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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

La caída

Posted by Carlos Prieto On diciembre - 20 - 2011

Por: Carlos Prieto

A dos tiempos, trataré de dejar registrado este triste episodio. Inicialmente encontraran una columna del Sr. Umberto Valverde, y posteriormente encontraran un editorial de El Espectador. No comparto las apreciaciones emitidas por el Sr. Valverde, con referencia a los motivos de esta debacle. Lo que presenciamos, no es el resultado de un partido (Es el resultado de n partidos). No es el resultado de los 11 jugadores, ni del técnico actual (Eso es un accidente). No es el resultado de una intervención indebida de la alcaldía, como bien lo plantea Valverde (?????).  Los motivos, sería mejor explorarlos en el editorial de El Espectador, que encontraran posteriormente.

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Confesión de dolor de un fanático

Por: Umberto Valverde Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

La caída del equipo a la Primera B es una pesadilla de la cual sus hinchas aún no salen.

Hacía tres años que no iba al Pascual Guerrero, desde el último título que ganó Diego Umaña con los Diablos Rojos. Fui por ser testigo de lo que fuera a ocurrir, para bien o para mal. He estado en las 13 estrellas, en las cuatro finales de Copa Libertadores, la mayoría de ellas las cubrí como editor de la Revista del América, considerada por casi una década como la mejor revista de club del continente. Me senté en el palco de periodistas y soporté, con molestia y rabia, los 90 minutos de un equipo inepto, incapaz y limitado. Llegó la lotería de los penales y caminé hasta la cabina de El Corrillo de Mao: escuché la narración de mis amigos. Reynaldo Barco era el que más fe tenía, pero cuando el ‘Tigre’ Castillo lo tiró con desidia al palo supimos que la suerte estaba echada. Patriotas anotó el último cobro y yo salí caminando sin detenerme en los disturbios que ya invadían la cancha: la gente corría, los más jóvenes iban llorando. Sentí rabia y asco.

La crisis institucional es parte de esta catástrofe, el peso de la lista Clinton y la condena a Miguel Rodríguez Orejuela. Esa crisis merece una reflexión diferente: las épocas de la bonanza, el saqueo de una herencia satanizada y la intervención indebida del grupo del alcalde Jorge Iván Ospina, que pretendió apoderarse de la ficha bajo el lema de la democratización. Tampoco se sabe si ciertamente ‘Comba’ metió la mano en estos últimos cinco años de la liquidación de lo que fue un el sueño engendrado en el parque del Barrio Obrero.

Pienso que los partidos, más allá de que los dirigentes sean malos o perversos, los pierden los jugadores. Todos los que jugaron este sábado 17 de diciembre, más un técnico que no supo analizar el cambió que propuso Prince, y la torpeza de los dos centrales del América. Un equipo de González Aquino, Pimentel, Reyes, Pascutini no pierde de esa manera. Mucho menos con un gol de ventaja. El fútbol colombiano no sabe ganar porque no maneja estas situaciones. Lo cierto es que América, ese equipo que hizo su primera gira nacional en 1931, logró caracterizarse por el apelativo de Diablos Rojos y la utilización del uniforme rojo. Ese equipo llegó al profesionalismo en 1948, mediante la gestión de Humberto Salcedo Fernández y el doctor Manuel Correa Valencia; ese equipo de Édgar Mallarino, ‘Huequito’ Cuadros, Francisco Pacheco y ‘Shinola’ Aragón, reforzado inicialmente por los peruanos Félix Castillo y Carlos Gómez Sánchez. Empecé a ser hincha del América, que quedó dos veces de último en la clasificación, en los años 1958 y 1959, cuando se hizo inmortal la frase: “América juega como nunca y pierde como siempre”.

Aníbal Aguirre Arias, propietario del Boca Juniors, decidió no insistir más en este proyecto y se unió al América, trayendo a don Adolfo Pedernera como técnico y a un grupo de jugadores inolvidables: Moussegne, Arcángel Britos, ‘Finito’ Ruiz, Benito Cejas, Juan Vairo, además de Camilo Cervino, Alberto Castronovo y Juan Manuel López, que habían estado en el Deportivo Cali, unidos al ‘Indio’ Carlos Montaño, Faustino Abadía, ‘Muelón’ Sánchez, Fernando Rengifo y el negro ‘Shinola’ Aragón, que todavía atemorizaba por la punta izquierda. Se armó el América que jugó más fútbol, pero sólo fue subcampeón, porque Julio Tocker tenía un soberbio equipo que era el independiente Santa Fe, de Renick, Perazzo y Panzzuto. Tiempos inolvidables, después vinieron las 22 fechas invictas de Julio Tocker, que se vino al América, los grandes momentos de Ángel Perucca, quien llevó a la titular a ese fuera de serie llamado ‘Barby’ Ortiz, hasta que llegó, gracias a Pepino Sangiovanni, el médico Gabriel Ochoa Uribe.

Aquel 19, el bolero de Celio González que se escuchaba en todas las esquinas, y Cali eran una locura con el primer título, con una nómina modesta, en la que se destacaba Alfonso Cañón, rescatado por Ochoa Uribe, haciéndole bajar 15 kilos. La velocidad de Lugo, los tiros libres de Battaglia y la fuerza de Gerardo González Aquino y los goles de la ‘Fiera’ Cáceres. Llegaron las épocas gloriosas, lideradas por el médico Ochoa, con jugadores como Falcioni, Alexander Escobar, Willington Ortiz, Carlos Ischia, Roberto Cabañas, Ricardo Gareca, Anthony de Avila, Jorge Bermúdez, Jorge Balbis, el portentoso Freddy Rincón, Eduardo Pimentel, Sergio Angulo, Jorge ‘Polilla’ Da Silva, el ‘Palomo’ Usuriaga, Harold Lozano, el ‘Niche’ Guerrero, Hernán Darío Herrera, el maestro Julio César Uribe, Sergio Santín, Wilmer Cabrera y tantos otros, que conformaron un escuadra respetada en todo el continente.

Después de Ochoa Uribe vino Pacho Maturana y más adelante, Diego Umaña. América, la pasión de un pueblo, el equipo de los negritos del año 30, el idílico de los años 50 o el maravilloso de Adolfo Pedernera, el América del loco Vairo y de Juan Zazzini, llegó al momento más brillante de su carrera en cuatro copas libertadores que no pudo ganar. En realidad, solamente se vivió la ilusión en dos, porque en la disputa con River Plate perdimos tanto en el Pascual Guerrero como en Buenos Aires, ante un equipo superior.

Ese América, que hizo escribir tantas columnas hermosas a Alfonso Bonilla Aragón, a Álvaro Bejarano, sobre el cual inventaron leyendas como la maldición de Garabato, el que pudo ser protagonista para crear su propia revista, admirada y elogiada en un continente, es el mismo que hoy camina, en la tristeza y la oscuridad, en la categoría B. Todo es posible en la vida. Pero la derrota del América estaba cantada, como la de River Plate en Argentina, y nadie quiso ser consciente de ella.

¿Qué le queda al América? Buscar en sus raíces, en los años de Mallarino, Dimas Gómez y ‘Shinola’ Aragón; que las trompetas de la Sonora Matancera siguen sonando. Pensar en que hemos vivido la humillación más grande de la vida y once jugadores lo permitieron, un técnico que no sabe de nada no supo cambiar el destino de una afrenta, y ahora hay que empezar desde cero. Es fácil escribirlo, pero no será fácil hacerlo, habrá que encontrar la luz, como cuando uno rompe con el amor de su vida y no hay manera de volver.

Nunca supo el gran César Vallejo que había escrito estos versos para el América: “¡Hay golpes en la vida tan fuertes, ¡yo no sé! (…) / Son pocos; pero son. Abren zanjas oscuras / En el rostro más fiero y en el lomo más fuerte!” (…)

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El descenso del América

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

El trece veces campeón y finalista en cuatro ocasiones de la Copa Libertadores de América, uno de los grandes, pues, se jugó la promoción contra el humilde Patriotas, de Boyacá, que lo venció en la definición con tiros desde el punto penal.
Podría pensarse que es sencillamente el castigo lógico para el equipo que llegó a la grandeza de la mano de una elocuente relación con el narcotráfico en los años ochenta, con el consecuente ingreso deshonroso a la Lista Clinton (la lista negra creada por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos en donde se nombran personas o empresas vinculadas al narcotráfico y se sanciona a quien haga negocios con ellas).
Ciertamente, el dinero proveniente del narcotráfico, ese cáncer que afectó a la mayoría de clubes colombianos y que desbordó los niveles de ética de árbitros, jugadores y dirigentes, en el América hizo metástasis. Pero no es sólo eso lo que explica su triste realidad actual. La crisis del equipo caleño es reflejo del deterioro general del fútbol profesional colombiano, que en los últimos años ha vivido una profunda crisis financiera. Las deudas, los problemas con los patrocinios, los salarios y la seguridad social no pagados a jugadores que tienen al deporte como su modo de ganarse la vida, entre otros líos, han sido la constante. Aunque al día de hoy el América está a paz y salvo con sus jugadores, no lo estuvo por mucho tiempo.
El América es sólo un ejemplo, tal vez el más visible y representativo, de la crisis que vive este deporte. Es cierto que el Gobierno aprobó la ley 1445 de 2011 (más conocida como la Ley del Deporte), así como también una serie de mecanismos (entre ellos, el acuerdo para el fortalecimiento del fútbol profesional colombiano, firmado por Angelino Garzón, Jairo Clopatofsky, Ramón Jesurum y Luis Bedoya). Sin embargo, aún no hay resultados materiales favorables. Los equipos que no están al día con sus trabajadores, por ejemplo, siguen jugando cuando, a la luz de la nueva reglamentación, deberían ser suspendidos.
Las nuevas normas son muy útiles siempre y cuando se apliquen. El ejemplo más visible es el Club Los Millonarios, que se convirtió en sociedad anónima, está al día con los pagos y su renacer económico se ha reflejado en las canchas dentro de un proceso rescatable y ejemplar. Pero éste, y algunos otros equipos, son más bien la excepción.
La crisis puede extrapolarse a la selección nacional, que en plenas eliminatorias para el próximo Mundial de fútbol no tiene hoy director técnico, después de la improvisación en la designación de Leonel Álvarez.
El cambio debe ser estructural, por medio de control y seguimiento a los dineros (esa es la idea de las sociedades anónimas, en donde los hinchas son parte de la veeduría de sus propios equipos) y, muy probablemente, con una reforma en la dirigencia. No han ido por buen camino en todos estos años. Carlos ‘El Pibe’ Valderrama lo dijo hace unos días, y nadie puede negar que algo de razón hay en sus palabras: se han retirado jugadores, técnicos y hasta periodistas, pero los dirigentes del fútbol colombiano siguen ahí. La renovación y el cambio de enfoque podrían servir mucho. Más cuando, insistimos, se tienen mecanismos legales muy pertinentes para que este deporte, el más querido por los colombianos, pueda estar mejor. Lo del América de Cali es lamentable, pero es un ejemplo patente del mal proceder en la gestión de los equipos colombianos. Ojalá que, en positivo, también sirviera su ejemplo.

América

Posted by Luis Fernando Montoya On diciembre - 6 - 2011

Por: Luis Fernando Montoya

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

“Los dueños del destino son los que nada esperan de la suerte”

M. Arnola.

Para el medio futbolístico colombiano no es normal ver a un equipo histórico a nivel nacional e internacional como el América de Cali en la famosa zona de promoción, con la posibilidad de que si no gana esa miniserie tenga que jugar en 2012 en la categoría B.

La imaginación es la aptitud para formar imágenes mentales, la capacidad de traer a la mente situaciones que en el momento actual no se hallan presentes. La imaginación no es, pues, exclusiva de los grandes genios, de los artistas o de los niños; por el contrario, acompaña al hombre en su quehacer cotidiano, ya que es el principal constructivo de las habilidades de la persona; gracias a la imaginación el hombre encuentra soluciones creativas a sus problemas.

La situación por la que atraviesa el equipo americano no es por el rendimiento en este torneo, sino la consecuencia de los malos resultados de varios torneos que lo han llevado a estar en esa zona de peligro.

En estos momentos difíciles se debe trabajar responsablemente en lo siguiente:

1. No descender: todas las fuerzas que conforman el equipo deben unirse, hacer a un lado las diferencias para que la institución no tenga que lamentar el descenso de categoría.

2. Ganar: es fundamental salir avante en la miniserie, no subestimar al rival, trabajar un poco más de lo habitual y asumir estos dos partidos con toda la responsabilidad que requieren.

3. Cuerpo técnico: potencializar todas sus capacidades para que el equipo pueda plasmar en el terreno de juego lo planificado por ellos. Trabajar por tener los aspectos físico, táctico y mental de los jugadores en óptimas condiciones.

4. Jugadores: es el momento para que los de mayor experiencia y recorrido en el fútbol pongan a funcionar todo lo anterior para salvar la categoría conjuntamente con los jóvenes. La mejor manera de mostrar profesionalismo y sentido de pertenencia es logrando esta meta.

5. Afición: hoy más que nunca se necesita el apoyo de esa gran afición que tiene el elenco escarlata, acompañándolo y apoyándolo en el estadio.

Luego de superar la zona de peligro es urgente una organización seria y responsable para que no vuelva a ocurrir el año entrante lo mismo de este.

Fútbol sin fútbol

Posted by Carlos Prieto On abril - 20 - 2011

Por: Reinaldo Spitaletta

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

En 1948, en Argentina hubo una huelga de futbolistas, muchos de los cuales, sobre todo de la llamada “máquina” de River, emigraron a Colombia para inaugurar la era legendaria de El Dorado.

Llegaron, entre otros, José Manuel Moreno (El Charro), Pedernera, Di Stefano, René Pontoni y por esos días hasta muy avanzada la década del cincuenta, el fútbol colombiano gozó de armonía, imaginación, gambetas fenomenales y espectáculo.

Después, digamos que en los sesenta, la herencia de la época dorada continúo y hubo jugadores, nacionales y extranjeros, extraordinarios, como el Caimán Sánchez, Cobo Zuluaga, Omar Corbatta, el Coco Rossi y un extenso catálogo de figuras, que hacían del fútbol una especie de arte. La decadencia llegó y las mafias del narcotráfico se metieron en toda la vida nacional, incluidos los equipos de fútbol.

Los capos mafiosos encontraron en el fútbol un resquicio para la inversión y lavadero de dólares y también para disputarse entre ellos la hegemonía en el campeonato colombiano. Así que no fue gratuito que equipos como América y Nacional fueran los “reyes” en los ochenta y noventa. Eran los tiempos de otro “dorado”: el dinero de los narcotraficantes. Es fama todo lo que se movió en esos días de infamia, desde la compra de árbitros o muerte de alguno de ellos, hasta las amenazas contra dirigentes deportivos. Se recuerda, por ejemplo, la presencia de Pablo Escobar en las graderías del Atanasio Girardot, con un “combo” de más de treinta guardaespaldas, armados hasta los “guayos”.

No era raro por esas calendas que uno que otro futbolista fuera miembro de bandas armadas al servicio de la mafia. Y si bien hubo un tiempo de fútbol bonito, luego una desazón suprema contagió al futbolito de aquí hasta convertirlo en una expresión de raquitismo y miseria. Sin calidad ni fantasía. Sin nada. Absoluta pobreza, aunque algunos jugadores tuvieran salarios millonarios.

Por otra parte, se echó a andar la engañifa de que los futbolistas no debían sindicalizarse. Hubo rompehuelgas y lambones de toda índole. Algunos hasta proscribieron palabras como sindicalismo. Mejor dicho, parecían uribistas redomados. Se sabe que el futbolista colombiano, en general, es inculto y que es presa fácil de empresarios y dueños para que no simpaticen con organizaciones gremiales e incluso se deje manipular en los contratos y pagos de seguridad social.

El reciente estallido de la crisis en el fútbol profesional da cuenta de anomalías y violaciones a la legislación laboral. El fenómeno, sin embargo, logró que los jugadores del Quindío, en un acto de defensa de sus derechos, se declararan en paro. Y pese a que el dueño de ese equipo mandó a unos chiquitines a jugar un compromiso profesional, el escándalo fue mayor. Y por fin Coldeportes se puso alerta, aunque se le señala de discriminación frente a un “equipo chico”, como el de Armenia.

El presidente de la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales, el ex arquero Óscar Córdoba, dijo que “el gobierno por fin puso sus ojos en tantos problemas que han venido ocurriendo desde hace mucho tiempo en el fútbol profesional colombiano”. Por el momento, los jugadores del Quindío, con su enaltecedora posición, y esta entidad gremial, son las que se anotan un gol.

Por lo demás, con casi la totalidad de equipos que incumplen con la ley y atropellan la dignidad de sus jugadores, el fútbol colombiano es un hazmerreír ordinario. Los futbolistas no alcanzan ya (como lo dijo Garrincha) la categoría de payasos. Es increíble, por ejemplo, que oncenos como el DIM, en su cumpleaños 98, sea goleado, en una muestra de desgano y mediocridad, además de irrespeto a su hinchada. Si no les pagan, si tienen líos con la dirigencia, lo mejor es que paren, no que hagan una exhibición miserable.

El fútbol colombiano parece un circo pobre, con artistas del trapecio hambreados y con unos dirigentes que violan la ley cuando les da la gana. Hace mucho tiempo que, como espectáculo, pasó a ser una burda recocha. Cuánto daría uno (como lo recordaba Eduardo Galeano) por ver otra vez una fantasía, una proeza imaginativa sobre el gramado. Habrá que seguir soñando con la aparición de un carasucia, que gambetee todos los rivales y a los de la tribuna, para volver a ver en el fútbol aquello que ya se perdió: un canto a la libertad.

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