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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

El gurú (By. Matador)

Posted by Pocho On marzo - 27 - 2009

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Procurador hace humo la Yidis política (By. Matador)

Posted by Pocho On marzo - 17 - 2009

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Tras la revisión del expediente, Alejandro Ordóñez llegó a conclusiones diametralmente opuestas las de su antecesor, Edgardo Maya, que hace nueve meses les había formulado pliego de cargos basado en la confesión de Yidis Medina, que llevó a su vez a la Corte Suprema a condenarla por cohecho. 

Según el Procurador, ni el cambio de versión de Medina ni las propias investigaciones de la Procuraduría dan para creer que en el trámite de la reelección en el Congreso hubo desviación de poder ni presiones indebidas, como lo concluyó la Corte Suprema  en el proceso de Yidis.

En esencia, Ordóñez no cree en la confesión de la ex congresista, que en sus primeras declaraciones ante la misma Procuraduría y ante el Consejo de Estado, en el 2004,  había dicho que votó la reelección por disciplina de partido y porque logró asegurar partidas oficiales en beneficio del Magdalena Medio, su tierra.

“Al confrontar la situación expuesta, referida a la afirmación de la congresista consistente en que iba a votar en contra el proyecto de reelección, con las manifestaciones que públicamente expresó (…)  se suscita una duda razonable sobre el verdadero móvil de la congresista para depositar el voto positivo y que no es posible establecer los motivos que realmente la impulsaron a adoptar la decisión, quedando por tanto descartado para el Despacho que la razón suficiente para ello hayan sido los presuntos ofrecimientos laborales”.  

Como Yidis se negó en varias oportunidades a revalidar ante la Procuraduría la versión que dio en la Corte, el Ministerio Público consideró que el testimonio no era válido.

Tomado de El Tiempo (17/03/2009)

El perdón burlado (By. María Elvira Bonilla)

Posted by Pocho On marzo - 16 - 2009

Cuestión de piel

Cuestión de piel

 Fue Salvatore Mancuso quien en 2005 estrenó el estilo de pedir perdón en vivo y en directo por televisión.

 Estrenó el cinismo, la lágrima fácil como una manera de impactar, ocultar y permitirle evadir cualquier compromiso de reparación psíquica, emocional o material, con lo que logra burlarse de sus víctimas. De la justicia. Así lo hizo cuando desmovilizó los 1.400 hombres del bloque Catatumbo, responsables de una de las cruzadas de masacres más atroces que haya conocido nuestra sangrienta historia, asoló comunidades y  generó un doloroso proceso de desplazamiento en un territorio donde las heridas aún siguen abiertas. Mancuso entonces se quitó su uniforme guerrero, se puso el bluyín, entregó el arma, y con una voz entrecortada, al mejor estilo operático, con resonancia de su ancestro italiano, dejó escurrir una “furtiva lágrima” como antesala del perdón que pidió públicamente. Concluido el show mediático, liberado de su tropa que le endosó al Estado, y con los réditos políticos y económicos de sus monstruosidades en el bolsillo volvió a lo que sabía hacer: delinquir, negociar con cocaína. Primero en Ralito y luego en las distintas cárceles por donde pasó en Colombia antes de ser extraditado a los Estados Unidos.

Es mucho lo que se ha visto en estos cuatro años de destape de los horrores del conflicto colombiano gracias a la Ley de Justicia y paz. Algunas sinceridades y muchas farsas; realidades y montajes pero sobre todo muchos perdones y muchas lágrimas. Lágrimas que parecen artificiales, perdones gastados que dicen poco y se han convertido en un manoseo de algo tan profundo cuando es sincero como es el arrepentimiento y la contrición. Palabrería en boca de paramilitares, guerrilleros y hasta empresarios estafadores de ahorradores, que creen que borran el daño social causado con una palabra.

Un perdón que se ha banalizado e instrumentalizado políticamente como el que acabamos de ver en el caso de Karina. Un acto que por su naturaleza es personal, voluntario y en principio privado, termina convertido en un gesto generador de equívocos. Porque es un perdón que no va acompañado de verdad, que cuando se hace pública permite llegar a juicios de responsabilidad incluso más eficaces y profundos que los de los tribunales de justicia. Porque en un conflicto tan devastador como el colombiano, los victimarios tienen la obligación de recordar todo aquello que no se puede que las víctimas olviden. Y Karina ha hecho, con la plena complacencia del Gobierno, caso omiso de esta obligación.

Este perdón forzado por las circunstancias como condición necesaria para conseguir el estatus de Gestora de paz, y construido con libreto gubernamental como parte de una estrategia de guerra atada al estímulo de las delaciones y los señalamientos, irá en contravía al papel que quieren darle a Karina. Y lo más grave, estimulará las cadenas de venganza en aquellas zonas donde ha sembrado dolor y violencia. Porque el perdón, según como se entienda, puede salvar o cegar vidas y en este caso muy seguramente hará lo segundo.

Tomado de El Espectador (16/03/2009)

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