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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Archive for the ‘General’ Category

Préstaselo más bien…

Posted by Camilo Ayerbe Posada On mayo - 10 - 2012

Por: Camilo Ayerbe Posada

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Cuando era niño tuve un amigo que era uno “de los más pobres entre los pobres”. Un día, arreglando mi cuarto, encontré un helicóptero de juguete que mi padre me había traído del exterior. Como era Navidad pensé en regalárselo a John Esteban, mi amigo cartonero. Todo lo que le donaba siempre lo recibía con una gran sonrisa rebosante de dignidad. Con el helicóptero fue diferente: “Gracias… pero no tengo plata para comprarle pilas. Más bien deme comidita…”.

Le conté lo sucedido a mi padre, uno de esos bogotanos para los cuales nada en la vida cae del cielo, y me dijo: “Préstaselo más bien y le regalas siempre las pilas… dile que lo cuide mucho porque el juguete es tuyo”. Así lo hice y con la excusa del helicóptero y del cambio de las pilas nuestra amistad siguió durante muchos años.

El gobierno Santos quiere regalar cientos de miles de viviendas a los “más pobres de los pobres”. Es un gesto encomiable, pero me recuerda la anécdota de mi helicóptero. ¿Quién va a pagar por las pilas? ¿Quién cubre los servicios de agua, luz y gas. ¿Quién paga por los arreglos y los gastos de administración? Y caben otras preguntas: ¿La vivienda en qué estado va a estar al cabo de 5 años? ¿Cuando esta vuelva al mercado se va a valorizar? Lo dudo. Si vamos camino de la prosperidad, esos barrios gueto serán los menos codiciados.

En los países desarrollados en los últimos años se buscan acabar con el concepto de “los pobres entre ellos”, que es lo que hemos venido haciendo con la Vivienda de Interés Social (VIS) en Colombia. El verdadero regalo para ellos es permitirles vivir “cómo y con los menos pobres”: en una ciudad con servicios, comercio, parques y opciones recreativas y culturales.

En La Candelaria conviven desde hace años ricos y pobres. Y es el que tiene la tasa más baja de delitos de la ciudad. En el último año hubo un solo homicidio y fue pasional.

En Inglaterra como en Alemania (¡donde el 50 por ciento de la población vive en arriendo!) el social housing consiste en un esquema donde “no se regala” sino “se presta”. Los arriendos son subsidiados por el Estado (en parte o hasta en un 100 por ciento). Existen los “social landlords”, organizaciones públicas, ONG y otras instituciones sin fines de lucro encargadas por el Estado de “mantener, administrar y velar por la integridad” de las VIS.

El Estado no regala, financia la construcción que ejecutan los privados, pero los activos siguen siendo de la Nación. Se adjudican con un criterio selectivo y con estrictas condiciones, entre ellas el “cuidado del bien inmueble”. En la medida en que las condiciones socioeconómicas de los residentes y del país mejoren, el Estado puede comenzar a subastar (a precios favorables) las propiedades de Interés Social, con prioridad a los inquilinos. Recoge parte de su capital invertido y puede seguir acometiendo otros proyectos.

En Bogotá, y en varias ciudades más, se debe acometer un gigantesco plan de renovación urbana, donde un 20 por ciento de los barrios podría estar destinado a la VIS, como parece estar proponiendo el alcalde Petro. Darles a los pobres vivienda es un buen propósito. Lo mejor sería no regalarla, sino prestarla (así se puede construir con las mejores especificaciones), también hacerlo dentro de lo posible en los perímetros urbanos ya existentes, creando por ejemplo “distritos de renovación” donde tengan cabida viviendas de todos los estratos y de uso mixto.

Hace unos meses el Gobierno tuvo la acertada idea de crear la Empresa Nacional de Renovación Urbana. Sería oportuno que un porcentaje importante de esos billonarios recursos del Ministerio de Vivienda fueran entregados a esta nueva empresa, para que lidere la construcción de VIS en los perímetros centrales y semicentrales de nuestras ciudades, en asocio con las alcaldías y la empresa privada.

En esta ambiciosa propuesta del Gobierno no hay demagogia ni populismo. Las intenciones son las mejores. Pero con correctivos y una buena estructuración financiera, esos recursos se podrían duplicar.

Prestar, no regalar. Arrendar (gratis si se quiere), pero no titular… ese quizás sería el mejor regalo para los pobres de Colombia, que carecen de un techo digno, sin afectar el patrimonio de la nación, que es de todos.

Percepción de guerra

Posted by Carlos Prieto On abril - 11 - 2012

Dos brillantes columnistas, dos posiciones y dos percepciones distintas. Ustedes podrán sacar sus propias conclusiones. Una lastima que el común denominador de este debate, no sea ninguno diferente al de esta cruel guerra en Colombia. Carlos Prieto 

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La guerra que se está perdiendo

Por: Daniel Samper Pizano

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

El país enfrenta dos guerras distintas: la de la seguridad y la de la sensación de seguridad. De la primera son protagonistas el Ejército y la Policía, por una parte, y, por otra, los grupos armados y los delincuentes en general. Los actores de la segunda son, en una orilla, el Gobierno y sus adláteres -ciertos políticos, ciertos gremios, cierta prensa- y en la opuesta, el uribismo nostálgico y sus múltiples brazos.

La guerra de la seguridad es una guerra real, que se libra con armas y con sangre. La otra es una guerra de opinión pública que busca réditos políticos.

Casi siempre a una batalla en la guerra real siguen varias en la de opinión. Así se ha comprobado, una vez más, con los golpes y contragolpes entre el Ejército y las Farc en la semana que termina. Hace ocho días, las fuerzas militares sufrieron el más duro revés recibido durante la actual administración, cuando la guerrilla dio muerte a once uniformados. Pocos días después, la fuerza pública bombardeó un campamento de las Farc en Arauca y provocó 32 bajas en la organización subversiva. Muchos habrán hecho la inhumana cuenta de que, por una diferencia a favor de 21 muertos, el Ejército resultó ganador en el cruce de mandobles.

Pero ¿acaso se refleja esta imagen en la sensación de seguridad? Probablemente no. La clara intención del uribismo extremista ha sido expuesta por sus profetas: convencer al país de que el gobierno de Santos es débil con los violentos, regresar al poder y, una vez allí, promover una asamblea constituyente que, entre otros remiendos, permita la reelección de Álvaro Uribe por dos períodos (luego los aumentarán cambiando un articulito) y una larga temporada hegemónica del pensamiento de los tres huevitos. Por eso, el mismo día en que se informaba sobre el ataque militar contra el campamento guerrillero uno de los evangelistas del uribismo, Fernando Londoño Hoyos, se rasgaba las vestiduras afirmando que “estamos perdiendo la guerra” y que “a nadie le importa averiguar por qué”. A su turno, José Obdulio Gaviria suele exagerar y agrandar la influencia de las Farc mientras delira con una refundación nacional.

Si algún periodista crítico hubiera dicho hace tres años que la guerrilla estaba derrotando al Ejército y que el Gobierno no se preocupaba por ello, Uribe y su gente -Londoño y José Obdulio, por ejemplo- lo habrían tachado de subversivo y de “amigo de la Far”. Las cosas han cambiado. Ahora son ellos quienes alegan el triunfo de los alzados en armas. Porque les conviene dar la sensación de que solo sirve su estrategia, que no hay que buscar la paz sino aplastar al enemigo, que todo lo que se aparte de su filosofía es perder la guerra.

El problema es que, no importa cómo estén sucediendo las cosas en la guerra de la seguridad, el Gobierno ha perdido terreno en la guerra de la sensación de seguridad. Esta la van ganando los nostálgicos uribistas y, en algunos casos, la realidad los apoya. Parece insólito que las dos últimas matanzas de soldados se deban a errores parecidos y que esas equivocaciones fatales no cobren una sola renuncia.

Las encuestas muestran una tendencia pesimista entre los ciudadanos sobre el clima de orden público, pese a que algunas cifras -homicidios, masacres, secuestros- se hayan reducido del 2010 al 2011. Pero aumentaron los asesinatos de indígenas, los actos de terrorismo y, sobre todo, las voladuras de oleoductos. En el campo, según encuesta de la Cámara Procultivos, reina la percepción de que aumenta la inseguridad.

Posiblemente el Gobierno no está perdiendo la guerra contra los grupos armados. Pero crece la sensación de que eso es lo que está ocurriendo.

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¿La eficacia de Uribe o la quimera de Santos?

Por: José Obdulio Gaviria

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Afirma Daniel Samper Pizano: José Obdulio suele “exagerar y agrandar la influencia de las Farc”. ¿No será que él suele minimizar la peligrosidad de las Farc? ¿Piensa, acaso, como su excandidato presidencial, Carlos Gaviria, que si las Farc matan es “para que otros vivan mejor”?

Dice Samper que mi intención es “convencer al país de que el gobierno de Santos es débil con los violentos”. Es débil porque abandonó las definiciones de la política de Seguridad Democrática, y con ello debilitó al Estado, principalmente a sus Fuerzas Armadas. La doctrina de Uribe es que Colombia enfrenta una amenaza terrorista; Santos cree tener al frente una “oposición armada”. Sí, señor Samper. Esa diferencia es sustancial. Las bandas terroristas son el primer y principal problema de Colombia. No son un partido político en armas cuasi inofensivo, como creo que Santos y usted piensan.

No es casualidad que Santos gobierne con las ‘oenegés’ que se reúnen en el colectivo ‘Colombia, ¡Nunca más!’. Ellos fueron un baluarte opositor a Uribe. En el manifiesto del colectivo se lee que el Estado es “un actor violento”, sumamente abusivo, particularmente sus fuerzas armadas. A las Farc y al Eln los tratan como grupos que protagonizan “un levantamiento en armas (…) que reclaman cambios fundamentales en las estructuras económicas, sociales y políticas (…)”. ¿Semejante tratamiento conceptual no debilita la acción gubernamental?

Tales ‘oenegeros’ aparecen hoy como los nuevos mejores amigos de Santos (no pretenden desplazar a Chávez; simplemente lo complementan).

Ellos le preparan (¡con qué costos!) manifestaciones ‘agraristas’ en las zonas en donde unos altruistas ‘grupos armados’ pretenden tener la base social para desarrollar su política de tierras y víctimas (en el gobierno de Santos asignan a las Farc un “liderazgo en las luchas campesinas por la tierra”).

Ahí, estimado don Daniel, está el quid del asunto. Santos, que fue elegido por la corriente política de la Seguridad Democrática, la abandonó y se pasó a la contraria. Eso, que en política llaman triangulación, para otros, menos sofisticados, se llama traición.
Pero no importa. No nos pongamos con gazmoñerías que la cosa es seria y en ello va la vida de muchos y la suerte entera de la patria (concepto que también abandonó Santos, para no sonar ‘políticamente incorrecto’).

Nueve millones de colombianos votamos por la doctrina de la Seguridad Democrática. Si elegimos presidente a Santos era para continuar ejerciendo con firmeza la autoridad y orientar la acción de las fuerzas armadas para derrotar al terrorismo. A eso, en cambio, el colectivo ¡Nunca más! lo llama “tratamiento militar para exterminar la rebelión”.

Santos ha adherido a la tesis contraria, la de sus nuevos mejores amigos: “tratamiento político negociado para buscar soluciones a los reclamos justos”.

Daniel Samper dice que me “conviene dar la sensación de que solo sirve (mi) estrategia, que no hay que buscar la paz sino aplastar al enemigo, que todo lo que se aparte de (mi) filosofía es perder la guerra”. Yo pregunto: ¿qué nos enseña la experiencia?
¿Acaso no rigió durante décadas la conciliación con el terrorismo, detrás de un quimérico (según el DRAE, aquello que se propone a la imaginación como posible o verdadero, no siéndolo) proceso de negociación?

¿Qué enseña la experiencia? Creímos ver con Uribe una luz al final del túnel y abandonar su política es lo que está haciendo sentir a la gente insegura. Las diferencias entre Uribe y Santos respecto a la seguridad son antagónicas.

Revertrex

Posted by Oscar Collazos On abril - 11 - 2012

Por: Óscar Collazos

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Una de las noticias más comentadas en los últimos dos días ha sido la desautorización por parte del Invima (Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos) de la publicidad de un producto de belleza promocionado por Amparo Grisales.

El producto estaba siendo comercializado como “activador de la longevidad” y “fuente de eterna juventud”, pero “el Invima desmintió este martes a Vanessa Navarro, vicepresidenta de Intermarketing Express, importadora del producto Revertrex, cuya publicidad fue prohibida ayer por la Superintendencia de Industria y Comercio por considerarla engañosa”.

La noticia no hubiera producido tanto revuelo si no hubiera estado acompañada por el tono camorrista con que Amparo Grisales salió en defensa del producto. Y no solo por esto. La diva -cuya edad es el secreto peor guardado de la farándula colombiana- acusó a la competencia de estar jugando sucio y al Invima, de prestarse a una competencia desleal.

El Invima argumenta que “la publicidad y las etiquetas deben ajustarse a la normatividad sanitaria vigente”. Lo cual quiere decir que está prohibido hacer publicidad a “propiedades que no puedan comprobarse o que señalen que los productos son útiles para prevenir, aliviar, tratar o curar una enfermedad, trastorno o estado fisiológico”.

El Invima y la Superintendencia de Industria y Comercio tienen razones que el corazón de los fabricantes del producto no entienden. Pero la conclusión última de este pleito es otra: en el mercado de la belleza se venden mejunjes de propiedades inciertas, incluso nocivas para la salud, cuyo éxito depende de la inversión publicitaria y el prestigio mediático de quien los promociona.

En este conflicto de intereses vuelve a estar en juego la devoradora industria de la belleza, que comercializa el mito de “la eterna juventud” y saca monstruosas utilidades en toda clase de empresas. Y aunque la Grisales insiste en que su producto es efectivo, solo tiene un argumento a favor: ella misma, que ha burlado las conspiraciones de la edad. En términos de publicidad y mercadeo, la Grisales es más sugestiva que el producto.

La defensa de la diva fue temeraria. Es posible que su emotividad dé el salto de la farándula a los estrados judiciales. Al decir que le “han hecho la guerra desde el comienzo, por unos celos impresionantes” no dice nada grave. Lo grave es decir que la sanción de la Superintendencia pudo obedecer a “pagos de otros laboratorios”. Mejor dicho, a sobornos.

Una hipótesis no configura calumnia, pero no se descarta que la diva tenga que rectificar o probar que el Invima sí ha jugado sucio en la guerra que libran los productos de belleza en un mercado que hace parte de la canasta familiar de miles de colombianas… y colombianos, valga decir.

Nunca antes la vanidad humana había desafiado a la naturaleza con tanta obstinación. “La era del vacío” y la “sociedad líquida” que empezamos a vivir hace más de tres décadas revivieron el más delirante de los mitos. El individualismo narcisista acabó con la solidaridad y puso en su lugar el éxito individual. Ser joven y bello es el imperativo utilitario de esta mitología.

En el museo Dahlen de Berlín se expone un cuadro de Lucas Cranach, el Viejo: La fuente de la eterna juventud (1546). Ancianos desnudos atraviesan una piscina y salen rejuvenecidos en la orilla opuesta. De este mito vive la industria de la belleza. La piscina que atravesamos está llena de agua pantanosa donde nadan las ilusiones impuestas por el mercado. Al fin y al cabo, vivimos en un mundo de artificios en el que los espejos nos calumnian.

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