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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

En la inmunda

Posted by Pocho On diciembre - 18 - 2011

por: Iván Mejía Álvarez

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Cuando alguien cercano al presidente Santos oyó la sugerencia de un directivo del fútbol colombiano de que brindara un guiñito, una señita, que permitiera acercar a Hernán Darío Gómez nuevamente a la selección, el dirigente recibió una respuesta contundente: “Ni se lo propongan, ese tema para Juan Manuel está completamente cerrado y él vería como un desafío del fútbol que fueran a nombrarlo. Santos no quiere problemas con las mujeres”.

Además, nuevamente González Alzate se convirtió en catalizador negativo para la posible reincorporación de Gómez. Haciendo alarde de tener los votos y de manejar el poder, González consiguió que la rama profesional, con Bedoya y Jesurún a la cabeza, se uniera para cerrarle la puerta. El fútbol profesional no quiere volver a caer en el error de mostrarse dividido y darle largas al diabólico, maquiavélico y nefasto dirigente de la acabada Difútbol, un ente que debiera desaparecer por ineficaz y porque simboliza lo más bajo de la politiquería e ineptitud dirigencial.

De todas formas, González perdió la batalla para poner a Gómez, pero ganó la lucha para hacer echar a Leonel, a quien consideraba un tipo biche, inexperto, sin capacidad de mando. Fue trueque: que no venga Bolillo, pero que se vaya Leonel. Y como Álvarez estaba tan mal parado, pues fue muy fácil alejarlo de la dirección técnica.

Así se maneja la pequeña política del fútbol colombiano, a punta de bandazos y sin coherencia. Fue un error nombrar a Leonel y más aún ir a Estados Unidos a pedirle permiso a los jugadores para posesionarlo. La dirigencia sabía que ese no era el técnico y por eso le nombraron a Comesaña para que lo ayudara y lo aconsejara, pero a Leonel se le subió la soberbia y no quiso oír a nadie, no intentó seguir los derroteros ya trazados y que había marcado Gómez, se creyó dueño y amo y cuando entró a pensar “solito” se equivocó una y otra vez. Alguien insiste en que los resultados no eran tan malos: victoria, empate, derrota. En esto no sólo juegan los números sino el cómo y el porqué, y Leonel no dio la menor muestra de seguridad y sensatez en sus decisiones.

Acá está nuevamente el fútbol colombiano, a la deriva, sin guía, sin técnico, con una dirigencia inferior al compromiso, pegando patadas de ahogado, sin acertar en una sola, corrigiendo hoy los errores de ayer, pero poniendo en evidencia que no hay ni proyecto ni proceso.

Como dicen los jóvenes… estamos en la inmunda.

Chicharrón

Posted by Pocho On agosto - 14 - 2011

Por: Iván Mejía Álvarez

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Caricatura: Matador

Excelente columna del Sr. Mejía. Se las recomiendo!. Pero antes, quisiera aportar los siguientes cuestionamientos y respuestas a este debate:

¿En aras de buscar o encontrar un resultado deportivo, vale la pena que todas nuestras instituciones gubernamentales callen ante este insolito acontecimiento?. R/ Es casi seguro, que a muchos colombianos nos encantaría una posición contundente del gobierno ante esta situación. Como país, no podemos arriesgar mucho de nuestro futuro social, a cambio de pretender ir a un mundial de fútbol.

¿Para el gobierno actual es mucho más importante asistir a un mundial, que dejar precedentes y mensajes claros de comportamiento para sus ciudadanos?. R/ Hasta el momento es el mensaje que nos están enviando.

¿No es absurdo presentar la carta de los jugadores seleccionados, como una presión mediatica a la opinión publica?. R/ Absurda y ridícula. ¿A que jugador convocado por el Sr. Gómez, se le va a ocurrir no firmar?. Es claro que si llega un nuevo técnico, nadie tiene su puesto asegurado.

Es obvio, que hay un sector de periodistas de opinión deportiva que apoyan la continuidad de este proceso. Ojalá, no sean los mismos que después critiquen la baja asistencia a los estadios, y el poco entusiasmo que genere una selección de fútbol de nuestro país. En últimas, serán ellos los más perjudicados. Se quedarán sin trabajo. Pocho.

Dilatar y dilatar, esperar que pase la efervescencia popular y las aguas vuelvan a su cauce, darle largas al tema para que al final se cumpla el objetivo: mantener a Hernán Darío Gómez al frente del seleccionado nacional de mayores. Ese es, ni más ni menos, el objetivo de la reunión del comité ejecutivo de la Fedefútbol cumplida esta semana en Bogotá.

El inesperado tema Gómez se ha convertido en un chicharrón de ocho patas para la dirigencia porque los tomó de sorpresa y no tenían ni medianamente pensado un plan B para sustituir al técnico.

Todos, empezando por el adiestrador, saben que él cometió un pecado grave y que merece una dura sanción porque eso no se hace, porque no es correcto de ninguna forma agarrar la amiga, esposa, novia, amante, conocida o desconocida a trompadas. Ese acto es repudiable y merece un absoluto rechazo de la opinión pública. Pero de allí a convertir a Gómez en un siniestro Garavito o asimilarlo a un delincuente hay un gran trecho. En este país de doble moral, de falsos profetas de la ética, se olvidan de que durante muchos años se impregnó la cultura de “todo vale, todo pasa” y que hoy no se hacen juicios de valores tan profundos como el que se le hace al técnico de la selección por hechos mucho más repudiables.

La dirigencia tiene claro que si Bavaria se siente incómoda patrocinando a la selección, se pueden ir mañana mismo porque hay otras marcas dispuestas “a pagar más y joder menos”, como dice un dirigente del fútbol. Le reconocen su lealtad durante tantos años, el que haya estado en las buenas y en las malas, pero no aceptan que un dirigente corporativo haya tomado posiciones contundentes en el caso Gómez y haya pedido públicamente su cabeza. Los otros patrocinadores han guardado prudente silencio. El tema comercial no inquieta a la Federación.

En cambio, les preocupa la posición del Gobierno y ésta ha sido tenue, matizada, sin virulencia. La consejera para la Dignidad de la Mujer, Cristina Plazas, sentó su voz de protesta por el detestable atropello y ofreció apoyo sicológico y médico a Gómez. Inteligente y sutil, Plazas nunca pidió la cabeza del técnico porque sabe que el presidente Santos aborrece lo que pasó pero cree en Gómez. El Gobierno espera el desarrollo de la ola de la opinión pública para saber qué camino toma pues tiene claro que una señita, un guiño, de Santos, obliga a la dirigencia a sacar al técnico. El Gobierno también juega a dilatar… dilatar.

Y en lo deportivo, la Federación tiene claro que es Gómez o es Gómez. Su proceso va bien encaminado, los jugadores le creen, el equipo ha conseguido una madurez táctica y ellos piensan que Hernán Darío es la única alternativa viable. Por factores diversos, Leonel Álvarez no tiene respaldo alguno para ser el titular, no hay plata ni tiempo para traer un técnico extranjero y los otros adiestradores colombianos mencionados, Alexis García y Juan Carlos Osorio, carecen de apoyo popular y de pergaminos ante la dirigencia.

Los directivos saben que la continuidad del técnico Gómez es un abierto desafío a un gran sector del país que quisiera verlo mañana en la cárcel, a un importante núcleo del periodismo y que la opinión difícilmente perdonará al técnico por lo que hizo. Saben que a su paso no faltarán los insultos, el maltrato, las agresiones, y que ese entorno virulento puede contagiar la selección. Saben que a la primera derrota le caerán con todo y que el equipo difícilmente aguante una campaña mediática donde los resultados no lleguen.

La decisión ya está tomada. Van a aguantar unos días a ver qué mensajes manda el presidente Santos, le van a poner una tarjeta amarilla con tonos rojizos a Gómez, lo van a obligar a ir de rodillas, disculpándose y pidiendo una segunda oportunidad, van a esperar que los Julitos se calmen y después… lo ratificarán, venga lo que venga.

Unos defenderán la decisión, otros la atacarán, pero Gómez se va a quedar y el tema es claro: la Federación contra medio país…

Finalmente, después de la presentación de todos los ángulos, usted se preguntará: Y usted, Iván, ¿qué haría, lo dejaría o lo sacaría? Yo, le respondo, lo sacaría por una gran razón: la selección de Colombia está para “construir país” y no para “dividir y enemistar al país”.

La bola del Bolillo

Posted by Pocho On agosto - 14 - 2011

Por: Daniel Samper Ospina

Fuente: Semana – Bogotá, Colombia

Caricatura: Leo

Si tuvieron que suturar a la mujer, sería la prueba de que el profe sabe cosechar puntos.

Confieso, con algo de vergüenza, que hice parte del batallón de periodistas que exigió la renuncia de Bolillo Gómez por haberle pegado a una mujer. La verdad es que me parecía más práctico salir de él que instalar de nuevo las mallas de El Campín para proteger a las señoras que asistan al estadio.

Sin embargo, cuando oí las declaraciones de la senadora conservadora Liliana Rendón según las cuales la culpa era de la mujer por haber provocado al Bolillo, cambié de parecer. Tiene razón la senadora. Pobre el Bolillo. Quién sabe qué minifalda se puso la mujer esa. Sea esta la ocasión de enviarle un saludo solidario al profesor: ánimo, Bolillo, adelante. O, para decirlo con sus palabras, “hacele, pues, marico, con berriondera, huevón”.

Es una lástima que haya renunciado, de verdad. Nadie nos representaba mejor que él: se ponía la sudadera para comer rellena; les echaba madrazos a los periodistas; se metía en grescas en las que echaban plomo; se volaba con la moza a beber aguardiente. Bolillo, queridos amigos, era Colombia: era mi gente linda, mi gente bella.

Pero acá gozamos haciendo leña del árbol caído, y más cuando la pobre víctima comanda un grupo de troncos.

Sí, puede ser cierto que mientras otros técnicos persiguen la media inglesa, Bolillo vaya tras la media de aguardiente. Y quizás no estuvo bien que haya agarrado a su acompañante a contragolpes, como nunca lo hizo con equipo alguno.

Pero es un exceso pedirle que se vaya. ¿No ven que él mismo dijo que no se acordaba de nada? ¿No saben, acaso, que la desmemoria lleva a cometer disparates? Miren al pobre García Márquez, por ejemplo, que terminó en un coctel de José Gabriel: lo sentaban en un sofá mientras él creía que estaba en un simposio literario. Supuso todo el tiempo que Botero Zea era el autor de Alí Babá y los 40 ladrones.

Todos criticaban al pobre Bolillo. En un arrebato de genialidad, Sergio Fajardo lo propuso para liderar un programa contra el maltrato a la mujer; pero postular al Bolillo como profesor de conducta es como sugerir que Sergio Fajardo enseñe a montar en bicicleta.

Por fortuna, la valiente senadora Rendón lo defendió con vehemencia, y con ello desató una cascada de solidaridad hacia el Bolillo, que justamente es experto en eso: en cascadas. A la senadora se sumaron Luis Bedoya y René Higuita, a quienes une la vocación de tapar. También dirigentes de la Federación que, haciendo gala de su decencia ancestral, no han aceptado su renuncia. Quizás nunca se la acepten. Les gusta Bolillo porque tras este episodio demostró que sí sabe atacar. Y si tuvieron que suturar a la mujer, estaríamos ante la prueba de que sabe cosechar puntos.

Tienen razón. Es un técnico ganador, que solo persigue a la victoria, en caso de que así se llame la mujer a la que le pegó. No vale la pena sacrificarlo por culpa de nuestros prejuicios moralistas: ¿por qué cuando son las mujeres quienes maltratan a los hombres nadie dice nada? ¿Quién, acaso, defiende a Carlos Romero cuando llega tarde a la casa y lo espera Clara López con la mascarilla untada en la cara y un molinillo en la mano?

Por eso, los invito a que lo rodeemos. Pensemos de una vez en su reemplazo, para que nos duela de una vez. Un amigo sugería a Pambelé; otro, a Oswaldo Ríos, para que fuera técnico extranjero. Yo prefiero a Álvaro Uribe. Jugaría con cuatro autodefensas atrás; pondría a Andrés Uriel a hacer túneles; encargaría a José Obdulio y a Bernardo Moreno de las interceptaciones. Pero al menos lo mantendríamos ocupado.

Solucionado lo accesorio, animemos todos juntos al pobre Profe. Hagámosle entender que la vida no se acaba por golpear a una mujer. Al revés, ese puede ser el primer paso para convertirse en un destacado abogado penalista, por ejemplo, o llegar a la presidencia del Senado.

Ahora que puede terminar engrosando las cifras del desempleo, invito al Bolillo a que recorra el camino de su colega Noemí, pero en sentido contrario: que del fútbol pase a la política. Tiene todo para triunfar en el Congreso.

Lo veo en el Partido Verde, bebiendo con Luchito; o en el uribismo, dándole en la cara a alias la Mechuda, que es la Leonel de allá; o en el Polo, invitando a bailar a ‘la Doctora’ y luego dejándole un ojo morado. Pero el lugar en el que de verdad puede realizarse es en el Partido Conservador. Bolillo es el clásico godo cavernario, el macho de principios claros y finales violentos que se hace respetar, incluso, de las mujeres que mezquinamente lo provocan.

A mí me encanta el Conservador porque es el partido de la moral colombiana. Tiene grandes exponentes, como el senador Corzo, que está acusado de tener nexos con los paras y a la vez quiere implantar la inmunidad parlamentaria. Y está, cómo no, su presidente, ‘Cielito lindo’ Salazar, a quien le gusta tanto la moral que tiene dos: desprecia a las mujeres que se ven obligadas a abortar, pero a la vez su familia está en el negocio de los moteles. Ojalá organicen en un motel la próxima cumbre conservadora. Es un buen sitio para tirarse el país. Podrían invitar a Guillermo Valencia Cossio, que es un conocedor, y sellar ante él una alianza entre el Bolillo y la senadora Rendón. Son la pareja perfecta. Ojalá que la senadora no se vaya en minifalda.

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