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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Archive for the ‘Opinión’ Category

Viejo el viento

Posted by Pocho On octubre - 24 - 2011

Por: Hernán Peláez Restrepo

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Sí, viejo el viento y sigue soplando. Sencillamente, para advertir que los años no pasan en vano para nadie, aunque siempre los buenos jugadores aprenden a aferrarse a sus experiencias y logran ofrecer buenos resultados.

Tal es el caso de Hamilton Ricard, El Tigre Castillo, Banguero y Gerson González, quienes con Quindío y América están dando pelea en un campeonato irregular, apretado, y donde cualquiera le puede ganar a cualquiera. Y es allí donde los veteranos entran a jugar un papel trascendental.

Es más, me atrevo a pensar que ninguno de los citados arriba perdería el puesto con los jóvenes suplentes de Millonarios, porque éstos se sienten suplentes, se conforman con serlo, y no exhiben voluntad y talento para desbancar a los titulares. Supongo que cuando a un jugador rotulado como suplente le ofrecen la opción de ser titular debe exigirse a sí mismo y a fondo. En el caso de Millos, ni Vásquez fue el organizador de juego, ni Rodríguez, otrora buen prospecto, que resultó expulsado casi inmediatamente al ingresar. Blanco, Henríquez y Manga, buenos muchachos, aunque suplentes confesos. Ese cuento de los 25 profesionales lo dicen los técnicos para mantener diplomáticamente unido al grupo. Todos sabemos que en los equipos hay titulares y suplentes, a no ser que sean los casos de Higuaín y Benzemá, que en el Madrid pelean por la titularidad y cuando uno de ellos entra cumple con goles.

Ahora, el caso de El Pecoso Castro es llamativo. Siempre se las ingenia para sacarle jugo a los veteranos. Una vez fueron Villagra y Rodas, después Léider Preciado, Elkin Murillo y Rodas. Ahora es Hamilton Ricard. A todos ellos los rodea de jóvenes, correlones, con entrega y que han aprendido a tocar de primera la pelota y asociarse bien en lo que llaman triangulaciones en los costados. El Pecoso, además, parte de una premisa sencilla. Mientras gane su equipo en el Centenario de Armenia, está en las finales. Eso lo está cumpliendo, y sabe explotar en cada partido las debilidades del rival. En la amplia victoria sobre Millos, 3-0, su lateral izquierdo, Fabio Rodríguez, supo sorprender al rival, arrimar a zonas libres, tirar los centros, uno arriba y otro abajo, para que Ricard marcara los dos primeros goles. Millos nunca entendió qué hacer y resultó tan confundido y perdido que sus delanteros inicialistas, Preciado y Carpintero, debieron salir por inoperantes.

Sé que el uniforme no juega. Sin embargo, la vestimenta de Millos no tiene vínculo alguno con la tradición. Quizás cuando se juega tan mal es preferible esconder el uniforme titular.

Como anoté al comienzo, la edad no interesa en el fútbol de hoy. El que sabe, sabe, así tenga una montaña de años a la espalda. El caso patético radica en que los jóvenes no superen a los viejos, porque son conformistas, ingresan a jugar sin ambición, sin ganas, y ahí es donde casi siempre pierden.

La brisa del Pacífico

Posted by Pocho On octubre - 23 - 2011

Por: Alfonso Carvajal

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

La cultura en nuestro país es de quijotes, y esa ha sido la tenacidad de Darío Henao, decano de Humanidades de la Universidad del Valle, quien, con las uñas y mucha imaginación, ha venido realizando la Feria del Libro del Pacífico.

Sí, Cali es una de las sucursales del cielo y tal vez sea por esa brisa que viene del mar Pacífico, que todo lo alivia y encauza mágicamente el ardor tropical. También por la música y su ritmo tatuado en las caderas de sus mujeres de extravío y canela. La cultura en nuestro país es de quijotes, y esa ha sido la tenacidad de Darío Henao, decano de Humanidades de la Universidad del Valle, quien, con las uñas y mucha imaginación, ha venido realizando la Feria del Libro del Pacífico, que por estos días celebra su edición 17.

Un certamen que ha introducido como móvil temático la riqueza de la cultura afrocolombiana en sus distintas formas y matices, y que ha realizado simposios inolvidables, como el hecho en homenaje a Jorge Isaacs, al cual asistieron expertos de varios continentes.

Y que ha sido un puente entre esta urbe singularmente mestiza, que todavía se debate entre los aires provincianos y el empuje de una metrópoli en expansión, con otros pensamientos del mundo que enriquecen las relaciones humanas.

Esa es la cultura, señores, que poco nos dan… Ya no están Andrés Caicedo, ni esa fabulosa marea furiosa y talentosa de directores de cine, pero todavía nos cruzamos con Umberto Valverde, autor de Bomba Camará y Reina Rumba, dedicada a Celia Cruz, o con un pirata de mar y tierra, Édgard Collazos, artífice de El demonio en la proa, o con Fabio Martínez, un Habitante del séptimo cielo, o con Julián Malatesta, impulsor de la poesía contemporánea, o con la fuerza narrativa que Álvarez Gardeazábal dejó en novelas canónicas: Cóndores no entierran todos los días, que marcaron el periodo de los gamonales y la violencia a ultranza en el Valle rural.

En esta ocasión, el país invitado de honor fue China, que ha graduado a más de 10.000 alumnos en hispanística en los últimos 50 años. Un país con grandes proyectos de largo plazo, de los cuales, infortunadamente, aquí carecemos. Un país que conversa con los signos mágicos de otras latitudes universales y que respeta la memoria de sus semejantes.

Cómo olvidar a Dong Yangsheng, traductor del español al mandarín de Don Quijote y que canta emocionado Lamento borincano interpretado por Daniel Santos, y a sus 74 años sale a bailar con los movimientos de un elegante niño virtuoso. Esa es la cultura, que poco nos dan… Y la brisa, la brisa salvaje, la brisa apacible, corre y cae la noche sobre Cali iluminando el cielo.

Defensa a un Estado laico

Posted by Pocho On octubre - 21 - 2011

Por: Juan Gabriel Vásquez

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

La semana pasada, en plena discusión nacional sobre el aborto, Enrique Gómez Hurtado —ese representante titulado de lo más peligroso de la caverna colombiana— perpetró unas opiniones que no merecen ser olvidadas.

Refiriéndose a las situaciones en que la Corte Suprema ha decidido que se puede interrumpir un embarazo, Gómez Hurtado opina que “cualquier persona puede decir que fue violada”, y que eso de la violación “es una situación que no se puede comprobar y muchos quieren salir del compromiso asesinando a una persona” (sic). Le debió de parecer que en esas frases no había agredido suficientemente a las víctimas de una violación y, en general, a las mujeres, porque las sandeces se le siguieron escapando por la boca: como “no sabemos dónde comienza la malformación”, se concluye que las mujeres que aborten en esos casos quieren “sacar ventaja quitándose una responsabilidad” (otra vez sic). “Cualquiera es malformado cuando lo que se quiere es no tener un hijo”, dice, y se da prisa en aclarar, por si sus credenciales pudieran ponerse en duda, que él es “un experto en términos de moral, un defensor del orden y el progreso” (sic, sic y más sic).

Y entonces uno se da cuenta de lo poco que han cambiado las cosas entre los dos Gómez. Gómez el viejo, Gómez el joven: poco ha cambiado. Uno se acuerda de esos años en que también Gómez (el viejo) se declaraba dueño de la moral colombiana para cerrar, por ejemplo, una exposición de los desnudos de Débora Arango. Era lo de menos, claro, porque en realidad lo que le hubiera gustado a Gómez (el viejo) habría ido mucho más allá de unos cuantos lienzos de mujeres empelotas: si lo hubieran dejado, Gómez (el viejo) habría instalado en Colombia un nacional-catolicismo como el de la España de Franco, un sistema de gobierno en el cual la religión del Vaticano fuera la única manera de ver el mundo. Pensando en eso, uno se acuerda de ciertas partes de Laureano Gómez y los masones, el libro en que Thomas Williford cita los escritos de Gómez (el viejo) sobre Mussolini. La desgracia de Italia, escribe Gómez (el viejo), fue no haber hecho caso de las palabras del presbítero Vicente Gioberti: “La religión es la base del genio nacional”. Lo que se creó entonces, se lamenta Gómez (el viejo), fue un país donde “todo recuerdo de la religión católica quedó excluido de la nueva vida pública”.

Ese lamento es el mismo, en contenido y aun en forma, que flota hoy en día en el partido Conservador de nuestro conservador país. Esos son los amigos de Alejandro Ordóñez, el hombre del crucifijo al fondo: nostálgicos de una época en que la religión católica determinaba la constitución y la ley. A quienes defienden el derecho de la mujer a abortar en tres casos taxativos los acusan de promover el aborto; con la misma lógica (sic), acusan a quienes defienden la laicidad del Estado de atacar a los creyentes. Pero el Estado laico —increíble que sea necesario decirlo una vez más—, lejos de atacar una religión, es la mejor defensa de la igualdad de todas las religiones: al no asumir ninguna, garantiza la coexistencia de todas. Ese país (que a uno le gustaría y que al procurador Ordóñez y a José Darío Salazar les choca tanto) se salvó la semana pasada. Tuvimos suerte, pero nadie duda que los ataques seguirán. Habrá que seguir defendiéndonos.

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