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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Archive for the ‘Caricaturas’ Category

Nuevos feligreses

Posted by Pocho On mayo - 10 - 2011

Por: Matador

Feligreses del siglo XXI


Les Luthiers, nominados

Posted by Pocho On mayo - 6 - 2011

Por: Tulio Elí Chinchilla

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Si la música, además de recrear el espíritu, nos hace sonreír y desternillar, ello le brinda una maravillosa plusvalía. Este es el prodigio de Les Luthiers, grupo argentino cuya obra músico-literaria, labrada en más de cuarenta años, ha sido nominada al premio Príncipe de Asturias de las Artes 2011.

Aunque ayer no obtuvo el galardón, este sexteto trascenderá en la historia musical por varias virtudes: su capacidad para crear y ejecutar piezas de todo género —desde clásicas hasta populares— con maestría técnica, buen gusto y sabrosura, burlándose ingeniosamente de todos ellos sin menoscabar su valor; la elaboración de textos de impecable factura que ironizan sobre temas sacralizados en cantigas, madrigales, cantatas, oratorios, sonatas, tangos, boleros, chacareras, cumbias, mambos y gaitas venezolanas; y su habilidad para construir instrumentos totalmente originales, verbigracia, el latín (violín de lata), el yerbomatófono y el tubofono ciricónico cromático.

Para caricaturizar a los compositores Les Luthiers fabularon el personaje Johann Sebastián Mastropiero. De él cuentan que cuando atravesó un periodo de total improductividad intelectual, entonces se metió a dirigir un conservatorio. Su relación amorosa con la condesa Shortshot quedó reflejada en la obra Divertimento Matemático, “cuyos movimientos son: Introducción, Enunciazione in tempo di menuetto, Hipotesis agitatta, Tesis, Desmostrazione, ma non troppo, Finale presto con tutti”. Y al dedicarse a la investigación histórica, “Se pasaba largas horas en la biblioteca de la opulenta Marquesa de Quintanilla, cuyos volúmenes le apasionaban (los de la biblioteca)”.

Con derroche de virtuosismo vocal-instrumental estos bufones se mofan del barroco en el Concierto Grosso “alla rústica”. Ridiculizan la prosapia huera de los comentaristas de música clásica, mediante el Vals del Segundo. Para descalificar los panegíricos mistificadores de descubridores y conquistadores españoles compusieron la Cantata del Adelantado Don Rodrigo Díaz de Carreras. En ella Don Rodrigo descubre a América en 1491, llega a Colombia (Rodrigombia) al son de cumbia y termina en el Caribe al ritmo de mambo, Calipso y chachachá. En la cantiga La bella y graciosa moza marchose a lavar la ropa, se ríen de los polifónicos madrigales renacentistas.

Los amantes del bolero deben quedar sin ganas de escuchar otra pieza romántica después de oír el Boleró, cuya letra deja muy mal parado el menú de tópicos sentimentaloides: “Tu piel, tersura incomparable / cual suave terciopelo / tus ojos, tus piernas, tus manos / tus dedos, tus narices / tu pecho, tu espalda, tus caderas, tus rodillas; tus falanges, tus muñecas / tus orejas, tus tobillos,… etcétera”.  Y el saborcito ridículo de ciertas partes de los tangos, se devela en Pieza con Forma de Tango (“¿por qué te fuiste mamá con ese señor, qué tiene él que no tenga yo?”).

Cultivando música inteligente —irónico significaba también inteligente en el Renacimiento— y desacralizando respetables estéticas, Les Luthiers ayudan a civilizarnos: quien es capaz de burlarse de sus propios dioses, posee el antídoto contra ciertas formas de barbarie.

Sobre Sábato

Posted by Pocho On mayo - 5 - 2011

Por: Óscar Collazos

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Heredero de una tradición que recuperó a Kierkegaard, Dostoievski y Kafka para la novela latinoamericana, se apartó del canon literario que distinguía a la literatura argentina.

Ernesto Sábato (1911-2011) debió de haber visto y admirado muchas veces el aguafuerte número 43 de la serie Los caprichos (1799), de Goya. El grabado es conocido por la inscripción que se destaca al pie de un hombre que duerme con la cabeza apoyada entre sus brazos, asediado por pajarracos y animales de todas las especies.

‘El sueño de la razón produce monstruos’ -título del grabado- podría haber sido la divisa de este raro y grande escritor. Heredero de una tradición que recuperó a Kierkegaard, Dostoievski y Kafka para la novela latinoamericana, Sábato se apartó desde el principio del canon literario que, entre Borges y Cortázar, distinguía a la literatura argentina.

La historia de Juan Pablo Castel y María Iribarne (asesino y víctima de El túnel) tuvo la fortuna de coincidir con el apogeo del existencialismo europeo. De allí el éxito entre los lectores de todos los idiomas y los elogios que le dispensaron Albert Camus, Thomas Mann y Graham Greene.

Sobre héroes y tumbas (1961) fue una novela intrusa entre las novelas del boom latinoamericano. No venía, como señalé, del universo alegórico de Borges, pero tampoco del realismo barrial de Roberto Arlt. Sábato era demasiado trágico para compartir las experimentaciones exultantes de Cortázar o el rompecabezas lúdico de Rayuela, pero admiró, seguramente, sus cuentos fantásticos.

Su temperamento atormentado, la ironía trágica con que respondía a la vida y aceptaba la proximidad de la muerte, no tuvieron nunca cabida dentro del optimismo mesiánico de la izquierda. Sábato rechazó, desde El Uno y el Universo, la racionalidad que dio forma al Estado moderno. Esta racionalidad había hecho posible la colonia penitenciaria de Kafka, el campo de concentración nazi y el gulag comunista.

Entre 1983 y 1984, cuando presidió la Comisión Nacional contra la Desaparición de Personas, conoció la monstruosa dimensión que podía adquirir el Estado en dictaduras que pretendieron “defender la democracia” y “detener el avance comunista”. El informe, prologado por Sábato, es el más demoniaco expediente criminal que conozcamos en América Latina, pero permitió procesar, condenar y enviar a la cárcel a los responsables de las juntas militares de la dictadura.

La primera decepción de Sábato fue el comunismo. La segunda, la ciencia, que abandonó para dedicarse a la literatura, la pintura y la filosofía desde un humanismo alimentado quizá por la filosofía de Bertrand Russell. Al decir que El Uno y el Universo participaba “de la impureza y de la contradicción, que son los atributos del movimiento”, hacía su apuesta por el poder creativo de la incertidumbre.

Sobre héroes y tumbas y El túnel no tratan temas habituales en la literatura latinoamericana. Sábato, como Juan Carlos Onetti, parecía repetir el exabrupto de Sartre: “El hombre es una pasión inútil”. Entre El pozo (1939), del uruguayo, y El túnel (1948), del argentino, se traza, sin embargo, una línea que profundiza en el malestar del individuo, mucho más esencial que el malestar de las sociedades donde viven.

¿Es ‘El informe sobre ciegos’, capítulo de Sobre héroes y tumbas, una alegoría del mal, inherente a la naturaleza humana? “Seré siempre el que esperó a que le abrieran la puerta, junto a un muro sin puerta”, escribió. Nos recordaba así otro enigma: la alegoría de Ante la ley, el relato de Kafka.

Sábato quiso empezar uno de sus últimos libros (La resistencia) con esta frase luminosa en medio de la oscuridad de sus fantasmas: “Hay días en que me levanto con una esperanza demencial, momentos en los que siento que las posibilidades de una vida más humana está al alcance de nuestras manos”.

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