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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Archive for agosto, 2011

Royal Park Circus

Posted by pocho On agosto - 30 - 2011

Por: Rafel Orduz

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

La función del circo del sábado estaba anunciada para las siete, aunque comenzó pasadas las ocho, con casi cincuenta asistentes.

La primera semana la boleta valía tres mil pesos (US $ 1,6), luego dos mil (US $ 1,1) y ahora mil (US $ 0,6), para exprimir las últimas esperanzas de público en un pueblo de cinco mil habitantes, incluyendo el casco urbano y las nueve veredas.

El Royal Park Circus está instalado en El Cocuy, hermoso municipio que ha logrado hacerle el quite a la adicción cundiboyacence de derribar las viejas casas de teja y sustituirlas por los esperpentos de ladrillo y vidrio oscurecido.

La mujer que hace el contrapunto al payaso en el número del soldado es la esposa de Wilson, el trapecista, nacido en Sardinata. Ella es el corazón de la familia y el alma del trabajo. Wilson la conoció en Arboleda, Norte de Santander, cuando el circo de su padre plantó allí su carpa. A los tres días ella dejó su casa. Hoy tienen tres niñas y un chico, que hace las veces de “Garrapata”, un payasito que está mudando dientes y que entiende las cosas al revés, para delicia de los asistentes.

El payaso, pamplonés, es el padre de Wilson, hombre que lleva cincuenta años de circo. Ha sido barrista, pulseador, trapecista, músico y payaso. Los acompaña en la gira que Wilson comenzó en 2010 como empresario circense y que los ha llevado a Tasco, Monguí, Gámeza, Cerinza, Susacón, La Uvita…

En Tópaga un ventarrón se llevó la mitad de la carpa y la granizada del 13 de marzo de 2010 perforó el resto. La mitad del público veía el espectáculo sin pagar, por las troneras que el viento dejó; el resto, dentro, con sombrilla.

Wilson había hecho la carpa y la rehizo después del temporal de Tópaga con la ayuda de una máquina hechiza hecha por él, que le valió 20 mil pesos y que consta de una resistencia, teflón y cable, usada para pegar las partes de la gran lona.

Además del R-4 de don Óscar Salamanca, el padre, clave para el perifoneo en las calles, el equipo físico lo complementa un Nissan Patrol 73, que hala el trailer construido por Wilson y que alberga el camarote de las niñas y la cama doble, que la pareja comparte con “Garrapata”.

Se necesitan tres días para instalar la carpa y dos para empacar e irse al pueblo siguiente, que será El Espino. La carpa se traslada en ocho rollos que deben ser transportados, junto con la estructura y las tablas de las graderías, en camión, que hay que alquilar.

Cuatro muchachos, reclutados en los pueblos, ayudan en algunos números y con los procedimientos de armar y desarmar. Reciben 15 mil pesos por función. El circo paga arriendo, servicios e impuestos. La familia carece de seguridad social, como las de todos los cirqueros pequeños.

Los niños estudian, durante algunas semanas, en la escuela de cada pueblo. Allí los certifican y prosiguen así en el pueblo siguiente.

El Royal Park Circus no será el Circ du Soleil, pero sí ejemplo de dignidad, coraje, ingenio y emprendimiento de colombianos que, sin subsidios, certezas ni atajos construyen esperanzas, alegrías y un futuro para sí.

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El estresado macho alfa

Posted by pocho On agosto - 29 - 2011

Por: Cecilia Rodríguez

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Muchas mujeres alfa de nuestros días han encontrado una solución a la paradoja del macho alfa y beta.

Robert Sapolski es un antropólogo, neurólogo, endocrinólogo y autor reconocido por sus investigaciones sobre la relación entre estrés y degeneración hormonal en primates, incluyendo la especie humana. Por décadas, él pasa parte del año estudiando una tropa de babuinos en África, enfocado sobre todo en el macho alfa y sus subalternos. Entre las fascinantes anécdotas que describe en sus libros (Memorias de un primate, El problema con testosterona) hay una a propósito del tema de esta columna:

El macho alfa, con todo su poder sobre los otros machos y con todas las hembras a su disposición, es quien goza de las mayores ventajas. Pero esa es solo la apariencia. Sujeto de ataques y envidias, permanentemente alerta para controlar a las hembras, protagonista de muchas peleas mortales por supremacía, el macho alfa presenta más altos niveles de estrés que los otros y por ende serios problemas de salud, mayor vulnerabilidad a enfermedades y menor expectativa de larga vida. Sapolski comprobó que mientras el macho alfa está ocupado en batallas por el poder, otros simios menos agresivos, más atentos y colaboradores con las hembras son los papás de buen número de los bebés de la tropa.

Recordé a Sapolski porque, según un nuevo estudio por parte de biólogos evolucionistas de la Universidad de Princeton que analizaron babuinos en Kenia por nueve años, ser el # 2 o “macho beta” no es tan mala posición. Su análisis muestra que defenderse de desafios y vigilar el acceso a las hembras fértiles comporta altos niveles de tensión para el alfa o # 1. Los simios beta pelean menos y aunque tienen menos apareamientos siempre encuentran oportunidades. Cuando el alfa está ocupado en una nueva riña, ¿quién acompaña a las hembras a casa?

Crónicos niveles elevados de estrés en humanos incrementan los riesgos de enfermedades o empeoran las ya existentes. Eso no significa que los descubrimientos sobre los babuinos se apliquen necesariamente a los problemas de salud de nuestros presidentes y demás líderes, estereotipo del macho alfa en nuestras sociedades. Los simios, en anatomía, genética y conducta son más parecidos a los humanos que a cualquier otro animal.

El debate sobre machos alfa y beta es de larga data. No solo entre antropólogos y especialistas en primates sino entre sociólogos. Generalmente los héroes son alfa: dominante, agresivo, fuerte o socialmente poderoso, en control de sus emociones y de otras personas. El carácter beta es menos capaz, con tendencia a cometer errores y sin el espíritu necesario para tener éxito. Tímido y querido, sobrevive por suerte o gracias a la ayuda de la mamá, la esposa, la novia o un amigo alfa.

Curiosamente mis amigas feministas coinciden con los expertos en simios.

Numerosos estudios en diferentes culturas muestran que mujeres con alto coeficiente intelectual (IQ) tienen menos posibilidades de encontrar marido que hombres inteligentes de encontrar esposas. En números, la cosa es más o menos así: por cada 16 puntos más de IQ en una mujer las perspectivas de matrimonio bajan 40%, mientras que en los hombres suben 36%.

Con la ascendencia de nuevas generaciones de mujeres más educadas que sus contemporáneos hombres, profesionales, seguras, ocupando cada vez más altos cargos, el futuro se vería lleno de solteronas inteligentes. Es por eso que muchas mujeres alfa de nuestros días han encontrado una solución a la paradoja del macho alfa y beta. Ellas no necesitan al alfa para mantenerlas o comprarles la casa o el auto de sus sueños porque ellas pueden subir al tope de sus carreras y costeárselos por sí mismas. Lo que necesitan es un hombre cariñoso y comprensivo que no demande tanta atención, no necesite competir con ella, no viva estresado y esté dispuesto a compartir los quehaceres domésticos y la crianza de los hijos.

A los machos alfa que leen esta columna les recuerdo que estamos hablando de simios y estereotipos en general.

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Desencantados

Posted by pocho On agosto - 26 - 2011

Por: Ana María Cano Posada

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Corresponde a los que tienen menos de 30 años almacenar grandes reservas de ilusión.

No de otra manera es soportable la sobrecarga química que el cuerpo tiene entonces. Aunque resulta inconveniente comparar una generación con otra anterior en términos del uso que han dado a su ilusión, es perturbador comprobar que la nueva generación, que hoy tiene entre 15 y 25 años, flota en la más profunda anomia* y se reconoce sólo por su desencanto. Si ellos llevan la vanguardia de lo que pasará en los próximos 30 años, se dictamina el desasosiego social que hoy alcanza síntomas planetarios.

Multitudinarias protestas estallan en ciudades dispersas del globo y son convocadas por desamparados muchachos desde sus reductos digitales; otros experimentados saqueadores de información se entretienen invadiendo intimidades como si fueran superhéroes de sus propias caricaturas; la historia del grafitero que resulta asesinado por la espalda porque no atendió la orden de alto que le dio un policía y es enredado en una posterior denuncia de atraco a un bus; los raperos de las barriadas en Medellín que caen abatidos a manos de otros adolescentes porque vigilan cada cruce de las líneas de su territorio. Un campo minado. Un laberinto absurdo de incompatibilidades donde todo sueño parece tener impedimentos y deriva pronto en pesadilla. Una generación de inmediateces, de intimidades expuestas, de consumos inalcanzables que les dejan un sabor de desgano, de hartazgo y de desazón. Los nombres de estos muchachos que en Colombia han mostrado recientemente su desvarío, son una lista de sacrificados, de víctimas rituales en un altar incomprensible, de esta generación desperdiciada que ahora sobrevive.

“A mí, como a todos los hombres, me tocaron tiempos difíciles”, dice Borges, con la ironía exacta. A cada humano lo dota su tiempo de los anticuerpos requeridos para encarar sus propios males. No hay, pues, una edad que haya superado mejor la cuesta que otra. Los sobrevivientes de las posguerras encontraron refugios filosóficos para almacenar su escepticismo. O incubaron esperanzas en una explosión de nacimientos y dieron a luz muchos cándidos bebés que querían volver a empezar el mundo, o corregir al menos su rumbo. De allí que en la mitad del siglo pasado y durante casi 20 años, una enardecida muchachada llena de confianza en sí misma le diera la vuelta al mundo montada en el rock and roll y en la ruptura con lo establecido. Y después de pedir lo imposible como les dictó su realismo, cayeron de nuevo en bloque las crisis económicas y éticas con las que terminó el siglo 20 y empezó este 21, bien dotado de impensadas herramientas de comunicación pero desprovisto de todo propósito común. El individualismo y la decepción cundieron.

Ahora avanzamos con torpeza, regidos por la oferta y la demanda, vacíos de ideas, conducidos por la informática, experimentando terrorismos nuevos, con una economía raída que, dicen los que saben, la guía la sicología del mercado. Entre tanto se pierden años de vidas humanas del contingente de desencantados que está poniéndose al frente. Un contingente menguado de desencantados muchachos.

*Anomia, es la falta de normas o incapacidad de la estructura social de proveer a ciertos individuos lo necesario para lograr las metas de la sociedad

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Saluda al diablo

Posted by pocho On agosto - 25 - 2011

Por: Óscar Collazos

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

‘Saluda al diablo de mi parte’ responde de manera creativa a temas trillados por el cine colombiano sobre el conflicto armado.

Saluda al diablo de mi parte, la extraordinaria película dirigida por Juan Felipe Orozco, con guion de su hermano, Carlos Esteban Orozco, es una de las producciones de mayor impacto emocional que se hayan visto en el cine colombiano de los últimos años.

No se trata de una película más sobre el conflicto y sus violencias. El espectador es conmovido incesantemente por un espectáculo de violencia que cobra sentido desde el momento en que sabemos que se trata de la historia de un hombre poderoso (Léder) que, postrado en una silla de ruedas, planea vengarse de sus antiguos secuestradores.

Uno de esos secuestradores (Ángel) es un hombre que trata de rehacer su vida, suponemos que después de haberse acogido a alguna fórmula de paz del Gobierno. Ha renunciado a su pasado violento y busca un lugar en la sociedad. Se acaba de separar de su mujer y malvive con su vida de diez o doce años, pero padece hasta la desesperación el estigma del reinsertado y la incomprensión de la sociedad.

El clima de terror de la película se inicia cuando el antiguo secuestrador es raptado con su hija por la organización sicarial o paramilitar del ex secuestrado Léder y su hermana Helena. Para que se sepa que no habrá contemplaciones en el trato que se le dará en adelante, asesinan a su ex esposa y madre de la niña delante de él. Si Ángel quiere salvar la vida de su hija, debe matar, uno a uno, a los antiguos secuestradores del inválido Léder.

Vigilado por sicarios y controlado por un dispositivo electrónico que Léder monitorea desde el templo de odio y venganza que es su casa, Ángel sale a cumplir la orden, contra su voluntad. Debe enfrentarse con sus antiguos compañeros de organización y hacer uso despiadado de las armas que creía haber abandonado.

La película de los hermanos Orozco contiene una reflexión central que sólo es posible entender después de conocer la rencorosa crueldad que domina a Léder. Su alma no encontrará sosiego hasta que acabe con el último de sus secuestradores, “perdonados” por “la sociedad” o el Gobierno pero jamás perdonados por él.

Las fórmulas “pacificadoras” del Estado, nos enseña el filme de Orozco, no cierran los infernales ciclos de la violencia política. El Estado puede y debe procurar esas fórmulas institucionales de paz, pero la fase siguiente y definitiva de perdón y olvido tiene que venir de los individuos.

La venganza es la expresión primaria de una “justicia” que se aplica, paradójicamente, con los instrumentos de la injusticia. Esta falsa justicia no hace más que reproducir nuevos ciclos de destrucción y violencia. El poderoso Léder, consumido por la amargura, no sólo pretende asesinar a sus antiguos verdugos; se destruye a sí mismo. Como en el proverbio chino, al cavar la tumba para su enemigo, el vengativo cava también su propia tumba.

‘Saluda al diablo de mi parte’ no desarrolla un tema trillado, como leí en alguna crítica especializada. Responde de manera creativa a temas efectivamente trillados por el cine colombiano sobre el conflicto armado, que ha tenido, sin embargo, obras admirables en el último año. Un solo título, por ejemplo: ‘Colores de la montaña’, el filme de Carlos César Arbeláez.

De manera excepcional, la violencia exterior que caracteriza las acciones de la película guarda una estrecha relación con la violencia interior de historia y personajes.

Por eso, nada es gratuito en esta realización de los hermanos Orozco, en la que se destacan las actuaciones de Édgar Ramírez, Carolina Gómez, Salvador del Solar y Ricardo Vélez. Y, sin duda, la envolvente música de Jermaine Stegall.

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Deberes

Posted by pocho On agosto - 23 - 2011

Por: Andrés Hurtado García

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Excelente columna. Una lección, para todos los que somos padres de familia. Pocho

Solitario, sí, solitario, he venido desde hace tiempo, por todos los escenarios que se me ofrecen, predicando los deberes de los niños y jóvenes, sin olvidar los derechos. Al contrario de la casi mayoría, que sólo habla de los derechos de los niños y no mientan sus deberes y por eso estamos como estamos.

El tema, lo sé, es poco agradable para el Gobierno, los padres de familia y la sociedad, porque estos tres estamentos no están muy dispuestos, por no decir nada dispuestos, a asumir que los muchachos tienen también deberes.

Estamos viviendo lo de siempre: que nos vamos a los extremos. Como hemos presenciado aquí y en todo el mundo los horrores que se han cometido y se siguen cometiendo con los muchachos, en materia de sexo, de explotación y abandono de todo tipo, entonces nos fuimos del otro lado. Y no se sabe qué es peor. El problema es delicado e hincarle el diente es asunto de mucha seriedad y todos prefieren dejar el asunto en manos de los educadores. Y por allí no es la cosa.

Lo saben los educadores de muchos colegios que todos los días, todos los días, repito, deben presenciar lo que hacen los muchachos, lo que les viene en gana y no hay prácticamente forma de controlarlos. Si quieren, asisten a clase; si les da la gana, insultan a los profesores; hacen lo que quieren, envalentonados con sus derechos.

El pobre educador, el único recurso que tiene es citar al alumno ante una autoridad superior, ya sea el coordinador o el rector, y allí se “concilian” las cosas. El alumno no es tonto, presenta excusas, promete y a la vuelta de dos días vuelve a las andadas. Y seguimos de conciliación en conciliación de parte del alumno y de tolerancia, paciencia, aguante y deje las cosas así de parte de los educadores. Y así está creciendo un porcentaje muy grande de muchachos en el país.

Como los vientos pedagógicos soplan de afuera, de España, de otros países, quiero citar tres ejemplos para que se vea para dónde vamos.

El director de un coro famoso de niños de Londres tuvo problemas porque al cuadrar a los niños para la foto de la carátula tocó en el hombro a una de las niñas para ubicarla mejor. Al salir, la policía lo citó por asuntos de posible pederastia.

Un médico colombiano, amigo mío, visitó a sus dos hijos en Australia. Estaba tomando una foto en un parque de Sidney y el hijo lo atajó diciéndole: Papá, no haga esa foto porque allí hay unos niños jugando y se puede meter en problemas.

Un educador español me contó hace 15 días que al salir de sus clases normales tres educadores fueron esposados por la policía que los esperaba y sin dejarles chistar fueron llevados a la comisaría acusados de pederastia. Allí todo se solucionó; unos alumnos descontentos habían llamado a la policía diciendo que los maestros los habían tocado. En efecto, los habían tocado al salir, poniéndoles la mano en el hombro para despedirlos. (¿Aquí también llegaremos a estas payasadas?)

Hace un mes, en España, leí en la prensa la preocupación del gobierno y de la sociedad por el irrespeto generalizado de los alumnos a sus maestros. Dicen que este año lectivo el asunto será de máximo cuidado. ¿Apenas se da cuenta ahora España de esta verdadera tragedia educativa? No, la sociedad estaba ya cansada del asunto, pero siempre hay otros problemas “más importantes” que la educación de los muchachos. ¿Verdad, Colombia?

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Gasolina

Posted by pocho On agosto - 20 - 2011

Por: Juan Gossaín

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Dicho sea sin disimulos retóricos ni anestesia literaria: Colombia es uno de los 10 países del mundo, y el primero entre todos los de América Latina, donde más cara se paga la gasolina, incluyendo a las naciones que producen combustible, y también a las que deben importarlo.

El primer lugar lo ocupa Holanda, el segundo Noruega y el décimo Colombia. Sería una honrosa compañía si no fuera porque, según las estadísticas más recientes del Banco Mundial, los holandeses tienen un ingreso promedio anual de US$ 52.000 por habitante y el de los noruegos es de US$ 45.000, mientras el de un colombiano apenas llega a US$ 5.000.

Si uno examina con cuidado la lista completa, descubre que la nación que más se acerca a Colombia es Hungría, en el noveno puesto. Los húngaros tienen un ingreso anual de US$ 15.500 por cabeza, más de tres veces superior al nuestro. Estamos pagando por la gasolina un precio de ricos, con un salario de pobres.

Después de conocer esas cifras y de compararlas, la pregunta que empieza a zumbarle a uno en la oreja es apenas natural: ¿qué es lo que ha hecho posible semejante situación?

‘Al perro más flaco…’

El pasado 20 de junio, que era lunes, el ministro de Minas, Carlos Rodado Noriega, estrenó su semana laboral con unas declaraciones públicas que fueron recogidas por la prensa. En ellas decía, con un tono ligeramente airado, que el Gobierno había comenzado a estudiar la necesidad de imponer sanciones a los vendedores minoristas de combustible, las famosas y populares bombas de gasolina, porque estaban haciendo una especulación de feria con los precios de venta al público.

Esa misma tarde me encontré con un amigo que es socio de una estación. Le mostré el periódico del día, en el que aparecía la foto del ministro, sin sonreír, porque el ministro Rodado no sonríe nunca, y menos aún cuando se trata de asuntos tan delicados.

-Te lo dije -le comenté a mi amigo-. Son ustedes los que se quedan con la plata de la gente.

-Tú, que te las das de periodista -replicó-, averigua la verdad, para que veas que al perro más flaco se le pegan las pulgas.

Guardó silencio unos segundos, mientras bebía un sorbo de jugo de patilla. Luego me dijo, con un acento de ironía:

-Pero como tú te la pasas escribiendo sobre tus compadres de San Bernardo del Viento…

Confieso que me sentí desafiado y herido en ese orgullo profesional que los periodistas alimentamos hasta la hora de la muerte. Le hice caso. Me dediqué a investigar el asunto en los dos meses siguientes, con la misma disciplina del muchacho aplicado que prepara sus exámenes finales.

Lo que vale producir

Para empezar por el principio, no sobra recordarles a ustedes que el petróleo en Colombia está bajo control estricto del Estado, a través de Ecopetrol, que procesa la gasolina y luego la vende a los mayoristas, que, a su turno, la revenden a las estaciones de servicio.

Lo malo es que la información oficial está desactualizada. En el 2009, ante una perentoria exigencia del senador Luis Fernando Velasco, el Ministerio de Minas accedió por fin a revelar cuánto le vale a Ecopetrol producir un barril de gasolina. Esos costos incluyen gastos en el hallazgo, la producción, la refinación y el transporte.

El propio Ministerio dijo entonces que cada barril que produce le cuesta a Ecopetrol, en total, US$ 28,25, que, al cambio de hoy, son 50.900,50 pesos, lo que significa un costo de 1.642 pesos por galón.

(Dicho sea entre paréntesis, de un barril de petróleo se obtienen, en promedio, 39 galones de gasolina, según los estándares internacionales, pero en Colombia ese mismo barril solo rinde 31 galones y medio. ¿Por qué? Porque, aunque la empresa no quiera reconocerlo, las dos refinerías que tiene Ecopetrol, una en Cartagena y la otra en Barrancabermeja, se han vuelto obsoletas e ineficientes y eso, obviamente, encarece el producto para el consumidor).

Sigamos en este viaje a bordo de un galón de gasolina. A renglón seguido, después de producir y refinar el galón, Ecopetrol paga 1.700 pesos en gastos adicionales e impuestos a la Nación, a la que también debe transferirle parte de sus utilidades, por tratarse de su principal accionista. Cada galón le cuesta, finalmente, 3.320 pesos, aunque debería costarle 300 pesos menos si sus plantas de procesamiento fueran más eficientes.

La diferencia, sin embargo, no se pierde: se convierte en derivados, como asfalto o cocinol, que también se venden, y Ecopetrol aumenta sus ganancias.

El hipernegocio

De manera, pues, que a Ecopetrol le cuesta 3.320 pesos un galón de gasolina. Pero a las compañías distribuidoras les cobra 5.092 pesos por el mismo galón. Los números suelen ser implacables y, a veces, aterradores: Ecopetrol gana 1.770 pesos por cada galón.

El 51% de utilidad. ¿Hay en Colombia o en el mundo alguna actividad lícita que produzca semejantes rendimientos?

En consecuencia, las compañías de distribución mayorista reciben el galón que les manda Ecopetrol. Como debe agregarle los gastos de operación, el IVA, más el impuesto global (que cambia anualmente), las famosas sobretasas regionales y un misterioso tributo llamado “margen de continuidad de procesos”, el galón le sale costando al mayorista 7.895 pesos en números redondos, precio que sufre variaciones según se trate de ciudades grandes o medianas o de un pueblo.

Después, lo venden a las estaciones públicas en 8.119 pesos, lo cual significa que obtiene una utilidad de 224 pesos sobre la plata que invirtió. Es decir: una utilidad del 3 por ciento para el mayorista.
Me puse a preguntar ¿qué diablos es el extraño “margen de procesos” que tienen que pagar los consumidores de gasolina? Es un impuesto destinado a remunerar a Ecopetrol por las inversiones que hace. Pero Ecopetrol ya es una empresa con accionistas particulares, sigue vendiendo exitosamente más acciones y aspira vender un total de 30% en los próximos años.

-Cuándo se ha visto -comenta el senador Velasco- que los ciudadanos tengan que pagarles un impuesto a inversionistas privados para que desarrollen su negocio.

Me quedo pensativo. Es como si tuviéramos que pagarle impuesto al propietario de una fábrica de camisas para que compre botones.

Por fin, después de tantos desvelos para armar el rompecabezas, nuestro entrañable amigo, el galón de gasolina corriente, llega a la estación donde usted tanquea el carro.

Tomemos como ejemplo una bomba cualquiera, ya que los precios varían según las regiones o las ciudades o las sobretasas.

La sobretasa que usted paga no se la liquidan por el costo inicial del galón, sino por el precio final, es decir, después de haberle agregado impuestos, marcaciones y otras arandelas fiscales. Lo que significa, amigo mío, que, al pagar la sobretasa, el colombiano que compra gasolina es el único ciudadano que paga impuestos sobre los impuestos que ya pagó. (Parece una cantinflada, en conmemoración de los 100 años del nacimiento de Cantinflas.)

Prosigamos nuestro viaje. El dueño de la bomba, que compró el galón de corriente a 8.119 pesos, incurre en gastos adicionales, como el alquiler de la estación -algunas son de propiedad del mayorista-, nómina de empleados, servicios públicos, más impuestos. Finalmente, las normas del Gobierno establecen que el precio máximo al público en este momento, por un galón de gasolina corriente, es de 8.635,54 pesos.

Como no todas las estaciones cobran el precio más alto ni el más bajo, eso traduce, en buen romance, que el de la bomba se gana en promedio alrededor de 430 pesos por galón: una utilidad del 5 por ciento.

Al terminar este largo recorrido, con la cabeza llena de cifras y a punto de marearse, uno se pregunta dónde diablos se quedó la plata que los colombianos pagan por el galón de gasolina. La conclusión, aunque el ministro Rodado siga frunciendo el ceño, es la siguiente:

-Ecopetrol (cuyo máximo accionista es el Estado) se gana 51% en cada galón.

-El Estado (a través de los impuestos) se queda con 27%.

-El distribuidor mayorista (Esso, Texaco, Mobil, Terpel, etc) gana 3%.

-El minorista de la bomba recibe 5%.

-Los transportadores de combustible, 4%.

-El “margen de continuidad” agarra su 1%.

-Para los vendedores de etanol (ya que algunas variedades de gasolina colombiana tienen que mezclarse con etanol), el 8%.

Y el 1% restante es lo que se pierde por efectos de la evaporación. Hagan la suma.

Epílogo

A mi amigo, el que toma jugo de patilla, le mandé ayer este mensaje: “Tenías toda la razón. El perro más gordo es Ecopetrol y por eso no se le pegan las pulgas. Mis compadres de San Bernardo del Viento te mandan saludos”.

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El asesino dentro de mí

Posted by pocho On agosto - 19 - 2011

Por: Juan Carlos González

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

“Probablemente la más escalofriante y creíble historia en primera persona que jamás he encontrado acerca de una mente criminalmente pervertida” Stanley Kubrick

Versátil y prolífico, el director inglés Michael Winterbottom resiste cualquier intento de definición. Sus marcas autorales se borran en medio de una obra fílmica heterogénea, donde hay igual espacio para el drama, el documental, la comedia, la música, el erotismo, la ciencia ficción y la denuncia política (Bosnia, Afganistán, Guantánamo), sin olvidar su gusto por las novelas de Thomas Hardy. Consagrado por los festivales de cine de Berlín y San Sebastián, Winterbottom parece impulsado a reinventarse en cada nueva película, a retarse, a cambiar de piel: un comienzo fresco donde no hay certezas ni ideas preconcebidas. La sorpresa es su sello.

Y tremenda sorpresa nos llevamos sus seguidores al ver El asesino dentro de mí (The Killer Inside Me, 2010), su versión de una novela homónima de Jim Thompson escrita en 1952 y de la que Stanley Kubrick afirmó que era “probablemente la más escalofriante y creíble historia en primera persona que jamás he encontrado acerca de una mente criminalmente pervertida”.

Kubrick conocía bien la valía de Thompson: fue a él a quien le encomendó los diálogos de The Killing (1956) y el guion de Senderos de gloria (Paths of Glory, 1957). Además, otras novelas suyas han dado origen a películas de Sam Peckinpah, Alain Corneau, Stephen Frears y Bertrand Tavernier. Es literatura pulp, popular, barata, violenta, pero tremendamente efectiva.

Con ese material, Winterbottom hace un espeso homenaje al cine negro. Nos lleva a Central City (Texas), un pueblo de los años 50 donde aparentemente no pasa nada. Sin embargo, hay ahí un hombre, Lou Ford (interpretado por Casey Affleck), que tiene un volcán mental cuya inminente erupción nadie ha detectado. Es un psicópata enfundado en piel de oveja, digno heredero de una tradición de mentes enfermas como las que Alfred Hitchcock (al maestro siempre hay que recurrir) nos mostró encarnadas en seres aparentemente intachables, como los protagonistas de La sombra de una duda (1943), Psicosis (1960) y Frenesí (1972).

Cuando el asesino que habita dentro de Lou Ford se manifiesta, una estremecedora violencia misógina y sexual inunda la pantalla, dejándonos con una sensación de profunda incomodidad. Ese es el propósito de Winterbottom, llevarnos al límite de lo que podemos tolerar, mientras nos contagia de su fascinación por los incomprensibles motivos de la sed de un hombre tan inteligente y calculador, como a la vez enfermo y sanguinario. Lo logró, pero no le estamos necesariamente agradecidos por ello.

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Farsa

Posted by pocho On agosto - 19 - 2011

Por: Ricardo Silva Romero

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

No le juego más a la Federación Colombiana de Fútbol, un imperio privado alimentado de tanto en tanto con recursos públicos, ese juego en el que todos ponemos pero ellos son los únicos que ganan.

Yo no vuelvo a esperar ni a sufrir los partidos de Colombia, como otro niño en el borde de la silla, hasta que nuestro fútbol deje de ser la finca de los gamonales de siempre. Sé más que nunca, por cuenta de los últimos sucesos, que este equipo no me representa. Sé que ponerse la camiseta que se ponen tantos, desde el astuto presidente Santos hasta los comentaristas ladinos que viven de vender esperanzas, es lavarle la imagen a un negocio semejante a la trata de personas, absolver a una “familia” que mira de reojo al que pregunte por su relación con las mafias, disfrazarse de ciudadano de un país alegre que aplaza el horror para mañana.

Y no, yo no les juego más el juego de “aquí no pasa nada si hay partido” a los pocos dueños del balón: no le juego más a la Federación Colombiana de Fútbol, un imperio privado alimentado de tanto en tanto con recursos públicos, ese juego en el que todos ponemos, pero ellos son los únicos que ganan.

Si cayera otra vez en el viacrucis de las eliminatorias, si me dejara nublar de nuevo por este amor por el deporte, estaría encogiéndome de hombros frente a un desastre que ha cumplido impune sus tres primeras décadas.

A Colombia la ha empobrecido el dinero en estos años. Y su fútbol ha sido fiel reflejo de una decadencia que no toca fondo. Hemos tenido a la mano las tumbas para comprobar que acá no ha habido Dios ni ley: una fila de dirigentes, jugadores e hinchas asesinados desde 1984. Y tras ser testigos del estallido, en pleno mundial de 1994, de la burbuja triunfalista de aquella selección patrocinada por todos, se nos acaba de ir una generación en la costumbre de seguir en vivo y en directo los fracasos de un equipo mediocre hecho de buenos futbolistas. Y sin embargo nos ha quedado grande pasar la página: la Federación, como el país, sigue en manos de los mismos tipos frenteros que pocas veces dicen la verdad.

Chile logró democratizar su fútbol, convertir sus clubes en sociedades anónimas y, de la mano de un técnico extranjero que no sirvió a los negocios de nadie, armar una selección que dio la batalla en el mundial de Sudáfrica. Colombia, en cambio, atrapada en su delirio por siempre y para siempre, no ha tenido un gobierno que ponga las cosas en su sitio: a pesar de los esfuerzos de la asociación de futbolistas que dirige el valiente Carlos González Puche, y de la ley que Santos promulgó el pasado 14 de mayo en otro de sus intentos inciertos de sacarnos del Medioevo, parecemos condenados a un torneo nacional con espíritu de lucha de clanes, a unos jugadores resignados a su suerte y a unos dirigentes turbios que temen que la profesionalización del fútbol les arruine el negocio familiar.

Colombia no va a estar en el próximo mundial: su selección no es seria, ni como equipo ni como empresa. Sus dirigentes celebrarán cuando la Fifa, una multinacional tan escalofriante como el Vaticano, les dé las gracias por el éxito del torneo Sub-20.

Las investigaciones a ciertos equipos de la liga se quedarán en veremos “para no afectar la imagen del deporte nacional”. Las peligrosas pataletas del director técnico -que sólo da resultados en las páginas judiciales- pronto serán olvidadas. La nefasta Federación que engendró al entrenador seguirá pidiéndonos unión alrededor del grupo, con sus ínfulas de país real, pero exigiéndonos que no nos metamos en sus negocios. Sabe bien que, antes de que la sociedad entera le saque la tarjeta roja, volverán a los televisores los partidos de las eliminatorias. Y que entonces todos, desde el Gobierno hasta la prensa, se subirán de nuevo al tren de esa victoria que nunca va a llegar.

En fin. Que cada quien haga lo que mejor le parezca: que así sea. Pero yo no sigo haciendo parte de esta farsa.

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Mitos

Posted by pocho On agosto - 15 - 2011

Por: José Fernando Isaza *

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

En su libro las raíces triviales de lo fundamental, el físico Jorge Wagensberg calculó que han existido unas 100.000 religiones desde el origen de la humanidad

Unas pocas son monoteístas, por lo cual el número de dioses que han acompañado al hombre bien puede acercarse al medio millón. Muchas religiones desaparecieron o, en términos más precisos, dejaron de tener seguidores; su rastro permanece con el legado de mitos, o a través de construcciones colosales para honrar a sus dioses y a sus muertos en magníficas esculturas de los habitantes del Olimpo. El aporte cultural de civilizaciones como la egipcia, la griega, la romana, no tendría tanta significación si se excluyera el componente religioso.

A pesar de la destrucción de los lugares sagrados y la persecución a las tradiciones religiosas de los habitantes de América a manos de la conquista española, quedan relatos de la creación que permiten conocer su rica cosmogonía.

Pocos dioses han aparecido en los últimos siglos. Si bien han proliferado nuevas religiones, muchas de éstas se derivan de las iglesias protestantes. Los profetas de alcance supranacional brillan por su ausencia. Una excepción puede ser Joseph Smith, que cuando tenía 14 años en 1820, Jesucristo y el Dios padre se le aparecieron indicándole que creara una nueva religión. Posteriormente le indicaron el sitio donde, en planchas de oro, estaba escrito el nuevo evangelio. La iglesia que fundó se llama La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, popularmente conocida como los Mormones: la nueva Jerusalén está en Salt Lake City.

Entre los pocos mitos de Occidente creados en los últimos 400 años pueden señalarse La manzana de Newton, y el doctor Fausto.

El conocimiento por revelación o inspiración está asociado a un árbol: Adán y Eva buscan la sabiduría comiendo la manzana, el fruto prohibido. La iluminación de Buda tiene lugar bajo un árbol. Las más significativas hipótesis científicas, la fuerza gravitatoria y la que postula que las leyes naturales que rigen en la tierra son las mismas que rigen el cosmos, tienen también que ser inspiradas o descubiertas bajo un árbol.

Qué mejor que sea un árbol de manzana, para así recordar el castigo a Adán y Eva por su deseo de conocer. El mito de la manzana de Newton fue creado por Voltaire: Newton ve caer el fruto del árbol, bajo el cual dormía la siesta, y deduce que la causa que atrae la manzana a la tierra es la misma que mantiene la Luna en su órbita. La realidad es menos poética: Newton conoce el valor de la aceleración de la gravedad, porque su profunda intuición le hace ver que la Luna se desvía de la trayectoria rectilínea por la atracción de la Tierra, ya que conoce la distancia Tierra-Luna y el período del satélite en su órbita alrededor de la Tierra. Con estos datos, con un cálculo simple, muestra que la atracción Tierra-manzana, Tierra-Luna se ajusta a la ley inversa de los cuadrados de la distancia.

Otro mito en Occidente es el doctor Fausto. Hay antecedentes en 1480 de un hombre que iba acompañado por dos perros que eran demonios. El personaje fue inmortalizado por Goethe en 1808. Fausto es un hombre con sed de saber y de amor.

Necesita tiempo para asimilar el conocimiento albergado en su biblioteca, la juventud se le va y con ella el tiempo y la facilidad de aprender. Los dioses no le permiten satisfacer su anhelo. Mefistófeles sí, el precio es su alma. Es otro personaje que debe ser castigado por su ambición de sabiduría.

* Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano.

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Jovenes 2.0

Posted by pocho On agosto - 15 - 2011

Por: Albert Sáez

Fuente: El Periódico – Barcelona, España

¿Qué tienen en común los jóvenes que se manifiestan en la plaza Tahrir, en la Puerta del Sol, delante del Parlamento griego y en el barrio de Tottenham de Londres? La desesperanza. ¿Qué tienen de diferente? La causas del desaliento. Vivimos tiempos convulsos en esta isla de democracia y bienestar económico que hemos llamado Occidente. Europa y Estados Unidos vivimos meses de desasosiego, cuando no de profunda depresión.

El sueño occidental se tambalea porque buena parte de la riqueza que creíamos tener se ha convertido en bonos basura emitidos contra una burbuja inmobiliaria que no hemos hecho explotar. Y, entre tanto despropósito, nuestros jóvenes nos han dicho que no están dispuestos a asumir nuestras renuncias: bienestar a cambio de lucro descontrolado. Los jóvenes españoles del 15-M, los griegos que se manifiestan y los franceses y alemanes que callan, se sienten en un mundo sin futuro, a la par que olvidan las auténticas raíces del bienestar que gozan.

La crisis, de una parte, y las tecnologías, de otra, son detonantes de estas revueltas teñidas de nihilismo. Cuando el Estado de Bienestar anuncia recortes es fácil pensar que la ecuación entre crecimiento económico y reparto de la riqueza se ha roto. Cuando el descontento puede prescindir de los medios masivos de comunicación para organizar la movilización es fácil pensar que estamos en una nueva era de la información. Pero los árboles no nos pueden hacer perder de vista el bosque. La actual crisis de Occidente tiene un componente esencialmente moral y, por lo tanto, político. Es una crisis ligada a los valores de lo que consideramos imprescindible, deseable o inevitable. Es una rebelión contra el presunto fin de la historia proclamado por Fukuyama. La historia no ha terminado para los que intuyen que vivirán peor que sus padres, que el aumento de la riqueza no se traducirá en mayor bienestar o que la globalización no acabará con la pobreza en el mundo. Esta es una revuelta contra muchas cosas pero que no presenta ninguna alternativa organizada. Eso la hace tan auténtica como puede que ineficaz.

Empieza por una amalgama formada por la escasez de trabajo, la reducción del presupuesto público, la presión para que bajen los salarios y la falta de un discurso político que prometa poner fin a este desaguisado. No hay plataforma reivindicativa alguna. ¿Serán capaces de traducir los jóvenes del 15-M su indignación en respuesta política en las elecciones del 20-N? ¿Serán capaces los políticos de reescribir su propio relato para asegurar que las propuestas de los ciudadanos se traduzcan en el Parlamento? Este es el dilema. El resto es espuma del tiempo.

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