Por: Mauricio Silva
Fuente: Carrusel
Soy de los que, aún en pijama, van al supermercado los domingos por la mañana a conseguir tamales. Casi todos me gustan: el tolimense, el boyacense y el santandereano, sin embargo, a fuerza de no encontrar tal variedad, me someto a los pocos que ofrecen el Éxito, Carulla o Carrefour, que casi siempre son los tolimenses.
De los tamales de supermercado, prefiero los pequeñitos, que vienen en bandeja de seis. No sé por qué razón, pero estos son más sabrosos que los grandes, precisamente por lo cual resulta mucho más fácil despachar dos o tres con chocolate y queso.
Cuando hay tiempo suficiente, busco unos tamales menos industriales, aun cuando en Bogotá sea difícil encontrar variedad. Hay unos muy sencillos en la zona de Galerías, sin tanta pretensión -sin uvas ni peras, ni manzanas, ni esas cosas-, no tan grandes y al precio justo: 3.600 pesos.
El lugar se llama Protamales y todos están elaborados bajo la receta clásica del Tolima grande: masa de arroz y harina de maíz, costilla de cerdo, tocino, presa de pollo, huevo y zanahoria. Y ya está.
El tamal -palabra que viene de la lengua maya náhuatl tamalli, que significa envuelto- es un plato de la América indígena, sencillo y gustoso, preparado generalmente con masa de maíz y envuelto en hojas de la misma planta o en las hojas del plátano.
Así, con el nombre de tamal, se conoce en España, Estados Unidos, Costa Rica, Cuba, El Salvador, Guatemala, Honduras y, claro, Colombia.
Los argentinos, chilenos, peruanos y ecuatorianos los llaman humitas. Los venezolanos, grandes consumidores, les dicen hallacas.
En República Dominicana se les llama pasteles. En Brasil, pamonha. En Puerto Rico, guanime, que es el tamal dulce con leche de coco y azúcar. Y en Nicaragua se les conoce como nacatamal.
Los reyes del tamal son los mexicanos y en realidad son otra cosa. Allá tienen nombres extraordinarios como zacahuil, corundas, pata de burro, chak chak wah, chanchamitos y juacané, entre otros.
El tamal me encanta porque, más allá de su sabor definitivo, es uno de los platos que a los americanos nos recuerda nuestra verdad indígena. Por eso, un sencillo tamal para una feliz Navidad. Y un feliz Año Nuevo.
Protamales: Calle 49 N° 24-25. Tel: 338 1148. Bogotá D.C.
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