Por: Cecilia Ródriguez
Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia
La mitad de los 54 millones de viajes al extranjero por parte de ciudadanos chinos en 2011 fueron a Europa y para 2015 se esperan más de 100 millones de viajes.
Las inversiones chinas superan los 200.000 millones de dólares en Latinoamérica.
Este no es un comentario racista. Más bien, una observación inevitable: los chinos están por todas partes. En África compran tierra y hacen préstamos; en Latinoamérica consolidan lazos comerciales y financieros, hacen préstamos y compran tierras. En el 2011, China prestó más dinero a Latinoamérica que el Banco Mundial y el BID juntos y es el segundo socio comercial de la región, por encima de la Unión Europea. Las inversiones chinas superan los 200.000 millones de dólares en sectores como minería, energía, industria petrolera y petroquímica, infraestructura y telecomunicaciones por todo el continente.
Aquí, en esta económicamente debilitada Europa, las cosas no son muy diferentes. China, con su creciente poder financiero, incrementa sus inversiones. Xi Jinping, vicepresidente de China y muy probablemente próximo líder máximo, con una delegación de 150 funcionarios, vino recientemente a Irlanda y todos se preguntaban: “Qué quieren comprar ahora?”. Los otros países más endeudados, como España, Grecia, Portugal e Italia, también han recibido visitas de altos funcionarios, como el primer ministro, Wen Jiaban, y el presidente Hu Jintao, al tiempo que fondos y corporaciones públicos y privados de China compran grandes paquetes de acciones en compañías de servicios públicos en los países de la Unión.
La presencia china aquí es aún más conspicua. La mitad de los 54 millones de viajes al extranjero de ciudadanos chinos en el 2011 fueron a Europa y para el 2015 se esperan más de 100 millones de viajes. Esos enormes números están transformando irrevocablemente la industria turística.
En grandes ciudades como en pequeños pueblos, caminando tras eficientes guías, los grupos de turistas chinos pasan rápidamente tomando fotos, haciendo compras y desplazándose a los buses que los llevan al próximo sitio sin pérdidas de tiempo. Los grupos han variado mucho en una década. Hombres de vestidos oscuros, generalmente funcionarios públicos, con modernas cámaras de fotos colgando del cuello, han sido reemplazados por grupos variados en edad en los que predominan mujeres y jóvenes estudiantes. El viaje promedio es por una semana o 10 días visitando 6 o 7 países. Se quedan en hoteles de 3 o 4 estrellas en los suburbios, porque son más baratos, y por un precio total de aproximadamente 1.650 euros.
Los hoteles europeos han tenido que adaptarse a las necesidades chinas y ahora ofrecen teteras eléctricas y té verde en los cuartos, periódicos y canales de televisión en chino, y hasta han redecorado las habitaciones para que tengan buen feng-shui. Igualmente, se aseguran de tener un restaurante chino cerca, porque los turistas chinos prefieren su comida para evitar problemas estomacales con productos a los que no están acostumbrados, durante el corto viaje.
No solo los hoteles se han adaptado. Se proyecta que los gastos en Europa por parte de los viajeros chinos van a doblar los 40 mil millones de euros del año pasado en el 2015. Un tercio de esa suma la gastan en ropa, relojes, bolsos de marcas de lujo, que son considerados símbolos de estatus y que de paso han disparado a empresas como Louis Vuitton, Prada y Burberry, que figuran entre las preferidas.
Los museos, buses y barcos turísticos ofrecen panfletos, sitios de web y grabaciones en lengua china, y más y más señales y avisos en almacenes y vitrinas de las mayores capitales tienen traducción al chino. Los principales almacenes, sobre todo de París, contratan vendedores que hablan el idioma y ofrecen descuentos y puertas especiales de entrada para los grupos chinos.
La presencia china en el mundo es una realidad. Por eso, el título del diario Irish Times es particularmente relevante: ‘Los chinos están aquí, parezcan ocupados’.


