"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" - Alfred North Whitehead

Raúl Cuero

He considerado importante, hacerle un seguimiento fuerte a esta noticia. Noticia, que la pueden leer en cuatro (4) secciones: 1. La entrevista al Dr. Cuero, 2. La réplica del Dr. Bernal, 3. El Editorial de El Espectador, y 4. La respuesta de la Dra. Rueda. Respetables los argumentos presentados por el Dr. Bernal; pero, más respetables son los resultados del Dr. Cuero. Considero inadmisible, la muy fuerte titularidad, relevancia e importancia, con la que El Espectador ha desplegado y entregadó a esta noticia. Ojalá en nuestro país, existieran cientos y miles de "Cuero´s"; así, sean "Presumidos", "Chicaneros", "Subidos", "Fanfarrones", "Bocones", "Faranduleros", "Jactanciosos", "Ostentosos" ó "Levantados". No importa, ya que no hay ser humano perfecto; pero, de que estos "Cuero´s" son un ejemplo...lo son. Aquí no estamos hablando de bandidos, ni se trata de glorificar ó magnificar actos vandálicos, como a diario lo hacen nuestros muy respetados canales privados. Ojalá y también, muy pronto nos sorprendan (Estos canales) con una novela de algún "Cuero"; y no, de la de un "Mafioso". Nuestro país necesita de lideres que transformen para bien, a esta sociedad. Lideres, que se encarguen de hacer soñar a nuestros compatriotas. Lideres que nos enseñen, como consiguieron ó lograron avanzar, y no retroceder. Lideres que inspiren a estas nuevas generaciones. Por eso, de manera muy personal creo, que la Dra. Rueda tiene razón en afirmar: "Para Bernal, de las 91 publicaciones que exhibe Cuero, científicas no hay sino 24, y el resto le parecen light, por ser creativamente experimentales. ¿Cuántas de Bernal podrán inspirar a esta generación como las de Cuero?" Ma. Isabel Rueda. En este caso, es muy fácil caer en una discusión de: Racismos, Envidias, Rencillas, Odios, etc. Pero; al margen de donde se quiera úbicar esta discusión, si hay una realidad implacable: El Dr. Raúl Cuero y sus logros, son un excelente y muy buen ejemplo, para estas nuevas generaciones de colombian@s. Carlos Prieto

Fuente: El Espectador – El Tiempo

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Fuente Entrevista: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Por: Ma. Isabel Rueda

Doctor Cuero, ¿cuántos inventos suyos tiene registrados en el mundo entero?

El equivalente de 21 invenciones, y entre ellas tengo concedidas 13 patentes.

¿Cómo se logra la proeza de nacer en Buenaventura, en medio de la escasez, y terminar siendo un científico reconocido por el mundo?

Buenaventura era una de las ciudades más pobres de Colombia a comienzos de los sesenta. No había acueducto, ni luz, ni transporte. De niño caminaba largas distancias para recolectar agua, pero irónicamente a ese ejercicio le atribuyo que yo hubiera desarrollado la resistencia necesaria para ser un buen basquetbolista. Tuve que sobrevivir a enfermedades endémicas como la malaria, la tuberculosis, el sarampión, la cólera así como a la discriminación. Eso es un triunfo para unos, supervivencia para otros. Pero es la creatividad la que permite el verdadero equilibrio de estos dos conceptos. Uno no tiene obstáculos. Lo que tiene son desafíos que le dan oportunidades para ser creativo y triunfar.

Su historia, por exitosa que sea, no fue fácil. Pero a lo largo de sus libros se observa una gran dulzura, incluso hasta para contar el terrible incidente en Cali cuando unos muchachos blancos lo persiguieron una noche en sus carros para arrollarlo por deporte…

La pobreza enseña armonía espiritual y tolerancia humana, que Ghandi tanto pregonó. Esa tolerancia la da la universalidad que uno desarrolla. Para eso se necesita la capacidad de integrar y percibir las cosas fuera de los prejuicios. Yo ya sentía el impulso de la creatividad y me transmitió esa tolerancia.

¿Algún paralelo del baloncesto con la vida? Fue integrante de la selección nacional y campeón, lo cual le abrió sus primeras puertas…

Para salir de la pobreza de mi pueblo tenía que escoger entre ser un buen deportista o un buen estudiante. Yo escogí las dos. En Buenaventura crecí sin referencias universales, sin héroes, así que el baloncesto me dio a entender en forma clara que para ganar tenía que prepararme. Desarrollé con el deporte un gran sentido de pertenencia a la comunidad, respeto por los demás, sentido de liderazgo, ecuanimidad, habilidad para competir y superar el miedo, manejando los triunfos y la supervivencia armoniosamente. También me enseñó el baloncesto que en una final, el que gana es el que en un minuto puede hacer la diferencia, y la diferencia la da la condición mental.

Fue el primero de diez hermanos en terminar la escuela y conseguir un Ph. D. en Microbiología. Y sin embargo, sus padres no sabían leer y escribir…

Me río en este punto, pero de forma positiva. Eran analfabetas pero listos, sabios y creativos. Esa, más que una desventaja en mi vida, fue lo que permitió que ellos entendieran que yo no debería terminar cargando en el muelle, como mi padre, o lavando ropa para otros como mi madre, y que para eso debería aprender a leer y a escribir, que fue lo único que me pidieron.

Pero voló muchísimo más alto. Por segunda vez acaba de ganar el Premio Tech Brief Tecnology, de la Nasa…

Me incliné por ser una persona creativa. Tenía en Buenaventura una variedad de especies tanto de flora como de fauna y una gran armonía social y humana. La primera vez que vi a un negro triste fue en Cali, cuando fui a estudiar Medicina a la Universidad del Valle. En mi pueblo, la gente siempre estaba riéndose, a pesar de los tiempos tan malos que vivíamos. La armonía familiar, la armonía escolar y la armonía cultural dan carácter. Y el carácter es lo que le garantiza a uno la creatividad. Uno es creativo antes de ser académico.

Cuenta que de niño pasaba horas observando el comportamiento de lagartos y de cucarachas…

Tengo conciencia de ese interés desde los 4 años. Observé que las cucarachas andan en pareja, y cuando falta una, la otra la busca con afán; y observé que los lagartos, en la casa de mi madre, trepaban la pared de ladrillo entre el medio día y las seis de la tarde. Concluí que como no tenían sistema termorregulador, se escapaban así a las horas de calor. ¡Esas observaciones naturales fueron mi introducción a la ciencia! Mis primeras investigaciones científicas las hice luego con las plantas, y así me gané una beca para estudiar en Estados Unidos.

¿Cuáles son los requisitos de la creatividad?

Para ser creativo se requieren tres elementos: el medio, el ambiente y el entorno. La observación de esos animales me dio la entrada a todo ese ambiente complicado que manejo hoy. Para Da Vinci fueron las soluciones químicas y la observación de la campiña. Para Galileo, el análisis de la Luna. El problema de los niños y jóvenes de hoy es que no tienen un medio. Mi filosofía acerca de la creatividad es que nace de la observación de la naturaleza, y cuanto más temprano sea ese acercamiento, mejor.

¿Por eso dice que es erróneo que a los conocimientos se llegue mediante la transmisión de la información y no a través de la experiencia?

En los últimos cien años no hemos creado ni una ley de física. La matemática que aprendí en el Colegio Pascual de Andagoya de Buenaventura, donde me gradué, es la misma que utilicé en EE. UU. como estudiante y la misma en Inglaterra, donde me gradué también, y en el Japón, y en otras partes del mundo. La educación debe estar alerta para desarrollar metodologías para que sea lo más reactiva posible en la era en la que se aplique. Necesitamos que los fundamentos de la educación tengan prosperidad para que resuelvan los problemas de la sociedad.

¿Es cierto que para descontaminar la planta nuclear de Fukoshima están utilizando algunas de sus tecnologías, lo mismo que para degradar el derrame de petróleo en el golfo de México?

He contribuido con algunas tecnologías, pero otros colegas también han colaborado en esos aportes.

¿Cuál otro invento o descubrimiento mencionaría?

Una molécula natural que bloquea la radiación ultravioleta. Servirá contra el cáncer de la piel y, en el futuro, para proteger a los astronautas en sus misiones espaciales.

También está pendiente de una subvención para detectar rastros de vida en condiciones extraterrestres…

Sí, en 1996 hice la propuesta a Nasa, pero uno compite contra cientos de científicos. Mi propuesta es que la vida en planetas como Marte no se puede medir porque no hay reliquias de cómo se originó la vida. Marte puede ser el pasado y el futuro de la Tierra. Lo que propongo es detectar la presencia o vida de microorganismos en un material similar al suelo de Marte. La vida no se va a encontrar en la atmósfera de Marte sino internamente en el suelo, y para eso primero hay que estudiar su electroconductividad, que es la que da origen a la vida. Para ese experimento, la Nasa me ha proveído con suelo simulado de Marte y de la Luna.

Su último libro se llama ‘La orfandad de la nueva generación’. ¿Eso qué es?

Diría ‘La orfandad en la nueva generación’, porque la orfandad siempre ha sido la constante en el ser humano.

¿Es distinta a la crisis existencial?

Es caos cuando no se maneja. Crecí con doce hermanos y una cantidad de tíos y tías y en un pueblo muy cálido, pero siempre sentí la orfandad. Encontraba compañía en las cucarachas, en el deporte y leyendo a gente superior. Hay que manejarla con creatividad.

¿Cómo se puede hablar de orfandad en la nueva generación de la tecnología, donde todo el tiempo la gente está conectada?

Precisamente, la nueva tecnología es uno de los exacerbadores de la orfandad, pues cuando se está conectado esa tecnología es de comodidad, no de creatividad. Lo malo es que cuando la persona conversa, conversa y conversa y los computadores funcionan cientos de millones de veces más rápido que el cerebro humano, el hombre se queda sin capacidad de crear conocimiento. La información debe ser comprobada para construir conocimiento. Uno no ha comprobado nada de lo que lee en Internet. Se queda en la parte superficial. De ahí la orfandad.

¿Es curable esa orfandad?

No hay fórmula ni ecuación para resolver nada en la vida, porque todos los días traen un proceso. Desafortunadamente, a esta generación le está tocando un movimiento masivo sin medios para saber cómo se produjeron los procesos. Muy pasivo lo que existe hoy.

¿Acaso los avances tecnológicos no sirven para aumentar la creatividad?

En lugar de usarlos para eso, el hombre los está utilizando para lograr su comodidad, al dejar que las máquinas electrónicas decidan por él. No estamos creando nuevos paradigmas culturales. El estado de monotonía de la mente que produce la orfandad nos aleja de los apoyos que requiere una educación creativa, progresista y productiva.

¿Entonces, cuál sería su consejo para esta generación huérfana?

Mi consejo es el siguiente: tener actividad práctica, participación creativa, no solo estar en el conocimiento frío que les conceden, y tener en cuenta que no todo se les va a dar en una ecuación en unos días cortos. Los jóvenes hoy en día son de gran capacidad: hay que darles oportunidades de crear cosas. Y esto les da ese sentido de pertenencia, de eliminación de la orfandad. Haciendo cosas con las manos y creando el conocimiento.

Una pregunta final: ¿aspira algún día a ganarse un Premio Nobel con sus inventos?

Nunca aspiro a premios o reconocimientos porque yo creo en los procesos, y cuando uno cree en los procesos, los resultados son un accidente. El gozo está en el proceso y no en el resultado. Galileo y Mendeleiev (creador de la tabla periódica) nunca ganaron un Premio Nobel, y para mí han sido grandes científicos. Creo que un reconocimiento nunca puede descifrar o compensar el proceso intenso de una persona.

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Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Por: Rodrigo Bernal

El precario estado de la ciencia en Colombia y la pobre percepción que de ella tiene la sociedad se han puesto en evidencia en los últimos años, con el endiosamiento que los medios de todo el país han hecho del científico colombiano Raúl Cuero. Numerosos periodistas han escrito impresionantes panegíricos sobre este científico, sin el menor espíritu crítico y sin verificar fuentes, basados únicamente en la información suministrada por él mismo. Lo cual no sería problema si esa información fuera exacta. Pero no lo es. ( Vea la respuesta de Raúl Cuero)

La primera vez que oí mencionar a Raúl Cuero fue en un artículo de prensa en el que hablaban de sus innumerables logros científicos. Lleno de orgullo nacional corrí a buscar en Google para conocer más sobre ese compatriota genial, que dejaba tan en alto el nombre de Colombia. Fue así como llegué a su propia página de internet (www.raulcuerobiotech.com). Pero a medida que la examinaba en detalle, empecé a descubrir, con profunda frustración, que los logros científicos de Cuero son mucho menos grandiosos de lo que se nos ha hecho creer; que se ha construido de él una imagen gloriosa, enriquecida con mentiras, verdades a medias y distorsiones, que no resisten un análisis minucioso. (Vea la galería: Lo que dijeron los medios sobre Raúl Cuero)

Creí justo dar a conocer la verdadera dimensión del ídolo, para que la admiración que se le brinde sea una opción informada. Así que realicé una investigación minuciosa sobre su producción científica, y en julio de 2012 escribí un artículo, que finalmente archivé. Al ver la entrevista que la periodistaMaría Isabel Rueda acaba de hacerle en El Tiempo al científico y leer su pregunta de si aspira alguna vez a ganarse el Premio Nobel, entendí que el mito de Cuero se había desbordado. El despropósito de asociarlo con unPremio Nobel me produjo una confusa mezcla de lástima por el investigador, vergüenza ajena por la periodista y desolación por Colombia toda y su ciencia, manejada por los medios con la misma ligereza con la que se manejan las trivialidades de la farándula. Así que decidí publicar el artículo. Sé que al hacerlo me expongo a duras críticas, pero qué le vamos a hacer: yo me limito a presentar los hechos.

Para comenzar, la lista de publicaciones científicas que Raúl Cueropresenta en su página de internet es una confusa mezcla en la que es difícil discernir lo publicado de lo soñado, lo escrito por él de lo escrito sobre él, lo relevante de lo irrelevante. Incluye, por ejemplo, una nota acerca de uno de sus inventos, que apareció en el Houston Chronicle, un diario de Texas, y otra que salió en el Wall Street Journal, en la que Cuero no es siquiera el personaje central. El modo como Cuero cita las publicaciones es ya de por sí sospechoso para quien esté familiarizado con la literatura académica. Pero a cambio de esto, la página está llena de honores y reconocimientos de toda clase, y muchas, muchas notas de prensa que hablan de su grandeza. Da la impresión de que el doctor Cuero gasta más tiempo en ocuparse de su imagen de gran científico, que en hacer verdadera ciencia. Baste con decir que es una de las pocas personas del mundo que ha escrito dos autobiografías.

La última de ellas, De Buenaventura a la NASA (Intermedio Editores, 2011), lo presenta como “uno de los científicos más importantes del mundo, aunque prácticamente desconocido en su patria”. Genio de la NASA, lo llamó en 2012 una periodista de El Tiempo. La glorificación ha sido tal, que incluso la Universidad de Caldas y la Universidad de Antioquia le han conferido sendos títulos de Doctor Honoris Causa. ¿Acaso esas instituciones no revisaron en detalle su hoja de vida antes de tomar tal decisión?

Veamos cuáles son las mentiras, distorsiones o imprecisiones que Raúl Cuero les ha presentado a los colombianos y que la prensa ha magnificado. La más llamativa, por supuesto, el cuento de la NASA: que Cuero salió de la pobreza y llegó a ser uno de los grandes científicos de la agencia espacial norteamericana. Aclaremos: el doctor Cuero no trabaja en la NASA. El doctor Cuero es profesor e investigador de la Prairie View A&M University, una universidad en Texas que ocupa el puesto 1.211 en la calificación de las universidades de los Estados Unidos y el puesto 41 entre las universidades de Texas.

La NASA ha puesto dinero para las investigaciones del doctor Cuero, para lo cual se firma un contrato, pero eso no quiere decir que el doctor Cuero trabaje en la NASA. Como no trabajan en Colciencias ni en la National Geographic los científicos que hacen investigación con dinero de esas organizaciones, y que también firman contrato con ellas. Los investigadores consiguen recursos para sus pesquisas de múltiples instituciones, sin que eso quiera decir que trabajen allí.

La otra historia de Cuero con la NASA es la de los premios que ha recibido de esa agencia, y que han dejado boquiabiertos a todos los periodistas. La realidad es mucho menos impresionante, según me lo aclaró en julio de 2012Jesse Midgett, jefe técnico de la Junta de Inventos y Contribuciones de la NASA, que es la encargada de dar los reconocimientos. Esa junta, me explicó Midgett, otorga de manera rutinaria a cada invención que resulte de investigaciones financiadas por la NASA, un Certificado de Reconocimiento en el que consta que el invento en cuestión fue presentado para solicitar una patente. Dicho certificado va acompañado, de manera automática, por una pequeña suma de dinero, que en el caso del doctor Cuero fueron 500 dólares por un invento que hizo en colaboración con David McKay, del Centro Espacial Johnson. Pero son reconocimientos rutinarios para cada una de las patentes que, por centenares, solicita cada año la NASA. En 2008, el año en que Cuero recibió el suyo, la agencia solicitó 529 patentes. Para el invento más impactante de todos existe un premio de verdad, el Premio al Invento del Año (Invention of the Year Award), ese sí seleccionado minuciosamente de entre todas las invenciones del año.

El otro reconocimiento del que Cuero se vanagloria es aún más trivial. A raíz del invento mencionado atrás, Cuero y McKay escribieron para la revista NASA Brief Tech Magazine, que es una publicación divulgativa de esa agencia (no una revista científica), una nota de catorce líneas sobre su invención. Y cada autor que escribe una nota como esa recibe, también de manera rutinaria, el NASA Brief Tech Award, que no es otra cosa que un certificado, acompañado, cuando Cuero lo recibió, de una bonificación de 350 dólares. En la actualidad el certificado ya no va acompañado de dinero.

Entre certificaciones de patentes en trámite y artículos para NASA Brief Tech Magazine, la NASA entregó en 2008, además del que le dio a Cuero, otros 2.103 reconocimientos. Así que los famosos premios de Cuero en la NASA son simples bonificaciones de rutina. De hecho, esos reconocimientos son, en todo, equivalentes al puntaje o la bonificación que nuestras universidades le otorgan a cada investigador por sus publicaciones o sus patentes. Y ningún científico colombiano sale a alardear de esos reconocimientos.

Pero Cuero sabe cómo presentar la información para que suene más impresionante, conocedor de la admiración reverencial que la gente del común siente por la NASA. “Colombiano Raúl Cuero recibe otro premio de la NASA”, rezaba un titular de El Tiempo a mediados de junio de 2012. Cuando le pregunté a Jesse Midgett, de la Junta de Inventos y Contribuciones, por este nuevo premio, el 3 de julio de 2012, me respondió que los únicos reconocimientos a Cuero de los que él tiene noticia son los dos mencionados atrás. Me pregunto de qué premio se trataría, entonces, si el jefe técnico de la junta encargada de otorgarlos no tenía noticia.

Los inventos del doctor Cuero tampoco resisten un análisis detallado.Aunque hace unos días le dijo a María Isabel Rueda (y lo ha dicho a todo el que ha querido escucharlo) que tiene 13 patentes concedidas, la realidad es que sólo dos inventos suyos han sido patentados en los Estados Unidos, donde trabaja (patentes 5830459 de 1998 y 7309437 de 2007), y dos más fueron presentados para obtener una patente (solicitudes 10/740514 del 22 de diciembre de 2003 y 12/288818 del 23 de octubre de 2008), pero ambas solicitudes fueron abandonas al no responder el inventor a los requerimientos adicionales de los evaluadores, según consta en la Oficina de Patentes y Marcas Registradas de los Estados Unidos. ¿Y los otros inventos? Cuando muestre documentos, sabremos. Por ahora no son más que nombres pomposos: Producción de nanopartículas naturales; Producción de una batería natural. Sin más información; sin al menos una breve explicación del invento. De esta manera es difícil saber de qué se trata. Mientras uno no muestre una patente, aunque sea en trámite, o una publicación que describa su invento, uno puede decir que inventó cualquier cosa.

El año pasado anduvo Cuero deslumbrando a periodistas incautos, y a través de ellos a los colombianos todos, con la historia de la supuesta proteína que creó, que permitirá desarrollar vida en Marte. Un descubrimiento de semejante magnitud ameritaría, por lo menos, una solicitud de patente y un artículo en alguna de las revistas científicas más prestantes del mundo, como Nature o Science. Pero nada de eso se ve por ninguna parte. ¿Por qué? Porque una patente o un artículo científico están sujetos a una minuciosa evaluación por parte de investigadores de alto nivel, que revisan en detalle cada afirmación, cada proceso, cada resultado. Así que es más fácil irse a Colombia y presentar los inventos en las páginas de un diario, a través de periodistas que se limitan a repetir todo lo que Cuero les diga, sin preguntarle a nadie más, sin profundizar en el asunto.

También afirma el doctor Cuero en su página de internet que es investigador principal del SynBERC, el Centro para la Investigación en Ingeniería de la Biología Sintética, una prestigiosa alianza de renombradas universidades que incluye al MIT, Stanford, Harvard y la Universidad de California en Berkeley. Sin embargo, su nombre no aparece por ninguna parte en la página de internet de ese centro (www.synberc.org), ni como investigador principal, ni como investigador afiliado ni como nada. “El doctor Cuero hizo parte del SynBERC por varios años” —me respondió diplomáticamente el Dr. Jay Keasling, director de ese Centro, cuando le pregunté en junio de 2012—, “pero ya no recibe fondos de nosotros”. No sé si al SynBERC le importe saber que el doctor Cuero anda por ahí presentándose como uno de sus investigadores principales sin serlo.

Pero la más inexacta de todas las afirmaciones de Cuero es la de las publicaciones científicas, que en el mundo de la ciencia son uno de los indicadores universalmente usados para reconocer a los investigadores. En un ensayo que escribió para la Universidad de Antioquia, Cuero dice que el número de artículos publicados por él en revistas científicas es de más de 90. Pero después de espulgar minuciosamente su página de internet, y tras una búsqueda exhaustiva en las más importantes bases de datos de literatura científica del mundo, he podido rastrear sólo 24 artículos científicos y once capítulos de libros colegiados, es decir, un total de 35 publicaciones científicas escritas por Raúl Cuero a lo largo de 34 años. Y sólo ocho de ellas fueron producidas en los últimos catorce años. Cifras bastante bajas para un científico, incluso bajo los estándares de Colombia. Pero si sólo ha publicado 35 artículos, entonces ¿dónde están los otros 55 de los que Cuero habla? Se trata en realidad de resúmenes presentados en congresos, informes técnicos inéditos, guías de laboratorio, un artículo de prensa y otras cosas por el estilo.

Pero tan grave como los 55 artículos que no aparecen por ninguna parteson los artículos de su supuesta autoría que están citados en su página en internet, pero que aparentemente no existen. En vano he tratado de localizar dos de ellos: incluso le envié un mensaje al propio doctor Cuero pidiéndole una copia de cada uno, práctica común en el medio académico, pero no obtuve respuesta.

La hoja de vida de Cuero está desfigurada, incluso, en los reconocimientos y honores recibidos, a los que él les da tanta importancia. Un ejemplo es la supuesta Medalla de la Orden Simón Bolívar, Título de Caballero, que según su página web le fue concedida por el Congreso de Colombia el 21 de mayo de 2004, “en reconocimiento a sus invenciones, su brillante carrera científica y su contribución a la sociedad”. Pues bien, cuando investigué el asunto en la Cámara de Representantes, la corporación que otorga esa medalla, no lograron encontrar en los archivos ninguna resolución que le otorgara a Cuero esa u otra distinción.

¿Corresponde el perfil académico que acabo de presentar al de uno de los científicos más importantes del mundo? Un investigador que publica ocho artículos científicos en catorce años es visto en los círculos de la ciencia como alguien que ya prácticamente no investiga más. Para poner en contexto la producción científica de Cuero, tomemos como ejemplo a una colega suya de la Universidad de Antioquia, la doctora Lucía Atehortúa, quien ha recibido cuatro patentes de la Oficina de Patentes y Marcas Registradas de los Estados Unidos, sólo en los últimos cinco años. Es que de eso se trata en gran medida la biotecnología: de inventar. Y los inventos se patentan, porque si no, es como si no existieran. Y un colega de Cuero en la Universidad de Berkeley, el doctor Jay Keasling, ha publicado 166 artículos científicos sólo en los últimos siete años, lapso durante el cual nuestro potencial Premio Nobel publicó tres. Pero ni el doctor Keasling ni la doctora Atehortúa alardean. Prefieren invertir el tiempo en investigar.

No pretendo decir que el doctor Raúl Cuero es un mal científico o que no ha hecho nada en su carrera académica. Ya sus colegas juzgarán si su trabajo es bueno o malo. Lo que quiero es poner las cosas en su justa dimensión; señalar lo grave que es construir el prestigio de nuestros científicos sobre mentiras o tergiversaciones, como se construyen tantas otras cosas en Colombia; resaltar el peligro que representa para el futuro de la ciencia en el país el que los científicos maduren a punta de periódico, como los aguacates, y no con base en sus verdaderos logros. No puede ser ese el mensaje que les demos a los jóvenes investigadores que serán los científicos de mañana.

Y los periodistas tienen aquí una gran responsabilidad, pues son ellos quienes han propalado la grandeza del doctor Cuero sin una rigurosa pesquisa independiente. De hecho, la investigación para este artículo debería haberla hecho un periodista, no yo. Pero ellos han preferido tomar el camino fácil de la adulación. En vano traté de animar en 2011 a una periodista de El Tiempo que ha escrito sobre Raúl Cuero, a que profundizara en las inconsistencias que yo había detectado en sus afirmaciones.

Lo más grave de este asunto es que precisamente el doctor Raúl Cuero es el fundador del Parque Internacional de la Creatividad (www.parquedelacreatividad.org), una institución que además de mantener el mito de grandeza del científico, desarrolla talleres de creatividad para jóvenes inventores en varias partes del país. Pero también en ella se ven cosas extrañas. En la página de internet del parque se afirma que “la prestigiosa revista Discovery Magazine (sic) presentó varias de nuestras tecnologías desarrolladas en el Parque de la Creatividad”. En realidad se trata al parecer de un anuncio pagado, de página entera y a todo color, en la revista Discover, una publicación popular sobre ciencia, de amplia difusión en los Estados Unidos. La publicación de un anuncio de estas características en esa revista cuesta actualmente 49.000 dólares. Toda una inversión. Si el Parque Internacional de la Creatividad se dedica en verdad a formar inventores, resulta preocupante que tanto joven prometedor se forme al lado de alguien propenso a distorsionar la realidad, el objeto mismo de estudio de la ciencia. ¿Es ese el ejemplo que queremos darles a las nuevas generaciones? ¿La jactancia en vez de la verdadera investigación? ¿La distorsión en vez del rigor académico?

Pero como ya endiosaron al doctor Cuero, así haya sido con base en méritos inflados, ahora lo consultan para todo. Escribió, por ejemplo, un ensayo para la Universidad de Antioquia sobre la educación, en el contexto del programa de gobierno departamental “Antioquia la más educada”, el cual apareció publicado en la revista Debates a comienzos de 2012. Es una pieza que vale la pena leer. Contiene frases como esta: “Hoy en día, en el paso de la antología a la epistemología, tiene que haber una praxia” (sic). Yo tampoco entendí, pero intuyo que no es nada muy profundo, a pesar de la jerigonza.

Hasta de nutrición humana le consultan ahora. El Tiempo publicó el 29 de junio de 2012 un artículo en el que un periodista habla con él sobre el tema, creyendo, doble ingenuidad, que uno de los mejores científicos del mundo “es el personaje indicado para definir una dieta balanceada”. Y Cuero, muy orondo, se explaya hablando sobre el tema, y hasta describe la que él llama la ‘dieta especial intelectual’.

Lo más triste de todo es que el doctor Cuero no necesitaría distorsionar la verdad para ganarse la admiración de sus compatriotas y ser un paradigma de verdad. Salir de la Buenaventura de los años cincuenta y llegar a ser profesor de una universidad en los Estados Unidos, publicar artículos científicos en revistas de prestigio y patentar inventos son grandes logros, que requieren de una enorme capacidad académica y un gran tesón. Pero inflar ese mérito atribuyéndose más producción científica de la que tiene y magnificar hasta la distorsión los alcances de su investigación para engañar a una sociedad incauta, son acciones que desdicen de su calidad de académico y lo desprestigian como científico. Al doctor Cuero le podría pasar como al noni: le atribuyeron tantas virtudes medicinales que no tiene, que al final la gente acabó por no creer ni en las que sí tiene. Y pasó al olvido.

Los artículos publicados por el Dr. Cuero

Al rastrear en bases de datos las publicaciones científicas de Raúl Cuero, sólo aparecieron 22 artículos. Al preguntarle por el resto de las 90 de las que dice ser autor, nos remitió un listado con cada una de ellas.

En la ciencia, el valor de una publicación depende de la calidad de la revista donde se publica (que sea una revista indexada) y su impacto en la comunidad científica.

En el listado enviado a El Espectador por Raúl Cuero, el número de artículos científicos publicados es 24. Once de las referencias que envió corresponden a capítulos de libros. El número de resúmenes o presentaciones en congresos es de 43. Las guías de laboratorio, informes técnicos o manuscritos inéditos suman cuatro. Tiene además: libros autopublicados (uno), conferencias magistrales (una), artículos de prensa (uno) y documentos repetidos (uno).

* Ingeniero agrónomo de la U. Nacional y Ph.D. en Ciencias de la U. Aarhus, Dinamarca. Profesor del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia entre 1984 y 2007. Actualmente es consultor independiente.

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Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Por: Editorial

Se ha vuelto famosa su historia (que hemos contado en esta casa editorial, por cierto) de ir de un entorno de pobreza en su natal Buenaventura a ser un científico muy prestante en los Estados Unidos. En el artículo publicado, sin embargo, se hacen varios cuestionamientos frente a la magnitud de su obra científica y su trayectoria: tanto de sus publicaciones como del número de inventos que ha patentado, o también de su pertenencia laboral a la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio, NASA, que es como se presenta a Cuero cotidianamente.

Hay también, en la edición del día de ayer, una entrevista en la que Cuero acepta varias cosas que cuesta trabajo creer a primera vista: que no, que el no es investigador principal en el famoso Synthetic Biology Engineering Research Center, como lo sugiere en su página web; que tampoco son 13 sus patentes sino solamente dos y las otras están pendientes; que no, que no es cierto que trabaje en la NASA (como se ha cacareado sin fin e incluso lo da a entender el título de una de sus autobiografías: De Buenaventura a la NASA), sino que la agencia le ha brindado financiación en algunas investigaciones y le ha entregado certificados por ello. Las palabras pesan mucho y los números no mienten, en especial en asuntos de acreditación científica.

Las reacciones al juicioso artículo del profesor Rodrigo Bernal publicado ayer han sido variadas. Desde la descalificación total de Cuero hasta acusaciones de sesgos racistas o de envidia de quien hizo la investigación o, incluso, de este periódico. ¡Por favor! Aquí no se trata, de ningún modo, de arrebatarle el mérito a la obra de este científico colombiano. Porque por muy “inflados” que estén sus logros, tienen rasgos admirables: salir de la pobreza en Buenaventura para llegar a ser profesor e investigador en una universidad de Estados Unidos, publicar en revistas científicas de prestigio, tener dos inventos patentados, no son éxitos de poca monta. Se requiere de rigor científico indiscutible. Pero hasta ahí llega la realidad: el resto es una distorsión que se convirtió en bola de nieve.

Más allá de si Cuero ha participado a conciencia en esa exagerada exaltación de sus logros, lo cual es ciertamente censurable, este caso debería llevarnos a una reflexión más profunda sobre las imágenes de grandes ídolos que la conciencia colectiva va creando en Colombia. ¿Cómo los creamos? ¿A qué le damos credibilidad y a qué no? ¿Por qué esa tendencia a endiosarlos para que realmente los valoremos?

Aquí, como dijo el mismo Cuero en el tema particular de su trabajo en la NASA, la culpa ha sido nuestra, de los medios. Constatar los hechos que se vuelven noticia es un imperativo de este oficio. Y en general la grandilocuencia nos lleva a enceguecernos con la realidad de nuestros ídolos. La selección de fútbol clasifica a un Mundial, y dale, somos favoritos para ganarlo. La economía resiste la crisis mundial, y dale, somos ejemplo mundial de manejo financiero. Nos sentamos apenas a negociar un proceso de paz, y dale, nos merecemos un Nobel de Paz. Y así…

Muchas enseñanzas nos deja el caso de Raúl Cuero. ¿Qué de bueno podemos sacar de ellas, mucho más allá de la obvia y antipática actitud de o bien irnos en su contra o bien mirar a otro lado para mantener la ilusión? Tal vez evitar ese tipo de extremos ya sea un buen comienzo.

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Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Por: Ma. Isabel Rueda

Titulo de la columna: ¿Por negro, por pobre ó por exitoso?

Para Bernal, los méritos de Cuero son chimbos, pues solo 2 de sus 13 patentes presentadas han sido reconocidas, y las demás están registradas, pero pendientesEn lugar de titular con la caída del fuero militar, el diario El Espectador optó ese día por darle su portada a un hombre afrocolombiano.

¿Se trataba de un peligroso paramilitar? ¿Del jefe del anillo de seguridad de alias ‘Timochenko’? Eso pensé, prejuiciada. Porque, al contrario de Piedad Córdoba, pocos afrodescendientes han obtenido por méritos no penales carátula de El Espectador.

Me equivoqué. Se trataba del inspirador científico e inventor valluno Raúl Cuero. A quien El Espectador acusaba de impostor, basado en la investigación de un “exprofesor” de la Nacional, Rodrigo Bernal, cuya conclusión es que Cuero “ni trabaja para la Nasa, ni tiene las patentes que dice tener y su índice de publicaciones es muy bajo”.

Bernal, agrónomo y exprofesor de la Nacional, habría sido más útil dedicado, con el dinero nuestro, tratándose de una universidad pública, a producir por ejemplo un proyecto de café para la altillanura, o una fórmula de convivencia entre los cultivos de café y la palma africana, o una idea para adaptar el cultivo de papa a la tierra caliente, en medio de esta crisis del campo. Pues no. Durante los últimos tres años, al doctor Bernal le pareció prioritario tejer una red de sospechas alrededor de los méritos supuestamente inflados del negro doctor Cuero. Según Bernal, tuvo que romper su silencio cuando apareció mi entrevista con el científico de Buenaventura hace ocho días en EL TIEMPO, y ante la intolerable pregunta de si soñaba con un Nobel, resolvió desempolvar su aporte científico, que tituló bastante burlonamente ‘En cueros’.

Se le puede preguntar a Jackson Martínez si sueña con ganar la Copa Mundo. A Raúl Cuero si sueña con un Nobel no, aunque él humildemente reconozca que lo suyo “son los procesos y no los resultados”. Nació en Buenaventura en un hogar de padres analfabetas. Campeón de baloncesto –sobrevivir o morir–, esta fue la puerta que lo sacó de la miseria a ganarse becas en universidades, hasta llegar a convertirse en Ph. D. en Microbiología de la Universidad de Strathclyde. Mañana estará en Colombia, invitado por el Sena, para presentar su último libro, La orfandad de la nueva generación, en el que previene contra la vida intelectual cómoda de la tecnología y recomienda las virtudes de la creatividad como antídoto contra las tendencias juveniles a las drogas y al alcohol.

Para Bernal, los méritos de Cuero son chimbos, pues solo 2 de sus 13 patentes presentadas han sido reconocidas, y las demás están registradas, pero pendientes (ver www.raulcuerobiotech.com). También considera de baja calaña sus dos premios Tech Brief Technology que le ha otorgado la Nasa, por ser “certificados rutinarios”. Como si la Nasa aceptara patrocinar, publicar y premiar a cualquier lagarto.

Tampoco falta a la verdad el doctor Cuero si uno de sus libros se titula De Buenaventura a la Nasa. Un título por cierto muy inspirador, en el cual narra cómo han sido los detalles de tamaña hazaña. En ninguna parte dice que trabaja para la Nasa –de lo que calumniosamente lo acusa Bernal–, sino de haber hecho trabajos bajo su auspicio, algo totalmente cierto. Para Bernal, de las 91 publicaciones que exhibe Cuero, científicas no hay sino 24, y el resto le parecen light, por ser creativamente experimentales. ¿Cuántas de Bernal podrán inspirar a esta generación como las de Cuero?

Parodiando a uno de los mejores columnistas de El Espectador, no veo que lo del “exprofesor” Bernal contra Cuero tenga otro motivo que acabarlo por negro, por pobre, por humilde y por exitoso. O como dijo Felipe González de Barack Obama: “Si en EE. UU. eligieron Presidente a un negro, fue para echarle la culpa de todo”. En este caso, es para desconocerle al Negro cualquier mérito que no haya obtenido antes el profesor Blanco de la Universidad Nacional.

Benedicto & Juan Pablo

Gossaín explora sus vidas con el profesor Guillermo Escobar, colombiano que los conoció a los dos.

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Han corrido ríos de tinta, cataratas de palabras y océanos de imágenes desde el día en que el papa Benedicto anunció su retiro.

La prensa y las redes sociales del mundo entero coinciden al afirmar que la curia vaticana y la burocracia eclesiástica le hicieron la vida imposible.

Fue entonces cuando me hice las primeras preguntas: ¿Existe realmente esa confrontación entre el papa y sus compañeros?

¿Por qué empezó? ¿Cuándo empezó? Resolví salir en busca de alguien con la autoridad suficiente para explicármelo. Lo encontré a la vuelta de la esquina.

“El problema se inició hace diez años”, me dice de entrada el profesor Guillermo León Escobar, uno de los escasos colombianos que conocieron bien a los dos papas más recientes.

Por siete años fue embajador de Colombia en la Santa Sede, desde hace quince años es catedrático de ciencia política en la legendaria Universidad Gregoriana de Roma (donde estudian los sacerdotes que habrán de convertirse en obispos) y en los últimos cinco años ha ejercido como consultor del Pontificio Colegio de laicos, por nombramiento que le hizo el propio Benedicto, con quien se reunía una vez al mes hasta cuando presentó su renuncia.

“Hace diez años estaba comenzando el escándalo de pederastia que implicó a numerosos sacerdotes en varios países. Llegaron los primeros requerimientos judiciales. El papa Juan Pablo II dio una orden terminante a sus asesores: ‘La Iglesia no entrega a sus hijos a la justicia humana, para que hagan escarnio de ellos’, y ordenó, simplemente, que los acusados se trasladaran a otro lugar”.

Pasaron apenas dos años. Juan Pablo murió en olor de santidad. El cardenal Joseph Ratzinger, que ejercía como presidente de la Sagrada Congregación de la Fe, nada menos, se convirtió en Benedicto XVI. “A los pocos días de haberse posesionado, les dijo a sus colaboradores: ‘La Iglesia está en la obligación moral de entregar los criminales a la justicia’. Usó esa palabra exacta: criminales. Desde entonces han sido arrestados alrededor de cien sacerdotes, dos cardenales y una docena de obispos. Muchos de ellos continúan en la cárcel”.

A partir de ese momento, el armazón del poder interno se sublevó contra el papa. “Cómo será de grave la situación que, hace unos cuantos días, después de presentar su renuncia, se reunió en privado con la curia romana. Les dijo: ‘Admiro mucho en ustedes la gran capacidad que tienen para denunciar los pecados, siempre y cuando sean pecados ajenos’ “.

De manera, pues, que Benedicto se va porque, como él mismo ha dicho, a los 85 años edad ya le faltan fuerzas para semejante tarea. “Pero también se va porque lo agobian las intrigas a su alrededor”, comenta el profesor Escobar. “No olvide usted que Ratzinger es alemán: los alemanes son gente solitaria, y el Papa ha padecido siempre la soledad del poder”.

Sumadas todas esas razones, Benedicto se convierte en el primer pontífice que renuncia espontánea y voluntariamente en más de dos mil años de historia. En total se han retirado seis papas, pero los cinco casos anteriores ocurrieron por las amenazas de los emperadores de su época o porque había dos papas al mismo tiempo, y uno de ellos tuvo que renunciar.

Vidas paralelas

Ya que los conoció a ambos y trabajó con ellos, los sucesos que está relatando me llevan a preguntarle al profesor Escobar cómo podría hacerse un paralelo entre los dos últimos papas. ¿Qué era en realidad lo que los distanciaba? ¿Había algo que los acercara?

“Eran muy distintos, pero eran cara y sello de una misma moneda. Juan Pablo era un genio de la comunicación, lo que hoy se llamaría un genio mediático, que cautivaba de inmediato a la prensa y las masas. Nadie aceptó nunca un debate público con él porque sabían de antemano que era una causa perdida. Benedicto, en cambio, es negado para la prensa, es un hombre de debate, de profundidades académicas, que discute a diario con medio mundo.
Juan Pablo era un santo; Benedicto es un intelectual. Por eso, ahora que se va le deja de herencia a la Iglesia, como si él fuera una versión moderna de santo Tomás de Aquino, la nueva Summa Teológica para el tercer milenio”.

Cuando llegó al pontificado, Juan Pablo II descubrió de inmediato que la Iglesia católica, como institución, atravesaba por un grave problema de imagen. “Se fue en peregrinación a recorrer el mundo entero. Benedicto, por su parte, comprendió que el asunto principal de su papado era la profundización de la doctrina. Juan Pablo vivía a gusto rodeado de gente. Benedicto era un papa solitario”.

Ahora sí entiendo la diferencia: Juan Pablo era un hombre sencillo y elemental, de la estirpe de san Pedro, un humilde pescador de Galilea. Benedicto es un pensador de cultura exquisita, como san Pablo, a quien tanto admira. (“¿Cómo se explica usted”, pregunta Escobar, “que un alemán, un alemán, por Dios, pueda hablar el italiano con esa dulzura suya, que se ha vuelto tan famosa? Es la cultura, naturalmente”. Tiene razón: los alemanes siempre hablan como si lo estuvieran regañando a uno. Salvo el papa).

Las dos orillas del Evangelio

En promedio, Guillermo León Escobar permanece ocho meses al año en Roma. Pero en este momento está disfrutando de un año sabático en Colombia, dedicado a ordenar su casa de Bogotá, organizar su biblioteca y visitar a los amigos que había perdido de vista. Por eso puedo conversar con él a pierna suelta. Le pregunto qué tan profundas llegaron a ser aquellas divergencias entre Juan Pablo II y el entonces cardenal Ratzinger.

“Siempre las hubo. Recuerdo lo que pasó una noche en que Ratzinger salía de una reunión con el papa en la casa de campo de Castelgandolfo. Un sacerdote latinoamericano que también estaba allí se lo quedó mirando, perplejo, porque para nosotros cualquier discrepancia es pelea, y le dijo: ‘¿Usted por aquí, cardenal?
¿Ustedes dos no son enemigos?’. Con la misma voz suave y afectuosa que ha tenido toda la vida, le contestó: ‘No, no somos enemigos. Somos las dos orillas de un mismo río, la una frente a la otra. Lo que nos une, ese río que pasa por la mitad de nosotros, es el Evangelio’ “.

Eran hombres superiores, qué duda cabe, y por eso los dos sabían que sus criterios dispares no eran excluyentes, sino complementarios. La verdad completa, al fin y al cabo, se construye con pedazos de verdad que aportan los que piensan distinto a uno, no los que piensan igual.

Las alas del mismo pájaro

Lo sabían tan claramente, y se respetaban tanto en medio de sus diferencias de criterio, “que un día Juan Pablo le pidió a Ratzinger que escribieran a cuatro manos la célebre encíclica Fe y razón. Vea usted: el papa escribió la parte de la fe y el cardenal la parte de la razón. Eso define a la perfección lo que era cada uno”.

Los desacuerdos entre los dos hombres llegaron a ser tan célebres, que por aquellos mismos días alguien le preguntó a Ratzinger cómo había sido posible que hubiera escrito con Juan Pablo el texto de la encíclica. No volvió a repetir la metáfora de las dos orillas de un mismo río, “pero le respondió con otra belleza. ‘Si usted observa un pájaro detenidamente’ -le dijo- descubrirá que nunca mueve un ala primero y la otra después, porque podría caerse. Para poder volar mueve las dos alas al mismo tiempo. La Iglesia es el pájaro. Juan Pablo y yo somos sus dos alas. Nos movemos juntos para que siga volando. Él es la fe y yo soy la razón’ “.

El profesor Escobar guarda un instante de silencio que no me atrevo a romper. Está luchando con la nostalgia de sus mejores recuerdos. Mira por el balcón a un par de alcatraces que vuelan sobre el mar de Cartagena. Mueven ambas alas al tiempo. Entonces se vuelve hacia mí, y exclama:

“Cuando los conoces a ambos, Juan Pablo te deslumbra el alma y Benedicto te estremece el cerebro”.

De Armenia a Alemania

La renuncia de Benedicto XVI sorprendió a Guillermo León Escobar mientras se encontraba en Colombia. No ha podido despedirse de él, pero recuerda vivamente la primera vez que lo vio, hace más o menos cuarenta años. Escobar había salido de su Armenia nativa a estudiar en la universidad alemana de Bonn.

“Lo conozco muchísimo”, me dice, con los brazos cruzados y una barba salpicada de canas, “porque en los años 70 nos dictaba de vez en cuando unas conferencias en el enorme auditorio de la universidad. No puedo afirmar que fui su alumno, en el sentido cotidiano de la expresión, porque solo venía en forma esporádica a leernos el original de algún libro que estaba escribiendo. En aquella época no hablé nunca con él. Lo veía de lejos”.

El futuro papa había sido profesor titular de la universidad unos años antes de que Escobar llegara de Armenia, “pero tuvo que renunciar acosado por los jóvenes rebeldes que se sumaban a la revolución iniciada en mayo del 68 en París. Debatió abiertamente con Daniel el ‘Rojo’, líder de los insurrectos, que estudiaba en Francia pero era alemán”.

Fue entonces cuando, en los muros de París, los muchachos escribieron aquellos letreros inmortales que Julio Cortázar recogió en un libro estupendo. “Apareció la célebre frase ‘Prohibido prohibir’ y Ratzinger, educado en la doctrina profunda de la Iglesia, reaccionó de inmediato. Dijo en sus charlas universitarias que el nuevo enemigo de la civilización cristiana occidental ya no era el comunismo marxista, sino el relativismo, que todo lo tolera. Si nada está prohibido, nos comentó un día, entonces el pecado no existe”.

Volvió a verlo ya en el Vaticano. Le llevó un libro sobre grandes temas social-cristianos. “Le dije que había asistido a sus conferencias en Bonn, pero ni siquiera me había visto en el auditorio. ‘Pero recuerdo perfectamente -me dijo- una conferencia suya que dio apertura al sínodo de obispos romanos’. Me pidió que no me fuera, aunque yo acababa de renunciar a la embajada colombiana, y me propuso que siguiera con mis clases en la Universidad Gregoriana”.

Epílogo

Luego, convertido ya en papa, lo nombró consultor del Colegio de Laicos y perito pontificio. Esos tiempos se están volviendo ya polvo del pasado. Son historia. “Él dice que le faltan fuerzas, aunque no está enfermo. Hace diez años le instalaron un marcapasos cardíaco y hace tres lo operaron en absoluto secreto para cambiarle las pilas. Fue entonces cuando empezó a cambiar la lectura de san Pablo, intelectual y escritor, como él, y asumió la de san Pedro, menos racional pero más humano. El papa empezó a preguntarse, como se preguntaba Pedro: ‘¿Estaré perdiendo las fuerzas? ¿Necesitaré que alguien me ayude a vestir?’. Y llegó a la conclusión de que debía renunciar”.

El profesor Escobar recuerda que en el año 2004, cercana ya su muerte y agobiado por las enfermedades, los allegados más íntimos de Juan Pablo II le sugirieron con gran delicadeza que pensara en la misma posibilidad. Alguien, menos discreto, se lo preguntó abiertamente, acariciándole las manos temblorosas: “¿Por qué no renuncia?”. Escobar dice que nunca podrá olvidar lo que respondió el Papa, “porque siempre he dicho que la vida es la fe convertida en actos”.

Lo cierto es que Juan Pablo ya casi no podía hablar. Era difícil entender sus palabras. Le costaba trabajo levantar la cabeza desgonzada, pero, aún así, mansamente, aquel hombre que se estaba apagando contestó con un susurro:

-Porque Cristo no se bajó de la cruz…

¿Sana la vida?

Sé que hay estudios científicos que recomiendan vivir bien. Pero ahí está el problema: ¿qué es vivir bien, para qué vivimos?

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Acabo de recibir un correo electrónico muy parecido a esas ‘cadenas de la felicidad’ que marcaron mi infancia y la de varias generaciones más. En esa época (en la mía) era un papel mal doblado que llegaba a la casa con la imagen del Divino Niño y la orden perentoria de hacerle siete copias para distribuirlas por el barrio. Quien no cumpliera estaba avisado, le llovían obscenas desgracias; quien lo hacía estaba a salvo, recogiendo monedas bajo las piedras.
El tiempo pasó -suele pasar- y esa explotación del miedo y de la buena fe hizo las delicias de Internet, como si sus antecedentes de papel apenas hubieran sido lo que en verdad eran: un balbuceo prehistórico, el experimento tímido y preparatorio del paraíso del spam. Hablo por mí que abro todos los correos, que agradezco y gestiono todas las herencias africanas y abandonadas que me gano a diario, que reenvío cuanta cadena de oración y cuanto chiste me llegan, para curarme en salud.
Se me puede ir el día así pero ese es el precio que hay que pagar por el milagro de la tecnología; faltaría más. Hoy, por ejemplo, recibí ese correo que les digo: una verdadera cadena de la felicidad. Sin amenazas ni divinos niños ni nada, solo una entrevista que ha pasado de mano en mano y que arrastra consigo todas las direcciones desde las cuales la han difundido y la han vuelto un esperanzador fenómeno de multitudes. Debo confesar que primero la leí con resignación, luego con asombro y maravilla. La reenvié seis veces, esta es la séptima. Este es mi barrio.
Se trata de una entrevista a un presunto y rozagante médico costarricense, el doctor Pedro Paniagua Mata (escriban el nombre en Google y vean su foto). Y digo “presunto médico” porque podría no existir y la entrevista ser un invento, todo una ficción. Sería lo de menos: nunca he visto tanta sensatez y tanta claridad juntas, nunca. Con una sonrisa, encogido de hombros, el doctor Paniagua desmonta varios mitos sobre esa nueva religión de nuestro tiempo, ‘la vida sana’.
Más que un médico -de existir-, Paniagua es un filósofo: un sabio y un iluminado. Y su filosofía se resume en un principio irrebatible: la única vida sana que hay es la vida feliz; ninguna más. ¿Debemos reducir el consumo de alcohol?, le preguntan, y responde: “De ninguna manera. Todos los licores son de origen vegetal, así que no limite demasiado su consumo”. ¿Es bueno hacer ejercicio? “Mi filosofía es que si usted no se siente mal, ni tiene dolores, no haga nada. Si está saludable, ¿por qué mortificar su cuerpo?”. No me explico que a este hombre no le hayan dado todavía ningún premio Nobel, de lo que sea.
Y no se trata tampoco de promover los malos hábitos, la molicie. Es obvio que es mejor comer cosas saludables, no excederse con nada ni lanzarse en plancha a la piscina sin agua de los vicios y la lujuria. Sé que hay estudios científicos que recomiendan vivir bien. Pero ahí está el problema: ¿qué es vivir bien, para qué vivimos? Nunca antes, por ejemplo, la humanidad había estado tan preocupada por su aspecto físico y nunca antes había sido tan fea y tan deforme. La vida como fetiche, la salud como una religión y el peor fundamentalismo.
Leí ayer un artículo en Vanity Fair sobre los conciertos de los Rolling Stones en diciembre pasado. Decía algo muy cierto: esos ancianos, saltando como niños por el escenario tras una historia de excesos y degeneración, son la prueba irrefutable de que no siempre una ‘vida sana’ garantiza una vida feliz y duradera. Al revés.
Y me acordé del papá de un amigo que siempre nos hablaba mal de las hamburguesas. Una noche, como todas, salió a trotar con esa cara de angustia de los que trotan. Le dio un infarto y se murió. Allí, en medio del camino de la vida.

Felipe López

Por tercera o cuarta vez en su vida, Felipe López ha concedido una entrevista. Como quien dice, Roma locuta. La última vez fue en el 2010, cuando habló con María Isabel Rueda, a quien le confesó que le gustaba Uribe.

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Cuando la periodista le preguntó por qué Uribe tenía tanta popularidad entre la gente y tan poquita entre los columnistas, López respondió: “Es que Uribe se sintonizó con el país real, que es un poquito más paramilitar y más rural que el país periodístico”. ¿Habrá que deducir, entonces, que Felipe López es un poquito del primer país?

Esta vez habló con Juan Carlos Iragorri, que ya ha hecho antes buenos reportajes encuellando con guante de seda a Antonio Navarro y a Antonio Caballero. Ahora el resultado es Felipe López, el hombre detrás de la revista Semana (Planeta), un libro muy legible y que no soslaya ningún episodio de la vida del país ni de los López.

Hay dos datos curiosos en esta entrevista. El primero es que cuando Marta Traba entrevistó a López Michelsen en televisión, sólo hablaron de flores porque la televisión era oficial y él estaba en la oposición. El otro es que la revista Time no publicó ninguna información que proviniera de la China durante varios años porque su fundador, Henry Luce, estaba muy molesto con el triunfo de la revolución comunista de Mao, una pataleta que significó que el medio más influyente del mundo ignorara al país de casi mil millones de habitantes que iba a cambiar la historia del siglo XX.

Afirma que el gobierno de Santos está obsesionado con la imagen, “por eso produce muchos titulares, que producen ilusiones pero no resuelven los problemas”. Que las negociaciones de paz van a fructificar “porque ya hay mucha cosa amarrada”. Que a Pacho Santos no lo tomaban en serio ni siquiera en su familia. “Era como la mascota en medio de parientes estrellas. Sin embargo, fue uno de los mejores vicepresidentes que hemos tenido”. Que pese a los viejos líos por una herencia entre su madre y sus primos Klim, Eduardo y Enrique Caballero, Antonio Caballero está en la revista porque “yo no me siento heredero de las peleas de mi papá. Antonio es amigo mío, es buen columnista, y punto”. Que Alternativa, la revista de Gabo, Antonio Caballero y Enrique Santos Calderón, “tenía algo de la izquierda juvenil y panfletaria, un género que es más lo que divierte que lo que asusta”.

Aunque cuida muy bien sus declaraciones, se le zafó esta perla a don Felipe. Durante su gobierno, López Michelsen le negó el beneplácito a un embajador de Estados Unidos porque era latino, hecho que el muy british presidente consideró ofensivo para la dignidad de nuestro país. Con una candidez encantadora, el muchacho dice que el hecho demuestra el nivel de independencia de su padre frente a Washington.

La entrevista es buena porque el reportero domina su oficio, porque el entrevistado conoce como pocos la historia del país (buena parte de ella transcurrida en los salones de su familia), porque responde de manera clara y sintética, ave rara, y dice casi todo lo que sabe.

La fórmula de Felipe López para hacer la mejor revista de Latinoamérica, según The Economist y The Washington Post, es simple. El hombre no se enreda en la cuadratura del círculo de pasión-objetividad-neutralidad. Para él la clave es la independencia. Es decir, sea rico, talentoso y de noble cuna, como él o como Antonio Caballero, y podrá publicar las infamias del presidente, de los ministros o de algunos cacaos, y lo aplaudirán el presidente, los ministros y los otros cacaos, y hasta pautarán en su revista. O como lo dice el mismo Felipe López en una caricatura de Vladdo: “Mucha gracia la mía llegar adonde he llegado… después de haber nacido con todo en la vida”.

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Adriana Ocampo

La científica colombiana de la Nasa habla de los descubrimientos del Curiosity.

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

“Las posibilidades de que en Marte haya habido vida son muy altas”, opina la científica Adriana Ocampo, barranquillera, alta funcionaria de la Nasa. Fue seleccionada como una de las 50 mujeres más importantes de la ciencia del mundo por la revista Discover. Adriana Ocampo es directora de la división de ciencias planetarias de la Nasa y participa en misiones como Curiosity a Marte y los programas de exploración en Júpiter.

Vive en Pasadena, California (“La Nasa es mi casa”, dice) y vino a Colombia para participar en el primer encuentro latinoamericano de Mujer y Liderazgo, organizado por el Centro de Liderazgo y Gestión de Colombia.

Adriana Ocampo es hoy es una de las líderes de la misión Juno a Júpiter. Es directora del proyecto macro de la agencia espacial denominado Nuevas Fronteras. Participa en investigaciones que van desde el peligro de que un asteroide impacte la Tierra hasta la eventual construcción de un centro espacial de entrenamiento en la Luna, para enviar misiones humanas a Marte. Juno partió a Júpiter en agosto del año pasado y llegará en el 2016.

¿Cómo ingresas a la Nasa?

Haciendo voluntariado. Dan oportunidades a estudiantes de secundaria. Tenía como 15 o 16 años. La Nasa ha sido mi segunda casa. Mis padres llegaron a Los Ángeles porque mi padre trabajaba en compañías automotrices. Me gradué de secundaria, luego hice carrera universitaria y seguí creciendo. Me formé en la Nasa. Ahí llevo más de 30 años.

¿Qué cargo ocupa actualmente?

Soy la ejecutiva del programa Nuevas Fronteras, sobre exploración del sistema solar. Estamos ahora con la misión a Júpiter. Se llama Juno.

Pero ya hubo varios ‘Junos’…

Ha habido muchos, pero en cohetes. Esta es una misión, una nave espacial. Por primera vez vamos a Júpiter con paneles solares. La última misión que acabamos de realizar se llama Osiris-Rex. Iremos al asteroide RQ36, que es potencialmente peligroso. Mide 560 metros de diámetro y podría colisionar con la Tierra. La probabilidad de impacto es de una entre mil. Las acciones para evitar el choque deben realizarse antes de 2050.

¿Pero es que se dirige hacia la Tierra?

Entre la Tierra y Marte hay un cinturón de asteroides. RQ36 tiene una trayectoria de cruce con la Tierra. Estamos estudiando cómo la orbita de ese asteroide puede ser cambiada en caso de que se aproxime mucho a la Tierra, a la que podría impactar causando un desastre. En el 2021 vamos a traer una muestra y a analizarla para saber cómo desviarlo.

¿Es un peligro real?

Por supuesto. Tenemos que ser conscientes de que vivimos en un sistema muy dinámico, que puede caer el asteroide y, si no estudiamos eso, nuestra civilización podría ser extinguida. Eso pasó cuando la Tierra estaba poblada por dinosaurios 65 millones de años atrás. Podría ocurrir nuevamente.

¿Cómo es la teoría de los dinosaurios?

Fue propuesta por científicos de la Universidad de Berkeley. Mi contribución fue la de descubrir el cráter donde realmente cayó este asteroide, que tenía más de 10 kilómetros en diámetro. Impactó en la península de Yucatán, y al encontrar el cráter del impacto, la teoría ya no fue hipótesis sino realidad. Tenemos las evidencias para afirmar que hace 65 millones de años la península de Yucatán fue impactada por un asteroide que cambió completamente la biosfera del planeta y causó la extinción masiva de más del 50 por ciento de las especies que entonces vivían.

¿Cómo un asteroide pudo provocar eso?

Vino la explosión, hubo incendios globales, megatsunamis, terremotos, surgieron nubes contaminadas de ácido sulfúrico y nuestro planeta quedó envuelto por una atmósfera venenosa. Eso duró más de 12 años. Para obtener las evidencias, en vez de usar isótopos de carbono 14, se emplearon otros para analizar las más antiguas piedras de Yucatán.

¿Hace 65 millones de años existía el hombre sobre la Tierra?

No. La ciencia ficción pone al hombre con los dinosaurios, y eso no es real. Jamás coexistimos. Nosotros descendimos de la evolución de los mamíferos. Los dinosaurios tenían necesidades muy grandes de comida. Al romperse el ciclo biológico, las nubes de ácido sulfúrico los envenenaron y los que alcanzaron a sobrevivir murieron de hambre hasta extinguirse. Los pequeños mamíferos sobrevivieron; vino la evolución, hasta llegar al ser humano; fueron la raíz primaria de nuestro origen. El Homo habilis evolucionó al Homo sapiens.

¿Cuándo y dónde se originó la vida en la Tierra?

Hace 3,5 billones de años. No está establecido que la vida nació en la Tierra…

¿Qué se necesita para que haya vida?

Hablando muy básicamente, tres elementos: material orgánico, una fuente de energía y agua líquida, que es clave para que se desarrolle la vida. Cuando la Tierra se formó, no tenía océanos ni atmósfera, no tenía aminoácidos. ¿Cómo surgieron esos elementos? La hipótesis es, y hay evidencias, que la Tierra fue bombardeada por muchos cometas que se originaron más allá de nuestro sistema solar. No nacimos aquí. Somos hijos de las estrellas y de una supernova.

Para que haya vida en cualquier planeta es indispensable que haya agua. ¿Qué planetas del universo tienen agua?

Marte tiene agua como la nuestra y tiene atmósfera. Hay un programa para llevar seres humanos a Marte en el 2030. Curiosity, que amarizó en agosto, comienza ahora a buscar nichos de vida. Ya confirmó que hay agua en Marte; lo que queremos saber es: ¿Hay vida en Marte? ¿Hubo y se extinguió?

¿Usted cree que sí hay vida?

No tenemos evidencias científicas sobre la existencia de vida en Marte o en otros planetas. Pero hay miles de estrellas en nuestra galaxia. Y existen millones y millones de galaxias. Estadísticamente, las probabilidades de que lo que pasó aquí haya sido replicado en Marte o otra parte del universo son altísimas. Es extraordinario lo que se está encontrando. Por ejemplo, la Nasa confirmó que en el sitio al que llegó el Curiosity hubo agua que estaba sobre la superficie. Hace millones de años, en Marte hubo agua, o sea, océanos. Hoy no la hay en su superficie, pero en el subsuelo sí. Tenemos imágenes de deslizamientos que lo confirman. Marte y la Tierra eran planetas gemelos. La Tierra, más grande; nuestro diámetro es dos veces el de Marte, por lo que el campo gravitacional de Marte no pudo retener en su superficie moléculas de agua. Con el cambio climático sobre la Tierra, si no cuidamos la composición de nuestra atmósfera, el agua podría desaparecer del planeta dentro de algunos millones de años. A propósito, ¿sabe usted cómo descubrimos el cambio climático en nuestro planeta? Gracias a Venus.

¿Cómo se supo del fenómeno en Venus?

Gracias a la exploración de ese planeta. Es tan caluroso que se derrite el plomo en su superficie. Venus tiene el mismo diámetro y la misma composición de la Tierra, y está al lado. ¿Qué pasó para que Venus se calentase tanto? Investigarlo condujo a descubrir que en la Tierra estaba ocurriendo lo mismo y se descubrió el efecto invernadero. Se hallaron grandes cantidades de dióxido de carbono. La temperatura tan elevada de Venus es porque sus gases capturan la energía solar. Tantos gases volcánicos de Venus quedaron atrapados en su atmósfera, y las temperaturas se elevaron. La información de la sonda Venus Express muestra que en el pasado Venus fue como la Tierra, pero tuvo una evolución muy diferente. Venus sufrió un calentamiento global que atrapó la radiación solar, generando temperaturas de más de 400 grados centígrados en la superficie. Venus no tiene el escudo magnético de la Tierra, por lo que su atmósfera ha recibido el embate directo de la radiación cósmica y el viento solar. Comprender los factores que influyeron en el calentamiento de Venus nos ayuda a evitar ese peligro aquí.

¿Qué planetas tienen atmósfera similar a la nuestra?

Marte. Tiene dióxido de carbono como la nuestra, pero menos oxígeno.

¿Qué ha sido lo más trascendental que ha descubierto Curiosity en Marte?

Que hubo agua líquida; que donde amarizó fue un lago; ahora va a empezar a escalar. El robot ya recibió la orden de la Tierra.

¿Cuánto demora una orden de la Tierra en llegar allá?

14 minutos. Tenemos tres satélites orbitando a Marte que reciben la orden y la retransmiten a Curiosity. El robot va a comenzar a escalar una gran montaña. No me sorprendería que eventualmente se haga el descubrimiento de un fósil o restos de algún organismo vivo. La probabilidad de que Marte haya tenido vida es muy alta.

¿Cuál es el objetivo fundamental de la Nasa con esta exploración del universo?

Obtener información para el bienestar de la humanidad. Entender mejor de dónde venimos. Cuál es nuestro papel aquí y para dónde vamos. Cuando lo sepamos, vamos realmente a evolucionar como civilización y como especie.

¿Para qué nos ha servido haber llegado a la Luna?

La Luna tiene agua en el subsuelo, en cantidades diminutas. Hace millones de años se desgarró un fragmento de la Tierra y ahí se formó la Luna. Este fragmento empezó a orbitar. No tiene atmósfera por su menor capacidad gravitacional.

¿Hay vida como la nuestra en el sistema solar en alguna parte?

A nivel de vida inteligente, es difícil que la haya en este momento. Pero no parece posible que en todo el universo seamos los únicos inteligentes. Esa es la gran investigación de la Nasa: encontrar las evidencias de potencial de vida en alguno de esos lugares tan lejanos. Júpiter tiene ese potencial. Todas estas investigaciones conducirán algún día a la humanidad a saber lo que es la vida y la importancia de resguardarla, de protegerla. Tenemos la responsabilidad también, si se descubre en otros lugares, de no contaminarla. Hay una rama de la Nasa llamada Protección Planetaria: todas las naves robóticas que se envían tienen protocolos muy exigentes para no contaminar ningún medio.

¿El próximo hombre fuera del espacio a dónde va?

Se está desarrollando un tipo de transbordador a la Luna, para empezar a colonizar, a colocar estaciones, para tener una presencia más permanente. El objetivo es usar la Luna como base para enviar misiones tripuladas a Marte. Está todo en planificación.

¿La prioridad hoy es la Luna o Marte?

Primero ir a la Luna y después a Marte. Con astronautas. Pero la prioridad de la Nasa y de todos nosotros es salvar la Tierra y que dentro de un millón de años aún estemos aquí.

El futuro del planeta Tierra

¿Dentro de un millón de años la Tierra va a existir como es hoy?

Posiblemente. ¿Pero vamos a estar nosotros aquí? Estamos dañando tanto el planeta, estamos cambiando tanto la biosfera que para nuestra especie va a ser difícil sobrevivir. La Tierra ha tenido más de cinco extinciones masivas que ha sobrevivido; eso está confirmado. Hubo el triásico y el pérmico, que son edades geológicas en las que más del 90 por ciento se extinguió. 65 millones de años atrás, en la era del cretáceo terciario, casi todo se extinguió. Dentro de un millón de años, probablemente el planeta Tierra exista, ¿pero estaremos nosotros como especie viviendo en él? Eso nadie lo sabe.

Su mayor aspiración

“Sería una gran satisfacción ver a Colombia desarrollarse en el área espacial, que tuviera una agencia espacial. Hay muchísima capacidad en este país, capacidad humana, en conocimientos, soluciones innovadoras y tecnología, que por medio de la exploración espacial podría ayudar a la sociedad a mejorar”.

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