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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Arrogantes

Posted by Pocho On febrero - 1 - 2011

Por: Iván Mejía Álvarez

Fuente: El Espectador

Impresionante denuncia del Sr. Mejía. Lo de suspender la venta de productos de consumo masivo, en una gran superficie por un tema de fútbol, es verdaderamente sorprendente. Bueno…lean. Pocho

La soberbia y la arrogancia están acabando con la credibilidad de los Char al frente del Júnior. Varios amigos de La Arenosa muestran su total incredulidad ante las últimas actuaciones públicas de una familia a la que Barranquilla estima y respeta, pero están perdiendo sus papeles y por ende bajando su nivel de afecto y admiración.

Investigando un poco sobre el tema comercial con Pastas La Muñeca, se conocieron varios frentes de batalla. Cuando la gran crisis económica de hace unos años, Bavaria retiró el apoyo económico al Júnior y el elenco barranquillero se quedó sin patrocinador en su camiseta. Harinera del Valle entró a terciar y firmó un contrato de diez años de patrocinio que en su momento fue una válvula de escape, una magnífica solución para un equipo a la deriva. A los cinco años, Júnior empieza a recibir ofertas para cambiar de patrocinador, dado el gran momento de los años de Comesaña y el semestre de Umaña en que el cuadro barranquillero estuvo a gran nivel. Y los directivos empiezan públicamente a quejarse del patrocinio y a intentar cambiar en forma soterrada y con malos trucos un contrato firmado que está vigente. Inclusive, llegaron a intentar ponerle el nombre de Coca Cola a la camiseta, lo que no fue admitido por la Dimayor pues iba en contravía directa con Postobón, el patrocinador del torneo.

La ruptura comercial ha llegado al punto en que los Char anunciaron que no venderían más Pastas La Muñeca en sus Supertiendas Olímpica, confundiendo la gimnasia con la magnesia. Harinera del Valle se queja del procedimiento, de las formas y del fondo, de la mala intención y anuncia que seguirá cumpliendo el contrato firmado, que está vigente, como tiene que ser, porque los contratos, señores Char, se firman para cumplirlos y si no lo hacen, deberán atenerse a las consecuencias.

Pero eso no es todo con la arrogancia de los Char. En la Dimayor vetaron el ingreso del equipo de la Universidad Autónoma para jugar en Barranquilla, entidad con 15 mil estudiantes, porque les dio la gana, porque sí, sin razón alguna, lo que ha causado un terrible malestar en la ciudadanía. ¿Qué competencia puede ser la U. Autónoma para el Júnior? Ninguno: de esos 15 mil estudiantes 14.999 son hinchas del rojiblanco.

El maltrato a Comesaña, la ingratitud con quien les salvó en su momento, la doble política con Umaña (hoy lo respaldan y mañana lo echan), el incidente con el patrocinador, el veto a la U. Autónoma, son temitas que tienen al público currambero molesto, pues sólo se pueden ver como una muestra de arrogancia y prepotencia llevada al limite. Alguien les puede recordar a los Char que la ciudad no es de ellos, así lo crean.

Ola

Posted by Pocho On diciembre - 10 - 2010

Por: Ricardo Silva Romero (www.ricardosilvaromero.com)

Fuente: El Tiempo

El fútbol colombiano, como el país, tendría que haberse acabado hace mucho tiempo. Y sin embargo está en pie. Ya va a terminarse, por este 2010, la decadente copa profesional que padecemos año tras año. Hemos vuelto a aferrarnos a nuestros equipos de la infancia porque no nos queda más. Hemos leído en alguna parte que asesinaron al revisor fiscal de la Federación, que los paramilitares extraditados han explicado a las autoridades de los Estados Unidos cómo usaron nuestros torneos para lavar dinero, que tal club o tal otro le pertenece a algún empresario con alias, pero hemos pasado las páginas de largo.

Miren a esos pobres hinchas de 15 años que ahorran para ir a los estadios a ver partidos de tercera: no vale la pena morir ni hacer la ola por un espectáculo con una tras escena tan sórdida, pero ellos lo hacen, mueren y hacen la ola por clubes a los que jamás han visto ganar nada, porque eso es lo único que hay.

Ese fútbol triste jugado por hombres que se desmayan de hambre en los entrenamientos, que a duras penas saben leer y que reclaman que por lo menos les paguen alguna de las últimas quincenas que les deben, es el fútbol que tenemos.

Fue en 1975 cuando los dueños de los equipos decidieron pedirles a los narcos, con la excusa de la crisis económica y a cambio de una silla en el comedor de la clase dirigente, que se convirtieran en sus socios. Entonces empezó nuestra historia reciente. El 16 de diciembre de 1983, dos meses después de pronunciar la frase “la mafia se apoderó del fútbol”, el ministro Rodrigo Lara fue asesinado.

Seis años más tarde, ante la avalancha de amenazas, escándalos y crímenes, el Gobierno suspendió el torneo días antes de que tuviera un campeón. Por cuenta de aquella extraordinaria selección dirigida por Francisco Maturana pudimos fingir por un tiempo que no pasaba nada malo, pero el 2 de julio de 1994 tuvimos que poner los pies sobre esta tierra: Andrés Escobar, el jugador más limpio de “la familia del fútbol”, no habría sido acribillado si no hubiera hecho ese autogol.

El fútbol colombiano tendría que haberse terminado aquella vez. Pero el negocio siguió adelante como un cuerpo sin alma. Y, año por año, nos fue transformando en zombis que hacen la ola.

Y aquí estamos. Hablamos de “los tiempos en los que los carteles de la droga dominaban el fútbol” como hablamos de “la época de la violencia”: como si en verdad estuvieran en el pasado. Y, como nuestros dirigentes suelen distraernos con palabras como “intervenir” o “reestructurar”, hemos sido sordos a las declaraciones del nuevo gobierno sobre “las manzanas podridas en los clubes”. Quizás sea el momento, sin embargo, de recobrar la esperanza: el proyecto de ley que invita a los equipos a convertirse en sociedades anónimas sometidas a las vigilancias estatales y las firmes investigaciones de las autoridades parecen pasos en la dirección correcta. El Presidente ha dicho, entre líneas, que no será necesaria una “cacería de brujas” si los equipos cumplen las reglas del juego: si le apuestan a la legalidad los que aún no lo han hecho.

Porque no fue el fútbol, sino el país entero, el que se quiso corromper. Y no lo corrompió una manada de villanos, sino una sociedad deshecha, que le entregó sus principios, sus instituciones y sus hijos a la plata del narcotráfico. Así que no es tiempo de hipocresías. Es tiempo, simplemente, de que el fútbol dé el ejemplo: si la familia del fútbol se le sale de las manos a la delincuencia, si como un efecto que se le rebela a su causa se sacude los valores perversos de las mafias, tendremos una prueba de que no estamos condenados ni a la farsa ni a la trampa. Las víctimas, por fin, no habrán sido en vano. Y entonces sí: que hagan la ola.

Las lecciones verdiblancas

Posted by Pocho On noviembre - 8 - 2010

Por: Iván Mejía Álvarez

Fuente: El Espectador

Como institución, siempre he creído, creo y creeré; que es el Deportivo Cali, el club de fútbol en Colombia con la mejor organización. Lástima de tanto cambio en sus Directores Técnicos, pero por lo demás siguen haciendo las cosas bien. Estoy seguro que en unos años más, dará mucho que hablar este equipo en  Suramerica. Mil felicitaciones por este reciente trunfo en la Copa Postobón 2010. Pocho

No es justo, lógico ni coherente minimizar el éxito obtenido por el Cali en la Copa Postobón. Al final de cuentas son tres títulos en juego durante el año, dos de liga y uno de Copa, y el cuadro verde ganó en franca lid y con suficientes méritos uno de los tres. Por eso, tienen todo el derecho sus hinchas a gozar. Más allá del éxito, en la victoria del Cali hay un tema ineludible y que debe ser destacado: es el triunfo de una política de divisiones inferiores verdaderamente seria y responsable.

En el elenco verdiblanco se han dado durante los últimos años las dos corrientes. Unos dirigentes que gastaron a manos llenas en jugadores extranjeros de muy pobre nivel, quienes costaron millonadas y nunca dejaron nada grato. Los pupilos de Karim Gorayeb y de Grimberg le valieron al Cali muchos dólares y fueron un fracaso. Ese dinero fue a parar a manos de los ‘cometeros’ de siempre, los empresarios archiconocidos que abundan por los lados del elenco verdiblanco y que a veces se disfrazan de directivos.

La otra corriente fue la de los dirigentes que pensaron a posteriori y gastaron dinero en las divisiones inferiores. Y entre ellos se destacan Rodrigo Otoya y César Caicedo, integrantes de la junta directiva anterior, quienes siempre pensaron que el futuro de la institución estaba en esos jugadores de las menores, celosamente vigilados y llevados por técnicos expertos en la materia que hoy tienen el derecho a cobrar.

Al hincha común y corriente, en este caso al socio normal de la institución, le gusta pensar en presente, en el hoy, mira poco hacia adelante y por eso castigan a la dirigencia que no ofrece réditos inmediatos. El analista tiene la obligación de digerir, meditar y sacar conclusiones sobre los éxitos y fracasos, poniendo todo en la balanza.

El Cali está construyendo un equipo grande de cara al futuro. Puede llegar a convertirse en el equipo que imite el “modelo Barça” en Colombia. El club catalán gasta cuando lo requiere, pero se apoya en el trabajo de La Masía para nutrirse. De ahí salieron Puyol, Piqué, Valdés, Iniesta, Xavi, Pedro, Bojan, Sergio y viene una generación muy buena, como se ha visto en los partidos donde les han dado la ocasión de jugar.

Cali va incrustando en su nómina una serie de jugadores hechos en casa, con el sello y la identidad verdiblanca y a ellos se tiene que encomendar en un futuro.

La dirigencia nacional tiene que entender la lección: es preferible gastarse cien mil dólares en apoyar las inferiores y no en un tronco extranjero que viene, fracasa, se lleva el dinero y les llena los bolsillos a los ‘torcidos’ de siempre que han hecho del fútbol un negocio sucio.

Felicitaciones al Cali y a su política de creer en lo que hay en la casa.

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