"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" - Alfred North Whitehead

Benedicto & Juan Pablo

Gossaín explora sus vidas con el profesor Guillermo Escobar, colombiano que los conoció a los dos.

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Han corrido ríos de tinta, cataratas de palabras y océanos de imágenes desde el día en que el papa Benedicto anunció su retiro.

La prensa y las redes sociales del mundo entero coinciden al afirmar que la curia vaticana y la burocracia eclesiástica le hicieron la vida imposible.

Fue entonces cuando me hice las primeras preguntas: ¿Existe realmente esa confrontación entre el papa y sus compañeros?

¿Por qué empezó? ¿Cuándo empezó? Resolví salir en busca de alguien con la autoridad suficiente para explicármelo. Lo encontré a la vuelta de la esquina.

“El problema se inició hace diez años”, me dice de entrada el profesor Guillermo León Escobar, uno de los escasos colombianos que conocieron bien a los dos papas más recientes.

Por siete años fue embajador de Colombia en la Santa Sede, desde hace quince años es catedrático de ciencia política en la legendaria Universidad Gregoriana de Roma (donde estudian los sacerdotes que habrán de convertirse en obispos) y en los últimos cinco años ha ejercido como consultor del Pontificio Colegio de laicos, por nombramiento que le hizo el propio Benedicto, con quien se reunía una vez al mes hasta cuando presentó su renuncia.

“Hace diez años estaba comenzando el escándalo de pederastia que implicó a numerosos sacerdotes en varios países. Llegaron los primeros requerimientos judiciales. El papa Juan Pablo II dio una orden terminante a sus asesores: ‘La Iglesia no entrega a sus hijos a la justicia humana, para que hagan escarnio de ellos’, y ordenó, simplemente, que los acusados se trasladaran a otro lugar”.

Pasaron apenas dos años. Juan Pablo murió en olor de santidad. El cardenal Joseph Ratzinger, que ejercía como presidente de la Sagrada Congregación de la Fe, nada menos, se convirtió en Benedicto XVI. “A los pocos días de haberse posesionado, les dijo a sus colaboradores: ‘La Iglesia está en la obligación moral de entregar los criminales a la justicia’. Usó esa palabra exacta: criminales. Desde entonces han sido arrestados alrededor de cien sacerdotes, dos cardenales y una docena de obispos. Muchos de ellos continúan en la cárcel”.

A partir de ese momento, el armazón del poder interno se sublevó contra el papa. “Cómo será de grave la situación que, hace unos cuantos días, después de presentar su renuncia, se reunió en privado con la curia romana. Les dijo: ‘Admiro mucho en ustedes la gran capacidad que tienen para denunciar los pecados, siempre y cuando sean pecados ajenos’ “.

De manera, pues, que Benedicto se va porque, como él mismo ha dicho, a los 85 años edad ya le faltan fuerzas para semejante tarea. “Pero también se va porque lo agobian las intrigas a su alrededor”, comenta el profesor Escobar. “No olvide usted que Ratzinger es alemán: los alemanes son gente solitaria, y el Papa ha padecido siempre la soledad del poder”.

Sumadas todas esas razones, Benedicto se convierte en el primer pontífice que renuncia espontánea y voluntariamente en más de dos mil años de historia. En total se han retirado seis papas, pero los cinco casos anteriores ocurrieron por las amenazas de los emperadores de su época o porque había dos papas al mismo tiempo, y uno de ellos tuvo que renunciar.

Vidas paralelas

Ya que los conoció a ambos y trabajó con ellos, los sucesos que está relatando me llevan a preguntarle al profesor Escobar cómo podría hacerse un paralelo entre los dos últimos papas. ¿Qué era en realidad lo que los distanciaba? ¿Había algo que los acercara?

“Eran muy distintos, pero eran cara y sello de una misma moneda. Juan Pablo era un genio de la comunicación, lo que hoy se llamaría un genio mediático, que cautivaba de inmediato a la prensa y las masas. Nadie aceptó nunca un debate público con él porque sabían de antemano que era una causa perdida. Benedicto, en cambio, es negado para la prensa, es un hombre de debate, de profundidades académicas, que discute a diario con medio mundo.
Juan Pablo era un santo; Benedicto es un intelectual. Por eso, ahora que se va le deja de herencia a la Iglesia, como si él fuera una versión moderna de santo Tomás de Aquino, la nueva Summa Teológica para el tercer milenio”.

Cuando llegó al pontificado, Juan Pablo II descubrió de inmediato que la Iglesia católica, como institución, atravesaba por un grave problema de imagen. “Se fue en peregrinación a recorrer el mundo entero. Benedicto, por su parte, comprendió que el asunto principal de su papado era la profundización de la doctrina. Juan Pablo vivía a gusto rodeado de gente. Benedicto era un papa solitario”.

Ahora sí entiendo la diferencia: Juan Pablo era un hombre sencillo y elemental, de la estirpe de san Pedro, un humilde pescador de Galilea. Benedicto es un pensador de cultura exquisita, como san Pablo, a quien tanto admira. (“¿Cómo se explica usted”, pregunta Escobar, “que un alemán, un alemán, por Dios, pueda hablar el italiano con esa dulzura suya, que se ha vuelto tan famosa? Es la cultura, naturalmente”. Tiene razón: los alemanes siempre hablan como si lo estuvieran regañando a uno. Salvo el papa).

Las dos orillas del Evangelio

En promedio, Guillermo León Escobar permanece ocho meses al año en Roma. Pero en este momento está disfrutando de un año sabático en Colombia, dedicado a ordenar su casa de Bogotá, organizar su biblioteca y visitar a los amigos que había perdido de vista. Por eso puedo conversar con él a pierna suelta. Le pregunto qué tan profundas llegaron a ser aquellas divergencias entre Juan Pablo II y el entonces cardenal Ratzinger.

“Siempre las hubo. Recuerdo lo que pasó una noche en que Ratzinger salía de una reunión con el papa en la casa de campo de Castelgandolfo. Un sacerdote latinoamericano que también estaba allí se lo quedó mirando, perplejo, porque para nosotros cualquier discrepancia es pelea, y le dijo: ‘¿Usted por aquí, cardenal?
¿Ustedes dos no son enemigos?’. Con la misma voz suave y afectuosa que ha tenido toda la vida, le contestó: ‘No, no somos enemigos. Somos las dos orillas de un mismo río, la una frente a la otra. Lo que nos une, ese río que pasa por la mitad de nosotros, es el Evangelio’ “.

Eran hombres superiores, qué duda cabe, y por eso los dos sabían que sus criterios dispares no eran excluyentes, sino complementarios. La verdad completa, al fin y al cabo, se construye con pedazos de verdad que aportan los que piensan distinto a uno, no los que piensan igual.

Las alas del mismo pájaro

Lo sabían tan claramente, y se respetaban tanto en medio de sus diferencias de criterio, “que un día Juan Pablo le pidió a Ratzinger que escribieran a cuatro manos la célebre encíclica Fe y razón. Vea usted: el papa escribió la parte de la fe y el cardenal la parte de la razón. Eso define a la perfección lo que era cada uno”.

Los desacuerdos entre los dos hombres llegaron a ser tan célebres, que por aquellos mismos días alguien le preguntó a Ratzinger cómo había sido posible que hubiera escrito con Juan Pablo el texto de la encíclica. No volvió a repetir la metáfora de las dos orillas de un mismo río, “pero le respondió con otra belleza. ‘Si usted observa un pájaro detenidamente’ -le dijo- descubrirá que nunca mueve un ala primero y la otra después, porque podría caerse. Para poder volar mueve las dos alas al mismo tiempo. La Iglesia es el pájaro. Juan Pablo y yo somos sus dos alas. Nos movemos juntos para que siga volando. Él es la fe y yo soy la razón’ “.

El profesor Escobar guarda un instante de silencio que no me atrevo a romper. Está luchando con la nostalgia de sus mejores recuerdos. Mira por el balcón a un par de alcatraces que vuelan sobre el mar de Cartagena. Mueven ambas alas al tiempo. Entonces se vuelve hacia mí, y exclama:

“Cuando los conoces a ambos, Juan Pablo te deslumbra el alma y Benedicto te estremece el cerebro”.

De Armenia a Alemania

La renuncia de Benedicto XVI sorprendió a Guillermo León Escobar mientras se encontraba en Colombia. No ha podido despedirse de él, pero recuerda vivamente la primera vez que lo vio, hace más o menos cuarenta años. Escobar había salido de su Armenia nativa a estudiar en la universidad alemana de Bonn.

“Lo conozco muchísimo”, me dice, con los brazos cruzados y una barba salpicada de canas, “porque en los años 70 nos dictaba de vez en cuando unas conferencias en el enorme auditorio de la universidad. No puedo afirmar que fui su alumno, en el sentido cotidiano de la expresión, porque solo venía en forma esporádica a leernos el original de algún libro que estaba escribiendo. En aquella época no hablé nunca con él. Lo veía de lejos”.

El futuro papa había sido profesor titular de la universidad unos años antes de que Escobar llegara de Armenia, “pero tuvo que renunciar acosado por los jóvenes rebeldes que se sumaban a la revolución iniciada en mayo del 68 en París. Debatió abiertamente con Daniel el ‘Rojo’, líder de los insurrectos, que estudiaba en Francia pero era alemán”.

Fue entonces cuando, en los muros de París, los muchachos escribieron aquellos letreros inmortales que Julio Cortázar recogió en un libro estupendo. “Apareció la célebre frase ‘Prohibido prohibir’ y Ratzinger, educado en la doctrina profunda de la Iglesia, reaccionó de inmediato. Dijo en sus charlas universitarias que el nuevo enemigo de la civilización cristiana occidental ya no era el comunismo marxista, sino el relativismo, que todo lo tolera. Si nada está prohibido, nos comentó un día, entonces el pecado no existe”.

Volvió a verlo ya en el Vaticano. Le llevó un libro sobre grandes temas social-cristianos. “Le dije que había asistido a sus conferencias en Bonn, pero ni siquiera me había visto en el auditorio. ‘Pero recuerdo perfectamente -me dijo- una conferencia suya que dio apertura al sínodo de obispos romanos’. Me pidió que no me fuera, aunque yo acababa de renunciar a la embajada colombiana, y me propuso que siguiera con mis clases en la Universidad Gregoriana”.

Epílogo

Luego, convertido ya en papa, lo nombró consultor del Colegio de Laicos y perito pontificio. Esos tiempos se están volviendo ya polvo del pasado. Son historia. “Él dice que le faltan fuerzas, aunque no está enfermo. Hace diez años le instalaron un marcapasos cardíaco y hace tres lo operaron en absoluto secreto para cambiarle las pilas. Fue entonces cuando empezó a cambiar la lectura de san Pablo, intelectual y escritor, como él, y asumió la de san Pedro, menos racional pero más humano. El papa empezó a preguntarse, como se preguntaba Pedro: ‘¿Estaré perdiendo las fuerzas? ¿Necesitaré que alguien me ayude a vestir?’. Y llegó a la conclusión de que debía renunciar”.

El profesor Escobar recuerda que en el año 2004, cercana ya su muerte y agobiado por las enfermedades, los allegados más íntimos de Juan Pablo II le sugirieron con gran delicadeza que pensara en la misma posibilidad. Alguien, menos discreto, se lo preguntó abiertamente, acariciándole las manos temblorosas: “¿Por qué no renuncia?”. Escobar dice que nunca podrá olvidar lo que respondió el Papa, “porque siempre he dicho que la vida es la fe convertida en actos”.

Lo cierto es que Juan Pablo ya casi no podía hablar. Era difícil entender sus palabras. Le costaba trabajo levantar la cabeza desgonzada, pero, aún así, mansamente, aquel hombre que se estaba apagando contestó con un susurro:

-Porque Cristo no se bajó de la cruz…

¿Sana la vida?

Sé que hay estudios científicos que recomiendan vivir bien. Pero ahí está el problema: ¿qué es vivir bien, para qué vivimos?

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Acabo de recibir un correo electrónico muy parecido a esas ‘cadenas de la felicidad’ que marcaron mi infancia y la de varias generaciones más. En esa época (en la mía) era un papel mal doblado que llegaba a la casa con la imagen del Divino Niño y la orden perentoria de hacerle siete copias para distribuirlas por el barrio. Quien no cumpliera estaba avisado, le llovían obscenas desgracias; quien lo hacía estaba a salvo, recogiendo monedas bajo las piedras.
El tiempo pasó -suele pasar- y esa explotación del miedo y de la buena fe hizo las delicias de Internet, como si sus antecedentes de papel apenas hubieran sido lo que en verdad eran: un balbuceo prehistórico, el experimento tímido y preparatorio del paraíso del spam. Hablo por mí que abro todos los correos, que agradezco y gestiono todas las herencias africanas y abandonadas que me gano a diario, que reenvío cuanta cadena de oración y cuanto chiste me llegan, para curarme en salud.
Se me puede ir el día así pero ese es el precio que hay que pagar por el milagro de la tecnología; faltaría más. Hoy, por ejemplo, recibí ese correo que les digo: una verdadera cadena de la felicidad. Sin amenazas ni divinos niños ni nada, solo una entrevista que ha pasado de mano en mano y que arrastra consigo todas las direcciones desde las cuales la han difundido y la han vuelto un esperanzador fenómeno de multitudes. Debo confesar que primero la leí con resignación, luego con asombro y maravilla. La reenvié seis veces, esta es la séptima. Este es mi barrio.
Se trata de una entrevista a un presunto y rozagante médico costarricense, el doctor Pedro Paniagua Mata (escriban el nombre en Google y vean su foto). Y digo “presunto médico” porque podría no existir y la entrevista ser un invento, todo una ficción. Sería lo de menos: nunca he visto tanta sensatez y tanta claridad juntas, nunca. Con una sonrisa, encogido de hombros, el doctor Paniagua desmonta varios mitos sobre esa nueva religión de nuestro tiempo, ‘la vida sana’.
Más que un médico -de existir-, Paniagua es un filósofo: un sabio y un iluminado. Y su filosofía se resume en un principio irrebatible: la única vida sana que hay es la vida feliz; ninguna más. ¿Debemos reducir el consumo de alcohol?, le preguntan, y responde: “De ninguna manera. Todos los licores son de origen vegetal, así que no limite demasiado su consumo”. ¿Es bueno hacer ejercicio? “Mi filosofía es que si usted no se siente mal, ni tiene dolores, no haga nada. Si está saludable, ¿por qué mortificar su cuerpo?”. No me explico que a este hombre no le hayan dado todavía ningún premio Nobel, de lo que sea.
Y no se trata tampoco de promover los malos hábitos, la molicie. Es obvio que es mejor comer cosas saludables, no excederse con nada ni lanzarse en plancha a la piscina sin agua de los vicios y la lujuria. Sé que hay estudios científicos que recomiendan vivir bien. Pero ahí está el problema: ¿qué es vivir bien, para qué vivimos? Nunca antes, por ejemplo, la humanidad había estado tan preocupada por su aspecto físico y nunca antes había sido tan fea y tan deforme. La vida como fetiche, la salud como una religión y el peor fundamentalismo.
Leí ayer un artículo en Vanity Fair sobre los conciertos de los Rolling Stones en diciembre pasado. Decía algo muy cierto: esos ancianos, saltando como niños por el escenario tras una historia de excesos y degeneración, son la prueba irrefutable de que no siempre una ‘vida sana’ garantiza una vida feliz y duradera. Al revés.
Y me acordé del papá de un amigo que siempre nos hablaba mal de las hamburguesas. Una noche, como todas, salió a trotar con esa cara de angustia de los que trotan. Le dio un infarto y se murió. Allí, en medio del camino de la vida.

Felipe López

Por tercera o cuarta vez en su vida, Felipe López ha concedido una entrevista. Como quien dice, Roma locuta. La última vez fue en el 2010, cuando habló con María Isabel Rueda, a quien le confesó que le gustaba Uribe.

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Cuando la periodista le preguntó por qué Uribe tenía tanta popularidad entre la gente y tan poquita entre los columnistas, López respondió: “Es que Uribe se sintonizó con el país real, que es un poquito más paramilitar y más rural que el país periodístico”. ¿Habrá que deducir, entonces, que Felipe López es un poquito del primer país?

Esta vez habló con Juan Carlos Iragorri, que ya ha hecho antes buenos reportajes encuellando con guante de seda a Antonio Navarro y a Antonio Caballero. Ahora el resultado es Felipe López, el hombre detrás de la revista Semana (Planeta), un libro muy legible y que no soslaya ningún episodio de la vida del país ni de los López.

Hay dos datos curiosos en esta entrevista. El primero es que cuando Marta Traba entrevistó a López Michelsen en televisión, sólo hablaron de flores porque la televisión era oficial y él estaba en la oposición. El otro es que la revista Time no publicó ninguna información que proviniera de la China durante varios años porque su fundador, Henry Luce, estaba muy molesto con el triunfo de la revolución comunista de Mao, una pataleta que significó que el medio más influyente del mundo ignorara al país de casi mil millones de habitantes que iba a cambiar la historia del siglo XX.

Afirma que el gobierno de Santos está obsesionado con la imagen, “por eso produce muchos titulares, que producen ilusiones pero no resuelven los problemas”. Que las negociaciones de paz van a fructificar “porque ya hay mucha cosa amarrada”. Que a Pacho Santos no lo tomaban en serio ni siquiera en su familia. “Era como la mascota en medio de parientes estrellas. Sin embargo, fue uno de los mejores vicepresidentes que hemos tenido”. Que pese a los viejos líos por una herencia entre su madre y sus primos Klim, Eduardo y Enrique Caballero, Antonio Caballero está en la revista porque “yo no me siento heredero de las peleas de mi papá. Antonio es amigo mío, es buen columnista, y punto”. Que Alternativa, la revista de Gabo, Antonio Caballero y Enrique Santos Calderón, “tenía algo de la izquierda juvenil y panfletaria, un género que es más lo que divierte que lo que asusta”.

Aunque cuida muy bien sus declaraciones, se le zafó esta perla a don Felipe. Durante su gobierno, López Michelsen le negó el beneplácito a un embajador de Estados Unidos porque era latino, hecho que el muy british presidente consideró ofensivo para la dignidad de nuestro país. Con una candidez encantadora, el muchacho dice que el hecho demuestra el nivel de independencia de su padre frente a Washington.

La entrevista es buena porque el reportero domina su oficio, porque el entrevistado conoce como pocos la historia del país (buena parte de ella transcurrida en los salones de su familia), porque responde de manera clara y sintética, ave rara, y dice casi todo lo que sabe.

La fórmula de Felipe López para hacer la mejor revista de Latinoamérica, según The Economist y The Washington Post, es simple. El hombre no se enreda en la cuadratura del círculo de pasión-objetividad-neutralidad. Para él la clave es la independencia. Es decir, sea rico, talentoso y de noble cuna, como él o como Antonio Caballero, y podrá publicar las infamias del presidente, de los ministros o de algunos cacaos, y lo aplaudirán el presidente, los ministros y los otros cacaos, y hasta pautarán en su revista. O como lo dice el mismo Felipe López en una caricatura de Vladdo: “Mucha gracia la mía llegar adonde he llegado… después de haber nacido con todo en la vida”.

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Adriana Ocampo

La científica colombiana de la Nasa habla de los descubrimientos del Curiosity.

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

“Las posibilidades de que en Marte haya habido vida son muy altas”, opina la científica Adriana Ocampo, barranquillera, alta funcionaria de la Nasa. Fue seleccionada como una de las 50 mujeres más importantes de la ciencia del mundo por la revista Discover. Adriana Ocampo es directora de la división de ciencias planetarias de la Nasa y participa en misiones como Curiosity a Marte y los programas de exploración en Júpiter.

Vive en Pasadena, California (“La Nasa es mi casa”, dice) y vino a Colombia para participar en el primer encuentro latinoamericano de Mujer y Liderazgo, organizado por el Centro de Liderazgo y Gestión de Colombia.

Adriana Ocampo es hoy es una de las líderes de la misión Juno a Júpiter. Es directora del proyecto macro de la agencia espacial denominado Nuevas Fronteras. Participa en investigaciones que van desde el peligro de que un asteroide impacte la Tierra hasta la eventual construcción de un centro espacial de entrenamiento en la Luna, para enviar misiones humanas a Marte. Juno partió a Júpiter en agosto del año pasado y llegará en el 2016.

¿Cómo ingresas a la Nasa?

Haciendo voluntariado. Dan oportunidades a estudiantes de secundaria. Tenía como 15 o 16 años. La Nasa ha sido mi segunda casa. Mis padres llegaron a Los Ángeles porque mi padre trabajaba en compañías automotrices. Me gradué de secundaria, luego hice carrera universitaria y seguí creciendo. Me formé en la Nasa. Ahí llevo más de 30 años.

¿Qué cargo ocupa actualmente?

Soy la ejecutiva del programa Nuevas Fronteras, sobre exploración del sistema solar. Estamos ahora con la misión a Júpiter. Se llama Juno.

Pero ya hubo varios ‘Junos’…

Ha habido muchos, pero en cohetes. Esta es una misión, una nave espacial. Por primera vez vamos a Júpiter con paneles solares. La última misión que acabamos de realizar se llama Osiris-Rex. Iremos al asteroide RQ36, que es potencialmente peligroso. Mide 560 metros de diámetro y podría colisionar con la Tierra. La probabilidad de impacto es de una entre mil. Las acciones para evitar el choque deben realizarse antes de 2050.

¿Pero es que se dirige hacia la Tierra?

Entre la Tierra y Marte hay un cinturón de asteroides. RQ36 tiene una trayectoria de cruce con la Tierra. Estamos estudiando cómo la orbita de ese asteroide puede ser cambiada en caso de que se aproxime mucho a la Tierra, a la que podría impactar causando un desastre. En el 2021 vamos a traer una muestra y a analizarla para saber cómo desviarlo.

¿Es un peligro real?

Por supuesto. Tenemos que ser conscientes de que vivimos en un sistema muy dinámico, que puede caer el asteroide y, si no estudiamos eso, nuestra civilización podría ser extinguida. Eso pasó cuando la Tierra estaba poblada por dinosaurios 65 millones de años atrás. Podría ocurrir nuevamente.

¿Cómo es la teoría de los dinosaurios?

Fue propuesta por científicos de la Universidad de Berkeley. Mi contribución fue la de descubrir el cráter donde realmente cayó este asteroide, que tenía más de 10 kilómetros en diámetro. Impactó en la península de Yucatán, y al encontrar el cráter del impacto, la teoría ya no fue hipótesis sino realidad. Tenemos las evidencias para afirmar que hace 65 millones de años la península de Yucatán fue impactada por un asteroide que cambió completamente la biosfera del planeta y causó la extinción masiva de más del 50 por ciento de las especies que entonces vivían.

¿Cómo un asteroide pudo provocar eso?

Vino la explosión, hubo incendios globales, megatsunamis, terremotos, surgieron nubes contaminadas de ácido sulfúrico y nuestro planeta quedó envuelto por una atmósfera venenosa. Eso duró más de 12 años. Para obtener las evidencias, en vez de usar isótopos de carbono 14, se emplearon otros para analizar las más antiguas piedras de Yucatán.

¿Hace 65 millones de años existía el hombre sobre la Tierra?

No. La ciencia ficción pone al hombre con los dinosaurios, y eso no es real. Jamás coexistimos. Nosotros descendimos de la evolución de los mamíferos. Los dinosaurios tenían necesidades muy grandes de comida. Al romperse el ciclo biológico, las nubes de ácido sulfúrico los envenenaron y los que alcanzaron a sobrevivir murieron de hambre hasta extinguirse. Los pequeños mamíferos sobrevivieron; vino la evolución, hasta llegar al ser humano; fueron la raíz primaria de nuestro origen. El Homo habilis evolucionó al Homo sapiens.

¿Cuándo y dónde se originó la vida en la Tierra?

Hace 3,5 billones de años. No está establecido que la vida nació en la Tierra…

¿Qué se necesita para que haya vida?

Hablando muy básicamente, tres elementos: material orgánico, una fuente de energía y agua líquida, que es clave para que se desarrolle la vida. Cuando la Tierra se formó, no tenía océanos ni atmósfera, no tenía aminoácidos. ¿Cómo surgieron esos elementos? La hipótesis es, y hay evidencias, que la Tierra fue bombardeada por muchos cometas que se originaron más allá de nuestro sistema solar. No nacimos aquí. Somos hijos de las estrellas y de una supernova.

Para que haya vida en cualquier planeta es indispensable que haya agua. ¿Qué planetas del universo tienen agua?

Marte tiene agua como la nuestra y tiene atmósfera. Hay un programa para llevar seres humanos a Marte en el 2030. Curiosity, que amarizó en agosto, comienza ahora a buscar nichos de vida. Ya confirmó que hay agua en Marte; lo que queremos saber es: ¿Hay vida en Marte? ¿Hubo y se extinguió?

¿Usted cree que sí hay vida?

No tenemos evidencias científicas sobre la existencia de vida en Marte o en otros planetas. Pero hay miles de estrellas en nuestra galaxia. Y existen millones y millones de galaxias. Estadísticamente, las probabilidades de que lo que pasó aquí haya sido replicado en Marte o otra parte del universo son altísimas. Es extraordinario lo que se está encontrando. Por ejemplo, la Nasa confirmó que en el sitio al que llegó el Curiosity hubo agua que estaba sobre la superficie. Hace millones de años, en Marte hubo agua, o sea, océanos. Hoy no la hay en su superficie, pero en el subsuelo sí. Tenemos imágenes de deslizamientos que lo confirman. Marte y la Tierra eran planetas gemelos. La Tierra, más grande; nuestro diámetro es dos veces el de Marte, por lo que el campo gravitacional de Marte no pudo retener en su superficie moléculas de agua. Con el cambio climático sobre la Tierra, si no cuidamos la composición de nuestra atmósfera, el agua podría desaparecer del planeta dentro de algunos millones de años. A propósito, ¿sabe usted cómo descubrimos el cambio climático en nuestro planeta? Gracias a Venus.

¿Cómo se supo del fenómeno en Venus?

Gracias a la exploración de ese planeta. Es tan caluroso que se derrite el plomo en su superficie. Venus tiene el mismo diámetro y la misma composición de la Tierra, y está al lado. ¿Qué pasó para que Venus se calentase tanto? Investigarlo condujo a descubrir que en la Tierra estaba ocurriendo lo mismo y se descubrió el efecto invernadero. Se hallaron grandes cantidades de dióxido de carbono. La temperatura tan elevada de Venus es porque sus gases capturan la energía solar. Tantos gases volcánicos de Venus quedaron atrapados en su atmósfera, y las temperaturas se elevaron. La información de la sonda Venus Express muestra que en el pasado Venus fue como la Tierra, pero tuvo una evolución muy diferente. Venus sufrió un calentamiento global que atrapó la radiación solar, generando temperaturas de más de 400 grados centígrados en la superficie. Venus no tiene el escudo magnético de la Tierra, por lo que su atmósfera ha recibido el embate directo de la radiación cósmica y el viento solar. Comprender los factores que influyeron en el calentamiento de Venus nos ayuda a evitar ese peligro aquí.

¿Qué planetas tienen atmósfera similar a la nuestra?

Marte. Tiene dióxido de carbono como la nuestra, pero menos oxígeno.

¿Qué ha sido lo más trascendental que ha descubierto Curiosity en Marte?

Que hubo agua líquida; que donde amarizó fue un lago; ahora va a empezar a escalar. El robot ya recibió la orden de la Tierra.

¿Cuánto demora una orden de la Tierra en llegar allá?

14 minutos. Tenemos tres satélites orbitando a Marte que reciben la orden y la retransmiten a Curiosity. El robot va a comenzar a escalar una gran montaña. No me sorprendería que eventualmente se haga el descubrimiento de un fósil o restos de algún organismo vivo. La probabilidad de que Marte haya tenido vida es muy alta.

¿Cuál es el objetivo fundamental de la Nasa con esta exploración del universo?

Obtener información para el bienestar de la humanidad. Entender mejor de dónde venimos. Cuál es nuestro papel aquí y para dónde vamos. Cuando lo sepamos, vamos realmente a evolucionar como civilización y como especie.

¿Para qué nos ha servido haber llegado a la Luna?

La Luna tiene agua en el subsuelo, en cantidades diminutas. Hace millones de años se desgarró un fragmento de la Tierra y ahí se formó la Luna. Este fragmento empezó a orbitar. No tiene atmósfera por su menor capacidad gravitacional.

¿Hay vida como la nuestra en el sistema solar en alguna parte?

A nivel de vida inteligente, es difícil que la haya en este momento. Pero no parece posible que en todo el universo seamos los únicos inteligentes. Esa es la gran investigación de la Nasa: encontrar las evidencias de potencial de vida en alguno de esos lugares tan lejanos. Júpiter tiene ese potencial. Todas estas investigaciones conducirán algún día a la humanidad a saber lo que es la vida y la importancia de resguardarla, de protegerla. Tenemos la responsabilidad también, si se descubre en otros lugares, de no contaminarla. Hay una rama de la Nasa llamada Protección Planetaria: todas las naves robóticas que se envían tienen protocolos muy exigentes para no contaminar ningún medio.

¿El próximo hombre fuera del espacio a dónde va?

Se está desarrollando un tipo de transbordador a la Luna, para empezar a colonizar, a colocar estaciones, para tener una presencia más permanente. El objetivo es usar la Luna como base para enviar misiones tripuladas a Marte. Está todo en planificación.

¿La prioridad hoy es la Luna o Marte?

Primero ir a la Luna y después a Marte. Con astronautas. Pero la prioridad de la Nasa y de todos nosotros es salvar la Tierra y que dentro de un millón de años aún estemos aquí.

El futuro del planeta Tierra

¿Dentro de un millón de años la Tierra va a existir como es hoy?

Posiblemente. ¿Pero vamos a estar nosotros aquí? Estamos dañando tanto el planeta, estamos cambiando tanto la biosfera que para nuestra especie va a ser difícil sobrevivir. La Tierra ha tenido más de cinco extinciones masivas que ha sobrevivido; eso está confirmado. Hubo el triásico y el pérmico, que son edades geológicas en las que más del 90 por ciento se extinguió. 65 millones de años atrás, en la era del cretáceo terciario, casi todo se extinguió. Dentro de un millón de años, probablemente el planeta Tierra exista, ¿pero estaremos nosotros como especie viviendo en él? Eso nadie lo sabe.

Su mayor aspiración

“Sería una gran satisfacción ver a Colombia desarrollarse en el área espacial, que tuviera una agencia espacial. Hay muchísima capacidad en este país, capacidad humana, en conocimientos, soluciones innovadoras y tecnología, que por medio de la exploración espacial podría ayudar a la sociedad a mejorar”.

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Fever Tree

Entrevista con Charles Rolls, creador de Fever Tree, prestigiosa marca que llegó a Colombia.

Fuente: www.bogota.vive.in

Al londinense Charles Rolls no le asusta ningún reto. Después de intentar comercializar una bicicleta estática con remos -y fracasar-, se dio a la tarea de reinventar la marca de ginebra Plymouth en Estados Unidos, prácticamente desaparecida durante dos décadas. Su siguiente desafío llegó en 2006, cuando lanzó Fever Tree, una tónica premium que se precia de ser la única elaborada a base de quinina africana. Hoy, su bebida es una de las más prestigiosas del mundo, se distribuye en 74 países y en el último año su producción pasó de 30 a 50 millones de botellas.

Hasta el mismísimo chef Ferrán Adriá impulsó su distribución en España. Fever Tree llegó a Colombia en enero. ¿Qué tiene de especial esta agua tónica? Hablamos con Charles Rolls, quien la pasada semana estuvo en Bogotá para la presentación oficial de su bebida.

Usted relanzó una ginebra. ¿Por qué se decidió ahora por la tónica?

Surgió de la necesidad. Los bármanes que iban a las catas de nuestra destilería reconocían las ginebras que producíamos si se las servíamos puras, pero no si las mezclábamos con tónica. Por eso, a finales de los 90, empecé a investigar cómo se producían en Europa, pues me disgustaba que el mezclador enmascarara los fantásticos sabores del origen, y me encontré con endulzantes artificiales, preservativos y muchas cosas que estaban mal. Viajé entonces a Nueva York, en busca de la mejor agua tónica en Estados Unidos y encontré lo mismo. Ahí supe que alguien tenía que producir una tónica natural.

¿Cómo nació Fever Tree?

Tim Warrillow, hoy mi socio, me llamó en el 2004, me habló de la quinina, y montamos Fever Tree. Sabíamos lo que queríamos: agua mineral, ingredientes naturales y una botella pequeña, del tamaño de un vaso, que no se pudiera reutilizar para que el agua no perdiera sus características. Pero encontrar el sabor fue difícil: intentamos muchas cosas. Al final, nos llevó un año y medio.

¿Y qué encontró?

Un cazador de plantas -un tipo apasionado, que desafortunadamente perdió a su esposa en sus viajes por el mundo en busca de ingredientes exóticos- nos condujo a una esencia de naranja en Tanzania; luego, encontramos un extracto de limón siciliano, el summa tricce, utilizado para fabricar perfumes. Y, claro, el elemento clave: la quinina, para la que Tim ha tenido que entrar en la selva del Congo.

¿Cómo fue su incursión en África?

Toda una aventura. Yo ya había vivido en África, pero Tim fue quien se montó al avión, aterrizó en Ruanda, tomó un taxi para cruzar la frontera y seguir por una carretera llena de retenes militares. Los señores de la guerra necesitan la quinina tanto como nosotros. Ellos, como medicina; nosotros, para hacer una tónica de altísima calidad.

¿Valieron la pena los riesgos?

Sí. Las únicas plantaciones donde se encuentra la Turge nigeriana, una cepa especial del árbol de la fiebre que produce quinina 10 veces más pura que en el resto del mundo, está en la frontera entre el Congo y Ruanda.

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