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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Con la tinta aún humeda

Posted by Pocho On febrero - 4 - 2012

Por: Iván Thays

Fuente: El País – Madrid, España

Cocinero en su tinta es la cuarta novela del escritor peruano Gustavo Rodríguez (nacido en 1968). La editorial Planeta anuncia que su protagonista de nombre estrafalario, Rembrandt Bedoya, es un chef peruano que debe preparar un plato digno del boomgastronómico que vive el Perú en el evento Madrid Fusión. Dice que la novela ha sido escrita, además, siguiendo los “consejos culinarios” del chef Pedro Miguel Schiaffino y aparecen mencionados otros chefs auténticos, como el español Ferrán Adriá o el peruano Gastón Acurio. El blurb del libro cita con orgullo: “Se trata de la primera novela sobre la gastronomía peruana”.

Keith Gessen, editor de la revista literaria N+1, declaró que harían falta 50 años, por lo menos, para que apareciese la primera gran novela sobre el 11S. Claro está, eso no ha detenido a los escritores norteamericanos, que se han volcado a escribir sobre el tema golosamente. Pero no solo el 11S sino que también la crisis financiera internacional ha empezado a asomar en las contratapas de las nuevas novelas norteamericanas. ¿Quién puede resistirse al momento?

Uno de los primeros libros que se escribió sobre el 11S -ocurrido en el 2001- no salió de manos de un norteamericano sino de un francés. Se trata del sensiblero Window of The World de Fréderic Beigbeder, publicada en el 2003. No debe ser casual que Beigbeder llegase a la literatura desde la publicidad, al igual que Gustavo Rodríguez, uno de los mejores y más reconocidos publicistas del país. Es cuestión de olfato o, mejor aún, detiming. Como aquel chiste del alcalde analfabeto obligado a ser jurado de un concurso de matemáticas en un colegio de su región. Ante la pregunta: “¿Cuánto es 100 + 300?” un niño levanta rápido la mano y grita “600″. El alcalde lo felicita y le da la medalla. Tras él, un segundo niño corrige: “Pero si suma 400″. El alcalde, incapaz de aceptar el ridículo, anuncia: “En este pueblo gana el primero que habla”.

En literatura, desde luego, no es el primero que habla el que gana (si acaso hay algo que ganar) aunque los editores -y algunos autores- se precien de ser los primeros que escribieron sobre la fontanería en las zonas urbano marginales o que introdujeron la técnica del monólogo interior en segunda persona. Lo cierto es que logros tan paupérrimos como esos han solventado carreras literarias bastantes largas en el Perú y en América Latina. No he leído aun la novela de Gustavo Rodríguez, que acaba de aparecer, pero sin duda, de dejar una huella en la literatura peruana, no será por ser la primera en hablar del “boom” gastronómico peruano sino por méritos que, espero, puedan sostener una trama tan coyuntural e incluso frívola.

Hablando de coyunturas, confieso que el motivo de este post, más que literario, es una pataleta, porque soy de esos pocos peruanos que detestan la burbuja de aire que llaman elboom de la gastronomía peruana y que no consideran que nuestra comida es la mejor de Latinoamérica y quizá -para no caer en falsas modestias- del Mundo. Soy un pésimo anfitrión: no conozco restaurantes, huariques ni chiringuitos donde preparan el mejor cebiche o el ají de gallina con la receta de la abuela (mi abuela, por cierto, no cocinaba). No pretendo obligar a ningún turista a beber Inka Kola (“la bebida del sabor nacional” en un país donde el concepto “nación” es una incógnita), ni a deglutir los dulces más empalagosos que he comido jamás (bajo nombres estrafalarios como Supiro Limeño), y menos aún hago proselitismo a favor del pisco peruano en contra del pisco chileno. Mis restaurantes favoritos son de los de pasta y creo, honestamente, que la comida peruana es indigesta y poco saludable. Casi sin excepción se trata de un petardo de carbohidratos al cubo, una mezcla inexplicable de ingredientes (muchos de ellos deliciosos en sí mismos, hay que decirlo, pues los insumos son de primera calidad) que cualquier nutricionista calificado debería prohibir. Cada vez que alguien habla de la fama de la comida peruana en el mundo, pienso en las carencias de un país necesitado del reconocimiento extranjero para sentir respeto por sí mismo. Me imagino que el día en que en una película de Woody Allen, en vez de pedir comida china pidan comida peruana de undelivery de Manhattan, por fin podremos sentirnos parte de un país con marca registrada.

Pero volviendo a lo literario, queda claro que tenemos temas para tratar más allá de la agenda de PromPerú (en cuyos comerciales nunca aparece, ni por asomo, algún integrante de la cultura peruana que no sea un cocinero o un cantante popular). La literatura de la violencia política peruana, por ejemplo, aunque podría decirse -como lo muestran diversas antologías sobre el tema- que empezó casi al mismo tiempo que las primeras bombas, no fue sino hasta muchos años después, en la primera década del 2,000, en que dio frutos interesantes. Una vez que se logró superar la apología ideológica o el retrato costumbrista y se volvió vehículo de conocimiento, de memoria y reconciliación, se originaron libros fundamentales como La hora azul de Alonso Cueto o Retablo de Julián Pérez. Y probablemente sea solo el inicio de una literatura que profundizará sobre un hecho tan trascendente como son los años del terrorismo peruano.

No sé nada de cocina, así que ignoro en qué condición debe prepararse un calamar para que sea considerado “en su tinta”. Pero sin duda, para que una obra sea un logro artístico y humano la tinta tiene que estar bien seca.

Cebiche de pescado

Posted by Pocho On noviembre - 24 - 2011

Por: Carlos Prieto

Receta de: Oscar del Hierro *

Lima es un sueño de ciudad, para aquellos que disfrutan y aman la gastronomía. Son miles las opciones, son multiples las ofertas de: Cebiches, Pollos, Anticuchos, Lomos Saltados, Arroces, Causas limeñas, Chicha Morada, Picarones, Sanguches, etc, etc,etc.

En oferta de sitios, ni se diga: Tanta, Pardos, Panchita, Central Restaurante, Wa Lok, Lamar, La rosa náutica, La Lucha, etc, etc, etc.

La verdad es que es algo sorprendente, lo que ocurre gastronomicamente en este país. El auge de esta gastronomía Peruana esta propiciada por el Sr. Gastón Acurio.

Tuve la oportunidad de observar, como el Chef Oscar del Hierro preparó un delicioso e inolvidable Cebiche de Pescado. les comparto la receta. Carlos Prieto.

Porción: 2 Pax

Ingredientes:

300-400 Gramos de Pescado Fresco de mar en Cubos (Crudo).

10 Limones (Jugo)

Cilantro

1 Pedacito de Gengibre

1 Pedacito de Apio

1 Diente de ajo machacado

1 Rocoto

1 Cebolla Roja Grande

Glutanato Monosódico

Sal y Pimienta

Paso 1.: Se alista el Jugo de limón

Al jugo de limón, se le agrega 1 rama de cilantro, el gengibre, una porción pequeña de apio, una porción pequeña de Rocoto picado. Se reserva, mientras se avanza con los siguientes pasos.

Paso 2.: Se alista la Cebolla Roja

Ya partida en julianas, se desamarga en solo agua.

Paso 3.: Se alista el pescado

Partido ya en cubos, se la agrega: sal, glutanato monosodico (resalta sabores), ajo, Rocoto finamente picado y Cilantro finamente picado. Se revuelve todo y se reserva por 2 minutos.

Paso 4.: Mezcla

Se integra el producto de los anteriores pasos. El limón cocina el pescado en pocos minutos.

Paso 5.: Presentación

Se sirve con Choclo Blanco Desgranado y con Camote, sobre una Hoja grande de Lechuga.

* Oscar del Hierro. Chef Residente. Apartamentos Bellavista Estelar. Miraflores Lima -Perú.

e-mail: oscardelhierro@hotmail.com

Mistura

Posted by Pocho On septiembre - 17 - 2011

Por: Martín Santivánez Vivanco

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

La feria gastronómica ‘Mistura’ se ha convertido en un fenómeno de masas, sazonado por la presencia de los chefs más importantes del mundo.

El Perú es un país esencialmente mestizo y este carácter definitivo se expresa en varias  dimensiones. El mestizaje peruano brilla en la flora y en la fauna, en la fusión material de las razas, en el barroco supremo del arte, en la continuidad política de las instituciones y, por supuesto, en un sinnúmero de manifestaciones culturales, que se renuevan y enriquecen día a día. Una de ellas, hoy protagonista de una auténtica revolución global, es la gastronomía.

Actualmente, la cocina peruana recibe un merecido reconocimiento universal. La última edición, en Lima, de la feria gastronómica ‘Mistura’, palestra en la que se promueve el arte culinario mestizo, se ha convertido en un gran fenómeno de masas sazonado por la presencia de los chefs más importantes del mundo, entre ellos Dan Barber (EE. UU.), Michel Bras (Francia), Álex Atala (Brasil), Rene Redzepi (Dinamarca), Yukio Hattori (Japón) y la estrella indiscutible, el español Ferrán Adriá. ‘Mistura’ es el reflejo exacto del imparable mestizaje peruano, pero también de la capacidad de emprendimiento de un pueblo talentoso que tiene mucho que ofrecer. En el Perú, al calor de los fogones, se está forjando un nuevo nacionalismo culinario con ansias expansivas y auténtica capacidad de arrastre, capaz de competir en el ámbito internacional.

Los nombres de chefs peruanos como Gastón Acurio, Rafael Osterling, Luis Arévalo, Isabel Álvarez, Diego Muñoz, James Berckemeyer, Javier Wong y tantos otros, se han convertido en los referentes de esta nueva ola de innovación gastronómica. Todos ellos lideran la revolución culinaria peruana, una muestra palpable de cómo un elemento de unidad social puede ser rentabilizado económicamente, convirtiéndose en un motor de crecimiento y liderazgo regional. Mistura, a estas alturas, es la feria gastronómica por excelencia del continente y con el tiempo incluirá los manjares de otras regiones latinas, espacios de sabores inexplorados con gran proyección. Sí, “Latinoamérica tiene salsa”, como afirman los organizadores de ‘Mistura’, y debe aprovecharla. Mestizaje y crecimiento se conjugan en este fenómeno. No olvidemos que la explosión de la cocina-fusión generó en el 2010, según Ferrán Adriá, 4.200 millones de dólares, y se calcula que en el 2011 alcanzará la cifra de 5 mil millones, un monto decisivo para el crecimiento del PBI peruano.

He aquí, pues, otra ventaja competitiva que debemos ofrecer a los mercados globales, un motor de crecimiento que apenas inicia su andadura y que tiene infinitas posibilidades de desarrollo y expansión. El escritor Alonso Cueto sostiene que entre los peruanos “la comida establece un gusto paralelo con el del mundo, forma un prisma por el que se observa y valora la realidad. Para nosotros, el mundo no se mira o se toca. Se come”. Lo mismo se puede afirmar de todos los latinos. Aquello que José María Arguedas llamó la “calandria de fuego” del mestizaje integrador ha creado riquezas insospechadas que dormitan en las manifestaciones rutinarias de nuestros pueblos. Hay que despertar las tradiciones latinas y mostrarlas con orgullo al mundo, exportarlas y promoverlas. Que nadie lo dude, todas ellas valen un Perú.

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