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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Grosero

Posted by pocho On enero - 24 - 2012

Por: Mauricio Pombo

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

La señora venía a alta velocidad en su 4×4 negra, hablaba por su iPhone y se pasó oronda el semáforo en rojo; rauda se metió en un charco frente al andén desde el cual yo estaba presto a cruzar la calle y me lavó de pies a cabeza (de cabeza a pies en sentido estricto). A pesar del barro en la boca, alcancé a mandarle un madrazo: “¡hijadep!”, le grité. La señora, atractiva por lo demás, abrió su ventana y me dijo: “¡Grosero!” A pesar de la furia que me invadía, casi suelto una carcajada llena de agua sucia. La mujer siguió su camino y yo regresé a mi casa a ducharme y cambiarme.

Grosero yo, pensaba iracundo y no sin risa. Nada que hacer, vivimos en un país de Ripley, en la capital de “aunque usted no lo crea”. No hay sentido de las proporciones. Mientras los abogados de Nules y Morenos le maman gallo a la justicia y los ladrones de billones están por recibir penas ridículas, la prensa dedica páginas u horas a denunciar el detrimento patrimonial que significó la contratación de un chamán (cuatro milloncejos). Agrego, de lado, me parece oportuna -aunque sea más costosa- la contratación del chamán argentino en la dirección técnica de la Selección.

Sí, aunque no se pueda creer, mientras los ‘parapolíticos’ (responsables de miles de muertos) reciben penas de dos o tres años, el tristemente célebre mensajero de la nalgada -él sí, un grosero- purga cuatro. ¡Qué desproporciones! ¿Grosero yo, señora?

El alcalde del amor y los animales dice que no va a poder cumplir con lo prometido porque fue que, que fue que, y en lugar de hacer algo para enfrentar los serios problemas que heredó y se buscó y que todos suponíamos conocía y había estudiado, se ha dedicado a armar polémicas intrascendentes como el maltrato animal o el inocuo desarme, temas marginales, o peligrosos como el de la Empresa de Energía e irresponsables como el de la ALO.

Desproporciones y más desproporciones: lo marginal por encima de lo prioritario.

Petro, como buen narciso autoritario, es una especie de Uribe de izquierda a quien, como lo señala Semana, le gusta el Estado de opinión. Poner a hablar, hablar y hablar, bien para encubrir, tapar o evadir. A Uribe y Petro, además de ser autoritarios, los une su habilidad para manipular, decir verdades con mentiras y confundir o juntar revólver con revolver.

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Una justicia antiuribista

Posted by pocho On agosto - 3 - 2011

Por: María Isabel Rueda

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Son tantos los escándalos que se están destapando sobre el anterior gobierno, que la Justicia tiene abundantes casos para escoger en cuáles aplica sus arbitrariedades antiuribistas.

Es cierto, como lo reclama el ex presidente Álvaro Uribe, que la Justicia en Colombia se politizó. Más evidentemente, se volvió antiuribista. Y como lo denuncia en su Twitter, muchas de las medidas que hoy se toman contra ex funcionarios o parlamentarios uribistas no solo están investidas de cierta saña, sino que vienen antecedidas de condenas mediáticas en virtud de las cuales, a magistrados o jueces les queda muy poco espacio para fallar sin darle gusto a la galería.

El presidente Uribe no lo va a aceptar nunca: pero parte importante de la culpa de que eso esté pasando, la tiene él mismo. Como gobernante, graduó torpemente a la rama judicial de antigobiernista, cuando lo que había era unos pocos magistrados antiuribistas que no hacían mayoría. Desde entonces se dedicó a fomentar casi deliberadamente la sensación entre las altas cortes de que desde el Gobierno los perseguían, los chuzaban, espiaban a sus familias, investigaban sus cuentas bancarias. Hoy es bastante improbable encontrar objetividad con ex funcionarios de su gobierno o parlamentarios que, justa o injustamente, han sido llamados por la justicia.

Por ejemplo, aún resuenan en mi cabeza las tremendas expresiones de la fiscal Viviane Morales contra Andrés Felipe Arias, seguramente para copar los anhelos de linchamiento mediático. Aunque su función va hasta la instrucción del proceso, porque ella no es la que juzga, al ex ministro de Agricultura ya lo condenó como el prototipo del “delincuente de cuello blanco”. Y para solicitar la privación de su libertad, lo calificó como un “peligro para la sociedad”.

Tal expresión fue recibida con sorpresa e incredulidad por la opinión pública. La única explicación de que la doctora Viviane crea algo tan absurdo, es que tema que Arias se le vuele a la justicia, de pronto pidiendo asilo en Panamá. Eso también es culpa del ex presidente Uribe, que cometió una grave equivocación al haber orquestado el asilo de María del Pilar Hurtado. Pero entonces volvemos al círculo vicioso: también es cierto que la ex directora del DAS ya estaba condenada mediáticamente. Para haberla juzgado con objetividad, habría tenido que importarse a un magistrado de Ucrania, pues uno de Colombia no resiste semejante presión condenatoria de los medios.

Vamos al caso de la Corte Suprema de Justicia. En su Sala Penal hay una magistrada que cree que el gobierno de Uribe le rompió la barra de los frenos del carro para atentar contra su vida. Otro magistrado está convencido de que Uribe mandó a unos ladrones a su casa a que le sustrajeran el computador de la sala. Hay otro magistrado que jura que Uribe lo mandó matar. Y otro, que el gobierno de Uribe le armó un dossier a sus infidelidades matrimoniales. Mientras todo eso es bastante absurdo, sí es cierto que bajo el gobierno Uribe les instalaron grabadoras debajo de la mesa. Se sienten con motivos para detestar al ex presidente. No obstante, los procesos contra funcionarios y parlamentarios uribistas avanzan sin que sus magistrados se declaren impedidos. ¿Qué objetividad pueden tener? Prueba de ese fastidio es que la Sala Penal le congeló a Uribe la elección de Fiscal. ¿O cómo se explica que a la candidata de Uribe la hubieran rechazado porque sólo sacó 14 votos, y a la de Santos la hubieran elegido con los mismos 14? Con ese sentimiento en el alma no se puede administrar objetivamente justicia.

De manera que la obsesión del ex presidente Uribe de que sectores de la Justicia persiguen a su gobierno es absolutamente cierta. E independientemente de que él mismo tenga la culpa de que eso sea así, sus denuncias no son locas ni injustificadas.

Pero, por desgracia, son tantos los escándalos que se están destapando sobre el anterior gobierno, que la Justicia tiene abundantes casos para escoger en cuáles aplica sus arbitrariedades antiuribistas.

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Pan y circo

Posted by pocho On julio - 29 - 2011

Por: Laura Gil

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

La lucha contra la impunidad no es un partido de fútbol ni puede tampoco convertirse en una expresión de venganza.

Cuando el magistrado Fierro anunció la medida de aseguramiento para Andrés Felipe Arias, la sala estalló en aplausos. Esa expresión de júbilo dijo tanto del ex ministro como de nosotros mismos.

Creo que dos razones fundamentales permiten explicar el festejo. En primer lugar, equivocada o no, permanece en Colombia la percepción de que “la justicia es para los de ruana” y los subordinados pagan por sus jefes. El “carcelazo” de Arias mostró que, afortunadamente, a la justicia no le tiembla la mano para actuar cuando se trata de altos funcionarios. Además, de todas las personas que rodean al ex presidente Uribe, Arias es el aliado más soberbio y más polarizante y, por ello, se ganó la antipatía de una parte del país.

Aun así, la audiencia del miércoles dio más para la reflexión solemne que para la celebración exagerada y no solo porque la detención de Arias fue, al fin y cabo, únicamente de carácter preventivo.

El caso de Arias se erige como símbolo de dos tragedias. Se destaca el drama personal de un profesional competente, que tiró por la borda una carrera promisoria. Como Arias, muchos jóvenes al lado de Álvaro Uribe se creyeron por encima de las reglas del Estado y hoy ellos y sus familias están sometidos al escarnio público. Por otro lado, para el país, Agro Ingreso Seguro representó la incapacidad de ese mismo Estado y de una sociedad enceguecida para prevenir, detener y sancionar a tiempo irregularidades y, casi con toda seguridad, conductas punibles.

Ante esta cortina de fondo, me sorprendió el tono utilizado en las expresiones de alegría registradas en los medios de comunicación y en las redes sociales. No parecían mostrar solo la satisfacción por un avance de la justicia, sino también el regocijo por el mal momento de Arias.

Siempre me produjeron malestar las demostraciones de alborozo ante la miseria ajena, incluso la de los delincuentes, y, por supuesto, mucho más ante la de aquellos no condenados todavía. La lucha contra la impunidad no es un partido de fútbol ni puede tampoco convertirse en una expresión de venganza.

Recuerdo que, cuando Miguel Rodríguez Orejuela fue capturado en 1995, el entonces ministro de Defensa, Fernando Botero, fue recibido con manifestaciones carnavalescas, incluyendo papel picado. En mi opinión, nada que tenga que ver con el narcotráfico da para vuvuzelas. Momentos antes de que él y su hermano Gilberto fueran extraditados, los canales de televisión nos mostraron hasta sus pechos descubiertos durante el examen médico, una exhibición inapropiada al mejor estilo Abimael Guzmán.

Lo mismo pensé cuando fue dado de baja ‘Raúl Reyes’ y, en algunas ciudades, la gente se volcó a los gritos a la calle. ¿La circulación de las imágenes de ese cuerpo baleado en calzoncillos no nos deshonró como sociedad? Me pregunto si el presidente Obama decidió no publicar las fotos del cadáver de Osama Bin Laden, no solo para evitar reacciones extremas del mundo musulmán, sino también como señal de respeto hacia sus propios gobernados.

Por supuesto, recibí con agrado el juicio de Arias, la detención de los Rodríguez Orejuela y la baja de ‘Raúl Reyes’. Pero, detrás de cada delincuente de cuello blanco en un tribunal, detrás de cada extradición de un narcotraficante, detrás de cada guerrillero abatido, hay algo de nuestra propia desgracia que no amerita liviandades ruidosas.

Temo que las ganas de vitorear en los juicios públicos, el morbo de ver los cuerpos destrozados de los guerrilleros y el goce de presenciar en detalle la caída de los poderosos contribuyan a que nuestros niños se críen con ansia de sangre y odio en las entrañas. Tiemblo al pensar que corremos el riesgo de convertirnos en esos romanos que solo pedían pan y circo.

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Andrés Felipe Arias

Posted by pocho On julio - 28 - 2011

Por: Fernando Londoño, Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Por: Tatiana Acevedo, Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Por: Óscar Collazos, Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Caricaturas: Matador - PapetoBetto

Un hecho y una situación que marcará la historia de Colombia. Registro tres (3) posiciones, alrededor de este capitulo que vive hoy nuestro país. Todas las argumentaciones merecen el más alto respeto. Lean, compilen y saquen sus propias conclusiones. La historia será implacable, al momento de entregar su veredicto. Pocho

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“Mientras tanto, surge una lección clara: los ministros llegan al Gobierno a gastar capital político, no a ganarlo. Enderezar el país implica tomar decisiones impopulares y afectar amañados intereses. Pero para poder gastar, se requiere de peso, de criterio, de trayectoria. Y además, de la experiencia y la edad para no obnubilarse con el poder, pues el poder en esta democracia —vaya si quedó claro en el último año— se rota” El Espectador

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Agro Ingreso Seguro

Por: Fernando Londoño Hoyos

Un programa brillante, exitoso, redentor. Especialmente para los que más difícilmente llevan el pan a su mesa.

Agro Ingreso Seguro fue uno de los programas más fecundos y exitosos del Ministerio de Agricultura de la era Uribe. Lo idearon y lo ejecutaron esos jóvenes ejecutivos que están pagando con la cárcel el precio de su dedicación, de su entrega, y también de su éxito. Gracias a ese proyecto, se beneficiaron 316.000 familias campesinas, casi todas pobres, en 1’130.000 hectáreas. Se repartieron créditos blandos, subsidiados, a 85.000 familias, por valor de un billón quinientos mil millones de pesos. Y se fortaleció la capitalización rural con dos billones de pesos distribuidos entre 123 mil familias. En el tema específico del riego, la piedra de escándalo, se subsidiaron proyectos en 110.000 hectáreas, en el 99 por ciento a familias pobres.

Esas cifras se insertan en las que nos parecen definitivas para juzgar una tarea. Los ministros Andrés Felipe Arias y Andrés Fernández consiguieron ampliar la frontera agrícola del país en un millón de hectáreas, que produjeron cinco millones de toneladas de alimentos. Por eso, usted y nosotros hemos visto que por primera vez en décadas caen o se mantienen casi inamovibles los precios de los alimentos durante tres años consecutivos. Bienestar en el campo, comida barata y abundante en las ciudades. No se dirá que ha sido la empresa parca en resultados.

Sabemos que se impacienta. Y que quiere hablar de la corrupción que permitió a las 4 o 5 familias ricas disfrutar de los subsidios reservados para los pobres. Le diremos, para empezar, que, de buen o mal grado, esas personas reintegraron el dinero recibido, pero que además cumplieron la obligación de ejecutar los proyectos de riego que siguen ahí, generando empleos en el campo y comida para las ciudades. En plata blanca, ganancia neta para el Estado. No está mal para una operación maldita. ¿No le parece? Y que esos subsidios no valían el cuatro por ciento del total, que en lo demás fue directo a salvar la economía de las 33 mil familias que arriba mencionamos. Las que forman parte de esa legión de 316.000 favorecidas dentro del proyecto total de Agro Ingreso Seguro.

Si Arias y su equipo no hubieran tenido esta iniciativa, nada les hubiera pasado. Estarían en sus casas, en sus oficinas, en sus bien remunerados empleos, como lo merecen técnicos y juristas de altas especializaciones y probadas ejecutorias. Nada les pasó a todos sus antecesores y nada le va a pasar al actual ministro por lo que deje de hacer. Los campesinos seguirían más pobres, el éxodo hacia las ciudades habría sido más abundante y la comida nos estaría costando más cara. Y, de paso, también, las Farc y las bacrim habrían disfrutado de clientela mayor para el reclutamiento. Nadie lo notaría hoy. Y menos le imputaría esos trágicos resultados a lo que nadie hizo por impedirlos. Así fue siempre. ¿Qué importaría que así fuera también esta vez?

Faltó una licitación, que a juicio del Procurador debió hacerse. Esa omisión se habría cumplido para favorecer al Iica, órgano técnico de la OEA. Inocente e insospechable destino del dinero, que en lugar de pagarse a un licitante privado, se le entregó a un organismo internacional del que somos parte. Y los que fraccionaron las tierras para regar mayor área se lo explicarán a los jueces. Pero lo esencial es lo que se oculta: que Agro Ingreso Seguro fue un programa brillante, exitoso, redentor para centenares de miles de familias campesinas y para millones de colombianos. Especialmente, para los que más difícilmente llevan el pan a su mesa.

Nadie volverá a cometer esas equivocaciones. Y a intentar esa lucha por nuestros hombres del campo. Y a tomar riesgos para servirle a la República. Agro Ingreso Seguro no tendrá copia. En Colombia, lo mejor es callar y dejar pasar. Por hacer eso no meten a la cárcel a nadie.

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El corrupto y su cráneo

Por: Tatiana Acevedo

Si tomamos una muestra de los funcionarios y empresarios implicados en recientes casos de corrupción a gran escala y esculcamos sus hojas de vida, advertiremos uno que otro detalle.

En general, no provienen de las mismas ciudades ni coinciden en sus filiaciones políticas, posturas ideológicas, acentos o gustos. Sin embargo, tienen algo en común: todos asistieron al pequeño grupo de universidades mejor calificadas del país.

Andrés Arias es economista de la Universidad de los Andes. Miguel Nule es ingeniero civil de la misma acreditada institución. Liliana Pardo es abogada de la Javeriana. Germán Olano estudió derecho en el Externado. El excontralor Moralesrussi tiene títulos en el Rosario y la Javeriana. Y así.

La tesis sostenida apasionadamente por ciertos columnistas, según la cual los recientes episodios de corrupción son el producto directo de “una cultura maldita del narcotráfico” que, además, “aborrece la vida”, carece de rigor. Así como rayan en el delirio las comparaciones entre corruptos y miembros de la cúpula de las Farc.

Antes que protagonistas de “las muñecas de la mafia”, lo que se ve en este pequeño grupo es un universo heterogéneo de personas que, antes de estar en las que están, se sentaron en las aulas por varios años, tuvieron trabajos y no tenían lunar alguno en sus hojas de vida.

Luego en vez de entrar en las pseudo-científicas generalizaciones con las que se suelen evocar los rasgos del corrupto (que utiliza un lenguaje soez, que es propenso a la violencia, que tiene el cráneo pequeño), quizás habría que abordar, mejor, el diseño de las instituciones, el peso de las condenas legales, el poco miedo que infunde el Estado y lo efímero de las sanciones sociales.

Y entonces ahí sí podríamos saber por qué es que en Colombia hasta Flanders, el único ñoño de los Simpsons, se torcería.

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La caída

Por: Óscar Collazos

Arias no supo o no quiso darse cuenta de que, en los principios que le dieron el éxito, estaban también las razones legales y éticas de su caída.

Una brillante hoja de vida académica. Muchos colombianos de su generación hicieron carreras con altos méritos en prestigiosas universidades de Colombia y el exterior, donde descollaron por su inteligencia y quizá también por la tenacidad de un propósito individual.

Andrés Felipe Arias (Medellín, 1973) se distinguió entre otros jóvenes de su generación por su éxito temprano en el sector público. Cuando fue nombrado Ministro de Agricultura por el presidente Álvaro Uribe, tenía apenas 31 años. Desde entonces, mostró un inquebrantable sentido de la lealtad. Fue tanta la lealtad que, por un raro mecanismo de transferencia psicológica, empezó a parecerse a su modelo.

Se dice con bastante razón que, a cierta edad, uno quiere parecerse a la gente que admira. Es tanto el poder que ejerce la persona admirada sobre su admirador, que la comunión espiritual impregna ciertos rasgos exteriores. En el arte, se llama imitación. En la política, impostura.

Esta pubertad del carácter impide el paso hacia la madurez, que no es más que un conflicto creativo y diferenciador con lo que admiramos.

Arias disfrazaba su altanería egolátrica de franqueza. Tenía el convencimiento de estar haciendo hasta tal punto y sin margen de duda lo “correcto”, que lo hecho y dicho por los demás era tenido por error o “conspiración”. Esto no lo había aprendido en la Ucla ni en los Andes, sino en la política del gobierno que lo acogió como figura.

Públicamente, Arias exhibía una inalterable seguridad en el éxito. Lo demostró en el error monumental de Carimagua. El debate de la oposición le producía risa y altanería. Se lo veía siempre desdeñoso con sus opositores, pero seguro y risueño (hay fotos) entre la mayoría parlamentaria que le garantizaba la inmunidad sin advertirle nada sobre sus errores. Encontraban legal lo que hoy aparece revestido de ilegalidad. Lealtad o complicidad, no sé cómo llamarlo.

En la vida, una persona es lo que elige hacer y hace. En el poder, todo es más engañoso: cuenta tanto lo que le digan a uno con sinceridad como lo que le mientan por conveniencia. Arias quedó enredado en esta tela de araña, amarrado al mástil de una ficción, convencido de que las mayorías parlamentarias y el gobierno que lo exculpaban estaban en lo legal y moralmente correcto. Los otros, ese número de la revista Cambio que destapó el escándalo de AIS, estaban perversamente en el error.

El joven ministro no dudaba de sus actuaciones porque el primero en aplaudirlas era la persona a la que él más admiraba, motor de su vertiginoso éxito en la política. El presidente paternalista debía defenderlo porque, desde el 2004, Arias era la más prometedora de sus obras, el eslabón que prolongaría la cadena de una “doctrina” redactada por dos o tres rastaquouéres ideológicos.

Los aplausos del coro gubernamental y hasta la imagen farandulera de un monito “tumbalocas” -exitoso ejemplar de “la raza” antioqueña- contribuyeron a moldear esa nueva personalidad, distinta quizá de la del aplicado estudiante doctorado en la Ucla. Gracias a una inocultable ambición de poder, distinta quizá de la ambición de éxito profesional anterior al 2004, Arias empezó a creerse sus propias mentiras y a pensar que iba a ser presidente.

Se estaba haciendo hombre público a velocidad de vértigo y en circunstancias para muchos admirables y para unos pocos despreciables: la creencia de que, en la vida y en el ejercicio profesional, “todo vale” si hay un “fin superior”. Por ejemplo: la seguridad democrática, la confianza inversionista, la cohesión social. No supo o no quiso darse cuenta de que, en los principios que le dieron el éxito, estaban también las razones legales y éticas de su caída.

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Una foto

Posted by pocho On junio - 2 - 2011

Por: María Jimena Duzán

Fuente: Revista Semana – Bogotá, Colombia

Hace unos días volví a ver la foto histórica que selló la Constitución del 91 y no pude evitar pensar en lo mal que les fue a los tres firmantes de nuestra Carta Política en estos veinte años: al dirigente conservador Álvaro Gómez lo asesinaron, Antonio Navarro se desapareció de la política nacional y Horacio Serpa nunca pudo llegar a ser presidente de este país.

¿Quién se iba a imaginar que Antonio Navarro Wolf, que hace veinte años era una figura promisoria proveniente del M-19 a la que muchos le auguraban un futuro rutilante, iba a terminar convertido en una figura gris, anodina, sin mayor influencia nacional? ¿Acaso alguien se iba a imaginar que su partido, el M-19, iba a desaparecer sin dejar mayor huella y que iba a terminar absorbido por la Anapo y por el uribismo, dos movimientos populistas de derecha? ¿Quién iba a suponer que a Navarro lo iba a desplazar Gustavo Petro, un político que se inició en la izquierda y que ahora anda a la brega de hacer un proyecto personalista sustentado en valores cristianos, como él ahora lo dice? ¿Quién se iba a imaginar que Gustavo Petro terminaría eligiendo al procurador Alejandro Ordóñez, representante de una derecha religiosa, que detesta a los gays, que desconoce el derecho de la mujer a utilizar su cuerpo libremente y que quiere imponer su credo a pesar de que la Constitución del 91 dice que el nuestro es un Estado laico?

La gran paradoja es que mientras el M-19 acabó neutralizado por el establecimiento, el dirigente ultraconservador Álvaro Gómez terminó asesinado por el régimen que él mismo intentó desenmascarar en sus últimos años de vida. La justicia aún no ha encontrado a los culpables de ese crimen, pero su asesinato demostró el poder infinito que tienen las fuerzas de la corrupción que se han enquistado en el poder a lo largo de estos veinte años de vida de la Constitución del 91. Con la muerte de Álvaro Gómez, el suyo se volvió un partido sin ideario, en el que las grandes discusiones se dan cada vez más dentro de una minoría intelectual que gira alrededor de la casa Pastrana, cada vez más alejada de los poderosos caciques conservadores que han estado en el poder desde hace más de quince años y que hoy son los protagonistas de los escándalos de corrupción más lamentables.

Otro tanto se puede decir del liberal Horacio Serpa. De ese Serpa impetuoso de hace veinte años, representante del entonces todopoderoso Partido Liberal, el mismo que hablaba de justicia social y de equidad, no nos queda mucho. Nunca pudo llegar a la Presidencia porque el país siempre le cobró su lealtad al gobierno Samper, quien nos sometió a la tesis de que él no tenía la culpa de que a su campaña hubiera entrado dinero del narcotráfico porque había sido a sus espaldas. La política se fue olvidando de él hasta el punto de que hoy su ascendencia en el Partido Liberal es mínima y su poder está reducido a Santander.

Ni Gaviria, ni Samper, ni Uribe, quien gobernó con más de la mitad del liberalismo, lograron imponer sus tesis de justicia social y de equidad. En estos veinte años, por el contrario, nos hemos convertido en el país de mayor inequidad en el continente, según la revista The Economist, y el liberalismo se convirtió en el vehículo predilecto del narcoparamilitarismo para llegar al Congreso y a la política, como de hecho también le sucedió al conservatismo en estos últimos años. Ahora el partido de Serpa de hace veinte años no es sino una minoría dentro de la Unidad Nacional.

No pretendo aguar la fiesta de la celebración de los veinte años de la Constitución del 91, porque son muchas las cosas buenas que nos ha dejado esta Carta, comenzando por herramientas como la tutela, por instituciones como la Fiscalía, por una cultura política más democrática sustentada en el respeto a las minorías. Pero lo que les pasó a estos tres firmantes de la Carta refleja en el fondo cómo bajo estos avances hay retrocesos que lamentar.

Nos estamos quedando sin partidos y cada vez estamos más expuestos a experiencias caudillistas de corte personalista y populista; a candidatos por firmas que no están respaldados por partidos, sino por sus egos. Hace veinte años ni a Serpa, ni a Navarro, ni a Álvaro Gómez se les habría pasado por la mente que sus partidos estarían así de vaciados.

La Constitución del 91 acabó con el bipartidismo en buena hora, pero desde entonces no hemos podido recomponer democráticamente nuestro mapa político. Y sin partidos no hay democracia.

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¿Verde o biche?

Posted by pocho On mayo - 26 - 2011

Por: Andrés Hoyos

Fuente: El Espectador -Bogotá, Colombia

Caricatura: Matador – Soho

Tiene y no tiene razón Sergio Fajardo en su última carta a los verdes, en la que les dice que Colombia no es Bogotá y que tengan una mirada más amplia. Sinteticemos: Bogotá está lejos de ser una condición suficiente para dar vitalidad a un partido nacional, pero si Bogotá se pierde, el Partido Verde podría estar herido de muerte.

El dilema de los verdes en Bogotá es muy jodido. Tienen de candidato a Enrique Peñalosa, quien con seguridad sería un gran alcalde, pero está el bemol de que Enrique toda la vida ha sido un político vacilante e inoportuno. Aunque yo pienso votar por él, su estrategia electoral me parece peligrosa, pues le ha dado demasiada importancia al endoso de Álvaro Uribe. Los endosos del expresidente nunca fueron claros ni generosos y, de ñapa, ahora vienen con el veneno añadido de la gran corrupción asociada a su gobierno, por la cual han empezado a caer presos o están bajo sospecha sus alfiles. Podría pasar –ojalá no pase– que Enrique se quedara con el pecado y sin el género, es decir, con un respaldo tibio de Uribe pero con una imagen de falta de carácter político, mientras que alguien como Gina Parody apuesta a la carta sentimental de que fue uribista cuando tocaba y cuando se podía. No olvidemos que los empanicados marineros del barco uribista en llamas todavía siguen tratando de reclutar a su capitán para que se postule en Bogotá y los salve de la debacle con una victoria electoral resonante. Me parece poco probable que Uribe acepte, sobre todo porque así se pondría al alcance de la temida y odiada Corte Suprema de Justicia, dedicada a su vez a peligrosas incursiones en la política internacional del país.

Sin embargo, hay que decir que la organización que respalda a Peñalosa no es fuerte. El Partido Verde no ha dejado de ser una federación de independientes, aislada muchas veces en la torre de marfil de la antipolítica. Decía yo hace unos meses que el principal responsable de estas carencias es Antanas Mockus, quien no por nada fue el candidato presidencial del partido. Mockus nunca abandonó su condición de gurú con discípulos, cuando su responsabilidad tras la derrota era armar un partido de verdad, al cual los candidatos quisieran acercarse no sólo por convicción, sino por conveniencia. Mockus y sus seguidores no parecen entender que hay que bajar a tierra y que un partido es una organización de rituales, de congresos, de pronunciamientos oportunos, de ideas sólidas, de actividades cuidadosamente planificadas. No, a Mockus las noticias importantes le llegan cuando está de vacaciones en Santa Marta y entonces decide que su función es apagar supuestos incendios.

No sobra recordar que los verdes enfrentan la asignatura pendiente más dura de la historia política de Colombia: la de crear un tercer partido político perdurable. La lista de los proyectos quemados es casi interminable. ¿No se dan cuenta de que estos fracasos hablan de una dificultad extrema y que no pueden seguir jugando a llevar los pantalones cortos del personalismo?

Es paradójico, pero un partido débil podría llegar a desbaratarse por una alianza cualquiera –le pasó al M-19, cuando le aceptó un par de ministerios a Gaviria–, mientras que uno fuerte se consolida con las alianzas, como le pasó al PSF bajo Mitterrand. Un partido fuerte resiste las críticas y cierra filas; uno débil se angustia y entra en crisis. Da tristeza constatarlo, pero la cruda realidad es que no todo lo verde madura.

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¿Por encima de las normas?

Posted by pocho On mayo - 22 - 2011

Por: Cecilia Orozco Tascón

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Caricatura: Papeto - (El Tiempo – Bogotá, Colombia)

El penalista Yesid Reyes, conjuez de la Corte Suprema, explica por qué la Sala Penal de esa corporación declaró la ilegalidad de la información del computador de ‘Raúl Reyes’ como prueba judicial.

“No se puede pasar por encima de las normas”

Cecilia Orozco Tascón.- La ilegalidad de las pruebas obtenidas de la información del computador de Raúl Reyes deriva, según la Corte Suprema, del hecho de que fueron recopiladas en territorio extranjero. ¿Cuál es el fundamento de esa calificación?

Penalista Yesid Reyes Alvarado.- La legalidad de una prueba depende de que su recolección haya ocurrido sin violar la ley. Si alguien ingresa a territorio extranjero de manera indebida, está quebrantando la ley. Y si en desarrollo de esa incursión ilegítima recopila o practica pruebas, ellas son ilegales precisamente por haber sido obtenidas en desarrollo de una actuación contraria a las normas.

C.O.T.- El ministro del Interior enfrentó la decisión de la Corte aduciendo que la originalidad del contenido del computador fue certificada por Interpol…

Y.R.A.- La afirmación del ministro Vargas Lleras en el sentido de que el contenido de los computadores no fue manipulado no es suficiente para desvirtuar la tesis de la Corte, porque sólo se refiere al valor probatorio de los archivos, sin suministrar argumentos para respaldar la legalidad de su recolección.

C.O.T.- La tensión y la desconfianza políticas del momento entre los dos gobiernos podrían ser la explicación para que Uribe no hubiera consultado a Correa. ¿Esta justificación política no sirve también, excepcionalmente, como disculpa jurídica?

Y.R.A.- No. Las diferencias diplomáticas entre países no autorizan a comportarse desconociendo las normas internas e internacionales.

C.O.T.- ¿Qué ha debido hacer, entonces, el gobierno colombiano para que no se invalidara la evidencia más importante que se ha conseguido contra las Farc?

Y.R.A.- Lo que dice la Corte Suprema en este caso es que existiendo un tratado de cooperación judicial entre Ecuador y Colombia, se debería haber recurrido a él para la obtención de las pruebas mediante uno de dos mecanismos: o solicitarles a las autoridades ecuatorianas que las recopilaran directamente, o pedirles autorización para que personal colombiano ingresara a su territorio para recogerlas.

C.O.T.- En el fallo, la Sala Penal de la Corte dice que las Fuerzas Armadas “ejercieron poderes de policía judicial que no tenían”. ¿Qué significa esa afirmación en términos de ley?

Y.R.A.- Que los miembros de las Fuerzas Militares que intervinieron en la ‘Operación Fénix’ ni pertenecían a un organismo de policía judicial facultado para desarrollar ese tipo de labores, ni un juez les había encomendado la tarea. Al no tener esa facultad, las pruebas que recolectaron son contrarias a la ley.

C.O.T.- Pero se dijo que en el operativo había policía judicial y que ésta fue la que recolectó las pruebas…

Y.R.A.- Lo que sostiene la Corte fue que en desarrollo de la ‘Operación Fénix’ intervino personal de la Policía Nacional. Es importante tener en cuenta que, en principio, no todos los integrantes de la Policía cumplen funciones judiciales, sino sólo aquellos a quienes se les ha conferido específicamente esa facultad.

C.O.T.- La Corte descartó la legalidad de las evidencias por la forma como se adelantó el operativo. Pero ¿también valoró el fondo de las pruebas?

Y.R.A.- Hay dos temas que, aun cuando complementarios, son distintos. Uno es de la legalidad de la prueba, que se refiere a si ella es admisible o no dentro de un proceso; si la prueba no supera este análisis, simplemente no puede ser objeto de valoración. Si, en cambio, ha sido lícitamente recogida, el paso siguiente es el de analizar el valor que se le puede conferir. Curiosamente en esta decisión la Corte aborda los dos temas: comienza diciendo que la prueba es ilícita y por tanto inadmisible, lo cual la relevaba de abordar el tema de su valoración. Pero, como una especie de argumento subsidiario, cuestiona la validez de la misma no sólo opinando sobre su naturaleza sino sobre su contenido cuando asegura que éste no involucra a Wilson Borja.

C.O.T.- El fallo habla de la ilicitud de las pruebas por la forma como se entró a Ecuador, pero el presidente de la Corte afirma, aclarando el punto ante la prensa, que “la Corte hizo un análisis netamente jurídico y judicial, (pero) respetó rotundamente la operación militar”. ¿No es contradictoria la primera posición respecto de la segunda?

Y.R.A.- Eso plantea el problema de la legitimidad de la acción militar y es un punto especialmente sensible. El argumento más fuerte que la Corte ha esgrimido contra la legalidad de las pruebas del computador, como ya se dijo, es que éstas fueron recopiladas de manera indebida en un país distinto. Pero si se asume que la incursión armada a territorio ecuatoriano fue legítima, las pruebas recogidas en desarrollo de esa actuación podrían ser lícitas si fueron puestas inmediatamente en manos de la policía judicial.

C.O.T.- ¿Entonces a qué atribuye usted esa aparente contradicción?

Y.R.A.- Es probable que al no ser integrante de la Sala Penal de la Corte y, por consiguiente, al no haber intervenido en la discusión que condujo a la redacción de la providencia, el presidente de la Corte no tenga presentes los detalles de la decisión. Sin embargo, también es verdad que la Corte no es especialmente clara en el auto, sobre la legitimidad de la incursión militar en Ecuador. Se limita a decir que no dirá nada en cuanto a las connotaciones políticas o militares de la misma.

C.O.T.- Por definición, los operativos militares se basan, para su éxito, en los factores del secreto y la sorpresa. ¿Cómo se pueden adelantar operaciones tan complicadas a unos procedimientos jurídicos que no fueron regulados para la guerra?

Y.R.A.- El problema es que el Código de Procedimiento Penal regula las actividades de policía judicial en un escenario de normalidad. La estricta aplicación de esas normas en un conflicto armado obliga a que cada vez que las Fuerzas Armadas den muerte a un guerrillero o a un paramilitar, funcionarios de policía judicial deban hacerse presentes en el lugar para el levantamiento del cadáver y para la recolección de los elementos de prueba. El reconocimiento del conflicto armado en Colombia debe obligar a replantear temas como éste, consolidando una legislación que regule las acciones de la fuerza pública dentro de ese particular escenario.

C.O.T.- ¿Significa que es necesaria una legislación especial para la guerra que se ajuste a las condiciones excepcionales en que se dan los ataques de un lado y otro?

Y.R.A.- Claro que sí. Es impensable que en medio de las históricas guerras mundiales o de Corea, se hubieran tenido que hacer presentes funcionarios de policía judicial para el levantamiento de cadáveres, valoración de heridos o recolección de proyectiles. Esa no es la lógica de un conflicto armado. Entonces si se reconoce su existencia, debe hacerse con todas las consecuencias que eso acarrea desde el punto de vista de las acciones que son propias de una confrontación armada.

C.O.T.- Pero en situaciones de guerra siempre hay una preocupación en materia de legislaciones especiales: que se presten para abusos de los combatientes, en particular de quienes representan la legitimidad del Estado. ¿Cómo prevenir tales abusos?

Y.R.A.- Para evitar esa clase de abusos existen las normas del Derecho Internacional Humanitario. En cumplimiento de los tratados que sobre esta materia ha suscrito Colombia, el Código Penal del año 2000 incorporó un título completo de delitos contra personas y bienes protegidos por el DIH, compuesto por 30 artículos que están referidos precisamente a actuaciones ilegales cometidas en desarrollo de un conflicto armado. Significa que en Colombia aplican las normas que internacionalmente se recomiendan para la humanización de los conflictos.

C.O.T.- El editorial de un periódico nacional dice que “la descalificación de plano de los computadores de Reyes deja un mal sabor que no es conveniente, pues, aparte del negativo impacto en la moral de las Fuerzas Armadas, hay quienes lo ven como una prueba más de que el alto tribunal no está siendo imparcial en estos asuntos”. Desde el punto jurídico, ¿tiene razón el editorial o la Corte?

Y.R.A.- Lo que llama la atención de esta decisión no es la tesis jurídica sobre la necesidad de excluir de un proceso las pruebas ilegalmente recogidas. Esa es una tesis muy antigua y reiterada de las cortes colombianas. Lo que ha despertado curiosidad es el caso concreto en que se ha aplicado, porque involucra una muy cuestionada incursión militar colombiana en territorio extranjero y la posibilidad de que se procese a un parlamentario por vínculos con un movimiento guerrillero. Pero si se hace abstracción de esos dos elementos, la decisión de la Corte no solamente es correcta, sino que no representa ninguna variación respecto de la jurisprudencia.

C.O.T.- ¿Es cierto que el fallo de la Suprema en el caso Borja encuentra sustento en varias sentencias de la Corte Constitucional que precisan cuándo una prueba es ilícita?

Y.R.A.- Cierto. El tema no es nuevo en Colombia. La Corte Constitucional lo ha abordado en varias oportunidades por lo menos desde el año 2002 y en la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia son muchos los pronunciamientos sobre la legalidad de la prueba.

C.O.T.- Siendo usted penalista, ¿le gusta o está en desacuerdo con el fallo Borja?

Y.R.A.- Lo que en el fondo se dice en esta decisión es que no todo vale en la recolección o práctica de pruebas; esa es la esencia de un Estado de derecho. No se puede pasar por encima de normas legales o constitucionales con el argumento de que ellas deben ceder frente a la necesidad de combatir el crimen, por grave que éste sea. Pero, del otro lado, esta decisión, puesta frente al reconocimiento de un conflicto armado en Colombia pone en evidencia la necesidad de desarrollar una normatividad propia para regular las acciones de la fuerza pública en ese particular escenario.

¿Qué pasa con la destitución de Piedad Córdoba?

Cecilia Orozco.- ¿Qué efectos puede tener el fallo de la Corte en otros procesos distintos al de Wilson Borja?

Yesid Reyes.- La consecuencia más importante de esta decisión es que el contenido de los computadores recuperados durante la ‘Operación Fénix’ no puede ser utilizado como medio de prueba en ningún proceso judicial o disciplinario. Aun cuando en estricto sentido la Corte sólo ha decidido para un caso particular, es imposible no extender los efectos de esa providencia a todos los demás procesos en los que se pretenda utilizar esa información.

C.O.- El procurador destituyó e inhabilitó por 18 años a la exsenadora Piedad Córdoba con base, precisamente, en lo que dice ese computador. ¿Se cae la destitución de Córdoba?

Y.R.- Sí, a condición de que esa decisión esté soportada solamente en el contenido de los archivos del computador de Raúl Reyes. Sin embargo, esa providencia conservará su validez si dentro de la investigación disciplinaria existen otros medios de prueba que sustenten su parte resolutiva.

C.O.- ¿Este fallo favorece las demandas que Córdoba interpuso contra la decisión del procurador?

Y.R.- Sólo si entre los argumentos de sus demandas se encuentra el de la ilegalidad de las pruebas.

Consecuencias políticas y judiciales

El fallo de archivo del proceso que adelantaba la Corte Suprema contra el político del Polo Wilson Borja, con el argumento de que la información del computador de Raúl Reyes era ilícita como prueba judicial, produjo ácidas críticas y tuvo repercusiones. En el campo político se pronunció el uribismo para atacar a la Corte, otra vez. El presidente, más discreto, también dejó saber que estaba en desacuerdo con la providencia. Habló sobre el tema, disimulando mal su satisfacción, el ecuatoriano Rafael Correa y la noticia se regó como pólvora en todo el continente latinoamericano, en donde la incursión inconsulta de Colombia a Ecuador provocó tanto rechazo diplomático. En el campo jurídico, las consecuencias no son menos hondas: Piedad Córdoba podría, eventualmente, recuperar su condición de senadora. Y otros procesados por sus presuntos nexos con la guerrilla se favorecerían por la nulidad de las pruebas. Entre ellos el periodista William Parra, el profesor universitario capturado en México Miguel Ángel Beltrán y el supuesto director de la página web Anncol, Joaquín Pérez. Finalmente, la audacia militar del expresidente Uribe y de su ministro de Defensa, el hoy mandatario de los colombianos Juan Manuel Santos, ha pasado su cuenta jurídica de cobro.

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Hernán Peláez Restrepo

Posted by pocho On marzo - 30 - 2011

Por: María Jimena Duzán

Fuente : Semana

Hernán Peláez cuenta los intríngulis de ‘La luciérnaga’ y las dificultades que ha tenido últimamente con la cadena en la que ha trabajado 40 años.

María Jimena Duzán: ¿Es cierto que usted tuvo una pelea con el nuevo director general de Prisa en Colombia, Adolfo Francisco Dolo, y que estaría pensando en irse de Caracol?

Hernán Peláez: Yo de pelea no estoy. Soy contratista y se lo dije al señor español: dos días antes yo le aviso que me voy o dos días antes usted me dice “se puede ir” y me voy. No soy empleado ni nada de esas vainas. Eso nos da cierta tranquilidad y cierta independencia. A él, en cambio, le dará alguna preocupación, porque el tema lo han agitado mucho en los medios.

M.J.D.: ¿Y cómo fue el altercado?

H.P.: Es que yo creo que él cometió un error. Imagínate que yo te dijera: “María Jimena, como tú ya tienes 66 años y estás pensionada, yo creo que deberías darle oportunidad a otra gente…”.

M.J.D.: ¿Eso le dijo?

H.P.: No, no me lo dijo a mí, sino que hizo una generalización de personas que estuvieran en esas circunstancias…

M.J.D.: O sea que cabían no solo usted sino otros nombres, como el de Darío Arizmendi.

H.P.: Me imagino que afectaría a Arizmendi, a Piedrahíta Pacheco, a Muñoz López, entre otros. Lo cierto es que alguien lo oyó y copió el mensaje. A los pocos días salieron varias personas jubiladas, y en la calle supusieron que las habían sacado, cuando el motivo era otro. Claro que también salieron personas no jubiladas, como Antonio Casale y Alejandro Villegas, que se fueron para RCN. A esas salidas se les sumó ese comentario inoportuno.

M.J.D.: Me cuentan que le produjo una subida de tensión que lo mandó a la clínica.

H.P.: Sí, hay personas que cuando las echan se deprimen. Pero a mí se me subió la tensión. Y le respondí: “Sí, usted tiene razón: los viejos nos podemos ir cuando nos dé la gana, no cuando usted quiera”.

M.J.D.: Pero, además, ‘La luciérnaga’ es uno de los programas más exitosos de Caracol…

H.P.: Pues sí, en sintonía y en facturación, y ese comentario no tiene justificación. Pero encima de eso, ¿qué tal que a usted le dijeran “mire, todos los que están viejos -yo lo estoy-, todos los que tengan más de sesenta años -yo tengo más de sesenta-, deberían irse”. ¡Noooo! Pero además está el tema de que esta empresa está en una situación en la que no retienen a nadie porque no tienen la intención ni la plata, que en el ‘otro lado’ sí hay.

M.J.D.: Me imagino que el ‘otro lado’ es RCN. ¿Es cierto el rumor de que se va para esa emisora?

H.P.: Mire, la historia es esta: alguien de RCN, no sé quien, sí le pidió a Gardeazábal que hiciera un perfil del grupo de La luciérnaga, porque querían saber quiénes éramos, cómo funcionábamos, cuánto ganábamos, etcétera, pero no más…

M.J.D.: ¿No más? Eso me huele a una preoferta.

H.P.: No, no ha habido más. Al único que se la han hecho es a ‘Risaloca’, quien trabaja con nosotros desde Medellín. Cuando él me contó, me fui a donde Ricardo Alarcón y le dije: “Hagamos algo para que no se nos vaya”. Eso se logró.

M.J.D.: Entonces, el grupo de ‘La luciérnaga’ sigue trabajando cohesionado en Caracol Radio…

H.P.: Por ahora, sí…

M.J.D.: Repasando su trayectoria, usted ha sido siempre un personaje indómito en Caracol. Se dio el lujo de dejar de presentar ‘La luciérnaga’ un año, en solidaridad por la salida de Artunduaga…

H.P.: Sí, es que a mí no me descubrieron ayer. Los que sabían de radio en Caracol eran los primeros dueños, don Fernando Londoño; los ‘Bavarios’ sabían hacer cerveza, y a estos nuevos lo que les importa son los números, aunque debo decir que el anterior gerente administrativo, Juan Piedra, era muy distinto. Los españoles primero se llevaron el oro y ahora se están llevando la plata…

M.J.D.: ¿Usted está con ganas de irse de Caracol?

H.P.: Yo creo que me quedo aquí. ¡Es que llevo cuarenta años, y a estas horas qué me voy a ir para RCN! Eso es como si tú estuvieras casada durante cuarenta años con el mismo y un buen día decidieras cambiar de mosaico. Nooo… Ahí sí como dicen: malo conocido que bueno por conocer.

M.J.D.: ¿Cómo es la receta de ‘La luciérnaga’?

H.P.: Es un programa que entretiene dando información de alta calidad. Para ello recurrimos a un humor mordaz e irónico a través de los personajes y a un humor blanco como el del ‘Cuentahuesos’, cuya gracia está en echar los cuentos más malos y bobos del mundo.

M.J.D.: Yo pensé que ‘La luciérnaga’ se iba a afectar con la salida de Díaz Salamanca, pero no fue así. ¿Cómo logró sobreponerse?

H.P.: Pues ahí fue cuando yo pensé en Gardeazábal. Lo llamé porque era muy irreverente.

M.J.D.: No le importó que él hubiera estado preso por el proceso 8.000.

H.P.: Para nada. Si ya lo habían clavado, ¿para qué más? Cuando él me dijo que sí, le cambiamos un poco el sentido al programa. Dejamos de ser tan imitadores y le dimos al oyente un poco más de información.

M.J.D.: ¿Cómo tienen tanta información?

H.P.: Aquí llega una cantidad de denuncias que nos ha desbordado. La última que nos pasó es increíble: nos pusieron una tutela por no haber hecho una denuncia que nos enviaron…¡Imagínese a dónde hemos llegado! Pero, además, Gardeazábal suministra una cantidad de información impresionante. La plata que él se gana en La luciérnaga se la gasta en atenciones. ¡Hace unos almuerzos! ¿Usted puede creer que hay ministros que van en avioneta y que por eso tuvieron que habilitar el aeropuerto de Tuluá? Van el procurador, los fiscales, los militares…¿Usted no ha ido?

M.J.D.: No clasifico para esos almuerzos, pero me imagino que es allí donde saca información…

H.P.: Yo creo que Gardeazábal es uno de los hombres mejor informados de Colombia y sé que maneja una agenda como de médico, por la gente influyente que le pide cita.

M.J.D.: ¿Cómo hace los libretos?

H.P.: Los construimos desde la mañana. Un libretista en Bogotá hace uno y otro lo hace desde Medellín. Solo son una guía y están basados en hechos reales. El que los interpreta puede salirse y hacer que su personaje crezca. Por ejemplo, así tenemos jodido a Roy Barreras.

M.J.D.: ¿Cómo lidia a los políticos y ministros que lo abordan para reclamarle por las imitaciones?

H.P.: Yo soy más bien asocial. Creo que voy a terminar como Danielito Samper Ospina, que no va a nada para que no lo jodan. Algunos se emberracan, pero la mayoría se extraña cuando los dejamos de sacar. Vargas Lleras me pidió una cita antes de ser ministro. Fue a decirme: hombre ustedes me dan muy duro, yo no hablo así. ¿Ah, sí , le respondí, ahora resultó que usted es de buen genio… ¡cómo no!

M.J.D.: Pero ustedes no solo friegan a los políticos, también a los colegas: a Salud Hernández, a Claudia López y hasta al mismo Néstor Morales, director de ‘Hora 20′, los tienen asoleados…

H.P.: Pero es que entre nosotros también nos damos palo… Hay un humorista argentino, Enrique Pinti, que dice que la mejor manera de reírse de otra persona es aprender a reírse de uno… Si es que mí me friegan en el programa, pero también a Gardeazábal.

M.J.D.: ‘La luciérnaga’ es un programa nacional que no se circunscribe a Bogotá…

H.P.: Yo traigo esa costumbre desde que hacía la Polémica del Deporte cuando yo entraba con 11 ciudades. Los locutores solo tenían una condición: que fueran de la región porque de esa forma tocábamos la idiosincrasia. Por eso tenemos personajes como la negrita de Buenaventura, la tolimense, la boyacense, el paisa, el santandereano…

M.J.D.: Hábleme de la música en ‘La luciérnaga’.

H.P.: Tiene su cuento, tiene que ser de la ‘muerto-teca’. Me explico: la mayoría de los compositores que yo pongo están muertos, lo cual es ventajoso porque ya no hay que pagarle derechos a Sayco. En la música busco que el oyente se identifique. Es decir que si pongo un bolero quiero que el que va en su carro se acuerde de su novia, de su moza, y se estremezca.

M.J.D.: ¿El presidente Uribe nunca los llamó ni se molestó con sus críticas ni con su humor?

H.P.: No. Nunca nos llamó. Nos mandaba razones con Gardeazábal y con Bernardo Moreno. Pero es que teníamos una táctica. A él no le dábamos, sino a sus subalternos. A Uribito, a Andrés Carriel y a Valencia Cossio. Esos eran tremendos personajes.

M.J.D.: ¿Cómo le ha ido con un yerno tan cerca del poder en este gobierno? Juan Mesa ahora es el gurú de las comunicaciones…

H.P.: Ni me molesta ni lo utilizo. De vez en cuando me dice: “Oye, que le has dado muy duro a fulano”. Y yo le digo: “¿Ahh, sí? Hombre, ni tanto”.

M.J.D.: Tengo los libretos de hoy….¿Ya los vio?

H.P.: ¿Quién se los dio? ¡Déjemelos ver! Mire, hoy van a hablar José Obdulio, Solarte, Nule, Roy Barreras, huuy, hoy le van a dar duro a Gardeazábal y a Martín de Francisco. A él lo fregamos por ese vocabulario tan especial que tiene. Por ejemplo, dice “no sea indocto” y al ministro de Defensa, que es como cura, siempre lo ponemos hablando en latín. ¿Lo mejor de esto sabe qué es? Que el imitado a veces termina hablando como nuestros personajes. Nos ha pasado.

M.J.D.: Veo que se divierte mucho.

H.P.: Es que en la medida en que entrés triste al programa te jodés, porque el oyente ahí mismo te pilla. El oyente nota cuando estás comiendo o cuando estás con gripa. Y si yo entro aplanchado, me tiro el programa. Se me acabó el tiempo: es hora de entrar al estudio.

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Gustavo Petro

Posted by pocho On diciembre - 3 - 2010

Fuente: El Tiempo

Caricatura: Matador

De algo bastante oscuro y turbio, esta contaminado el Polo. El Sr. Petro, no fue escuchado. Como el bien lo dice, el control esta en manos de unos cuantos. Lamento que esta opción de izquierda para nuestra democracia, se siga derrumbando. Nuestra amada Colombia, necesita de partidos fuertes y estables, de opciones políticas diversas; que nos lleven en conjunto a construir siempre, un mejor país. No importa el color, no importa que sean de izquierda, centro ó derecha; lo que importa es que los que elijamos como gobernantes, en principio nos generen bienestar y muchísima esperanza. Pocho

Caricatura: “Cambio” climatico en el Polo. Por: Matador

“El Polo ya no es el proyecto que fundamos”, afirma Gustavo Petro quien, tras años de pugna interna, decidió irse del partido.

En entrevista con EL TIEMPO, el ex candidato presidencial señala a los hermanos Iván y Samuel Moreno Rojas de ser los responsables de “la destrucción” del Polo.

¿Se va del Polo?

Sí. Me voy del Polo. Mi tiempo allí ya terminó.

¿Por qué?

Hasta el último momento manejamos dos opciones: una era esperar que el Polo se refundara a sí mismo, ante la magnitud de la crisis, los hechos contundentes que generó la consulta popular que gané y las evidencias de corrupción en su interior. Pero eso no sucedió. La otra opción es refundar el proyecto democrático con independencia de la actual estructura del Polo.

¿La decisión de la Comisión de Ética de no suspender a los hermanos Iván y Samuel Moreno mientras eran investigados precipitó su decisión?

Sí. Ahí se demostró que las instancias clave del Polo no fueron capaces de enfrentar el poder de la familia Moreno Rojas dentro del partido. Ese poder fue creciendo, siempre a través de métodos que tenían que ver con el uso del poder público. Eso estableció una ruptura con los principios fundantes del Polo de cero corrupción y la defensa de la Constitución del 91. El Polo ya no es el proyecto que fundamos.

¿No es usted también culpable de esta crisis?

Sí. Yo no fui capaz de ganarle a Samuel Moreno en la consulta a la Alcaldía, cuando apoyé a María Emma (Mejía). Tampoco hicimos control político en el Concejo desde el inicio de la administración.

¿Qué responsabilidad le asiste a Carlos Gaviria?

Yo lo apoyé cuando ganó la consulta presidencial en 2006. Luego, cuando yo la gané, él no me apoyó. Pero en el fondo la responsabilidad es de la Anapo y del Moir. Los Moreno Rojas, la Anapo, incrementaron su poder con la selección de delegados del partido y la entrega de contratos. Usaron a Gaviria para oponerse a mí. Creo que él no lo entendió ni lo ha entendido aún.

¿Le dolió algún hecho en particular?

Me dolió la campaña de sectores del Polo para mostrarme como uribista. Olvidan que Uribe trató de destruirme, y que hice los debates más grandes y profundos de la oposición colombiana en los últimos ocho años, sin desconocer otros. Todo esto a riesgo de mi vida.

¿Qué va a hacer al otro día de retirarse del Polo?

Voy a construir el acuerdo democrático progresista que no pude construir dentro del Polo, convocando a diversas fuerzas, para actuar por fuera del Gobierno, pero en interlocución de este, para conquistar mayorías electorales. No será un partido político, sino un espacio de convergencia.

¿Va a respaldar candidatos en las elecciones del 2011?

El año entrante habrá una reconfiguración de la política. Surgirán dos bloques: el viejo liberalismo, con Santos a la cabeza; y el uribismo. Las fuerzas que no están en el poder tenderán a aglutinarse. Ahí entraremos nosotros.

¿No le da ‘guayabo’ irse del Polo Democrático?

Indudablemente, es algo que yo fundé. Con él volvimos a competir en las grandes ligas electorales a nivel nacional. Cuando Uribe, hicimos una oposición valiente. No nos arrodillaron. Mientras muchos hacíamos esa oposición, un grupo pequeño se dedicó a sus negocios y así surgió la crisis.

¿Cómo le va a ir al Polo en el 2011?

En Bogotá, su plaza principal, va a tener un castigo muy grande. Mi esfuerzo consiste en que se construya un bloque democrático, que impida que la ciudad termine en manos de la extrema derecha tras las elecciones de octubre del próximo año.

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Lo inhabitual

Posted by pocho On diciembre - 1 - 2010

Por: Antonio Caballero

Fuente: Semana

Cuenta Rudyard Kipling en alguno de sus cuentos que un señor le preguntó a su fiel criado de muchos años:

—¿Qué harías si te dijeran que todo ha sido descubierto?

Y el fiel criado le respondió sin vacilar:

—Huiría, señor. Porque podría ser cierto.

No recuerdo qué hizo entonces el señor. Supongo que tuvo que matar a su fiel criado, por si acaso, sin preguntarle siquiera qué era aquello tan terrible que hubiera podido ser descubierto. El recuerdo del cuento me vino al leer que el general Miguel Maza Márquez, antiguo director del DAS, volvió a entregarse por cuenta del asesinato de Luis Carlos Galán, en vez de huir, como acaba de hacer su remota sucesora María del Pilar Hurtado y acaba de recomendarles el ex presidente Álvaro Uribe a sus demás secuaces que hagan todos. Y a Maza la Fiscalía lo acusa de algo más grave que espionaje ilegal o que cohecho: lo acusa de homicidio agravado con fines terroristas. Si se entrega, en vez de huir, tiene que ser por una de dos razones: o bien es inocente, y confía en el funcionamiento de la justicia, que en tal caso lo absolverá; o bien es culpable, pero confía en que la justicia no funcione, como es lo habitual en Colombia (tanto es así que hasta el ex presidente Uribe lo dice sin empacho), y en consecuencia lo absolverá también. Esa es, por otra parte, la razón por la cual no ha huido el propio Uribe: confía de lleno en la Comisión de Absoluciones de la Cámara que debe juzgarlo y, como es lo habitual, absolverlo.

¿Lo habitual? Pero es que están sucediendo en Colombia cosas poco habituales. Esos inesperados arrebatos de conciencia del Procurador. Esos todavía más inesperados arrebatos de sensatez política del nuevo presidente Juan Manuel Santos. Temo -por ellos- que tanto Uribe como Maza se estén equivocando.

Porque de su culpabilidad me cabe poca duda. En el caso de Uribe, todavía tenemos frescos los desafueros de su gobierno: y aunque todavía no haya pruebas ni confesiones de parte, todos tenemos la íntima certidumbre de que el responsable final de esos desafueros -espionajes, cohechos, corrupciones- es el ex presidente mismo. En el caso de Maza, siempre nos pareció a muchos -y así lo escribí aquí mismo en su día- enormemente sospechoso que se hubiera empeñado en desviar las investigaciones sobre el asesinato de Galán hacia la cabeza de un inocente señor Hazbún, que acabó preso y sufrió un infarto por cuenta de esa falsa acusación, y murió por ella. A un antiguo ministro que tuvo el valor de rendir testimonio a favor de la inocencia de Hazbún le hicieron un misterioso atentado que casi lo mata, por lengüilargo.

Lo habitual había sido siempre eso: acusaciones falsas a inocentes, investigaciones desviadas, absoluciones prefabricadas: hay que recordar que el único ex presidente colombiano juzgado y condenado por el Congreso (acusado de una vaga “indignidad”, y no de los muchos delitos concretos que había cometido desde su cargo en compañía de otros altos funcionarios y oficiales militares), el general Gustavo Rojas Pinilla, fue prontamente absuelto por otro tribunal. Por eso no es de extrañar la postura arrogante del ex presidente Uribe, que se sabe intocable por la misma razón que tuvo Rojas: la de que había cómplices. En cambio sí parece algo temeraria la del general Maza. Pero bueno: es que fue director del DAS durante muchos años. Se ve que sabe muchas cosas que pueden ser incómodas para muchas personas.

De modo que, pensándolo bien, no me atrevo a vaticinar lo que va a suceder en los casos de Uribe y de Maza. Y eso tampoco es habitual en estas columnas.

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