Por: María Isabel Rueda
Por: Salud Hernández-Mora
Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia
¿Que más podría uno decir, sobre este tema?. Creo que aqui, en estas dos columnas esta plasmado el verdadero sentir, de la inmensa mayoría de los colombianos. Al final de cuentas, la impotencia de todos frente a esta situación es desalentadora. Pocho

oooooooooo
Por: María Isabel Rueda
Nombre de la columna: Un “souvenir” de guerra
Lo degradante, honorables magistrados, es que ustedes hayan convertido los computadores de ‘Raúl Reyes’ en un simple souvenir de guerra.
La opinión no alcanza a imaginar la importancia que los computadores de ‘Raúl Reyes’ tienen para la lucha contra las Farc. No solo el propio ‘Tirofijo’, sino lugartenientes de primera línea, como Joaquín Gómez, lo admitieron en varios correos interceptados: las Farc, expresaron, nunca volverán a ser las mismas. Pero, según la Corte Suprema de Justicia, el Ejército de Colombia habría hecho lo correcto si los hubiera dejado tirados en la selva ecuatoriana.
En cambio, tomó la decisión de traerlos. Gracias a ello, mientras las Farc, encerradas en su propia lógica, están cada vez más aisladas de la realidad en los picos de las montañas colombianas y llanuras venezolanas, por primera vez en países distintos de Colombia, como España, Chile y México, comienza a procederse judicialmente contra las Farc, como un campanazo en pleno siglo XXI de que el mundo cambió. Los computadores de ‘Reyes’ se convierten en pieza clave del fin del conflicto, porque ya no es solo el gobierno colombiano, sino el mundo el que no tolera el uso de la violencia política y del terrorismo. Pero la decisión de la Corte, inevitablemente, desbarata este esfuerzo.
Por ejemplo, el señor Manuel Francisco Olate Céspedes, en apariencia un inofensivo mechudo que se fotografiaba con ‘Reyes’ en su campamento vestido de las Farc porque “tenía mojada su ropa”, estaba a punto de ser extraditado a Colombia como enlace de las Farc en Chile cuando su proceso se frenó con apoyo en la decisión de la Corte colombiana. Quién sabe qué pasará con Remedios García Albert, que cumplía una misión semejante en España, cuyo proceso también avanzaba al amparo de los computadores de ‘Reyes’.
Mientras tanto, la Corte cita a una rueda de prensa en la que el presidente de la Sala Penal miente en varios puntos.
Miente, por ejemplo, al decir que la Corte no cambió de jurisprudencia sobre los computadores de ‘Reyes’. Fue después de evaluarlos cuando sus magistrados se abstuvieron de abrirle proceso a la congresista Gloria Inés Ramírez, precisamente por evaluar que “la asistencia que allí constaba a eventos internacionales se había realizado en ejercicio de sus actividades oficiales”.
Miente al decir que “la Corte se abstuvo de hacer calificaciones de los aspectos político-militares de la operación Fénix”. En la providencia en la que declaran ilegales los computadores, afirman que “fue un hecho desarrollado en el marco de la lucha contra el terrorismo, un compromiso de la comunidad de naciones”. E, incluso, citan con aprobación resoluciones de la ONU como la 1373, en la que “se anima a los Estados miembros a combatir el terrorismo” y a no tolerar el refugio o cualquier tipo de apoyo a terroristas. Pero aún más. El doctor Tarquino dijo ante los periodistas que la Corte manifestaba “respeto por la operación político-militar llevada a cabo por el Gobierno”. ¿Cómo algo tan respetable puede producir resultados tan ilegítimos?
Pero con respecto al accionar de las Farc, Colombia tiene responsabilidades nacionales e internacionales de mucho peso, que debe cumplir con ayuda de la información obtenida de los computadores de ‘Reyes’. Los derechos de las víctimas y la obligación de restituirlos están por encima de los acuerdos técnicos probatorios entre países, que son físicamente incumplibles durante un acto de combate y más cuando se realiza en un país que alberga la presencia del enemigo.
Y a todas estas resulta que aquí los periodistas podemos hacerle las críticas más feroces al Congreso o al Gobierno, pero no podemos osar discrepar de las decisiones de esta Corte, porque eso lo consideran “expresiones degradantes”.
Lo degradante, honorables magistrados, y estoy segura de que en eso me apoyan muchos ciudadanos, es que ustedes hayan convertido los computadores de ‘Raúl Reyes’ en un simple souvenir de guerra.
¡SE ME OLVIDA! Esta Corte hasta se atreve a vetar periodistas, como le ha sucedido a Vicky Dávila.
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Por: Salud Hernández-Mora
Nombre de la columna: Los intocables
Esta vez fue la Corte la que se bajó los pantalones, luego será un gobierno y después cualquiera de nosotros. Habría que recordarles que apenas son uno de los tres poderes estatales
Pues no sé qué habrá visto la Corte Suprema, pero tengo ante mí unos correos electrónicos de Yahoo que estaban en los computadores de ‘Raúl Reyes’. No son documentos de Word sino correos auténticos, con sus direcciones completas y su diseño. Y no soy la única que en su día tuvo acceso a un puñado de ellos.
Aconsejo a los magistrados que miren algunos y eviten que siga extendiéndose la falacia de que los correos de ‘Reyes’ son un invento. Cierto que no había ninguno sobre Borja, pero sí decenas de otros personajes y del propio fallecido comandante.
Porque resultaron confusas las versiones que dio el magistrado Tarquino esta semana sobre el insólito fallo de la corporación que preside. No hizo sino enredarse en una maraña de argumentos obtusos y menospreciar a los que piensan diferente, como si la Corte Suprema fuera infalible y nadie pudiera criticarlos. Habría que recordarles que apenas son uno de los tres poderes estatales y si quieren respeto, que trabajen para merecerlo, como hacen los otros dos pilares del Estado de Derecho, no siempre con éxito.
La tendenciosa sentencia, de 29 páginas, contiene 43 apartados. En tan solo dos de ellos, con razonamientos superficiales, desprecian la fiabilidad de los documentos, y nada menos que 28 los dedican a disertar sobre convenios internacionales y cooperación judicial, con el fin de revestir de jurídico lo que no deja de ser un intento de acabar de un plumazo con lo poco que había en las cortes nacionales y foráneas sobre ‘Farcpolítica’. Prueba de ello es que la Fiscalía General de Ecuador y la Corte Suprema de Chile corrieron a anunciar que engavetaban los casos que tenían entre manos.
Por tanto, gracias a la Corte, en esos países, en Caracas y en las guaridas de ‘Cano’ y sus muchachos, están aplaudiendo. Porque la guerrilla no son solo los comandantes del monte, sino miles de milicianos y una red de cooperantes civiles de diferente pelaje, en Colombia y en el exterior -como el señor de Anncol, que ya estará preparando el equipaje para regresar a Suecia-, imprescindibles para perpetuar una organización criminal que el viernes cumplió 47 desgraciados años. Ya auguro que al paso que van las pusilánimes sociedades occidentales, dispuestas a ceder ante el chantaje terrorista, celebrarán muchos más.
Porque las Farc nos midieron el aceite hace rato y saben que por muy matones, extorsionistas, secuestradores y mafiosos que sean, siempre tendrán una puerta abierta a la negociación política.
Esta vez fue la Corte la que se bajó los pantalones, luego será un gobierno y después cualquiera de nosotros. Por eso pueden seguir cometiendo salvajadas como la de mantener secuestrados en condiciones atroces a soldados y policías que ya van camino de los catorce años en el infierno ‘fariano’. Y aún hay desalmados que los llaman retenidos y presos de guerra. Un día de estos la Corte avala esos términos.
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