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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Archive for julio, 2011

Diario de un cocinero

Posted by pocho On julio - 31 - 2011

Por: Gastón Acurio

Fuente: El Malpensante – Bogotá, Colombia

Conozca la receta de Gastón Acurio para conquistar el mundo con la comida peruana.

8:30 a.m. Hay que decir la verdad: los mercados son los verdaderos culpables de la reputación de un chef. Ni el mejor cocinero del mundo podría lograr el sabor fresco del mar con un pescado que tiene días en el congelador. Tampoco podría resucitar viejos tomates y soñar que, con una varita mágica de la sazón, los hará rejuvenecer. Siempre he pensado que un gran cocinero es aquel que hace que las cosas tengan el sabor de lo que son. Por eso busco la perfección de los ingredientes en el mercado del distrito de Surquillo, para mí el mejor en esta ciudad glotona que es Lima. Es temprano, y mi mercado favorito aún bosteza, techado bajo la neblina, con sus montañas de vegetales y frutas frescas que invaden los pasillos con su aroma dulzón. Rita Paucarcaja vende pescado y conchas, y es un símbolo sexual entre los verduleros. Cuando me ve, grita: “Tenemos conchas frescas”. Nicolás Rodríguez, un tipo de gafas gruesas y voz baja, acomoda en su puesto las pieles de serpiente y todas esas rarezas que vende, por las que en otro país hace tiempo estaría preso. A unos metros de él veo a Marielena Puchuri, una frutera muy dulce que aún no sabe que sus mangos son los mejores del planeta. ¡No! Ahí está otra vez ese tipo que es un negociante que actúa de cocinero. Regatea lo único que realmente le interesa: el precio. No importa si los ajíes y berenjenas de la señora M, una verdulera madura, provienen de un cultivo orgánico de vanguardia. Él sólo quiere ganar el suficiente dinero para comprarse una casa de playa a fin de año y, para lograrlo, los comensales distraídos son sus mejores víctimas. Pobre hombre, en un año estará acabado: no sabe que los estómagos peruanos no perdonan.

9:30 a.m. Los catorce cocineros y diez mozos que trabajan conmigo, aquí en mi restaurante, llegarán a las once. Ahora el silencio invade los salones de techos altos, y los olores duermen lejos de las ollas. Es la hora ideal para sentarme a escribir la nueva carta de los platos de verano. El Perú es un país despensa. Todo el año uno puede conseguir ochenta tipos de vegetales y sesenta tipos de frutas. Cerca de un centenar de microclimas en todo el país promete que nunca faltará ninguna variedad de nada. En España sólo se pueden comer espárragos seis meses al año, y en Chile la albahaca sólo se consigue durante tres. Los cocineros de climas mediterráneos están obligados a reinventar las cartas de los restaurantes en cada cambio de estación. Pero aquí ese ejercicio sólo lo hacemos por el pánico a pasar de moda en un mercado miniatura, despiadado, conocedor y tragón. No es novedad decir que en Lima hay decenas de buenos restaurantes y más de cien buenos cocineros. Esa fama ha llegado a oídos del mundo y hasta la revista The Economist admitió que Lima prometía ser la nueva meca del sabor en América Latina.

11:00 a.m. Huele a cebollas fritas. Eduardo Paz es cocinero y cree con firmeza que nació casi en el mar. Es hijo de pescadores, y quizá sea el más talentoso de los que trabajan en mi restaurante. Entra a mi oficina, separada de la cocina sólo por una pared, y me interrumpe: “Jefe, disculpe que no haya venido ayer. Es que a mi esposa alguien le ha hecho brujería. La llevé donde un curandero y se me hizo tarde. Pero ya está sana. No volverá a pasar”. La mayoría de los jefes de mi cocina llegaron como él: sin estudios, sin oficio, sin futuro. Empezaron como lavaplatos y, con puro talento, en menos de dos años ya eran chefs extraordinarios. Lima es la ciudad con más escuelas de cocina en el mundo, pero todas cuestan mucho dinero. La ironía es que hay más de treinta facultades de Derecho gratuitas, y que ni siquiera tenemos una justicia sabrosa. Eduardo Paz aún no es jefe (quién sabe si lo sería de haber podido estudiar). Lo que sí es seguro es que cualquier aprendiz que llega a mi restaurante sabe que pronto lo matricularemos en una clase. Pero no de cocina: aquí todos los mozos han tomado cursos de teatro. Un día, uno me dijo que le gustaba el francés, y lo mandamos a una academia. Siempre hay un mozo torpe, y a ése lo inscribimos en ballet. Somos una familia estudiosa.

12:30 p.m. Un aroma a cilantro invade mi oficina. Hoy es sábado, y a todo el escuadrón de cocineros nos toca almorzar arroz con pollo. Los lunes, patita de cerdo con maní. Los miércoles, adobo. Los viernes, plato sorpresa. Tengo un ritual: siempre pruebo primero. No lo hago por jerarquía ni poder, sino porque debo estar seguro de que el plato estará sabroso y contundente. No es un acto de generosidad. Lo hago por miedo a que mi propia gente me tilde de miserable, tacaño y explotador. En fin: lo hago para que me quieran un poco más.

2:00 p.m Estrés en la cocina. Todos quieren opinar sobre los platos de un chef, todos tienen algo que decir. De los cuadros de un pintor muy pocos dicen algo. Pero todos comen. Y a esta hora reclaman maravillas en tiempo récord. Empresarios, políticos y comerciantes nos exigen la misma eficacia bancaria de sus oficinas, pero sazonada con chorros de imaginación y placer. No importa que para un buen cebiche haya que filetear el lenguado al momento, ni que en un sudado de pescado la pausa sea esencial. Ellos quieren felicidad, y ¡ahora mismo! Rápido. Tengo mi propio catálogo mental de los comensales que pasan por aquí. Nunca falta el erudito, aquel que dice saber más que cualquiera. El afrancesado, que lee la carta y la traduce en voz alta a su idioma favorito. El esmerado, que no tiene tanto dinero, pero viene una vez al año para darse un gusto. El generoso, que puede no tener una billetera gruesa, pero que compra felicidad sin hacerse líos. Y su antónimo, el avaro, que nunca pide aperitivos ni postre. El mejor de todos es el edípico: “Tu sazón está buena, pero tienes que probar la de mi mamá”. Todos éstos deben estar sentados allá afuera, esperando que la felicidad ingrese por sus bocas.

3:00 p.m El maître irrumpe en la cocina. “Jefe, dice el doctor Zavala si usted va a preparar su tiradito de pescado. Dice que quiere verlo”. De éstos tampoco faltan. Esa clase de clientes que quieren que el payaso principal salte al escenario para entretenerlos. En su versión mejor destilada, lo admito: son de lo más tiernos. Una tarde me llamó uno que planeaba su matrimonio: “Gastón, ayúdame, por favor. Quiero impresionarla”. Me pidió que, esa noche, me acercara a la mesa a saludar a su prometida, y además que le permitiera sorprenderla con mariachis. Sí: aquí, en mi restaurante. Eso jamás se le había pasado por la cabeza ni al más avezado de mis clientes. Al final, acepté que los mariachis tocaran sólo una pieza. Pensaba en el resto de comensales: pobres de ellos. Adornamos la mesa del cliente enamorado con flores, le servimos el anillo como postre y, cuando pensábamos celebrar, la historia de amor no tuvo final feliz: ella no aceptó. Aquella noche fue pura tristeza.

5:00 p.m. Voy a grabar mi programa, Aventura culinaria. La idea es recorrer esquinas, mercados y huariques —que es como llaman aquí a los restaurantes escondidos y sin lujos, y que son una delicia para el paladar— para descubrir a cocineros anónimos, esos auténticos héroes de la comida peruana que defienden con pasión la virtud de sus ollas. Hoy toca visitar el Queirolo, una antigua taberna estilo italiano en la que se preparan los más sabrosos sándwiches con lonjas de jamón. En el Queirolo la tarde pasa suave, embriagada, deliciosa. Se me acerca un parroquiano con cara de autoridad. “Oiga, señor Acurio, usted sí que es vivo. Se pasea por la ciudad y, con ese cuento de la tele, le roba las recetas a la gente humilde, y luego las vende al doble en su restaurante”. Pienso: ¿qué sería de mí encerrado en esa burbuja del barrio de Miraflores que es mi restaurante? La inspiración culinaria está en la plaza, en la taberna, en el callejón, en las imágenes del mundo que te encienden la lengua. “No es cierto, señor. Yo las vendo al triple. No me robo nada. Con el cuento de la tele a mí me las regalan”, le digo. Por culpa de unas horas en la pantalla estoy condenado a sonreír a tiempo completo y a inventar explicaciones divertidas. Cansa más que cocinar, pero no me aburre.

8:00 p.m. En la puerta de mi restaurante me recibe Alfonso, el portero, y otra vez lo veo triste. Se queja de que los clientes ya no son los mismos. Antes dejaban buenas propinas. A veces hasta cincuenta dólares. Ahora hay más autos que antes, pero en una buena noche, Alfonso sólo podrá juntar diez dólares. Está triste porque sabe que los clientes generosos no volverán: esos secuaces de Fujimori están en la cárcel. Esos que sabíamos que vendían armas andarán escondidos en algún pueblo de Europa. Los famosos de la televisión ya no tienen nada. Felizmente, Alfonso, le digo. Felizmente nunca más volverán.

10:00 p.m. Esta noche el trabajo es un placer. Las comensales que hicieron sus reservas llegaron a tiempo. No como ayer, que alguien olvidó la reservación de la señora Alcántara, y luego de mandarme a la mierda delante de todos, juró nunca más regresar. La cocina es un reloj suizo. La gente viene, se sienta, pero nadie sospecha que cada plato lo hacemos entre ocho personas. Somos cuatro equipos en la cocina. Los que preparan las guarniciones, los de las carnes, los de las entradas frías y los que hacen las salsas. El jefe de cocina grita las órdenes y cada equipo hace su parte. Varios platos se preparan al mismo tiempo. Entonces alguien da una señal, y un encargado por cada equipo corre a la mesa central, donde el plato inmóvil espera ser ensamblado por un tropel de manos limpias. Hoy los platos están saliendo a buen ritmo, y el equipo se mueve entre ollas y sartenes como danzantes de un ballet chino. Los cocineros se burlan de mí, me hacen bromas. De verdad siento que me quieren. Antes, mis gritos hacían retumbar las paredes. Era un histérico, insensible, paranoico. Lo heredé de mis maestros en Francia. Pésimo. Por la mañana les exigía ser grandes personas y les decía que sólo así podrían dejar lo mejor de cada uno en un plato. Pero en la noche yo mismo me convertía en un energúmeno. Al final terminé en la clínica. A partir de entonces, todo cambió. Ahora reina la paz en mi cocina.

12:00 a.m. Casi todos se han ido. Hans Hilburg, el barman que parece un futbolista alemán retirado, me sirve un whisky con hielo y agua mineral. Ha sido un buen día. Todos salieron contentos. No hubo líos como otras veces. Una noche, una elegante señora de unos cincuenta años pidió media docena de platos. Bebió mucho y comió postre. Al final, cuando el mozo le llevó la cuenta, ella le dijo, con una frialdad de forense, que no tenía dinero y que no pensaba pagar. Y así fue. Una tarde ocurrió que al final de un almuerzo entre dos ejecutivos, el que pagó la cuenta dejó un cheque sin fondos. Decidimos perdonarlo. Pero al tiempo volvió. Imitando su mismo descaro me acerqué a la mesa en la que cenaba y le dije en voz baja: “Por si acaso, ya no aceptamos cheques”. Puso cara de pánico, aunque luego aceptó que esa vez sí traía efectivo. Admito que me gustaría no tener que cobrar por cocinarle a la gente. Adoro hacerlo. Pero odio cuando alguien intenta huir corriendo. Prefiero decir: cortesía de la casa.

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Pepito grillo

Posted by pocho On julio - 30 - 2011

Por: Catalina Ruiz-Navarro

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Caricaturas: Matador

La prueba a la que se enfrenta Pinocchio para convertirse en un humano es saber diferenciar entre lo bueno y lo malo y escoger lo bueno, solo entonces será un niño de verdad.

Nombre caricatura: Procurador en contra de las bodas gay

La conciencia y el buen uso de la misma es la que convierte al muñeco en persona, es la prueba de la Mayoría de Edad. Para el cuento, el ejercicio de la conciencia es la operación humana por excelencia, es la facultad para decidir acciones y hacerse responsable de las consecuencias de acuerdo con las concepciones propias del bien y del mal.

Esta semana se acaba de pasar un proyecto de ley para reglamentar la objeción de conciencia.  No es la primera vez, en agosto de 2010 el procurador, Alejandro Ordóñez dijo que se requiere dotar a la sociedad de instrumentos protectores de la objeción de la conciencia de las personas que consideran que el aborto es un delito “que no solo afecta la vida del ser más indefenso de la humanidad que es el feto, sino que agravia la conciencia de los colombianos”. También habló de objeción de conciencia en diciembre, a propósito de la cátedra sobre derechos sexuales y reproductivos en los colegios (que incluía hablar del aborto de una manera objetiva y seria, con pros y contras y sin efectismos sensibleros), y ahora, tras el fallo de la Corte Constitucional sobre el Matrimonio Igualitario, habla de objeción de conciencia para los notarios que se escandalicen con la idea del sexo homosexual y de ampararlo con un contrato.

Hay que señalar que la objeción de conciencia se entiende en el caso de médicos que consideren que realizar un aborto es contrario a sus creencias, pero nada tienen que hacer los notarios más allá de llegar a dar fe de que un contrato matrimonial entre homosexuales fue celebrado ante ellos, y al respecto del cual nadie les ha pedido que opinen.

Pero consideremos por un momento que “el legislativo expide normas claras y contundentes que les permiten a los ciudadanos apartarse del cumplimiento de algunos deberes y la ejecución de actos siempre que estos vayan en contradicción con sus convicciones religiosas y morales”. Dichas normas no deberían aplicar solo a quienes comparten las creencias del procurador. Por ejemplo, si yo quisiese abortar, debería poder exigir este derecho amparada en mi conciencia, que no me permite traer un hijo indeseado al mundo, y los jóvenes bachilleres podrían negarse a prestar el servicio militar aduciendo que manejar armas de fuego está en contra de sus convicciones religiosas,

Nombre caricatura: Procurador cortante con el matrimonio gay

No se puede defender la objeción de conciencia y no defender las libertades individuales. Ambos conceptos se caracterizan por pertenecer a un ámbito del ser humano tan íntimo (íntimo como un útero, por cierto) que las leyes no lo pueden tocarlo, ambas se tratan de creer que las personas pueden dirimir entre lo bueno y lo malo y a veces hasta escoger lo correcto. Tal vez el procurador no cuenta con que lo que le dice su conciencia es muy distinto a lo que me dice la mía.  Mi conciencia me dice, por ejemplo, que prohibir el aborto en Colombia está mal y que arruinarle la vida a una mujer, un individuo, para darle preferencia a la vida supuesta, de un individuo por ocurrir, es un crimen, mi conciencia me dice que donde hay amor hay una familia.  Mi conciencia también me dice que no darle a los colombianos el espacio para tomar sus propias decisiones, buenas o malas, es una violación a sus derechos y a su autonomía como personas.

Yo me pregunto entonces, si este proyecto de ley resguardará tan bien a mi conciencia como a  la de los médicos y notarios, si protegerá todas las conciencias por igual o solo algunas -¿las elegidas por Dios?- so pena de que al procurador se le empiece a crecer la nariz.

Nombre de la caricatura: ¿Los dejaran salir del closet?

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Pan y circo

Posted by pocho On julio - 29 - 2011

Por: Laura Gil

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

La lucha contra la impunidad no es un partido de fútbol ni puede tampoco convertirse en una expresión de venganza.

Cuando el magistrado Fierro anunció la medida de aseguramiento para Andrés Felipe Arias, la sala estalló en aplausos. Esa expresión de júbilo dijo tanto del ex ministro como de nosotros mismos.

Creo que dos razones fundamentales permiten explicar el festejo. En primer lugar, equivocada o no, permanece en Colombia la percepción de que “la justicia es para los de ruana” y los subordinados pagan por sus jefes. El “carcelazo” de Arias mostró que, afortunadamente, a la justicia no le tiembla la mano para actuar cuando se trata de altos funcionarios. Además, de todas las personas que rodean al ex presidente Uribe, Arias es el aliado más soberbio y más polarizante y, por ello, se ganó la antipatía de una parte del país.

Aun así, la audiencia del miércoles dio más para la reflexión solemne que para la celebración exagerada y no solo porque la detención de Arias fue, al fin y cabo, únicamente de carácter preventivo.

El caso de Arias se erige como símbolo de dos tragedias. Se destaca el drama personal de un profesional competente, que tiró por la borda una carrera promisoria. Como Arias, muchos jóvenes al lado de Álvaro Uribe se creyeron por encima de las reglas del Estado y hoy ellos y sus familias están sometidos al escarnio público. Por otro lado, para el país, Agro Ingreso Seguro representó la incapacidad de ese mismo Estado y de una sociedad enceguecida para prevenir, detener y sancionar a tiempo irregularidades y, casi con toda seguridad, conductas punibles.

Ante esta cortina de fondo, me sorprendió el tono utilizado en las expresiones de alegría registradas en los medios de comunicación y en las redes sociales. No parecían mostrar solo la satisfacción por un avance de la justicia, sino también el regocijo por el mal momento de Arias.

Siempre me produjeron malestar las demostraciones de alborozo ante la miseria ajena, incluso la de los delincuentes, y, por supuesto, mucho más ante la de aquellos no condenados todavía. La lucha contra la impunidad no es un partido de fútbol ni puede tampoco convertirse en una expresión de venganza.

Recuerdo que, cuando Miguel Rodríguez Orejuela fue capturado en 1995, el entonces ministro de Defensa, Fernando Botero, fue recibido con manifestaciones carnavalescas, incluyendo papel picado. En mi opinión, nada que tenga que ver con el narcotráfico da para vuvuzelas. Momentos antes de que él y su hermano Gilberto fueran extraditados, los canales de televisión nos mostraron hasta sus pechos descubiertos durante el examen médico, una exhibición inapropiada al mejor estilo Abimael Guzmán.

Lo mismo pensé cuando fue dado de baja ‘Raúl Reyes’ y, en algunas ciudades, la gente se volcó a los gritos a la calle. ¿La circulación de las imágenes de ese cuerpo baleado en calzoncillos no nos deshonró como sociedad? Me pregunto si el presidente Obama decidió no publicar las fotos del cadáver de Osama Bin Laden, no solo para evitar reacciones extremas del mundo musulmán, sino también como señal de respeto hacia sus propios gobernados.

Por supuesto, recibí con agrado el juicio de Arias, la detención de los Rodríguez Orejuela y la baja de ‘Raúl Reyes’. Pero, detrás de cada delincuente de cuello blanco en un tribunal, detrás de cada extradición de un narcotraficante, detrás de cada guerrillero abatido, hay algo de nuestra propia desgracia que no amerita liviandades ruidosas.

Temo que las ganas de vitorear en los juicios públicos, el morbo de ver los cuerpos destrozados de los guerrilleros y el goce de presenciar en detalle la caída de los poderosos contribuyan a que nuestros niños se críen con ansia de sangre y odio en las entrañas. Tiemblo al pensar que corremos el riesgo de convertirnos en esos romanos que solo pedían pan y circo.

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Choque de clases

Posted by pocho On julio - 29 - 2011

Por: Moisés Naím

Fuente: El País – Madrid, España

La principal fuente de los conflictos venideros no serán los choques entre civilizaciones sino las expectativas frustradas de las clases medias, que declinan en países ricos y crecen en los pobres.

La teoría del “choque de civilizaciones”, popularizada por Samuel Huntington, mantiene que, agotado el enfrentamiento ideológico entre comunismo y capitalismo, los principales conflictos internacionales surgirán entre países con diferentes identidades culturales y religiosas. “El choque de civilizaciones dominará la política global. Las fallas tectónicas que dividen las civilizaciones definirán los frentes de batalla del futuro”, escribió en 1993. Para muchos, los ataques de Al Qaeda y las guerras en Afganistán e Irak lo confirmaron. Pero los conflictos se han dado más dentro de las civilizaciones que entre ellas. En mi opinión, una fuente más importante de conflictos que los choques entre culturas o religiones serán los cambios en los ingresos de las clases medias en los países ricos -donde están declinando- y en los países pobres -donde aumentan-. El aumento y la disminución de ingresos generan expectativas frustradas que alimentan la inestabilidad social y política.

Los países pobres de rápido crecimiento económico tienen hoy la clase media más numerosa de su historia: Brasil y Botsuana, China, Chile, India e Indonesia, entre otros. Estas nuevas clases medias no son tan prósperas como las de los países desarrollados, pero sus integrantes gozan de un nivel de vida sin precedentes. Mientras tanto, en España, Francia o EE. UU. la situación de la clase media empeora. En un millón y medio de familias españolas, los miembros en edad laboral están desempleados. Solo el 8 por ciento de los franceses opina que sus hijos tendrán una vida mejor que ellos. En el 2007, el 43 por ciento de los estadounidenses aseguraba que su sueldo solo les alcanzaba para llegar a fin de mes. Hoy, el 61 por ciento dice estar en esta situación.

Las aspiraciones insatisfechas de la clase media china o brasileña son tan políticamente incandescentes como la nueva inseguridad económica de la clase media que está dejando de serlo en España o Italia.

Algunos políticos en los países avanzados aprovecharán este descontento para culpar del deterioro económico al auge de otras naciones. No es cierto. Rigurosas investigaciones revelan que la pérdida de empleos o la disminución de salarios en países desarrollados no se deben al rápido crecimiento de los países emergentes, sino al cambio tecnológico, a una productividad anémica, a la política de impuestos y a otros factores domésticos.

En los países pobres, la nueva clase media que ha mejorado su consumo de comida, ropa, medicinas y viviendas rápidamente exigirá más y mejores escuelas, agua, hospitales, transportes y servicios públicos. Chile es uno de los países económicamente más exitosos y políticamente más estables del mundo, y su clase media ha crecido sistemáticamente. No obstante, las protestas callejeras por la mejora de la educación pública son recurrentes. Los chilenos no quieren más escuelas, quieren mejores escuelas. En China se dan miles de manifestaciones para reclamar más o mejores servicios públicos. En Túnez, la frustración de la gente derribó al régimen de Ben Ali, a pesar de que es el país con el mejor desempeño económico del norte de África. No existe gobierno que pueda satisfacer las nuevas exigencias de una clase media en auge a la misma velocidad con que se producen. Ni gobierno que pueda sobrevivir a la furia de una clase media próspera que ve cómo cada día su situación desmejora.

La inestabilidad política causada por estas frustraciones ya es visible en muchos países. Sus consecuencias internacionales aún no son tan obvias. Pero lo serán.

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Andrés Felipe Arias

Posted by pocho On julio - 28 - 2011

Por: Fernando Londoño, Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Por: Tatiana Acevedo, Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Por: Óscar Collazos, Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Caricaturas: Matador - PapetoBetto

Un hecho y una situación que marcará la historia de Colombia. Registro tres (3) posiciones, alrededor de este capitulo que vive hoy nuestro país. Todas las argumentaciones merecen el más alto respeto. Lean, compilen y saquen sus propias conclusiones. La historia será implacable, al momento de entregar su veredicto. Pocho

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“Mientras tanto, surge una lección clara: los ministros llegan al Gobierno a gastar capital político, no a ganarlo. Enderezar el país implica tomar decisiones impopulares y afectar amañados intereses. Pero para poder gastar, se requiere de peso, de criterio, de trayectoria. Y además, de la experiencia y la edad para no obnubilarse con el poder, pues el poder en esta democracia —vaya si quedó claro en el último año— se rota” El Espectador

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Agro Ingreso Seguro

Por: Fernando Londoño Hoyos

Un programa brillante, exitoso, redentor. Especialmente para los que más difícilmente llevan el pan a su mesa.

Agro Ingreso Seguro fue uno de los programas más fecundos y exitosos del Ministerio de Agricultura de la era Uribe. Lo idearon y lo ejecutaron esos jóvenes ejecutivos que están pagando con la cárcel el precio de su dedicación, de su entrega, y también de su éxito. Gracias a ese proyecto, se beneficiaron 316.000 familias campesinas, casi todas pobres, en 1’130.000 hectáreas. Se repartieron créditos blandos, subsidiados, a 85.000 familias, por valor de un billón quinientos mil millones de pesos. Y se fortaleció la capitalización rural con dos billones de pesos distribuidos entre 123 mil familias. En el tema específico del riego, la piedra de escándalo, se subsidiaron proyectos en 110.000 hectáreas, en el 99 por ciento a familias pobres.

Esas cifras se insertan en las que nos parecen definitivas para juzgar una tarea. Los ministros Andrés Felipe Arias y Andrés Fernández consiguieron ampliar la frontera agrícola del país en un millón de hectáreas, que produjeron cinco millones de toneladas de alimentos. Por eso, usted y nosotros hemos visto que por primera vez en décadas caen o se mantienen casi inamovibles los precios de los alimentos durante tres años consecutivos. Bienestar en el campo, comida barata y abundante en las ciudades. No se dirá que ha sido la empresa parca en resultados.

Sabemos que se impacienta. Y que quiere hablar de la corrupción que permitió a las 4 o 5 familias ricas disfrutar de los subsidios reservados para los pobres. Le diremos, para empezar, que, de buen o mal grado, esas personas reintegraron el dinero recibido, pero que además cumplieron la obligación de ejecutar los proyectos de riego que siguen ahí, generando empleos en el campo y comida para las ciudades. En plata blanca, ganancia neta para el Estado. No está mal para una operación maldita. ¿No le parece? Y que esos subsidios no valían el cuatro por ciento del total, que en lo demás fue directo a salvar la economía de las 33 mil familias que arriba mencionamos. Las que forman parte de esa legión de 316.000 favorecidas dentro del proyecto total de Agro Ingreso Seguro.

Si Arias y su equipo no hubieran tenido esta iniciativa, nada les hubiera pasado. Estarían en sus casas, en sus oficinas, en sus bien remunerados empleos, como lo merecen técnicos y juristas de altas especializaciones y probadas ejecutorias. Nada les pasó a todos sus antecesores y nada le va a pasar al actual ministro por lo que deje de hacer. Los campesinos seguirían más pobres, el éxodo hacia las ciudades habría sido más abundante y la comida nos estaría costando más cara. Y, de paso, también, las Farc y las bacrim habrían disfrutado de clientela mayor para el reclutamiento. Nadie lo notaría hoy. Y menos le imputaría esos trágicos resultados a lo que nadie hizo por impedirlos. Así fue siempre. ¿Qué importaría que así fuera también esta vez?

Faltó una licitación, que a juicio del Procurador debió hacerse. Esa omisión se habría cumplido para favorecer al Iica, órgano técnico de la OEA. Inocente e insospechable destino del dinero, que en lugar de pagarse a un licitante privado, se le entregó a un organismo internacional del que somos parte. Y los que fraccionaron las tierras para regar mayor área se lo explicarán a los jueces. Pero lo esencial es lo que se oculta: que Agro Ingreso Seguro fue un programa brillante, exitoso, redentor para centenares de miles de familias campesinas y para millones de colombianos. Especialmente, para los que más difícilmente llevan el pan a su mesa.

Nadie volverá a cometer esas equivocaciones. Y a intentar esa lucha por nuestros hombres del campo. Y a tomar riesgos para servirle a la República. Agro Ingreso Seguro no tendrá copia. En Colombia, lo mejor es callar y dejar pasar. Por hacer eso no meten a la cárcel a nadie.

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El corrupto y su cráneo

Por: Tatiana Acevedo

Si tomamos una muestra de los funcionarios y empresarios implicados en recientes casos de corrupción a gran escala y esculcamos sus hojas de vida, advertiremos uno que otro detalle.

En general, no provienen de las mismas ciudades ni coinciden en sus filiaciones políticas, posturas ideológicas, acentos o gustos. Sin embargo, tienen algo en común: todos asistieron al pequeño grupo de universidades mejor calificadas del país.

Andrés Arias es economista de la Universidad de los Andes. Miguel Nule es ingeniero civil de la misma acreditada institución. Liliana Pardo es abogada de la Javeriana. Germán Olano estudió derecho en el Externado. El excontralor Moralesrussi tiene títulos en el Rosario y la Javeriana. Y así.

La tesis sostenida apasionadamente por ciertos columnistas, según la cual los recientes episodios de corrupción son el producto directo de “una cultura maldita del narcotráfico” que, además, “aborrece la vida”, carece de rigor. Así como rayan en el delirio las comparaciones entre corruptos y miembros de la cúpula de las Farc.

Antes que protagonistas de “las muñecas de la mafia”, lo que se ve en este pequeño grupo es un universo heterogéneo de personas que, antes de estar en las que están, se sentaron en las aulas por varios años, tuvieron trabajos y no tenían lunar alguno en sus hojas de vida.

Luego en vez de entrar en las pseudo-científicas generalizaciones con las que se suelen evocar los rasgos del corrupto (que utiliza un lenguaje soez, que es propenso a la violencia, que tiene el cráneo pequeño), quizás habría que abordar, mejor, el diseño de las instituciones, el peso de las condenas legales, el poco miedo que infunde el Estado y lo efímero de las sanciones sociales.

Y entonces ahí sí podríamos saber por qué es que en Colombia hasta Flanders, el único ñoño de los Simpsons, se torcería.

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La caída

Por: Óscar Collazos

Arias no supo o no quiso darse cuenta de que, en los principios que le dieron el éxito, estaban también las razones legales y éticas de su caída.

Una brillante hoja de vida académica. Muchos colombianos de su generación hicieron carreras con altos méritos en prestigiosas universidades de Colombia y el exterior, donde descollaron por su inteligencia y quizá también por la tenacidad de un propósito individual.

Andrés Felipe Arias (Medellín, 1973) se distinguió entre otros jóvenes de su generación por su éxito temprano en el sector público. Cuando fue nombrado Ministro de Agricultura por el presidente Álvaro Uribe, tenía apenas 31 años. Desde entonces, mostró un inquebrantable sentido de la lealtad. Fue tanta la lealtad que, por un raro mecanismo de transferencia psicológica, empezó a parecerse a su modelo.

Se dice con bastante razón que, a cierta edad, uno quiere parecerse a la gente que admira. Es tanto el poder que ejerce la persona admirada sobre su admirador, que la comunión espiritual impregna ciertos rasgos exteriores. En el arte, se llama imitación. En la política, impostura.

Esta pubertad del carácter impide el paso hacia la madurez, que no es más que un conflicto creativo y diferenciador con lo que admiramos.

Arias disfrazaba su altanería egolátrica de franqueza. Tenía el convencimiento de estar haciendo hasta tal punto y sin margen de duda lo “correcto”, que lo hecho y dicho por los demás era tenido por error o “conspiración”. Esto no lo había aprendido en la Ucla ni en los Andes, sino en la política del gobierno que lo acogió como figura.

Públicamente, Arias exhibía una inalterable seguridad en el éxito. Lo demostró en el error monumental de Carimagua. El debate de la oposición le producía risa y altanería. Se lo veía siempre desdeñoso con sus opositores, pero seguro y risueño (hay fotos) entre la mayoría parlamentaria que le garantizaba la inmunidad sin advertirle nada sobre sus errores. Encontraban legal lo que hoy aparece revestido de ilegalidad. Lealtad o complicidad, no sé cómo llamarlo.

En la vida, una persona es lo que elige hacer y hace. En el poder, todo es más engañoso: cuenta tanto lo que le digan a uno con sinceridad como lo que le mientan por conveniencia. Arias quedó enredado en esta tela de araña, amarrado al mástil de una ficción, convencido de que las mayorías parlamentarias y el gobierno que lo exculpaban estaban en lo legal y moralmente correcto. Los otros, ese número de la revista Cambio que destapó el escándalo de AIS, estaban perversamente en el error.

El joven ministro no dudaba de sus actuaciones porque el primero en aplaudirlas era la persona a la que él más admiraba, motor de su vertiginoso éxito en la política. El presidente paternalista debía defenderlo porque, desde el 2004, Arias era la más prometedora de sus obras, el eslabón que prolongaría la cadena de una “doctrina” redactada por dos o tres rastaquouéres ideológicos.

Los aplausos del coro gubernamental y hasta la imagen farandulera de un monito “tumbalocas” -exitoso ejemplar de “la raza” antioqueña- contribuyeron a moldear esa nueva personalidad, distinta quizá de la del aplicado estudiante doctorado en la Ucla. Gracias a una inocultable ambición de poder, distinta quizá de la ambición de éxito profesional anterior al 2004, Arias empezó a creerse sus propias mentiras y a pensar que iba a ser presidente.

Se estaba haciendo hombre público a velocidad de vértigo y en circunstancias para muchos admirables y para unos pocos despreciables: la creencia de que, en la vida y en el ejercicio profesional, “todo vale” si hay un “fin superior”. Por ejemplo: la seguridad democrática, la confianza inversionista, la cohesión social. No supo o no quiso darse cuenta de que, en los principios que le dieron el éxito, estaban también las razones legales y éticas de su caída.

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Ensayo sobre el penal

Posted by pocho On julio - 28 - 2011

Por: Jorge Barraza

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

“Termina el suplementario y vamos a la lotería de los penales…”, informa el narrador radial o televisivo. Lo de lotería es un clisé sin fundamento: pocas cosas tienen menos contenido de azar que el disparo de los doce pasos. Siempre decimos que si “la definición por tiros desde el punto del penal” (tal su denominación correcta) fuese una lotería, el entrenador elegiría a los cinco jugadores de más suerte que tiene en el equipo. Pero no, elige a los cinco que mejor patean. O a los que más confianza se tienen. Incluso cuando se avizora que se va irremediablemente a definir por esa vía, si aún tiene un cambio y hay un buen ejecutante en la banca, el técnico lo pone y se asegura un disparo bueno.

Lo que se omite decir es que la definición por penales suele no ser similar a las capacidades y a los méritos que dos equipos exhibieron durante el partido. El que peor jugó puede ser el mejor en los penales. En aquel célebre partido del Mundial 98 entre Francia y Paraguay, el equipo local era muy superior, pero en el alargue atacaba desesperadamente porque estaba convencido de que, si iba a la tanda de penales, Chilavert lo dejaría fuera del título. Dos penales, mínimo, se hubiese atajado el fenomenal arquero. Y uno hubiera convertido. Era vivísimo, tenía una personalidad avasallante, que achicaba a cualquier rival, y un cañón en el pie izquierdo.

Esta Copa América, con sus muchos empates y pocos goles, ha determinado tres definiciones desde los 11 metros. Las dos de Paraguay (ante Brasil y Venezuela) le dieron la victoria sobre equipos que lo habían bombardeado en el juego. Y Uruguay ganó habiendo buscado menos la victoria. A mucha gente le fastidia este tipo de epílogo para un partido, pero de algún modo hay que desempatar. Y hasta hoy nadie propuso una manera mejor.

* Bien pateado, es gol. El penal es un hecho sicológico, pero también técnico. La velocidad del balón es mucho mayor a la reacción humana. Fuerte y bien dirigido, es indetenible. Como dice Sergio Goycochea, experto en el arte de tapar penales, “si la bola va a 50 centímetros del palo, no hay forma de sacarla”. El 99 por ciento de los tiros que se paran son los remates defectuosos, anunciados o al medio del arco.

* Esperar hasta lo último. Cuando Liga de Quito ganó por penales la Libertadores 2008 frente a Fluminense, el técnico Edgardo Bauza no pudo soportar la tensión y se fue al vestuario. “Me dio una sola indicación: que esperara hasta el último instante para ver dónde iba la pelota y allí me tirara”, cuenta José Francisco Cevallos, héroe de aquella jornada. Era la estrategia de Goycochea y la que todos los arqueros deberían emplear: no adivinar; esperar el disparo y ahí sí, arrojarse. Si el remate no es lo suficientemente fuerte, si sale mordido o va al medio del arco, es pelota del arquero. Y muchos van al medio. Los goleros que se juegan a un palo antes de ver el disparo, rara vez paran un penal.

* Todo para ganar. “El golero parece estar indefenso ante un pelotón de fusilamiento”, se quejan muchos. Nada que ver. El guardameta tiene todo para ganar y nada por perder. Si no ataja ningún remate, no tiene culpa; si tapa uno, es la figura; dos, el héroe, y así… En la tanda es más importante un buen arquero que un buen ejecutante. Porque el arquero está en todos.

* Sin moverse. Muchos rematadores tienen decidido dónde mandar la pelota. Pero otros esperan un movimiento del portero para cambiar la dirección de la pelota. Por eso, la virtud de Justo Villar, el uno paraguayo, es quedarse quieto. Eso le genera un problema al rival. Los brasileños que le patearon daban pasitos cortitos, mínimos, esperando que Villar se inclinara hacia algún lado. No lo hizo y cuando aquellos llegaron a la pelota aún no habían elegido dónde dirigir el tiro. Además de impactar mal, fallaron principalmente por eso, por “tirar a cualquier lado”, como dice la tribuna.

* Primero y tercero. El primer penal y el tercero son los más importantes. Por eso se los debe confiar a los mejores ejecutantes. El primero porque, si es gol, da ánimo a los que vienen detrás. Y el tercero porque asegura que se cumpla la serie de cinco.

* Falla el reglamento. El amague viola la regla del juego limpio, debería estar prohibido para el rematador. Que un jugador venga a la carrera, se frene y luego siga, es una deslealtad. Si el arquero no puede tomar ventaja moviéndose de la línea de meta, el rematador tampoco debería poder engañar. Pero se hace.

* Alto y junto al palo. Son las dos direcciones perfectas para el disparo. Muchas veces un penal no salió fuerte, pero como va bien contra el palo, es gol igual. Y otra fórmula que no falla es patear arriba. El guardameta se arroja hacia abajo, siempre. El peligro es levantar demasiado el remate.

* Imposible desviar. Que el arquero lo ataje, se entiende, pero tirar desviado es un crimen. El arco es inmenso. Para un futbolista que vive pateando desde los cinco años, errarle al objetivo es incomprensible. ¿Se pararon debajo de un arco…?

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Tan le

Posted by pocho On julio - 27 - 2011

Fuente noticia: El Espectador – Bogotá, Colombia

Fuente video: www.ted.com

El dispositivo lee las ondas cerebrales y permite manipular máquinas u objetos de manera virtual.

La empresaria australiana-vietnamita Tan Le exhibió hoy en la Campus Party de México una diadema inteligente que lee las ondas cerebrales y permite manipular máquinas u objetos de manera virtual.

El invento de la joven emprendedora “captura las señales cerebrales y hace que las maquinas entiendan al ser humano”, explicó.

“Se trata de un nuevo campo de interacción entre los seres humanos y las computadoras, que responden a nuestras expresiones faciales y emociones”, dijo Tan Le.

La protagonista del evento del día en la Campus Party indicó que la mayor parte del cerebro funcional se encuentra distribuido en la parte externa del cerebro y que la corteza de cada individuo está plegada de forma diferente a la manera de las huellas digitales.

El descubrimiento de Tan Le y la empresa que cofundó, Emotiv, consistió en la creación de un algoritmo capaz de localizar las distintas señales de cada individuo y darles una respuesta general válida para la población en general.

La empresaria ofreció varias demostraciones del funcionamiento de su invento ante una multitud de personas.

Un voluntario subió al escenario para, con su mente y una vez se puso la diadema, mover y hacer desaparecer un holograma cúbico presente en el software del invento.

En un vídeo se mostraron otros ejemplos del potencial de este invento, como un vehículo que es conducido por el pensamiento o una silla eléctrica que es movida por movimientos faciales.

Según comentó su inventora, la diadema también podría ayudar a enfermos de epilepsia a “monitorizar el funcionamiento de su cerebro y así poder predecir cuándo van a sufrir un ataque”.

Tan Le comentó que el diseño de su invento “fue un gran reto” que “partió de cero”, y que ahora el gran desafío lo representa el mercado.


“Quisiera invitar a todos los desarrolladores y personas interesadas en la tecnología a ayudarnos a que esto tome forma porque estamos sólo en la punta del iceberg”, dijo.

Indicó que de momento el código fuente de su invento no está disponible, pero animó a los creadores de aplicaciones a presentar y explotar patentes que puedan ayudar a desarrollar y extender el campo de acción de su invento.

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Gestores de desempeño

Posted by pocho On julio - 25 - 2011

Por: David Fischman

Fuente: El Comercio – Lima, Perú

Lo primero que se hace para resolver un problema de desempeño es capacitar al personal. Sin embargo, es muy probable que el problema no tenga nada que ver con las habilidades y conocimientos de los empleados.

Si usted me viera tratando de introducir un tornillo en un trozo de madera con un martillo, sería obvio para usted que no estoy usando la herramienta correcta y que estoy perdiendo mi tiempo. Algo similar puede ocurrir en la empresa. A veces usamos la herramienta equivocada para solucionar un problema. Cuando un grupo de empleados debe mejorar su desempeño o no logra sus metas, frecuentemente decidimos usar la herramienta de la capacitación como la solución.

Se preguntó a un grupo de jefes y gerentes ¿cuáles creían que eran las causas más importantes de la falta de desempeño? Ellos respondieron que el 58% de las causas tenían que ver con el ambiente y el 42% con las personas. Pero el investigador Thomas Gilbert encontró que los porcentajes reales estaban más centrados en el ambiente. Resultó que el 75% de las causas de la falta de desempeño tenían que ver con el ambiente y solo 25% de los problemas tenían que ver con las personas. Así, en relación con el ambiente, “la falta de información” era la causa más frecuente, con el 35% de los casos. Solo el 11% de las causas estaban relacionadas con la falta de habilidades y conocimientos, es decir, al tema de la capacitación.

Los departamentos de capacitación en las empresas deberían cambiarse de nombre a ‘gestores de desempeño’. De esta manera podrían asumir realmente el rol que les corresponde dentro de una organización. Darles el nombre de capacitación los encierra en el esquema de solucionar los problemas con entrenamiento cuando lo que necesitan es entender que su rol es más amplio.

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Aprendiendo

Posted by pocho On julio - 25 - 2011

Por: Quino

Fuente: Vía e-mail (Enviado por Victor Hugo Mafla)

Quino, el caricaturista argentino autor de Mafalda, desilusionado con el rumbo que está tomando el mundo en cuanto a valores y educación, expresó su sentimiento al respecto…brillante!

La genialidad del artista produce una de las mejores criticas sobre la educación de los hijos en los tiempos actuales…..
Padres de Familia, Maestros, amigos: Reflexionemos, los invito a compartirlo.

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IBM Once – Treinta

Posted by pocho On julio - 23 - 2011

Por: Julio César Londoño

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Excelente columna del Dr. Londoño. Para todos aquellos, que en los años ochenta hicimos parte de la facultad de ingenieras de Univalle; jamas nos olvidaremos  de la IBM Once – Treinta, y del Burroughs. Pocho

Yo tuve mi primer computador cuando los terrícolas todavía andaban en Olivetti y hacían sus operaciones con regla de cálculo.

Reconozco que la regla es el ingenio más hermosamente simple y agudo de la historia de la civilización. Ante ella, el computador resulta aparatoso, así como una cámara oscura artesanal es más bella que los más sofisticados engendros digitales, sí, pero hoy el tema es mi primer computador. Para ser justos, hay que decir que nunca lo toqué, ni siquiera lo vi, quizá por esto nuestra relación fue inolvidable. Era una IBM Once-Treinta, pero los estudiantes la llamábamos la Once-Treinta a secas. Alguien oyó decir una vez que era como un armario de aluminio azul.

Era ubicua, claro, pero para efectos prácticos digamos que su cuerpo moraba en lo alto de la Torre de Ingenierías de la Universidad del Valle (Circa 1974). Los mortales no podíamos tocarla como pasa ahora con sus impúdicas descendientes y sus alcahuetas, el mouse, el clic, el dedo, el touch screen, la voz. Tampoco podía uno hablarle de manera directa. Ni siquiera en el prestigioso y dúctil inglés. Para dirigirse a ella había que estudiar previamente algún lenguaje de máquinas. Mínimo Fortran Cuatro. Era una lengua con signos oscuros pero con una sintaxis precisa porque las máquinas, se sabe, detestan la ambigüedad. Son criaturas serias. Por eso el Fortran no era una lengua para andar improvisando: primero se hacía un borrador, un mapa mental, un algoritmo gráfico, un dibujo de los pasos a seguir. Este dibujo se llamaba diagrama de flujo y estaba compuesto por rectángulos y rombos conectados por líneas rectas. En los rombos podía haber preguntas muy simples. ¿k = 7?

Una vez dibujado el diagrama, y sólo entonces, podía uno traducirlo a Fortran Cuatro. Esto se hacía, atérrese usted, a mano en unas hojas grandes de renglones verdes y blancos. Luego uno llevaba su hoja verde y blanca y signos oscuros a la Torre de Ingeniería, hacía antesala en el primer piso y al cabo de una larga espera podía subir al segundo piso y entregarle la hoja a una señora, que nos daba a cambio un recibo y una cita. Pero no crea que todo esto era cosa burocrática, no, es que la Once-Treinta no podía leer manuscritos ni porque vinieran en el solemne y austero Fortran Cuatro. ¡Faltaba más! Por esto es que la señora del segundo piso tomaba nuestros garabatos y los llevaba al tercero, donde otra señora los ponía, por fin, en la Lengua: tarjetas perforadas. Eran unos cartones apaisados de 18 centímetros de ancho por 8 de alto, con un chaflán en la esquina superior izquierda, filas de monótonos unos, filas de monótonos doses… y unas perforaciones diminutas y rectangulares. Hueco, no hueco, hueco, hueco… y así. Los caminos de las divinidades son inescrutables. También el chaflán.

Un programa sencillo requería por lo menos cincuenta tarjetas. Estas barajas eran aseguradas con bandas de caucho y transportadas al quinto piso, la inimaginable morada de la Once-Treinta, concretamente a una sala climatizada en la que no podía haber una mota de polvo (nunca supimos qué había en el cuarto piso).

Ella leía la baraja en fracciones de segundo, guardaba silencio un ratico y finalmente expelía un impreso en medio de unos chirridos incomprensibles, fonemas de bestia sagrada. x1 = – 4, x2 = 3, digamos. Este impreso era el contacto más cercano de los fieles con ella.

Si me hubieran dicho en 1974 que los computadores serían un día del tamaño de una cajetilla de cigarrillos y que todos los niños cargarían uno en el bolsillo de atrás, no lo habría creído. Es más, todavía no lo creo. Sé que todo es un sueño, que en cualquier momento me despertaré en un mundo lento donde todos andan en Olivetti y calculan con reglas.

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