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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Archive for the ‘Libros’ Category

Quemadores de libros

Posted by pocho On enero - 18 - 2012

Por: Oscar Guardiola-Rivera

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

En la distópica novela Fahrenheit 451, Ray Bradbury imaginó un futuro en el que la lectura ha sido prohibida en los Estados Unidos y un grupo de bomberos se dedica a quemar libros considerados peligrosos.

Ese futuro de pesadilla, por el que Bradbury responsabilizó a la indiferencia de la gente antes que a la estupidez de unos cuantos fanáticos en el Gobierno, se realizó la semana pasada cuando un juez federal de los Estados Unidos rehusó poner un alto a la medida por medio de la cual la gobernación estatal de Arizona prohibió la enseñanza de los llamados “estudios étnicos” en el sistema educativo del estado.

En cumplimiento de la medida, dirigida a proscribir de la enseñanza de la literatura y la historia las narrativas subalternas de los latinos y los afroamericanos que lucharon por sus derechos en la década de los sesenta en los EE.UU., la oficina del distrito escolar de Tucson publicó una lista inicial de los libros prohibidos en las escuelas públicas a partir del pasado 13 de enero.

La lista incluye obras reconocidas como Repensar a Colón: los próximos 500 años, del escritor indígena Leslie Silko, que durante veinte años ha dado voz a perspectivas silenciadas en los currículos tradicionales de escuelas estadounidenses. Prohíbe, así mismo, el uso en las aulas de la historia de los chicanos méjico-americanos escrita por Rodolfo Acuña, y la Pedagogía del oprimido escrita por el brasileño Paulo Freire.

Como si ello fuese poco, funcionarios estatales advirtieron la semana pasada al profesorado que debería abstenerse de explorar temas en los cuales la raza, la etnicidad y la opresión fuesen cuestiones centrales, llegando al absurdo de incluir en dicha prohibición la lectura del clásico de William Shakespeare La tempestad en cursos de literatura e historia latinoamericanas.

Mientras la derecha estadounidense se dedica a borrar de la historia a los chicanos y a Shakespeare, algo similar ocurre en el Chile del conservador Sebastián Piñera. El ministerio de Educación chileno acaba de advertir a editores y centros educativos que de ahora en adelante sus textos de educación primaria deberán reemplazar el término “dictadura” por el más genérico “régimen militar” al referirse al período posterior al golpe de Estado que derrocó a Salvador Allende en 1973.

Se ha dicho que la historia se repite, primero como tragedia y luego como farsa. El cínico intento de reescribir la historia por parte de los republicanos en los EE.UU. y los conservadores en Chile constituye un ejemplo de cómo ni siquiera los muertos están a salvo del enemigo cuando éste vence, como decía Walter Benjamin.

Nuestra indiferencia ha permitido que ese enemigo salga victorioso. Es hora de volver a dar la batalla, antes de que los quemadores de libros triunfen de una vez y para siempre.

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El zoquete

Posted by pocho On enero - 16 - 2012

Por: Natalia Springer

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Los buenos profesores, esos héroes anónimos que han salvado tantas vidas, no tienen voz.

James tiene 16 y está contento. Su papá no aparece desde que él tenía 7 y su mamá trabaja en casas de familia por un salario que no le da para llegar a fin de mes. Siempre debe en la tienda, siempre paga atrasado, siempre está cansada. Pero a James le va bien. Le hace vueltas a un man duro que lo mantiene engallao y que lo sacó de la ‘pobreza’. Y no es que ahora tenga vivienda propia o cómo darle una tregua a su mamá. Pero sí se lo ve con sus tenis de marca, teléfono de última generación, ropa que le gusta, plata para gastar y una buena novia. Eso es Prosperidad Democrática.

James es bien pinta y tiene bastantes responsabilidades. Controla varios círculos en los que se agrupan los pelaos: los barrios, los parques, los billares, las tiendas y los alrededores del colegio. Allí echa ojo y es el lanza que apoya todo el proceso de reclutamiento de quienes lo reemplazarán. También tramita quejas y es, por así decirlo, juez en primera instancia de esa subcultura del ajusticiamiento, esa que conocemos con el eufemismo de “limpieza social” y que tanto aplauden, pasitico, las comunidades. Ha sido la vía tradicional a través de la cual las bandas criminales, desde Pablo Escobar, se instalan como motor de ascenso, agente de cambio social y autoridad de facto.

Cuando se habla de calidad en la educación se piensa en la gratuidad, en el segundo idioma y en el refuerzo en matemáticas, pero jamás se habla de un modelo educativo pensado para niños, todos nuestros niños, permanentemente expuestos al enorme impacto del conflicto: su impacto en la vida de todos los días, en la justicia, en los deportes, en la economía, en la televisión, en la música, en las redes sociales. Un sistema educativo que los inmunice, que los estimule, que los resguarde del riesgo cuando otros sistemas de protección -la familia, la comunidad- fallan.

El afán es atragantarlos con trigonometría para elevar los índices del país en las pruebas internacionales. Es someterlos bajo amenaza de titularlos de fracasados en una sociedad en la que el que no sirve no vale. Obviando que tienen las hormonas en ebullición, que los riesgos se multiplican y que en ellos está nuestra esperanza de que la guerra no se perpetúe. Los maestros tampoco dan abasto. Lidian con grupos grandes de adolescentes, sobre los que tratan de ejercer una autoridad cada vez más desgastada. Los buenos profesores, esos héroes anónimos que han salvado tantas vidas, no tienen voz. Están muy lejos de los círculos de poder que diseñan los currículos.

Será por eso por lo que, a pesar de los esfuerzos, que no son pocos, los jóvenes continúan abandonando la escuela y engrosando las filas de un sector de la economía, la economía ilegal, que cada vez se diversifica más y que es el único que les ofrece una oportunidad de llegar a tiempo al bienestar, no en un mañana en el que no tienen fe porque el futuro próspero no es para los pobres, aunque se esfuercen.

Daniel Pennac, el celebrado escritor francés y maestro de escuela por varias décadas, somete a examen, en su magnífico libro Mal de educación, ese sistema educativo envenenado en el que él, siendo niño, cumplía el papel del “zoquete”. Pennac se recuerda como ese hijo precario que no estaba destinado a perdurar, como el fracasado, el que no entendía, el que pasaba de agache, y alude en varias ocasiones a esa fantasía reiterada de tener su propia pandilla, escapar del “dolor de no comprender y sus daños colaterales”.

James soñaba con eso mismo y por eso abandonó el colegio, harto de no entender, de no querer, de que nadie lo respetara. En la cumbre de su proceso formativo, ya es un delincuente prometedor. El peligro no existe cuando se vive a gusto. Que si la vida es corta, se vivió bien. Y si se alarga, terminará de seguro en la desmovilización, la captura o la muerte.

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Porfirio Barba Jacobs

Posted by pocho On enero - 11 - 2012

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

¿Quién era en realidad? Porfirio Barba Jacob, que de niño y de joven fue Miguel Ángel Osorio, que durante un breve tiempo fue Maín Ximénez y luego, durante un tiempo no tan breve, Ricardo Arenales: ¿quién era este hombre? Porfirio Barba Jacob, que al final de su vida llegó a pensar en llamarse Juan Pedro Pablo y pasar así de tener un nombre que no tenía nadie a tener un nombre que era todos y, por tanto, lo convertía en nadie: ¿quién era? El 23 de junio de 1941, medio año antes de su muerte, Porfirio Barba Jacob escribía en una carta: “Mi enfermedad sigue avanzando. Ya no soy Barba Jacob el optimista, Barba Jacob el errabundo, Barba Jacob el impetuoso. Ahora soy el viajero que se marcha definitivamente hacia lo desconocido”. Barba Jacob el agnóstico, Barba Jacob el iconoclasta, ahora escribía: “Pero ya creo en Dios, ha resucitado en mi alma la fe vibrante y consoladora, mi corazón ha vuelto a la niñez”. No fue la única vez que asoció la religión con la nostalgia: “Mi fe renacida en los escombros de mi alma”, escribió más tarde, “el recuerdo de la niñez, esas cosas que se van ahondando en el corazón a medida que pasan los tiempos”.
Eso escribía el que ya no era Barba Jacob el impetuoso, Barba Jacob el errabundo, Barba Jacob el optimista. Todas esas cosas no era. ¿Pero quién era, entonces?

Era un colombiano que vivió más tiempo fuera de Colombia que en ella. Era un periodista mercenario que solo escribía por dinero pero que produjo, según Alfonso Reyes, la mejor prosa periodística de la lengua española. Era un defensor de ideas liberales que, en algún momento, justificó los fascismos europeos. Era, como lo escribió el poeta colombiano Juan Gustavo Cobo Borda, “homosexual, sifilítico y marihuanero”, pero también un espíritu conservador que aconsejaba a alguien en una carta: “cuide su moral y su salud, no pierda todo el tiempo, lea cuanto pueda”. Era un oportunista que llegó a escribir una biografía del revolucionario mexicano Pancho Villa, a pesar de que años antes había tenido que huir de México por sus escritos antirrevolucionarios.

Todo eso era.

Y era un poeta, un gran poeta que nunca publicó un libro en vida. Sus versos aparecieron en revistas de mayor y menor prestigio, en periódicos, en cuadernillos, pero si hubo libros fue porque los publicaron sus amigos, a veces sin consultárselo, lanzando al mundo versiones muy diversas de los poemas, lo que le provocaba grandes disgustos. En síntesis: la bibliografía de Barba Jacob es una contradicción tozuda. Los libros que quiso publicar quedaron inéditos; los que se publicaron durante su vida no tuvieron su participación cabal.

Libros que quiso publicar y no publicó: una novela de juventud llamada Virginia, escrita en el municipio colombiano de Angostura y cuyo manuscrito fue sometido a embargo por el alcalde bajo cargos de inmoralidad. Una colección de poemas titulada La vida profunda que, anunciada en 1928, recogería los poemas de su vida pasada pero que nunca llegó a existir. Una colección de poemas sin título que recogería los poemas de su vida presente pero que, por supuesto, corrió la misma suerte desgraciada. Un tratado sobre la “Filosofía del lujo”. Una novela sobre su niñez titulada Viaje a Sopetrán, y de la que llegó a escribir algunas páginas que se perdieron después de su muerte.

Libros que otros publicaron sin pedirle autorización o sin que él tuviera oportunidad de dar el visto bueno sobre las versiones de los poemas o sobre su organización: Rosas negras, publicado por sus amigos de Guatemala en 1932, sin su consentimiento, usando como prólogo un escrito autobiográfico que Barba Jacob había escrito en México años atrás. Canciones y elegías, publicado por sus amigos de México en 1933. La canción de la vida profunda y otros poemas, publicada en Colombia por Juan Bautista Jaramillo Meza en 1937. Y el que apareció después de su muerte: Poemas intemporales. Se publicó en México, en 1944. El escritor colombiano Fernando Vallejo, autor de El mensajero, la mejor biografía jamás escrita sobre Barba Jacob, dice que se publicó en una “imprenta oficial y con papel regalado”.

Todo lo cual, como se sabe, no ha impedido que miles de colombianos sean capaces de recitar, aunque nunca hayan oído hablar de Porfirio Barba Jacob, los siguientes versos:
Hay días que somos tan móviles, tan móviles,
Como las leves briznas al viento y al azar.

De manera que Porfirio Barba Jacob fue muchas cosas.

Bueno, sí. ¿Pero quién era?

(…)

En octubre de 2010, durante una larga mañana lluviosa de París, Fernando Vallejo me habla de la muerte de Barba Jacob. Estamos en un comedor de hotel en el bulevar Raspail; hemos comenzado a hablar de El mensajero. Vallejo lo escribió dos veces: una vez usando la tercera persona que corresponde a las convenciones de la biografía y otra en primera persona, esa primera persona airada y caprichosa y llena de digresiones que usa en sus novelas. ¿Qué lo llevó a rehacer por entero un libro ya publicado? Muy sencillo: Vallejo había llegado al convencimiento de que el proceso de investigación sobre la vida de Barba Jacob había sido igual de interesante que la información conseguida.

-En una biografía -me dice- lo importante no solo es saber, sino contar cómo se sabe.

Y Vallejo sabe mucho de Barba Jacob. Le pido entonces que me hable de él. O mejor: le pido que me hable de su muerte, ocurrida en Ciudad de México y en la madrugada del 14 de enero de 1942.

-Desde el día anterior había estado bajando la temperatura -me dice-. Esa noche estaban a seis grados bajo cero. El agua se congelaba en las tuberías.

Barba Jacob vivía en el tercer piso (segundo, si no se cuenta la planta baja) del número 82 de la calle de López, un apartamento frío y desnudo que sin embargo era mejor que la pieza del Hotel Sevilla en la que había pasado los últimos años. Se había mudado el 2 de enero, según Vallejo, “para tener un lugar decente donde recibir a sus últimos visitantes”. Estaba consciente de que le quedaba poco de vida, de que la tuberculosis que lo aquejaba estaba ganando la batalla, y quería tener un mejor lugar para recibir visitas.

-El problema es que los visitantes ya no llegaban -dice Vallejo-. O por lo menos no como antes.

Como antes. Durante los años en el Hotel Sevilla, la habitación de Barba Jacob había sido una especie de lugar de encuentro de la vida mexicana. La gente comenzaba a llegar a las siete y se iba a la madrugada. Escritores, marihuaneros, poetas, políticos, borrachos, artistas: Alfonso Reyes, José Revueltas, Octavio Paz: todos pasaron por el cuarto de Barba Jacob, todos lo oyeron recitar poesía y dar opiniones políticas con un cigarrillo encendido entre los dedos. Sobre esa habitación Vallejo escribió: “Lejos de la prosaica realidad, caldeado por el humo de la marihuana, el cuarto empezaba a flotar, como globo aerostático”. Barba Jacob recibiendo el homenaje de sus admiradores, Barba Jacob recibiendo las acusaciones de sus enemigos, Barba Jacob peleándose con sus amigos y echándolos del cuarto. Barba Jacob mostrándoles fotos de muchachos desnudos, Barba Jacob metiendo en el cuarto a jóvenes que encontraba por la calle y que a veces le robaban, Barba Jacob leyendo, muerto de risa, las acusaciones de homosexualidad que le lanzaban los periódicos mexicanos. Barba Jacob tomando tequila de una botella que parecía no tener fondo, Barba Jacob cocinando sancochos y preparando agua de panela en un reverbero de alcohol, Barba Jacob usando el alcohol del reverbero para darle algo más de interés al agua de panela. Barba Jacob, en fin, tosiendo hasta echar sangre por la boca. “Mis pulmones son ya una pobre cosa que se deshace”, escribió en una carta en junio de 1941.

-Lo operaron por esos días -dice Vallejo-. Le dijeron que con esa operación le regalaban ocho meses de vida, y resultó verdad. En todo caso, en enero del 42 ya estaba en las últimas. Le subían los tanques de oxígeno por la escalera. Los tanques de oxígeno pesan mucho, y se los subían por la escalera, hasta el tercero, para que pudiera respirar. (…)

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Profetas del fin del mundo

Posted by pocho On enero - 6 - 2012

Por: Juan Gabriel Vásquez

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

“Aquí está, por fin, la cosa distinguida”, dijo Henry James cuando supo que la muerte lo andaba rondando.

Desde que me enteré, a finales del año pasado, de que el mundo se va a acabar este año, no he dejado de pensar en las palabras de James. No sé cuántos de nosotros tendremos, al momento de nuestra muerte, la elegancia de esa cita, pero no hay que dejar las cosas para último momento: si el mundo se va a acabar, que nos coja con una frase bonita en la boca, o por lo menos en el correo electrónico. “La cosa distinguida”: eso era la muerte para James. Escribo esta columna en la tarde del tercer día del año; tres días, tres días más bien cortos, y ya he recibido varios mensajes que hablan de perdonar a los que amamos, o de amar a los que nos odian, o arrepentirnos de nuestros errores, o de rezar por quienes hacen el mal, o de que todos somos pecadores y nos merecemos esto; y pienso que la muerte podía ser una cosa distinguida a los ojos de Henry James, pero en realidad no hay nada menos distinguido —en otras palabras: no hay nada más vulgar— que esa forma de muerte colectiva que son las profecías apocalípticas.

Los profetas me aburren profundamente, y los profetas del fin del mundo me aburren por partida doble: no sé para qué se pone uno a mirar el futuro en busca de horrores, cuando el pasado y el presente nos ofrecen ya porciones generosas. O quizás estoy mirando mal el asunto, y la profecía del fin del mundo es un acto de optimismo: “aquí está, por fin”, dijo Henry James ante su propia muerte. Por fin, por fin se acaba esta vaina: ¿no será a eso que se referían los mayas, lamentándose en el fondo de que no les haya tocado a ellos ver el gran momento, ver a esa “cosa distinguida”? Pero qué les puedo decir: no parece que sea así. Los profetas del fin del mundo, desde el misterioso dictado que un tal Juan recibió en la isla de Patmos, nunca han actuado sin intereses ocultos: tan proselitistas eran el hereje Montano, que escribió más o menos al mismo tiempo que Juan, como el predicador radiofónico Harold Camping, que en el año 2010 le puso una fecha al fin del mundo: 21 de mayo de 2011. (No sé en qué andará hoy, pero recuerdo esas camisetas que llevaban la fecha en azul y las palabras “Día del Juicio”: esa platica se perdió).

En estos días ando revisando El agente secreto, la novela que Joseph Conrad publicó en 1907. La intriga de la novela —fundadora sin competencia del género de espionaje, antecedente directo del mejor Le Carré— gira alrededor de un intento de atentado terrorista que tuvo lugar en Greenwich en 1886. Pero sus riquezas van más allá. “¡Infeliz Europa!”, exclama un diplomático. “¡Perecerás por la insensatez moral de tus hijos!”. Las profecías del diplomático son objeto de burla para un personaje siniestro: el señor Vladimir, teórico del terrorismo, que aboga por un atentado que sea lo bastante efectivo: “contra edificios, por ejemplo”, y en particular contra algún edificio que represente un “fetiche para la burguesía”. “Un acto”, continúa Vladimir, “de una ferocidad destructiva tan absurda que resulte incomprensible, inexplicable, casi impensable: de hecho, demente”. Leo esas frases y pienso: ¿para qué necesitamos a los profetas, esos consumados charlatanes, si para ver el futuro bastan los grandes novelistas?

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Reescribiendo el futuro

Posted by pocho On enero - 5 - 2012

Por: Nadyne Millán Muñoz

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Que lo dejaran el primer día de clase de séptimo grado en el salón 7-3, el de los “chicos tontos”, y no en el 7-1, el de los “brillantes”, le marcó la vida a Steve Zaffron. Preocupado por ese rótulo poco honroso, no lo pensó dos veces y se dirigió, al terminar la clase, a la oficina del consejero para pedirle una explicación.

“¿Recuerdas esos exámenes que tomaste al final del grado sexto?”, le respondió el consejero. Zaffron no sabía de qué le hablaba, porque estudiar no había sido su prioridad hasta entonces. “Esos exámenes definían a qué clase ibas. Así que no. No hubo ningún error. Estás en la clase correcta”, agregó el consejero.

Zaffron, hoy un brillante ejecutivo que preside Vanto Group, compañía consultora especializada en elevar el desempeño organizacional a gran escala, y que ha asesorado a más de 300 organizaciones en 20 países, recuerda, en conversación telefónica desde Miami, que a partir de ese momento se propuso ser otra persona. Y lo logró.

En ese entonces, aún sin entender el poder de las ideas y de las convicciones, rompió paradigmas y reescribió su vida. Se empoderó de su futuro a través del lenguaje, el poder de las declaraciones, los compromisos y las promesas. Suena pretencioso y hasta disparatado afirmar que se logran transformaciones a partir de cómo se habla, pero él mismo lo confirma con su historia personal, contada en el best-seller Las tres leyes del desempeño, coescrito con Dave Logan.

Lo irónico es que, pese a sus logros profesionales (tiene una maestría de la Universidad de Chicago y título de pregrado con distinción magna cum laude de la Universidad de Cornell), creció como una persona disminuida y con una necesidad obsesiva de formarse intelectualmente solo para compensar el hecho de no ser inteligente. Lo que pensó que era, desde aquel día en séptimo grado. Una sentencia de vida que -reconoce- lo limitó, a pesar de que en su momento sintió que lo ayudaba a caminar hacia el éxito.

Precisamente, terminar con estas taras mentales que afectan el desempeño de las personas, las organizaciones e incluso los países es el trabajo de Zaffron. Con su compañía, situada en San Francisco, Estados Unidos, ha transformado el desarrollo de firmas como Apple, Johnson & Johnson, GlaxoSmithKline, Reebok, Petrobrás, entre muchas otras alrededor del mundo.

¿Por qué le da tanta importancia al lenguaje para reescribir el futuro?

El lenguaje es lo que nos hace humanos y posibilita comunicarnos. Lo que hacemos todo el día es hablar. Le damos importancia porque crea realidades en las personas.

¿Por qué recomienda usar un lenguaje que no esté basado
en el pasado?

Si queremos que las cosas del pasado se repitan, tenemos que hablar de nuestro futuro como si estuviéramos hablando de nuestro pasado. Pero necesitamos crear un nuevo y mejor futuro, y esto se hace con el lenguaje generativo.

¿Alguna vez se ha preguntado qué hubiera sido de usted si se hubiera quedado en “el salón de los tontos”?

No, pero me di cuenta de que las decisiones se convierten en sentencias de vida. El problema no es que no funcionen, sino que terminemos por ser prisioneros de ellas. Por eso vemos personas de 40, 50 o 60 años que viven con base en lo que decidieron cuando tenían 10 años. De ahí la importancia del lenguaje que hablamos. Al momento de decir algo, nos convertimos en eso.

Pero ¿continúa cuestionando su inteligencia?

No. Dejé de hacerlo hace muchos años.

No es fácil que una persona se dé cuenta de sus taras o limitaciones. ¿Cómo se logra?

Sucede de manera extraña, a veces es casi accidental o también puede surgir en momentos de crisis o de éxito. Pero ser brutalmente honesto consigo mismo y confrontar que la vida está limitada de varias maneras es la condición para lograrlo. Un comienzo es analizar esa situación en la que no se sintió libre porque tuvo que hacer algo. En la confrontación comienza el camino hacia la transformación.

¿Por qué a las personas que viven en función de otros les cuesta proveer liderazgo?

Las personas que viven tratando de hacer feliz a su papá, mamá o a alguien no son libres porque viven la vida de otros y lo hacen para ser admirados. Esto sucede la mayor parte del tiempo. Ellas deben recuperar la autoexpresión y no la expresión de otros. Un líder tiene que liderar desde su visión y no a partir de la aprobación de los demás.

Y entonces, ¿cómo es un verdadero líder?

Alguien comprometido a algo que es más grande que él mismo y que se juega por un futuro que no iba a suceder de cualquier manera y para crearlo está dispuesto a retirar del camino los obstáculos. Los líderes son personas ordinarias comprometidas con una posibilidad extraordinaria y que fundan su actuar en la integridad (honrar la palabra), autenticidad (no ser un personaje) y autoexpresión.

¿Por qué dice que el error más generalizado es pensar que para proveer liderazgo se requiere un cargo?

Se cree que para que el jefe lo sea debe tener la posición y para ser general, el rango. Pero en la historia hay líderes extraordinarios que no han ostentado tales posiciones de poder. Nelson Mandela lideró la transformación en Sudáfrica y pasó la mayor parte del tiempo en la cárcel, y Gandhi, que fue la fuente de la libertad en la India, tampoco tuvo un título. Nosotros hemos encontrado mineros en Perú que no sabían leer o escribir y aun así son proveedores de un liderazgo extraordinario.

¿América Latina tiene líderes con ese potencial?

Hay muchas personas con esa visión. Las vimos, por ejemplo, en quienes manejan las operaciones mineras en Chile y Perú. Otro caso es Eraldo Tinoco, repartidor de telegramas que llegó a ser vicegobernador del estado de Bahía, en Brasil. Él (que ya falleció) cambió su sentencia de vida de solo tomar decisiones seguras y cederles la toma de las más arriesgadas a otros y logró transformaciones en la calidad de la educación.

Usted invita a la transformación de un país. ¿Cómo hacerlo cuando el ser humano es incapaz de reescribir su propio futuro?

Cuando alguien quiere crear una nueva posibilidad para su vida está reescribiendo su futuro, pero también debe estar dispuesto a tener conversaciones con otros sobre lo que ven como posible, porque para que haya transformación en un país esta debe estar sucediendo a muchos niveles o en distintas dimensiones al mismo tiempo. Compartir posibilidades es como un virus bueno que se disemina, pero las personas deben mantenerse esparciéndolo por todos lados y continuamente.

¿Y alcanzó a percibir ese virus en los colombianos?

Estuve en Bogotá hace un año y conocí gente que me impresionó con su enorme compromiso para que algo nuevo suceda. Están surgiendo cosas que eran completamente impredecibles hace veinte años en Colombia, y eso indica que algunas personas vieron algo posible, se encaminaron por esa senda y lo han estado compartiendo. La idea es simple, pero hacerlo no es fácil. Como el proceso de reintegración a la sociedad de quienes habían estado en guerra. Eso es algo extraordinario. En otras sociedades no habría interés alguno por ellos, se convertirían en marginados. Es un compromiso extraordinario del Gobierno elevar su calidad de vida.

¿En el proceso de reescribir el futuro qué tanto peso tiene el pasado?

Lo primero que se tiene que hacer es confrontar el pasado, y eso no significa darle peso. Cuando la gente confronta lo que no quiere repetir, se motiva para generar transformaciones. Así lo vimos en organizaciones mineras de Chile y Perú en las que se mejoró el desempeño en seguridad industrial. Los sindicatos y las gerencias tuvieron que limpiar su pasado y una manera de hacerlo fue diciendo la verdad sobre los juegos que habían estado jugando y en los que se habían tratado de dominar mutuamente.

Para reescribir el propio futuro, ¿qué condiciones se deben cumplir?

Un alto grado de honestidad y la necesidad de ser apoyado por mentores o maestros que continúen señalándonos lo que es posible. Los seres humanos somos gregarios por naturaleza y nadie alcanza a lograr algo sin relaciones y el apoyo de otros.

Cuando usted comenzó este trabajo de transformación de las organizaciones, en 1974, le aterraba la idea de hablar en público. ¿Cómo venció ese miedo?

Me arrojé al fuego y me di cuenta de que podía sobrevivir. La lección es: elige, renuncia a tu miedo y dale una diferencia de vida a la gente, o quédate con tu miedo.

En esta época de hacer propósitos, cuando comenzamos un año nuevo, ¿qué aconseja para que no se queden en buenas intenciones?

Las resoluciones de final y principio de año no funcionan. No son verdaderos compromisos y la gente las hace sencillamente para sentirse bien. La recomendación es, más bien, detenerse a reflexionar en lo que se tiene y en lo que requiere para comprometerse de verdad.

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La gente del estilo

Posted by pocho On noviembre - 4 - 2011

Por: Juan Gabriel Vásquez

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Hace unos días, en la Universidad Nacional, se llevó a cabo la presentación en sociedad de un gremio curioso.

La Asociación Colombiana de Correctores de Estilo —informaba un artículo de este periódico— era un atrevimiento radical que no se hubiera dado sin otros atrevimientos anteriores: primero, la simple reunión de varios de esos individuos obsesionados por la pulcritud de un texto; segundo, la apertura, fundada en esa obsesión, de un par de cursos universitarios. La idea subyacente, como es apenas obvio, es la vindicación de este oficio esencial en un mundo que lleva siglos menospreciándolo. Esto no es raro: la literatura en las lenguas latinas se ha distinguido siempre por esa rara divinización del autor, y es por eso que en nuestros países la escala más baja de la pirámide editorial está ocupada por quienes trabajan con el texto recibido: lectores editoriales, traductores, correctores. Yo me he desempeñado en cada uno de esos rubros en algún momento de mi vida, así que hablo con conocimiento de causa; y si bien aquellos años me dejaron enseñanzas sin cuento, estoy convencido de que un mundo más justo les pagaría mejor a quienes llevan a cabo esas tareas sagradas.

Hablé antes de la divinización del autor: me refiero a la noción latina de que la novela que llega a una editorial —sobre todo si quien la firma es un autor de trayectoria— es un texto invulnerable e inmejorable, en parte porque ha sido dictado por la inspiración o el genio. Semejante tontería no existe en los países anglosajones, donde la entrega del manuscrito es apenas el comienzo de un largo proceso en que el editor sugiere, modifica, corrige, critica, repudia, admira, y el resultado, después de muchas peleas, es un libro mejor o más claro o con menos falencias que el manuscrito entregado. No es gratuito que varios grandes novelistas acaben con frecuencia dedicando novelas a sus editores (Don DeLillo a Gordon Lish; Philip Roth a Veronica Geng), ni es por nada que algunas de las mejores lecciones sobre el arte de escribir ficción pueden encontrarse en las correspondencias entre los editores y los novelistas (Hemingway y Maxwell Perkins; Malcolm Lowry y Jonathan Cape). La pretensión latina es, en cambio, que los escritores entregan un manuscrito y éste, como se dice en España, va a misa.

La verdad, claro, nunca es así: un ejército de neuróticos y obsesivos —es decir, gente maravillosa— se ocupa de que el producto final incluya menos imperfecciones que antes. Son los editores (primero) y los correctores de estilo (después); son gente que, a fin de cuentas, comparte con todo escritor serio una misma obsesión: sacarle al idioma literario todo lo que el idioma puede dar. Nabokov hablaba con respeto de los correctores que peleaban una coma como si fuera una cuestión de honor (lo cual, decía Nabokov, con frecuencia era). Con gente así, que mira los signos de puntuación o la gramática o las coherencias internas de una ficción como si le fuera la vida en ello, que se trasnocha por un adverbio feo o es capaz de vender a la familia por mejorar una sintaxis, siempre me he sentido a gusto. En este país que supuestamente es de gramáticos, pero donde el “crítico literario” de las Lecturas de El Tiempo pone comas delante de los verbos, esas personas nos hacen una falta inmensa.

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La brisa del Pacífico

Posted by pocho On octubre - 23 - 2011

Por: Alfonso Carvajal

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

La cultura en nuestro país es de quijotes, y esa ha sido la tenacidad de Darío Henao, decano de Humanidades de la Universidad del Valle, quien, con las uñas y mucha imaginación, ha venido realizando la Feria del Libro del Pacífico.

Sí, Cali es una de las sucursales del cielo y tal vez sea por esa brisa que viene del mar Pacífico, que todo lo alivia y encauza mágicamente el ardor tropical. También por la música y su ritmo tatuado en las caderas de sus mujeres de extravío y canela. La cultura en nuestro país es de quijotes, y esa ha sido la tenacidad de Darío Henao, decano de Humanidades de la Universidad del Valle, quien, con las uñas y mucha imaginación, ha venido realizando la Feria del Libro del Pacífico, que por estos días celebra su edición 17.

Un certamen que ha introducido como móvil temático la riqueza de la cultura afrocolombiana en sus distintas formas y matices, y que ha realizado simposios inolvidables, como el hecho en homenaje a Jorge Isaacs, al cual asistieron expertos de varios continentes.

Y que ha sido un puente entre esta urbe singularmente mestiza, que todavía se debate entre los aires provincianos y el empuje de una metrópoli en expansión, con otros pensamientos del mundo que enriquecen las relaciones humanas.

Esa es la cultura, señores, que poco nos dan… Ya no están Andrés Caicedo, ni esa fabulosa marea furiosa y talentosa de directores de cine, pero todavía nos cruzamos con Umberto Valverde, autor de Bomba Camará y Reina Rumba, dedicada a Celia Cruz, o con un pirata de mar y tierra, Édgard Collazos, artífice de El demonio en la proa, o con Fabio Martínez, un Habitante del séptimo cielo, o con Julián Malatesta, impulsor de la poesía contemporánea, o con la fuerza narrativa que Álvarez Gardeazábal dejó en novelas canónicas: Cóndores no entierran todos los días, que marcaron el periodo de los gamonales y la violencia a ultranza en el Valle rural.

En esta ocasión, el país invitado de honor fue China, que ha graduado a más de 10.000 alumnos en hispanística en los últimos 50 años. Un país con grandes proyectos de largo plazo, de los cuales, infortunadamente, aquí carecemos. Un país que conversa con los signos mágicos de otras latitudes universales y que respeta la memoria de sus semejantes.

Cómo olvidar a Dong Yangsheng, traductor del español al mandarín de Don Quijote y que canta emocionado Lamento borincano interpretado por Daniel Santos, y a sus 74 años sale a bailar con los movimientos de un elegante niño virtuoso. Esa es la cultura, que poco nos dan… Y la brisa, la brisa salvaje, la brisa apacible, corre y cae la noche sobre Cali iluminando el cielo.

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Los nuevos creacionistas

Posted by pocho On septiembre - 22 - 2011

Por: Klaus Ziegler

Fuente: El Espectador – Bogotá – Colombia

Pensar que un órgano complejo como el ojo pueda aparecer por simple azar es tan absurdo como creer que un huracán pueda ensamblar un Boeing 747 combinando aleatoriamente pedazos de metal en un depósito de chatarra.

Este argumento, con algunas variaciones, sigue siendo el arma favorita de los creacionistas bíblicos para arremeter contra la teoría de Darwin, ahora amparados bajo el manto de una nueva seudociencia: la “teoría del diseño inteligente”. Es sorprendente que esa comparación se siga utilizando para demostrar que la evolución por sí misma es incapaz de dar cuenta de la complejidad y orden del mundo natural, pues los biólogos, que yo sepa, nunca han considerado la aparición fortuita de un órgano complejo como un hecho factible. Ni siquiera han contemplado la posibilidad de que una proteína particular se ensamble de manera espontánea, sin la mediación del ADN, pues semejante evento sería tan improbable como que un chimpancé tecleando al azar en una máquina de escribir produzca una frase completa de El Quijote.
Consideremos la frase que da comienzo a la novela: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”. Si a las veintisiete letras del alfabeto añadimos la coma, el punto y el espacio en blanco, el mono literato, cada vez que desee pulsar una tecla, puede escoger entre treinta símbolos. Como la frase contiene 176 caracteres (contando espacios), la probabilidad de acertar aleatoriamente el texto completo sería de 1 en 30 elevado a la potencia 176. Tecleando a razón de un carácter por segundo, desde el comienzo de la creación hasta el día de hoy, el pobre primate no habría alcanzado a escribir ni siquiera una fracción infinitesimal del total de frases posibles. De hecho, tal suceso sería mil veces más improbable que ganarse “el Baloto” ¡treintaisiete veces seguidas!
De otro lado, es fácil simular un proceso evolutivo que en pocos minutos encuentra la célebre frase utilizando un simple mecanismo de “mutación y selección”. En un lenguaje cualquiera de programación (en el ejemplo se utilizó el programa “Maple”) hacemos que el algoritmo genere aleatoriamente una frase de 176 caracteres, el “Adán” de la primera generación. El padre escogido al azar por nuestro algoritmo fue el siguiente: “.chnkywmlrytmfitnmwdavñsbn.,.jdmhipjlokmgqykju,uejhhszlsineffettpnpmwiahwoz ourlksphonl.ñabciofndñackifyyafcwbzoors.ryrrpiwcgwñz.h,ñetjuññtgñzrmxin.wññyiavgñcoanedbfqtwr.a,fqx,”. A continuación, el programa “engendra” un número específico de clones (mil en este caso), los cuales difieren de su progenitor en unas pocas “mutaciones”, entendiendo aquí por “mutación” el cambio aleatorio de algunos caracteres. Luego, como “padre” de la siguiente generación, se escoge el “mejor adaptado” de todos los descendientes, es decir, aquel que guarde con la frase original de Cervantes el mayor número de coincidencias, y se continúa de esta manera en cada nueva generación.
Tras docenas de generaciones de textos sin ningún sentido, finalmente, en la generación 121, el programa produce una frase algo legible: “eenhnn lulay me tammanvha, de cuyhinombke ny quiero acordaime, no ha muchowtiomro vpvin .nahidafno dc losade banor enyastillgrñ, auñrtauañtggrax rociñ fiaco coaaedo ,qorreaorx”. Pero hay que esperar treinta generaciones más para llegar a esta otra: “en un lugar de la mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha muchowtiempo vivia un hidalgo de los de lanza en astillero, adarta antigua, rocin flaco y gaego corredorx”. Solo en la generación 166, y después de 24287 mutaciones, el programa alcanzó finalmente su objetivo, y reprodujo fielmente el texto.
Debo advertir que dicho programa opera bajo un mecanismo de selección en extremo simplificado que no coincide exactamente con su contraparte biológica. Supone además un criterio único de “eficacia reproductiva” (en este caso de tipo teleológico), mientras que en el mundo real los factores que condicionan la eficacia reproductiva del individuo suelen ser numerosos y harto más complejos. No obstante, el ejemplo demuestra, y este es el propósito principal, cómo un sencillo mecanismo de variación y selección puede lograr un objetivo inalcanzable por simple azar.
Podría objetarse que nuestro organismo virtual difiere en un aspecto fundamental de los sistemas biológicos complejos, pues permanece “funcional” tras los sucesivos cambios que ocurren a los largo de su evolución. Esto no sucede, alegan los proponentes del diseño inteligente, en los denominados “sistemas irreductibles”, que pierden su capacidad operativa si llegasen a prescindir de cualquiera de sus partes. El argumento es en esencia una reformulación más sofisticada de la objeción decimonónica clásica: ¿Qué ventaja representa poseer medio ojo, o un décimo de ojo? Y si una fracción de ojo es inútil, ¿cómo podría explicarse la aparición del órgano definitivo como consecuencia de un proceso gradual?
Se sabe que los primeros ojos fueron pequeñas “manchas oculares” como las que presenta la euglena: diminutos fotorreceptores, “milésimas de ojo” que apenas discriminan entre “luz” y “oscuridad”, pero que le confieren al unicelular una notable ventaja, pues lo orientan hacia la superficie marina, donde abunda el alimento. Luego aparecieron capas enteras de células fotosensibles que se fueron invaginando gradualmente hasta adquirir forma de copa, dando origen a una rudimentaria cámara oscura (“décimas de ojo”) como las que poseen algunas babosas actuales. El registro fósil muestra además organismos del cámbrico Inferior que poseen ojos más sofisticados, aunque aún sin lente, perfectos ejemplos de que es preferible ser medio cegatón que invidente. Y existen multitud de fósiles que exhiben todas las “fracciones de ojo” imaginables, y que aparecieron en forma gradual, contrario a lo que afirman los nuevos creacionistas.
La teoría del diseño inteligente es otra propuesta seudocientífica que pretende hacer encajar la idea del Dios creador de la religión monoteísta de occidente dentro del esquema de la ciencia contemporánea. Es otro intento fallido de los fundamentalistas cristianos para sabotear la enseñanza de la teoría de la evolución en las escuelas secundarias, cuando pretenden darle al creacionismo bíblico la respetabilidad intelectual que jamás ha tenido.

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La máscara

Posted by pocho On septiembre - 5 - 2011

Por: Andrés Rosales

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Pasó de ser la firma de un poderoso grupo de ‘hackers’ a un símbolo de descontento mundial.

Una máscara pálida y burlona se ha venido convirtiendo en el símbolo de los inconformes alrededor del mundo. Y a tal punto, que hoy compite con la mítica imagen del Che Guevara captada por Alberto Díaz ‘Korda’, al menos entre los jóvenes.

Anonymous, el más grande y temido grupo de hackers, la convirtió en un ícono internacional al utilizarla como firma de ataques informáticos sin precedentes contra gobiernos y gigantes empresariales. Pero hace rato que este símbolo dio el salto del cibermundo a las calles. Por eso,hoy se le ve por igual en los levantamientos por una mejor educación en Chile; las reivindicaciones de los ‘inconformes’ en España, las protestas de la disidencia china o en las marchas contra la cienciología en Inglaterra, para citar solo algunos ejemplos.

La máscara, tal y como la conocemos, salió de la película V de venganza (2006)que está basada en la novela gráfica de AlanMoore La conspiración de la pólvora. Se trata de una historia inspirada en Guy Fawkes, un católico inglés que a inicios del siglo XVII orquestó un complot para matar al rey Jacobo I y a su corte protestante de un solo golpe. Su plan era hacer explotar el Palacio de Westminster, en noviembre de 1605, durante la sesión de apertura del parlamento. Cosa que no lo logró.

La película, ambientada en el futuro, cuenta la historia de un misterioso hombre, una suerte de justiciero solitario que, tras una máscara, realiza atentados para combatir a un gobierno dictatorial, ultraconservador y fascista que controla Inglaterra. Algo que recuerda a los regímenes que George Orwell y Aldous Huxley describieron en sus libros 1984 y Un mundo feliz.

Pero, ¿cómo terminó esta máscara, híbrido de historia y de ficción, convertida en símbolo de rebeldía e inconformismo a nivel global?

Para el analista simbólico e investigador Rodrigo Argüello, aparte de que la máscara es un elemento estéticamente atractivo, tiene varios mensajes implícitos muy fuertes: el mensaje libertario, un anonimato que representa a millones y la posibilidad de que esos millones puedan identificarse, unirse y expresarse a través de un símbolo poderoso que, también, los protege.

“Hay un fin, que es la transformación de sujetos aislados en colectividad, para desprenderse de la severidad, del yugo, del aburrimiento de la vida cotidiana o para rebelarse a lo impuesto, a los dogmas y a los fundamentalismos“, dice el experto, quien recuerda que Nietzsche solía decir que “lo profundo ama la máscara”.

No obstante, subraya que “no hay que olvidar que antes de estos movimientos de protesta en los que hoy vemos pulular la máscara, la película V de venganza ya se había constituido en un referente para los jóvenes, pues no es cualquier película: tiene un mensaje político muy potente“.

“Lo preocupante -añade- es que esto podría abrir paso a una suerte de ‘anarquismo’ o incluso, de ‘terror anónimo’, de inspiración gótica, que en la literatura y el cine está muy bien, pero que en la realidad puede ser una esfera más que compleja”.

El sociólogo e investigador en temas de cultura juvenil Fernando Quintero opina que todo esto se ha convertido en “una especie de manifiesto contemporáneo de un nuevo accionar político”.

Es una forma de expresión política en la que se funden distintas causas: desde el ecologismo hasta al anticonsumismo. Una idea de protesta, de rechazo, predominantemente antisistema, y donde la fuerza no proviene de una identidad clara, ni de una cabeza visible o un líder, sino de la unidad de una gran multitud anónima”.

Alfredo Molano, columnista y estudioso de procesos sociales, opina que la máscara lo que hace es “unir a miles en un propósito sin permitir que se pueda identificar a la gente que está tras ese propósito”. Y explica que esa necesidad de “anonimato” está fuertemente marcada por el temor a “los señalamientos, la exclusión o la represión dentro de un sistema que se percibe muy similar a la idea orwelliana del ‘gran hermano’, es decir, de ese Estado todopoderoso que todo lo ve y vigila: mediante la tarjeta de crédito, el teléfono, el twitter, el correo electrónico, etc”.

Y remata: “Es la reacción de una población que se siente agredida por el desempleo, por un consumo agresivo y por la falta de oportunidades, frente a un mundo que los ignora como personas y solo los ve como números, como compradores, como potenciales consumidores”.

Un tremendo negocio

Lo más paradójico de esta historia es que este símbolo moderno del inconformismo se ha vuelto un enorme negocio, especialmente para la compañía cinematográfica Warner Bros, que después de haber producido la película es dueña de los derechos del ícono del bigote delgado y las mejillas rosadas.

La máscara ya alcanzó el honroso título de ser el artículo más vendido en amazon.com, en donde se puede comprar por 7 dólares y en donde supera las ventas de otras máscaras, como las Batman, Harry Potter y Darth Vader.

“Vendemos más de 100.000 de estas máscaras al año y es la más vendida, pues de las otras solamente vendemos unas 5 mil”, le dijo a The New York Times Howard Beige, vicepresidente ejecutivo de Rubie, la compañía neoyorquina que las produce.

El mismo Beige confesó que al principio pensó que a la gente le gustaba mucho la película. Opinión que cambió cuando comenzó a ver fotos de manifestantes con la máscara alrededor del mundo.

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El asesino dentro de mí

Posted by pocho On agosto - 19 - 2011

Por: Juan Carlos González

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

“Probablemente la más escalofriante y creíble historia en primera persona que jamás he encontrado acerca de una mente criminalmente pervertida” Stanley Kubrick

Versátil y prolífico, el director inglés Michael Winterbottom resiste cualquier intento de definición. Sus marcas autorales se borran en medio de una obra fílmica heterogénea, donde hay igual espacio para el drama, el documental, la comedia, la música, el erotismo, la ciencia ficción y la denuncia política (Bosnia, Afganistán, Guantánamo), sin olvidar su gusto por las novelas de Thomas Hardy. Consagrado por los festivales de cine de Berlín y San Sebastián, Winterbottom parece impulsado a reinventarse en cada nueva película, a retarse, a cambiar de piel: un comienzo fresco donde no hay certezas ni ideas preconcebidas. La sorpresa es su sello.

Y tremenda sorpresa nos llevamos sus seguidores al ver El asesino dentro de mí (The Killer Inside Me, 2010), su versión de una novela homónima de Jim Thompson escrita en 1952 y de la que Stanley Kubrick afirmó que era “probablemente la más escalofriante y creíble historia en primera persona que jamás he encontrado acerca de una mente criminalmente pervertida”.

Kubrick conocía bien la valía de Thompson: fue a él a quien le encomendó los diálogos de The Killing (1956) y el guion de Senderos de gloria (Paths of Glory, 1957). Además, otras novelas suyas han dado origen a películas de Sam Peckinpah, Alain Corneau, Stephen Frears y Bertrand Tavernier. Es literatura pulp, popular, barata, violenta, pero tremendamente efectiva.

Con ese material, Winterbottom hace un espeso homenaje al cine negro. Nos lleva a Central City (Texas), un pueblo de los años 50 donde aparentemente no pasa nada. Sin embargo, hay ahí un hombre, Lou Ford (interpretado por Casey Affleck), que tiene un volcán mental cuya inminente erupción nadie ha detectado. Es un psicópata enfundado en piel de oveja, digno heredero de una tradición de mentes enfermas como las que Alfred Hitchcock (al maestro siempre hay que recurrir) nos mostró encarnadas en seres aparentemente intachables, como los protagonistas de La sombra de una duda (1943), Psicosis (1960) y Frenesí (1972).

Cuando el asesino que habita dentro de Lou Ford se manifiesta, una estremecedora violencia misógina y sexual inunda la pantalla, dejándonos con una sensación de profunda incomodidad. Ese es el propósito de Winterbottom, llevarnos al límite de lo que podemos tolerar, mientras nos contagia de su fascinación por los incomprensibles motivos de la sed de un hombre tan inteligente y calculador, como a la vez enfermo y sanguinario. Lo logró, pero no le estamos necesariamente agradecidos por ello.

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