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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Visiones de un extraterrestre

Posted by Jhon Carlin On febrero - 26 - 2012

Por: John Carlin

Fuente: El País – Madrid, España

“Si este es el mejor de todos los mundos posibles, ¿cómo serán los demás?” Voltaire

Hay una corriente de opinión, un murmullo creciente, que dice que el fútbol se ha convertido en una plaga social, que el fútbol se impone a todos los demás temas de conversación en los medios; que ya es hora de demostrar un poco de seriedad y hablar de otras cosas, como de la política.

Bueno. Intentémoslo. Echémosle una mirada a la política, pero desde un córner remoto. Veamos los casos de, por ejemplo, Manuel Fraga y Baltasar Garzón con los ojos cándidos de un extraterrestre recién llegado a nuestro planeta, de un ser que parte de la premisa de que matar al prójimo es retrógrado y bestial. Lo que veríamos es, por un lado, un señor que fue partícipe de una dictadura sangrienta que se alió con los nazis para arrebatar el poder a un Gobierno democráticamente electo (hay un cuadro bastante conocido en el museo Reina Sofía, de Madrid, que conmemora aquella alianza, para aquellos que hayan caído en el olvido) y, por otro, un señor que nunca ha colaborado en el asesinato de nadie y ha dedicado buena parte de su vida a intentar destapar los crímenes de Pinochet, de ETA y de la propia dictadura que asoló a su país durante cuatro décadas.

¿Y qué pasa? El primero es enterrado con todos los honores, descrito por el presidente del Gobierno como “uno de los políticos más grandes del siglo”, mientras que el otro es enterrado en vida, su carrera destruida, por aquellos que se erigen como defensores máximos de la ley. Resulta que en el rincón del planeta en el que nuestro extraterrestre ha aterrizado esos mismos defensores de la ley consideran bueno investigar el terrorismo de unos nacionalistas descerebrados y malo investigar un terrorismo de Estado que cobró infinitamente más sufrimiento y más víctimas. ETA es mucho peor que el franquismo; Garzón es mucho peor que Fraga, al que le van a nombrar una calle, o una plaza, en la capital del país.

Si el extraterrestre no se sube de inmediato a su nave, preso de la desesperación, decidido a ir en búsqueda de un planeta menos primitivo, puede ser que alguien le explique los matices de la cuestión: que el señor Fraga, pese a que siempre hizo apología de un pasado franquista en cuyas matanzas y torturas colaboró, fue una figura determinante —heroica— en la transición a la democracia; que el señor Garzón cayó en el pecado capital de la soberbia (¡a tal punto que llegó a dar clases en Nueva York!) y en el pecado judicial aún mayor de escuchar las llamadas telefónicas de unos presos…

No, no. No nos engañemos. No funcionaría. El extraterrestre se iría, más asqueado aún, si cabe, por tamaña pequeñez. A no ser que se le proponga mirar a homo no tan sapiens desde otra óptica; desde la de su deporte favorito. Se le podría explicar que, lejos de obsesionarse por las sórdidas paradojas del panorama político, lo que realmente le interesa al ser humano —el tema del que no deja de hablar con conocimiento y pasión— es el fútbol.

Pronto entendería nuestro perspicaz visitante que el fútbol es un pasatiempo pacífico en el que uno puede estudiar con plenitud las grandezas, las debilidades, las bellezas y las mezquindades de la especie. Hay malos y buenos, dependiendo siempre del punto de vista, pero nadie quiere matar a nadie. El fútbol es comedia, no tragedia. Hay personajes sobre el escenario como José Mourinho, que provoca indignación, o como Pep Guardiola, que actualmente somete a medio mundo a la tortura mental de no saber si va a seguir al frente del equipo que más placer da a más seres humanos desde el Madrid de hace medio siglo. Pero la crueldad a la que nos someten los Mourinho y los Guardiola no es intencional, ni dañina para la salud, y uno tiene la opción de hacerles caso o no, suerte no disponible para las víctimas del franquismo o de ETA. (O, si uno quiere ir más lejos, del presidente sirio Bachar el Assad.)

Con todo lo cual nuestro extraterrestre rápidamente entendería por qué los habitantes de este planeta optan por meditar más sobre el fútbol que sobre la política, quizá llevándole a la feliz conclusión de que, pese a tanta imbecilidad, algo rescatable sí hay en la especie humana.

Güevero

Posted by Oscar Dominguez On noviembre - 30 - 2011

Por: Óscar Domínguez

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

He sido un analfabeto del fútbol. Lo practiqué hasta los 25 años con sospechoso éxito. Lo suficiente para disfrutarlo. Lo mismo diría del ajedrez. No sé hacer empanadas, sé dónde venden las mejores.

No me desvelan tácticas ni estrategias. Tampoco me interesa saber cómo hacen sus trucos los magos. Un conejo que sale de un sombrero es un conejo que sale de un sombrero. La razón de la sinrazón.

Programa de televisión que revele intríngulis de la hermandad de la magia jamás me tendrá entre sus parroquianos. Entiendo el fútbol como si fuera magia pura.

Los cronistas deportivos que utilizan tableros y muñequitos para interpretar ese deporte que les da de comer, ¿a qué horas lo disfrutan?

Como jugador, ocupaba una plaza que en la burocracia balompédica se llamaba güevero. Ignoro qué María Moliner de barrio nos bautizó así.

También hacía aportes como interior derecho, expresión desaparecida de la jerga deportiva. O daba una mano como mediocentro o defensor. (Nos turnábamos en el noble oficio de aguateros: dar de beber al sediento). Prestábamos servicio militar futbolístico en todas las posiciones.

La franja izquierda siempre me fue esquiva. Mi pie izquierdo fue un turista más en los peladores del fútbol. Nada hay de Messi -ideólogo de la pierna izquierda- en mi hoja de vida. No he sido de izquierdas. He sido marxista línea Groucho, no Carlos. Tengo más de payaso que de ideólogo.

Como jugábamos por amor al arte, para nadie, para el olvido, mejor dicho, para nosotros mismos (la caridad entra por casa), en cualquier plaza nos sentíamos cómodos, felices.

Lo importante era darle patadas al balón hasta quedar exhaustos. Los partidos terminaban en el sueño, el mejor invento. (El segundo es la mujer).

El güevero, feo voquible que evoca colgantes presas masculinas, era el funcionario que siempre andaba infiltrado, respirándole en la nuca al portero, atento al mínimo desliz para pescar en el río revuelto de sus lapsus.

Nos trataban mal a los hueveros, como nos dice Mario Alario en su Lexicón. En la escuela ni nos saludaban. El cura se excedía en penitencia. Éramos sinónimo de oportunistas, palabreja que desacredita cualquier biografía. Pero éramos la sal del cuento, imprescindibles como los tercetos en un soneto. Sin nosotros no había goles. Dábamos la puntada final. La historia ha sido tacañísima con nuestro gremio. Esperamos estatua.

Viejo el viento

Posted by Carlos Prieto On octubre - 24 - 2011

Por: Hernán Peláez Restrepo

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Sí, viejo el viento y sigue soplando. Sencillamente, para advertir que los años no pasan en vano para nadie, aunque siempre los buenos jugadores aprenden a aferrarse a sus experiencias y logran ofrecer buenos resultados.

Tal es el caso de Hamilton Ricard, El Tigre Castillo, Banguero y Gerson González, quienes con Quindío y América están dando pelea en un campeonato irregular, apretado, y donde cualquiera le puede ganar a cualquiera. Y es allí donde los veteranos entran a jugar un papel trascendental.

Es más, me atrevo a pensar que ninguno de los citados arriba perdería el puesto con los jóvenes suplentes de Millonarios, porque éstos se sienten suplentes, se conforman con serlo, y no exhiben voluntad y talento para desbancar a los titulares. Supongo que cuando a un jugador rotulado como suplente le ofrecen la opción de ser titular debe exigirse a sí mismo y a fondo. En el caso de Millos, ni Vásquez fue el organizador de juego, ni Rodríguez, otrora buen prospecto, que resultó expulsado casi inmediatamente al ingresar. Blanco, Henríquez y Manga, buenos muchachos, aunque suplentes confesos. Ese cuento de los 25 profesionales lo dicen los técnicos para mantener diplomáticamente unido al grupo. Todos sabemos que en los equipos hay titulares y suplentes, a no ser que sean los casos de Higuaín y Benzemá, que en el Madrid pelean por la titularidad y cuando uno de ellos entra cumple con goles.

Ahora, el caso de El Pecoso Castro es llamativo. Siempre se las ingenia para sacarle jugo a los veteranos. Una vez fueron Villagra y Rodas, después Léider Preciado, Elkin Murillo y Rodas. Ahora es Hamilton Ricard. A todos ellos los rodea de jóvenes, correlones, con entrega y que han aprendido a tocar de primera la pelota y asociarse bien en lo que llaman triangulaciones en los costados. El Pecoso, además, parte de una premisa sencilla. Mientras gane su equipo en el Centenario de Armenia, está en las finales. Eso lo está cumpliendo, y sabe explotar en cada partido las debilidades del rival. En la amplia victoria sobre Millos, 3-0, su lateral izquierdo, Fabio Rodríguez, supo sorprender al rival, arrimar a zonas libres, tirar los centros, uno arriba y otro abajo, para que Ricard marcara los dos primeros goles. Millos nunca entendió qué hacer y resultó tan confundido y perdido que sus delanteros inicialistas, Preciado y Carpintero, debieron salir por inoperantes.

Sé que el uniforme no juega. Sin embargo, la vestimenta de Millos no tiene vínculo alguno con la tradición. Quizás cuando se juega tan mal es preferible esconder el uniforme titular.

Como anoté al comienzo, la edad no interesa en el fútbol de hoy. El que sabe, sabe, así tenga una montaña de años a la espalda. El caso patético radica en que los jóvenes no superen a los viejos, porque son conformistas, ingresan a jugar sin ambición, sin ganas, y ahí es donde casi siempre pierden.

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