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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Archive for the ‘Denuncias’ Category

Una justicia antiuribista

Posted by Pocho On agosto - 3 - 2011

Por: María Isabel Rueda

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Son tantos los escándalos que se están destapando sobre el anterior gobierno, que la Justicia tiene abundantes casos para escoger en cuáles aplica sus arbitrariedades antiuribistas.

Es cierto, como lo reclama el ex presidente Álvaro Uribe, que la Justicia en Colombia se politizó. Más evidentemente, se volvió antiuribista. Y como lo denuncia en su Twitter, muchas de las medidas que hoy se toman contra ex funcionarios o parlamentarios uribistas no solo están investidas de cierta saña, sino que vienen antecedidas de condenas mediáticas en virtud de las cuales, a magistrados o jueces les queda muy poco espacio para fallar sin darle gusto a la galería.

El presidente Uribe no lo va a aceptar nunca: pero parte importante de la culpa de que eso esté pasando, la tiene él mismo. Como gobernante, graduó torpemente a la rama judicial de antigobiernista, cuando lo que había era unos pocos magistrados antiuribistas que no hacían mayoría. Desde entonces se dedicó a fomentar casi deliberadamente la sensación entre las altas cortes de que desde el Gobierno los perseguían, los chuzaban, espiaban a sus familias, investigaban sus cuentas bancarias. Hoy es bastante improbable encontrar objetividad con ex funcionarios de su gobierno o parlamentarios que, justa o injustamente, han sido llamados por la justicia.

Por ejemplo, aún resuenan en mi cabeza las tremendas expresiones de la fiscal Viviane Morales contra Andrés Felipe Arias, seguramente para copar los anhelos de linchamiento mediático. Aunque su función va hasta la instrucción del proceso, porque ella no es la que juzga, al ex ministro de Agricultura ya lo condenó como el prototipo del “delincuente de cuello blanco”. Y para solicitar la privación de su libertad, lo calificó como un “peligro para la sociedad”.

Tal expresión fue recibida con sorpresa e incredulidad por la opinión pública. La única explicación de que la doctora Viviane crea algo tan absurdo, es que tema que Arias se le vuele a la justicia, de pronto pidiendo asilo en Panamá. Eso también es culpa del ex presidente Uribe, que cometió una grave equivocación al haber orquestado el asilo de María del Pilar Hurtado. Pero entonces volvemos al círculo vicioso: también es cierto que la ex directora del DAS ya estaba condenada mediáticamente. Para haberla juzgado con objetividad, habría tenido que importarse a un magistrado de Ucrania, pues uno de Colombia no resiste semejante presión condenatoria de los medios.

Vamos al caso de la Corte Suprema de Justicia. En su Sala Penal hay una magistrada que cree que el gobierno de Uribe le rompió la barra de los frenos del carro para atentar contra su vida. Otro magistrado está convencido de que Uribe mandó a unos ladrones a su casa a que le sustrajeran el computador de la sala. Hay otro magistrado que jura que Uribe lo mandó matar. Y otro, que el gobierno de Uribe le armó un dossier a sus infidelidades matrimoniales. Mientras todo eso es bastante absurdo, sí es cierto que bajo el gobierno Uribe les instalaron grabadoras debajo de la mesa. Se sienten con motivos para detestar al ex presidente. No obstante, los procesos contra funcionarios y parlamentarios uribistas avanzan sin que sus magistrados se declaren impedidos. ¿Qué objetividad pueden tener? Prueba de ese fastidio es que la Sala Penal le congeló a Uribe la elección de Fiscal. ¿O cómo se explica que a la candidata de Uribe la hubieran rechazado porque sólo sacó 14 votos, y a la de Santos la hubieran elegido con los mismos 14? Con ese sentimiento en el alma no se puede administrar objetivamente justicia.

De manera que la obsesión del ex presidente Uribe de que sectores de la Justicia persiguen a su gobierno es absolutamente cierta. E independientemente de que él mismo tenga la culpa de que eso sea así, sus denuncias no son locas ni injustificadas.

Pero, por desgracia, son tantos los escándalos que se están destapando sobre el anterior gobierno, que la Justicia tiene abundantes casos para escoger en cuáles aplica sus arbitrariedades antiuribistas.

Pequeñas verdades

Posted by Pocho On agosto - 1 - 2011

Por: Cristian Valencia

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Estamos en un buen momento y tenemos unos jugadores excelentes y unas selecciones que comienzan a generar cosas bonitas.

Cuando veo los comentarios de los lectores sobre la goleada de Colombia a Francia, caigo en cuenta de que la enfermedad viene de lejos, es crónica y nunca fue tratada. A pesar del juego vistoso y de los cuatro goles, muchos comentarios son desesperanzadores; dicen, palabras más o menos, que no debemos confiar porque las selecciones Colombia son expertas en generar grandes expectativas y luego derrumbarse en los momentos decisivos. En eso consiste la enfermedad, en esperar con fe de carbonero que todo se derrumbe. Un virus violento que, cuando se instala en la psiquis de una nación, es difícil de combatir, a menos que se ataque de raíz, cosa que en Colombia no ha pasado. Y como no ha pasado, el virus se ha fortalecido durante los últimos 17 años, cuando ‘la gloriosa’, la mejor, selección de fútbol del mundo, la que todos tenían por finalista, la que hizo una impecable eliminatoria, inexplicablemente depuso sus armas en el mundial de Estados Unidos en 1994.

Nadie entendió jamás lo que sucedió. Fue como si hubieran cambiado a los hábiles jugadores de la eliminatoria por unos novatos desganados y desconectados entre sí. Ese equipo del 94 sepultó para los jóvenes futbolistas que los sucedieron -y para los hinchas- la idea de que era posible ser los mejores, la idea de ganar una copa mundo. Y como nadie nos explicó jamás lo que sucedió, el virus se hizo más fuerte. Y desde entonces ataca sin clemencia en los momentos decisivos.

Si ‘la gloriosa’ hubiera salido a jugar su juego, el país sería otro: hubiera llegado una racha de optimismo impresionante. Me atrevo a decir que tendríamos una mejor calidad de vida, habríamos ido a todos los mundiales y el torneo nacional llenaría los estadios.

Pero, ajá: dejé de ver fútbol durante 12 años por culpa de esa selección del 94. Por mi salud mental me obligaba a evitar hasta los partidos de barrio. Quedé síquicamente desbalanceado, como si me hubiera abandonado el amor de mi vida. Y conozco a mucha gente que jamás se recuperó: dejó de ver fútbol para siempre, de jugarse el corazón otra vez por miedo a verlo partido en mil pedazos. Desde entonces, muchas personas no le apuestan a ninguna selección Colombia. Y siempre que se trae a colación el tema con un colombiano mayor de 25, la conversación sucede en clave triste y aparecen las miles de versiones que se hicieron al respecto. Vale decir, que ninguna ampara la posibilidad de que esas derrotas se produjeron por razones futbolísticas. La confianza en esa selección era de un tamaño enorme porque era un equipo enorme. Entonces, ¿qué fue lo que pasó? La verdad solo la saben los jugadores y el cuerpo técnico. Y con esa verdad se quedaron. Nunca nos la dijeron.

Pero ahora que hablamos de verdad, justicia y reparación, estaría bien que comenzáramos por esas pequeñas verdades. A primera vista, parece una banalidad, pero esa verdad la necesitamos tanto como la verdad del Palacio de Justicia, de las masacres, de la corrupción política. Porque esas oscuridades, todas, nos llenan de desconfianza hacia el Estado y sus instituciones y pueblan el imaginario popular de versiones terribles sobre lo que pasa en realidad en nuestro país.

Este es el momento de hablar, y le pido públicamente al profesor Maturana, a quien respeto profundamente, que nos diga la verdad de una buena vez para comenzar a terminar con ese mal. Sería el comienzo de algo, la verdadera semilla de la confianza. Porque, si aquello sigue en la oscuridad, se seguirán malogrando jugadores. Aproveche, profesor Maturana, que estamos en un buen momento y tenemos unos jugadores excelentes y unas selecciones que comienzan a generar cosas bonitas. Si esa verdad permanece oculta, es probable que el virus ataque nuevamente en el momento menos indicado y sumaremos más tristezas para este escudo en la camiseta.

Pepito grillo

Posted by Pocho On julio - 30 - 2011

Por: Catalina Ruiz-Navarro

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Caricaturas: Matador

La prueba a la que se enfrenta Pinocchio para convertirse en un humano es saber diferenciar entre lo bueno y lo malo y escoger lo bueno, solo entonces será un niño de verdad.

Nombre caricatura: Procurador en contra de las bodas gay

La conciencia y el buen uso de la misma es la que convierte al muñeco en persona, es la prueba de la Mayoría de Edad. Para el cuento, el ejercicio de la conciencia es la operación humana por excelencia, es la facultad para decidir acciones y hacerse responsable de las consecuencias de acuerdo con las concepciones propias del bien y del mal.

Esta semana se acaba de pasar un proyecto de ley para reglamentar la objeción de conciencia.  No es la primera vez, en agosto de 2010 el procurador, Alejandro Ordóñez dijo que se requiere dotar a la sociedad de instrumentos protectores de la objeción de la conciencia de las personas que consideran que el aborto es un delito “que no solo afecta la vida del ser más indefenso de la humanidad que es el feto, sino que agravia la conciencia de los colombianos”. También habló de objeción de conciencia en diciembre, a propósito de la cátedra sobre derechos sexuales y reproductivos en los colegios (que incluía hablar del aborto de una manera objetiva y seria, con pros y contras y sin efectismos sensibleros), y ahora, tras el fallo de la Corte Constitucional sobre el Matrimonio Igualitario, habla de objeción de conciencia para los notarios que se escandalicen con la idea del sexo homosexual y de ampararlo con un contrato.

Hay que señalar que la objeción de conciencia se entiende en el caso de médicos que consideren que realizar un aborto es contrario a sus creencias, pero nada tienen que hacer los notarios más allá de llegar a dar fe de que un contrato matrimonial entre homosexuales fue celebrado ante ellos, y al respecto del cual nadie les ha pedido que opinen.

Pero consideremos por un momento que “el legislativo expide normas claras y contundentes que les permiten a los ciudadanos apartarse del cumplimiento de algunos deberes y la ejecución de actos siempre que estos vayan en contradicción con sus convicciones religiosas y morales”. Dichas normas no deberían aplicar solo a quienes comparten las creencias del procurador. Por ejemplo, si yo quisiese abortar, debería poder exigir este derecho amparada en mi conciencia, que no me permite traer un hijo indeseado al mundo, y los jóvenes bachilleres podrían negarse a prestar el servicio militar aduciendo que manejar armas de fuego está en contra de sus convicciones religiosas,

Nombre caricatura: Procurador cortante con el matrimonio gay

No se puede defender la objeción de conciencia y no defender las libertades individuales. Ambos conceptos se caracterizan por pertenecer a un ámbito del ser humano tan íntimo (íntimo como un útero, por cierto) que las leyes no lo pueden tocarlo, ambas se tratan de creer que las personas pueden dirimir entre lo bueno y lo malo y a veces hasta escoger lo correcto. Tal vez el procurador no cuenta con que lo que le dice su conciencia es muy distinto a lo que me dice la mía.  Mi conciencia me dice, por ejemplo, que prohibir el aborto en Colombia está mal y que arruinarle la vida a una mujer, un individuo, para darle preferencia a la vida supuesta, de un individuo por ocurrir, es un crimen, mi conciencia me dice que donde hay amor hay una familia.  Mi conciencia también me dice que no darle a los colombianos el espacio para tomar sus propias decisiones, buenas o malas, es una violación a sus derechos y a su autonomía como personas.

Yo me pregunto entonces, si este proyecto de ley resguardará tan bien a mi conciencia como a  la de los médicos y notarios, si protegerá todas las conciencias por igual o solo algunas -¿las elegidas por Dios?- so pena de que al procurador se le empiece a crecer la nariz.

Nombre de la caricatura: ¿Los dejaran salir del closet?

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