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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

¿Por qué perdió Antanas Mockus?

Posted by Pocho On junio - 21 - 2010

Por: Camilo Rojas / Analista político. gerente de e-estrategica.com

Fuente: El Espectador

Hay siete variables necesarias para triunfar en una contienda electoral.

Aunque algunas puedan pesar más que otras, dependiendo de la coyuntura, se puede afirmar que el que tenga por lo menos cuatro será el ganador. En ese sentido analicemos la campaña de Mockus en cada variable.

Imagen: la imagen de Mockus se comportó durante la campaña como el electrocardiograma de un aficionado al fútbol durante un mundial. Empezó con un negativo muy alto, repuntó antes de la primera vuelta y se desplomó en la segunda. Esa campaña nunca supo cómo lo percibían o qué imagen había que proyectar. Con la intuición es muy difícil saber eso. Lo único que supo proyectar fue la imagen de honesto que se construyó sin intervención consciente de él, pero nunca supieron si el país quería también un gerente, un líder, un comandante en jefe o cualquier otra cosa. Ni siquiera supieron profundizar la imagen de honesto, hubieran podido generar algunos hechos como hacer pública y solicitar la declaración patrimonial de todos los candidatos, y volver eso comunicación, hasta un spot, algo así como “con esto llego y con esto me iré”. Se dejó el manejo de esta variable a los publicistas, no hubo rumbo.

Mensaje: No hubo disciplina de mensaje. El jingle decía una cosa, los comerciales otra, los discursos otra y así sucesivamente en un ruido muy dañino. Se puede decir que el mensaje primario era legalidad y honestidad, pero como era intuitivo no se percataron que los colombianos estaban casados con un mensaje de continuidad y unos mensajes secundarios de seguridad y empleo.

Manejo del tema: Como todo era intuitivo, pretendieron llevar a la opinión un mensaje que no quería y convencerlo de que el que mejor interpretaba la legalidad y la honestidad era Mockus. En los pocos meses de una campaña electoral uno no debe tratar de cambiar convicciones colectivas, sino cabalgar en ellas e interpretarlas de la mejor forma. La intuición los hizo estrellar contra el muro de las convicciones reales. Los colombianos querían continuidad y Mockus se mostró como el menos capaz de continuar las cosas.

Ajedrez político: Mockus nunca supo manejar esta variable. Peleó con Noemí, con el Polo, con los liberales y hasta con los independientes. No supo congregar y se dedicó a discursos difusos tratando de convocar fuerzas amorfas. Mientras el otro candidato movió un caballo de Unidad Nacional, Mockus movió un peón que escasamente le cubrió un cuadro del tablero.

La estructura política: en un país con tanta pobreza como Colombia usted tiene que pensar en algo tan elemental como el transporte de sus electores. Mockus cree que eso es politiquería, poniendo al elector en una encrucijada: o gasta dinero que su familia necesita o no vota. Mockus renunció de entrada a esta variable por un fundamentalismo mental que le impide dilucidar ciertas realidades.

Tiempos: el Partido Verde nunca pensó que llegaría a la segunda vuelta y con alguna posibilidad de conquistar la Presidencia. Eso hizo que la estrategia no existiera y, por lo tanto, ningún camino para manejar los tiempos de una campaña. El único acierto en esta variable fue el momento de la unión con Fajardo, viendo la campaña seguramente fue algo casual.

Recursos financieros: el dinero es la gasolina de todas las variables porque mueve la campaña. Como ellos no tenían estrategia, no sabían si necesitaban gasolina o cuánto valía desarrollar la estrategia. Lo poco que invirtieron fue sin rumbo. Es decir, malgastaron la plata.

En conclusión, Mockus quería ganar sin saber cómo ganar. Este profesor de matemáticas quería sumar y multiplicar, pero restando y dividiendo.

Mockus: ni contigo ni sin ti

Posted by Pocho On junio - 7 - 2010

Por: Mauricio Vargas – Matador

Fuente: El Tiempo

Los autogoles de Mockus

Si alguna duda me quedaba en cuanto a mi decisión de no votar por Antanas Mockus en la segunda vuelta, una convicción a la que llegué después de la comedia de equivocaciones, mensajes errados y contradictorios, y evidencia de desconocimiento -por parte del candidato- de elementales asuntos de Estado, esa duda desapareció la noche del domingo 30 de mayo. En una especie de misa carismática y por momentos gospel, Mockus y sus seguidores hicieron gala de fanatismo e intolerancia, y olvidaron su propio lema de “No todo vale”, al corear cánticos que, por deducción, implicaban que quienes no votamos por él ese día habíamos vendido nuestro voto, como lo señaló Jaime Bayly en su brillante programa.

El mensaje subliminal de que sólo “el profesor Mockus” es el dueño de la verdad y de que sólo quienes sufragaron por él conocen esa verdad iluminante me causó repugnancia y me trajo recuerdos que iban del fascismo europeo de los años treinta, al comunismo soviético, chino o cubano del culto a la personalidad. Pasando, claro está, por las más fundamentalistas iglesias evangélicas y hasta por las imágenes del reverendo Jim Jones, aquel que en 1978 se llevó a miles de seguidores de California a Guyana, los hizo beber Kool-Aid con cianuro y valium, y desencadenó así más de 900 muertes en uno de los mayores suicidios colectivos de la historia.

Ojo: no digo que Mockus y los ‘verdes’ sean nada de eso. Pero lo parecían, lo que resulta suficientemente inquietante. En especial si se tiene en cuenta que el espectáculo de telepredicador que Mockus dio esa noche -y que sus seguidores empeoraron con cánticos que el ex alcalde alentó y coreó-, es justo lo contrario de lo que nos comunicó durante las mejores semanas de su asombroso ascenso en las encuestas. Me refiero a temas como la tolerancia, la búsqueda de la verdad por el camino de la confrontación civilizada de argumentos y el respeto que todos los colombianos merecemos, más allá de nuestras opiniones. Y eso para no hablar del muy válido mensaje de legalidad que uno de los altos directivos verdes, Lucho Garzón, daba la impresión de haber desatendido de manera flagrante en cuanto a la ley seca de la jornada electoral.

Creo que los encuestadores no estaban tan equivocados. Mockus tuvo la Presidencia de la República al alcance de la mano, pero la dejó escapar por sus propios errores y dudas, y por la falta de preparación en temas esenciales, que evidenció durante la recta final de la campaña. En esa medida, la democracia funcionó: la campaña electoral, con su seguidilla de entrevistas, debates y discursos, sirve para que los candidatos pasen al tablero y superen distintas pruebas, y para que los electores sepamos si están listos a cabalgar sobre el potro arisco del gobierno de Colombia.

Mockus perdió por eso, porque demostró que no está listo, mucho más que por la asquerosa compra de votos que se da sobre todo en las parlamentarias, y mucho menos en las presidenciales, cuando los caciques ya han asegurado su curul y se muestran perezosos a la hora de gastar plata a favor de su candidato.

Pero, cuidado. Ni los errores de Mockus ni el fanatismo de algunos de sus seguidores deben llevarnos a desoír el mensaje que los tres millones de votos verdes le transmitieron al país: que hay una franja grande de colombianos que, jarta de la corrupción, de la politiquería que saquea las finanzas públicas y de las mafias, está dispuesta a lanzarse al vacío con un candidato virtuoso pero lleno de falencias. Y Juan Manuel Santos, el casi seguro próximo Presidente de la República, es el primero que debe tomar nota. De lo contrario, una noche de elecciones en el futuro, alguna ola menos cándida que la verde celebrará una misa tan fanática como la de los mockusianos, pero victoriosa.

Las uvas están verdes

Posted by Pocho On junio - 2 - 2010

Por: Andrés Hoyos

Fuente: El Espectador

Creo que esta columna del Dr. Hoyos, es una radiografía muy acertada de lo ocurrido el domingo en Colombia. Creo que el Dr. Mockus y su equipo, cometieron errores bastante fundamentales en su campaña. Seguirá siendo el Dr. Mockus una excelente opción a futuro para nuestro país. No es el momento, ya el país lo ha ratificado. Habrá un ajedrez politico de alto nivel, que se moverá en el próximo cuatrienio; veremos quien ganará la próxima partida. Por ahora, el Dr. Santos es nuestra mejor opción. A él, que Dios y todos los colombianos  lo acompañemos y apoyemos, para seguir adelante con nuestro país. Pocho.

La votación obtenida el domingo por Antanas Mockus se puede interpretar según la fórmula clásica del vaso medio lleno o medio vacío.

El candidato uribista más que lo duplicó, y obtuvo una ventaja que no sería realista presumir descontable el 20 de junio: ese vaso está medio vacío. Al mismo tiempo, es cierto que tres millones largos de personas votaron por un proyecto con mucho futuro: ese vaso está medio lleno. Por lo pronto, dos conclusiones son ineludibles: el país sigue siendo uribista y el mensaje de Mockus no caló en sectores muy amplios de la población. Aplicó en masa eso de “mejor malo conocido…”.

Me parecería un error herniarse tratando de confeccionar alianzas con miras a la tarea casi imposible de ganar el 20 de junio, porque los votos que se conseguirían con la contorsión se perderían en el núcleo fundamental. En estas tres semanas, es necesario enfatizar en las diferencias entre el proyecto verde y el proyecto oficialista, así esto ratifique lo que ya se intuía: que en un gobierno de Santos los verdes vivirán una intensa soledad burocrática, a la que, por lo demás, están acostumbrados. No conviene hacer un “acuerdo sobre lo fundamental”, que Juan Manuel Santos ni quiere ni estaría en capacidad de cumplir. Santos cargará así con los desaciertos implícitos en su continuismo a ultranza. Si hace un gobierno menos malo de lo que algunos nos tememos, mejor para él, pero también mejor para todos. De lo contrario, se le podrá pasar una cuenta de cobro.

No conviene amalgamar la oposición bajo un mismo toldo. El Partido Liberal fue víctima de su agudo desprestigio, mientras que el Polo cometió una larga sucesión de errores. Lo saludable en ambos casos es que haya polémicas álgidas, como seguramente las habrá. Dicho de otro modo, si estos sectores piden el oro y el moro para apoyar a Mockus en segunda vuelta, la oferta debe ser rechazada.

La próxima parada en la agenda verde serán las elecciones de alcaldes y de gobernadores en 2011, particularmente, las primeras. No sobra recordar que el paso a segunda vuelta fue clara cortesía de las ciudades grandes, las cuales desorientaron, de paso, a los encuestadores, porque si hubiera dependido de las ciudades pequeñas y de los pueblos, Santos ya sería Presidente electo. El Partido Verde debe aspirar a representar sobre todo a estas ciudades grandes, sin dejar de ofrecer una visión global para el país.

Los verdes están obligados a organizarse a fondo como partido, a definir su visión a largo plazo, a escribir un programa definitivo y adoptar una estrategia para 2014. Un partido no tiene por qué nacer mayoritario; lo que sí necesita es nacer coherente, disciplinado y con un núcleo leal. En los meses venideros debería haber un congreso de refundación con todas las de la ley, para que la gente entienda que el proyecto no se reduce a la suma de cuatro ex alcaldes exitosos.

Un prerrequisito para el éxito futuro es desterrar del ideario la antipolítica. Uno puede ser políticamente diferente, tener una ética más estricta, sin por ello ser antipolítico. Digo esto porque la tentación de la superioridad moral se paga con la ineficacia. La política se hace haciéndola, participando en todo tipo de procesos y de elecciones, aceptando unos acuerdos y rechazando otros. Si alguien no es político (yo no lo soy), que no lo sea. Pero el que sí lo es no puede presumir que la política ensucia, porque se está condenando a sí mismo a un fracaso estruendoso.

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