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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Archive for the ‘Medios’ Category

Isla basura

Posted by Javier Silva Herrera On mayo - 21 - 2012

Por: Javier Silva Herrera

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Corría el 13 de agosto de 1997 y el oceanógrafo Charles Moore navegaba por el Pacífico. Su velero volvía a California desde Hawái, luego de una regata. Él y sus cinco tripulantes habían tomado una ruta poco transitada y ese giro inesperado en su bitácora también cambió sus vidas y el sentido que tenía hasta ese momento el océano para ellos. De un momento a otro, comenzaron a ver una hilera de bolsas de plástico, redes, conos asiáticos de señalización de tráfico, jarras, zapatos, cepillos de dientes, muñecas descabezadas y bombillos.


 

En ese instante, Moore, como un Cristóbal Colón moderno, con el azar y una dosis de instinto como la que tuvo el navegante genovés hace más de 500 años al descubrir América, también había hallado otra ‘región’ mar adentro: el ‘continente basura’. Hoy, quince años después de ese avistamiento, esa porción de desechos flotantes no es un espejismo. Está creciendo, impulsada, según Greenpeace, por las 6 millones de toneladas de residuos que caen al mar cada año (los que produce Bogotá en tres años). De hecho, hace dos semanas, el Instituto Scripps de Oceanografía, en EE. UU., indicó que esa ‘sopa de plástico’ en alta mar se ha multiplicado por 100 entre 1999 y el 2010. (Lea también: Editorial: Basuras: vuelve y juega).

Los desperdicios concentrados en esa parte del Pacífico se agrupan en un remolino provocado por corrientes, que impide que se dispersen hacia las costas: “Una mancha repugnante de 3,4 millones de kilómetros cuadrados”, dice el Centro de Estudios Espaciales de EE. UU. Lo desconcertante es que la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica dice que el 80 por ciento de esos restos los producen fuentes terrestres y el 20 por ciento restante, los barcos.

Juan Manuel Díaz, director científico de la fundación Marviva, que trabaja por la sostenibilidad marina en Costa Rica, Colombia y Panamá, explica que la basura puede llegar allí de Canadá, Asia o América Latina, situación que está dañando la fauna. Miles de ballenas y tortugas quedan atrapadas en redes. Sin contar la intoxicación con químicos de animales que luego son consumidos por el hombre. La revista Marine Ecology Progress dice que los peces en el Pacífico ingieren hasta 24.000 toneladas de plástico al año. Además, los desechos son aprovechados por una invasiva araña acuática (Halobates sericeus) como incubadora, especie que ahora abunda y puede llegar a cambiar el ecosistema. 

Esta crisis sanitaria no es exclusiva del Pacífico. Díaz Merlano dice que sucede algo similar en el mar de los Sargazos, al norte de las costas de Haití, donde existe otra ‘isla de basura’, un nuevo giro oceánico similar al del Pacífico y que también se ve en otras zonas del Atlántico. Los residuos son difíciles de detectar si no es con expediciones, pues al estar ubicados a pocos metros por debajo de la superficie y desintegrados al punto de que parecen plancton, no son localizables vía satélite. Precisamente, un grupo de franceses acaba de zarpar para ver de cerca, y nuevamente, la ‘isla basura’ del Pacífico, liderados por el explorador Patrick Dexione.

La idea es crear conciencia, porque al estar en aguas internacionales parece un problema sin doliente. Dexione asegura que como ya no se puede limpiar el mar, la solución es enseñarle al mundo a no arrojar desperdicios, ni siquiera a los ríos. Porque el fenómeno está creciendo tanto que los científicos calculan que en 20 años el ‘séptimo continente’, como también se le llama a esta mancha, será tan grande como Europa.

Sociedad igualitaria

Posted by Mauricio Garcia Villegas On mayo - 19 - 2012

Por: Mauricio Garcia Villegas

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

En la madrugada del domingo pasado, en las calles de Barranquilla, la policía detuvo el senador Eduardo Merlano.


El hecho fue filmado y en el video se observa cómo el senador se niega a practicarse una prueba de alcoholemia que la policía le exige. “¿Cómo me van a tratar ustedes así?”, les dice Merlano a los policías. “Yo soy senador de la República y saqué 50 mil votos; 50 mil personas votaron por mí ¿y ustedes me van a faltar al respeto? Por Dios, ¿eso qué es?”. Y para rematar, Merlano finaliza con esta perla: “es que ustedes no conocen realmente lo que es el sector público”. Arrinconados, los policías terminan implorándole que se haga la prueba: “colabórenos, senador”, le dice un agente. Pero éste no hace caso y, como dice el cuento, orondo se va.

Escenas como esta, en donde un poderoso se burla de la policía, se han vuelto familiares para los colombianos. En realidad, siempre lo han sido, desde los tiempos inmemoriales de la colonia. La única diferencia es que ahora muchos de esos hechos se filman. ¿Recuerdan al concejal de Bogotá Álvaro Caicedo cuando invadió el carril de Transmilenio con el argumento de que estaba de afán y tenía gripa?, ¿o al célebre “padre Chucho”, que hizo todo lo posible por evadir una requisa policial con el argumento de que tenía que imponerle los santos óleos a un enfermo?

Dos siglos de independencia republicana (y de cháchara sobre la igualdad de los ciudadanos ante la ley) no han sido suficientes para acabar con una sociedad colonial y jerarquizada, en donde las personas valen por la posición social que ocupan, no por ser personas. No es que los poderosos (o buena parte de ellos) nieguen la existencia de las leyes. No, las leyes existen, sólo que ellos creen estar por fuera de su radio de aplicación, es decir, creen que tienen un fuero, un privilegio, tal como sucedía en la sociedad colonial. El ideal de un congresista como el señor Merlano es tener un fuero total, es decir, una ley personal (con copia en el bolsillo) que diga lo siguiente: el senador fulano de tal está autorizado para hacer lo que se le dé la real gana. No sé si no lo hacen por pudor o porque simplemente no necesitan de esa ley, dado que, de hecho, ya la aplican.

En Colombia no sólo la igualdad está mal repartida; también lo está la libertad. Aquí, mientras más poderoso es alguien, más fueros tiene, es decir, más autorizaciones para no obedecer. A medida que se desciende en la escala social, en cambio, la gente va perdiendo privilegios y ganando obligaciones. Como en la colonia, la obediencia a la ley es inversamente proporcional a la jerarquía social. En este país la gente quiere ascender socialmente, no tanto para obtener dinero y confort, sino para que nadie lo mande y poder mandar.

Hay dos tipos de sociedades, decía el antropólogo Roberto Da Matta: aquella en donde predomina la expresión ¿Sabe usted quién soy yo?, y aquella en donde reina la frase ¿Usted quién se cree? La primera es la nuestra; una sociedad en donde lo que vale es el estatus social. La segunda es una sociedad igualitaria, en dónde todos se someten a la ley; quien intenta salirse de esa regla lo interpelan con un ¿y usted quién se cree?

Cuando Merlano se niega a obedecer a los policías (sí, a los policías), a éstos no se les ocurre reaccionar diciendo ¿y usted quién se cree?; al contrario, dicen por favor, senador, colabórenos. Y me temo que, ante el evidente desacato a la autoridad protagonizado por Merlano, las demás autoridades (empezando por la Procuraduría) harán lo mismo.

Tiempos de ruido

Posted by Julián López de Mesa Samudio On mayo - 10 - 2012

Por: Julián López de Mesa Samudio

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

En medio de tanto ruido es difícil escuchar sonidos. Sin embargo, en los últimos días un sonido importante del pasado ha ido elevándose y considero que volverá a escucharse con mayor claridad. Me refiero al debate sobre la educación superior en Colombia.

El año pasado, dicho debate se generó por un controversial proyecto de reforma defendido a ultranza e incluso con la habitual beligerancia, intransigencia y estrechez de miras de quien está acostumbrado a salirse con la suya. La polémica reavivó al aletargado movimiento estudiantil y éste logró que no sólo se bloqueara el proyecto de reforma, sino que se volviese a discutir la reforma con un mayor número de actores. Luego de las marchas del año pasado y de la victoria estudiantil, el sonido pareció extinguirse dándole paso de nuevo al ruido. Hoy se reanima el debate y, paradójicamente, los actores vuelven a ser los mismos.

Considero que este debate está mal encaminado. La reforma a la educación es una necesidad imperiosa; esto no está en discusión. Pero quizás es urgente una reforma a la educación básica y media antes de pensar en una reforma a la educación superior. Este columnista, quien también es profesor, considera que el principal problema de la educación colombiana se encuentra en la educación estandarizada y cada vez más deficiente de los colegios: en la historia de constante imitación tardía de modelos educativos, en las políticas gubernamentales para la educación que se imparte durante la primera década y media de escolaridad, y en los burócratas mal preparados, aunque eso sí, bien puestos, que tienen a su cargo tan importante tarea.

Considero que es grave que un porcentaje altísimo de estudiantes que entran a las universidades no tenga habilidades comunicativas, ni orales ni escritas. Es dramático que jóvenes con capacidades y entusiasmo para afrontar la primera etapa de su vida adulta tengan que recibir, durante los primeros semestres, refuerzos y, en algunos casos aún más lamentables, las bases para comunicarse adecuadamente. Poco a poco los pregrados universitarios se van convirtiendo en extensiones del bachillerato.

A tal punto llega la confusión que muchas universidades han dado por vincular más y más a los padres de familia a la vida universitaria, limitando aún más a los estudiantes y postergando la asunción de responsabilidad que trae consigo la adultez. He de decir que esto también se debe a que muchas universidades se han contaminado por los códigos y principios de la administración de empresas y ahora ven a sus estudiantes como clientes —y al cliente, hay que decirlo, siempre hay que tenerlo satisfecho—.

La semana pasada, la ministra de Educación, siempre tan bien intencionada y tan heroicamente ajena a la realidad, consideraba declarar el estado de emergencia escolar. ¿El problema? El matoneo. Ha de ser muy grave el asunto (quizás apenas ahora hay matoneo y quizás para la ministra sea el problema más grave que afrontan los colegios). Quizás la señora Campo esté sinceramente preocupada, pero si supiera lo que les espera en la universidad a los jóvenes a quienes ella intenta sobreproteger, es posible que la angustia le alcance a robar un par de minutos de sueño. Porque lo mencionado arriba es tan sólo la punta del iceberg.

 

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