.U. no debe dudar en recurrir más a los derechos especiales de giro del FMI. Como estos están denominados en varias divisas nacionales, ninguna de ellas gozaría de una ventaja injusta.

Habría que aumentar el número de divisas incluidas en los derechos especiales de giro y algunas de las nuevas divisas añadidas, incluso el renmimbi, pueden no ser totalmente convertibles. Sin embargo, eso permitiría a la comunidad internacional apremiar a China para que abandone su paridad del tipo de cambio con el dólar y sería la forma mejor de reducir los desequilibrios internacionales. Así, el dólar podría seguir siendo la divisa de reserva preferida, siempre que se gestionara prudentemente.

Una gran ventaja de los derechos especiales de giro es la de que permiten la creación internacional de dinero, que resulta particularmente útil en momentos como el actual. A diferencia de lo que ocurre actualmente, se podría dirigir el dinero hacia donde más falta hiciera. Existe un mecanismo que permite a los países ricos que no necesiten reservas suplementarias transferir sus asignaciones a quienes sí que las necesiten, recurriendo a las reservas de oro del FMI.

La reorganización del orden mundial no deberá limitarse al sistema financiero y deberá contar con la participación en ella de las Naciones Unidas, en particular los miembros del Consejo de Seguridad. Debe ser E.U. quien inicie ese proceso, pero China y otros países en desarrollo deben participar en condiciones de igualdad. Son miembros renuentes de las instituciones de Bretton Woods, dominadas por países que ya no tienen una posición dominante. Las potencias en ascenso deben estar presentes en la creación de ese nuevo sistema para velar por que lo apoyen activamente.

El sistema, en su forma actual, no puede sobrevivir y E.U. es el que más tiene que perder si no se colocan al frente de su reforma. E.U. está aún en condiciones de dirigir el mundo, pero, sin una capacidad de dirección de amplias miras, es probable que su posición relativa siga erosionándose. Ya no puede imponer su voluntad a los demás, como el gobierno de George W. Bush intentó hacer, pero podría encabezar un empeño cooperativo para lograr la participación de los países en desarrollo y los desarrollados, con lo que se restablecería la dirección americana de forma aceptable.

De no ser así, la perspectiva es aterradora, porque una superpotencia en declive que pierda su dominio político y económico, pero conserve la supremacía militar, es una combinación peligrosa. Solía tranquilizarnos la generalización de que los países democráticos aspiran a la paz. Después de la presidencia de Bush, esa regla ha dejado de ser válida, si es que alguna vez lo fue.

En realidad, la democracia pasa por un momento muy difícil en Estados Unidos. La crisis financiera ha infligido privaciones a una población que no gusta de afrontar la realidad dura. El presidente Barack Obama ha desplegado el “multiplicador de la confianza” y afirma haber contenido la recesión, pero, en caso de que haya una recesión con “doble caída”, los americanos pasarán a ser víctimas de toda clase de traficantes del miedo y demagogos populistas. Si Obama fracasa, el próximo gobierno sentirá la poderosa tentación de crear alguna distracción respecto de los problemas internos: un gran peligro para el mundo.

Obama tiene la visión acertada. Cree en la cooperación internacional, en lugar de la concepción de Bush-Cheney, basada en la razón de la fuerza. El ascenso del G-20 como foro primordial de la cooperación internacional y el proceso de colaboración con los asociados acordado en Pittsburgh son pasos en la dirección correcta.

Sin embargo, lo que falta es un reconocimiento general de que el sistema está decrépito y se debe reinventarlo. Al fin y al cabo, el sistema financiero no se desplomó del todo y el gobierno de Obama adoptó la decisión consciente de resucitar los bancos con subvenciones ocultas, en lugar de recapitalizarlos por decreto. Las entidades que sobrevivieron disfrutarán de una posición en el mercado más potente que nunca y resistirán una revisión sistemática. Muchos problemas apremiantes preocupan a Obama y no es probable que preste toda la atención debida a la necesidad de reinventar el sistema financiero internacional.

Los dirigentes de China deben tener una amplitud de miras mayor aún que Obama. China está substituyendo a los consumidores americanos como motor de la economía mundial. Como es un motor menor, la economía mundial crecerá más despacio, pero la influencia de China aumentará muy rápidamente.

De momento, el público chino está dispuesto a subordinar su libertad individual a la estabilidad política y el adelanto económico, pero puede que no siga así indefinidamente y el resto del mundo nunca subordinará su libertad a la prosperidad del Estado chino.

Al convertirse China en una de las potencias rectoras del mundo, debe transformarse en una sociedad más abierta para que el resto del mundo esté dispuesto a aceptarla como tal. Como las relaciones de poder militar son las que son, China no tiene otra opción que la de un desarrollo pacífico y armonioso. De hecho, de ello depende el futuro del mundo.

*Presidente del Soros Fund Management y del Instituto de la Sociedad Abierta. Su libro más reciente es ‘The Crash of 2008′ (‘El desplome de 2008′).

Copyright: Project Syndicate, 2009.

Acomplejados (By. Andrés Hoyos)

Posted by Carlos Prieto On abril - 29 - 2009

103-las-venas

PARA ESCRIBIR ESTA COLUMNA ME puse a buscar mi viejo ejemplar de Las venas abiertas de América Latina, pero se lo había tragado la selva.

Procedí entonces a comprar uno nuevo, consciente de estar abonando mi granito de arena a las estupendas regalías de Eduardo Galeano, cuyo popular libro lleva, desde 1971, la bobadita de 78 ediciones tan solo en el FCE. Ahora, gracias al regalo de Hugo Chávez a Obama, habrá más.

Este libro efectista y rimbombante se me fue despintando con los años, no tanto por las inexactitudes o salidas de contexto que le señalaron, sino por un grave problema de fondo: Galeano es una expresión consumada del viejo complejo de inferioridad que nos afecta a los latinoamericanos, según el cual somos meras víctimas de lo que nos viene de afuera. Para los relatores locales del complejo, nunca nada es hechura nuestra: lo que sucede siempre es que viene el míster, viola a la pulcra muchacha latina, patea la mesa, se lleva la plata y no pasa nada, como no sea que los hermanos e hijos de la muchacha nos amargamos un poco más.

Galeano agrega a su análisis un elemento macabro: si queremos dejar de ser víctimas, no sirve nada distinto de una revolución sangrienta que expulse a los extranjeros y a sus amigos, los traidores. Muchos jóvenes de los años setenta, intoxicados por el brillo de las ideas fatalistas entonces en boga, se alzaron en armas e hicieron, por ejemplo, la catastrófica Revolución Sandinista. La violencia —se les había olvidado advertírnoslo a los Galeanos— no solo no es la solución, sino que tal vez sea la peor parte del problema. Así, con la formulita de Galeano y sus semejantes retrocedimos en vez de avanzar. ¿Y ahora qué? Ahora nada, a menos que alguien descubra en algún rincón de cada país inmensos pozos de petróleo que le permitan al mandamás corromper a un público ya de por sí desorientado. Lo otro sería cerrarnos como ostras.

Citemos, entre los temas preferidos del libro, apenas el del caucho. Aunque este árbol es originario de la América ecuatorial, a partir de la Segunda Guerra Mundial se cultiva en el sureste de Asia, en Indonesia, Malasia y Tailandia, de donde hoy sale más del 90% del caucho natural del mundo. ¿Son tan superiores los orientales? Lo dudo mucho. Aparte de la existencia de un viejo problema sanitario solucionable con ayuda de una tecnología mediana, quizás la otra ventaja con que ellos cuentan sean sus regímenes laborales bastante menos generosos que los de aquí.

No obstante, hay algo que brilla por su ausencia: no son acomplejados. Si uno pasa revista a la historia de los países del Extremo Oriente, podría escribir decenas de tomos a lo Galeano, pero por ninguna parte encontrará el fatalismo paralizante. La muchacha pueblerina de allá no se deja violar con tanta facilidad.

Son muchos los latinoamericanos que nunca padecieron el complejo de las venas abiertas. Ni Borges, ni García Márquez, ni los futbolistas brasileños. En política, sin embargo, aceptamos el horizonte de las expectativas reducidas, el “no se puede”. ¿Por qué? Porque en el pasado no se pudo. ¿No será entonces que hay que recurrir a un verdadero quiebre epistemológico y empezar a poder?

Ignoro de dónde viene el complejo de inferioridad colectivo que antecede con mucho al libro de Galeano, pero creo que es hora de darle cristiana sepultura. Yo encimaría varias cajas selladas de Las venas abiertas, su vulgata.

andreshoyos@elmalpensante.com

Tomado de El Espectador

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