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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Archive for the ‘Noticias’ Category

Farsa en Libia

Posted by Pocho On septiembre - 2 - 2011

Por: Antonio Caballero

Fuente: Semana – Bogotá, Colombia

Dicen Correa del Ecuador, Chávez de Venezuela, Castro de Cuba, que esto de Libia no es una revolución democrática, sino una invasión imperialista. Dicen otros, desde Obama de los Estados Unidos y Sarkozy de Francia (con su soldadito de plomo el todavía llamado “joven” filófoso Bernard-Henry Lévy) hasta varios columnistas de la prensa colombiana, que lo que pasa es que el pueblo libio ha tomado en sus manos su propio destino.

Me parece que tienen razón los primeros (y con ellos el principal protagonista y una de las muchas víctimas de esta farsa sangrienta, Muamar Gadafi). Cuando escribo esto el episodio no ha terminado todavía (y los capítulos que vienen durarán varios años más, como en Irak o Afganistán); pero por las imágenes de la televisión que nos han mostrado sigo sin creer que sea de verdad seria la revolución libia. Como no lo ha sido la egipcia de la plaza Tahrir: ¿quién manda en Egipto? Los generales del depuesto dictador Mubarak. Ni la tunecina del vendedor ambulante inmolado por el fuego: ¿quién manda en Túnez? Los políticos del exiliado dictador Ben Ali. ¿Cómo va a ser seria una revolución de muchachos que corren en camiseta y bluyines, armados de rifles de cacería, para enfrentarse a los tanques del tirano? ¿Una revolución que avanza en jeeps armados con ametralladoras antiaéreas por carreteras asfaltadas por el tirano para las multinacionales petroleras? ¿Cómo va a ser popular una revolución que solo triunfa porque la Organización del Atlántico Norte (Otan), la más poderosa coalición de fuerzas militares de la historia, decide ponerse a bombardear el país? Los aviones de Francia, Gran Bretaña, Italia y los Estados Unidos han hecho veinte mil incursiones aéreas sobre Libia, sin contar los cañoneos desde el mar, en los seis meses que ha durado la rebelión. Dicen que sale a millón de dólares cada cohete disparado contra el palacio fortaleza del tirano Gadafi, hoy por completo machacado (pero con sus moradores lanzando arengas por la radio).

Un detalle: el régimen de Gadafi era el penúltimo de los que hace cincuenta años surgieron en el Oriente Medio árabe contra el colonialismo occidental, inspirados por un nacionalismo laico y “revolucionario”: el de Nasser en Egipto, el de Burguiba en Túnez, el del FLN en Argelia con Ben Bella y Bumedién, y en Siria y en Irak el de las dos ramas rivales del partido Baas. Todos ellos se corrompieron y se convirtieron en tiranías personalistas con vocación dinástica, a veces enemigas y a veces amigas de Occidente (y de sus empresas petroleras). Así, por ejemplo, cuando la revolución islámica de los ayatolas expulsó de Irán al Sha, el nuevo amigo que sirvió para contener la expansión chiita fue Sadam Hussein de Irak, en una guerra que costó varios cientos de miles de muertos de cada lado. Desangrados a la vez Irán e Irak, Hussein cayó en desgracia. Y vinieron las dos guerras del Golfo: la invasión “democratizadora” que toda-vía está en marcha. En cambio siguen siendo amigos, y en consecuencia no sometidos a sesiones terapéuticas de democratización forzosa, los tiranos dinásticos de Kuwait y de Arabia Saudita, de Yemen, de Jordania, de Marruecos, de los pequeños emiratos del Golfo.

A ver qué pasa ahora con Bashar al-Assad, que en Siria se defiende a cañonazos de unas protestas callejeras como las de Egipto, Túnez, Libia, etcétera: las de la llamada “primavera árabe”. Ya el presidente Obama le advirtió a Assad que, en vista de que no quiso encabezar la “transición democrática”, debe abandonar el poder. Y decretó contra Siria sanciones económicas.

Que no se burlen del venezolano Hugo Chávez cuando decide traer sus reservas de oro a “países amigos” para que no se las roben. Gadafi tenía las suyas en la Gran Bretaña, en Suiza, en los Estados Unidos. Y se las congelaron. Así que no pudo seguirles comprando armas y municiones a esos mismos países, y terminó siendo derrocado.

Con lo cual la Otan tomó en sus manos el destino del pueblo libio.

El gramático

Posted by Pocho On septiembre - 2 - 2011

Por: Julio Cesar Londoño

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

El 17 de julio de 1911 Rufino José Cuervo madrugó, arregló su habitación con cirios y flores, se arregló con más esmero que de costumbre, se recostó con las manos cruzadas en el regazo, expiró como cualquier matrona macondiana y fue enterrado sin discursos en el cementerio de Père-Lachaise. Llevaba 39 años dedicados a la redacción de su monumental Diccionario de construcción y régimen. “Murió cuando apenas iba por la letra E, en París; lejos de Bogotá… y de la Z”, escribe en Chapolas negras Fernando Vallejo, nuestra versión criolla de Truman Capote.

Aunque Cuervo siempre trabajó solo, hay que registrar la ayuda de su amigo Ezequiel Uricoechea, un aventurero bogotano, médico de Yale, antropólogo de la Sorbona y experto en árabe y lenguas indígenas que vivió muchos años en Europa. Cuervo le mandaba esmeraldas, que allá se cotizaban muy bien, y el hombre le enviaba a vuelta de correo abultadas cartas filológicas, discusiones eternas sobre el “leísmo”, las últimas novedades de las librerías y toneladas de corcho para las tapas de la cervecería de los Cuervo en Bogotá.

En una de las cartas, Uricoechea le cuenta a Cuervo que Alejandro Humboldt “me está iniciando en el estudio de la lengua alemana y me ofreció la cátedra de química de la Universidad de Berlín. Voy a pensarlo”. Uricoechea rechazó el ofrecimiento y viajó a continuar sus estudios de lengua y cultura árabe en Beirut, donde murió en 1880. Tenía apenas 46 años.

Para tener una idea de la dimensión del trabajo de Cuervo, veamos estas cifras. Él hizo un tercio del Diccionario. Para las otras dos partes se necesitó una minga de dos naciones, dos organismos internacionales, un mecenas infinitamente rico y un equipo de 40 investigadores que trabajó durante 42 años.

Otro maniático de los diccionarios, García Márquez, dijo, con las características hipérboles de su estilo, que “el Diccionario de Cuervo es una novela de las palabras, el diccionario menos imaginable del mundo por su fórmula y tamaño, por el siglo y cuarto de su ejecución, y por su inutilidad práctica”. (Lecturas Dominicales, octubre 10/99. Quizá no esté de más anotar que entre artistas, y desde Wilde, el adjetivo inútil es casi elogioso). Gabo no fue el único que quedó confundido. María Mercedes Carranza escribió en la revista Semana (febrero 8/99) que el Diccionario “absuelve dudas de toda índole en el manejo del idioma”. Es uno de los dislates más enternecedores en la historia de la crítica literaria de Occidente. El que llega al Diccionario con una duda, sale con veinte.

He hojeado con mucho placer y un principio de vértigo sus ocho gruesos tomos, los 600.000 ejemplos de uso, espigados en nueve siglos de prosa y verso castellanos, pero aún no me atrevo a decir para qué sirve ese “monumento a la lengua”, ni puedo dar una buena definición de él, ni estoy seguro de saber usarlo, ni me ayuda a resolver mis titubeos sintácticos, y a veces me asalta en la alta noche la idea sacrílega de que el Diccionario sea sólo el delirio de un genio que perdió el juicio en el curso de sus agotadoras jornadas de trabajo en un austero apartamento parisino.

Me declaro incapaz de decidir si estamos frente a la vulgata del castellano, un monumento de la lengua o una curiosidad bibliográfica, un mamotreto inútil, un museo de palabras muertas o un hito mayúsculo de la lingüística, el primer diccionario sintáctico de la historia.

Tal vez otro sabio tan terco como Cuervo dedique su vida a estudiar el Diccionario y muera dejando inconclusa su evaluación, y un equipo de 40 gramáticos emplee 40 años en terminarla y publique al fin la monografía crítica definitiva.

Royal Park Circus

Posted by Pocho On agosto - 30 - 2011

Por: Rafel Orduz

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

La función del circo del sábado estaba anunciada para las siete, aunque comenzó pasadas las ocho, con casi cincuenta asistentes.

La primera semana la boleta valía tres mil pesos (US $ 1,6), luego dos mil (US $ 1,1) y ahora mil (US $ 0,6), para exprimir las últimas esperanzas de público en un pueblo de cinco mil habitantes, incluyendo el casco urbano y las nueve veredas.

El Royal Park Circus está instalado en El Cocuy, hermoso municipio que ha logrado hacerle el quite a la adicción cundiboyacence de derribar las viejas casas de teja y sustituirlas por los esperpentos de ladrillo y vidrio oscurecido.

La mujer que hace el contrapunto al payaso en el número del soldado es la esposa de Wilson, el trapecista, nacido en Sardinata. Ella es el corazón de la familia y el alma del trabajo. Wilson la conoció en Arboleda, Norte de Santander, cuando el circo de su padre plantó allí su carpa. A los tres días ella dejó su casa. Hoy tienen tres niñas y un chico, que hace las veces de “Garrapata”, un payasito que está mudando dientes y que entiende las cosas al revés, para delicia de los asistentes.

El payaso, pamplonés, es el padre de Wilson, hombre que lleva cincuenta años de circo. Ha sido barrista, pulseador, trapecista, músico y payaso. Los acompaña en la gira que Wilson comenzó en 2010 como empresario circense y que los ha llevado a Tasco, Monguí, Gámeza, Cerinza, Susacón, La Uvita…

En Tópaga un ventarrón se llevó la mitad de la carpa y la granizada del 13 de marzo de 2010 perforó el resto. La mitad del público veía el espectáculo sin pagar, por las troneras que el viento dejó; el resto, dentro, con sombrilla.

Wilson había hecho la carpa y la rehizo después del temporal de Tópaga con la ayuda de una máquina hechiza hecha por él, que le valió 20 mil pesos y que consta de una resistencia, teflón y cable, usada para pegar las partes de la gran lona.

Además del R-4 de don Óscar Salamanca, el padre, clave para el perifoneo en las calles, el equipo físico lo complementa un Nissan Patrol 73, que hala el trailer construido por Wilson y que alberga el camarote de las niñas y la cama doble, que la pareja comparte con “Garrapata”.

Se necesitan tres días para instalar la carpa y dos para empacar e irse al pueblo siguiente, que será El Espino. La carpa se traslada en ocho rollos que deben ser transportados, junto con la estructura y las tablas de las graderías, en camión, que hay que alquilar.

Cuatro muchachos, reclutados en los pueblos, ayudan en algunos números y con los procedimientos de armar y desarmar. Reciben 15 mil pesos por función. El circo paga arriendo, servicios e impuestos. La familia carece de seguridad social, como las de todos los cirqueros pequeños.

Los niños estudian, durante algunas semanas, en la escuela de cada pueblo. Allí los certifican y prosiguen así en el pueblo siguiente.

El Royal Park Circus no será el Circ du Soleil, pero sí ejemplo de dignidad, coraje, ingenio y emprendimiento de colombianos que, sin subsidios, certezas ni atajos construyen esperanzas, alegrías y un futuro para sí.

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