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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Archive for the ‘Denuncias’ Category

Sócrates y el buen ciudadano

Posted by Pocho On febrero - 25 - 2012

Por: Carlos Gaviria Díaz

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

En el diálogo Eutifrón, o de la piedad, Sócrates dialoga con un sacerdote (Eutifrón), que ha declarado ser el más piadoso de los atenienses y, desde luego, saber en qué consiste la piedad. Sócrates le formula una pregunta que va a suscitar, siglos después, la inacabada controversia escolástica: “¿Las cosas son buenas porque los dioses las quieren, o los dioses las quieren porque son buenas?”.

Eutifrón está confundido, pero Sócrates pone término al diálogo con estas palabras: “Debo ir a cumplir un compromiso con la justicia de la ciudad”. Va a comparecer ante el Tribunal de los 500.

Sorprendido, Eutifrón le dice: “¿Y estás hablando de sutilezas en lugar de preparar tu defensa?”. Y Sócrates replica: “Para eso me he preparado toda la vida. Por eso no tengo ningún temor”. Aunque sabe, él sí, que es inminente su condena. Y en la Apología hace lo que había anunciado: cuenta su vida, sin una sola mancha.

Los jueces, que saben que condenan al mejor de los atenienses, le ofrecen cambiar la muerte por una multa, pero él les dice: “Soy muy pobre y no tengo con qué pagarla”. Le proponen entonces el destierro, pero él se niega a aceptarlo: “¿Qué diría en la ciudad a donde fuere cuando me preguntaren por qué siendo ateniense no vivo en Atenas? No juzgaría digna esa vida”.

Desconcertados, le ofrecen que permanezca en Atenas, pero que no haga preguntas impertinentes como las que suele hacer. Y Sócrates replica: “Abstenerme de decir o preguntar lo que creo justo sería traicionar mi conciencia”.

En Critón, o Del deber, Sócrates está preso a la espera de beber la cicuta, pero Critón y otros de sus amigos van a la cárcel y le dicen: “Eres libre de salir, hemos sobornado al carcelero”. Él arguye: “Analicemos juntos, como siempre lo hacemos, qué es lo debido”. Las leyes atenienses han permitido que sus padres se unan en matrimonio, que lo engendren y lo eduquen, y él las ha aceptado con entusiasmo. ¿Ahora, cuando le son desfavorables, va a repudiarlas? Eso no es lo que ha enseñado. En la cárcel se ha proclamado el más libre de los atenienses, porque nadie ha podido subyugar su conciencia. En su celda va a permanecer, esperando, gozoso, el momento de beber la cicuta.

En Laques, o De la valentía ha mostrado que esa virtud consiste en el conocimiento de los peligros que deben afrontarse y de los que no deben afrontarse para no incurrir en uno de dos vicios: temeridad o cobardía.

Comparecer ante el Tribunal de los 500 lo pone en riesgo de morir, pero ese riesgo es precisamente de aquellos que deben afrontarse. De no hacerlo incurriría en el vicio vergonzoso de la cobardía. Por eso lo afronta sin una sola duda.

Sócrates era un hombre sabio y valiente que conocía sus deberes con la ciudad (uno de ellos atender el llamado de los jueces) y no rehusaba su cumplimiento mediante artificios retóricos, que por principio repudiaba, aptos apenas para engañar niños. Se había propuesto la armonía de pensamiento, lenguaje y acción que es lo que se llama integridad.

Claro que ese temple moral del maestro por antonomasia, de Atenas y del mundo, no es pensable siquiera en la mayoría de los humanos, casi siempre de débil carácter y mente ofuscada, y menos todavía en algún converso al despotismo.

Usos indebidos

Posted by Pocho On febrero - 20 - 2012

Por: Roberto Esguerra Gutiérrez

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Hace unos días, en el aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York, a los viajeros que esperaban para abordar el vuelo con destino a Bogotá les llamó la atención que quince personas en silla de ruedas estaban esperando el llamado para ingresar al avión.

El contraste era muy evidente con los demás mostradores de la sala, en donde se estaban embarcando o esperaban pasajeros con destino a diferentes lugares del mundo, porque en ningún otro vuelo había más de dos o tres pasajeros en esas condiciones.

Como es natural, quienes iban en las sillas recibieron del aeropuerto atención especial, que les dio prioridad en la larga fila para la molesta inspección de seguridad, y fueron los primeros en abordar el avión. Al llegar a Bogotá el número disminuyó considerablemente, probablemente debido a que nuestro aeropuerto no tiene un número tan alto de sillas disponibles para cada vuelo. Aquellos que continuaron en las sillas ingresaron por la fila prioritaria para los trámites de inmigración, lo que les permitió salir rápidamente a la zona donde se reclama el equipaje y fue allí donde ocurrió el milagro: solamente unos pocos (tres o cuatro) continuaron en silla de ruedas; los demás las abandonaron para esperar sus maletas y salir de las instalaciones del aeropuerto sin limitación aparente.

Averiguando un poco más he sabido que esta práctica se ha vuelto bastante común entre nuestros compatriotas, con el fin de evitar largas filas y obtener atención prioritaria más personalizada, beneficio que por lo general se extiende a uno o dos de sus acompañantes. Este tratamiento es el que merecen las personas que están afectadas por limitaciones físicas y de esa manera es que debe reaccionar la sociedad para facilitarles la vida, pero de ninguna manera debe usarse para lograr un trato preferencial para quienes no tienen limitaciones.

Algo similar es lo que ocurre con los carros que portan la señal internacional de discapacidad en la ciudad de Bogotá. Una buena proporción de quienes los conducen no tiene discapacidad o limitación física aparente, muchas personas descienden de sus vehículos con agilidad y rapidez y, si se tiene la curiosidad de examinar los vehículos, son muy pocos los que poseen las adaptaciones que requiere la mayoría de los discapacitados para conducir.

Aquí la razón es parecida, pues portar el signo de discapacidad libera al vehículo de la restricción de pico y placa. Eso es lo que aprovechan muchos avispados, que se hacen pasar por discapacitados mediante el empleo del símbolo internacional, lo que hace unos meses llevó a que se agotara la existencia de éstos en la ciudad. Ante la situación, desde el año pasado las autoridades establecieron un procedimiento para inscribir el vehículo de quienes están en el ‘Registro para localización y caracterización de personas con discapacidad’, pero la evidencia de todos los días indica que este control no es suficiente y constituye un trámite adicional para quienes realmente lo requieren.

La discapacidad en Colombia es un tema serio, entre 6 y 7% de nuestra población tiene algún tipo de discapacidad; 43,9% física, 43,4% visual y 17,3% auditiva. La Fundación Saldarriaga Concha, que realiza una formidable labor en favor de las personas discapacitadas, tituló su informe sobre accesibilidad ‘Las limitaciones no están en las personas’, para hacer énfasis en que la accesibilidad física constituye la principal barrera para la participación social de las personas con limitaciones.

La sociedad colombiana tiene mucho por hacer para facilitar a los discapacitados el acceso y la integración. Comencemos por respetar sus derechos y por no hacer uso indebido de las pocas cosas que les ofrecemos.

Gordas y guapas

Posted by Pocho On febrero - 16 - 2012

Por: Charo Nogueira

Fuente: El País – Madrid, España

Si es noticia, es que no es frecuente. Por eso, cada vez que una revista femenina -o un diseñador de moda- apuesta por una modelo que según los cánones no lo es, eso es noticia. ¿Cómo ser chica de portada si se excede de la talla 36? Solo ocurre de vez en cuando, porque la delgadez extrema impera como el canon oficial de belleza. Aunque los gordos sean más, las figuras a lo Rubens no se comen una rosca.

La revista francesa Elle ha sido la última en apostar por los kilos abundantes -¿por qué decimos “kilos de más”?-. En su portada, la modelo estadounidense Tara Lynn parece decir “aquí estoy yo” con aplomo de sílfide desde su talla 48. Y cuando habla demuestra estar lejos de la tiranía que impone la moda a los cuerpos. “No me peso nunca, no me interesa nada”, advierte.  Un grito de libertad. No solo le da igual la báscula -una proclama casi revolucionaria en ciertos ambientes-, sino que reivindica la figura de “las chicas con formas” y su derecho a ponerse vaqueros ceñidos. “¡Un vaquero apretado solo tiene sentido cuando se tiene trasero!”, afirma en sus páginas. Quizá, pero no es tan fácil encontrarlo en las tiendas corrientes pese a la epidemia de obesidad que nos sobrevuela según las autoridades sanitarias.

Portada para una chica gorda, sí, pero a la altura de la rodilla de Tara, llega el correctivo. “Los consejos de las chicas rechonchas y estilosas”. Atentos a la conjunción: es una copulativa, y no una adversativa al estilo de “es fea pero simpática”. Menos mal. ¿Pero por qué necesitan consejos las rechonchas? Las revistas femeninas llevan décadas empeñadas en dar consejos de amiga, como si la perfección que proclaman tuviera que ser una asignatura obligatoria, una meta alcanzable con esas sugerencias de-mujer-a-mujer semana tras semana para que las lectoras sepan “sacar partido” de ellas mismas. Menos mal que en el mismo número se ofrece una investigación sobre la persistencia de estereotipos.

Y uno de los que más persiste es el que asimila belleza y delgadez. O, a la inversa, el que estigmatiza a la gordura, como vinieron haciendo los medios británicos. Las modelos en los huesos son las dueñas de las pasarelas, aunque en algunas, como la madrileña, se haya puesto coto: la anorexia no es bella. No. Es una enfermedad. Y puede conducir a la muerte. Pero la delgadez sigue cotizando al alza y se convierte en modelo a seguir, a menudo atizada con argumentos de salud.

Hace un par de años, en EL PAÍS, Eugenia de la Torriente se preguntaba si había llegado a su fin el imperio de la delgadez extrema en el mundo de la moda y la belleza. Parece difícil responder que sí. A la vista de las modelos que siguen desfilando y del tallaje de la ropa -¿para qué sirvió el estudio antopométrico del Ministerio de Sanidad si las tallas siguen sin estar unificadas?- seguimos en época de flacura -y no solo de vacas flacas en la economía-. Pero al menos quien rompe la pauta tiene premio: o es noticia, o da un empujón a las ventas. Para eso sirvió la campaña de Dove, los desodorantes con modelos que eran como la mayoría de las mujeres. La identificación empuja a la compra. Pero muchos no se enteran.

 

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