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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Archive for the ‘Varios’ Category

De dioses y hombres

Posted by Carlos Prieto On octubre - 4 - 2011

Por: Manuel Kalmanovitz

Fuente: www.revistaarcadia.com


Es una película hermosa esta De dioses y hombres. Tiene la hermosura de unos paisajes tranquilos y melancólicos en Argelia. Se ven montañas y unos pocos árboles y es como si esa falta de elementos, ese carácter básico, se transmitiera a la película misma.

También tiene la hermosura de los rostros canosos y llenos de arrugas de sus protagonistas, que la cámara nos muestra con la misma mezcla de placidez y fascinación con la que recorre los paisajes ya mencionados. Está basada en una historia real, sobre ocho monjes trapenses en el Atlas de Argel, que fueron asesinados por fundamentalistas islámicos en 1996. Decir esto tan temprano en la reseña podría dañar el disfrute de los espectadores, que ya no podrán saborear el suspenso de preguntarse sobre el destino final de los pobres frailes. Efectivamente, los matan.

Pero no es una película de suspenso y saber cómo termina no la afecta en lo más mínimo. Es más, posiblemente los realizadores cuenten con que los espectadores lo sepan porque eso le da un conmovedor viso trágico a toda la contemplación y a los paisajes y a los rostros arrugados que nos muestran. Es una película hermosa, pero complicada. Después de verla quedé con una sensación de incomodidad y durante un rato no pude entender por qué. No era por la lentitud, placidez y contemplación, porque esas cosas me parecen, en general, apetecibles y sobre todo en el cine contemporáneo que tantas veces prefiere lo ensordecedor a lo silencioso.

Pero examinando esa incomodidad vi que se parece a la que despiertan las películas más dramáticas de Spielberg, en las que uno se siente que alguien muy hábil estuvo metiéndole los dedos en la boca sin pedir permiso y sin clarificar lo que pretendía. Manipulado, mejor dicho.

Pero ¿manipulado cómo? Pues los monjes son súper buena gente. Uno es médico y le ayuda a los nativos dándoles pomadas dermatológicas y tenis donados cuando los necesitan. Los demás no hacen nada malo: rezan, cantan sus misas, hacen sus labores diarias y recogen miel de sus panales para vender en un mercado. Cuando se meten con los nativos son respetuosos y comprensivos. Y son tan buenos, tan pacíficos, tan estoicos, racionales y serios.

Pero el malestar viene con la forma en que muestran a los nativos. Esos no tienen nada ni de pacíficos, ni de estoicos, ni de racionales. Solo hay un personaje árabe que lo es, una muchacha que le pide al médico consejos amorosos (no muy creíblemente, como cabe esperar). De resto, todos los argelinos aparecen como criaturas sudorosas, apasionadas, poco racionales.

Así son no solo los terroristas que se terminan llevando a los monjes, sino los representantes del Estado. Tanto militares como funcionarios hablan sudando y gesticulando, y luego torturan a sus enemigos y arrastran sus cadáveres por las calles.

En contraste, los monjes son un oasis de calma y compostura, estandartes de una racionalidad que esos nativos jamás podrán alcanzar. Y ahí se aumenta la incomodidad y comienza la incredulidad. ¿Es en serio lo que nos dice esta película? ¿En serio está diciendo, a estas alturas del siglo XXI, que a Argelia le iba mejor como colonia francesa? Pero no puede ser. Esos rostros?, esos paisajes?, esa tranquilidad?

Pero sí parece. Y, al pensarlo bien, no es sorpresivo. Es un discurso que concuerda con la Francia de Sarkozy, con la derechización general que se tomó a Europa, con la islamofobia y xenofobia que ha penetrado círculos intelectuales y no intelectuales por igual. Lo que sí es sorpresivo es que una píldora tan amarga tenga una cobertura tan hermosa, pacífica y contemplativa.

Saluda al diablo

Posted by Carlos Prieto On agosto - 25 - 2011

Por: Óscar Collazos

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

‘Saluda al diablo de mi parte’ responde de manera creativa a temas trillados por el cine colombiano sobre el conflicto armado.

Saluda al diablo de mi parte, la extraordinaria película dirigida por Juan Felipe Orozco, con guion de su hermano, Carlos Esteban Orozco, es una de las producciones de mayor impacto emocional que se hayan visto en el cine colombiano de los últimos años.

No se trata de una película más sobre el conflicto y sus violencias. El espectador es conmovido incesantemente por un espectáculo de violencia que cobra sentido desde el momento en que sabemos que se trata de la historia de un hombre poderoso (Léder) que, postrado en una silla de ruedas, planea vengarse de sus antiguos secuestradores.

Uno de esos secuestradores (Ángel) es un hombre que trata de rehacer su vida, suponemos que después de haberse acogido a alguna fórmula de paz del Gobierno. Ha renunciado a su pasado violento y busca un lugar en la sociedad. Se acaba de separar de su mujer y malvive con su vida de diez o doce años, pero padece hasta la desesperación el estigma del reinsertado y la incomprensión de la sociedad.

El clima de terror de la película se inicia cuando el antiguo secuestrador es raptado con su hija por la organización sicarial o paramilitar del ex secuestrado Léder y su hermana Helena. Para que se sepa que no habrá contemplaciones en el trato que se le dará en adelante, asesinan a su ex esposa y madre de la niña delante de él. Si Ángel quiere salvar la vida de su hija, debe matar, uno a uno, a los antiguos secuestradores del inválido Léder.

Vigilado por sicarios y controlado por un dispositivo electrónico que Léder monitorea desde el templo de odio y venganza que es su casa, Ángel sale a cumplir la orden, contra su voluntad. Debe enfrentarse con sus antiguos compañeros de organización y hacer uso despiadado de las armas que creía haber abandonado.

La película de los hermanos Orozco contiene una reflexión central que sólo es posible entender después de conocer la rencorosa crueldad que domina a Léder. Su alma no encontrará sosiego hasta que acabe con el último de sus secuestradores, “perdonados” por “la sociedad” o el Gobierno pero jamás perdonados por él.

Las fórmulas “pacificadoras” del Estado, nos enseña el filme de Orozco, no cierran los infernales ciclos de la violencia política. El Estado puede y debe procurar esas fórmulas institucionales de paz, pero la fase siguiente y definitiva de perdón y olvido tiene que venir de los individuos.

La venganza es la expresión primaria de una “justicia” que se aplica, paradójicamente, con los instrumentos de la injusticia. Esta falsa justicia no hace más que reproducir nuevos ciclos de destrucción y violencia. El poderoso Léder, consumido por la amargura, no sólo pretende asesinar a sus antiguos verdugos; se destruye a sí mismo. Como en el proverbio chino, al cavar la tumba para su enemigo, el vengativo cava también su propia tumba.

‘Saluda al diablo de mi parte’ no desarrolla un tema trillado, como leí en alguna crítica especializada. Responde de manera creativa a temas efectivamente trillados por el cine colombiano sobre el conflicto armado, que ha tenido, sin embargo, obras admirables en el último año. Un solo título, por ejemplo: ‘Colores de la montaña’, el filme de Carlos César Arbeláez.

De manera excepcional, la violencia exterior que caracteriza las acciones de la película guarda una estrecha relación con la violencia interior de historia y personajes.

Por eso, nada es gratuito en esta realización de los hermanos Orozco, en la que se destacan las actuaciones de Édgar Ramírez, Carolina Gómez, Salvador del Solar y Ricardo Vélez. Y, sin duda, la envolvente música de Jermaine Stegall.

El asesino dentro de mí

Posted by Carlos Prieto On agosto - 19 - 2011

Por: Juan Carlos González

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

“Probablemente la más escalofriante y creíble historia en primera persona que jamás he encontrado acerca de una mente criminalmente pervertida” Stanley Kubrick

Versátil y prolífico, el director inglés Michael Winterbottom resiste cualquier intento de definición. Sus marcas autorales se borran en medio de una obra fílmica heterogénea, donde hay igual espacio para el drama, el documental, la comedia, la música, el erotismo, la ciencia ficción y la denuncia política (Bosnia, Afganistán, Guantánamo), sin olvidar su gusto por las novelas de Thomas Hardy. Consagrado por los festivales de cine de Berlín y San Sebastián, Winterbottom parece impulsado a reinventarse en cada nueva película, a retarse, a cambiar de piel: un comienzo fresco donde no hay certezas ni ideas preconcebidas. La sorpresa es su sello.

Y tremenda sorpresa nos llevamos sus seguidores al ver El asesino dentro de mí (The Killer Inside Me, 2010), su versión de una novela homónima de Jim Thompson escrita en 1952 y de la que Stanley Kubrick afirmó que era “probablemente la más escalofriante y creíble historia en primera persona que jamás he encontrado acerca de una mente criminalmente pervertida”.

Kubrick conocía bien la valía de Thompson: fue a él a quien le encomendó los diálogos de The Killing (1956) y el guion de Senderos de gloria (Paths of Glory, 1957). Además, otras novelas suyas han dado origen a películas de Sam Peckinpah, Alain Corneau, Stephen Frears y Bertrand Tavernier. Es literatura pulp, popular, barata, violenta, pero tremendamente efectiva.

Con ese material, Winterbottom hace un espeso homenaje al cine negro. Nos lleva a Central City (Texas), un pueblo de los años 50 donde aparentemente no pasa nada. Sin embargo, hay ahí un hombre, Lou Ford (interpretado por Casey Affleck), que tiene un volcán mental cuya inminente erupción nadie ha detectado. Es un psicópata enfundado en piel de oveja, digno heredero de una tradición de mentes enfermas como las que Alfred Hitchcock (al maestro siempre hay que recurrir) nos mostró encarnadas en seres aparentemente intachables, como los protagonistas de La sombra de una duda (1943), Psicosis (1960) y Frenesí (1972).

Cuando el asesino que habita dentro de Lou Ford se manifiesta, una estremecedora violencia misógina y sexual inunda la pantalla, dejándonos con una sensación de profunda incomodidad. Ese es el propósito de Winterbottom, llevarnos al límite de lo que podemos tolerar, mientras nos contagia de su fascinación por los incomprensibles motivos de la sed de un hombre tan inteligente y calculador, como a la vez enfermo y sanguinario. Lo logró, pero no le estamos necesariamente agradecidos por ello.

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