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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Archive for the ‘Noticias’ Category

Revertrex

Posted by Pocho On abril - 11 - 2012

Por: Óscar Collazos

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Una de las noticias más comentadas en los últimos dos días ha sido la desautorización por parte del Invima (Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos) de la publicidad de un producto de belleza promocionado por Amparo Grisales.

El producto estaba siendo comercializado como “activador de la longevidad” y “fuente de eterna juventud”, pero “el Invima desmintió este martes a Vanessa Navarro, vicepresidenta de Intermarketing Express, importadora del producto Revertrex, cuya publicidad fue prohibida ayer por la Superintendencia de Industria y Comercio por considerarla engañosa”.

La noticia no hubiera producido tanto revuelo si no hubiera estado acompañada por el tono camorrista con que Amparo Grisales salió en defensa del producto. Y no solo por esto. La diva -cuya edad es el secreto peor guardado de la farándula colombiana- acusó a la competencia de estar jugando sucio y al Invima, de prestarse a una competencia desleal.

El Invima argumenta que “la publicidad y las etiquetas deben ajustarse a la normatividad sanitaria vigente”. Lo cual quiere decir que está prohibido hacer publicidad a “propiedades que no puedan comprobarse o que señalen que los productos son útiles para prevenir, aliviar, tratar o curar una enfermedad, trastorno o estado fisiológico”.

El Invima y la Superintendencia de Industria y Comercio tienen razones que el corazón de los fabricantes del producto no entienden. Pero la conclusión última de este pleito es otra: en el mercado de la belleza se venden mejunjes de propiedades inciertas, incluso nocivas para la salud, cuyo éxito depende de la inversión publicitaria y el prestigio mediático de quien los promociona.

En este conflicto de intereses vuelve a estar en juego la devoradora industria de la belleza, que comercializa el mito de “la eterna juventud” y saca monstruosas utilidades en toda clase de empresas. Y aunque la Grisales insiste en que su producto es efectivo, solo tiene un argumento a favor: ella misma, que ha burlado las conspiraciones de la edad. En términos de publicidad y mercadeo, la Grisales es más sugestiva que el producto.

La defensa de la diva fue temeraria. Es posible que su emotividad dé el salto de la farándula a los estrados judiciales. Al decir que le “han hecho la guerra desde el comienzo, por unos celos impresionantes” no dice nada grave. Lo grave es decir que la sanción de la Superintendencia pudo obedecer a “pagos de otros laboratorios”. Mejor dicho, a sobornos.

Una hipótesis no configura calumnia, pero no se descarta que la diva tenga que rectificar o probar que el Invima sí ha jugado sucio en la guerra que libran los productos de belleza en un mercado que hace parte de la canasta familiar de miles de colombianas… y colombianos, valga decir.

Nunca antes la vanidad humana había desafiado a la naturaleza con tanta obstinación. “La era del vacío” y la “sociedad líquida” que empezamos a vivir hace más de tres décadas revivieron el más delirante de los mitos. El individualismo narcisista acabó con la solidaridad y puso en su lugar el éxito individual. Ser joven y bello es el imperativo utilitario de esta mitología.

En el museo Dahlen de Berlín se expone un cuadro de Lucas Cranach, el Viejo: La fuente de la eterna juventud (1546). Ancianos desnudos atraviesan una piscina y salen rejuvenecidos en la orilla opuesta. De este mito vive la industria de la belleza. La piscina que atravesamos está llena de agua pantanosa donde nadan las ilusiones impuestas por el mercado. Al fin y al cabo, vivimos en un mundo de artificios en el que los espejos nos calumnian.

Chespirito

Posted by Pocho On marzo - 12 - 2012

 

Por: Ómar Rincón

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

América Latina hace un homenaje este marzo a Roberto Gómez Bolaños, Chespirito. Su valor: hacer reír, haber creado el único superhéroe de esta parte del mundo y convertirse en parte de la memoria colectiva de varias generaciones.

Se llamó a sí mismo Chespirito como un homenaje a Shakespeare, quien también fue entretenedor popular, pero que con el tiempo se convirtió en un ícono de alta cultura.

Chespirito es un Shakespeare latino; uno que se está volviendo de culto-culto, porque sus historias no dan risa, sino que nos ponen frente a los grandes dilemas de nuestra latinidad: la torpeza en sus héroes, la astucia como creatividad pública, la locura como modo de sobrevivir, el vecindario como democracia, los niños de la calle como marca política. Chespirito nos hace reír, pero de nuestros modos sublimes de sufrir como continente.

Se inventó el único superhéroe latinoamericano: el Chapulín Colorado, cuyo mayor heroísmo es luchar contra su propia torpeza y salir ganando: “Todos mis movimientos están fríamente calculados”.

Un homenaje a los latinoamericanos que siempre nos la andamos dando de héroes para sobrevivir y luchar contra la falta de oportunidades; no es listo, no es ágil, no tiene superpoderes, solo cuenta con su astucia, que le permite inventar lo imposible en las sociedades populares: “No contaban con mi astucia” y “Lo sospeché desde un principio”.

Vecindad disfuncional

Se inventó la risa infantil con El Chavo del 8: un vecindario de lo disfuncional latinoamericano en el que una niña se burla de su padre, una madre soltera tiene amante, un niño malcriado abusa de sus amigos, un capitalista explota a los vecinos, una señora mayor se dedica al chisme, una dama llama “chusma” a los pobres, un niño vive en un barril y no entiende nada del mundo porque se toma en serio el lenguaje.

El Chavo le asigna a cada palabra su significado literal y por eso sufre de la injusticia del mundo. Cuestiona a la sociedad y nuestras relaciones de poder y amistad haciendo que el lenguaje signifique. Nos produce risa hacer que las palabras valgan.

Se inventó el humor de lo simple con el Dr. Chapatín y Chaparrón Bonaparte. Este es una oda a la amistad verdadera, esa que nos permite pensar que todo es posible, esa amistad que reconoce debilidades y en lugar de criticar da querencias, alabanzas, utopías. Una amistad que se reconoce perturbada: “Chaparrón, ¿sabías que la gente dice que tú y yo estamos locos?”.

Un par de amigos que ve el mundo en su modo cómplice de “dígame licenciado”.

El delincuente dulce

Se inventó el ser latino en el Chómpiras, Vicente Chambón, El Chanfle y muchos más personajes que recreaban esos modos extraños de ser latinoamericano: formas del subsistir que van del delincuente dulce al periodista tonto y al jugador perdido.

Y qué actor que era don Roberto. Ahora que los canales de América Latina hacen negocio con sus personajes, intentaron hacer un programa de “homenaje” a Chespirito y resultó de “agravio”: por lo menos el de RCN estaba ‘hecho con las patas’, sin amorcito ni ganas. Pa-té-ti-co el programita. Solo era otro motivo de hacer billete.

“Es que me dio cosa” recordar a don Roberto Gómez Bolaños y sus herencias de lenguaje: “No te doy otra no más porque mi abuelita fue trapecista, cirquera, campeona de tiro al blanco” (Don Ramón); “No me simpatizas” (Quico); “Es que no me tienen paciencia” (El Chavo); “Vámonos, tesoro, no te juntes con esa chusma” (doña Florinda), “Pa’ qué te digo que no si sí” y “Como digo una cosa digo otra” (Chimoltrufia).

¡Gracias, Chespirito!

El cáncer del poder

Posted by Pocho On febrero - 26 - 2012

Por: Héctor Abad Faciolince

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Aguirre, el mejor de mis amigos, siempre me dice lo mismo: “Hombre, yo tengo la sospecha de que me voy a morir”.

Después sonríe, irónico, porque él sabe y todos sabemos que la mayoría de la gente vive como si no tuviera siquiera la sospecha de esa certeza: nos vamos a morir. Y entre los seres humanos, los que menos sospechan que se van a morir, son los poderosos. Algo que distingue claramente a una sociedad abierta de una sociedad cerrada, es que los líderes máximos de las sociedades autoritarias son presentados al público como si fueran eternos. Para que la gente no se haga ilusiones ni se les oponga con alguna esperanza de cambio, su gobierno se presenta como irremediable, su “revolución” como eterna, su régimen como algo que durará para siempre. De ahí que sus enfermedades sean un secreto de Estado.

Los venezolanos son expertos en líderes máximos que parecen inmortales. Allá por 1935, durante semanas, no se atrevieron a celebrar el deceso del dictador Juan Vicente Gómez, pues éste había acudido varias veces al ardid de divulgar su falso fallecimiento para pasar por las armas a los traidores que festejaran su muerte. En Corea del Norte, donde impera un régimen comunista monárquico, no vale la pena celebrar que el dictador desencarne, pues para un Kim que se muere hay de inmediato otro Kim que lo sucede: Kim Il-sung, Kim Jong-il, Kim Jong-un… Por eso allá, para usar las palabras de García Márquez en El otoño del patriarca, nadie se atreve a lanzar “los cohetes de gozo y las campanas de gloria que anuncian al mundo la buena nueva de que el tiempo incontable de la eternidad ha terminado por fin”.

Cuenta Ibsen Martínez que en los mentideros de Caracas todo el mundo se ha vuelto oncólogo, por tratar de adivinar cuánto le queda de vida al coronel populista. Unos descartan el cáncer de próstata, porque no se trata con quimioterapia, y aseguran que si han ocultado tanto el lugar exacto de “la lesión” es porque esta tiene que estar situada en una zona íntima y casi innombrable del cuerpo. Los más doctos hablan de “leiomiosarcoma de vejiga”; otros disertan sobre cistectomía, metástasis en el piso pélvico, y uso masivo de esteroides. Especulan los supuestos expertos, cuando hay algo tan simple: todos, hasta Chávez, nos vamos a morir, y no importa mucho si es dentro de seis meses o dentro de seis años.

Importa todo, me dirán: seis años o seis meses significan que debo invertir ahora, o no, en bonos de deuda venezolana. Esta semana, por cuenta de la “otra lesión en el mismo lugar de la lesión anterior”, los bonos venezolanos subieron de precio. Como la vida es corta, seis años parecen muchos. Pero la historia es larga, y así como pasaron Juan Vicente Gómez y Pérez Jiménez, así como Franco se hundió en la muerte, lo mismo ocurrirá con Chávez. De él —como de mí— yo sospecho que se va a morir. Y la muerte o el golpe es lo único que nos libra de los dictadores, los cuales, por definición, nunca se dejan deponer por los votos.

Para que el buen candidato Henrique Capriles pueda ganarle a Chávez las elecciones, no bastará con que saque más votos (pues unos pocos votos de más los desaparece el régimen): tiene que arrasar en las urnas. Y arrasar en las urnas a un presidente con el barril de petróleo a más de cien dólares, es una tarea ardua. Sin embargo hay síntomas y símbolos que dan esperanza: el primero es que ya es evidente que Chávez no es eterno. El mismo hecho de que él haya prohibido la palabra muerte en la consigna “patria o muerte”, revela con claridad qué es lo que más teme y cuál es su más próxima y probable derrota: la palabra omitida. Los venezolanos tendrán que escoger entre la vida de su país, con un hombre sano, que es Capriles, frente a un coronel enfermo, Chávez, que si bien no es la muerte personificada, sí es un paciente. Si Capriles es inteligente, deberá tratar al enfermo Chávez con el trato humano que todos los pacientes merecen: no alegría, sino compasión. Y es lo que está haciendo.

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