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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Pequeñas verdades

Posted by Pocho On agosto - 1 - 2011

Por: Cristian Valencia

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Estamos en un buen momento y tenemos unos jugadores excelentes y unas selecciones que comienzan a generar cosas bonitas.

Cuando veo los comentarios de los lectores sobre la goleada de Colombia a Francia, caigo en cuenta de que la enfermedad viene de lejos, es crónica y nunca fue tratada. A pesar del juego vistoso y de los cuatro goles, muchos comentarios son desesperanzadores; dicen, palabras más o menos, que no debemos confiar porque las selecciones Colombia son expertas en generar grandes expectativas y luego derrumbarse en los momentos decisivos. En eso consiste la enfermedad, en esperar con fe de carbonero que todo se derrumbe. Un virus violento que, cuando se instala en la psiquis de una nación, es difícil de combatir, a menos que se ataque de raíz, cosa que en Colombia no ha pasado. Y como no ha pasado, el virus se ha fortalecido durante los últimos 17 años, cuando ‘la gloriosa’, la mejor, selección de fútbol del mundo, la que todos tenían por finalista, la que hizo una impecable eliminatoria, inexplicablemente depuso sus armas en el mundial de Estados Unidos en 1994.

Nadie entendió jamás lo que sucedió. Fue como si hubieran cambiado a los hábiles jugadores de la eliminatoria por unos novatos desganados y desconectados entre sí. Ese equipo del 94 sepultó para los jóvenes futbolistas que los sucedieron -y para los hinchas- la idea de que era posible ser los mejores, la idea de ganar una copa mundo. Y como nadie nos explicó jamás lo que sucedió, el virus se hizo más fuerte. Y desde entonces ataca sin clemencia en los momentos decisivos.

Si ‘la gloriosa’ hubiera salido a jugar su juego, el país sería otro: hubiera llegado una racha de optimismo impresionante. Me atrevo a decir que tendríamos una mejor calidad de vida, habríamos ido a todos los mundiales y el torneo nacional llenaría los estadios.

Pero, ajá: dejé de ver fútbol durante 12 años por culpa de esa selección del 94. Por mi salud mental me obligaba a evitar hasta los partidos de barrio. Quedé síquicamente desbalanceado, como si me hubiera abandonado el amor de mi vida. Y conozco a mucha gente que jamás se recuperó: dejó de ver fútbol para siempre, de jugarse el corazón otra vez por miedo a verlo partido en mil pedazos. Desde entonces, muchas personas no le apuestan a ninguna selección Colombia. Y siempre que se trae a colación el tema con un colombiano mayor de 25, la conversación sucede en clave triste y aparecen las miles de versiones que se hicieron al respecto. Vale decir, que ninguna ampara la posibilidad de que esas derrotas se produjeron por razones futbolísticas. La confianza en esa selección era de un tamaño enorme porque era un equipo enorme. Entonces, ¿qué fue lo que pasó? La verdad solo la saben los jugadores y el cuerpo técnico. Y con esa verdad se quedaron. Nunca nos la dijeron.

Pero ahora que hablamos de verdad, justicia y reparación, estaría bien que comenzáramos por esas pequeñas verdades. A primera vista, parece una banalidad, pero esa verdad la necesitamos tanto como la verdad del Palacio de Justicia, de las masacres, de la corrupción política. Porque esas oscuridades, todas, nos llenan de desconfianza hacia el Estado y sus instituciones y pueblan el imaginario popular de versiones terribles sobre lo que pasa en realidad en nuestro país.

Este es el momento de hablar, y le pido públicamente al profesor Maturana, a quien respeto profundamente, que nos diga la verdad de una buena vez para comenzar a terminar con ese mal. Sería el comienzo de algo, la verdadera semilla de la confianza. Porque, si aquello sigue en la oscuridad, se seguirán malogrando jugadores. Aproveche, profesor Maturana, que estamos en un buen momento y tenemos unos jugadores excelentes y unas selecciones que comienzan a generar cosas bonitas. Si esa verdad permanece oculta, es probable que el virus ataque nuevamente en el momento menos indicado y sumaremos más tristezas para este escudo en la camiseta.

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