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La última batalla tuvo lugar el miércoles

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El saldo del clásico América-Cali fue un chico de 16 años que está al borde de la muerte por una puñalada en el tórax, y otro herido con dos machetazos y un objeto cortopunzante (tal vez una astilla del pedernal de una batería sanitaria). Un tercero, identificado como Iván Zapata, también presenta heridas de machete. Se salvó porque dejaron de  agredirlo cuando se hizo el muerto.

 Hace quince días un Comando Azul (barras bravas de Millonarios) le asestó un ladrillazo por la ventanilla del bus a un jugador del Cali. Cuando están desparchados, Los del Sur (Nacional) se citan por internet con Rexixtencia Norte (Medellín) y juegan a que se mataban. Y se matan.

Las soluciones propuestas serían risibles si el asunto no fuera tan serio. Un alto oficial propuso que los jugadores no salieran en bus del estadio sino en tanquetas de la Policía. Un psicólogo propuso prohibirles a los muchachos el uso de camisetas deportivas en el estadio (seguro descubrió algo satánico en las frecuencias de las ondas de los colores vivos). Un senador fue más allá: hay que prohibir la camiseta con muchacho y todo: vedarles el ingreso al estadio. La medida no puede ser más estúpida. Un partido sin himnos, sin consignas, sin tambores ni cornetas ni banderas ni camisetas, sin jóvenes saltando en las tribunas mientras entonan madrigales en honor a la madre del árbitro, no es un partido: es una partida de bridge en un hostal suizo en una noche de invierno.

Otro genio sugirió “elevar el valor de la boleta, como hicieron en Inglaterra, para espantar a esa chusma de los estadios”. Otro sugirió cambiar el código del menor e imponer penas severas a los responsables de los actos vandálicos en los estadios (una piadosa variante de la antigua ilusión: matemos a todos los malos y seremos felices los buenos).

 Como ven, sigue de moda mear fuera del tiesto. Cuando cuatro o cinco muchachos pierden la cabeza por el fútbol, el problema es de los muchachos. Cuando la pierden miles, el problema radica en la sociedad. Debe haber algo muy podrido en el espíritu de una nación cuando sus jóvenes se apuñalan por un gol, por una bandera o por lo que sea. Cualquier pretexto es bueno cuando se resuda odio, cuando se tienen tantas razones para matar y ninguna para vivir.

Los sociólogos y los psicólogos se preguntan qué pasa con nuestros muchachos, y los examinan con lupa en busca de “la piedra de la locura”. No quisiera estar en su pellejo. No quiero meterme con esos muchachos porque de pronto me salen con “¿Qué le pasa, don Julio? Nosotros no hacemos sino resolver nuestros líos como lo hace todo el mundo en este país, por las malas y a veces por las peores, como lo hace mi papá conmigo, o la guerrilla con la población civil, o el Gobierno con la guerrilla, o los ‘paras’ con los campesinos. Claro que nuestros métodos no son tan bárbaros como los de ustedes, los mayores. Nuestros trofeos son una camiseta o una bandera de la barra rival, no la mano cercenada de un difunto”.

Estas líneas no pretenden justificar la bestialidad de las barras bravas. Sólo quiero que dejemos de persignarnos como cualquier fariseo la próxima vez que veamos a estos muchachos utilizar los mismos métodos que les hemos enseñado por decenios, los rudos e inútiles métodos que utiliza la sociedad en todos sus estratos, desde la “olla” hasta al Capitolio. Tampoco les pidamos que entonen en las tribunas madrigales de gratitud al establecimiento. Ya lo dijo Sócrates: no puede oler a jazmín el que come mierda (en griego suena mejor, claro). 

Tomado de El Espectador

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Hincha Fiel (By. Pocho)

Posted by pocho On Enero - 30 - 2009

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Recuerdo que hace ya bastantes años, fui invitado a la finca de un furibundo hincha del Deporcali. Para sorpresa mia, al perro que cuidaba la parcela (Un labrador…inmenso); nuestro furibundo hincha lo haba bautizado como FALCIONI. Fueron esas epocas memorables del America de Cali (5 campeonatos en linea). Me imagino que la ira y la rabia comprimida contra este espectacular arquero, y que tantos balones le habrá detenido al equipo de sus amores; llevarón a este personaje a dejar grabado en su mente, y  a visualizar permanentemente, que sin lugar a dudas Falcioni…era un perro.

Yo siempre invito a los hinchas de nuestro amado futbol, a la sensatez, a la cordura y al respeto. Obviamente disfrutaremos de los triunfos de nuestro equipo, pero siempre con respeto por el rival. No nos olvidemos, que antes de ser un meganegocio, el futbol es un deporte. Que se rasgen las vestiduras, los que tienen intereses financieros en este juego.

Aquí les presento a Anthony Soprano (Tony), Americano a morir. No se pierde un partido, y mucho menos las emocionantes celebraciones de su Amigo (Amo) inseparable… Raymond.

Ver a Anthony…otro Perro

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No es solo Un tecnico, asitentes y jugadores. El futuro de nuestro futbol, estará directamente afectado por las decisiones que hoy se tomen a un nivel global de clubes. Divisiones menores, estabilidad laboral para tecnicos y jugadores, son de los ingredietes fundamentales para esta gran receta. Esfuerzos incipientes en materia de “Estabilidad”, producen resultados asombrosos en Colombia. América de Cali, con un proceso “estable” en sus ultimos tres (3) años, logró llegar a las Dos (2) finales del 2008. Mientras esto no cambie, furibundos hinchas seguiran frustrados con sus equipos, que gastaran millonarias cifras en contratación de tecnicos y jugadores, que “Sudaran” la camiseta, dependiendo eso si, únicamente del valor de su cheque mensual.

Nadie mejor que el Dr. Barraza, nos puede describir la “Receta Escondida” para lograr el éxito en el futbol moderno.

Pocho

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Mientras en Colombia hay equipos que adeudan sueldos o que amenazan con no jugar por falta de plata, en el área hay modelos de clubes con gestión directiva y victorias deportivas.

Luego de sus inolvidables años dorados de los 70, cuando la zurda exquisita de Falcao y la prestancia nunca superada de Elías Figueroa lo mantenía en la cima del fútbol brasileño, Inter de Porto Alegre entró en un oscuro y larguísimo túnel. Fueron más de dos décadas sombrías, con aspirina de aislados festejos estaduales.

Lo que parecía una maldición interminable comenzó a cambiar en el 2002, tras la asunción de un grupo de dirigentes liderados por Fernando Carvalho y Vitório Piffero. 

Carvalho presidió cuatro años al Inter (cuando se coronó campeón de la Libertadores), mientras Piffero manejaba el fútbol profesional. A fines de 2006 se relevaron, Piffero asumió la presidencia y Carvalho dirige lo futbolístico. Un equipo que funciona armónicamente.

Antes de subir el binomio, Internacional tenía 7.000 socios; hoy cuenta con 79.000 y el objetivo es llegar a 100.000. Además, por segundo año consecutivo es el club con mayor facturación de Brasil detrás del poderoso San Pablo. Esto incluye recaudaciones, ingresos de socios, mercadotecnia, derechos de TV, publicidad y venta de jugadores: unos 60 millones de dólares anuales.

En medio de todo ello, una andanada de títulos celebrados y la remodelación constante del Beira-Río (estadio que es orgullo de todos los ‘Colorados’).

¿Cuál es su receta del éxito…? Mucho trabajo de divisiones menores, contrataciones lógicas, ventas medidas, mantener un equipo fuerte con un gran entrenador, hacer contratos largos y, sobre todo, que los futbolistas sean propiedad del club. Nada de préstamos, que sólo sirven para negocio de los empresarios. Además, ¿qué puede llegar a préstamo…? ¿Un crack…?

“Al jugador, cuando está para irse, hay que negociarlo, no se lo puede detener”, sostiene Carvalho. “Pero es necesario reemplazarlo de inmediato para no desarmar el equipo”, añade Piffero, quien acaba de ser reelecto con el 91,51 por ciento de los votos. 

Inter transfirió a Alexandre Pato “en 20 millones 750 mil dólares limpios”, informa el presidente y agrega: “Enseguida repatriamos a Nílmar, que costó 5 millones de euros el 70 por ciento del pase”.

Luego emigró Fernandao a Qatar; ipso facto Inter lo sustituyó con D’Alessandro. Actualmente, todos los futbolistas son vendibles; por ello es fundamental que pertenezcan a la institución. Sólo los clubes anclados al pasado toman préstamos. Y para no perderlos, por las nuevas normas de Fifa, es preciso hacer vínculos laborales extensos.

El suculento pase de Alexandre Pato les ratifica a los directivos del Inter que el negocio es formar jugadores. Por ello tienen 250 juveniles fichados. De esas promesas, 80 viven en la pensión del club, les dan cinco comidas al día y desde los 13 años cobran un viático mínimo de 130 dólares mensuales.

“Al jugador que muestra ciertas condiciones se le hace un primer contrato a los 16 años por tres temporadas para asegurarlo”, comenta Piffero. “Después de los 18, la ley permite acordar por cinco años. Cuando vemos que el joven adelanta mucho no esperamos a que venza el vínculo, le ofrecemos un buen aumento y extendemos el contrato por otro año”.

Inter es un ejemplo. El multicampeón San Pablo, otro. Liga de Quito, uno más. Boca Juniors ganó 18 títulos entre diciembre de 1998 y diciembre de 2008. En el mismo lapso, los demás clubes argentinos también lograron 18 coronas, ¡pero todos juntos! El abrumador dominio de Boca se debe, igualmente, a sus políticas dirigenciales: mucha estabilidad para entrenadores y jugadores, máxima explotación de la marca Boca, salarios al día, instalaciones de primer nivel y prioridad total a las inferiores. Boca pasó de ser la peor cantera del fútbol argentino a la más prolífica.

Colo Colo es otro modelo de conducción moderna. Quebró en 2001 y le remataron la sede. Pero, una vez privatizado, comenzó a funcionar como un reloj y es el protagonista estelar del fútbol chileno. Ya se le va a dar el éxito en el plano continental. No puede tardar, hace todo bien.

Danubio y Defensor Sporting son las entidades mejor conducidas del Uruguay. Están siempre peleando (y ganando) el título. Lo mismo sucede en Paraguay con Libertad. En México el paradigma es el fantástico Pachuca. Es un signo en todo el continente: el triunfo está asociado al manejo institucional eficiente.

No obstante, cientos de clubes de América no están enterados (o aún campea la corrupción). Gastan platales fichando veteranos -sin poder de reventa-, a préstamo, dándole la espalda al semillero, echando técnicos a cada momento, cambiando decenas de jugadores de torneo a torneo… Así les va.

Hay una nueva forma de conducir que puede reducir las abismales diferencias con Europa. El camino está trazado.

Jorge Barraza
Para EL TIEMPO

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