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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Archive for the ‘General’ Category

Davos, ‘hybris’ y Brics

Posted by Pocho On febrero - 5 - 2012

Por: Moisés Naim

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

El éxito infunde una confianza en sí mismos que, inevitablemente, lleva a cometer errores.

“Cuando los dioses quieren destruir a alguien, primero lo vuelven loco”. Esto creían los antiguos griegos. Según ellos, una de las maneras en que los dioses aniquilan a una persona es llenándola de éxitos, poder, prosperidad y fama. El éxito les infunde una confianza en sí mismos tan desmesurada que, inevitablemente, los lleva a cometer errores y, eventualmente, al fracaso. A esta falta de autocontrol los griegos la llamaban ‘hybris’.

Siglos después, aparecieron los Bric. Jim O’Neill, del banco Goldman Sachs, acuñó el término, formado por las iniciales de Brasil, Rusia, India y China. Luego le añadió Sudáfrica, transformándolo en Brics. Estos son países pobres de enorme tamaño y población cuya influencia económica y política crece a gran velocidad. Muchos analistas estiman que, en unas décadas, las economías de los Brics podrían superar a algunas de las naciones más avanzadas del mundo. Y no son solo los cinco Brics; muchos otros países pobres están teniendo gran éxito económico. Según HSBC, otro banco, de seguir las tendencias actuales, en 2050 las 100 mayores economías del mundo incluirán, además de los Brics y las potencias tradicionales (EE. UU., Alemania o Japón), a países como Filipinas (¡la decimosexta más grande para entonces!), Perú, Bangladesh y Colombia, entre otros. Claro está, la condición decisiva es “de seguir las tendencias actuales”.

Y es aquí donde cabe mencionar la reunión del Foro Económico Mundial que congrega anualmente en Davos a grandes empresarios, jefes de Estado, científicos, periodistas, activistas sociales, artistas, etc. Los años que llevo asistiendo a esta reunión me han hecho un gran creyente en la existencia de la ‘hybris’. Yo no sé si son los dioses o la naturaleza humana, pero sé que el éxito y el fracaso van, con demasiada frecuencia, muy unidos.

Una de las fiestas más recordadas de Davos la ofreció a mediados de los años 90 el gobierno mexicano; el anfitrión y figura estelar fue el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari. Poco después, al país y a su presidente les fue muy mal. También vi a Kenneth Lay, el jefe de una importante empresa, explicar ante una audiencia embelesada por qué su modelo de negocio -que generó US$ 100.000 millones de ingresos en el año 2000- era el futuro. La empresa era Enron y de no haber fallecido, Lay seguramente estaría hoy en la cárcel acompañando a varios de sus colegas. Presencié cómo Carlos Ménem describía a la Argentina predebacle y escuché los triunfales relatos de quienes invertían sumas injustificables en la primera ola de empresas de Internet que no tenían ni ingresos ni ganancias. La aclamada fusión de la vieja y gigantesca TimeWarner con la nueva AOL fue un ejemplo paradigmático de todo esto. Los resultados fueron catastróficos.

Esto no quiere decir que todos los que asisten a estas reuniones sean personajes enloquecidos por el éxito. De Nelson Mandela a Elie Wiesel, de tímidos investigadores que trabajan en las fronteras del conocimiento sobre cáncer, el cerebro o la genética a activistas que se juegan la vida enfrentando a déspotas o protegiendo a inocentes, en las reuniones de Davos es fácil encontrar gente admirable e inmune a la arrogancia. Pero también es fácil tropezarse con personajes claramente poseídos por la ‘hybris’.

¿Y qué tiene todo esto que ver con los Brics y los países pobres que se han puesto de moda? Pues ya se puede imaginar. En mis recientes conversaciones con líderes turcos, brasileños, rusos o chinos en Davos he detectado muchos de los síntomas de aquellos famosos que ya no aparecen por los pasillos de ese foro. ¿Qué estarán tramando los dioses a cargo de poner a los arrogantes en su lugar? ¿Será que está por llegar un crash en los países emergentes?

Con la tinta aún humeda

Posted by Pocho On febrero - 4 - 2012

Por: Iván Thays

Fuente: El País – Madrid, España

Cocinero en su tinta es la cuarta novela del escritor peruano Gustavo Rodríguez (nacido en 1968). La editorial Planeta anuncia que su protagonista de nombre estrafalario, Rembrandt Bedoya, es un chef peruano que debe preparar un plato digno del boomgastronómico que vive el Perú en el evento Madrid Fusión. Dice que la novela ha sido escrita, además, siguiendo los “consejos culinarios” del chef Pedro Miguel Schiaffino y aparecen mencionados otros chefs auténticos, como el español Ferrán Adriá o el peruano Gastón Acurio. El blurb del libro cita con orgullo: “Se trata de la primera novela sobre la gastronomía peruana”.

Keith Gessen, editor de la revista literaria N+1, declaró que harían falta 50 años, por lo menos, para que apareciese la primera gran novela sobre el 11S. Claro está, eso no ha detenido a los escritores norteamericanos, que se han volcado a escribir sobre el tema golosamente. Pero no solo el 11S sino que también la crisis financiera internacional ha empezado a asomar en las contratapas de las nuevas novelas norteamericanas. ¿Quién puede resistirse al momento?

Uno de los primeros libros que se escribió sobre el 11S -ocurrido en el 2001- no salió de manos de un norteamericano sino de un francés. Se trata del sensiblero Window of The World de Fréderic Beigbeder, publicada en el 2003. No debe ser casual que Beigbeder llegase a la literatura desde la publicidad, al igual que Gustavo Rodríguez, uno de los mejores y más reconocidos publicistas del país. Es cuestión de olfato o, mejor aún, detiming. Como aquel chiste del alcalde analfabeto obligado a ser jurado de un concurso de matemáticas en un colegio de su región. Ante la pregunta: “¿Cuánto es 100 + 300?” un niño levanta rápido la mano y grita “600″. El alcalde lo felicita y le da la medalla. Tras él, un segundo niño corrige: “Pero si suma 400″. El alcalde, incapaz de aceptar el ridículo, anuncia: “En este pueblo gana el primero que habla”.

En literatura, desde luego, no es el primero que habla el que gana (si acaso hay algo que ganar) aunque los editores -y algunos autores- se precien de ser los primeros que escribieron sobre la fontanería en las zonas urbano marginales o que introdujeron la técnica del monólogo interior en segunda persona. Lo cierto es que logros tan paupérrimos como esos han solventado carreras literarias bastantes largas en el Perú y en América Latina. No he leído aun la novela de Gustavo Rodríguez, que acaba de aparecer, pero sin duda, de dejar una huella en la literatura peruana, no será por ser la primera en hablar del “boom” gastronómico peruano sino por méritos que, espero, puedan sostener una trama tan coyuntural e incluso frívola.

Hablando de coyunturas, confieso que el motivo de este post, más que literario, es una pataleta, porque soy de esos pocos peruanos que detestan la burbuja de aire que llaman elboom de la gastronomía peruana y que no consideran que nuestra comida es la mejor de Latinoamérica y quizá -para no caer en falsas modestias- del Mundo. Soy un pésimo anfitrión: no conozco restaurantes, huariques ni chiringuitos donde preparan el mejor cebiche o el ají de gallina con la receta de la abuela (mi abuela, por cierto, no cocinaba). No pretendo obligar a ningún turista a beber Inka Kola (“la bebida del sabor nacional” en un país donde el concepto “nación” es una incógnita), ni a deglutir los dulces más empalagosos que he comido jamás (bajo nombres estrafalarios como Supiro Limeño), y menos aún hago proselitismo a favor del pisco peruano en contra del pisco chileno. Mis restaurantes favoritos son de los de pasta y creo, honestamente, que la comida peruana es indigesta y poco saludable. Casi sin excepción se trata de un petardo de carbohidratos al cubo, una mezcla inexplicable de ingredientes (muchos de ellos deliciosos en sí mismos, hay que decirlo, pues los insumos son de primera calidad) que cualquier nutricionista calificado debería prohibir. Cada vez que alguien habla de la fama de la comida peruana en el mundo, pienso en las carencias de un país necesitado del reconocimiento extranjero para sentir respeto por sí mismo. Me imagino que el día en que en una película de Woody Allen, en vez de pedir comida china pidan comida peruana de undelivery de Manhattan, por fin podremos sentirnos parte de un país con marca registrada.

Pero volviendo a lo literario, queda claro que tenemos temas para tratar más allá de la agenda de PromPerú (en cuyos comerciales nunca aparece, ni por asomo, algún integrante de la cultura peruana que no sea un cocinero o un cantante popular). La literatura de la violencia política peruana, por ejemplo, aunque podría decirse -como lo muestran diversas antologías sobre el tema- que empezó casi al mismo tiempo que las primeras bombas, no fue sino hasta muchos años después, en la primera década del 2,000, en que dio frutos interesantes. Una vez que se logró superar la apología ideológica o el retrato costumbrista y se volvió vehículo de conocimiento, de memoria y reconciliación, se originaron libros fundamentales como La hora azul de Alonso Cueto o Retablo de Julián Pérez. Y probablemente sea solo el inicio de una literatura que profundizará sobre un hecho tan trascendente como son los años del terrorismo peruano.

No sé nada de cocina, así que ignoro en qué condición debe prepararse un calamar para que sea considerado “en su tinta”. Pero sin duda, para que una obra sea un logro artístico y humano la tinta tiene que estar bien seca.

Cocina en América Latina

Posted by Pocho On enero - 30 - 2012

Por: Liliana Martínez Polo

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

¿Cuál ‘boom’ de la cocina en América Latina?

Chefs se reunieron para hablar de los retos de la nueva gastronomía latinoamericana.

La pregunta sorprendió a Rafael Osterling, uno de los chefs top del Perú, que además de sus restaurantes en Lima tiene en Bogotá La Despensa y Rafael. ¿Estamos ante un boom de la cocina latinoamericana? Pese al buen momento que vive la gastronomía de su país, para Osterling resulta muy temprano hablar de algo semejante. Así lo dejó en claro durante su presencia en el Hay Festival, que acabó ayer en Cartagena, donde compartió un panel con la chef cartagenera Leonor Espinosa y el argentino Osvaldo Gross, moderados por el periodista y editor Sergio Vilela.

Y él no es el único en considerar que es prematuro hablar de un boom semejante. Igual piensa Leonor Espinosa, investigadora y promotora de la cocina local, propietaria de Leo Cocina y Cava. “Los peruanos y los mexicanos se han apropiado de su cocina y la muestran con orgullo -dice Espinosa-. Pero los demás países estamos en un proceso que es lento y exige educación. Nosotros desconocemos nuestra propia cocina. Se conoce lo que forma parte del imaginario colectivo, pero detrás de eso hay una cantidad de recetas que no vemos”.

Espinosa -una de las primeras chefs que se dedicó en el país a una línea de cocina local basada en investigación de ingredientes y recetas tradicionales con presentación contemporánea- ha vivido en carne propia los efectos de ese desconocimiento: “Cada vez que viajo por Colombia, encuentro ingredientes nuevos que me descrestan y que el país no conoce -dice-. Pero pasa algo: aún preguntan si lo que ofrezco en mi restaurante es cocina colombiana, porque no tengo bandeja paisa ni mute santandereano. Pero lo que tengo es cocina local”. Y colombiana, también, pues ofrece una gastronomía propia de comunidades como las del Amazonas o del Pacífico sur.

Osterling, por su parte, sí ha vivido desde un lugar protagónico el boom que, en efecto, experimenta hoy la cocina de su país. De hecho, es una figura emblemática del mismo. Ha estado al tanto de los elogios que los chefs europeos le ofrecen, de forma cada vez más frecuente, a la riqueza culinaria peruana y a la labor de coterráneos suyos, como el mismo Gastón Acurio.

Es por ese contraste que hablar de boom de cocina latina puede ser una generalización errónea. “Hay una cocina latina que se está poniendo de moda -agrega Espinosa-. Pero no es latinoamericana. Se están imponiendo la peruana y la mexicana y muchos las unifican como Latinoamérica. Me parece un error grave, porque hay muchos otros países que están viviendo momentos muy diferentes”.

Para ella, es claro que México y Perú van a la vanguardia y esto permite que se abran más restaurantes en el exterior, además de ser un indicador del apoyo estatal que reciben y de la concientización de sus cocineros sobre su patrimonio culinario. Según la chef -que en fechas recientes emprendió una investigación sobre la cocina amazónica-, América Latina podría integrarse en este aspecto en la medida en que los gobiernos contemplen la importancia de la gastronomía como parte de sus políticas de turismo y sea tenida en cuenta en el desarrollo de los países.

Más que un boom, lo que ellos ven es un auge del tema cultural, una revalorización de la cultura latinoamericana en general. “Hay una crisis en Occidente y, con ella, los países más ricos de Europa, sumados a Estados Unidos, están entrando en una debacle cultural y de valores. Esto los ha hecho mirar hacia otros continentes. En ese sentido -dice Osterling-, los ojos del mundo se han vuelto hacia Suramérica”.

Pese a que no se trata de un fenómeno generalizado, los chefs estuvieron de acuerdo en admitir el potencial que tiene la gastronomía de Latinoamérica. Para ellos, nuestros países son una despensa del mundo. Está el Amazonas, con su gran cantidad de microclimas y una variedad de productos representativa de nuestros pueblos. Eso es lo que caracteriza a los países de la región: que han hecho una cocina auténtica, de la calle, del pueblo, con más valor que las modas efímeras gastronómicas. “Todas esas pasan de moda, pero al final queda la raíz”, agrega el peruano.

Uno de los retos será incentivar la cocina de mercado. Cocinar lo local ayuda, expresó Osvaldo Gross, y da un ejemplo: “Antes, en lugares de Argentina que estaban a kilómetros del mar, en los restaurantes solo se encontraban langostinos en todas sus preparaciones porque estaba de moda. Ahora, la tendencia está dirigida a rescatar la cocina y los ingredientes de cada región. Esto nos ha llevado a descubrir las fortalezas locales”.

En ese sentido, Osterling agrega que la tendencia de hoy es ir hacia una cocina natural, de bistró, más auténtica en su expresión popular. “Como nosotros siempre hemos sido así -afirma-, los ojos del mundo se vuelcan en este momento hacia nuestra región”.

Pero, ¿qué tan popular y representativa de la comida del pueblo es, por ejemplo, la comida peruana fuera de las fronteras de ese país? “La cocina popular, si quiere ser exportable, tiene que adecuarse y ser contemporánea para adecuarse al gusto de un universo focalizado -explica Rafael-. En los años 80, muchos de los inmigrantes que salieron del país por la violencia, el terrorismo o la inestabilidad económica abrieron restaurantes afuera. La visión que se extendió fue la de la comida que ellos hacían: no muy bien vista y desvalorizada”.

¿Qué cambió? Que luego empezaron a aparecer chefs que abrieron restaurantes con otra motivación, con una visión más profesional y una mejor técnica, y con una idea distinta del mundo porque tenían experiencia en el exterior. “Así, lograron montar en el exterior una carta contemporánea, sin perder la autenticidad de nuestra cocina”.

Esa parece ser la premisa, si se quiere en realidad vivir un boom: no perder la autenticidad de cada país. Para eso aún falta recorrer un camino largo. “Nosotros no habíamos pensado que Colombia pudiera ser un destino gastronómico -finaliza Espinosa-. Cuando uno no viaja por el país sino por fuera, difícilmente conoce la gastronomía local”.

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