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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Archive for the ‘Denuncias’ Category

Con la tinta aún humeda

Posted by pocho On febrero - 4 - 2012

Por: Iván Thays

Fuente: El País – Madrid, España

Cocinero en su tinta es la cuarta novela del escritor peruano Gustavo Rodríguez (nacido en 1968). La editorial Planeta anuncia que su protagonista de nombre estrafalario, Rembrandt Bedoya, es un chef peruano que debe preparar un plato digno del boomgastronómico que vive el Perú en el evento Madrid Fusión. Dice que la novela ha sido escrita, además, siguiendo los “consejos culinarios” del chef Pedro Miguel Schiaffino y aparecen mencionados otros chefs auténticos, como el español Ferrán Adriá o el peruano Gastón Acurio. El blurb del libro cita con orgullo: “Se trata de la primera novela sobre la gastronomía peruana”.

Keith Gessen, editor de la revista literaria N+1, declaró que harían falta 50 años, por lo menos, para que apareciese la primera gran novela sobre el 11S. Claro está, eso no ha detenido a los escritores norteamericanos, que se han volcado a escribir sobre el tema golosamente. Pero no solo el 11S sino que también la crisis financiera internacional ha empezado a asomar en las contratapas de las nuevas novelas norteamericanas. ¿Quién puede resistirse al momento?

Uno de los primeros libros que se escribió sobre el 11S -ocurrido en el 2001- no salió de manos de un norteamericano sino de un francés. Se trata del sensiblero Window of The World de Fréderic Beigbeder, publicada en el 2003. No debe ser casual que Beigbeder llegase a la literatura desde la publicidad, al igual que Gustavo Rodríguez, uno de los mejores y más reconocidos publicistas del país. Es cuestión de olfato o, mejor aún, detiming. Como aquel chiste del alcalde analfabeto obligado a ser jurado de un concurso de matemáticas en un colegio de su región. Ante la pregunta: “¿Cuánto es 100 + 300?” un niño levanta rápido la mano y grita “600″. El alcalde lo felicita y le da la medalla. Tras él, un segundo niño corrige: “Pero si suma 400″. El alcalde, incapaz de aceptar el ridículo, anuncia: “En este pueblo gana el primero que habla”.

En literatura, desde luego, no es el primero que habla el que gana (si acaso hay algo que ganar) aunque los editores -y algunos autores- se precien de ser los primeros que escribieron sobre la fontanería en las zonas urbano marginales o que introdujeron la técnica del monólogo interior en segunda persona. Lo cierto es que logros tan paupérrimos como esos han solventado carreras literarias bastantes largas en el Perú y en América Latina. No he leído aun la novela de Gustavo Rodríguez, que acaba de aparecer, pero sin duda, de dejar una huella en la literatura peruana, no será por ser la primera en hablar del “boom” gastronómico peruano sino por méritos que, espero, puedan sostener una trama tan coyuntural e incluso frívola.

Hablando de coyunturas, confieso que el motivo de este post, más que literario, es una pataleta, porque soy de esos pocos peruanos que detestan la burbuja de aire que llaman elboom de la gastronomía peruana y que no consideran que nuestra comida es la mejor de Latinoamérica y quizá -para no caer en falsas modestias- del Mundo. Soy un pésimo anfitrión: no conozco restaurantes, huariques ni chiringuitos donde preparan el mejor cebiche o el ají de gallina con la receta de la abuela (mi abuela, por cierto, no cocinaba). No pretendo obligar a ningún turista a beber Inka Kola (“la bebida del sabor nacional” en un país donde el concepto “nación” es una incógnita), ni a deglutir los dulces más empalagosos que he comido jamás (bajo nombres estrafalarios como Supiro Limeño), y menos aún hago proselitismo a favor del pisco peruano en contra del pisco chileno. Mis restaurantes favoritos son de los de pasta y creo, honestamente, que la comida peruana es indigesta y poco saludable. Casi sin excepción se trata de un petardo de carbohidratos al cubo, una mezcla inexplicable de ingredientes (muchos de ellos deliciosos en sí mismos, hay que decirlo, pues los insumos son de primera calidad) que cualquier nutricionista calificado debería prohibir. Cada vez que alguien habla de la fama de la comida peruana en el mundo, pienso en las carencias de un país necesitado del reconocimiento extranjero para sentir respeto por sí mismo. Me imagino que el día en que en una película de Woody Allen, en vez de pedir comida china pidan comida peruana de undelivery de Manhattan, por fin podremos sentirnos parte de un país con marca registrada.

Pero volviendo a lo literario, queda claro que tenemos temas para tratar más allá de la agenda de PromPerú (en cuyos comerciales nunca aparece, ni por asomo, algún integrante de la cultura peruana que no sea un cocinero o un cantante popular). La literatura de la violencia política peruana, por ejemplo, aunque podría decirse -como lo muestran diversas antologías sobre el tema- que empezó casi al mismo tiempo que las primeras bombas, no fue sino hasta muchos años después, en la primera década del 2,000, en que dio frutos interesantes. Una vez que se logró superar la apología ideológica o el retrato costumbrista y se volvió vehículo de conocimiento, de memoria y reconciliación, se originaron libros fundamentales como La hora azul de Alonso Cueto o Retablo de Julián Pérez. Y probablemente sea solo el inicio de una literatura que profundizará sobre un hecho tan trascendente como son los años del terrorismo peruano.

No sé nada de cocina, así que ignoro en qué condición debe prepararse un calamar para que sea considerado “en su tinta”. Pero sin duda, para que una obra sea un logro artístico y humano la tinta tiene que estar bien seca.

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Toritos

Posted by pocho On enero - 25 - 2012

Por: Antonio Caballero

Fuente: Revista Semana – Bogotá, Colombia

Todos los animales padecen dolor por culpa de los hombres. Y todos mueren. Solo la muerte inevitable de los toros es digna: en la pelea. No en la ejecución infame y sin defensa a la que son sometidos todos los demás.

Hace tres semanas unos cuantos aficionados a los toros publicamos un manifiesto sobre la tolerancia, que sigue firmando gente. Y saltó el nuevo alcalde de Bogotá Gustavo Petro a hincarle el diente al asunto, declarando con prosopopeya que él está a favor de la vida, y no de la muerte. Estrictamente hablando, el tema no le compete: pero es apetitoso para alimentar prensa (ya lo habrán visto ustedes).

Y si no se los hubiera apropiado de antemano con brazo de hierro la demagoga senadora Gilma Jiménez, ya tendríamos a Petro sacándoles también jugo de la yugular a nuestras niñas y nuestros niños. Y a ver qué hace con nuestros pobres e indefensos caballitos, víctimas inocentes de los malvados zorreros que solo viven para torturarlos.

Pero hablemos en serio.

Cien veces han querido prohibir las fiestas de toros. Desde que existen. Lo han pretendido todos los poderes: los papas de Roma, los reyes de España, los presidentes de diversas repúblicas, los alcaldes, los jueces, los parlamentos, la prensa bienpensante. Con argumentos variados: el peligro para la vida humana; el rechazo a la imposición de una costumbre foránea; el dolor causado a los animales.

Todos ellos son pretextos espurios. La vida humana está en riesgo siempre: habría que prohibir todos los oficios, desde el de torero hasta el de papa (y también el de alcalde). Todo en la historia ha sido en su origen imposición extranjera: las religiones, las fiestas, las prohibiciones. Todos los animales que tienen contacto con los hombres (que son todos los animales) padecen dolor por culpa de ellos. Y todos mueren. Pero de todos ellos los que mejor vida llevan son los toros de lidia. Cuatro años de holganza y protegida libertad en el campo, y media hora final de lucha a muerte. Y la muerte inevitable, pero digna: en la pelea. No en la ejecución infame y sin defensa a la que son sometidos los cerdos o los pollos, los atunes o las ratas, o los gusanos de seda.

Hasta aquí, las razones para enfrentar las razones que alegan los antitaurinos (que no tienen razones, porque por lo general no saben de qué hablan: nunca han ido a los toros y lo que dicen es de oídas, o de prejuicios de sordos). Las razones en contra de los que están en contra. Pero las que de verdad importan son las razones a favor. A favor de los toros, y a favor de las fiestas de toros.

A favor de los toros bravos: los más hermosos animales de la creación. De la creación ayudada por el ingenio humano. Pues el toro de lidia no es un animal natural, como pueden serlo el jaguar o el tiburón, sino el producto de la selección y de la crianza, como el caballo de carreras o el perro guardián. El toro bravo es bello en la paz del campo; y lo es en la batalla: en el mismo campo con sus congéneres, o con los hombres en la plaza. Y lo es también en la muerte. Esa que se llama ‘muerte de bravo’ de un toro bravo en el ruedo, ya matado por la espada pero todavía en pie y negándose a aceptar la agonía por terquedad o por orgullo, o -para no abusar del antropomorfismo lírico connatural al tema taurino- por ganas de seguir peleando. La ‘muerte de bravo’ de un toro bravo en la plaza, ante el público que lo ovaciona, es la única muerte de un animal que es bella.

Y a favor de las fiestas de toros. Las hay primitivas y salvajes: las corralejas de la Costa colombiana, los correbous de Cataluña. Son estremecedoras, dionisíacas y terribles. Pero las razones de mi defensa quieren ir ante todo a favor de la corrida de toros ordenada, para usar la frase del ritual, ‘como mandan los cánones’. A favor de esa combinación sutil de civilización y de barbarie que es la corrida de toros, resultado del arte de la crianza, del arte del combate y del arte del juego con la muerte, que a la solemnidad del rito une la profundidad del sacrificio. Porque una corrida de toros no es una carnicería, sino una fiesta.

Volviendo a los que quieren prohibir esa fiesta: lo suyo es, simplemente, que quieren prohibir. Su placer consiste en impedir el placer de los demás. Para decirlo con una antigua frase de la sabiduría moral: tienen pesar del bien ajeno.

Y ese pesar del bien ajeno es lo que más éxito tiene en política, como lo está mostrando el nuevo alcalde de Bogotá.

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Grosero

Posted by pocho On enero - 24 - 2012

Por: Mauricio Pombo

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

La señora venía a alta velocidad en su 4×4 negra, hablaba por su iPhone y se pasó oronda el semáforo en rojo; rauda se metió en un charco frente al andén desde el cual yo estaba presto a cruzar la calle y me lavó de pies a cabeza (de cabeza a pies en sentido estricto). A pesar del barro en la boca, alcancé a mandarle un madrazo: “¡hijadep!”, le grité. La señora, atractiva por lo demás, abrió su ventana y me dijo: “¡Grosero!” A pesar de la furia que me invadía, casi suelto una carcajada llena de agua sucia. La mujer siguió su camino y yo regresé a mi casa a ducharme y cambiarme.

Grosero yo, pensaba iracundo y no sin risa. Nada que hacer, vivimos en un país de Ripley, en la capital de “aunque usted no lo crea”. No hay sentido de las proporciones. Mientras los abogados de Nules y Morenos le maman gallo a la justicia y los ladrones de billones están por recibir penas ridículas, la prensa dedica páginas u horas a denunciar el detrimento patrimonial que significó la contratación de un chamán (cuatro milloncejos). Agrego, de lado, me parece oportuna -aunque sea más costosa- la contratación del chamán argentino en la dirección técnica de la Selección.

Sí, aunque no se pueda creer, mientras los ‘parapolíticos’ (responsables de miles de muertos) reciben penas de dos o tres años, el tristemente célebre mensajero de la nalgada -él sí, un grosero- purga cuatro. ¡Qué desproporciones! ¿Grosero yo, señora?

El alcalde del amor y los animales dice que no va a poder cumplir con lo prometido porque fue que, que fue que, y en lugar de hacer algo para enfrentar los serios problemas que heredó y se buscó y que todos suponíamos conocía y había estudiado, se ha dedicado a armar polémicas intrascendentes como el maltrato animal o el inocuo desarme, temas marginales, o peligrosos como el de la Empresa de Energía e irresponsables como el de la ALO.

Desproporciones y más desproporciones: lo marginal por encima de lo prioritario.

Petro, como buen narciso autoritario, es una especie de Uribe de izquierda a quien, como lo señala Semana, le gusta el Estado de opinión. Poner a hablar, hablar y hablar, bien para encubrir, tapar o evadir. A Uribe y Petro, además de ser autoritarios, los une su habilidad para manipular, decir verdades con mentiras y confundir o juntar revólver con revolver.

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Colombia

Posted by pocho On enero - 20 - 2012

Por: Ricardo Silva Romero

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Sólo llegaremos a ser una marca el primer día de nuestra posguerra: el día remoto en que seamos capaces de la reconciliación.

Colombia quiere volverse una marca registrada. Porque todo parece indicar que solo sobrevivirán al fin del mundo -o al menos al vertiginoso mercado global- los países que consigan convertirse en multinacionales. El gobierno movedizo de Santos ha dado por terminada aquella perturbadora campaña publicitaria titulada ‘Colombia es pasión’, que en los años uribistas quiso hacernos ver el mapa medio lleno, porque “se agotó: fue una estrategia para un período muy concreto por el que estábamos pasando”. El Gobierno sabe que aquella cruzada despertó ese patrioterismo en el que suelen caer las naciones empobrecidas, que unas 250 compañías criollas llegaron a estampar en sus productos el logo con forma de corazón de la campaña, y que se gastaron millones de dólares para llegar a la conclusión de que la esencia del colombiano es “la berraquera” (que se le tradujo como “pasión” al resto del planeta), pero tiene claro que la palabra “Colombia” está lejos de ser una marca irrepetible.

Para llegar a esa meta, para que estos por fin dejen de ser los tiempos de Pablo Escobar y un buen día esta tierra minada les resulte más atractiva a los inversionistas que a los vividores que la han explotado desde el comienzo (‘Colombia: el riesgo es que te quieras quedar’), el gobierno sinuoso de Santos ha creado una pequeña oficina -dirigida por otra santista sacada de la cantera de la farándula- enteramente dedicada a la búsqueda de una ‘marca país’ que ahora sí les venda la idea de que somos únicos a los extranjeros que solemos aplaudir de pie. “Los buenos gobernantes de hoy -dice el experto inglés Simon Anholt- en realidad son buenos gerentes de marca.”

El problema es que Colombia sigue siendo un país que no combate las causas sino los efectos: preserva sus desigualdades a punta de bombardeos; castiga sus ambigüedades morales a punta de moralismos, y cuenta en voz baja, “aquí entre nos”, su historia violenta. Está lejos de ser una marca irrepetible porque está lejos de ser un buen producto: “Cambiar la imagen de una nación -dice Anholt- no requiere de relacionistas públicos sino de profundas transformaciones sociales”. España consiguió que el eslogan “todo bajo el sol” la iluminara, en 1975, porque acababa de morir el dictador que la retuvo durante cuatro décadas. Sudáfrica logró vendérsele al mundo desde que fue capaz de quitarse de encima el horror del apartheid.

Y quién dice que en Colombia se les han abierto ya las oportunidades a nuevos apellidos. Y quién se atreve a jurar que los tiempos de Pablo Escobar ya terminaron.

‘Colombia es pasión’ no solo fracasó porque nunca pudo retratar lo que nos diferencia, sino porque en plena guerra civil la tal ‘marca país’ se llama propaganda: mentira oficial. Hubo una vez, del 2005, que la campaña publicitaria que acaba de acabarse logró subrayar la idea de una Colombia pacificada. Y sin embargo al año siguiente, cuando la frase “pudimos volver a la finca” se vio obligada a cederle el paso a la sentencia “pero se robaron el resto”, fue haciéndose evidente que seguíamos mereciéndonos esta imagen borrosa que tanto nos indigna. Y que solo llegaremos a ser una marca el primer día de nuestra posguerra: el día remoto en que seamos capaces de la reconciliación. Dejaremos de ser este lugar en suspenso; seremos, por fin, un verdadero destino, cuando digamos en voz alta toda la verdad: que, quizás porque las prohibiciones convirtieron nuestra doble moral en una doble personalidad, tal vez porque no hemos tenido líderes sino relacionistas públicos, Colombia es aquel país del mundo que ha sido capaz de vivir todos los horrores como si no pasara nada.

Eso es: venir aquí es ver con los propios ojos una historia imposible que está ocurriendo de verdad.

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El vicio

Posted by pocho On enero - 18 - 2012

Por: Elvira Lindo

Fuente: El País – Madrid, España

Por lo mucho que se practica, robar debe de ser una actividad íntimamente ligada a la naturaleza humana. Por lo mucho que se incurre en eso de hacer propio lo ajeno este popular vicio aparece en el ranking de los mandamientos de todas las iglesias. Por ser una tendencia poderosa en el ser humano siempre hay un momento en la educación de una criatura en la que los padres deben enseñar al hijo a devolver lo sustraído y pedir perdón. Pero hay padres, madres o adultos con edad de serlo que, por lo visto, no aprendieron la lección. En realidad, se roba mucho más de lo que se admite. Hay gente que razona con mucho salero que incluso hay objetos que están puestos ahí, como pidiéndote que te los metas en el bolso, y que el hotel, el restaurante o el centro de trabajo ya cuentan con ello, es más, que tienen una partida destinada a lo que los usuarios afanan. Hay honrados españoles que esquilmaron las excavaciones arqueológicas de su pueblo. Y qué. Hay mucho patriota que defrauda a Hacienda. Y, por supuesto, ha habido en estos años muchos que despilfarraron el dinero público y se metieron un porcentaje en el bolsillo. Por una simple razón, porque era fácil y lo hacía todo el mundo, como dicen que dijo el célebre duque en su descargo.

Hay momentos históricos que animan esa codicia. En cuanto a lo que ha sido la cultura reinante, la del pelotazo intoxicó todas las artes humanas. Pero alguna enseñanza se podrá extraer de todo esto. Me niego a que el desastre sea estéril. Sabemos ya, por ejemplo, que los políticos no pueden actuar sin un severo control de los técnicos de la Administración. Nos convencieron de que lo democrático era que la clase política ejerciera todo el poder económico, sin impertinentes funcionarios metiendo las narices en sus cuentas. Pero el autocontrol no funcionó. Y está claro que no se les puede dejar solos.

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Quemadores de libros

Posted by pocho On enero - 18 - 2012

Por: Oscar Guardiola-Rivera

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

En la distópica novela Fahrenheit 451, Ray Bradbury imaginó un futuro en el que la lectura ha sido prohibida en los Estados Unidos y un grupo de bomberos se dedica a quemar libros considerados peligrosos.

Ese futuro de pesadilla, por el que Bradbury responsabilizó a la indiferencia de la gente antes que a la estupidez de unos cuantos fanáticos en el Gobierno, se realizó la semana pasada cuando un juez federal de los Estados Unidos rehusó poner un alto a la medida por medio de la cual la gobernación estatal de Arizona prohibió la enseñanza de los llamados “estudios étnicos” en el sistema educativo del estado.

En cumplimiento de la medida, dirigida a proscribir de la enseñanza de la literatura y la historia las narrativas subalternas de los latinos y los afroamericanos que lucharon por sus derechos en la década de los sesenta en los EE.UU., la oficina del distrito escolar de Tucson publicó una lista inicial de los libros prohibidos en las escuelas públicas a partir del pasado 13 de enero.

La lista incluye obras reconocidas como Repensar a Colón: los próximos 500 años, del escritor indígena Leslie Silko, que durante veinte años ha dado voz a perspectivas silenciadas en los currículos tradicionales de escuelas estadounidenses. Prohíbe, así mismo, el uso en las aulas de la historia de los chicanos méjico-americanos escrita por Rodolfo Acuña, y la Pedagogía del oprimido escrita por el brasileño Paulo Freire.

Como si ello fuese poco, funcionarios estatales advirtieron la semana pasada al profesorado que debería abstenerse de explorar temas en los cuales la raza, la etnicidad y la opresión fuesen cuestiones centrales, llegando al absurdo de incluir en dicha prohibición la lectura del clásico de William Shakespeare La tempestad en cursos de literatura e historia latinoamericanas.

Mientras la derecha estadounidense se dedica a borrar de la historia a los chicanos y a Shakespeare, algo similar ocurre en el Chile del conservador Sebastián Piñera. El ministerio de Educación chileno acaba de advertir a editores y centros educativos que de ahora en adelante sus textos de educación primaria deberán reemplazar el término “dictadura” por el más genérico “régimen militar” al referirse al período posterior al golpe de Estado que derrocó a Salvador Allende en 1973.

Se ha dicho que la historia se repite, primero como tragedia y luego como farsa. El cínico intento de reescribir la historia por parte de los republicanos en los EE.UU. y los conservadores en Chile constituye un ejemplo de cómo ni siquiera los muertos están a salvo del enemigo cuando éste vence, como decía Walter Benjamin.

Nuestra indiferencia ha permitido que ese enemigo salga victorioso. Es hora de volver a dar la batalla, antes de que los quemadores de libros triunfen de una vez y para siempre.

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Adrià y las sentencias

Posted by pocho On enero - 16 - 2012

Por: Joaquin Campos

Fuente: http://blogs.opinionmalaga.com/

Hace poco leía una noticia sobre China en el diario ‘El País’ donde un lector daba un repaso al resto de lectores, así como al corresponsal que firmaba la noticia, aduciendo que China es una maravilla y los que no pensamos igual que él estábamos equivocados. Firmaba el comentario con el gallego nombre de Xaquín López Gómez, o sea, un tocayo mío que si no fuera por su apelativo pensaría que nació en Móstoles.

En la un cúmulo de frases, enumeradas del uno al diez, Don Xaquín insertaba una realmente cachonda: “La cocina china es la mejor del mundo (Ferrán Adrià dixit)”, como intentando justificar que las palabras de un genio siempre son sagradas. Que si fuera así rogaría al bueno de Ferrán, el Chef sin restaurante, que subido a un púlpito comentara lo siguiente: “La farlopa en China es veneno”. Tras esto, sospecho que los traficantes –diplomáticos compinchados con policías locales que ponen a pasear a una curiosa selección de nigerianos siempre machos- correrían a cortar la coca con sustancias menos nocivas para la salud. Porque nadie se puede hacer una idea de lo que la comunidad extranjera está sufriendo en China. Un atentado en toda regla. Atentados nasales.

Que Adrià diga que la cocina china es la mejor del mundo es una mentira absoluta. Primero: Adrià no conoce la cocina china, salvo la de algún falsario cantonés de Barcelona a cien euros el cubierto; segundo: cuando lo dijo estaba justamente en China; y tercero: si tanto le gusta, ¿por qué no ha adaptado a alguno de sus platos las técnicas de la cocina mandarina?

Ferrán Adrià es un genio. Un inventor. Un creador. Un cocinero al que le escriben los textos. Un monologuista sin humor al que suben de atril en atril para que ayude a España a salir del atolladero. Y por la ayuda dinerales: desde los gobiernos (español, catalán…) a suculentos contratos con importantes marcas de primeras calidades (jamón, aceite…).

Que Adrià haga negocio es lícito. Pero que Adrià sea el representante de la cocina española a nivel mundial es una broma de mal gusto. ¿O es que alguno de los que leen este texto alguna vez, una sola, ha conocido a alguien, vecino o familiar, empleado o jefe, que al invitarle a cenar en sus aposentos les haya sorprendido con una espuma de cebollino a la infusión de testículo de rape?

La cocina de un país, región o tribu la marcan sus habitantes, no sus héroes. Porque en España se cocina, desde legumbres estofadas a verduras de toda índole, pasando por mariscos ajados y una importante variedad de fritos pasados por harina. Y lo demás: espumas, cilindros, estratagemas, deconstrucciones, empalmaciones, helados secos, helados calientes, falsos no sé qué y demás farándula mediática, no son más que las capacidades de un cocinero como la copa de un pino, un creador como no ha existido, que si aún está vivo –y algo gordito- es porque se dedica a alimentarse de justamente lo contrario de lo que predica. ¿O es que alguno de ustedes podría vivir de espumas cuatro veces por semana?

Por tanto, Adrià no es el representante de la cocina española. En todo caso de la suya. Y por ello la cocina china que tanto le gusta abrillantar -¿sería casualidad que estaba sobre suelo chino cuando espetó semejante alegato?- no es más que una enajenación que cree es real. Porque lo que debió pisar Don Ferrán cuando deambulaba por las tierras del Partido Comunista –aparte del ‘Agua’, donde el gran cocinero Jordi Vallés saco su tajada correspondiente- fueron fastuosos palacios de diversas dinastías, remozados y modernizados, donde ‘milyuanistas’ le servían millonarios ingredientes camuflados en extrañas recetas. ¿O es que la cocina china real es lo que Ferrán Adrià recibió por su buche?

Debería saber el bueno de Ferrán que en China, la cocina tradicional, se basa en dos agujeros en el suelo de donde sale dos chorrazos de fuego; y sobre ellos se colocan, siempre, un caldo sospechoso, al que le van inyectando agua y restos de alientos según se vaya acabando, y una sartén –siempre la misma- que saltea tantos platos como pida el cliente. Esa sartén, única e indivisible, se lava muy de vez en cuando y de aquella manera. Y todo lo demás: aleta de tiburón, pepino de mar, pimienta de los montes de su puñetera madre, sesos de mono… no son más que las mismas patrañas con las que Adrià se ha ido haciendo famoso. ¿O es que en su ‘Bulli’ alguien se veía reflejado con la cocina de sus ancestros, siquiera sus padres?

La cocina china posee interés. Pero de ahí a catalogarla como “la mejor del mundo” media un trecho que seguramente será insalvable de aquí a dos siglos. Y Adriá que siga a lo suyo: a dictar sentencias, ya sin cocina donde quemarse. Lo peor, sus seguidores, que como los enfervorecidos del Corán creen que lo que dice Mahoma va siempre a misa.

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El zoquete

Posted by pocho On enero - 16 - 2012

Por: Natalia Springer

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Los buenos profesores, esos héroes anónimos que han salvado tantas vidas, no tienen voz.

James tiene 16 y está contento. Su papá no aparece desde que él tenía 7 y su mamá trabaja en casas de familia por un salario que no le da para llegar a fin de mes. Siempre debe en la tienda, siempre paga atrasado, siempre está cansada. Pero a James le va bien. Le hace vueltas a un man duro que lo mantiene engallao y que lo sacó de la ‘pobreza’. Y no es que ahora tenga vivienda propia o cómo darle una tregua a su mamá. Pero sí se lo ve con sus tenis de marca, teléfono de última generación, ropa que le gusta, plata para gastar y una buena novia. Eso es Prosperidad Democrática.

James es bien pinta y tiene bastantes responsabilidades. Controla varios círculos en los que se agrupan los pelaos: los barrios, los parques, los billares, las tiendas y los alrededores del colegio. Allí echa ojo y es el lanza que apoya todo el proceso de reclutamiento de quienes lo reemplazarán. También tramita quejas y es, por así decirlo, juez en primera instancia de esa subcultura del ajusticiamiento, esa que conocemos con el eufemismo de “limpieza social” y que tanto aplauden, pasitico, las comunidades. Ha sido la vía tradicional a través de la cual las bandas criminales, desde Pablo Escobar, se instalan como motor de ascenso, agente de cambio social y autoridad de facto.

Cuando se habla de calidad en la educación se piensa en la gratuidad, en el segundo idioma y en el refuerzo en matemáticas, pero jamás se habla de un modelo educativo pensado para niños, todos nuestros niños, permanentemente expuestos al enorme impacto del conflicto: su impacto en la vida de todos los días, en la justicia, en los deportes, en la economía, en la televisión, en la música, en las redes sociales. Un sistema educativo que los inmunice, que los estimule, que los resguarde del riesgo cuando otros sistemas de protección -la familia, la comunidad- fallan.

El afán es atragantarlos con trigonometría para elevar los índices del país en las pruebas internacionales. Es someterlos bajo amenaza de titularlos de fracasados en una sociedad en la que el que no sirve no vale. Obviando que tienen las hormonas en ebullición, que los riesgos se multiplican y que en ellos está nuestra esperanza de que la guerra no se perpetúe. Los maestros tampoco dan abasto. Lidian con grupos grandes de adolescentes, sobre los que tratan de ejercer una autoridad cada vez más desgastada. Los buenos profesores, esos héroes anónimos que han salvado tantas vidas, no tienen voz. Están muy lejos de los círculos de poder que diseñan los currículos.

Será por eso por lo que, a pesar de los esfuerzos, que no son pocos, los jóvenes continúan abandonando la escuela y engrosando las filas de un sector de la economía, la economía ilegal, que cada vez se diversifica más y que es el único que les ofrece una oportunidad de llegar a tiempo al bienestar, no en un mañana en el que no tienen fe porque el futuro próspero no es para los pobres, aunque se esfuercen.

Daniel Pennac, el celebrado escritor francés y maestro de escuela por varias décadas, somete a examen, en su magnífico libro Mal de educación, ese sistema educativo envenenado en el que él, siendo niño, cumplía el papel del “zoquete”. Pennac se recuerda como ese hijo precario que no estaba destinado a perdurar, como el fracasado, el que no entendía, el que pasaba de agache, y alude en varias ocasiones a esa fantasía reiterada de tener su propia pandilla, escapar del “dolor de no comprender y sus daños colaterales”.

James soñaba con eso mismo y por eso abandonó el colegio, harto de no entender, de no querer, de que nadie lo respetara. En la cumbre de su proceso formativo, ya es un delincuente prometedor. El peligro no existe cuando se vive a gusto. Que si la vida es corta, se vivió bien. Y si se alarga, terminará de seguro en la desmovilización, la captura o la muerte.

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Adiós a las armas

Posted by pocho On enero - 15 - 2012

Por: Héctor Abad Faciolince

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

El alcalde Gustavo Petro no tiene derecho a decidir quién puede ir armado y quién no; esa es la típica alcaldada del político narcisista: le dan un poder menor, un pequeño poder, y ya se siente todopoderoso.

Cree que puede cambiar a su antojo la Constitución y las leyes. Sin embargo la idea de Petro —desarmar a la gente, no permitir que ningún civil porte armas de fuego— es buena, es conveniente, pero la iniciativa deberían tomarla aquellos que de verdad pueden cambiar las leyes: que el Gobierno o incluso los mismos alcaldes que están de acuerdo con la iniciativa presenten un proyecto del ley al Congreso. O que los senadores y representantes salgan de su sopor secular y saquen una ley seria que no sea un mamarracho contradictorio y lleno de excepciones, que es el esperpento que tenemos ahora.

Lo cierto es que hoy en día está prohibido portar armas, si uno no tiene un permiso y un salvoconducto. En teoría, pues, la prohibición ya existe. Pero, como suele suceder aquí, es una prohibición poco seria, una prohibición simbólica y sin dientes. Por un lado, quienes portan armas ilegalmente reciben una pena mínima si son capturados con una pistola. Por otro lado, hay un negocio legal de las armas para los civiles y las empresas privadas de vigilancia (cuyo monopolio es del Ejército y quiere conservarlo), y al menos tres negocios ilegales de tráfico de armas: el de la guerrilla, el de los paramilitares y el de los narcos.

La extrema izquierda, la que simpatiza con los grupos guerrilleros alzados en armas, no acepta que la Policía y el Ejército (dirigidos por el Gobierno civil) tengan el monopolio de la violencia. El discurso de la izquierda dice, todavía, que las Fuerzas Armadas son tan arbitrarias en el uso de la fuerza como los asesinos y los ladrones. No es así. Por muchas barbaridades que hayan cometido, no es así. El Ejército no está dedicado a matar indigentes para presentarlos como falsos positivos: lo han hecho algunos y están siendo castigados: pero esa no es ni una política ni una práctica oficial del Ejército.

También, algunas veces, pocos policías han matado inocentes. En Bogotá ha ocurrido recientemente. Hasta la Policía británica —una de las mejores del mundo— lo hizo con un brasileño durante la paranoia del terrorismo; pero esa no es la norma, ni allá ni acá. Y mientras menos civiles armados haya, menos armada y menos paranoica será también la Policía.
La extrema derecha tiene también un doble discurso. Por un lado, como piensa que el Gobierno es débil con los grupos guerrilleros, y los jueces cómplices de ellos, cree que es necesario formar grupos armados de autodefensa para impedir el secuestro, la invasión de tierras, el abigeato, etc. Como muchos narcos y exparamilitares son también terratenientes, hay una alianza ideológica y práctica que, con la disculpa de que no hay Estado, dice que ellos se tienen que convertir en el para-Estado que defiende la propiedad. Por eso ellos defienden que haya grupos que porten armas. Su idea es anticuada y patricia: quieren que, como en el medioevo, sólo los caballeros (los que tienen caballos) y los propietarios puedan llevar armas; no así los peones, que si las llevan, son automáticamente graduados de guerrilleros.
Con una situación así, el abandono de las armas, que es urgente y sería una medida pacificadora de toda la sociedad, que disminuiría nuestros vergonzosos índices de violencia, no puede venir de la iniciativa de un alcalde egocéntrico. Tiene que ser el resultado de una ley que sea, al mismo tiempo, benévola y feroz. Quiero decir, generosa y benéfica para la mayoría de los ciudadanos, y feroz con los infractores. Cuando sea el Estado el que efectivamente tenga el monopolio de la fuerza, su uso tendrá que ser mucho más moderado y restringido. Y el riesgo de largos años de prisión para los infractores civiles, tiene que ser altísimo. Sin armas, el viejo y sucio oficio de ladrón volverá a ser un arte de astucia y no esta salvajada de matones.

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Toreros muertos

Posted by pocho On enero - 12 - 2012

Por: Salomón Kalmanovitz

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Miles de toros son molestados, torturados, picados, exhibidos cada año en España y sus excolonias, sometidos por el más narciso de los deportes (o artes). Un toro muerto no es noticia, pero un torero cogido sí lo es, por la rareza de su ocurrencia. Los Toreros Muertos era un grupo de rock español.

Se trata de una lucha desigual: una cuadrilla de asistentes marea al toro, unos picadores obesos sobre unos caballos acorazados les meten unos lanzazos tremendos, hasta que el toro queda totalmente aturdido. El público enardecido clama por sangre, borracho de cerveza o de manzanilla, aunque los insignes asistentes y los exponentes de las fuerzas vivas de la Nación tomarán buen whiskey.

Antes de la faena, el torero reza para que alguna virgen lo proteja, se confiesa para estar en estado de pureza por si le llega la hora y entra al ruedo a jugarse la vida, aunque las posibilidades de que un toro lo revuelque o lo mate, como ya dije, no son muy altas. Es un ritual en que se invoca a los hacedores de milagros, aunque insisto en que no es necesario ninguno. Se requiere más bien ejercicio, agudizar los sentidos y estudiar cuidadosamente los movimientos de la bestia para contrarrestarlos.

Una vez que le han clavado banderillas y los picadores le han destruido la cerviz, el valiente torero le asesta el golpe mortal a la noble bestia con su espada. El torero viste de luces (no eléctricas) y se aprieta el torso y la entrepierna insinuando su paquete y sus nalguillas.

Max Weber decía que el protestantismo había liquidado la esfera de los milagros, para convertirse en una religión que obligaba a la reflexión, contribuía a la previsión y facilitaba el pensamiento científico. Pero bueno, acá tenemos a los defensores de los viejos valores y de la superstición abogando para que continúe tan hermosa y cruel fiesta.

En Cataluña, la fiesta brava fue prohibida por una alianza progresista y entró en vigor el primero de enero de este año, ante la iracundia del Partido Popular y de otras fuerzas conservadoras. Según El País de España, “la presidenta del PP catalán ha anunciado que llevará al Senado y al Congreso de los Diputados la propuesta para declarar la fiesta de los toros de interés cultural general, para que sea protegida en el conjunto de España y no pueda ser prohibida por una comunidad autónoma”.

Yo no creo que sea bueno prohibir cualquier cosa. Si la medida resulta efectiva, no es resultado de la prohibición sino de que Cataluña es la región más industrializada de España, más cercana a la frialdad y al cálculo racional que Weber asociaba con el protestantismo, pero que se desarrollan por sí solos con la disciplina del capitalismo industrial: previsión, ahorro (el resto de españoles critica a los catalanes por tacaños) y rechazo a los aspectos supersticiosos de la religión, que queda confinada a la esfera íntima de las personas.

En Colombia se ha venido reduciendo el público adicto a los toros. Las corridas no alcanzan a llenar las plazas, la edad promedio de los asistentes es cercana a los 60 años, sólo superada por la de los escritores taurinos. Sin embargo, algunos jóvenes han incursionado en esta curiosa carrera (la de torero, digo) y recorren las plazas menores, construyendo pequeñas reputaciones.

Eventualmente, las corridas de toros se extinguirán por doquier, gracias a la modernidad. ¿A dónde irán entonces los toreros muertos? Pues, como todos, hacia la gran nada.

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