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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Preferir el error, persistir en él

Posted by Carlos Prieto On noviembre - 26 - 2009

Por: Jorge Barraza

Fuente: El Tiempo

335. La mano de Henry“No siento el menor deseo de jugar en un mundo en el que todos hacen trampa.” Francois Mauriac

Suráfrica 2010 no podrá ufanarse de recibir a “las 32 mejores selecciones del mundo”. Al menos en un caso -Francia versus Irlanda- no ha podido ser establecida deportivamente cuál de ellas es mejor.

Una desgraciada (y doble) omisión arbitral le extendió el boleto a Francia. Como todo el mundo vio -menos el juez-,  el gol que permitió el empate francés fue primero un flagrante off-side y después una descarada mano de Thierry Henry.

No adherimos a la idea del árbitro vendido: estamos convencidos de que el sueco Martin Hansson es nada más que un mal referí. Uno más entre muchos, especialmente europeos, que gozan de gran reputación pero cometen errores colosales.

Si fuese futbolista, diríamos sencillamente que Hansson “es un tronco”. Muy bien preparado atléticamente, eso sí. Y arrogante. En lugar de lamentar el desliz y disculparse ante una nación que se quedó sin Mundial por su desacierto, parece haber hecho un curso fulminante de autoayuda: “Sobreviviré a esta tormenta. La vida debe continuar”, declaró. Un liberado. El Congreso Mundial de Psicólogos  lo va designar el personaje del año.

Y de tormentas sabe, Hansson. Ya fue congelado por la UEFA en 2008 tras otra grave equivocación en un partido Liverpool-Atlético de Madrid por la Champions League. Allí sancionó un inexistente (pero muy inexistente) penal a favor del club inglés. Como en este caso, Steven Gerrard, el beneficiado, reconoció que no hubo falta. Desde entonces no ha vuelto a dirigir copas europeas.

Es curioso, pese a ello, al colegiado le fue confiada la todavía fresca final de la Copa Confederaciones entre Brasil y Estados Unidos, en la que no convalidó un gol de Brasil en el cual la pelota claramente había entrado. Hansson está designado para pitar en Sudáfrica 2010. ¿Dirigirá…?

Tampoco suscribimos aquello de que “a la FIFA le interesa que clasifiquen los poderosos”. Francia no participó de los Mundiales 90 y 94 y nadie se acordó siquiera del tema. Otros campeones como Inglaterra y Uruguay quedaron fuera varias veces. Y, parafraseando a Hansson, la vida continuó.

En descargo del patadura Hansson podría decirse, nobleza obliga, que por la forma en que se dio la jugada, pudo haber estado tapado para advertir la mano de Henry. La televisión pone cámaras ahí. Por eso pudo observarse con absoluta claridad la pecaminosa acción. Pero quienes primero se ufanaban alegremente de que estos errores constituían parte “del folclore del fútbol”, ya no están tan serenos ni soliviantados. No deben haber dormido en paz, esta es una mancha terrible a la credibilidad del juego.

Años llevamos insistiendo en que la injusticia no es folclore. Ni es para reír. Irlanda entera se siente víctima de un despojo. Mientras los demás deportes acuden con éxito al video y otras formas tecnológicas, el deporte número uno del mundo se niega. El video ref es el paso más trascendente del referato en el rugby. El juez camina quince metros hasta una cabina ubicada en un lateral, mira la jugada y decide lo correcto. No pasan más de 45 segundos o un minuto. No ha desnaturalizado el juego, lo mejoró ostensiblemente. Todo lo que haga más limpio y justo al deporte, debe ser bienvenido.

Hay más: el árbitro tiene en la tecnología la posibilidad de descartar cualquier sospecha sobre su persona. Y su madre sería menos recordada.

El fútbol parece preferir el error, se obstina en él. Eso se llama contumacia, y no es virtuoso.

Aparte del fresco señor Hansson, juez ignorante de un robo, no debemos olvidar que hubo un ladrón. La mano de Henry es todavía más condenable que la de Maradona en México ’86. Éste tiró el cabezazo, cuando vio que no llegaba metió el puño y ya. Henry la paró, luego la acomodó llevándola unos centímetros con la palma de la mano para ponerla delante de su pierna zurda. Pararla pudo haber sido instintivo; lo que siguió fue doloso.

El reconocimiento de la falta de parte de Henry es ponderable. Pero se desinfla ante el silencio de la federación francesa. Y ante el festejo, casi, del técnico Doménech, quien, más o menos dijo algo así como “Ah, no sé, no sé… clasificamos”.

Henry aún tiene la chance de que el mundo lo absuelva: debería autoeliminarse del Mundial. “Si Irlanda no va a Sudáfrica por mi culpa, lo justo es que yo tampoco vaya”. Es más, ganaría el premio Fair Play.

Los tres problemas centrales en materia referil son: 1) Se mide a los jueces por las pruebas físicas, médicas o psicológicas cuando debiera evaluarse mediante porcentaje de aciertos. 2) Persiste la idea de negarse a la ayuda de la tecnología. 3) Continúa el criterio de dar de baja a los jueces por edad y no por rendimiento. En el mejor momento de su carrera arbitral, acaba de culminar la carrera internacional de Carlos Chandía, el excelente juez chileno.¿Nos perdemos un buen administrador de justicia sólo porque su documento dice que llegó a los 45 años…? ¿Está bien…? En su lugar entrará un joven inexperto que, cuando termine de madurar y completar su formación, deberá irse.

El mundo condenó para siempre a Maradona por su “mano de Dios”. ¿Qué pasará ahora que la trampa es de un europeo…?

La injusticia no es folclor (By. Jorge Barraza)

Posted by Carlos Prieto On mayo - 12 - 2009

Barcelona…peor imposible!. Así como celebramos ruidosamente el triunfo del Barza sobre el Real hace apenas unos días; hoy, criticamos y desaprobamos rotundamente “el como” eliminó al Chelsea. No necesita el Barcelonismo de triunfos como el obtenido ante el equipo ingles.   Los responsables de tan sonado escandalo, no son más que la Fifa y la Uefa; entidades que hoy se niegan al uso de tecnología de última generación en video, aduciendo ridiculamente esto: ”las polémicas forman parte del folclor del juego”. Habrá que esperar que a futuro; la muerte y las tragedias, no empiecen a ser parte del “Juego” que hoy plantean folcloricamente estas dos entidades. Carlos Prieto


Una sensación agridulce invade nuestros paladares. Lo que debió ser una ancha sonrisa mutó finalmente en rictus.

Los hinchas del buen fútbol celebramos la estética y generosidad del Barcelona, su mensaje refrescante, la valentía de su estilo. Gritamos el heroico gol de Iniesta y nos alegró que arribara a la final europea del 27 de mayo. Molesta el cómo.

Chelsea, con armas limpias y una marcación ajustada, severa aunque reglamentaria, le encontró la vuelta para anularlo en los partidos semifinales. Y su arquero Czech casi no tuvo trabajo, ni en España ni en Inglaterra. Perspicaz como se ha mostrado en toda su carrera (por algo es un coleccionista de triunfos), Guus Hiddink le escalonó gente a las fuentes de alimentación de fútbol del Barza; Xavi, Iniesta y Messi. Y le cortó la luz eléctrica. Quedó a oscuras el cuadro azulgrana.

Lo que debió ser un triunfo poco romántico, pero claro del Chelsea, se transformó en empate por obra de los milagros del fútbol. Y esencialmente por el desastroso desempeño del árbitro noruego Tom Henning, quien ignoró, mínimo, tres penales favorables al equipo de Drogba. Pasó el Barza. Que ha hecho un magnífico torneo y merecía la final. Pero en cruces eliminatorios los méritos de cuartos de final no cuentan en la semifinal. 

El mundo quedó perplejo ante el espectáculo que significa no concederle tres penales nítidos a un mismo equipo. “Si este juez vuelve a dirigir algo más importante que un Sub-13 habrá que hablar muy mal de la UEFA”, escribió el periodista Matt Dickinson, del The Times. La prensa británica reclama cinco penas máximas, incluyendo dos faltas a Drogba entrando al área. Y no negamos ninguna. No obstante preferimos centrarnos en tres: una mano enorme de Piqué que no puede considerarse casual; un brazo de Eto’o que vio venir el pelotazo y buscó cubrirse el rostro (¡este en el minuto 95…!) y un agarrón gigantesco de Dani Alves a Maloudá un metro dentro del área; el juez lo sancionó fuera.

La sensación de estupor, de vacío que deja un despojo arbitral es escalofriante. Y en esto no está envuelto el Barcelona. Incluso descreemos de las teorías conspirativas. Simplemente, el réferi noruego Tom Henning se equivocó mucho. O es malo. 

No basta con hacerles pruebas físicas y ponerles auriculares a los jueces,  tampoco con darles cursos ni enseñarles inglés. Todo eso está bien, pero no alcanza. Los réferis deberían ser sometidos a exámenes intelectuales y de fútbol, para saber si son despiertos y si conocen del juego. Si un individuo no puede divisar tres penales clarísimos en un mismo partido no está para una semifinal de Liga de Campeones, partido que vieron más de mil millones de personas. Por más estado físico que tenga. 

Las reglas del juego son maravillosas, perfectas casi. Y el fútbol está hecho de tradición, un componente decisivo de su popularidad. Sin embargo, todo es susceptible de ser mejorado y corregido. En la era tecnológica, el fútbol se niega a subirse a la tecnología.

El rugby, un deporte en franco crecimiento popular y comercial, adoptó hace pocos años el utilísimo y revolucionario video ref. Es sencillo: un asistente del árbitro, dentro de una pequeña cabina al costado del campo, mira el juego a través de un televisor. Si advierte una situación anómala avisa al juez mediante un dispositivo que funciona como un vibrador y que el colegiado lleva en el brazo.

Se utiliza exclusivamente para situaciones de try (equivalente al gol), pues las montoneras son tan nutridas que a menudo no alcanza a distinguirse si un jugador efectivamente apoyó la pelota en el césped, o si lo hizo detrás de la raya. Un try mal concedido puede cambiar un resultado, inclusive en la mismísima final del mundo. “Es una fantástica ayuda, no hay que olvidar que uno está administrando justicia”, comentó el arbitro internacional de rugby argentino Pablo De Luca. “Igual -agregó-, el juez es quien tiene la última palabra”. 

Como futboleros ortodoxos, al principio nos opusimos al novedoso sistema. Una vez que lo vimos nos pareció extraordinario. El juego no se para más de 45 segundos o un minuto (a veces en el fútbol se pierden tres o cuatro con un lesionado).

Sería magnífico aplicarlo al fútbol y que cada equipo tuviera el derecho de pedir dos video ref por partido, uno en cada tiempo. No desnaturaliza el juego, no le quita emoción ni continuidad, lo mejora. Tom Henning hubiera reconsiderado algunos de sus fallos erróneos.

El rugby escapó a las polémicas gracias a esta innovación. El tenis no disminuyó su atractivo por sumar la computadora para verificar si la pelota picó adentro o afuera. Las altas esferas del fútbol sostienen que “las polémicas forman parte del folclor del juego”. Es un pensamiento bastante fresco: la injusticia no es folclor, es injusticia.

Jorge Barraza
Para EL TIEMPO

Ronaldo nos contagió su felicidad (By. Jorge Barraza & You Tube)

Posted by Carlos Prieto On marzo - 10 - 2009

Y ahí, trepado a lo alto del alambre se abrazó con un par de torcedores de Corinthians, la Fiel, hinchada querendona como pocas. Fue algo de una emoción casi incomprensible para otras actividades, uno de los festejos de gol más impresionantes que hayamos visto en décadas. Palmeiras ganaba 1-0 y el partido se marchaba silbando bajito. Ronaldo transportaba lentamente su enorme humanidad (está gordísimo como nunca se lo vio). De pronto vino ese centro que un wing llamado Dios le puso en la cabeza y ‘O Fenomeno’ clavó el empate.


El cabezazo es una anécdota, fue uno más de los millones que vemos en el fútbol; la impactó bien y la bola fue a besar la red. La columna está inspirada en lo posterior.

Ronaldo salió como poseído, saltó las vallas publicitarias, siguió hasta el alambrado y se colgó como un hincha, igual que un debutante que hace el gol del triunfo y no puede reprimir su euforia.

Y ahí, trepado a lo alto del alambre se abrazó con un par de torcedores de Corinthians, la Fiel, hinchada querendona como pocas. Fue algo de una emoción casi incomprensible para otras actividades, uno de los festejos de gol más impresionantes que hayamos visto en décadas. Palmeiras ganaba 1-0 y el partido se marchaba silbando bajito. Ronaldo transportaba lentamente su enorme humanidad (está gordísimo como nunca se lo vio). De pronto vino ese centro que un wing llamado Dios le puso en la cabeza y ‘O Fenomeno’ clavó el empate.

Lo que siguió después es una película titulada LA FELICIDAD. Ahí no hubo marketing ni poses para ganarse a la gente, fue todo honesto, genuino, espontáneo. Y el acierto del periodista que se metió en el campo y lo reporteó en caliente: la alegría que irradiaba Ronaldo era contagiante, estimulante. “Estoy feliz, feliz por este gol, por esta gente, ahora quiero volver a jugar y a anotar”, decía, y sonreía, no podía parar de sonreir y mirar a la tribuna, quería saltar de nuevo y sumarse a la multitud. Fue bellísimo.

Jamás, estamos ciento por ciento persuadidos, Ronaldo fue tan feliz después de un gol. Ni tras aquellos dos ante Alemania cuando fue campeón del mundo. El día que publique su libro de memorias lo va a mencionar, seguro. Este gol, uno cualquiera marcado en medio del torneo paulista, lo devolvió a la vida deportiva, a la vida. Volvió de la noche, del descrédito y del retiro en ese gol. Y lo disfrutó como cuando era un chico de 17 que iba a debutar en la Primera de Cruzeiro. Es entendible: el gol dio vuelta una página negra: un año sin jugar, 14 meses sin convertir y una ristra de escándalos nocturnos.

Ronaldo ha sido un jugador extraordinario, sin alma de número uno, pero fantástico. No tuvo la fiereza, la disciplina y determinación necesarias para convertirse en un monarca venerado y duradero. Igual hemos disfrutado de su técnica excelsa. Su devolución de pared es algo sublime, una joya de precisión tecnológica, igual como ha sido de exquisita su definición frente al arco. Una pena que tomó al fútbol como un canal para alcanzar otros placeres. Si no estaríamos hablando de un jugador de 800 goles. Y apenas lleva 285, por ahí. La naturaleza lo agració con su físico veloz, potente y explosivo, y lo castigó con las lesiones. Y a ello él le agregó los deslices que damnificaron su carrera. Sin embargo es un sujeto querible; nunca se quejó por una falta violenta ni de algún codazo que le acható la nariz.

Tiene una sonrisa de niño, sanísima y buena, contagiante. Esa sonrisa de Ronaldo tras el gol a Palmeiras el domingo se robó todo el fin de semana. La tripleta de Pippo Inzaghi en el Milan, el clásico madrileño y hasta el triunfo de Independiente sobre Boca pasan a un oscuro segundo plano. 

Tomado de El Tiempo & You Tube

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