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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

América

Posted by pocho On diciembre - 6 - 2011

Por: Luis Fernando Montoya

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

“Los dueños del destino son los que nada esperan de la suerte”

M. Arnola.

Para el medio futbolístico colombiano no es normal ver a un equipo histórico a nivel nacional e internacional como el América de Cali en la famosa zona de promoción, con la posibilidad de que si no gana esa miniserie tenga que jugar en 2012 en la categoría B.

La imaginación es la aptitud para formar imágenes mentales, la capacidad de traer a la mente situaciones que en el momento actual no se hallan presentes. La imaginación no es, pues, exclusiva de los grandes genios, de los artistas o de los niños; por el contrario, acompaña al hombre en su quehacer cotidiano, ya que es el principal constructivo de las habilidades de la persona; gracias a la imaginación el hombre encuentra soluciones creativas a sus problemas.

La situación por la que atraviesa el equipo americano no es por el rendimiento en este torneo, sino la consecuencia de los malos resultados de varios torneos que lo han llevado a estar en esa zona de peligro.

En estos momentos difíciles se debe trabajar responsablemente en lo siguiente:

1. No descender: todas las fuerzas que conforman el equipo deben unirse, hacer a un lado las diferencias para que la institución no tenga que lamentar el descenso de categoría.

2. Ganar: es fundamental salir avante en la miniserie, no subestimar al rival, trabajar un poco más de lo habitual y asumir estos dos partidos con toda la responsabilidad que requieren.

3. Cuerpo técnico: potencializar todas sus capacidades para que el equipo pueda plasmar en el terreno de juego lo planificado por ellos. Trabajar por tener los aspectos físico, táctico y mental de los jugadores en óptimas condiciones.

4. Jugadores: es el momento para que los de mayor experiencia y recorrido en el fútbol pongan a funcionar todo lo anterior para salvar la categoría conjuntamente con los jóvenes. La mejor manera de mostrar profesionalismo y sentido de pertenencia es logrando esta meta.

5. Afición: hoy más que nunca se necesita el apoyo de esa gran afición que tiene el elenco escarlata, acompañándolo y apoyándolo en el estadio.

Luego de superar la zona de peligro es urgente una organización seria y responsable para que no vuelva a ocurrir el año entrante lo mismo de este.

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Chicharrón

Posted by pocho On agosto - 14 - 2011

Por: Iván Mejía Álvarez

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Caricatura: Matador

Excelente columna del Sr. Mejía. Se las recomiendo!. Pero antes, quisiera aportar los siguientes cuestionamientos y respuestas a este debate:

¿En aras de buscar o encontrar un resultado deportivo, vale la pena que todas nuestras instituciones gubernamentales callen ante este insolito acontecimiento?. R/ Es casi seguro, que a muchos colombianos nos encantaría una posición contundente del gobierno ante esta situación. Como país, no podemos arriesgar mucho de nuestro futuro social, a cambio de pretender ir a un mundial de fútbol.

¿Para el gobierno actual es mucho más importante asistir a un mundial, que dejar precedentes y mensajes claros de comportamiento para sus ciudadanos?. R/ Hasta el momento es el mensaje que nos están enviando.

¿No es absurdo presentar la carta de los jugadores seleccionados, como una presión mediatica a la opinión publica?. R/ Absurda y ridícula. ¿A que jugador convocado por el Sr. Gómez, se le va a ocurrir no firmar?. Es claro que si llega un nuevo técnico, nadie tiene su puesto asegurado.

Es obvio, que hay un sector de periodistas de opinión deportiva que apoyan la continuidad de este proceso. Ojalá, no sean los mismos que después critiquen la baja asistencia a los estadios, y el poco entusiasmo que genere una selección de fútbol de nuestro país. En últimas, serán ellos los más perjudicados. Se quedarán sin trabajo. Pocho.

Dilatar y dilatar, esperar que pase la efervescencia popular y las aguas vuelvan a su cauce, darle largas al tema para que al final se cumpla el objetivo: mantener a Hernán Darío Gómez al frente del seleccionado nacional de mayores. Ese es, ni más ni menos, el objetivo de la reunión del comité ejecutivo de la Fedefútbol cumplida esta semana en Bogotá.

El inesperado tema Gómez se ha convertido en un chicharrón de ocho patas para la dirigencia porque los tomó de sorpresa y no tenían ni medianamente pensado un plan B para sustituir al técnico.

Todos, empezando por el adiestrador, saben que él cometió un pecado grave y que merece una dura sanción porque eso no se hace, porque no es correcto de ninguna forma agarrar la amiga, esposa, novia, amante, conocida o desconocida a trompadas. Ese acto es repudiable y merece un absoluto rechazo de la opinión pública. Pero de allí a convertir a Gómez en un siniestro Garavito o asimilarlo a un delincuente hay un gran trecho. En este país de doble moral, de falsos profetas de la ética, se olvidan de que durante muchos años se impregnó la cultura de “todo vale, todo pasa” y que hoy no se hacen juicios de valores tan profundos como el que se le hace al técnico de la selección por hechos mucho más repudiables.

La dirigencia tiene claro que si Bavaria se siente incómoda patrocinando a la selección, se pueden ir mañana mismo porque hay otras marcas dispuestas “a pagar más y joder menos”, como dice un dirigente del fútbol. Le reconocen su lealtad durante tantos años, el que haya estado en las buenas y en las malas, pero no aceptan que un dirigente corporativo haya tomado posiciones contundentes en el caso Gómez y haya pedido públicamente su cabeza. Los otros patrocinadores han guardado prudente silencio. El tema comercial no inquieta a la Federación.

En cambio, les preocupa la posición del Gobierno y ésta ha sido tenue, matizada, sin virulencia. La consejera para la Dignidad de la Mujer, Cristina Plazas, sentó su voz de protesta por el detestable atropello y ofreció apoyo sicológico y médico a Gómez. Inteligente y sutil, Plazas nunca pidió la cabeza del técnico porque sabe que el presidente Santos aborrece lo que pasó pero cree en Gómez. El Gobierno espera el desarrollo de la ola de la opinión pública para saber qué camino toma pues tiene claro que una señita, un guiño, de Santos, obliga a la dirigencia a sacar al técnico. El Gobierno también juega a dilatar… dilatar.

Y en lo deportivo, la Federación tiene claro que es Gómez o es Gómez. Su proceso va bien encaminado, los jugadores le creen, el equipo ha conseguido una madurez táctica y ellos piensan que Hernán Darío es la única alternativa viable. Por factores diversos, Leonel Álvarez no tiene respaldo alguno para ser el titular, no hay plata ni tiempo para traer un técnico extranjero y los otros adiestradores colombianos mencionados, Alexis García y Juan Carlos Osorio, carecen de apoyo popular y de pergaminos ante la dirigencia.

Los directivos saben que la continuidad del técnico Gómez es un abierto desafío a un gran sector del país que quisiera verlo mañana en la cárcel, a un importante núcleo del periodismo y que la opinión difícilmente perdonará al técnico por lo que hizo. Saben que a su paso no faltarán los insultos, el maltrato, las agresiones, y que ese entorno virulento puede contagiar la selección. Saben que a la primera derrota le caerán con todo y que el equipo difícilmente aguante una campaña mediática donde los resultados no lleguen.

La decisión ya está tomada. Van a aguantar unos días a ver qué mensajes manda el presidente Santos, le van a poner una tarjeta amarilla con tonos rojizos a Gómez, lo van a obligar a ir de rodillas, disculpándose y pidiendo una segunda oportunidad, van a esperar que los Julitos se calmen y después… lo ratificarán, venga lo que venga.

Unos defenderán la decisión, otros la atacarán, pero Gómez se va a quedar y el tema es claro: la Federación contra medio país…

Finalmente, después de la presentación de todos los ángulos, usted se preguntará: Y usted, Iván, ¿qué haría, lo dejaría o lo sacaría? Yo, le respondo, lo sacaría por una gran razón: la selección de Colombia está para “construir país” y no para “dividir y enemistar al país”.

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Arrogantes

Posted by pocho On febrero - 1 - 2011

Por: Iván Mejía Álvarez

Fuente: El Espectador

Impresionante denuncia del Sr. Mejía. Lo de suspender la venta de productos de consumo masivo, en una gran superficie por un tema de fútbol, es verdaderamente sorprendente. Bueno…lean. Pocho

La soberbia y la arrogancia están acabando con la credibilidad de los Char al frente del Júnior. Varios amigos de La Arenosa muestran su total incredulidad ante las últimas actuaciones públicas de una familia a la que Barranquilla estima y respeta, pero están perdiendo sus papeles y por ende bajando su nivel de afecto y admiración.

Investigando un poco sobre el tema comercial con Pastas La Muñeca, se conocieron varios frentes de batalla. Cuando la gran crisis económica de hace unos años, Bavaria retiró el apoyo económico al Júnior y el elenco barranquillero se quedó sin patrocinador en su camiseta. Harinera del Valle entró a terciar y firmó un contrato de diez años de patrocinio que en su momento fue una válvula de escape, una magnífica solución para un equipo a la deriva. A los cinco años, Júnior empieza a recibir ofertas para cambiar de patrocinador, dado el gran momento de los años de Comesaña y el semestre de Umaña en que el cuadro barranquillero estuvo a gran nivel. Y los directivos empiezan públicamente a quejarse del patrocinio y a intentar cambiar en forma soterrada y con malos trucos un contrato firmado que está vigente. Inclusive, llegaron a intentar ponerle el nombre de Coca Cola a la camiseta, lo que no fue admitido por la Dimayor pues iba en contravía directa con Postobón, el patrocinador del torneo.

La ruptura comercial ha llegado al punto en que los Char anunciaron que no venderían más Pastas La Muñeca en sus Supertiendas Olímpica, confundiendo la gimnasia con la magnesia. Harinera del Valle se queja del procedimiento, de las formas y del fondo, de la mala intención y anuncia que seguirá cumpliendo el contrato firmado, que está vigente, como tiene que ser, porque los contratos, señores Char, se firman para cumplirlos y si no lo hacen, deberán atenerse a las consecuencias.

Pero eso no es todo con la arrogancia de los Char. En la Dimayor vetaron el ingreso del equipo de la Universidad Autónoma para jugar en Barranquilla, entidad con 15 mil estudiantes, porque les dio la gana, porque sí, sin razón alguna, lo que ha causado un terrible malestar en la ciudadanía. ¿Qué competencia puede ser la U. Autónoma para el Júnior? Ninguno: de esos 15 mil estudiantes 14.999 son hinchas del rojiblanco.

El maltrato a Comesaña, la ingratitud con quien les salvó en su momento, la doble política con Umaña (hoy lo respaldan y mañana lo echan), el incidente con el patrocinador, el veto a la U. Autónoma, son temitas que tienen al público currambero molesto, pues sólo se pueden ver como una muestra de arrogancia y prepotencia llevada al limite. Alguien les puede recordar a los Char que la ciudad no es de ellos, así lo crean.

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Ola

Posted by pocho On diciembre - 10 - 2010

Por: Ricardo Silva Romero (www.ricardosilvaromero.com)

Fuente: El Tiempo

El fútbol colombiano, como el país, tendría que haberse acabado hace mucho tiempo. Y sin embargo está en pie. Ya va a terminarse, por este 2010, la decadente copa profesional que padecemos año tras año. Hemos vuelto a aferrarnos a nuestros equipos de la infancia porque no nos queda más. Hemos leído en alguna parte que asesinaron al revisor fiscal de la Federación, que los paramilitares extraditados han explicado a las autoridades de los Estados Unidos cómo usaron nuestros torneos para lavar dinero, que tal club o tal otro le pertenece a algún empresario con alias, pero hemos pasado las páginas de largo.

Miren a esos pobres hinchas de 15 años que ahorran para ir a los estadios a ver partidos de tercera: no vale la pena morir ni hacer la ola por un espectáculo con una tras escena tan sórdida, pero ellos lo hacen, mueren y hacen la ola por clubes a los que jamás han visto ganar nada, porque eso es lo único que hay.

Ese fútbol triste jugado por hombres que se desmayan de hambre en los entrenamientos, que a duras penas saben leer y que reclaman que por lo menos les paguen alguna de las últimas quincenas que les deben, es el fútbol que tenemos.

Fue en 1975 cuando los dueños de los equipos decidieron pedirles a los narcos, con la excusa de la crisis económica y a cambio de una silla en el comedor de la clase dirigente, que se convirtieran en sus socios. Entonces empezó nuestra historia reciente. El 16 de diciembre de 1983, dos meses después de pronunciar la frase “la mafia se apoderó del fútbol”, el ministro Rodrigo Lara fue asesinado.

Seis años más tarde, ante la avalancha de amenazas, escándalos y crímenes, el Gobierno suspendió el torneo días antes de que tuviera un campeón. Por cuenta de aquella extraordinaria selección dirigida por Francisco Maturana pudimos fingir por un tiempo que no pasaba nada malo, pero el 2 de julio de 1994 tuvimos que poner los pies sobre esta tierra: Andrés Escobar, el jugador más limpio de “la familia del fútbol”, no habría sido acribillado si no hubiera hecho ese autogol.

El fútbol colombiano tendría que haberse terminado aquella vez. Pero el negocio siguió adelante como un cuerpo sin alma. Y, año por año, nos fue transformando en zombis que hacen la ola.

Y aquí estamos. Hablamos de “los tiempos en los que los carteles de la droga dominaban el fútbol” como hablamos de “la época de la violencia”: como si en verdad estuvieran en el pasado. Y, como nuestros dirigentes suelen distraernos con palabras como “intervenir” o “reestructurar”, hemos sido sordos a las declaraciones del nuevo gobierno sobre “las manzanas podridas en los clubes”. Quizás sea el momento, sin embargo, de recobrar la esperanza: el proyecto de ley que invita a los equipos a convertirse en sociedades anónimas sometidas a las vigilancias estatales y las firmes investigaciones de las autoridades parecen pasos en la dirección correcta. El Presidente ha dicho, entre líneas, que no será necesaria una “cacería de brujas” si los equipos cumplen las reglas del juego: si le apuestan a la legalidad los que aún no lo han hecho.

Porque no fue el fútbol, sino el país entero, el que se quiso corromper. Y no lo corrompió una manada de villanos, sino una sociedad deshecha, que le entregó sus principios, sus instituciones y sus hijos a la plata del narcotráfico. Así que no es tiempo de hipocresías. Es tiempo, simplemente, de que el fútbol dé el ejemplo: si la familia del fútbol se le sale de las manos a la delincuencia, si como un efecto que se le rebela a su causa se sacude los valores perversos de las mafias, tendremos una prueba de que no estamos condenados ni a la farsa ni a la trampa. Las víctimas, por fin, no habrán sido en vano. Y entonces sí: que hagan la ola.

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Las lecciones verdiblancas

Posted by pocho On noviembre - 8 - 2010

Por: Iván Mejía Álvarez

Fuente: El Espectador

Como institución, siempre he creído, creo y creeré; que es el Deportivo Cali, el club de fútbol en Colombia con la mejor organización. Lástima de tanto cambio en sus Directores Técnicos, pero por lo demás siguen haciendo las cosas bien. Estoy seguro que en unos años más, dará mucho que hablar este equipo en  Suramerica. Mil felicitaciones por este reciente trunfo en la Copa Postobón 2010. Pocho

No es justo, lógico ni coherente minimizar el éxito obtenido por el Cali en la Copa Postobón. Al final de cuentas son tres títulos en juego durante el año, dos de liga y uno de Copa, y el cuadro verde ganó en franca lid y con suficientes méritos uno de los tres. Por eso, tienen todo el derecho sus hinchas a gozar. Más allá del éxito, en la victoria del Cali hay un tema ineludible y que debe ser destacado: es el triunfo de una política de divisiones inferiores verdaderamente seria y responsable.

En el elenco verdiblanco se han dado durante los últimos años las dos corrientes. Unos dirigentes que gastaron a manos llenas en jugadores extranjeros de muy pobre nivel, quienes costaron millonadas y nunca dejaron nada grato. Los pupilos de Karim Gorayeb y de Grimberg le valieron al Cali muchos dólares y fueron un fracaso. Ese dinero fue a parar a manos de los ‘cometeros’ de siempre, los empresarios archiconocidos que abundan por los lados del elenco verdiblanco y que a veces se disfrazan de directivos.

La otra corriente fue la de los dirigentes que pensaron a posteriori y gastaron dinero en las divisiones inferiores. Y entre ellos se destacan Rodrigo Otoya y César Caicedo, integrantes de la junta directiva anterior, quienes siempre pensaron que el futuro de la institución estaba en esos jugadores de las menores, celosamente vigilados y llevados por técnicos expertos en la materia que hoy tienen el derecho a cobrar.

Al hincha común y corriente, en este caso al socio normal de la institución, le gusta pensar en presente, en el hoy, mira poco hacia adelante y por eso castigan a la dirigencia que no ofrece réditos inmediatos. El analista tiene la obligación de digerir, meditar y sacar conclusiones sobre los éxitos y fracasos, poniendo todo en la balanza.

El Cali está construyendo un equipo grande de cara al futuro. Puede llegar a convertirse en el equipo que imite el “modelo Barça” en Colombia. El club catalán gasta cuando lo requiere, pero se apoya en el trabajo de La Masía para nutrirse. De ahí salieron Puyol, Piqué, Valdés, Iniesta, Xavi, Pedro, Bojan, Sergio y viene una generación muy buena, como se ha visto en los partidos donde les han dado la ocasión de jugar.

Cali va incrustando en su nómina una serie de jugadores hechos en casa, con el sello y la identidad verdiblanca y a ellos se tiene que encomendar en un futuro.

La dirigencia nacional tiene que entender la lección: es preferible gastarse cien mil dólares en apoyar las inferiores y no en un tronco extranjero que viene, fracasa, se lleva el dinero y les llena los bolsillos a los ‘torcidos’ de siempre que han hecho del fútbol un negocio sucio.

Felicitaciones al Cali y a su política de creer en lo que hay en la casa.

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Los dos Escobar

Posted by pocho On agosto - 4 - 2010

Por: Sergio Otálora Montenegro

Fuente: El Espectador

Doble moral: sobre esta producción tendieron veto y al tiempo hay un auge desmesurado de las narconovelas.

¿Por qué una selección de fútbol, considerada una de las mejores del planeta, favorita del Mundial de Estados Unidos 1994, se convierte en fracaso monumental? ¿Qué pasó con sus estrellas? ¿Por qué la ilusión de todo un país se vino abajo en cuestión de horas, como si aquel cinco a cero contra Argentina, durante las eliminatorias, hubiera sido apenas una fantasía o, peor, una maldición?

Desde entonces, nunca hubo un esfuerzo consciente, ni en lo periodístico, ni en lo académico, ni en lo audiovisual, por desentrañar los hilos invisibles de una debacle deportiva que se convirtió en tragedia nacional con el asesinato de Andrés Escobar, capitán de esa mítica selección Colombia. Sabíamos que fútbol y narcos eran como hermanas siamesas; que nuestros talentos, Higuita,  Pibe, Tino, eran héroes salidos del barro y símbolos de la esperanza de un pueblo agobiado.

Sabíamos también que, en las altas esferas de la política y de los negocios, este equipo inigualable era una mina de oro que se debía explotar sin límites: punta de lanza para “limpiar” la imagen del país en el exterior, poderosa máquina de publicidad, espacio privilegiado para la demagogia nacionalista.

Dieciséis años después de la gran derrota —nos eliminaron en la primera ronda, después de una campaña hacia el Mundial en la que nunca fuimos vencidos— un documental nos reordena las imágenes, nos pone en perspectiva lo que, en su momento, parecía una avalancha imparable de sinsentidos y tragedias, nos confronta con nuestras propias miserias, sin concesiones, sin falsos matices. Los dos Escobar, documental escrito, dirigido y producido por los hermanos Jeff y Michael Zimbalist, muestra de frente, en boca de sus protagonistas, esas verdades que no queremos aceptar.

Por eso, tal vez, el canal RCN no quiso transmitirlo, y por eso la familia de Andrés Escobar se ha sentido engañada, manipulada y utilizada por los realizadores del documental. (Ver arriba comunicado de los hermanos Zimbalist).

No es fácil aceptar en público que esa cima alcanzada por el fútbol colombiano se debió, en lo fundamental, a los dineros del narcotráfico. Así queda establecido en el documental, con testimonios como los de Popeye (lugarteniente de Pablo Escobar), Jaime Gaviria, (primo del capo del cartel de Medellín) o Juan José Bellini (ex presidente de la Federación Colombiana de Fútbol).

Además de los testimonios, las imágenes y los hechos son más fuertes: el cartel de Cali, el de Medellín y Rodríguez Gacha eran dueños del Deportivo Cali, del América, del Nacional y el DIM, de Millonarios, respectivamente. Pablo Escobar iba al estadio a ver a sus equipos, premiaba a sus jugadores e, incluso, ordenaba asesinar árbitros.

Uno de los registros visuales más impactantes que tiene el documental es el del capo del cartel de Medellín jugando con la selección Colombia, en La Catedral, sitio de reclusión del narcotraficante, que se entregó a las autoridades después de que la Asamblea Nacional Constituyente, en 1991, prohibiera la extradición.

En ese momento, nuestros jugadores eran los más cotizados del mundo, eran nuestros embajadores, la otra cara de la moneda. Los hermanos Zimbalist, a lo largo de 42 entrevistas, fueron descubriendo que “para entender la gran importancia del fútbol para la sociedad, uno tenía que entender primero el contexto de lo que estaba pasando, es decir, la influencia de la narcoviolencia y del narcodinero en el país y en muchas de sus instituciones”.

Por este camino demuestran cómo las muertes de Pablo Escobar y Andrés Escobar están íntimamente ligadas, no sólo por esa matriz cultural, política y económica que es el narcotráfico, sino por quienes estuvieron detrás del gatillo: Los Pepes, Perseguidos Por Pablo Escobar.

Los hermanos Zimbalist han trabajado a fondo el tema de narcotráfico y sociedad. En Colombia y en Brasil. Su premiado documental Favela Rising, es la historia de una comunidad, en Río de Janeiro, sitiada por el crimen, el tráfico de drogas y la represión del Estado, que logra mediante la música, encontrar un camino distinto al de las balas.

En esa producción, como en Los dos Escobar, se ven la investigación que hay detrás con el fin de darle sentido histórico a la narración, el minucioso trabajo de campo que les permite llegar a las comunidades y obtener los mejores testimonios de sus personajes, y el cuidado que tienen para no confundir crudeza con amarillismo. Según Jeff y Michael, “nuestras experiencias en América Latina han sido siempre profundas e inspiradoras, lo opuesto a esa visión internacional que se tiene de la región como un lugar resquebrajado, lleno de violencia, pobreza y corrupción”.

Duele ver cómo se perdió una vida preciosa como la de Andrés Escobar. En el documental, su hermana y su novia hablan de él de una manera conmovedora. El tono íntimo con el que narran la relación del hermano y el novio con el fútbol, la entrega total al deporte, el espíritu bondadoso y la enorme sensibilidad social del jugador, las dudas que lo asaltaban, le dan a la película el carácter de revelación, lo que no conocíamos del personaje, de su infancia y juventud, de cómo hizo la familia para sobrevivir a un dolor tan intenso, a la absurda desaparición de un talento dedicado a la más pacífica de las actividades.

Como dice Francisco Maturana en el documental: “Andrés era uno del fútbol al que lo mató la sociedad”. Esa selección Colombia de lujo, así se la maquillara con la fanfarria del patriotismo, era producto de largos años de convivencia con los dineros calientes y de complicidad con quienes amasaron fortunas con el tráfico de drogas. Jaime Gaviria afirma en cámara algo difícil de asimilar, pero que se comprueba con los hechos: “La muerte de Pablo y de Andrés marcan el fin de la mejor época del fútbol colombiano”.

¿Se irrespeta la memoria y el legado de Andrés Escobar, al constatar que su sacrificio es el efecto de una máquina de violencia que, tarde o temprano, acabaría devorando su propio invento, es decir, la gloria de nuestro fútbol? ¿Cómo no entender que la muerte del que llamábamos con admiración “el caballero de las canchas”, estaba por desgracia ligada a esos demonios que se volvieron incontenibles con el ascenso vertiginoso de nuestra inolvidable selección mundialista?

En el exterior, muchos colombianos han visto Los dos Escobar. Sus comentarios han aparecido en Facebook y han llegado a ESPN, el canal de deportes que lo transmitió en Estados Unidos. El común denominador de los mensajes es lo positivo que resulta tratar de entender qué había detrás de ese nefasto 22 de junio de 1994. Colombia y Estados Unidos se enfrentaban en el Rose Bowl, en Los Ángeles, y en el minuto 13, el autogol de Andrés, su gesto compungido, el derrumbe estruendoso de un equipo que, al saltar a la cancha, ese día, ya estaba derrotado por las amenazas de muerte, por la angustia, por la rabia.

Todo era confusión en ese instante, los jugadores no entendían muy bien qué estaba sucediendo, por qué pasaban del cielo al infierno en cuestión de minutos, de segundos. Maturana se refiere a ese momento como “una mano negra anímica, psicológica”, que abrumaba a la selección.

Que hayan tendido sobre Los dos Escobar una especie de veto, cuando al mismo tiempo hay un auge desmesurado de las narconovelas, que han convertido al traqueto y a sus muñecas en espectáculo sin sustancia, es muestra de una doble moral sin atenuantes. ¿Por qué sólo nos queremos ver a nosotros mismos en versiones edulcoradas de la realidad, y no en producciones que la complejizan y la cargan de sentido histórico?

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Tragando sapos

Posted by pocho On marzo - 24 - 2010

Por: Iván Mejía Álvarez

Fuente: El Espectador

Coincido en gran parte con lo expuesto en esta columna. Pero de algo si estoy convencido; y es que todo este juego de palabras, de corrillos, de ires y venires, no corresponde a nada diferente a lo que es un plan de medios. Han centrado todo el tema, en que si Bedoya le dijo a Maturana, que si Maturana le dijo a Goméz, que si fueque que meque, etc, etc, etc. Que horrorrrr!. ¿Otra vez de lo mismo?. Bueno…ya sabemos lo que nos espera. Carlos Prieto

Hernán Darío Gómez dijo que Maturana le había ofrecido dirigir la selección de Colombia. Maturana de inmediato le replicó tajantemente y afirmó que él no podía ofrecer lo que no era suyo, que a él todavía no lo habían designado y, por lo tanto, no tenía atribuciones para designar técnico, misión que le corresponde al Comité Ejecutivo.

Creo que los dos están diciendo la verdad. Maturana sí le dijo a Gómez que lo llevaría como técnico, pero que primero lo tenían que nombrar a él. Lo que pasa es que Gómez no guardó la confidencialidad del caso.

Una buena fuente confirmó que una vez sea reelecto Luis Bedoya, en el curso de los próximos días, de inmediato se terminará de convencer a Maturana para el ostentoso cargo de director deportivo. Con él ya tuvieron varias charlas y todo parece indicar que se aprovechará su experiencia y conocimiento del fútbol internacional.

En cambio, el nombramiento de Gómez, propuesta de Maturana, tiene algunos opositores y todavía no le llena el cerebro a Bedoya. Al presidente de la Federación no le cuadran algunas cosas de su entorno. Su amistad radical con Gustavo Moreno Jaramillo y Hernán Yunis, dos  dirigentes que Bedoya no quiere ver para nada cerca de la selección.

A Bedoya tampoco le llena que el sátrapa de la Difútbol, el nocivo y perverso Álvaro González, se adjudique públicamente el  posible nombramiento de Gómez y lo haya convertido en caballito de batalla. A Bedoya tampoco le gustó que el técnico saliera a decir que Maturana le había ofrecido el cargo, cuando él todavía no ha nombrado a Maturana. Con Bedoya hay que ir cumpliendo los tiempos, los pasos, y ese tipo de interferencias le molestan y le pueden llevar a tomar decisiones contrarias para demostrar que él es el dueño del poder.

El problema real es que Bedoya no parece tener un plan B en el caso del  técnico y, una vez confirmado el nombramiento de Maturana, tendrá que aceptar que Gómez es el candidato de mayores posibilidades y así él tenga muchas reservas en torno a su designación, se verá obligado a tragarse ese sapo que no le convence.

El pequeño incidente de la semana, cuando Gómez dijo que le habían ofrecido el cargo y Maturana lo desmintió, puede ser un indicativo de cómo funcionarían los dos. La prudencia de Maturana y su sentido común y el espíritu abierto de Gómez, sin limitantes verbales, eligiendo amigos y enemigos, creando de entrada resistencias y enfrentamientos.

Dicen por ahí que desde el desayuno se sabe cómo va a ser el almuerzo, y si desde ahora ya chocan y se enfrentan, sin ser nombrados en sus puestos, mejor es no pensar en lo que vendrá después.

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El equipo del pueblo

Posted by pocho On diciembre - 22 - 2009

Por: Reinaldo Spitaletta

Fuente: El Espectador

Soberbia la demostración del DIM el domingo inmediatamente anterior, al coronarse Campeón del fútbol colombiano. De admirar el trabajo de Leonel Álvarez, quien desde ya se perfila como firme candidato a ocupar el puesto de Seleccionador Nacional. Temperamento, garra y fuerza, son algunos de los ingredientes que le suministra y exige este estratega paisa a su equipo; que serán fundamentales para las pretensiones de cualquier equipo de conseguir estrellas ó clasificaciones. Felicitaciones a este espectacular conjunto y equipo, que a armado Leonel. Carlos Prieto

371. DIM

El fútbol, decía un escritor, es la recuperación semanal de la infancia. Es la asistencia a un ritual con multitud de feligreses que oran ante esa suerte de oficiantes-danzantes, erigidos como símbolos de la divinidad durante noventa minutos.

El goleador de un campeonato –según Pasolini- es siempre el mejor poeta del año. El fútbol, para algunos el nuevo opio del pueblo, es poesía. Y prosa. No hay que meterle mucha ideología al asunto: ninguna espectacular gambeta podrá detener una revolución social, pero un gol del equipo amado sí nos acerca a las prometidas glorias del paraíso.

El DIM, llamado el equipo del pueblo, el Rey de Corazones, el Poderoso, fue, en otras calendas, una forma permanente del fracaso. Sus seguidores parecían peregrinos del infierno. Estaban condenados, como Sísifo, a un flagelo eterno. Ellos y su divisa estaban ligados a la tristeza, a ser los derrotados, los sufrientes, los parias y descastados de una realidad que cada vez los alejaba más de un posible redención.

Ser hincha del DIM significaba pertenecer al gremio de los vencidos. Y aunque de alguna manera el dolor da carácter, se estaban acostumbrando, como ciertos pueblos, a las penas. A una especie de resignación cristianoide. Y la pena aumentó cuando, en 1993, fue campeón por siete minutos. Las llamadas “fuerzas oscuras”, en un país experto en trampas, le esquilmaron el título y lo convirtieron en rey de burlas.

La oncena rojiazul, que tuvo la dicha de tener, por ejemplo, a jugadorazos como el Charro Moreno, Omar Orestes Corbatta, José Vicente Grecco, el Caimán Sánchez, tuvo una sequía de campeonato de 45 años. En 2002 logró que en su firmamento brillara la tercera estrella, que en realidad parecía, por la espera perpetua, toda una Vía Láctea. Y dos años después se dio el gustazo de derrotar a su rival de patio, en una demostración de poderío que todavía sus miles de seguidores albergan como uno de los logros máximos del equipo.

El DIM, escuadra de los de abajo, de los proscritos, de los herejes, había dejado de ser el hazmerreír de los hinchas del otro equipo de la ciudad, que un poeta calificó como el Atlético Guanábana. Y pese a que el sufrimiento es inherente a todo lo que tenga que ver con el cuadro rojo y azul, hoy toda la cofradía de “indigentes y de borrachos” goza con la quinta estrella.

El Poderoso, equipo de poetas y artesanos, nos hace memorar a Malevo, el cronista, cuando decía que “Medallo, nos vas a homicidar”, y vuelve a ser el equipo que, como dicen los muchachos de la Rexixtenxia Norte, no es moda, sino una pasión, un sentimiento popular, un canto a la existencia con dificultades. Por eso fue hermosa la celebración en Manrique y La Toma, en La Floresta y Belén, en Bello y Envigado…

El Medellín tiene hoy al mejor poeta del año, al mejor entrenador, al mejor arquero, pero, sobre todo, a una afición bulliciosa y humilde, que jamás ha apelado a los triunfalismos ni a la soberbia. Porque el que ha sufrido –y tal vez quien más ha pensado- sabe del valor de la alegría. Y sobre el valor de la espera.

Los penitentes, los despojados de la fortuna, aquellos que siempre han estado caminando sobre ascuas, hoy vuelven, con trompetas de júbilo, a tener su escalera al cielo. Un cielo rojo (ah, bueno, también dicen que ni es cielo ni es azul), un cielo que no es otra cosa que la recuperación de la infancia, como parece que la recuperó el portero Bobadilla, con sus brincos y sus lágrimas de celebración del campeonato.

El fútbol es un lenguaje; para algunos, una religión. Es la inteligencia en movimiento, como lo sugirió André Maurois. Es una cultura, y, por supuesto, un negocio, en el que muchas veces hay turbiedades y mafias. Pero también es a veces, como la vida, un frenesí, una ilusión, un retorno a la inocencia. Una canción de cuna cantada por niños y viejos. Y esto último es lo que produjo el DIM al ser campeón en un domingo de diciembre.

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La última batalla tuvo lugar el miércoles

108-hinchas

El saldo del clásico América-Cali fue un chico de 16 años que está al borde de la muerte por una puñalada en el tórax, y otro herido con dos machetazos y un objeto cortopunzante (tal vez una astilla del pedernal de una batería sanitaria). Un tercero, identificado como Iván Zapata, también presenta heridas de machete. Se salvó porque dejaron de  agredirlo cuando se hizo el muerto.

 Hace quince días un Comando Azul (barras bravas de Millonarios) le asestó un ladrillazo por la ventanilla del bus a un jugador del Cali. Cuando están desparchados, Los del Sur (Nacional) se citan por internet con Rexixtencia Norte (Medellín) y juegan a que se mataban. Y se matan.

Las soluciones propuestas serían risibles si el asunto no fuera tan serio. Un alto oficial propuso que los jugadores no salieran en bus del estadio sino en tanquetas de la Policía. Un psicólogo propuso prohibirles a los muchachos el uso de camisetas deportivas en el estadio (seguro descubrió algo satánico en las frecuencias de las ondas de los colores vivos). Un senador fue más allá: hay que prohibir la camiseta con muchacho y todo: vedarles el ingreso al estadio. La medida no puede ser más estúpida. Un partido sin himnos, sin consignas, sin tambores ni cornetas ni banderas ni camisetas, sin jóvenes saltando en las tribunas mientras entonan madrigales en honor a la madre del árbitro, no es un partido: es una partida de bridge en un hostal suizo en una noche de invierno.

Otro genio sugirió “elevar el valor de la boleta, como hicieron en Inglaterra, para espantar a esa chusma de los estadios”. Otro sugirió cambiar el código del menor e imponer penas severas a los responsables de los actos vandálicos en los estadios (una piadosa variante de la antigua ilusión: matemos a todos los malos y seremos felices los buenos).

 Como ven, sigue de moda mear fuera del tiesto. Cuando cuatro o cinco muchachos pierden la cabeza por el fútbol, el problema es de los muchachos. Cuando la pierden miles, el problema radica en la sociedad. Debe haber algo muy podrido en el espíritu de una nación cuando sus jóvenes se apuñalan por un gol, por una bandera o por lo que sea. Cualquier pretexto es bueno cuando se resuda odio, cuando se tienen tantas razones para matar y ninguna para vivir.

Los sociólogos y los psicólogos se preguntan qué pasa con nuestros muchachos, y los examinan con lupa en busca de “la piedra de la locura”. No quisiera estar en su pellejo. No quiero meterme con esos muchachos porque de pronto me salen con “¿Qué le pasa, don Julio? Nosotros no hacemos sino resolver nuestros líos como lo hace todo el mundo en este país, por las malas y a veces por las peores, como lo hace mi papá conmigo, o la guerrilla con la población civil, o el Gobierno con la guerrilla, o los ‘paras’ con los campesinos. Claro que nuestros métodos no son tan bárbaros como los de ustedes, los mayores. Nuestros trofeos son una camiseta o una bandera de la barra rival, no la mano cercenada de un difunto”.

Estas líneas no pretenden justificar la bestialidad de las barras bravas. Sólo quiero que dejemos de persignarnos como cualquier fariseo la próxima vez que veamos a estos muchachos utilizar los mismos métodos que les hemos enseñado por decenios, los rudos e inútiles métodos que utiliza la sociedad en todos sus estratos, desde la “olla” hasta al Capitolio. Tampoco les pidamos que entonen en las tribunas madrigales de gratitud al establecimiento. Ya lo dijo Sócrates: no puede oler a jazmín el que come mierda (en griego suena mejor, claro). 

Tomado de El Espectador

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No es solo Un tecnico, asitentes y jugadores. El futuro de nuestro futbol, estará directamente afectado por las decisiones que hoy se tomen a un nivel global de clubes. Divisiones menores, estabilidad laboral para tecnicos y jugadores, son de los ingredietes fundamentales para esta gran receta. Esfuerzos incipientes en materia de “Estabilidad”, producen resultados asombrosos en Colombia. América de Cali, con un proceso “estable” en sus ultimos tres (3) años, logró llegar a las Dos (2) finales del 2008. Mientras esto no cambie, furibundos hinchas seguiran frustrados con sus equipos, que gastaran millonarias cifras en contratación de tecnicos y jugadores, que “Sudaran” la camiseta, dependiendo eso si, únicamente del valor de su cheque mensual.

Nadie mejor que el Dr. Barraza, nos puede describir la “Receta Escondida” para lograr el éxito en el futbol moderno.

Pocho

balon

Mientras en Colombia hay equipos que adeudan sueldos o que amenazan con no jugar por falta de plata, en el área hay modelos de clubes con gestión directiva y victorias deportivas.

Luego de sus inolvidables años dorados de los 70, cuando la zurda exquisita de Falcao y la prestancia nunca superada de Elías Figueroa lo mantenía en la cima del fútbol brasileño, Inter de Porto Alegre entró en un oscuro y larguísimo túnel. Fueron más de dos décadas sombrías, con aspirina de aislados festejos estaduales.

Lo que parecía una maldición interminable comenzó a cambiar en el 2002, tras la asunción de un grupo de dirigentes liderados por Fernando Carvalho y Vitório Piffero. 

Carvalho presidió cuatro años al Inter (cuando se coronó campeón de la Libertadores), mientras Piffero manejaba el fútbol profesional. A fines de 2006 se relevaron, Piffero asumió la presidencia y Carvalho dirige lo futbolístico. Un equipo que funciona armónicamente.

Antes de subir el binomio, Internacional tenía 7.000 socios; hoy cuenta con 79.000 y el objetivo es llegar a 100.000. Además, por segundo año consecutivo es el club con mayor facturación de Brasil detrás del poderoso San Pablo. Esto incluye recaudaciones, ingresos de socios, mercadotecnia, derechos de TV, publicidad y venta de jugadores: unos 60 millones de dólares anuales.

En medio de todo ello, una andanada de títulos celebrados y la remodelación constante del Beira-Río (estadio que es orgullo de todos los ‘Colorados’).

¿Cuál es su receta del éxito…? Mucho trabajo de divisiones menores, contrataciones lógicas, ventas medidas, mantener un equipo fuerte con un gran entrenador, hacer contratos largos y, sobre todo, que los futbolistas sean propiedad del club. Nada de préstamos, que sólo sirven para negocio de los empresarios. Además, ¿qué puede llegar a préstamo…? ¿Un crack…?

“Al jugador, cuando está para irse, hay que negociarlo, no se lo puede detener”, sostiene Carvalho. “Pero es necesario reemplazarlo de inmediato para no desarmar el equipo”, añade Piffero, quien acaba de ser reelecto con el 91,51 por ciento de los votos. 

Inter transfirió a Alexandre Pato “en 20 millones 750 mil dólares limpios”, informa el presidente y agrega: “Enseguida repatriamos a Nílmar, que costó 5 millones de euros el 70 por ciento del pase”.

Luego emigró Fernandao a Qatar; ipso facto Inter lo sustituyó con D’Alessandro. Actualmente, todos los futbolistas son vendibles; por ello es fundamental que pertenezcan a la institución. Sólo los clubes anclados al pasado toman préstamos. Y para no perderlos, por las nuevas normas de Fifa, es preciso hacer vínculos laborales extensos.

El suculento pase de Alexandre Pato les ratifica a los directivos del Inter que el negocio es formar jugadores. Por ello tienen 250 juveniles fichados. De esas promesas, 80 viven en la pensión del club, les dan cinco comidas al día y desde los 13 años cobran un viático mínimo de 130 dólares mensuales.

“Al jugador que muestra ciertas condiciones se le hace un primer contrato a los 16 años por tres temporadas para asegurarlo”, comenta Piffero. “Después de los 18, la ley permite acordar por cinco años. Cuando vemos que el joven adelanta mucho no esperamos a que venza el vínculo, le ofrecemos un buen aumento y extendemos el contrato por otro año”.

Inter es un ejemplo. El multicampeón San Pablo, otro. Liga de Quito, uno más. Boca Juniors ganó 18 títulos entre diciembre de 1998 y diciembre de 2008. En el mismo lapso, los demás clubes argentinos también lograron 18 coronas, ¡pero todos juntos! El abrumador dominio de Boca se debe, igualmente, a sus políticas dirigenciales: mucha estabilidad para entrenadores y jugadores, máxima explotación de la marca Boca, salarios al día, instalaciones de primer nivel y prioridad total a las inferiores. Boca pasó de ser la peor cantera del fútbol argentino a la más prolífica.

Colo Colo es otro modelo de conducción moderna. Quebró en 2001 y le remataron la sede. Pero, una vez privatizado, comenzó a funcionar como un reloj y es el protagonista estelar del fútbol chileno. Ya se le va a dar el éxito en el plano continental. No puede tardar, hace todo bien.

Danubio y Defensor Sporting son las entidades mejor conducidas del Uruguay. Están siempre peleando (y ganando) el título. Lo mismo sucede en Paraguay con Libertad. En México el paradigma es el fantástico Pachuca. Es un signo en todo el continente: el triunfo está asociado al manejo institucional eficiente.

No obstante, cientos de clubes de América no están enterados (o aún campea la corrupción). Gastan platales fichando veteranos -sin poder de reventa-, a préstamo, dándole la espalda al semillero, echando técnicos a cada momento, cambiando decenas de jugadores de torneo a torneo… Así les va.

Hay una nueva forma de conducir que puede reducir las abismales diferencias con Europa. El camino está trazado.

Jorge Barraza
Para EL TIEMPO

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