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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

La lechuza y el futbolista

Posted by Pocho On marzo - 1 - 20111 COMMENT

Por: Reinaldo Spitaletta

Fuente: El Espectador

El hecho (¿la fábula?) lo conforman una lechuza y un futbolista. Ya, de por sí, un dueto extraño. Una lechuza en un campo de fútbol es un suceso extraordinario, perteneciente al realismo maravilloso, solo posible, por ejemplo, en una ciudad como Barranquilla. Pero que el deportista, tras ver al animal caído, luego de recibir un balonazo, la emprenda a patadas contra el avechucho, sí es un acto irracional.

Es posible que el futbolista panameño del Deportivo Pereira, acostumbrado a dar patadas, no midiera las consecuencias del hecho en cuestión. Su equipo iba perdiendo y a lo mejor creyó que se trataba de una maña (el fútbol es un deporte lleno de ellas) de los contrarios para “hacer tiempo”. O, como también dijo, quiso sacar al ave de la cancha y se le fue “la pata”. Como sea, el gesto agresivo fue repudiado de inmediato por la concurrencia y provocó indignaciones en locutores, aficionados y en todas partes.

Dentro de las reacciones hay las que piden procesar al futbolista por maltrato animal. Le han gritado de todo, que si así es en la casa, que si trata de esa manera a su madre o sus parientes, en fin. Hay algunos que recuerdan ahí mismo los días en que el Tino Asprilla le daba patadas a un bus o cuando amenazaba con disparar. Otros mencionaron a unos policías que torturaron una perrita. La vociferación en el estadio alcanzó para decirle “¡asesino!” y aplicarle la palabra que más les gritan a los árbitros.

El caso de la patada contra la lechuza es, desde luego, repudiable. En los últimos años, póngale unos veinte, el fútbol colombiano se ha visto plagado de hechos no sólo bochornosos sino sangrientos. Ha sido un deporte penetrado por las mafias, que en otros días condujeron, por ejemplo, al asesinato de un árbitro en Medellín. Varios futbolistas se vieron involucrados en bandas criminales en los tiempos de Pablo Escobar y el dos de julio de 1994 fue asesinado Andrés Escobar.

La empresa denominada fútbol ha sido utilizada como lavadero de dólares y también en los últimos tiempos las barras futboleras pasaron de ser agrupaciones de hinchas alegres y bullangueros a montoneras de lumpen. Y esa degeneración está vinculada con delincuencia, tráfico de estupefacientes y otras actividades que no deberían estar unidas al deporte. ¿Cuántos asesinatos se han cometido por barristas? ¿Cómo viven los vecinos de los estadios en Colombia? ¿Por qué las familias no volvieron a esos escenarios?

Hay un asunto muy particular en Colombia: la violencia lo atraviesa todo. No ha habido modos civilizados para resolver diferencias y conflictos. La cultura que se ha impuesto, y viene también de altos niveles de la sociedad, ha sido la de la barbarie, la intolerancia y la brutalidad. Se busca borrar al otro. Se han patentado mecanismos para darle la primacía a la fuerza y no a la razón.

Algunos, ante la patada contra la lechuza del estadio Metropolitano, han dicho que ojalá la gente también reaccionara con la misma o mayor intensidad contra los atropellos gubernamentales; o ante las distintas violencias que se han vuelto parte de la vida cotidiana del país. Se ha impuesto, de otro lado, el silencio, porque se sabe que las protestas contra paramilitares, guerrilleros, bandas delincuenciales, en fin, pueden terminar o en “falsos positivos” o en la desaparición de los contradictores.

El abundante coro de reacciones por lo de la lechuza incluye a aquellos que sugieren que los futbolistas (también sus entrenadores) deberían tener, aparte de su formación técnica y de tácticas y estrategias, educación humanística, literatura, ética, y hasta saber sobre las leyes de Newton o cálculo diferencial. Esto los acercaría al ser humano y los sacaría de ese mundo de animalidad en que muchos de ellos están.

Esa parte del circo, que es el fútbol (Garrincha decía que en rigor los futbolistas son payasos), se empañó con el patadón a la lechuza. A lo mejor, esa suerte de mascota del estadio lo único que quería era hacerse notar para recibir algún aplauso. No contaba con que el hombre, en general, es una de las especies inferiores de la naturaleza.

Cibermatoneo

Posted by Pocho On marzo - 1 - 2011ADD COMMENTS

Por: Guillermo Santos Calderón

Fuente: El Tiempo

Lo principal es actuar. Recolectar pruebas para cualquier acción legal que se quiera tomar.

En esta sociedad permanentemente conectada a Internet y que accede frecuentemente a redes sociales como Facebook, el ‘cibermatoneo’ -tinyurl.com/4z2glr8 (inglés)- es una práctica que ha venido sustituyendo al matoneo tradicional entre jóvenes.

La formación de grupos en Facebook para humillar y agredir a jóvenes ya ha causado algunas muertes. Por ejemplo, en el 2003 el joven norteamericano Ryan se suicidó por haber sido atacado durante varios años en redes sociales con el chisme de que era homosexual. En enero del año pasado, Phoebe Prince también se quitó la vida luego de ser acosada virtualmente y luego de sugerírsele que si no quería seguir en eso se debería quitar la vida.

La formación de grupos en Facebook con el propósito de atacar a una persona, la retransmisión de fotos indiscretas, el reenvío de mensajes de texto entre celulares o correos electrónicos que generalmente se obtienen de una forma malintencionada, engañando al atacado, siempre mediante el uso de computadores, celulares y otros aparatos electrónicos, son algunas formas de ‘cibermatonear’.

Los padres de jóvenes con síntomas de estar siendo víctimas de esta agresión, como depresión, tristeza, rabia, frustración y baja autoestima, deben tomar medidas para evitarlo y, si es del caso, acudir a las autoridades o a la justicia.

Lo principal es actuar para que esto no siga sucediendo, recolectar las pruebas para cualquier acción legal que se quiera tomar. Aunque sea doloroso, hay que entender que son jóvenes que están empezando su vida. Lo primero es tratar de que los que están haciendo el ‘cibermatoneo’ desistan. Hay que hablar con ellos o con sus padres, eso sí, siempre con altura y educación. Si esto no sirve, se debe comenzar a recolectar las pruebas, como imágenes de pantallazos con la información agresiva, copia de los mensajes de texto, de los correos que circulan los ‘cibermatones’ y de sus conversaciones en chats, para luego ir a denunciarlos.

Otra medida que se puede tomar es solicitarle a Facebook el cierre del grupo creado para ‘cibermatonear’, aunque esto puede ser negado. Se deben usar las herramientas de bloqueo que Facebook provee para que un usuario no pueda acceder al Facebook del agredido y, por lo tanto, ver su información, sus fotos y sus mensajes. Es importante usar un pasaporte o una clave fácil de memorizar, pero difícil de adivinar o, en último caso, se puede usar uno de tantos programas -como Spector- para hacerle seguimiento a lo que su hijo hace en Internet y ver lo que está pasando para poderle ayudar.

¿Será que nuestros jueces están listos para procesar casos de ‘cibermatoneo’? Habrá que verlo.

Corrupción

Posted by Pocho On febrero - 27 - 2011ADD COMMENTS

Por: Daniel Samper Pizano

Fuente: El Tiempo

Caricatura: Langer

Numerosos casos y estudios recientes revelan la magnitud de la podredumbre administrativa en Colombia

Sospecho cada vez con más firmeza que la corrupción se chupó a este país, sobre todo ante los escándalos de los últimos días. Ya los contratos de obras en Bogotá nos habían molido con su descaro, su elevado monto y la impunidad de los principales acusados, que dictan desde Miami sus declaraciones judiciales, llamadas “deposiciones” con comprensible sindéresis.

Siguió luego el informe de Semana sobre las prebendas que reparte el Consejo de la Judicatura, donde muchos jueces ocupan un efímero cargo auxiliar y, gracias a esa “palomita”, se jubilan con pensiones multimillonarias. El truco cuesta a los contribuyentes 140.000 millones de pesos. ¿Qué diferencia hay ya entre un empresario que esquilma al Estado mediante contratos leoninos y un magistrado tramposo, que defrauda la legalidad y dignidad de la República?

Pronto surgió un nuevo escándalo: el abogado Ramón Ballesteros, colaborador de ilustres personajes, profesor de Derecho y ex director alterno del Partido Liberal, se destapó como pícaro confeso. Su intento por comprar testimonios falsos siembra nuevas dudas sobre el sistema de repartir condenas a base de declaraciones extraídas a siniestros delincuentes que mienten atraídos por la rebaja de penas: testimonios que a veces las autoridades acogen con la reverencia y credulidad que merecerían las palabras de un profeta bíblico o un premio Nobel.

Remató tanda la noticia de que los subsidios y préstamos otorgados en el gobierno pasado a través del programa Agro Ingreso Seguro no eran tan inocentes como lo proclamaba el ex ministro Andrés Felipe Arias. Por no serlo, la Fiscalía General acaba de acusar a 22 personas de diversos delitos económicos. Dicho sea de paso, dos de las pocas noticias buenas de los últimos días en este campo han sido la posesión de Viviane Morales, una Fiscal de armas tomar, y el avance en el Congreso del Estatuto Anticorrupción que presentó el ministro Germán Vargas Lleras.

¿Nos chupó la corrupción? Así lo cree el 63 por ciento de los colombianos, según encuesta Gallup publicada el viernes, y así lo corroboran varios estudios. El más reciente, de la Auditoría General de la Nación, asegura que el Estado recupera apenas 8 de cada 1.000 pesos malversados o robados. Hace un año, la misma oficina calculó que el 10 por ciento de todos los presupuestos públicos se desvía a pagos indebidos. Este porcentaje significa 18 billones de pesos anuales, pero es menos pesimista que el 12,9 por ciento que, de acuerdo con el zar anticorrupción, se comen los sobornos y serruchos de la contratación pública. La Auditoría afirma que el sistema de controles internos cuesta una barbaridad y sirve de poco. Hay más de 4.500 dependencias de control interno, muchas de las cuales no cumplen su cometido o acaban corrompidas, como afirma la Fiscalía que lo ha hecho en el vergonzoso “carrusel de contrataciones” el contralor de Bogotá, Miguel Ángel Moralesrussi.

¿Nos chupó la corrupción? Las cifras dicen que sí: cursan 26.000 investigaciones por cohechos, concusiones y peculados. De ellas, la Justicia solo alcanzará a fallar algunas. Las demás terminarán en un oscuro limbo, que beneficia a los corruptos. También dicen las cifras de Transparencia Internacional que somos tierra abonada para la podredumbre administrativa. De 138 entidades que investigó esa organización, solo cuatro revelan bajo riesgo de corrupción, y la mayoría se ubica en riesgo medio, alto o muy alto. Entre las instituciones más corrompidas figura el Congreso de la República.

Ante semejante estado de cosas, ¿cómo no aceptar que la corrupción nos está chupando, noqueando, devorando?

ESQUIRLA. Una forma refinada de corrupción política es la reforma del censo electoral (artículo 47 de la Ley 190 del 2010), que expulsa del bloque de votantes a quienes se abstuvieron de depositar su sufragio en las últimas elecciones y omiten inscribirse de nuevo. De este modo, 15 millones de ciudadanos, muchos de ellos opositores o abstencionistas desencantados, dejan de existir ante las urnas, en un recorte antidemocrático de sus libertades.

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