Por: Iván Mejía Álvarez
Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia
Caricatura: Matador
Excelente columna del Sr. Mejía. Se las recomiendo!. Pero antes, quisiera aportar los siguientes cuestionamientos y respuestas a este debate:
¿En aras de buscar o encontrar un resultado deportivo, vale la pena que todas nuestras instituciones gubernamentales callen ante este insolito acontecimiento?. R/ Es casi seguro, que a muchos colombianos nos encantaría una posición contundente del gobierno ante esta situación. Como país, no podemos arriesgar mucho de nuestro futuro social, a cambio de pretender ir a un mundial de fútbol.
¿Para el gobierno actual es mucho más importante asistir a un mundial, que dejar precedentes y mensajes claros de comportamiento para sus ciudadanos?. R/ Hasta el momento es el mensaje que nos están enviando.
¿No es absurdo presentar la carta de los jugadores seleccionados, como una presión mediatica a la opinión publica?. R/ Absurda y ridícula. ¿A que jugador convocado por el Sr. Gómez, se le va a ocurrir no firmar?. Es claro que si llega un nuevo técnico, nadie tiene su puesto asegurado.
Es obvio, que hay un sector de periodistas de opinión deportiva que apoyan la continuidad de este proceso. Ojalá, no sean los mismos que después critiquen la baja asistencia a los estadios, y el poco entusiasmo que genere una selección de fútbol de nuestro país. En últimas, serán ellos los más perjudicados. Se quedarán sin trabajo. Pocho.
Dilatar y dilatar, esperar que pase la efervescencia popular y las aguas vuelvan a su cauce, darle largas al tema para que al final se cumpla el objetivo: mantener a Hernán Darío Gómez al frente del seleccionado nacional de mayores. Ese es, ni más ni menos, el objetivo de la reunión del comité ejecutivo de la Fedefútbol cumplida esta semana en Bogotá.
El inesperado tema Gómez se ha convertido en un chicharrón de ocho patas para la dirigencia porque los tomó de sorpresa y no tenían ni medianamente pensado un plan B para sustituir al técnico.
Todos, empezando por el adiestrador, saben que él cometió un pecado grave y que merece una dura sanción porque eso no se hace, porque no es correcto de ninguna forma agarrar la amiga, esposa, novia, amante, conocida o desconocida a trompadas. Ese acto es repudiable y merece un absoluto rechazo de la opinión pública. Pero de allí a convertir a Gómez en un siniestro Garavito o asimilarlo a un delincuente hay un gran trecho. En este país de doble moral, de falsos profetas de la ética, se olvidan de que durante muchos años se impregnó la cultura de “todo vale, todo pasa” y que hoy no se hacen juicios de valores tan profundos como el que se le hace al técnico de la selección por hechos mucho más repudiables.
La dirigencia tiene claro que si Bavaria se siente incómoda patrocinando a la selección, se pueden ir mañana mismo porque hay otras marcas dispuestas “a pagar más y joder menos”, como dice un dirigente del fútbol. Le reconocen su lealtad durante tantos años, el que haya estado en las buenas y en las malas, pero no aceptan que un dirigente corporativo haya tomado posiciones contundentes en el caso Gómez y haya pedido públicamente su cabeza. Los otros patrocinadores han guardado prudente silencio. El tema comercial no inquieta a la Federación.
En cambio, les preocupa la posición del Gobierno y ésta ha sido tenue, matizada, sin virulencia. La consejera para la Dignidad de la Mujer, Cristina Plazas, sentó su voz de protesta por el detestable atropello y ofreció apoyo sicológico y médico a Gómez. Inteligente y sutil, Plazas nunca pidió la cabeza del técnico porque sabe que el presidente Santos aborrece lo que pasó pero cree en Gómez. El Gobierno espera el desarrollo de la ola de la opinión pública para saber qué camino toma pues tiene claro que una señita, un guiño, de Santos, obliga a la dirigencia a sacar al técnico. El Gobierno también juega a dilatar… dilatar.
Y en lo deportivo, la Federación tiene claro que es Gómez o es Gómez. Su proceso va bien encaminado, los jugadores le creen, el equipo ha conseguido una madurez táctica y ellos piensan que Hernán Darío es la única alternativa viable. Por factores diversos, Leonel Álvarez no tiene respaldo alguno para ser el titular, no hay plata ni tiempo para traer un técnico extranjero y los otros adiestradores colombianos mencionados, Alexis García y Juan Carlos Osorio, carecen de apoyo popular y de pergaminos ante la dirigencia.
Los directivos saben que la continuidad del técnico Gómez es un abierto desafío a un gran sector del país que quisiera verlo mañana en la cárcel, a un importante núcleo del periodismo y que la opinión difícilmente perdonará al técnico por lo que hizo. Saben que a su paso no faltarán los insultos, el maltrato, las agresiones, y que ese entorno virulento puede contagiar la selección. Saben que a la primera derrota le caerán con todo y que el equipo difícilmente aguante una campaña mediática donde los resultados no lleguen.
La decisión ya está tomada. Van a aguantar unos días a ver qué mensajes manda el presidente Santos, le van a poner una tarjeta amarilla con tonos rojizos a Gómez, lo van a obligar a ir de rodillas, disculpándose y pidiendo una segunda oportunidad, van a esperar que los Julitos se calmen y después… lo ratificarán, venga lo que venga.
Unos defenderán la decisión, otros la atacarán, pero Gómez se va a quedar y el tema es claro: la Federación contra medio país…
Finalmente, después de la presentación de todos los ángulos, usted se preguntará: Y usted, Iván, ¿qué haría, lo dejaría o lo sacaría? Yo, le respondo, lo sacaría por una gran razón: la selección de Colombia está para “construir país” y no para “dividir y enemistar al país”.


