Carlosprieto.net

"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Rogerio Ceni

Posted by Pocho On abril - 4 - 2011

Por: Jorge Barraza

Fuente: El Tiempo

El gol número cien del portero Ceni confirma que esa una de las posiciones que más ha evolucionado.

Son esas cosas que se le graban a uno, sabe Dios por qué. Un domingo de mayo de 1974 llegó un cable fechado en Montevideo. “UN GOL DE ARCO A ARCO”, decía. ¿Cómo…? Se nos abrieron los ojos como moneda de a peso. Lo leímos dos veces. No podía ser. Pero era, valía. Y no en un partido entre amigos, un gol oficial por el torneo uruguayo. El legendario golero Manga, brasileño y gran figura de Nacional, sacó fuerte desde su área buscando la entrada de Washington Calcaterra o Washington Abad, la bola salió larga, llegó hasta la medialuna rival, picó mal, se elevó y sorprendió al arquero Posadas, del Racing montevideano. ¡¡¡Goooollllll….!!! Calcaterra entró al arco acompañando el balón, pero tuvo la delicadeza de no tocarlo para no adueñarse de la obra de Manga. Este, a su vez, en un gesto de nobleza, al final del juego fue a saludar a Posadas, excusándose: “Disculpá, hermano, fue sin querer”. Están las fotos que atestiguan. No hacía falta aclararlo: antes ni queriendo hacía un gol un portero.

En 1975 llegó otra noticia; un arquero argentino, Miguel Ángel Ortiz, jugando para el Wanderers uruguayo había marcado, de penal, un gol en la Libertadores. “Pero Ortiz es un loco de la guerra”, opinaron en la redacción, restando trascendencia al hecho. En efecto, el Loco era un excéntrico, un Higuita antes de Higuita. Se lo adjudicaron a su exotismo y no a una tendencia. Un ‘normal’ no podía hacer goles porque directamente no estaba para eso, no lo intentaba. No se concebía.

Hasta hace treinta o cuarenta años, pronosticar que un guardavallas anotaría un gol sonaba igual que anunciar el fin del mundo. Predecir que marcaría cien hubiese equivalido a presagiar el teléfono celular, la Internet, la clonación.

Rogerio Ceni nació en ese tiempo -1973-, juega de guardameta y acaba de convertir su gol número cien. ¡Un arquero con cien goles…! Y no en contra… ¡A favor! Es un récord colosal, casi inimaginable. Hitos hay muchos en el fútbol, este asombra como pocos, es una hazaña fabulosa de un futbolista fantástico. Tanto que Raí, aquel talentoso ‘camisa 10′ que fuera su compañero en el San Pablo de Telé Santana, sentenció sin egoísmos: “Rogerio ya es el máximo ídolo tricolor de la historia”.

Cincuenta y cinco goles de tiro libre, 44 de penal, uno de jugada. ¡Qué maravilla! El puesto de arquero es, de lejos, el que más avanzó en el fútbol. Sus ocupantes son hoy infinitamente más completos que sus predecesores. Antiguamente iba al arco el más gordito. O un flaco de gorra. Ni sacaban del arco. Los saques de meta los hacían los zagueros, que sí sabían patear. El reglamento obligó al arquero actual a jugar con los pies. Y aprendió. Rogerio es una muestra. Su gol número 100, el domingo ante Corinthians, es una belleza de pegada. La bola se eleva apenas sobre la barrera y baja justo para ubicarse en el ángulo. Cuatro días antes había anotado otro de igual factura.

Rogerio es un especialista porque se especializó: reconoce que en sus 21 años en Primera División ha ejercitado decenas de miles de cobranzas. El remate es uno de los aspectos técnicos que pueden mejorarse con ejercicios de repetición. “Ensayé 15.000 veces antes de arriesgarme a patear un tiro libre en un partido. Llegaba mucho antes que los demás a los entrenamientos y me iba después”, reconoció en estas horas en que es tratado como un héroe civil. “Entrenaba entre 2.500 y 3.000 tiros libres por mes”, agrega en una magnífica entrevista de Globoesporte.com.

Con toda humildad se quita méritos. No quiso encargarse de los cobros para tomar protagonismo: “Se me ocurrió porque el San Pablo nunca marcaba goles de falta. Incluso le insistía a Zetti (entonces titular en el arco sampaulino) para que se animara, pero no quería. Hasta que en 1997, el técnico Muricy Ramalho me alentó a que lo intentara”. A Muricy le agradece esta marca insólita. Y a Telé Santana, quien lo incentivaba para llegar temprano a los entrenamientos y practicar remates.

Recuerda la única vez que estuvo cerca de convertir jugando para la Selección, ante Colombia por la eliminatoria del 2002. “Bromeé con Rivaldo, que quería tirar también. Deja para mím, vocé ja está consagrado, le dije. El tiro pasó la barrera, pero la sacó un zaguero sobre la línea”.

¿Cuál es el secreto de tantas conversiones…? Entrarle bien a la bola, naturalmente, pero hay diversos factores. “Lo principal es la distancia de la barrera -revela-. Si el juez mantiene la distancia correcta, da para saber cómo pegarle. El número de jugadores en el vallado rival también tiene influencia. Si está el campo seco o llueve, el viento. Pero en esos 10 segundos entre que termina de armarse la barrera, el pitazo del juez y el remate, uno ya resuelve automáticamente y tiene todo en la cabeza: distancia, viento, altura, posicionamiento, estado del campo, lluvia…”

A los 38 años, Ceni tiene un contrato hasta finales del 2012. No se ve en el futuro como entrenador de arqueros; ya ha anunciado que le gustaría ser presidente del San Pablo, al que llegó a los 17 años desde el Sinop Futebol Clube, un cuadrito de Matto Grosso en el que debutó en 1990 y con el que fue campeón estatal por primera vez. Era el tercer arquero, se lesionaron los dos de arriba, entró y no salió hasta dar la vuelta olímpica. Ese mismo año lo tentaron para una prueba en el San Pablo. Quedó, aunque debió esperar con paciencia oriental para adueñarse del arco de Morumbí. Zetti, notable ‘goleiro’ de la era dorada del San Pablo de Telé, lo atornilló en el banco de suplentes por seis años.

Su extraordinario registro de goles ha llevado a muchos a decir que Rogerio es, como arquero, un buen pateador. Nada más erróneo. Nadie se mantiene 21 años en el arco de un club de primer nivel mundial solo por rematar bien. Hay que atajar mucho. Ha tenido actuaciones monumentales, aunque probablemente ninguna como aquella de la final de la Copa Conmebol de 1994 frente a Peñarol, que tuvimos la fortuna de ver. San Pablo, jugando con El Expressinho, un equipo juvenil, había goleado 6 a 1 de local. Se descontaba el título. Entonces escribimos estas líneas: “La revancha en Montevideo fue muy diferente. Peñarol jugó un partido excepcional, mejor que San Pablo en el encuentro de ida. Venció 3-0. Y si no ganó por la diferencia de goles que necesitaba fue exclusivamente por la extraordinaria, casi mágica actuación del joven arquero Rogerio. Puede decirse que hace tiempo no se ve a un portero realizar proezas semejantes. Evitó la caída de su valla en por lo menos una docena de intervenciones milagrosas. Por eso sus compañeros lo levantaron en andas al finalizar el cotejo. Si Peñarol no fue campeón se debe exclusivamente a él”.

Diecisiete años después, no hemos vuelto a ver otra actuación así. Y todavía no pateaba tiros libres.

Porteros goleadores

El top de arqueros, según la IFFHS.

José Luis Chilavert, de Paraguay, marcó 62 goles en su carrera deportiva en varios equipos, entro ellos el Vélez Sarsfield.

René Higuita, el ‘Loco’ colombiano que marcó 41 goles en su carrera. Jugó en el Nacional y fue figura en la Selección nacional.

Jorge Campos, mexicano, y Dimitar Ivankov, búlgaro, porteros que tienen en su carrera 40 goles.

Las cajas del fútbol

Posted by Pocho On enero - 31 - 2011

Por: Xavier Batalla

Fuente: La Vanguardia

Invertir en el fútbol no es lo mismo que hacerlo en arte moderno, si se exceptúan –dirá el aficionado culé– las virtudes del juego del Barça. Esta semana, The Wall Street Journal, diario económico poco dado a la lírica, ha escrito que el Barça triunfa con “estilo y elegancia”. El cronista empleó la palabra swagger, que los raperos utilizan para decir que a uno le cae muy bien un traje.

La inversión en el fútbol tampoco ha sido históricamente lo mismo que poner dinero en el sector inmobiliario, hasta ahora tan boyante que a algunos constructores les gustaba eso de ponerse las botas. Lo único seguro es que, pese a la crisis, oligarcas rusos, magnates indios del acero y jeques árabes siguen invirtiendo en el fútbol. Después de la primera gran crisis del petróleo, la de 1974, cuando los precios se cuadruplicaron, los jeques invirtieron en inmuebles londinenses; ahora lo hacen en los clubs de la Premier League, aunque no parece que pretendan hacer negocio. ¿A qué obedece entonces este empeño en arriesgar el dinero en unas cuantas piernas?

Mohamed al Fayed, el primer extranjero que adquirió un club de fútbol inglés (el Fulham, en 1997), confesó en una ocasión que es imposible hacer dinero con el balompié. ¿Por qué entonces más de la mitad de los veinte equipos de la Premier League son ahora propiedad de extranjeros? Las explicaciones van por barrios, como ocurre con la globalización. Para los inversores estadounidenses no hay vuelta de hoja: lo que se persigue es ganar dinero. Si no fuera así, no serían estadounidenses. Pero para los inversores rusos, como Abramóvich, el amo del Chelsea, la inversión tiene mucho que ver con el miedo a que le persigan: cuando Abramóvich compró el Chelsea, un par de oligarcas rusos que no escaparon a Londres fueron encarcelados en Moscú. Y este también fue el caso de Thaksin Shinawatra, ex primer ministro de Tailandia, que adquirió el Manchester City para salir en la prensa inglesa y pedir asilo político.

El caso de los jeques árabes es distinto. ¿Pretende ganar dinero el jeque Mansur, hijo del mandamás de Abu Dabi, un emirato del que se dice que si el precio del barril de petróleo aumenta un dólar su fortuna se incrementa diariamente en 500 millones de dólares? Probablemente no. Lo que pretende el jeque, cuyo hermano gobierna gracias al golpe muy británico que derrocó a su padre, es dar otra imagen en Occidente, como pasa con el emir de Qatar, que pagará por un logo en la camiseta del Barça. Pero las inversiones en el fútbol, incluida la Liga española, tienen otra lectura.

A finales del siglo XIX, Europa exportaba militares y expertos constitucionales y legales. Después, y para colmo de lo atractivo de su poder blando, Europa también envió a la periferia a sus expertos en los asuntos del fútbol. Pero el mundo ha cambiado y las inversiones de los emergentes en el fútbol occidental pueden ser interpretadas como una revancha de la historia, ya que el balompié es un invento de los antiguos colonialistas.

Hace tres años, Ford anunció una operación que fue una ironía. Las empresas Land Rover y Rolls Royce, dos enseñas de la gloriosa industria británica, fueron adquiridas por la compañía india Tata Motors, lo que fue una compra cargada de simbolismo para quienes fueron colonizados por los antepasados de los señores Rolls y Royce. Y ahora, ¿qué pintan un empresario indio como Ali Syed comprando el Racing o un jeque como Abdulah al Thani fichando a todo lo que se mueve para el Málaga? Estas operaciones demuestran el poder de los emergentes, como India, y del petróleo. Pero también subrayan la debilidad de las cajas de nuestro fútbol, cuyos dirigentes manirrotos, cargados de deudas, aceptan capital venga de donde venga. Menos mal que no se dice nada de que los clubs se conviertan en bancos.

Pulpos y probabilidades

Posted by Pocho On julio - 22 - 2010

Por: Klaus Ziegler

Fuente: El Espectador

Lo que comenzó como una treta publicitaria se convirtió en uno de los mayores fenómenos de este Mundial.

El pequeño Paul, el pulpo psíquico del acuario de Oberhausen, en Alemania, desafiando las probabilidades, predijo sin equivocarse el resultado de ocho partidos –uno por cada brazo–, hazaña que envidiaría el más consagrado de los clarividentes. Su fama ha llegado a tal punto que ingleses y británicos se disputan su nacionalidad, y algunos empresarios ya han ofrecido hasta treinta mil euros por este Nostradamus cefalópodo que tiene su fama asegurada al lado de estrellas como Villa o Forlán.

En internet circulan todo tipo de teorías para explicar las habilidades psíquicas de Paul, algunas tan absurdas como las de aquel biólogo peruano que afirma que el molusco adivina eligiendo la bandera de colores más claros. Una tontería que obviamente no explica nada, y que ni siquiera se ajusta a los hechos, pues el pulpo escogió la bandera alemana con su gran franja negra en vez de la bandera argentina, blanca y celeste. No faltan por supuesto las teorías conspiratorias que suponen la existencia de un gigantesco fraude orquestado por las mafias del futbol, que tenían los partidos arreglados de antemano, y cuyos tentáculos de alguna manera se extienden hasta el acuario de Oberhausen. Una explicación que resulta a mi juicio más increíble que los poderes paranormales de Paul.

Antes de aventurar cualquier explicación habría que cuestionar primero la veracidad de la información divulgada en los medios. En primer lugar, hay buenas razones para dudar de que Paul haya sido el mismo pulpo que predijo correctamente cuatro de los seis partidos del equipo alemán en la Eurocopa hace dos años, pues el pulpo vidente de ese entonces era ya un adulto, y los pulpos suelen tener una esperanza de vida no mayor a tres años. De otro lado, no es difícil ver que la probabilidad de acertar al azar cuatro o más partidos de seis –suponiendo contendores equilibrados– es del 48%, resultado que no exige ningún extraordinario don paranormal.

Pero aun si Paul fuese el mismo viejo adivino, todavía estaría por verse que en verdad haya acertado tantas veces como se afirma. Se lo puede ver en un video escogiendo la almeja dentro de la urna con bandera alemana (vaticinio de que derrotaría a Argentina); en otro, pronosticando que España sería uno de los dos finalistas, y en un tercero, eligiendo a España como el gran campeón. Pero no conozco ninguna evidencia sobre sus otros supuestos aciertos, y he escuchado que en realidad erró en su pronóstico sobre el duelo Ghana-Uruguay.

Solo por diversión, démosle a los pulpómanos el beneficio de la duda, y hagamos el ejercicio de estimar algunas probabilidades para ver qué tan prodigiosos resultan ser los poderes psíquicos del molusco adivino. Por puro azar, y suponiendo contendores del mismo nivel, la probabilidad de acertar ocho resultados sería igual a 1 dividido por 2 elevado a la potencia 8, es decir, aproximadamente 0.4%. Un evento bastante improbable, aunque cuarenta veces más probable que ganarse una lotería de cuatro cifras y mil veces más factible que morir en un accidente aéreo. Pero si suponemos que no es Paul quien decide sino su entrenador, y que como ocurre en muchos partidos, existe información adicional que permita hacer una apuesta con más favorabilidad que en un simple juego de cara-sello, digamos con posibilidades de acertar del 65%, entonces la probabilidad de vaticinar el ganador en una serie de ocho partidos sube al 3.2%, un valor menos improbable.

Pero, y es aquí donde las probabilidades nos engañan, si realmente Paul –o mejor dicho, su entrenador–, en vez de haber acertado todos los partidos en realidad hubiese pronosticado correctamente, por ejemplo, solo seis de ocho (y suponiendo como antes que la probabilidad promedio de acertar en cada uno de ellos sea del 65%), entonces la probabilidad de tal “hazaña” sería del 25%, lo cual equivale a sacar dos caras en dos lanzamientos consecutivos de una moneda, un evento nada improbable.

Si las probabilidades no fueran tan engañosas, hace mucho tiempo que hubieran desaparecido las loterías y los casinos. ¿Cuánto apostaría el lector a que en un salón de 35 estudiantes haya por lo menos dos de ellos que cumplen años el mismo día? La apuesta se ve muy desfavorable, con posibilidad de acertar de solo una de cada diez veces (35 dividido entre 365). Pero en realidad la apuesta es excelente, con una probabilidad del 70% de ganarla. Y si el grupo tiene cincuenta o más alumnos, ¡la probabilidad alcanza el 97%!
Tal parece que en el fútbol como en la economía, o en la predicción de tsunamis y terremotos, los pulpos y otros animales superan a los expertos. Tal vez por ello los argentinos confiaron su suerte en un delfín parasicólogo que vaticinó el triunfo de su selección sobre la de Alemania. Y en un loro parlanchín, que alguna vez fuera gran futbolista.

VIDEO DE LA SEMANA

Música recomendada

Escuchar Pocho.fm

Twitter