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La pesadilla de la apostilla (By. Editorial de El Tiempo)

Posted by pocho On Julio - 3 - 2009

124. Apostilla

Una decisión soberana de Venezuela ha generado en los últimos meses extenuantes filas enfrente de las dos oficinas de atención al público de la cancillería colombiana en Bogotá. En aras de controlar su flujo de divisas, el gobierno de Caracas empezó a exigir un certificado de residencia y de parentesco a los compatriotas que envían remesas desde Venezuela a sus familiares en Colombia. Esos documentos requieren una apostilla que expide el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Pero Venezuela no es el único vecino que ha complicado los requisitos. A raíz de la crisis diplomática con Bogotá, Ecuador volvió a exigir el certificado judicial para el ingreso de colombianos a su territorio. Pero ahora el documento también necesita ser apostillado y esto ha desembocado en traumatismos en la circulación de turistas, comerciantes y empresarios de ambos países. Así, la apostilla, un sello internacional de notaría, se ha venido convirtiendo en un engorroso trámite que ha desbordado la capacidad de las autoridades.

De un plumazo, la Cancillería pasó de expedir 3.500 apostillas diarias a 8.000 -la mitad relacionada con colombianos en Venezuela-. Sin lugar a dudas, la inmediata sobredemanda ha superado los recursos logísticos y humanos del Ministerio -que casi ha colapsado ante las miles de personas que diariamente hacen cola para obtener este requisito-. A lo anterior se suman las hordas de tramitadores, verdaderas mafias que monopolizan cientos de turnos para luego venderlos al mejor postor. Asimismo, otros trámites que necesitan apostillas, como adopciones e inversiones extranjeras, han empezado a sufrir demoras en su expedición.

Sería injusto afirmar que el Ministerio no está haciendo nada. De hecho, ayer anunció una línea telefónica para agilizar el procedimiento, además de descentralizar la atención y contemplar la declaratoria de urgencia manifiesta. Sin embargo, las medidas tomadas no están produciendo los resultados esperados y la descongestión no parece estar cerca. Independientemente de que estas colas sean producto de los vecinos, la Cancillería está en la obligación de responderles con celeridad a quienes a diario precisan de estos trámites.

Es perentorio negociar con las autoridades venezolanas la flexibilidad de este requisito, pues con Ecuador las cosas se ven más difíciles. De igual manera, que se amplíe el abanico de recursos para que la normalidad retorne lo más pronto posible a los servicios de apostillamiento de la Cancillería.

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Ser ministro de Uribe (By. Daniel Samper Ospina)

Posted by pocho On Abril - 22 - 2009

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No sé si peco de optimista, pero doy por hecho que a raíz de mi candidatura a la Presidencia de la República por el Partido Conservador, y como muestra de gratitud por retirarla para no obstruir su propia aspiración, el presidente Uribe acabará nombrándome ministro.

De modo que llevo una semana preparándome. Ah, suspiro a veces: cómo será tener el honor de que el mismísimo Uribe en persona lo zarandee a uno en público, como un muñeco de trapo, en medio de un consejo comunal; o de que se lo salte a uno y llame directamente al viceministro a darle órdenes.

Todo eso me llena de emoción. Sé que si consigo ser un juicioso ministro me pueden ascender a peón de El Ubérrimo, que es una de mis fantasías laborales. Y estoy dispuesto a hacer puntos para que el Presidente me valore: meterme a los ríos en los que él se meta cuando nos vayamos a hacer populismo a tierra caliente; salir a trotar con él cuando viajemos al exterior; no tomarme ni un whiskey en el avión; rezar todo el día.

Estoy nervioso porque ya se acerca el momento. No veo la hora de recibir los regaños telefónicos de Alicia Arango; de leer las entrevistas que da César Mauricio Velásquez calificando mi gestión y las de mis colegas; de ubicar las hojas de vida que me mande José Obdulio. Y de prestarme para que la grandeza del Presidente se luzca más en la medida en que yo me vea pequeño.

Al principio no sabía cuál ministerio pedir. En un momento dado pensé en la cancillería, pero ya me veía coordinando el traslado de Édgar Perea a la embajada de Washington para lambonearle a Obama, y el asunto me deprimió.

Ni el Ministerio del Interior ni el de Protección Social me interesan, porque en ellos hay que manejar el cohecho de una sola persona, y yo todavía no entiendo esa figura. El de Comercio Exterior tampoco: el empalme sería un problema mientras ubico al ministro actual, con cuyo nombre ni yo ni las personas a las que les he preguntado hemos podido dar. 

El de Hacienda no me gusta, pese a que me siento capaz de recuperar la economía en minutos. Tengo la teoría de que la crisis se debe a que Óscar Iván Zuluaga tiene cara de pánico: siempre sale a dar partes de optimismo con esa cara de angustia, casi de estreñimiento, con la cual es imposible que los mercados no se pongan nerviosos. 

Del Ministerio de Transporte me atrae que para que a uno lo sostengan no es necesario dar resultados. Con ser medio loco y vivir en un monasterio es más que suficiente. Es un trabajo relajado. Además, ¿para qué hacer autopistas si existe la operación retorno, que es tan práctica? 

Tanta indecisión me puso tenso y mi mujer lo notó. 

— ¿Puedes contarme qué te pasa? -me preguntó en el desayuno.

Le confesé todo: que veo venir el ofrecimiento y todavía no sé cuál cartera ocupar.

— ¿Tú? ¿De ministro? -dijo casi burlándose-: ¡Pero si ni siquiera sabes los roles de cada ministerio! 

Reconozco que de roles sé muy poco: de hecho creía que el ‘roles’ de ‘Raúl Reyes’ era auténtico, por ejemplo.

— ¿Pero no te gustaría ir a hacer mercado y que unos escoltas te carguen las bolsas? -traté de seducirla-. Si me dan el de Defensa podríamos ir a la finca en helicóptero: ¿te imaginas a las niñas con un montón de amigas montadas en el helicóptero? 

— ¡Pero si no tenemos finca! 

—Bueno: pero ya tendríamos cómo ir.

— Si quieres una cartera, agarra la mía -me dijo cortante-. Tú no tienes el perfil para ser ministro de Uribe. 

Su regaño fue mi inspiración: si vamos a hablar de perfiles de ministros, sin duda el más impactante es el de Juan Lozano. Es un perfil aguileño casi tan largo como el gobierno de Uribe. Y repentinamente tuve claro que ese es el ministerio que debo pedir: desde ahí podría congraciarme más fácilmente con el Presidente, que es la obsesión que tenemos todos los del gabinete. 

Lo primero que voy a hacer es tramitar algunas licencias ambientales que Lozano dejó de lado, para impulsar lo que el Presidente entiende por desarrollo: que los canadienses exploten indiscriminadamente el oro del macizo colombiano aunque envenenen la fuente de agua más importante del país; o que tracen sin responsabilidad una carretera que acabe con el Darién, entre tantos otros proyectos que la Presidencia está presionando y que devastarán la ecología.

Pediré el Ministerio del Medio Ambiente. Para celebrar, haré una reunión en el bar El Sitio con algunos ex ministros. Que tiemble el cantante Julio Nava cuando me vea entrar con Juan Lozano: a ver si es capaz de morderle la nariz a él también, para que vea cómo le quedan las mandíbulas.

Tomado de Semana

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De consentida a despechada (By. Claudia López)

Posted by pocho On Marzo - 17 - 2009

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Mientras el presidente Lula da Silva, de Brasil, se reúne cara a cara con el presidente Obama en la Casa Blanca para discutir la política global y latinoamericana, el vicepresidente colombiano lamenta el maltrato que, según él, recibe Colombia de un sector del Congreso y la sociedad civil estadounidenses y propone acabar con el Plan Colombia, por considerarlo la fuente de la humillación.

Esas noticias ponen de presente el penoso contraste entre la política exterior brasileña y la colombiana. Gracias a la primera, Brasil pasará a ser el socio estratégico de Estados Unidos en la región, y por cuenta de la segunda Colombia dejará de serlo. Brasil asumirá ese papel por obvias razones. Porque es la décima economía del planeta, la democracia más estable y progresista del continente, la única con una cancillería y un presidente con prestigio de talla mundial, y, por todo lo anterior, un jugador con liderazgo regional y global.

Colombia perderá la condición de socio preferente, también por obvias razones. Porque su papel estaba sobredimensionado y porque el presidente Uribe acabó la relación bipartidista que heredó de Pastrana y tomó partido por los republicanos, que perdieron las elecciones. El legado es que Uribe quedó condecorado por Bush, pero Colombia quedó sin puentes bipartidistas sólidos para defender sus intereses de país.

La entrevista del Vicepresidente con EL TIEMPO es muestra fehaciente de que el gobierno de Colombia no termina el duelo por la derrota de Bush. La entrevista podría resumirse así: “Antes hacíamos lo mismo y nadie nos cuestionaba nada. Ahora nos preguntan por qué matan sindicalistas y no producimos sentencias judiciales que esclarezcan los crímenes; cómo vamos a hacer respetar los derechos laborales para el libre comercio; nos preguntan por qué ‘chuzamos’ y perseguimos a magistrados y periodistas que nos incomodan; por qué miembros de la fuerza pública matan a jóvenes inocentes para hacer falsos positivos; por qué siguen operando bandas criminales en las zonas donde se supone se desmovilizaron los paramilitares. Nos preguntan cómo nos gastamos los pinches 550 millones de dólares que nos dan para el Plan Colombia. ¡Es el colmo! ¡Que nos respeten!”.

No, Vicepresidente. No nos preguntan eso sólo por la ‘pinche’ plata. Preguntan porque les interesan los temas de democracia y derechos humanos. Porque son parte central de la plataforma política con la que ganaron las elecciones. Porque, le cuento, hace más de un año los demócratas ganaron las elecciones de Congreso y hace cuatro meses, las presidenciales. Pero ustedes nada que captan ese detalle. Su indignación por las preguntas y no por los hechos y las violaciones refuerza las fundadas dudas que ya tienen de este gobierno y los hacen pensar que a ustedes les importa un pito si matan sindicalistas o violan los derechos humanos; lo único que le importa es que por esa “pendejada” no aprueben el TLC.

Usted tiene razón. El Plan Colombia ya no sirve. Más serviría que Estados Unidos se comprometiera con una política eficaz contra el narcotráfico, que no nos deje con todos los costos del fracaso, mientras los países consumidores se hacen los de la vista gorda con sus responsabilidades. Pero ustedes no piden eso. Lo que piden es más aviones, más bases militares, más fumigaciones, más prohibición. Más del mismo fracaso. Y también piden TLC, sin que nadie cuestione nada. Cuando no se lo dan patalean y amenazan y luego se indignan porque no los tratan como estadistas.

Si quieren trato de estadistas, compórtense como tales. Dejen de pedir, patalear y amenazar, y más bien tomen la iniciativa, propongan y cumplan. Formulen una agenda bilateral que incorpore los temas, intereses y preocupaciones de ambos países, y planteen logros específicos en plazos ciertos para abordarlos.

Para lograr ese propósito nacional, mucho ayudaría que los Santos le permitieran al canciller Bermúdez dedicarse a esa tarea en vez de ocuparlo en apagar los incendios que producen la campaña de Juan Manuel y el despecho de Pachito.

Tomado de El Tiempo (17/03/2009)

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