"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" - Alfred North Whitehead

La dueña del micrófono

Es lamentable escuchar, el resultado de esta bochornosa entrevista. Totalmente salida de contexto la periodista. Considero que el funcionario, tiene total derecho a contestar... NO LO SE !!!. Peor sería el escenario, si él llegase a entregar información errada a los oyentes. ¿Como se le va a ocurrir tildar de payaso, a su entrevistado?. De verdad, que falta de respeto. Muy merecido el término de "Abusiva", ya que lo invita a su programa radial, para insultarlo. A estos "Periodistas Dueños del Micrófono", esta muy bien de que "Los pongan en su sitio". Carlos Prieto

Fuente: Youtube


Titulo: “¡Más payasa usted!”

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Por: Andrés Burgos

“¿A quién le preguntamos, a mi mamá?” Le preguntó la periodista Vicky Dávila al director de la Aerocivil, Gustavo Lenis, cuando lo entrevistó el pasado viernes sobre un incidente en el aeropuerto Nubia de Manizales, del cual, el entrevistado no supo responder mayor cosa.

Que el director de la Aerocivil no sepa cuál es el conducto regular en casos como el de Manizales es como que un periodista tenga pésima ortografía, pienso yo; pero la contrapregunta de la periodista de pésima ortografía, me pareció más grave y ofensiva con los usuarios que un incidente menor en un aeropuerto pequeño.

“Pues sí, pregúntele a su mamá”. Respondió Lenis, desconcertado y agudo a la vez.

¡Grave error, doctor Lenis! Un funcionario público debe tener clarísimo que a un periodista colombiano no se le puede llevar la contraria.

“¿Sabe qué es lo malo doctor Lenis?” –respondió Vicky, que jugaba de local- “Que me parece que usted está muy sobrador, me parece que usted está en una pésima actitud y que esa no puede ser su actitud porque resulta que usted es un funcionario público y a usted le pagan con los dineros de todos los colombianos, usted no puede salirme con esta payasada con la que está saliéndome aquí en La Fm”.

Me hubiera encantado ser en ese momento el director de la Aerocivil para responderle a la carismática Vicky que su periodismo es de quinta, que la intención de las entrevistas es escuchar al entrevistado y entablar con él un diálogo respetuoso basado en los argumentos de ambas partes y que está prohibido acorralar a sus invitados para que digan lo que ella quiere escuchar.

Le hubiera dicho que me parece que siempre se congracia con el gobierno de turno: uribista en el gobierno de Uribe y santista en el gobierno de Santos. Le hubiera alegado que me ofende que confunda a sus oyentes opinando cuando informa  e informando cuando opina…

Sobradora usted que cree que la opinión de los demás está amarrada a la suya. Pésima actitud la suya que se enerva ante una respuesta salida del libreto.

¿Payasada? payasadas las de RCN en el día de los Santos Inocentes, le hubiera objetado yo.

Pero Lenis, más inteligente y reposado, respondió: “Más payasa usted. A mí no me falte al respeto que yo llevo una trayectoria larga y limpia como para que usted me venga a decir payaso. A mí me respeta”.

Vicky, sorprendida por la falta de respeto del entrevistado, concluyó indignada: “Bueno, pues queda muy claro qué clase de persona y qué clase de funcionario es usted”.

¡No señora! Hubiera revirado yo. ¡Usted es la que a diario demuestra qué clase de periodista es. Usted no puede maltratar a sus entrevistados como maltrata a  la lengua castellana!

En fin. Me pregunto en qué momento le otorgamos tanto poder a periodistas como Vicky, a los que les permitimos insultar a cualquier funcionario público al aire sin siquiera sonrojarse.

¿Desde cuándo se nos volvió costumbre que Gustavo Gómez agreda a Petro en Twitter o que el Todopoderoso, Luis Carlos Vélez se robe el show en un debate presidencial?

¿Por qué tenemos que escuchar al aire cómo Julito regaña a sus periodistas por llevarle la contraria? ¿o aguantarnos tantos comentaristas deportivos que, irrespetuosos y prepotentes, destruyen la estima de cualquier club de fútbol o jugador en mala racha?

Parece que el Cuarto Poder del Estado colombiano, como los otros tres, requiere de una reforma urgente que lo salve de los malos manejos y de la desfachatez de sus representantes más ilustres.

Twitter: @andresburgosb

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Pobreza intelectual

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Fuente: La W Radio

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Felicidad

'La felicidad se puede enseñar y aprender' Tal Ben-Shahar

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

A los 44 años, el estadounidense-israelí Tal Ben-Shahar es conocido como experto en la felicidad, pero esto no significa que la tristeza no haya tocado a su puerta y no haya aprendido a lidiarla o a sentir emociones intensas y difíciles como el dolor, el vacío existencial o el miedo al fracaso.

Todo lo contrario, él insiste en la importancia de darse el permiso para no desconocerlas y vivirlas, justamente, como parte del proceso de aprendizaje del bienestar propio.

Eso es lo que les ha enseñado a los más de 1.400 estudiantes de la Universidad de Harvard que han hecho de su clase electiva Psicología del liderazgo y psicología positiva una de las más populares y de mayor demanda en esta institución.

Él dicta cátedra sobre el tema con conocimiento de causa porque, además de sus títulos en Filosofía y Psicología y su Ph. D en Comportamiento Organizacional de la misma universidad, habla desde su propia experiencia de vida.

Este consultor para multinacionales e instituciones educativas en temas de liderazgo no llegó a ser un experto en psicología positiva fruto del azar.

Fue en su juventud cuando hacer un cambio radical, tras sentir cierto vacío y desazón a pesar de que parecía tenerlo todo: fue un atleta destacado –ganó el Campeonato Intercolegial de Squash de EE. UU. y el Campeonato Nacional Israelí–, estudiaba ciencias de la computación y disfrutaba de una vida social activa e interesante, pero no era dichoso. Y decidió estudiar filosofía y psicología.

Autor de los best-sellers internacionales The Pursuit of Perfect y Happier, traducidos a 25 idiomas, está de visita en Colombia porque dictará una conferencia para ayudar a construir vidas personales y laborales sobre los cimientos de la psicología y liderazgo positivos y, por supuesto, la felicidad.

Tal Ben-Shahar, que ahora es profesor del Interdisciplinary Center Herzliya (Israel), enseñará en la charla cómo hacer cambios con sentido, en aras de la transformación personal y de la mejora de la autoestima. Esto con el fin de que su charla no se quede en el entusiasmo inicial, que se genera tras escuchar su teoría de la felicidad, sino para que cada persona se esmere en crear nuevos hábitos a través de sencillas herramientas y rituales que le permitan alcanzar el bienestar. De esto nos habló.

¿Qué es ser feliz?

Encontrar cosas que sean significativas y placenteras, en otras palabras que dan un sentido de propósito y que uno disfruta.

¿Qué lo hace feliz a diario?

Pasar tiempo con mi familia, escribir y la meditación.

¿Cuál ha sido el momento más feliz de su vida?

El nacimiento de mis hijos.

¿Y el más triste?

Cuando mi mejor amigo murió en un accidente de avión camino a Singapur.

¿Cuál es la mejor lección de vida que ha recibido y quién se la dio?

Mi padre, que me enseña a ser humilde. Tengo un largo camino por recorrer, pero al menos tengo un sentido de la dirección de a donde quiero ir.

En su cátedra enseña a disfrutar de las cosas simples de la vida. A usted lo apasionan las películas clásicas, ¿con cuál se regocija?

Con You Can’t Take It With You, de Frank Capra (1938)

La música es un poderoso detonante de la felicidad, y usted ama la de los 60, ¿cuál canción le pone a latir el corazón a un ritmo diferente?

Las Shirelles con Will You Still Love Me Tomorrow.

Usted hizo un cambio cuando se dio cuenta de que a pesar de ser un atleta excepcional y tener una buena vida social no era feliz, ¿qué le hacía falta?

Me faltaban dos cosas: un profundo sentido de propósito en lo que estaba haciendo y enfoque en las relaciones.

¿La felicidad es un estado temporal o puede llegar a ser constante?

Uno puede llevar una vida feliz y todavía experimentar tristeza o ansiedad. La felicidad verdadera no se trata de que sea constante y esté siempre en alta, sino de tener una vida significativa y placentera en general.

¿Ser feliz se puede aprender y enseñar?

Sí, puede enseñarse felicidad, pero no hay atajos y requiere de práctica. Esta no es diferente de cualquier otra habilidad que se pueda aprender, invertir en ello es fundamental.

¿Cómo se puede enseñar a los niños a ser felices si hoy pasan solos más tiempo y lejos de sus padres?

Alentándolos a pasar más tiempo con amigos y familiares y menos tiempo frente a una pantalla de computador o televisor. Se deben animar a hacer ejercicio con regularidad o estar físicamente activos. Es una de las claves para una vida más feliz.

¿Cómo alguien que esté atravesando por momentos de tristeza o dolor puede ayudarse para ser feliz?

Somos una cultura obsesionada con el placer y creemos que la marca de una vida digna es la ausencia de malestar; y cuando experimentamos dolor es un indicador de que algo está mal con nosotros. De hecho, hay algo mal con nosotros si no experimentamos a veces tristeza o ansiedad, porque son también emociones humanas. La paradoja es que cuando aceptamos nuestros sentimientos, cuando nos damos el permiso para ser humanos y experimentar emociones dolorosas, es más probable que nos abramos a las emociones placenteras.

¿Se podría decir que hay personas que vienen con un código genético determinado para ser más positivas que otras o este comportamiento positivo se aprende?

Hay un componente genético en nuestra felicidad –algunas personas nacen con una disposición a ser felices mientras que otras no– pero nuestros genes definen un rango, no un punto de referencia. Todos podemos ser significativamente más felices, aunque para algunos es ‘más fácil’ que para otros. La mayoría está lejos de su potencial de felicidad. A menudo digo a mis alumnos que soy la persona indicada para dar una clase sobre la felicidad, porque yo no nací con la predisposición genética para esta, es a través del trabajo duro que puedo conseguir la felicidad y, por lo tanto, estoy en buena posición para enseñarlo.

Colombia suele aparecer en la curiosa lista de los países más felices del mundo. ¿Qué percibe de la gente colombiana?

Los colombianos son más felices por el énfasis que les dan a sus relaciones, a las amistades y la familia. Me asombra siempre la calidez, la hospitalidad y amabilidad de la gente que vive en este país.

En los colegios y hogares hay ausencia de formación en inteligencia emocional… Tampoco nos han preparado para la felicidad. ¿Por qué se pasa por alto esto?

La felicidad no se mide tan fácilmente como la habilidad para las matemáticas o la historia. Sin embargo, por el hecho de que es más difícil de medir no debería ponerse fuera de la esfera académica. Aprender a ser feliz no es menos importante que aprender las tablas de multiplicar.

¿Para ser feliz es fundamental sentirse amado?

Lo que otros piensen de nosotros tiene una gran importancia. Sin embargo, esto no significa que necesitemos de todos para pensar bien de nosotros y amarnos a nosotros mismos. La clave es tener unas pocas personas en nuestras vidas, a quienes seamos más cercanas, que nos importen y que se preocupen por nosotros.

Usted insiste que no tener ningún temor por el fracaso es un aspecto importante para alcanzar la felicidad, ¿cómo se puede aprender a dominar ese miedo?

Tener temor al fracaso es natural. Todos lo tenemos. La clave es no permitir que ese miedo nos impida intentarlo. ¿Cómo se domina? ¡Actuando!

Usted ha escrito libros exitosos de autoayuda o crecimiento personal, ¿qué les diría a los que critican este tipo de lecturas?

Algunas de las críticas se justifican. Hasta hace poco el tema de la felicidad, de mejorar la calidad de nuestras vidas ha sido dominado por la psicología pop. En muchos de los seminarios de autoayuda y los libros que se ofrecen, actualmente, hay relativamente poca sustancia. Prometen cinco pasos rápidos para alcanzar la felicidad, los tres secretos del éxito, las cuatro maneras de encontrar a su amante perfecto… Estos son generalmente falsas promesas, y con los años la gente se ha vuelto cínica respeto a la autoayuda. En el otro lado tenemos el mundo académico, con la escritura y la investigación, pero que no encuentra su camino en la mayoría de los hogares. Como yo lo veo, el papel de la psicología positiva, y lo que intento hacer en mis libros, es tender un puente entre el rigor del mundo académico y lo divertido del movimiento de autoayuda.

¿Por qué recomienda escribir sobre las cosas que afectan nuestros sentimientos?

Llevar un diario sobre nuestras emociones ayuda mucho. Cuando escribimos sobre nuestros miedos o pérdidas estamos más propensos a sentirnos mejor y a actuar de manera adecuada. La escritura debilita el poder que las emociones dolorosas tienen sobre nosotros.

¿Por qué dice que no debemos dar las cosas por hechas?

Las personas que aprecian lo que tienen, en lugar de dar las cosas por sentadas, son más felices, más optimistas, más exitosas, más amables con las demás y son físicamente más sanas.

¿Por qué el ser humano aprende a fundar su felicidad en lo que le dan otras personas, pero piensa poco en el amor propio?

Porque nos preocupamos por lo que otros piensen de nosotros. Eso es natural. Al mismo tiempo, tenemos que cultivar el amor propio, y una de las maneras de hacerlo es perseguir esas cosas que nos apasionan.

¿La espiritualidad es importante para ser feliz?

Sí, sin embargo esta no es necesariamente (aunque puede significar) en el sentido religioso. Un banquero de inversión que encuentra significado y placer en su trabajo, que está en él por las razones correctas, puede llevar una vida más espiritual y satisfactoria que un monje que está en su campo por las razones equivocadas.

¿Cuáles son los principales enemigos de la felicidad?

Estar conectado a la tecnología por mucho tiempo y la obsesión con el éxito, incluso si es a costa de cultivar las relaciones personales.

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Entrevista

Una Entrevista Para El Trabajo Más Difícil Del Mundo

Fuente: Youtube


 

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Raúl Cuero

He considerado importante, hacerle un seguimiento fuerte a esta noticia. Noticia, que la pueden leer en cuatro (4) secciones: 1. La entrevista al Dr. Cuero, 2. La réplica del Dr. Bernal, 3. El Editorial de El Espectador, y 4. La respuesta de la Dra. Rueda. Respetables los argumentos presentados por el Dr. Bernal; pero, más respetables son los resultados del Dr. Cuero. Considero inadmisible, la muy fuerte titularidad, relevancia e importancia, con la que El Espectador ha desplegado y entregadó a esta noticia. Ojalá en nuestro país, existieran cientos y miles de "Cuero´s"; así, sean "Presumidos", "Chicaneros", "Subidos", "Fanfarrones", "Bocones", "Faranduleros", "Jactanciosos", "Ostentosos" ó "Levantados". No importa, ya que no hay ser humano perfecto; pero, de que estos "Cuero´s" son un ejemplo...lo son. Aquí no estamos hablando de bandidos, ni se trata de glorificar ó magnificar actos vandálicos, como a diario lo hacen nuestros muy respetados canales privados. Ojalá y también, muy pronto nos sorprendan (Estos canales) con una novela de algún "Cuero"; y no, de la de un "Mafioso". Nuestro país necesita de lideres que transformen para bien, a esta sociedad. Lideres, que se encarguen de hacer soñar a nuestros compatriotas. Lideres que nos enseñen, como consiguieron ó lograron avanzar, y no retroceder. Lideres que inspiren a estas nuevas generaciones. Por eso, de manera muy personal creo, que la Dra. Rueda tiene razón en afirmar: "Para Bernal, de las 91 publicaciones que exhibe Cuero, científicas no hay sino 24, y el resto le parecen light, por ser creativamente experimentales. ¿Cuántas de Bernal podrán inspirar a esta generación como las de Cuero?" Ma. Isabel Rueda. En este caso, es muy fácil caer en una discusión de: Racismos, Envidias, Rencillas, Odios, etc. Pero; al margen de donde se quiera úbicar esta discusión, si hay una realidad implacable: El Dr. Raúl Cuero y sus logros, son un excelente y muy buen ejemplo, para estas nuevas generaciones de colombian@s. Carlos Prieto

Fuente: El Espectador – El Tiempo

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Fuente Entrevista: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Por: Ma. Isabel Rueda

Doctor Cuero, ¿cuántos inventos suyos tiene registrados en el mundo entero?

El equivalente de 21 invenciones, y entre ellas tengo concedidas 13 patentes.

¿Cómo se logra la proeza de nacer en Buenaventura, en medio de la escasez, y terminar siendo un científico reconocido por el mundo?

Buenaventura era una de las ciudades más pobres de Colombia a comienzos de los sesenta. No había acueducto, ni luz, ni transporte. De niño caminaba largas distancias para recolectar agua, pero irónicamente a ese ejercicio le atribuyo que yo hubiera desarrollado la resistencia necesaria para ser un buen basquetbolista. Tuve que sobrevivir a enfermedades endémicas como la malaria, la tuberculosis, el sarampión, la cólera así como a la discriminación. Eso es un triunfo para unos, supervivencia para otros. Pero es la creatividad la que permite el verdadero equilibrio de estos dos conceptos. Uno no tiene obstáculos. Lo que tiene son desafíos que le dan oportunidades para ser creativo y triunfar.

Su historia, por exitosa que sea, no fue fácil. Pero a lo largo de sus libros se observa una gran dulzura, incluso hasta para contar el terrible incidente en Cali cuando unos muchachos blancos lo persiguieron una noche en sus carros para arrollarlo por deporte…

La pobreza enseña armonía espiritual y tolerancia humana, que Ghandi tanto pregonó. Esa tolerancia la da la universalidad que uno desarrolla. Para eso se necesita la capacidad de integrar y percibir las cosas fuera de los prejuicios. Yo ya sentía el impulso de la creatividad y me transmitió esa tolerancia.

¿Algún paralelo del baloncesto con la vida? Fue integrante de la selección nacional y campeón, lo cual le abrió sus primeras puertas…

Para salir de la pobreza de mi pueblo tenía que escoger entre ser un buen deportista o un buen estudiante. Yo escogí las dos. En Buenaventura crecí sin referencias universales, sin héroes, así que el baloncesto me dio a entender en forma clara que para ganar tenía que prepararme. Desarrollé con el deporte un gran sentido de pertenencia a la comunidad, respeto por los demás, sentido de liderazgo, ecuanimidad, habilidad para competir y superar el miedo, manejando los triunfos y la supervivencia armoniosamente. También me enseñó el baloncesto que en una final, el que gana es el que en un minuto puede hacer la diferencia, y la diferencia la da la condición mental.

Fue el primero de diez hermanos en terminar la escuela y conseguir un Ph. D. en Microbiología. Y sin embargo, sus padres no sabían leer y escribir…

Me río en este punto, pero de forma positiva. Eran analfabetas pero listos, sabios y creativos. Esa, más que una desventaja en mi vida, fue lo que permitió que ellos entendieran que yo no debería terminar cargando en el muelle, como mi padre, o lavando ropa para otros como mi madre, y que para eso debería aprender a leer y a escribir, que fue lo único que me pidieron.

Pero voló muchísimo más alto. Por segunda vez acaba de ganar el Premio Tech Brief Tecnology, de la Nasa…

Me incliné por ser una persona creativa. Tenía en Buenaventura una variedad de especies tanto de flora como de fauna y una gran armonía social y humana. La primera vez que vi a un negro triste fue en Cali, cuando fui a estudiar Medicina a la Universidad del Valle. En mi pueblo, la gente siempre estaba riéndose, a pesar de los tiempos tan malos que vivíamos. La armonía familiar, la armonía escolar y la armonía cultural dan carácter. Y el carácter es lo que le garantiza a uno la creatividad. Uno es creativo antes de ser académico.

Cuenta que de niño pasaba horas observando el comportamiento de lagartos y de cucarachas…

Tengo conciencia de ese interés desde los 4 años. Observé que las cucarachas andan en pareja, y cuando falta una, la otra la busca con afán; y observé que los lagartos, en la casa de mi madre, trepaban la pared de ladrillo entre el medio día y las seis de la tarde. Concluí que como no tenían sistema termorregulador, se escapaban así a las horas de calor. ¡Esas observaciones naturales fueron mi introducción a la ciencia! Mis primeras investigaciones científicas las hice luego con las plantas, y así me gané una beca para estudiar en Estados Unidos.

¿Cuáles son los requisitos de la creatividad?

Para ser creativo se requieren tres elementos: el medio, el ambiente y el entorno. La observación de esos animales me dio la entrada a todo ese ambiente complicado que manejo hoy. Para Da Vinci fueron las soluciones químicas y la observación de la campiña. Para Galileo, el análisis de la Luna. El problema de los niños y jóvenes de hoy es que no tienen un medio. Mi filosofía acerca de la creatividad es que nace de la observación de la naturaleza, y cuanto más temprano sea ese acercamiento, mejor.

¿Por eso dice que es erróneo que a los conocimientos se llegue mediante la transmisión de la información y no a través de la experiencia?

En los últimos cien años no hemos creado ni una ley de física. La matemática que aprendí en el Colegio Pascual de Andagoya de Buenaventura, donde me gradué, es la misma que utilicé en EE. UU. como estudiante y la misma en Inglaterra, donde me gradué también, y en el Japón, y en otras partes del mundo. La educación debe estar alerta para desarrollar metodologías para que sea lo más reactiva posible en la era en la que se aplique. Necesitamos que los fundamentos de la educación tengan prosperidad para que resuelvan los problemas de la sociedad.

¿Es cierto que para descontaminar la planta nuclear de Fukoshima están utilizando algunas de sus tecnologías, lo mismo que para degradar el derrame de petróleo en el golfo de México?

He contribuido con algunas tecnologías, pero otros colegas también han colaborado en esos aportes.

¿Cuál otro invento o descubrimiento mencionaría?

Una molécula natural que bloquea la radiación ultravioleta. Servirá contra el cáncer de la piel y, en el futuro, para proteger a los astronautas en sus misiones espaciales.

También está pendiente de una subvención para detectar rastros de vida en condiciones extraterrestres…

Sí, en 1996 hice la propuesta a Nasa, pero uno compite contra cientos de científicos. Mi propuesta es que la vida en planetas como Marte no se puede medir porque no hay reliquias de cómo se originó la vida. Marte puede ser el pasado y el futuro de la Tierra. Lo que propongo es detectar la presencia o vida de microorganismos en un material similar al suelo de Marte. La vida no se va a encontrar en la atmósfera de Marte sino internamente en el suelo, y para eso primero hay que estudiar su electroconductividad, que es la que da origen a la vida. Para ese experimento, la Nasa me ha proveído con suelo simulado de Marte y de la Luna.

Su último libro se llama ‘La orfandad de la nueva generación’. ¿Eso qué es?

Diría ‘La orfandad en la nueva generación’, porque la orfandad siempre ha sido la constante en el ser humano.

¿Es distinta a la crisis existencial?

Es caos cuando no se maneja. Crecí con doce hermanos y una cantidad de tíos y tías y en un pueblo muy cálido, pero siempre sentí la orfandad. Encontraba compañía en las cucarachas, en el deporte y leyendo a gente superior. Hay que manejarla con creatividad.

¿Cómo se puede hablar de orfandad en la nueva generación de la tecnología, donde todo el tiempo la gente está conectada?

Precisamente, la nueva tecnología es uno de los exacerbadores de la orfandad, pues cuando se está conectado esa tecnología es de comodidad, no de creatividad. Lo malo es que cuando la persona conversa, conversa y conversa y los computadores funcionan cientos de millones de veces más rápido que el cerebro humano, el hombre se queda sin capacidad de crear conocimiento. La información debe ser comprobada para construir conocimiento. Uno no ha comprobado nada de lo que lee en Internet. Se queda en la parte superficial. De ahí la orfandad.

¿Es curable esa orfandad?

No hay fórmula ni ecuación para resolver nada en la vida, porque todos los días traen un proceso. Desafortunadamente, a esta generación le está tocando un movimiento masivo sin medios para saber cómo se produjeron los procesos. Muy pasivo lo que existe hoy.

¿Acaso los avances tecnológicos no sirven para aumentar la creatividad?

En lugar de usarlos para eso, el hombre los está utilizando para lograr su comodidad, al dejar que las máquinas electrónicas decidan por él. No estamos creando nuevos paradigmas culturales. El estado de monotonía de la mente que produce la orfandad nos aleja de los apoyos que requiere una educación creativa, progresista y productiva.

¿Entonces, cuál sería su consejo para esta generación huérfana?

Mi consejo es el siguiente: tener actividad práctica, participación creativa, no solo estar en el conocimiento frío que les conceden, y tener en cuenta que no todo se les va a dar en una ecuación en unos días cortos. Los jóvenes hoy en día son de gran capacidad: hay que darles oportunidades de crear cosas. Y esto les da ese sentido de pertenencia, de eliminación de la orfandad. Haciendo cosas con las manos y creando el conocimiento.

Una pregunta final: ¿aspira algún día a ganarse un Premio Nobel con sus inventos?

Nunca aspiro a premios o reconocimientos porque yo creo en los procesos, y cuando uno cree en los procesos, los resultados son un accidente. El gozo está en el proceso y no en el resultado. Galileo y Mendeleiev (creador de la tabla periódica) nunca ganaron un Premio Nobel, y para mí han sido grandes científicos. Creo que un reconocimiento nunca puede descifrar o compensar el proceso intenso de una persona.

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Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Por: Rodrigo Bernal

El precario estado de la ciencia en Colombia y la pobre percepción que de ella tiene la sociedad se han puesto en evidencia en los últimos años, con el endiosamiento que los medios de todo el país han hecho del científico colombiano Raúl Cuero. Numerosos periodistas han escrito impresionantes panegíricos sobre este científico, sin el menor espíritu crítico y sin verificar fuentes, basados únicamente en la información suministrada por él mismo. Lo cual no sería problema si esa información fuera exacta. Pero no lo es. ( Vea la respuesta de Raúl Cuero)

La primera vez que oí mencionar a Raúl Cuero fue en un artículo de prensa en el que hablaban de sus innumerables logros científicos. Lleno de orgullo nacional corrí a buscar en Google para conocer más sobre ese compatriota genial, que dejaba tan en alto el nombre de Colombia. Fue así como llegué a su propia página de internet (www.raulcuerobiotech.com). Pero a medida que la examinaba en detalle, empecé a descubrir, con profunda frustración, que los logros científicos de Cuero son mucho menos grandiosos de lo que se nos ha hecho creer; que se ha construido de él una imagen gloriosa, enriquecida con mentiras, verdades a medias y distorsiones, que no resisten un análisis minucioso. (Vea la galería: Lo que dijeron los medios sobre Raúl Cuero)

Creí justo dar a conocer la verdadera dimensión del ídolo, para que la admiración que se le brinde sea una opción informada. Así que realicé una investigación minuciosa sobre su producción científica, y en julio de 2012 escribí un artículo, que finalmente archivé. Al ver la entrevista que la periodistaMaría Isabel Rueda acaba de hacerle en El Tiempo al científico y leer su pregunta de si aspira alguna vez a ganarse el Premio Nobel, entendí que el mito de Cuero se había desbordado. El despropósito de asociarlo con unPremio Nobel me produjo una confusa mezcla de lástima por el investigador, vergüenza ajena por la periodista y desolación por Colombia toda y su ciencia, manejada por los medios con la misma ligereza con la que se manejan las trivialidades de la farándula. Así que decidí publicar el artículo. Sé que al hacerlo me expongo a duras críticas, pero qué le vamos a hacer: yo me limito a presentar los hechos.

Para comenzar, la lista de publicaciones científicas que Raúl Cueropresenta en su página de internet es una confusa mezcla en la que es difícil discernir lo publicado de lo soñado, lo escrito por él de lo escrito sobre él, lo relevante de lo irrelevante. Incluye, por ejemplo, una nota acerca de uno de sus inventos, que apareció en el Houston Chronicle, un diario de Texas, y otra que salió en el Wall Street Journal, en la que Cuero no es siquiera el personaje central. El modo como Cuero cita las publicaciones es ya de por sí sospechoso para quien esté familiarizado con la literatura académica. Pero a cambio de esto, la página está llena de honores y reconocimientos de toda clase, y muchas, muchas notas de prensa que hablan de su grandeza. Da la impresión de que el doctor Cuero gasta más tiempo en ocuparse de su imagen de gran científico, que en hacer verdadera ciencia. Baste con decir que es una de las pocas personas del mundo que ha escrito dos autobiografías.

La última de ellas, De Buenaventura a la NASA (Intermedio Editores, 2011), lo presenta como “uno de los científicos más importantes del mundo, aunque prácticamente desconocido en su patria”. Genio de la NASA, lo llamó en 2012 una periodista de El Tiempo. La glorificación ha sido tal, que incluso la Universidad de Caldas y la Universidad de Antioquia le han conferido sendos títulos de Doctor Honoris Causa. ¿Acaso esas instituciones no revisaron en detalle su hoja de vida antes de tomar tal decisión?

Veamos cuáles son las mentiras, distorsiones o imprecisiones que Raúl Cuero les ha presentado a los colombianos y que la prensa ha magnificado. La más llamativa, por supuesto, el cuento de la NASA: que Cuero salió de la pobreza y llegó a ser uno de los grandes científicos de la agencia espacial norteamericana. Aclaremos: el doctor Cuero no trabaja en la NASA. El doctor Cuero es profesor e investigador de la Prairie View A&M University, una universidad en Texas que ocupa el puesto 1.211 en la calificación de las universidades de los Estados Unidos y el puesto 41 entre las universidades de Texas.

La NASA ha puesto dinero para las investigaciones del doctor Cuero, para lo cual se firma un contrato, pero eso no quiere decir que el doctor Cuero trabaje en la NASA. Como no trabajan en Colciencias ni en la National Geographic los científicos que hacen investigación con dinero de esas organizaciones, y que también firman contrato con ellas. Los investigadores consiguen recursos para sus pesquisas de múltiples instituciones, sin que eso quiera decir que trabajen allí.

La otra historia de Cuero con la NASA es la de los premios que ha recibido de esa agencia, y que han dejado boquiabiertos a todos los periodistas. La realidad es mucho menos impresionante, según me lo aclaró en julio de 2012Jesse Midgett, jefe técnico de la Junta de Inventos y Contribuciones de la NASA, que es la encargada de dar los reconocimientos. Esa junta, me explicó Midgett, otorga de manera rutinaria a cada invención que resulte de investigaciones financiadas por la NASA, un Certificado de Reconocimiento en el que consta que el invento en cuestión fue presentado para solicitar una patente. Dicho certificado va acompañado, de manera automática, por una pequeña suma de dinero, que en el caso del doctor Cuero fueron 500 dólares por un invento que hizo en colaboración con David McKay, del Centro Espacial Johnson. Pero son reconocimientos rutinarios para cada una de las patentes que, por centenares, solicita cada año la NASA. En 2008, el año en que Cuero recibió el suyo, la agencia solicitó 529 patentes. Para el invento más impactante de todos existe un premio de verdad, el Premio al Invento del Año (Invention of the Year Award), ese sí seleccionado minuciosamente de entre todas las invenciones del año.

El otro reconocimiento del que Cuero se vanagloria es aún más trivial. A raíz del invento mencionado atrás, Cuero y McKay escribieron para la revista NASA Brief Tech Magazine, que es una publicación divulgativa de esa agencia (no una revista científica), una nota de catorce líneas sobre su invención. Y cada autor que escribe una nota como esa recibe, también de manera rutinaria, el NASA Brief Tech Award, que no es otra cosa que un certificado, acompañado, cuando Cuero lo recibió, de una bonificación de 350 dólares. En la actualidad el certificado ya no va acompañado de dinero.

Entre certificaciones de patentes en trámite y artículos para NASA Brief Tech Magazine, la NASA entregó en 2008, además del que le dio a Cuero, otros 2.103 reconocimientos. Así que los famosos premios de Cuero en la NASA son simples bonificaciones de rutina. De hecho, esos reconocimientos son, en todo, equivalentes al puntaje o la bonificación que nuestras universidades le otorgan a cada investigador por sus publicaciones o sus patentes. Y ningún científico colombiano sale a alardear de esos reconocimientos.

Pero Cuero sabe cómo presentar la información para que suene más impresionante, conocedor de la admiración reverencial que la gente del común siente por la NASA. “Colombiano Raúl Cuero recibe otro premio de la NASA”, rezaba un titular de El Tiempo a mediados de junio de 2012. Cuando le pregunté a Jesse Midgett, de la Junta de Inventos y Contribuciones, por este nuevo premio, el 3 de julio de 2012, me respondió que los únicos reconocimientos a Cuero de los que él tiene noticia son los dos mencionados atrás. Me pregunto de qué premio se trataría, entonces, si el jefe técnico de la junta encargada de otorgarlos no tenía noticia.

Los inventos del doctor Cuero tampoco resisten un análisis detallado.Aunque hace unos días le dijo a María Isabel Rueda (y lo ha dicho a todo el que ha querido escucharlo) que tiene 13 patentes concedidas, la realidad es que sólo dos inventos suyos han sido patentados en los Estados Unidos, donde trabaja (patentes 5830459 de 1998 y 7309437 de 2007), y dos más fueron presentados para obtener una patente (solicitudes 10/740514 del 22 de diciembre de 2003 y 12/288818 del 23 de octubre de 2008), pero ambas solicitudes fueron abandonas al no responder el inventor a los requerimientos adicionales de los evaluadores, según consta en la Oficina de Patentes y Marcas Registradas de los Estados Unidos. ¿Y los otros inventos? Cuando muestre documentos, sabremos. Por ahora no son más que nombres pomposos: Producción de nanopartículas naturales; Producción de una batería natural. Sin más información; sin al menos una breve explicación del invento. De esta manera es difícil saber de qué se trata. Mientras uno no muestre una patente, aunque sea en trámite, o una publicación que describa su invento, uno puede decir que inventó cualquier cosa.

El año pasado anduvo Cuero deslumbrando a periodistas incautos, y a través de ellos a los colombianos todos, con la historia de la supuesta proteína que creó, que permitirá desarrollar vida en Marte. Un descubrimiento de semejante magnitud ameritaría, por lo menos, una solicitud de patente y un artículo en alguna de las revistas científicas más prestantes del mundo, como Nature o Science. Pero nada de eso se ve por ninguna parte. ¿Por qué? Porque una patente o un artículo científico están sujetos a una minuciosa evaluación por parte de investigadores de alto nivel, que revisan en detalle cada afirmación, cada proceso, cada resultado. Así que es más fácil irse a Colombia y presentar los inventos en las páginas de un diario, a través de periodistas que se limitan a repetir todo lo que Cuero les diga, sin preguntarle a nadie más, sin profundizar en el asunto.

También afirma el doctor Cuero en su página de internet que es investigador principal del SynBERC, el Centro para la Investigación en Ingeniería de la Biología Sintética, una prestigiosa alianza de renombradas universidades que incluye al MIT, Stanford, Harvard y la Universidad de California en Berkeley. Sin embargo, su nombre no aparece por ninguna parte en la página de internet de ese centro (www.synberc.org), ni como investigador principal, ni como investigador afiliado ni como nada. “El doctor Cuero hizo parte del SynBERC por varios años” —me respondió diplomáticamente el Dr. Jay Keasling, director de ese Centro, cuando le pregunté en junio de 2012—, “pero ya no recibe fondos de nosotros”. No sé si al SynBERC le importe saber que el doctor Cuero anda por ahí presentándose como uno de sus investigadores principales sin serlo.

Pero la más inexacta de todas las afirmaciones de Cuero es la de las publicaciones científicas, que en el mundo de la ciencia son uno de los indicadores universalmente usados para reconocer a los investigadores. En un ensayo que escribió para la Universidad de Antioquia, Cuero dice que el número de artículos publicados por él en revistas científicas es de más de 90. Pero después de espulgar minuciosamente su página de internet, y tras una búsqueda exhaustiva en las más importantes bases de datos de literatura científica del mundo, he podido rastrear sólo 24 artículos científicos y once capítulos de libros colegiados, es decir, un total de 35 publicaciones científicas escritas por Raúl Cuero a lo largo de 34 años. Y sólo ocho de ellas fueron producidas en los últimos catorce años. Cifras bastante bajas para un científico, incluso bajo los estándares de Colombia. Pero si sólo ha publicado 35 artículos, entonces ¿dónde están los otros 55 de los que Cuero habla? Se trata en realidad de resúmenes presentados en congresos, informes técnicos inéditos, guías de laboratorio, un artículo de prensa y otras cosas por el estilo.

Pero tan grave como los 55 artículos que no aparecen por ninguna parteson los artículos de su supuesta autoría que están citados en su página en internet, pero que aparentemente no existen. En vano he tratado de localizar dos de ellos: incluso le envié un mensaje al propio doctor Cuero pidiéndole una copia de cada uno, práctica común en el medio académico, pero no obtuve respuesta.

La hoja de vida de Cuero está desfigurada, incluso, en los reconocimientos y honores recibidos, a los que él les da tanta importancia. Un ejemplo es la supuesta Medalla de la Orden Simón Bolívar, Título de Caballero, que según su página web le fue concedida por el Congreso de Colombia el 21 de mayo de 2004, “en reconocimiento a sus invenciones, su brillante carrera científica y su contribución a la sociedad”. Pues bien, cuando investigué el asunto en la Cámara de Representantes, la corporación que otorga esa medalla, no lograron encontrar en los archivos ninguna resolución que le otorgara a Cuero esa u otra distinción.

¿Corresponde el perfil académico que acabo de presentar al de uno de los científicos más importantes del mundo? Un investigador que publica ocho artículos científicos en catorce años es visto en los círculos de la ciencia como alguien que ya prácticamente no investiga más. Para poner en contexto la producción científica de Cuero, tomemos como ejemplo a una colega suya de la Universidad de Antioquia, la doctora Lucía Atehortúa, quien ha recibido cuatro patentes de la Oficina de Patentes y Marcas Registradas de los Estados Unidos, sólo en los últimos cinco años. Es que de eso se trata en gran medida la biotecnología: de inventar. Y los inventos se patentan, porque si no, es como si no existieran. Y un colega de Cuero en la Universidad de Berkeley, el doctor Jay Keasling, ha publicado 166 artículos científicos sólo en los últimos siete años, lapso durante el cual nuestro potencial Premio Nobel publicó tres. Pero ni el doctor Keasling ni la doctora Atehortúa alardean. Prefieren invertir el tiempo en investigar.

No pretendo decir que el doctor Raúl Cuero es un mal científico o que no ha hecho nada en su carrera académica. Ya sus colegas juzgarán si su trabajo es bueno o malo. Lo que quiero es poner las cosas en su justa dimensión; señalar lo grave que es construir el prestigio de nuestros científicos sobre mentiras o tergiversaciones, como se construyen tantas otras cosas en Colombia; resaltar el peligro que representa para el futuro de la ciencia en el país el que los científicos maduren a punta de periódico, como los aguacates, y no con base en sus verdaderos logros. No puede ser ese el mensaje que les demos a los jóvenes investigadores que serán los científicos de mañana.

Y los periodistas tienen aquí una gran responsabilidad, pues son ellos quienes han propalado la grandeza del doctor Cuero sin una rigurosa pesquisa independiente. De hecho, la investigación para este artículo debería haberla hecho un periodista, no yo. Pero ellos han preferido tomar el camino fácil de la adulación. En vano traté de animar en 2011 a una periodista de El Tiempo que ha escrito sobre Raúl Cuero, a que profundizara en las inconsistencias que yo había detectado en sus afirmaciones.

Lo más grave de este asunto es que precisamente el doctor Raúl Cuero es el fundador del Parque Internacional de la Creatividad (www.parquedelacreatividad.org), una institución que además de mantener el mito de grandeza del científico, desarrolla talleres de creatividad para jóvenes inventores en varias partes del país. Pero también en ella se ven cosas extrañas. En la página de internet del parque se afirma que “la prestigiosa revista Discovery Magazine (sic) presentó varias de nuestras tecnologías desarrolladas en el Parque de la Creatividad”. En realidad se trata al parecer de un anuncio pagado, de página entera y a todo color, en la revista Discover, una publicación popular sobre ciencia, de amplia difusión en los Estados Unidos. La publicación de un anuncio de estas características en esa revista cuesta actualmente 49.000 dólares. Toda una inversión. Si el Parque Internacional de la Creatividad se dedica en verdad a formar inventores, resulta preocupante que tanto joven prometedor se forme al lado de alguien propenso a distorsionar la realidad, el objeto mismo de estudio de la ciencia. ¿Es ese el ejemplo que queremos darles a las nuevas generaciones? ¿La jactancia en vez de la verdadera investigación? ¿La distorsión en vez del rigor académico?

Pero como ya endiosaron al doctor Cuero, así haya sido con base en méritos inflados, ahora lo consultan para todo. Escribió, por ejemplo, un ensayo para la Universidad de Antioquia sobre la educación, en el contexto del programa de gobierno departamental “Antioquia la más educada”, el cual apareció publicado en la revista Debates a comienzos de 2012. Es una pieza que vale la pena leer. Contiene frases como esta: “Hoy en día, en el paso de la antología a la epistemología, tiene que haber una praxia” (sic). Yo tampoco entendí, pero intuyo que no es nada muy profundo, a pesar de la jerigonza.

Hasta de nutrición humana le consultan ahora. El Tiempo publicó el 29 de junio de 2012 un artículo en el que un periodista habla con él sobre el tema, creyendo, doble ingenuidad, que uno de los mejores científicos del mundo “es el personaje indicado para definir una dieta balanceada”. Y Cuero, muy orondo, se explaya hablando sobre el tema, y hasta describe la que él llama la ‘dieta especial intelectual’.

Lo más triste de todo es que el doctor Cuero no necesitaría distorsionar la verdad para ganarse la admiración de sus compatriotas y ser un paradigma de verdad. Salir de la Buenaventura de los años cincuenta y llegar a ser profesor de una universidad en los Estados Unidos, publicar artículos científicos en revistas de prestigio y patentar inventos son grandes logros, que requieren de una enorme capacidad académica y un gran tesón. Pero inflar ese mérito atribuyéndose más producción científica de la que tiene y magnificar hasta la distorsión los alcances de su investigación para engañar a una sociedad incauta, son acciones que desdicen de su calidad de académico y lo desprestigian como científico. Al doctor Cuero le podría pasar como al noni: le atribuyeron tantas virtudes medicinales que no tiene, que al final la gente acabó por no creer ni en las que sí tiene. Y pasó al olvido.

Los artículos publicados por el Dr. Cuero

Al rastrear en bases de datos las publicaciones científicas de Raúl Cuero, sólo aparecieron 22 artículos. Al preguntarle por el resto de las 90 de las que dice ser autor, nos remitió un listado con cada una de ellas.

En la ciencia, el valor de una publicación depende de la calidad de la revista donde se publica (que sea una revista indexada) y su impacto en la comunidad científica.

En el listado enviado a El Espectador por Raúl Cuero, el número de artículos científicos publicados es 24. Once de las referencias que envió corresponden a capítulos de libros. El número de resúmenes o presentaciones en congresos es de 43. Las guías de laboratorio, informes técnicos o manuscritos inéditos suman cuatro. Tiene además: libros autopublicados (uno), conferencias magistrales (una), artículos de prensa (uno) y documentos repetidos (uno).

* Ingeniero agrónomo de la U. Nacional y Ph.D. en Ciencias de la U. Aarhus, Dinamarca. Profesor del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia entre 1984 y 2007. Actualmente es consultor independiente.

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Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Por: Editorial

Se ha vuelto famosa su historia (que hemos contado en esta casa editorial, por cierto) de ir de un entorno de pobreza en su natal Buenaventura a ser un científico muy prestante en los Estados Unidos. En el artículo publicado, sin embargo, se hacen varios cuestionamientos frente a la magnitud de su obra científica y su trayectoria: tanto de sus publicaciones como del número de inventos que ha patentado, o también de su pertenencia laboral a la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio, NASA, que es como se presenta a Cuero cotidianamente.

Hay también, en la edición del día de ayer, una entrevista en la que Cuero acepta varias cosas que cuesta trabajo creer a primera vista: que no, que el no es investigador principal en el famoso Synthetic Biology Engineering Research Center, como lo sugiere en su página web; que tampoco son 13 sus patentes sino solamente dos y las otras están pendientes; que no, que no es cierto que trabaje en la NASA (como se ha cacareado sin fin e incluso lo da a entender el título de una de sus autobiografías: De Buenaventura a la NASA), sino que la agencia le ha brindado financiación en algunas investigaciones y le ha entregado certificados por ello. Las palabras pesan mucho y los números no mienten, en especial en asuntos de acreditación científica.

Las reacciones al juicioso artículo del profesor Rodrigo Bernal publicado ayer han sido variadas. Desde la descalificación total de Cuero hasta acusaciones de sesgos racistas o de envidia de quien hizo la investigación o, incluso, de este periódico. ¡Por favor! Aquí no se trata, de ningún modo, de arrebatarle el mérito a la obra de este científico colombiano. Porque por muy “inflados” que estén sus logros, tienen rasgos admirables: salir de la pobreza en Buenaventura para llegar a ser profesor e investigador en una universidad de Estados Unidos, publicar en revistas científicas de prestigio, tener dos inventos patentados, no son éxitos de poca monta. Se requiere de rigor científico indiscutible. Pero hasta ahí llega la realidad: el resto es una distorsión que se convirtió en bola de nieve.

Más allá de si Cuero ha participado a conciencia en esa exagerada exaltación de sus logros, lo cual es ciertamente censurable, este caso debería llevarnos a una reflexión más profunda sobre las imágenes de grandes ídolos que la conciencia colectiva va creando en Colombia. ¿Cómo los creamos? ¿A qué le damos credibilidad y a qué no? ¿Por qué esa tendencia a endiosarlos para que realmente los valoremos?

Aquí, como dijo el mismo Cuero en el tema particular de su trabajo en la NASA, la culpa ha sido nuestra, de los medios. Constatar los hechos que se vuelven noticia es un imperativo de este oficio. Y en general la grandilocuencia nos lleva a enceguecernos con la realidad de nuestros ídolos. La selección de fútbol clasifica a un Mundial, y dale, somos favoritos para ganarlo. La economía resiste la crisis mundial, y dale, somos ejemplo mundial de manejo financiero. Nos sentamos apenas a negociar un proceso de paz, y dale, nos merecemos un Nobel de Paz. Y así…

Muchas enseñanzas nos deja el caso de Raúl Cuero. ¿Qué de bueno podemos sacar de ellas, mucho más allá de la obvia y antipática actitud de o bien irnos en su contra o bien mirar a otro lado para mantener la ilusión? Tal vez evitar ese tipo de extremos ya sea un buen comienzo.

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Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Por: Ma. Isabel Rueda

Titulo de la columna: ¿Por negro, por pobre ó por exitoso?

Para Bernal, los méritos de Cuero son chimbos, pues solo 2 de sus 13 patentes presentadas han sido reconocidas, y las demás están registradas, pero pendientesEn lugar de titular con la caída del fuero militar, el diario El Espectador optó ese día por darle su portada a un hombre afrocolombiano.

¿Se trataba de un peligroso paramilitar? ¿Del jefe del anillo de seguridad de alias ‘Timochenko’? Eso pensé, prejuiciada. Porque, al contrario de Piedad Córdoba, pocos afrodescendientes han obtenido por méritos no penales carátula de El Espectador.

Me equivoqué. Se trataba del inspirador científico e inventor valluno Raúl Cuero. A quien El Espectador acusaba de impostor, basado en la investigación de un “exprofesor” de la Nacional, Rodrigo Bernal, cuya conclusión es que Cuero “ni trabaja para la Nasa, ni tiene las patentes que dice tener y su índice de publicaciones es muy bajo”.

Bernal, agrónomo y exprofesor de la Nacional, habría sido más útil dedicado, con el dinero nuestro, tratándose de una universidad pública, a producir por ejemplo un proyecto de café para la altillanura, o una fórmula de convivencia entre los cultivos de café y la palma africana, o una idea para adaptar el cultivo de papa a la tierra caliente, en medio de esta crisis del campo. Pues no. Durante los últimos tres años, al doctor Bernal le pareció prioritario tejer una red de sospechas alrededor de los méritos supuestamente inflados del negro doctor Cuero. Según Bernal, tuvo que romper su silencio cuando apareció mi entrevista con el científico de Buenaventura hace ocho días en EL TIEMPO, y ante la intolerable pregunta de si soñaba con un Nobel, resolvió desempolvar su aporte científico, que tituló bastante burlonamente ‘En cueros’.

Se le puede preguntar a Jackson Martínez si sueña con ganar la Copa Mundo. A Raúl Cuero si sueña con un Nobel no, aunque él humildemente reconozca que lo suyo “son los procesos y no los resultados”. Nació en Buenaventura en un hogar de padres analfabetas. Campeón de baloncesto –sobrevivir o morir–, esta fue la puerta que lo sacó de la miseria a ganarse becas en universidades, hasta llegar a convertirse en Ph. D. en Microbiología de la Universidad de Strathclyde. Mañana estará en Colombia, invitado por el Sena, para presentar su último libro, La orfandad de la nueva generación, en el que previene contra la vida intelectual cómoda de la tecnología y recomienda las virtudes de la creatividad como antídoto contra las tendencias juveniles a las drogas y al alcohol.

Para Bernal, los méritos de Cuero son chimbos, pues solo 2 de sus 13 patentes presentadas han sido reconocidas, y las demás están registradas, pero pendientes (ver www.raulcuerobiotech.com). También considera de baja calaña sus dos premios Tech Brief Technology que le ha otorgado la Nasa, por ser “certificados rutinarios”. Como si la Nasa aceptara patrocinar, publicar y premiar a cualquier lagarto.

Tampoco falta a la verdad el doctor Cuero si uno de sus libros se titula De Buenaventura a la Nasa. Un título por cierto muy inspirador, en el cual narra cómo han sido los detalles de tamaña hazaña. En ninguna parte dice que trabaja para la Nasa –de lo que calumniosamente lo acusa Bernal–, sino de haber hecho trabajos bajo su auspicio, algo totalmente cierto. Para Bernal, de las 91 publicaciones que exhibe Cuero, científicas no hay sino 24, y el resto le parecen light, por ser creativamente experimentales. ¿Cuántas de Bernal podrán inspirar a esta generación como las de Cuero?

Parodiando a uno de los mejores columnistas de El Espectador, no veo que lo del “exprofesor” Bernal contra Cuero tenga otro motivo que acabarlo por negro, por pobre, por humilde y por exitoso. O como dijo Felipe González de Barack Obama: “Si en EE. UU. eligieron Presidente a un negro, fue para echarle la culpa de todo”. En este caso, es para desconocerle al Negro cualquier mérito que no haya obtenido antes el profesor Blanco de la Universidad Nacional.

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