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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Archive for diciembre, 2011

Hideputas

Posted by pocho On diciembre - 30 - 2011

Por: Juan Gossaín

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Excúsenme si parezco furioso: lo estoy. Esperé una semana antes de sentarme a escribir, pero no se me pasa. El crimen que se ha cometido clama justicia al cielo. Voy a contarles la historia.

San Estanislao de Kotska, con su nombre de santo polaco, es un pueblo de 15.000 habitantes, en el departamento de Bolívar, situado apenas a 40 kilómetros de Cartagena. Por allí se le conoce simplemente como Arenal.

En la víspera de Nochebuena murieron dos niños, uno, de 2 años, en Arenal, y el otro, de 7 meses, en Soplaviento, la aldea de músicos que le queda al frente.

Estaban recogidos con sus familias en albergues para damnificados del invierno. Los dictámenes médicos fueron iguales en ambos casos: muerte por desnutrición. Los aguaceros de los últimos años han ocasionado tantos estragos en las riberas del canal del Dique que ya no hay comida. Un sacerdote amigo mío vio a una madre con sus hijos almorzando las hojas que arrancaban de un palo de limón a la salida de Calamar.

Ese mismo día, mientras los vecinos piadosos recogían dinero en la calle para enterrar a los niños, en una bodega de la zona industrial de Cartagena tuvieron que destruir 12.000 raciones de comida que la Gobernación de Bolívar había comprado hace cuatro años, para socorrer a las víctimas del invierno, pero que acabaron pudriéndose en un depósito.

No eran solo alimentos. En las cajas también había varias medicinas, entre ellas suero glucosado para rehidratar a los hambrientos. Es probable que con un par de esas botellas los dos niños se hubieran salvado. Sigo pensando en ellos hoy, que es día de los Santos Inocentes.

Historia de un crimen

Todo empezó en el año 2007. El implacable invierno, que desde entonces venía rugiendo como un perro hambriento del sur de Bolívar hacia el norte, había cobrado ya sus primeras víctimas: ranchos destruidos, cosechas perdidas, gallinas y cerdos que flotaban en las corrientes. Las romerías de indigentes, con un pedazo de colchón al hombro y las criaturas en brazos, se
desplazaban de pueblo en pueblo, mendigando cobijo y pan.

El gobernador Libardo Simancas, que estaba a punto de dejar su cargo para ser investigado por vínculos con la parapolítica, ordenó que se compraran 12.000 mercados a unos licitantes de víveres que los cotizaron por 4.000 millones de pesos.

Joaco Berrío, el nuevo gobernante, acusó a su antecesor de haber hecho una compra amañada y sin los requisitos que exige la ley. Según declaró públicamente, temía que al repartir esos alimentos lo metieran en la cárcel. En aquella ocasión le dije por radio que es mejor terminar preso por repartir comida que por dejarla pudrir.

Prefirió ordenar que almacenaran los mercaditos en una bodega contratada mientras se adelantaba una “investigación exhaustiva” que no llegó a ninguna parte. (Malditas sean las investigaciones exhaustivas en Colombia. Todavía no hemos podido saber quién asesinó al mariscal Sucre ni quién ordenó que mataran a Gaitán.)

A Berrío lo destituyó la Procuraduría por otras razones. Llegó un tercero, Jorge Mendoza, tan fugaz que ni tuvo tiempo de averiguar dónde diablos era que estaba guardada la comida.

En el 2010 convocaron a votaciones atípicas para que alguien gobernara los nueve meses que hacían falta. Solo participó el 10 por ciento de los ciudadanos. Apareció Alberto Bernal, el cuarto mandatario, y, según él mismo ha dicho, desde el día de su posesión ya los mercaditos estaban dañados.

En esos cuatro años, cada invierno fue más grave que el anterior.
Los damnificados se multiplicaron. Eran, como siempre, los más indefensos y desprotegidos. Uno puede comprobar en las calles coloniales de Cartagena que los desplazados por el agua ya no piden dinero. Ni siquiera piden una sábana. Ellos mismos dicen que se conforman con una lata de leche en polvo o unos cubitos para hacer sopa.

Pasó el tiempo. Llovían las explicaciones legales, hubo una inundación de incisos y parágrafos, cayó un diluvio de intrigas, metieron sus manos diputados y concejales, y así, entre martingalas de leguleyos y bellaquerías de políticos, la bodega terminó por convertirse en un pudridero.

La ira de Dios

Los vecinos del depósito empezaron a quejarse. Los olores apestaban. 12.000 cajas de comida para seres humanos se habían convertido en un banquete de ratas y en basurero de cucarachas.

Hasta que la semana pasada un grupo de especialistas decidió que se procediera a destruir los mercaditos con candela porque eran un peligro para la salud pública. Yo no sé cuál de todos esos gobernadores es el culpable, o si lo son todos, porque cada uno cuenta un cuento distinto y cada quien trata de sacar sus chorizos del humo.

Solo espero que la ira de Dios caiga sobre los responsables de una infamia como esta, ya que la justicia de los hombres no solo es ciega, sino sorda. Y que les tenga reservada una paila del infierno más caliente que el fuego de los mercaditos, para que prueben una cucharada de su propia medicina. Son más condenables que la guerrilla, los narcotraficantes y los paramilitares juntos.

Este crimen de lesa humanidad es más horrendo que el de los parásitos financieros de Wall Street, que los fraudes electorales de Putin en Rusia, que las masacres de Gadafi en Libia, que las palizas del Ejército sirio contra los manifestantes de Damasco.

Pero aquí, en Colombia, tierra del café más suave del mundo y de las esmeraldas más bonitas, nadie se indigna, nadie ocupa una plaza para expresar su protesta, nadie abre la boca. Nadie se estremece. ¿Es que aquí a nadie le duele nada? ¿Qué es lo que tenemos en las venas? ¿Chicha de maíz?

Las estadísticas más confiables señalan que casi cuatro millones de colombianos se acuestan cada noche sin haber comido. De ellos, la mitad son niños. Pero la plata del Bienestar Familiar no alcanza para llenar el barril sin fondo de tanto contratista ladrón. Y en Cartagena dejan pudrir 12.000 mercados.

Sigamos en esas, sigamos; sigamos felices, como Nerón, tocando el arpa mientras Roma arde.

Epílogo para una infamia

Y faltan más horrores. Ya dije que el suministro de los mercados perdidos se contrató hace cuatro años por 4.000 millones de pesos. Como nunca les pagaron, ahora los proveedores exigen 9.000 millones, un incremento del 125 por ciento, a lo que hay que añadirle el precio hasta ahora desconocido de cuatro años de bodegaje, más 44 millones de pesos adicionales que cobraron los encargados de destruir la podredumbre.

No escribo con tinta de computador, sino con sangre, porque Altenberg me enseñó que quien escribe con sangre aprende que la sangre es el espíritu.

A punto de terminar, busco en la cabeza una palabra precisa para referirme a quienes hayan sido los causantes de esta monstruosidad. Todos los epítetos me parecen pobres ante la magnitud de lo ocurrido. Decía Cervantes que “solo hay una palabra, y solo una, para expresar lo que un hombre está sintiendo”. Pero ninguna sirve para deshacerme del tarugo que tengo enquistado en el fondo del corazón.

Hasta que la encontré ahí, en las páginas del propio Cervantes. Cuando aquellos truhanes de una hospedería del camino lo molieron a palos, Don Quijote salió del lugar lanzándoles todos los improperios que se merecían: bribones, sinvergüenzas, granujas, perversos, malignos, villanos. No contento con ello, subió a su caballo sarnoso y, antes de volver grupas para marcharse, se asomó por la ventana de la posada, llenó de aire los pulmones, abrió la boca hasta donde pudo y, con toda la fuerza de su alma, les gritó:

-¡Hideputas!

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La caída

Posted by pocho On diciembre - 20 - 2011

Por: Carlos Prieto

A dos tiempos, trataré de dejar registrado este triste episodio. Inicialmente encontraran una columna del Sr. Umberto Valverde, y posteriormente encontraran un editorial de El Espectador. No comparto las apreciaciones emitidas por el Sr. Valverde, con referencia a los motivos de esta debacle. Lo que presenciamos, no es el resultado de un partido (Es el resultado de n partidos). No es el resultado de los 11 jugadores, ni del técnico actual (Eso es un accidente). No es el resultado de una intervención indebida de la alcaldía, como bien lo plantea Valverde (?????).  Los motivos, sería mejor explorarlos en el editorial de El Espectador, que encontraran posteriormente.

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Confesión de dolor de un fanático

Por: Umberto Valverde Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

La caída del equipo a la Primera B es una pesadilla de la cual sus hinchas aún no salen.

Hacía tres años que no iba al Pascual Guerrero, desde el último título que ganó Diego Umaña con los Diablos Rojos. Fui por ser testigo de lo que fuera a ocurrir, para bien o para mal. He estado en las 13 estrellas, en las cuatro finales de Copa Libertadores, la mayoría de ellas las cubrí como editor de la Revista del América, considerada por casi una década como la mejor revista de club del continente. Me senté en el palco de periodistas y soporté, con molestia y rabia, los 90 minutos de un equipo inepto, incapaz y limitado. Llegó la lotería de los penales y caminé hasta la cabina de El Corrillo de Mao: escuché la narración de mis amigos. Reynaldo Barco era el que más fe tenía, pero cuando el ‘Tigre’ Castillo lo tiró con desidia al palo supimos que la suerte estaba echada. Patriotas anotó el último cobro y yo salí caminando sin detenerme en los disturbios que ya invadían la cancha: la gente corría, los más jóvenes iban llorando. Sentí rabia y asco.

La crisis institucional es parte de esta catástrofe, el peso de la lista Clinton y la condena a Miguel Rodríguez Orejuela. Esa crisis merece una reflexión diferente: las épocas de la bonanza, el saqueo de una herencia satanizada y la intervención indebida del grupo del alcalde Jorge Iván Ospina, que pretendió apoderarse de la ficha bajo el lema de la democratización. Tampoco se sabe si ciertamente ‘Comba’ metió la mano en estos últimos cinco años de la liquidación de lo que fue un el sueño engendrado en el parque del Barrio Obrero.

Pienso que los partidos, más allá de que los dirigentes sean malos o perversos, los pierden los jugadores. Todos los que jugaron este sábado 17 de diciembre, más un técnico que no supo analizar el cambió que propuso Prince, y la torpeza de los dos centrales del América. Un equipo de González Aquino, Pimentel, Reyes, Pascutini no pierde de esa manera. Mucho menos con un gol de ventaja. El fútbol colombiano no sabe ganar porque no maneja estas situaciones. Lo cierto es que América, ese equipo que hizo su primera gira nacional en 1931, logró caracterizarse por el apelativo de Diablos Rojos y la utilización del uniforme rojo. Ese equipo llegó al profesionalismo en 1948, mediante la gestión de Humberto Salcedo Fernández y el doctor Manuel Correa Valencia; ese equipo de Édgar Mallarino, ‘Huequito’ Cuadros, Francisco Pacheco y ‘Shinola’ Aragón, reforzado inicialmente por los peruanos Félix Castillo y Carlos Gómez Sánchez. Empecé a ser hincha del América, que quedó dos veces de último en la clasificación, en los años 1958 y 1959, cuando se hizo inmortal la frase: “América juega como nunca y pierde como siempre”.

Aníbal Aguirre Arias, propietario del Boca Juniors, decidió no insistir más en este proyecto y se unió al América, trayendo a don Adolfo Pedernera como técnico y a un grupo de jugadores inolvidables: Moussegne, Arcángel Britos, ‘Finito’ Ruiz, Benito Cejas, Juan Vairo, además de Camilo Cervino, Alberto Castronovo y Juan Manuel López, que habían estado en el Deportivo Cali, unidos al ‘Indio’ Carlos Montaño, Faustino Abadía, ‘Muelón’ Sánchez, Fernando Rengifo y el negro ‘Shinola’ Aragón, que todavía atemorizaba por la punta izquierda. Se armó el América que jugó más fútbol, pero sólo fue subcampeón, porque Julio Tocker tenía un soberbio equipo que era el independiente Santa Fe, de Renick, Perazzo y Panzzuto. Tiempos inolvidables, después vinieron las 22 fechas invictas de Julio Tocker, que se vino al América, los grandes momentos de Ángel Perucca, quien llevó a la titular a ese fuera de serie llamado ‘Barby’ Ortiz, hasta que llegó, gracias a Pepino Sangiovanni, el médico Gabriel Ochoa Uribe.

Aquel 19, el bolero de Celio González que se escuchaba en todas las esquinas, y Cali eran una locura con el primer título, con una nómina modesta, en la que se destacaba Alfonso Cañón, rescatado por Ochoa Uribe, haciéndole bajar 15 kilos. La velocidad de Lugo, los tiros libres de Battaglia y la fuerza de Gerardo González Aquino y los goles de la ‘Fiera’ Cáceres. Llegaron las épocas gloriosas, lideradas por el médico Ochoa, con jugadores como Falcioni, Alexander Escobar, Willington Ortiz, Carlos Ischia, Roberto Cabañas, Ricardo Gareca, Anthony de Avila, Jorge Bermúdez, Jorge Balbis, el portentoso Freddy Rincón, Eduardo Pimentel, Sergio Angulo, Jorge ‘Polilla’ Da Silva, el ‘Palomo’ Usuriaga, Harold Lozano, el ‘Niche’ Guerrero, Hernán Darío Herrera, el maestro Julio César Uribe, Sergio Santín, Wilmer Cabrera y tantos otros, que conformaron un escuadra respetada en todo el continente.

Después de Ochoa Uribe vino Pacho Maturana y más adelante, Diego Umaña. América, la pasión de un pueblo, el equipo de los negritos del año 30, el idílico de los años 50 o el maravilloso de Adolfo Pedernera, el América del loco Vairo y de Juan Zazzini, llegó al momento más brillante de su carrera en cuatro copas libertadores que no pudo ganar. En realidad, solamente se vivió la ilusión en dos, porque en la disputa con River Plate perdimos tanto en el Pascual Guerrero como en Buenos Aires, ante un equipo superior.

Ese América, que hizo escribir tantas columnas hermosas a Alfonso Bonilla Aragón, a Álvaro Bejarano, sobre el cual inventaron leyendas como la maldición de Garabato, el que pudo ser protagonista para crear su propia revista, admirada y elogiada en un continente, es el mismo que hoy camina, en la tristeza y la oscuridad, en la categoría B. Todo es posible en la vida. Pero la derrota del América estaba cantada, como la de River Plate en Argentina, y nadie quiso ser consciente de ella.

¿Qué le queda al América? Buscar en sus raíces, en los años de Mallarino, Dimas Gómez y ‘Shinola’ Aragón; que las trompetas de la Sonora Matancera siguen sonando. Pensar en que hemos vivido la humillación más grande de la vida y once jugadores lo permitieron, un técnico que no sabe de nada no supo cambiar el destino de una afrenta, y ahora hay que empezar desde cero. Es fácil escribirlo, pero no será fácil hacerlo, habrá que encontrar la luz, como cuando uno rompe con el amor de su vida y no hay manera de volver.

Nunca supo el gran César Vallejo que había escrito estos versos para el América: “¡Hay golpes en la vida tan fuertes, ¡yo no sé! (…) / Son pocos; pero son. Abren zanjas oscuras / En el rostro más fiero y en el lomo más fuerte!” (…)

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El descenso del América

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

El trece veces campeón y finalista en cuatro ocasiones de la Copa Libertadores de América, uno de los grandes, pues, se jugó la promoción contra el humilde Patriotas, de Boyacá, que lo venció en la definición con tiros desde el punto penal.
Podría pensarse que es sencillamente el castigo lógico para el equipo que llegó a la grandeza de la mano de una elocuente relación con el narcotráfico en los años ochenta, con el consecuente ingreso deshonroso a la Lista Clinton (la lista negra creada por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos en donde se nombran personas o empresas vinculadas al narcotráfico y se sanciona a quien haga negocios con ellas).
Ciertamente, el dinero proveniente del narcotráfico, ese cáncer que afectó a la mayoría de clubes colombianos y que desbordó los niveles de ética de árbitros, jugadores y dirigentes, en el América hizo metástasis. Pero no es sólo eso lo que explica su triste realidad actual. La crisis del equipo caleño es reflejo del deterioro general del fútbol profesional colombiano, que en los últimos años ha vivido una profunda crisis financiera. Las deudas, los problemas con los patrocinios, los salarios y la seguridad social no pagados a jugadores que tienen al deporte como su modo de ganarse la vida, entre otros líos, han sido la constante. Aunque al día de hoy el América está a paz y salvo con sus jugadores, no lo estuvo por mucho tiempo.
El América es sólo un ejemplo, tal vez el más visible y representativo, de la crisis que vive este deporte. Es cierto que el Gobierno aprobó la ley 1445 de 2011 (más conocida como la Ley del Deporte), así como también una serie de mecanismos (entre ellos, el acuerdo para el fortalecimiento del fútbol profesional colombiano, firmado por Angelino Garzón, Jairo Clopatofsky, Ramón Jesurum y Luis Bedoya). Sin embargo, aún no hay resultados materiales favorables. Los equipos que no están al día con sus trabajadores, por ejemplo, siguen jugando cuando, a la luz de la nueva reglamentación, deberían ser suspendidos.
Las nuevas normas son muy útiles siempre y cuando se apliquen. El ejemplo más visible es el Club Los Millonarios, que se convirtió en sociedad anónima, está al día con los pagos y su renacer económico se ha reflejado en las canchas dentro de un proceso rescatable y ejemplar. Pero éste, y algunos otros equipos, son más bien la excepción.
La crisis puede extrapolarse a la selección nacional, que en plenas eliminatorias para el próximo Mundial de fútbol no tiene hoy director técnico, después de la improvisación en la designación de Leonel Álvarez.
El cambio debe ser estructural, por medio de control y seguimiento a los dineros (esa es la idea de las sociedades anónimas, en donde los hinchas son parte de la veeduría de sus propios equipos) y, muy probablemente, con una reforma en la dirigencia. No han ido por buen camino en todos estos años. Carlos ‘El Pibe’ Valderrama lo dijo hace unos días, y nadie puede negar que algo de razón hay en sus palabras: se han retirado jugadores, técnicos y hasta periodistas, pero los dirigentes del fútbol colombiano siguen ahí. La renovación y el cambio de enfoque podrían servir mucho. Más cuando, insistimos, se tienen mecanismos legales muy pertinentes para que este deporte, el más querido por los colombianos, pueda estar mejor. Lo del América de Cali es lamentable, pero es un ejemplo patente del mal proceder en la gestión de los equipos colombianos. Ojalá que, en positivo, también sirviera su ejemplo.

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Plaga

Posted by pocho On diciembre - 19 - 2011

Por: Óscar Domínguez

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Una de las 7 plagas de Egipto modernas sigue siendo la avalancha de correos basura con los que nos abruman a diario, proponiéndonos fórmulas para ser más exitosos, bellos, ricos, inteligentes, inmortales. Suelo responder algunos de esos correos.

Una compañía ofrece 230 mil correos electrónicos.

Respuesta: Regalado ese servicio es caro. ¿Qué haría este pecho con 230 mil correos electrónicos a cuyos titulares nunca les veré la cara? ¿Y si por dentro de sus prominentes dueños asustan? Los amigos que uno tiene en vida caben en los dedos de una mano, dijo una vez doña Carmen Balcells, la dueña de los Nobel. Yo, eterno novel, diría algo parecido de los correos desconocidos y me sobran dedos para ponerle la mano al bus.

“Aumente sus ingresos”, garantiza otro correo y promete revelar la receta.

Respuesta: Defiendo el derecho a no tener plata. Maluco también es bueno. Con san Agustín, un Bill Gates africano al revés, pienso que la fortuna no radica en tener mucho sino en necesitar poco. En uso del bienamado derecho a la contradicción, suelo coquetearle al baloto. Lo hago solo para experimentar eventualmente cómo es eso de ser rico. En la misma línea, me gustaría escribir un libro que me haga millonario. Le tengo el título: ‘Primero la felicidad, la plata mañana’. Veo ese libro vendiéndose piratiado en el semáforo como los que escriben Jaime Lopera, señora y familia.

Promocionan taller para convertirme en “coaching para trabajar con clientes de diferentes culturas”.

Respuesta: Soy de la cultura de Montebello, un bello, faldudo y frío pueblo antioqueño de cuatro mil habitantes, sin contar los que nacieron anoche. Aunque dudo de que haya mucho paisano nuevo porque el frío alborota la disfunción eréctil. Si tienen algo distinto que ofrecer, soy todo oídos. (A propósito, en mi pueblo no sabemos qué es un coaching ni con qué se come. Menos si es ‘coaching transaccional’, que también los hay sueltos, aunque usted no lo crea).

Promocionan rayos láser para que el pelo vuelva a crecer.

Respuesta: A mí nadie me va a bajar de las cuatro mechas que me hacen monótona compañía. Procuro sacarles todo el partido del mundo. Además, dicen que los calvos -espero que también los cuasi calvos- tenemos más éxito en el catre con las féminas. Si ven a una de estas voluntarias, le pueden dar mi correo.

Me llueven propuestas para ejercer el oficio de voceador de periódico.

Respuesta: Me encanta ese destino. Fue tal vez el primero que desempeñé de piernipeludo. Allí se definió mi destino de aplastateclas. Procedo a llenar el formulario.

oscardominguezg@etb.net.co

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En la inmunda

Posted by pocho On diciembre - 18 - 2011

por: Iván Mejía Álvarez

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Cuando alguien cercano al presidente Santos oyó la sugerencia de un directivo del fútbol colombiano de que brindara un guiñito, una señita, que permitiera acercar a Hernán Darío Gómez nuevamente a la selección, el dirigente recibió una respuesta contundente: “Ni se lo propongan, ese tema para Juan Manuel está completamente cerrado y él vería como un desafío del fútbol que fueran a nombrarlo. Santos no quiere problemas con las mujeres”.

Además, nuevamente González Alzate se convirtió en catalizador negativo para la posible reincorporación de Gómez. Haciendo alarde de tener los votos y de manejar el poder, González consiguió que la rama profesional, con Bedoya y Jesurún a la cabeza, se uniera para cerrarle la puerta. El fútbol profesional no quiere volver a caer en el error de mostrarse dividido y darle largas al diabólico, maquiavélico y nefasto dirigente de la acabada Difútbol, un ente que debiera desaparecer por ineficaz y porque simboliza lo más bajo de la politiquería e ineptitud dirigencial.

De todas formas, González perdió la batalla para poner a Gómez, pero ganó la lucha para hacer echar a Leonel, a quien consideraba un tipo biche, inexperto, sin capacidad de mando. Fue trueque: que no venga Bolillo, pero que se vaya Leonel. Y como Álvarez estaba tan mal parado, pues fue muy fácil alejarlo de la dirección técnica.

Así se maneja la pequeña política del fútbol colombiano, a punta de bandazos y sin coherencia. Fue un error nombrar a Leonel y más aún ir a Estados Unidos a pedirle permiso a los jugadores para posesionarlo. La dirigencia sabía que ese no era el técnico y por eso le nombraron a Comesaña para que lo ayudara y lo aconsejara, pero a Leonel se le subió la soberbia y no quiso oír a nadie, no intentó seguir los derroteros ya trazados y que había marcado Gómez, se creyó dueño y amo y cuando entró a pensar “solito” se equivocó una y otra vez. Alguien insiste en que los resultados no eran tan malos: victoria, empate, derrota. En esto no sólo juegan los números sino el cómo y el porqué, y Leonel no dio la menor muestra de seguridad y sensatez en sus decisiones.

Acá está nuevamente el fútbol colombiano, a la deriva, sin guía, sin técnico, con una dirigencia inferior al compromiso, pegando patadas de ahogado, sin acertar en una sola, corrigiendo hoy los errores de ayer, pero poniendo en evidencia que no hay ni proyecto ni proceso.

Como dicen los jóvenes… estamos en la inmunda.

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Burros versus Burr

Posted by pocho On diciembre - 18 - 2011

Por: Héctor Abad Faciolince

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Nadie puede impedir a una mujer lesbiana que se haga una inseminación (natural o artificial) para tener un hijo.

Si su condición de homosexual fuera impedimento moral o legal para ser madre, la Procuraduría debería promover una ley que prohíba a las mujeres lesbianas tener hijos naturales. Si esa ley existiera no sólo sería inicua, sino también inocua: la mujer lesbiana ocultaría su condición de tal y se haría inseminar. ¿Iría tan lejos la procuradora delegada Ilva Myriam Hoyos como para iniciar un proceso para despojar a esta mujer de una hija concebida de tal forma? También un hombre homosexual podría fecundar el huevo de un banco de óvulos y contratar a una mujer (donde esté permitido) para llevar a término la gestación. ¿Habría que prohibir también esta forma de paternidad, simplemente porque a quien quiere hacerlo le gustan las personas de su mismo sexo?

El caso de la adopción de niños abandonados o sin padres no es muy distinto. Lo único que cambia es que en este caso la mujer lesbiana o el hombre gay que quieren tener hijos no serían los padres biológicos. En los próximos meses la Corte Constitucional deberá decidir si la orientación sexual de un padre o una madre potenciales es relevante para decidir si éstos pueden adoptar niños o no. La Corte aceptó estudiar una tutela al respecto, interpuesta para defender tanto los derechos de un par de niños a conservar el padre que los cuidaba, como los de su padre adoptivo, el periodista Chandler Burr. Al menos hasta ahora la orientación sexual de un soltero o una soltera adoptantes no tiene importancia a la hora de entregarles un niño abandonado.

La Iglesia católica entró en cólera esta semana al conocerse que la Defensoría de Familia ordenó que los jovencitos fueran devueltos al padre adoptante, el señor Burr. En una declaración que daría risa si no fuera por la alta posición que ostenta quien la hizo, el secretario de la Conferencia Episcopal Colombiana, monseñor Juan Vicente Córdoba se preguntó lo siguiente: “¿Por qué no le dieron dos niñas? ¿Por qué preciso dos varones, a un homosexual? Con dos niñas no tendría ninguna atracción hacia ellas; si hay papás heterosexuales que abusan de hijas, e incluso de hijos, con mayor razón le da a uno miedo con un señor homosexual”. Siguiendo con esta misma lógica del miedo (que no revela otra cosa que una fijación obsesiva en las perversiones sexuales), uno se pregunta si los obispos colombianos habrían hecho el mismo escándalo en caso de que un soltero heterosexual hubiera adoptado a dos niñas. ¿Se alarmaría monseñor Córdoba de que el adoptante pudiera sentir “atracción hacia ellas”?

A veces da la impresión de que los sacerdotes pasan demasiado tiempo en el confesionario oyendo los pecados de sus feligreses. Y de tanto oír oprobios, aberraciones, abusos, empiezan a creer que todo el mundo es de la misma calaña que sus pecadores rutinarios. La relación de los jerarcas de la Iglesia católica con la sexualidad tiene dos constantes: la obsesión y la fobia. Detrás de esto hay una regla psicológica humana: “hablan mucho de sexo quienes poco lo practican”. ¿En qué piensa una persona con mucha hambre? En comida. ¿En qué vivirá pensando un hombre repleto de hormonas y obligado al celibato que no puede siquiera descargar sus ansias tocándose a sí mismo? En sexo. Esa es la fuente de la obsesión. La fuente de la fobia es que se sienten asquerosamente sucios cuando no pueden evitar caer en los pecados-de-la-carne. No entienden que el sexo solitario o el sexo consensual entre adultos es agradable e inocente.

Ni siquiera a los criminales o a los asesinos se les quitan sus hijos o se les prohíben tenerlos. Está bien que se les prohíba adoptarlos. Pero los homosexuales no son enfermos, ni violentos, ni peligrosos. Su orientación sexual no es contagiosa. Convivir con gays es tan dañino para los niños como convivir con zurdos. Cuando las parejas homosexuales puedan adoptar libremente seremos un país mucho más civilizado.

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Desconéctate para Conectarte

Posted by pocho On diciembre - 13 - 2011

Fuente video: Youtube

Fuente texto: Wikipedia

Excelente!

Me lo envía una excelente persona y amigo. Por favor…reflexionen fuerte…muy fuerte!. Pocho


La nomofobia, el miedo irracional a salir de casa sin el teléfono móvil.1 El término, que es una abreviatura de la expresión inglesa “no-mobile-phone phobia“,2 fue acuñado durante un estudio realizado por la Oficina de Correos del Reino Unido encargado al instituto demoscópico YouGov para estimar la ansiedad que sufren los usuarios de teléfonos móviles.

El estudio se llevó a cabo en Reino Unido en 2011 y contó con una muestra de 2.163 personas. Reveló que casi el 53 por ciento de los usuarios de teléfonos móviles en el Reino Unido tienden a sentir ansiedad cuando “pierden su teléfono móvil, se les agota la batería o el crédito, o no tienen cobertura de la red.” De acuerdo con el estudio, alrededor del 58 por ciento de los hombres y el 48 por ciento de las mujeres sufre de la fobia, y un 9 por ciento adicional se siente estresado cuando sus móviles están apagados. La investigación también ha demostrado que los niveles de estrés de una persona con nomofobia son equiparables con los nervios que se tienen el día antes de la boda o de la visita al dentista.3

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Sentido común

Posted by pocho On diciembre - 12 - 2011

Por: EFE

Fuente: El País – Cali, Colombia

El entrenador del Barcelona, Josep Guardiola, cree que la clave de los buenos resultados que está teniendo desde que se hizo cargo del conjunto azulgrana no es otra que “el sentido común”.

En un entrevista concedida a FIFA.com antes de viajar a Japón para disputar el Mundial de Clubes, Guardiola habla de su filosofía como técnico del que actualmente esta considerado como el mejor equipo del mundo.

“En primer lugar, respetar la historia de este club, la trayectoria del Barcelona, que es un grande en todos sentidos. Después, fichar buenos jugadores y combinarlo con un buen manejo de cantera para ayudar a la gente de abajo, darles oportunidades cuando sea el momento y no tener miedo de hacerlo”, señala.

Una vez que se cuenta con todos los mimbres, el entrenador del Barsa considera fundamental que los jugadores sean honestos con su trabajo: “Al final, la gente va a ver un espectáculo, lo que no quiere es que la engañen, los aficionados aceptan que juegues mal pero odian cuando puedes hacer un esfuerzo y no lo haces”.

A partir de esa premisa, se trata, según Guardiola, de “ir creciendo como equipo”, con cambios, matices, pero una idea similar: “atacar, marcar los máximos goles posibles y jugar lo mejor posible.

El fútbol de su Barsa es deudor del ‘Dream Team’, y lo reconoce sin tapujos. “La influencia es de Cruyff; estuve seis años con él, y me dejó grandes conocimientos”, explica Guardiola, quien también señala a Juan Manuel Lillo, como otro de los técnicos que más le han aportado.

“A Lillo lo tuve sólo seis meses como entrenador en Culiacán, en México, pero lo pasamos muy bien y aprendí mucho. Le tengo una gran estima y un gran agradecimiento, porque fue muy generoso, me dio sus conocimientos, que son muchos”, apunta.

De ellos ha aprendido infinidad de cosas, como por ejemplo, confiar en la profesionalidad de los futbolistas. Por eso intenta evitar las concentraciones, porque “la gente antes de ir a su trabajo no pasa un día encerrado en un hotel”.

“Si ellos no descansan, si no se cuidan, van a jugar peor y perderán su empleo. Yo juzgo a mis jugadores por su trabajo, no por su vida privada. No soy policía, a las 10 de la noche estoy durmiendo y no tengo ganas de controlar a mis futbolistas, por eso prefiero que estén en casas con sus familias y no en un hotel encerrados sin nada que hacer. Intentamos utilizar el sentido común, preguntaba por la clave de los buenos resultados? Es esa: el sentido común”, concluye.

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Ingeniería de papel

Posted by pocho On diciembre - 12 - 2011

Por: Ramiro Bejarano

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

La primera vez que viajé a Bogotá desde mi natal Buga, lo hice por tierra en un pesado bus de Flota Magdalena, que tardó en llegar 10 penosas horas, porque obviamente entonces también el cruce de la Línea estaba con los problemas de siempre.

Desde entonces han pasado más de 30 años, sin que el paso por esa cordillera se haya mejorado, pues, por el contrario, cada día es más difícil, y sin embargo aquí nos quieren convencer de que somos una nación civilizada, moderna, llena de tecnología.

Y entonces es allí donde hay que concluir que no tenemos infraestructura y, lo que duele decir pero es una realidad, la ingeniería criolla es un fracaso colosal. Las múltiples imágenes que los noticieros de televisión nos han mostrado por estos días, son sencillamente estremecedoras: no hay por dónde transitar seguro.

Claro que el país es montañoso, también que tiene que enfrentar inviernos duros, pero nada de eso excusa la responsabilidad de las firmas de ingeniería que llevan años recibiendo jugosos contratos del Estado, mientras las vías siguen deterioradas en todos los terrenos. El problema no está solamente en la Línea, sino en la carreteras que comunican a Bogotá con Manizales, Medellín y Chía; entre Barrancabermeja y Bucaramanga; el norte del Atlántico con el 40% de sus caminos inhabilitados por el invierno; la misma tragedia se ha presentado entre Gamarra y Aguachica, en Mahates y el sur de Bolívar, y hasta en la carretera de la cordialidad que comunica a Barranquilla con Cartagena.

Lo que ha pasado en las inmediaciones de Bogotá es sencillamente alucinante. Han pasado ocho largos meses desde el último invierno, cuando también vimos sepultadas propiedades y autopistas, y en ese lapso no se adoptaron los correctivos que nos anunciaron. Tal parece que en ese tiempo lo único que se hizo fue un jarillón mediocre, pues ya otra vez la sabana de Bogotá está en peligro y sitiada de agua por todos los lados.

Las firmas de ingeniería en estos tiempos en vez de contar con ingenieros capaces y dedicados, están más preocupadas de crear ejércitos de abogados que los defiendan de sus incumplimientos y que los saquen avantes en los voraces tribunales de arbitramento con los que suelen esquilmar al Estado, gracias a la complicidad de árbitros muy generosos con los particulares pero indolentes con las arcas públicas.

He allí el drama de la contratación de grandes obras públicas. Muy pocos ingenieros haciendo lo suyo, y en cambio una nómina de juristas destacados que desde la preparación de las licitaciones que presentan sus clientes, están montando los cuantiosos litigios que después terminan ganando, sin que haya dolientes.

Si la ingeniería nacional no fue capaz, entonces que vengan otra vez las firmas extranjeras, a ver si somos capaces de construir túneles y vías seguras, como en Europa o Estados Unidos. Claro, de antemano sabemos que esas empresas foráneas vienen pregonando una supuesta cooperación internacional, que a la hora de la verdad se traduce en que no dejan un solo centavo sin cobrar ni un pleito sin promover, pero al menos quedan las vías. Con las empresas nacionales pasa igual, sólo que ni siquiera nos quedan vías.

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La niña

Posted by pocho On diciembre - 12 - 2011

Por: Yolanda Reyes

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

La vivienda propia es un sueño perfecto para hacer populismo. Genera empleo y utilidades enormes a las constructoras privadas que compran tierra rural barata y la venden como urbana, sin asumir las consecuencias.

No es malo ofrecer cheques, pero sería mejor que se responsabilizaran por sus proyectos de vivienda.

La Alcaldesa sobrevoló las zonas afectadas… el Presidente visitó la inundación, repiten los medios y muestran a los gobernantes bajando de helicópteros para poner sus pies en tierra -y luego, pies en polvorosa-. Si antes usaron plumas indígenas o sombreros regionales, hoy lucen chalecos abullonados o chompas fosforescentes con logos gubernamentales y con el eslogan del momento: Bogotá Positiva, Colombia Humanitaria… o lo que sea.

No es malo hacer presencia ni ofrecer cheques -veremos si los pagan-, pero sería mejor que se responsabilizaran por sus proyectos de vivienda. Recuerdo que la alcaldía de Peñalosa invitaba a “líderes de opinión” a recorrer en helicóptero las urbanizaciones de Metrovivienda en Bosa. Los periodistas admiraban ciclorrutas, avenidas y espacios públicos al borde del que hoy es un caño de aguas negras. ¿Lo olvidaron?

Aunque los gobernantes han sabido, desde tiempos de Bochica y de Forero Fetecua, que construir en zonas inundables conlleva riesgos, su “poder político” quizás presionó a curadurías y a otras dependencias a aprobar proyectos en los que muchas familias invirtieron el trabajo de toda su vida. Contrariando el orden lógico, primero hicieron las urbanizaciones con la promesa de que luego harían obras de mitigación de riesgos. Seguramente hay actas en las que reiteran la urgencia de ciertas obras de acueducto y se “pelotean” responsabilidades. Seguramente también rogaron al Divino Niño que no lloviera demasiado o que lloviera cuando ya estuvieran retirados. Sin embargo, ahora que llueve más de lo esperado, culpan a “la maldita niña”, como afirmó Santos. ¿Acaso no vio colchones flotando en Patio Bonito en sus tiempos juveniles? Para usar su lenguaje, que “no nos crea tan pendejos”.

Aunque los gobernantes que hoy afrontan los desastres llegaron con los hechos cumplidos y, descontando que hubieran podido tomar medidas preventivas, ellos saben que lo sucedido en Bogotá no es nuevo, ni es solo consecuencia del cambio climático mundial, ni es culpa de “la maldita niña”, sino de la maldita improvisación. Si revisaran documentos antiguos verían que, desde Mosquera hasta San Victorino, había épocas del año en las que se llegaba en barca, como salen hoy, en botes inflables, quienes se ilusionaron con las casas modelo de Bosa.

¿Qué entidades distritales aprobaron esas licencias y qué constructoras se lucraron? ¿Alguna letra menuda advirtió sobre la probabilidad de inundación? ¿Hay consecuencias por vender esas casas con el aval de la Alcaldía? Si alguien pagara con sus salarios, sus residencias, sus fincas y su nombre las improvisaciones que hoy tienen a trabajadores honestos pagando durante el resto de sus vidas esas casas a las que no pueden entrar sin tapabocas a causa del aire putrefacto; si hubiera responsables por las personas asiladas en los techos que reciben dádivas mediante una escalera recostada en sus ventanas, quizás la historia no se repetiría. Pero no hay culpables, salvo la Niña, lo cual equivale a decir ‘La Patasola’.

La vivienda propia es un sueño perfecto para hacer populismo. Genera empleo y utilidades enormes a las constructoras privadas que compran tierra rural barata y la venden como urbana, sin asumir las consecuencias. Este gobierno, que ha ofrecido un millón y medio de viviendas, debería aprender esas lecciones: que la vivienda no puede pensarse sin su entorno, que los proyectos estatales tienen la responsabilidad de articular las decisiones de todas las instancias locales y nacionales, que hay que tomar en serio los riesgos que advierten los expertos y, sobre todo, que lo que hagamos a la tierra, como decía el jefe Seattle, nos lo devolverá la tierra. Repensar la responsabilidad del Estado en los megaproyectos actuales supone, como mínimo punto de partida, asumir sus responsabilidades.

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Procrastinar II

Posted by pocho On diciembre - 10 - 2011

Fuente: www.portafolio.co

Procrastinar es un verbo poco conocido, poco pronunciado, pero, como todo verbo que implica una acción, muy practicado. De hecho, el 95 por ciento de la humanidad lo ejerce casi y a conciencia.

Para dar pistas sobre este verbo piense en qué tan a menudo pospone lo que tiene que hacer, más allá de lo razonable; si lamenta casi siempre no haber hecho antes lo que había que hacer; si con frecuencia deja aspectos de su vida para otro momento, aunque sabe que no debería hacerlo; si al final del día siente que podría haber empleado mejor su tiempo; si pospone las cosas hasta el punto que su bienestar o eficiencia se resienten innecesariamente…

Eso es procrastinar, aplazar, diferir, según el diccionario.

Eso no tiene nada de malo, hay ocasiones en las que hay que posponer las cosas porque no es el momento oportuno, o porque la prudencia así lo aconseja.

“En su elección de qué hará ahora y qué dejará para después es donde radica la procrastinación, no en la dilación en sí”, escribe Piers Steel en su libro Procrastinación.

“Desde que apareció por primera vez en inglés en el siglo XVI, la palabra procrastinación no se ha referido simplemente a posponer algo, sino a hacerlo irracionalmente; es decir, a cuando posponemos tareas de forma voluntaria pese a que nosotros mismo creemos que esa dilación nos perjudicará.

Cuando procrastinamos, sabemos que estamos actuando en contra de lo que nos conviene”, dice.

Como quien dice, en este caso funciona a la perfección esa frase de Mark Twain: “no dejes nunca para mañana lo que puedas hacer pasado mañana”.

Así, dejar para el día siguiente la revisión y limpieza del correo electrónico; aplazar nuevamente esa dieta pendiente o el comenzar a hacer ejercicio como le recomendó el médico; navegar un buen rato en Internet antes de lanzarse a hacer ese informe que debe entregar en un par de horas; dejar para después la reserva de los tiquetes aéreos sabiendo que ya llega la temporada alta; o no ponerle fecha todavía a la reunión que tanto teme, entran en la lista de procrastinar.

RECUPERAR LA CONFIANZA Y PONER PEQUEÑAS METAS

Muchos procrastinadores dudan de su capacidad de triunfar y por ello dejan de esforzarse, de ahí que no se afronten los retos grandes. Una vez desaparece el esfuerzo, viene el fracaso.

Al plantearse esas nuevas metas piense en ser voluntario, en adquirir una nueva destreza, en organizar ese viaje a donde siempre ha querido ir, tome clases de algo que le exija.

Para recuperar la confianza en el logro, hay que proponerse una serie progresista de metas difíciles, pero asequibles, así se maximiza la motivación y se le vuelve a dar significado al logro.

Ver películas inspiradoras le puede ayudar a recuperar el optimismo, lo mismo que leer biografías inspiradoras o charlar con personas triunfadoras o superadas.

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