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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Archive for junio, 2011

River Plate

Posted by pocho On junio - 27 - 2011

Por: Jorge Barraza

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Desde ahora doy mi pronostico: Esta es una de las primeras fichas de domino en caer.

Las pésimas gestiones administrativas, ya están haciendo mella en los fuertes y tradicionales equipos del fútbol mundial. En este blog he atacado fuerte a los dirigentes del fútbol; y les he responsabilizando siempre de los resultados mediocres de nuestro fútbol en Colombia. Pero, llego el turno para criticar a aquellos que en su momento fueron deportistas, y ahora fungen de “destacados” dirigentes.

Aquellos equipos de fútbol que pretendan no ser manejados como verdaderas empresas, va a ser este el implacable resultado de su mediocre realidad: el descenso. Pocho

A los 34 minutos del segundo tiempo, la hinchada de River ensayó un canto que quería ser adhesión, esperanza hacia el futuro: “Volveré, Volveréeee…” Aunque faltaban 11 minutos más el descuento (siempre generoso tratándose de River) la gente estaba entregada. Sabía que ni jugando un año entero harían dos goles. No había fútbol, no había fuerzas ni corazón para revertir este destino cruel. Se veían descendidos.

El 26 de junio de 2011 quedará incrustado para siempre como una flecha de fuego en millones de corazones riverplatenses. Es difícil explicar hacia el exterior lo que esto significa. En la Argentina el fútbol es esencialmente pasional. Y el descenso es un estigma imborrable. Dan ganas de hacer un pozo, meterse adentro y no salir por mucho tiempo.

Si hace dos años se hubiese hecho una encuesta con la pregunta “¿Usted cree que River se puede ir a la B?”, el ciento por ciento hubiese votado NO. River es el club con las máximas estrellas del fútbol argentino, las surgidas del semillero y las contratadas de afuera. Los dos primeros futbolistas sudamericanos que ganaron el Balón de Oro de Europa, en los ’50 y los ’60, fueron Alfredo Di Stéfano y Enrique Omar Sívori, dos genios millonarios nacidos en el club. River es el Real Madrid antes del Real Madrid, el Milan antes del Milán.

El club que más títulos ganó en el fútbol argentino, el que lidera la tabla histórica, el que hizo más goles, el que más jugadores dio a la Selección… Boca, River e Independiente eran hasta este domingo los únicos tres gigantes que nunca descendieron. Todos pasan largamente los cien años de vida. También ese blasón ha perdido.

Dos clubes tradicionales acaban de descender: Huracán y River. Ambos son presididos por dos ex glorias enormes en pantalones cortos: Carlos Babington y Daniel Passarella. Esto les sirve a los futbolistas para revisar sus conceptos sobre los dirigentes. Siempre vilipendiando a la dirigencia, que son ineptos, que nunca tocaron una pelota, que esto y aquello… La cancha es una cosa, el escritorio, otra.

La “B” Nacional en la Argentina es durísima. Uno se encuentra con 21 equipos muy fuertes (acaba de comprobarlo con Belgrano), con parcialidades gigantescas y canchas bravas. Están Chacarita Juniors, Rosario Central, Instituto, San Martín de Tucumán, Atlético Tucumán , ahora Quilmes, Huracán… Sin plata y sin fe, como dice el tango, le va a ser espinoso el camino del retorno a la banda roja.

¿Qué lo llevó hasta el cadalso? Una pésima gestión del presidente anterior, José María Aguilar, que en ocho años sumó un desacierto al otro y dejó un club endeudado, con un plantel pobre y raquítico en puntos. Passarella lo tomó en terapia intensiva y no pudo salvarlo, aunque la prensa lo sindica como alto responsable. Su gravísimo error fue darle la dirección técnica a un ex ídolo, Juan José López, que ya tenía tres descensos en el lomo, con Instituto, Unión y Talleres.

Quince años atrás Enzo Francescoli levantó la Libertadores. Era el éxtasis total. Ahora habrá que levantar la cabeza y darle para adelante. No queda otra River, la vida sigue.

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Paisaje patrimonio

Posted by pocho On junio - 27 - 2011

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Le doy mil gracias a Dios, de permitirme haber visto varios paisajes en varios países. Sin lugar a dudas, el paisaje del Eje Cafetero Colombiano; es de lejos el más impactante y hermoso de todos los que hasta ahora he podido apreciar. Para aquellos que transitan la via que conduce de Pereira a Armenia, se encuentran con una postal del paraíso. No se lo pierdan!. Pocho

A partir del sábado pasado, el paisaje cafetalero colombiano es mucho más que una hermosa imagen de postal. La Unesco lo incluyó en la exclusiva Lista del Patrimonio Mundial. Para el comité seleccionador de la agencia de Naciones Unidas, esta región del país es un “ejemplo excepcional de un paisaje cultural sustentable y productivo de características únicas”.

Con esta decisión, Colombia suma su séptima inclusión dentro de los sitios considerados Patrimonio de la Humanidad. Antes de la zona cafetera, ya contaban con esta distinción la ciudad amurallada de Cartagena de Indias, los parques arqueológicos de San Agustín y Tierradentro, el centro histórico de Mompós, el santuario de flora y fauna de Malpelo y el parque nacional de los Katíos, considerado en peligro.

La Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco recoge 923 lugares de importancia cultural y natural en 152 países del planeta que merecen ser conservados y protegidos por su alto valor para la Humanidad.

El paisaje cafetalero es miembro hoy de un club donde se encuentran la Gran Muralla China, las pirámides de Egipto, la Acrópolis de Atenas y las ruinas de la civilización maya.

El área declarada contempla más de 40 municipalidades y más de 400 veredas de los departamentos de Caldas, Quindío, Risaralda y Valle del Cauca. La Unesco hace así un merecido reconocimiento a la cultura cafetera colombiana. Alrededor de la explotación del grano en las laderas montañosas se generó un espeso y rico entramado social y de tradiciones agrícolas que lleva más de un siglo.

La declaratoria de Patrimonio es una oportunidad única para impulsar el desarrollo económico del Eje Cafetero. Para muchos lugares con el mismo “sello”, esta inclusión se ha traducido en un incremento de los visitantes internacionales, de inversiones de expansión turística y de programas de conservación y protección cultural.

Y mucho que la zona cafetera lo necesita. Los centros urbanos regionales sufren actualmente altos índices de desempleo, mayores al promedio nacional. Es momento propicio para el despliegue de estrategias turísticas, intensivas en generación de puestos de trabajo, que traduzcan la condición de Patrimonio de la Humanidad en dinamismo económico.

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Tigres o tortugas

Posted by pocho On junio - 25 - 2011

Por: Adriana La Rotta

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

La educación ha sido una de las claves del crecimiento asiático de las últimas décadas.

Hace ocho años, cinco meses y veinticinco días aterricé por primera vez en Asia. Durante algunos de esos años escribí regularmente un blog en el que conté anécdotas, comenté noticias y relaté viajes, como una especie de antídoto a la soledad que a veces se siente cuando se está tan lejos de la patria y de los afectos.

Ahora que me preparo para dejar Asia y volver a vivir en Occidente me alegro de haber escrito esas letras, porque la memoria no es de fiar y la vida práctica, con sus trámites y procedimientos, tiene el mal hábito de desalojar los recuerdos.

Hay un momento, sin embargo, del que posiblemente nunca me voy a olvidar, aunque jamás lo haya puesto por escrito. Fue un lunes por la mañana en Tokio, muy poco tiempo después de haber llegado a la ciudad, cuando por primera vez me subí a un tren atestado de pasajeros.

Sofocada entre dos oficinistas, miré a mí alrededor y me di cuenta de que estaba naufragando en un mar de orientales. Hasta donde alcanzaba la vista, yo era la única alienígena en el planeta desconocido y asustador al que acababa de llegar. Sentí tanto miedo que me quedé paralizada y juro de todo corazón que no entiendo cómo no me desmayé.

Cuando vuelvo a ese momento y me pregunto qué fue lo que me aterrorizó, la respuesta es simple: yo sabía muy poco de Asia, en especial de la porción al este del continente que se conoce como el Lejano Oriente. Venía cargada de ignorancia y de prejuicios y, lamentablemente, esa es una posición en que los seres humanos nos encontramos con frecuencia.

Hoy estoy lejos de ser una experta, pero sé lo suficiente para entender que este siglo será muy distinto del que lo precedió y que si las profecías sobre el futuro crecimiento de Asia se cumplen, es mejor que empecemos a familiarizarnos con este continente.

Según el Banco Asiático de Desarrollo, a mediados de este siglo, Asia será responsable de más de la mitad del producto interno bruto, el comercio y la inversión de todo el planeta. En medio de la desaceleración mundial, esta región ha seguido en la trayectoria del crecimiento y debemos agradecer que sea así, porque ha jalado a todo el resto.

Creo que es importantísimo seguir tomándole el pulso a China y superar la imagen del gigante asiático como una gran fábrica de baratijas. Cada año se gradúan en China seis millones de universitarios y muchos de ellos van a trabajar a compañías como BGI, una empresa de Shenzhen que se dedica a la investigación del genoma humano y que es líder mundial en su campo. Detalle: la edad promedio de los empleados de BGI es de 23 años.

Cuando llegué al Oriente tenía tanto que aprender, que lamento no haberlo hecho de manera más ordenada y provechosa. Aun así, creo que al cabo de ocho años puedo destilar al menos una lección: la educación ha sido una de las claves del crecimiento asiático de las últimas décadas.

La transformación ha provenido no solo de gobiernos como el chino o el indio, que hacen genuinos esfuerzos por democratizar el acceso a la instrucción, sino también de los individuos, que la ven como un medio seguro para acceder a un futuro mejor. Hace 40 años, el promedio de escolaridad de los países más pobres de la región era de cuatro años, mientras que el año pasado llegó a casi ocho.

Ningún país puede crecer de manera acelerada sin contar con una mano de obra calificada. En Asia, estudiar es un valor y todo el que puede lo hace con empeño. Los latinoamericanos tenemos todo para alcanzar a los tigres, los dragones y los elefantes del Oriente, pero no lo haremos mientras nuestros sistemas educativos y nuestros valores se muevan a paso de tortuga.

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Eligiendo morir

Posted by pocho On junio - 23 - 2011

Por: María Elvira Bonilla

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

En la clinica Suiza DIGNITAS se ayuda no a vivir, sino a morir. En 12 años lo han hecho con más de 1.000 personas

Aunque parezca un contrasentido, lo cierto es que irse bien de este mundo es tan importante como tener una buena vida. Así lo entendía Carlos Gaviria, cuando como magistrado de la Corte Constitucional logró que se aprobara el derecho a morir dignamente con la Sentencia C-239, del 20 de Mayo de 1997 en la que pedía “en el tiempo más breve posible y conforme a los principios constitucionales y a elementales condiciones de humanidad, regule el tema de la muerte digna”.  Han pasado 15 años y aún no se consigue la reglamentación de este mandato.

Esta semana la cadena británica BBC irrumpió con sus cámaras a la clínica Dignitas. Emitió un reportaje titulado “Eligiendo morir”, en el que se narra el suicidio asistido de Peter Medley, un hotelero británico multimillonario de 71 años, quien sufría de una dolencia neuronal motora, y quería poner fin a sus días. La historia comienza cuando Medley abandona su domicilio en el Reino Unido rumbo a Suiza y declara: “mi estado se ha deteriorado hasta el punto de que necesito marcharme bastante pronto”. Termina con imágenes del empresario tomando una dosis letal de barbitúricos, cuando la respiración empieza a fallar y llama a su esposa para que le tome la mano.

La polémica trasmisión abrió la compuerta para que muchas personas empezaran a dar testimonios radiales de la manera como, con el apoyo de médicos amigos, han cumplido la voluntad de sus seres queridos frente a dolencias terminales, irremediables. Discretamente médicos con convicciones éticas, respetuosos de la voluntad de sus pacientes, en la privacidad de los hogares alivian con medicamentos sedativos la situación calamitosa de enfermos para que puedan irse tranquilamente.

Pero este no debía ser un tema tabú. Amerita una reflexión pública. Es el derecho a morir dignamente, que evitaría situaciones tan inauditas como la del expresidente de la Corte Suprema de Justicia, Jaime Arrubla, quien lleva más de 20 años atrapado en un dilema moral, con su esposa Consuelo en estado vegetativo a raíz de un accidente de carro que le ocasionó un daño cerebral severo, postrada en una cama sin esperanza de recuperación alguna. Por cuenta de la legislación actual, obstinada en no acoger la sentencia constitucional del magistrado Gaviria, el jurista y sus hijos han tenido que someterse al dolor cotidiano de presenciar el deterioro físico de un ser querido que permanece en coma profundo, como lo cuenta él mismo en el artículo “La batalla íntima de Jaime Arrubla”, en la revista digital  www.kienyke.com. Situaciones similares ocurren en las clínicas del país. Interrumpir el sufrimiento podría acarrearle, a quien lo haga, años de cárcel.

Este Congreso, tan acucioso en el trámite de leyes progresistas en lo social, tendría la oportunidad de serlo también en leyes como la del derecho a morir con dignidad, que intervienen en el sagrado ámbito de las  libertades individuales. El descanso de muchos sería mayúsculo.

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La nave de los locos

Posted by pocho On junio - 23 - 2011

Por: Juan Esteban Constaín

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Napoleón tuvo los síntomas alarmantes del síndrome de Santa Helena: forma de locura que solo les da a los poderosos, sobre todo a los que se quedan sin el poder.

Entre 1803 y 1805, el señor Napoleón Bonaparte hizo algunas cosas importantes en su vida, al parecer. Se coronó él mismo Emperador de los franceses, por ejemplo, luego de conquistar todo el norte de Italia y luego de someter al pobre papa Pío VII, en París, a unas conversaciones voraces que podían empezar a las 3 de la tarde y terminar a la misma hora del siguiente día, según una nota del Times de Londres del 11 de diciembre de 1804.

Pero la obsesión verdadera del señor Bonaparte era dominar a Inglaterra, y para eso, en 1805, hizo un plan casi perfecto: mandó una flota que debía distraer a los ingleses en el Atlántico, y mientras puso a todo su ejército al frente de la Isla, esperando a que llegaran por mar, al estrecho de Calais, los refuerzos españoles que eran sus aliados. Todo lo medía -el viento, el frío, el cielo- y luego caminaba con las manos hacia atrás, enfundado en un abrigo verde que le había regalado su mamá.

Allí, frente a su presa que luego se le escurriría de las manos, Napoleón recordó la visita del inventor Robert Fulton, quien tres años antes le había propuesto dos juguetes descabellados para triunfar en su empeño de maldecir a los ingleses: un submarino de hélice llamado el Nautilius, y un globo aerostático de lino e hidrógeno para una invasión aérea. “Eh, no sé”, dijo al parecer Bonaparte.

O no: dijo algo mejor, porque a su lado estaba Marie Sophie Blanchard, una de las primeras aeronautas de la historia y quien pasaba su vida entre los globos, porque en la tierra les tenía franco terror a las ratas y a los hombres. Era ella quien le rogaba a Bonaparte hacer el desembarco por debajo y por arriba -las aguas quietas, despejadas-, hasta que el Emperador no pudo más y se la quitó de encima con una sonrisa y una frase lapidaria: “Querida: no puedo perder mi tiempo con esas cosas del futuro”.

Luego, encarcelado en Santa Helena, una isla volcánica en medio de la nada (en medio del Atlántico en el sur, pero tan lejos que allí hasta el viento se pierde; un peñasco en manos de los buitres y las abejas), en el exilio y el olvido, Napoleón volvería a recordar esos inventos precoces. Y siempre sonreía cuando pensaba en el futuro; cuando se acordaba del futuro. Pero a veces hay que agradecerle a Dios que ciertos juguetes no hubieran funcionado sino mucho después, cuando tocaba, porque las cosas habrían podido ser muchísimo peores.

Allá en Santa Helena también tuvo Napoleón los síntomas más alarmantes del (precisamente) síndrome de Santa Helena: esa forma de locura que solo les da a los poderosos -como si el poder no fuera ya una forma de la locura-, sobre todo a los que se quedan sin el poder. Entonces empiezan los delirios y las paranoias, y una ilusión absurda que consiste en creer que nada ha cambiado, que el mundo todavía es suyo. En medio de la nada, Napoleón firmaba decretos y se hacía llamar Emperador.

Como el dictador portugués Oliveira Salazar, que en su demencia senil, retirado y en piyama, firmaba miles de páginas en blanco pensando que eran sentencias de muerte. Sus sirvientes le decían Excelencia.

Y eso por no hablar de la locura del poder en ejercicio. Hace poco vi la foto de un varias veces centenario Fidel Castro, al lado de Hugo Chávez. Ambos en sudadera (la de Chávez era una bandera de Venezuela), admirados por esa joven promesa de la Revolución que es Raúl Castro. No supe, lo juro, si estaban en un hospital o en un manicomio.

Ya lo decía Céline: felices quienes fueron gobernados por el caballo de Calígula. Felices quienes no vieron a Napoleón usar globos y submarinos y aviones, y sobre todo, felices quienes no lo vieron abrir una cuenta en Twitter.

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Lecciones del fútbol

Posted by pocho On junio - 22 - 2011

Por: Juan Gabriel Vásquez

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Llevo ya cuatro años escribiendo semanalmente esta columna, y sólo hace unos días me di cuenta, o se dio cuenta un lector y me lo dijo, de que nunca he escrito sobre fútbol, a pesar de que el fútbol ocupa una parte nada despreciable de mis preocupaciones semanales.

Durante el Mundial pasado escribí un artículo extenso para este periódico y tres cosas más breves para una revista norteamericana, pero mi columna nunca se ha metido con el tema. Incluso el narrador de una de mis novelas evoca el asesinato de Andrés Escobar, uno de los momentos que más me han entristecido o enfurecido sin tocarme de manera directa (y cualquiera apreciará que Colombia no es un país donde falten esos momentos). Pero en las columnas, el espacio quizá más personal, donde uno no se esconde detrás de narradores ni otras máscaras, no he escrito nada. Al mencionado lector le pareció curioso, y ha logrado que también a mí me lo parezca.

Pues soy de los que sostienen, sin ninguna intención poética ni búsqueda de legitimación intelectual, que el fútbol dice mucho acerca de la vida, y no nos vendría nada mal escuchar algunas de sus sentencias. Siempre he tenido por cierta la mil veces repetida frase de Camus, y estoy convencido de que el gran hombre no estaba posando ni haciendo demagogia al decirla: “Cuanto sé de importancia acerca de la moral humana lo aprendí en el fútbol”. Todos los días el mundo del fútbol nos lanza oblicuas lecciones de vida. Hace poco, mientras el patán de José Mourinho achacaba las victorias del Barcelona a una confabulación de los árbitros, la UEFA y Unicef, se me vinieron a la cabeza incontables situaciones de la vida extrafutbolística en que los hombres preferimos la Teoría de la Conspiración a la aceptación resignada de que otros tienen más talento, o más suerte, o trabajan más duro. Y en estos días, leyendo una columna vieja de Javier Marías sobre los hinchas en los estadios, algo parecido me sucedió. “Se atreven a insultar y humillar en tanto que masa, confundidos con otros de su misma especie, jaleándose y envalentonándose mutuamente”, escribe Marías. “Se sienten impunes porque en esos lugares es casi imposible que sean individualizados”. Con el perdón de los foristas más decentes (pero no sé por qué me disculpo, si seguramente compartirán mi opinión), la descripción de Marías se acerca preocupantemente a lo que yo veía en los foros de los medios colombianos. Lo que yo veía, digo, porque hace meses dejé de leerlos.

El otro día le dije a un periodista que entre mis modelos literarios estaba Pep Guardiola, y el periodista soltó una risotada y tardó un momento en entender que le hablaba perfectamente en serio. Lo sigo pensando: en un mundo donde la maledicencia y el resentimiento son pan de todos los días, y donde la calumnia y la mentira barata van impunes, y donde hay periodistas que mienten y calumnian en Facebook, por decir algo, pero no se atreven a repetir sus calumnias ni sus mentiras en los medios convencionales, a mí me ha fascinado ver a Guardiola, la serenidad zen con que sigue haciendo su trabajo, la solidez mental con que se desentiende de las sucias estrategias de sus enemigos. Y claro, eso los irrita más: nada irrita tanto a un camorrero como el silencio desdeñoso de su supuesta víctima. Esto también se aprende en el fútbol.

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Elogio del desequilibrio

Posted by pocho On junio - 21 - 2011

Por: Francisco José Ortíz

Fuente: El Malpensante

Al contrario de lo que suponen las teologías perezosas, la energía de la vida proviene del desequilibrio, la creatividad del error, el arte del caos. En términos evolutivos la cucaracha es más perfecta que el hombre.

Nunca he confiado en los ascetas, monjes, anacoretas, místicos o cualquiera que se recluya por fuera de este mundo a intentar la perfección, la iluminación, la santidad. Hay algo sospechoso en sus maneras, en su velocidad; sus atuendos denotan cierta tranquilidad parecida a la indiferencia. No sé si por las mismas razones nunca he podido imaginar a un Dios inmortal y perfecto. ¿Acaso una eternidad impoluta no equivale a un aburrimiento interminable? Al saberse inmortal, ¿no se convirtió Homero en troglodita?

Más allá de estas cuestiones metafísicas, valdría la pena preguntarse cuáles han sido las secuelas culturales e ideológicas producidas por la concepción de una divinidad perfecta que es capaz de producir un mundo imperfecto.

¿Tendrá esto algo que ver con la esquizofrenia y la hipocresía que proliferan en nuestras sociedades? Me viene a la memoria una frase de Schiller: “Cuando los dioses eran más humanos, los humanos eran más divinos”.

Enfrentados al aburrimiento de Dios, cabe preguntarnos si podríamos hacer una “antología” o “elogio del error”, una reivindicación de los segundos y terceros lugares, un triunfo del desequilibrio.

El problema no es que la perfección sea inalcanzable —es posible lograr una “perfección formal”. Ejemplo de esto son teoremas matemáticos, enunciados lógicos, sonatas para piano, algunas manifestaciones de las artes plásticas y literarias: todos ellos universos que perduran por su forma, por su técnica, por su belleza, no por lo que nos puedan enseñar sobre la realidad.

Dice Bertrand Russell que el escepticismo es el único sistema filosóficamente perfecto, el único que, en vez de intentar una explicación del universo, exhibe argumentos sobre la imposibilidad de conocer, o al menos sobre la imposibilidad de un conocimiento no subjetivo de la realidad. Bástenos citar a Kant: “No es posible conocer la cosa en sí, sólo la cosa para mí”. Dicho esto, ninguna afirmación sobre la realidad puede formularse sin caer en un error. El conocimiento, lo que llamamos conocimiento, sólo puede existir en el error. Un error que vale la pena cometer.

La educación debería estar menos enfocada en transmitir conocimientos rígidos, modelos que funcionan en condiciones ideales, propiedades algebraicas, versiones estereotipadas de la historia, y en vez de eso debería ayudarnos a desarrollar una actitud crítica, a estimular la imaginación y la intuición, debería mostrarnos lo infinitamente compleja que es cualquier realidad humana, cualquier sociedad, cualquier organización.

En sus Cartas a un joven poeta, Rainer Maria Rilke recomienda buscar siempre lo más difícil, “porque ahí se encuentra todo lo viviente”. El arte nunca nace de la plenitud, nace, en cambio, de una cierta tensión del vacío y como una forma de resolver esa tensión, no anulándola, sino ofreciéndole un cuerpo y un alma, que es el objeto artístico.

Incluso podríamos decir lo mismo de la historia: es sobre todo en los períodos de guerra cuando se producen saltos en el desarrollo tecnológico y en la evolución social de las naciones.

El movimiento nace del desequilibrio. La vida nace del desequilibrio, de la diferencia de potenciales químicos, eléctricos, gravitatorios. La supuesta “muerte térmica” del universo ocurre cuando toda la energía se encuentra en un equilibrio inmóvil, tibio y eterno.

Una amiga cristiana se declaró antidarwiniana cuando le dije que nosotros éramos producto de un error genético. Las cucarachas son animales primitivos porque están tan bien diseñadas, son tan adaptables, que nunca tuvieron que evolucionar. El error es la quintaesencia del universo. La inteligencia sólo puede desarrollarse en la dificultad. Es así como nosotros nos definimos sobre todo por nuestras carencias y necesidades, por lo que no tenemos, por lo que no podemos alcanzar: “El hombre no se enamora de lo que ve, sino de lo que sueña”.

Por eso durante algunas tardes, cuando la ciudad, por unos segundos, parece intentar una siesta, imagino a un Dios equivocado e impotente, abatido por el destino de esta humanidad. Yo me recuesto en silencio, y me siento capaz de perdonarlo. Sólo un mundo disparatado produce vanguardias, teorías filosóficas, jóvenes idealistas, soñadores sin tregua. Si bien aceptar el mundo tal y como es resulta una proposición inmoral, lo cierto es que la vida en un paraíso terrenal equivaldría a una felicidad animal: inconsciente y vacua.

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Cocina vallecaucana

Posted by pocho On junio - 21 - 2011

Por: Paola Guevara

Fuente: El País – Cali, Colombia

Germán Patiño, el más grande estudioso de la cocina vallecaucana, nos cuenta las historias ocultas detrás del sancocho y otras delicias de este departamento.

De cada charla con Germán Patiño podría salir un libro. De hecho, su obra ‘Fogón de negros’, que ganó en 2008 el ‘Premio al mejor libro de cocina del mundo’, es lectura obligada para todos los que quieran conocer las raíces de la gastronomía vallecaucana.
Antropólogo e investigador gastronómico de talla mundial, su amor por la cocina nació en la infancia, de la mano de dos nanas negras.

La primera, Lourdes, una sensual brasilera que lo enamoró de la feijoada y le enseñó a qué sabe el aguacate con azúcar. La segunda fue Jesusita, una tumaqueña que le presentó el arroz con coco y el ‘bunde para dos’, un arroz mixto con coco que se fríe con fríjoles, carne desmechada y cuadraditos de plátano, y se remueve con hierbas mojadas en jugo de naranja agria. “A eso sabe mi infancia”, dice.

Ambos amores terminaron en ‘traición’ para el celoso niño Germán, pues Lourdes desaparecía para irse al Carnaval de Río de Janeiro como sambista, y Jesusita se iba los domingos con su novio taxista. Por fortuna, este mal de amores infantil no afectó su pasión adulta por la gastronomía.

Decía al comienzo que de una charla con Germán Patiño puede salir un libro. Por lo pronto, esta entrevista que llega a ustedes por cortesía de Lourdes y Jesusita, quienes a esta hora deben estar bailando samba y bunde en las cocinas celestiales.
Vamos por partes. O por ‘presas’. Empecemos con el sancocho…

Es un plato universal, no vallecaucano. Está emparentado con la olla podrida de España, que era un cocido en el que se combinan carnes con los vegetales que se tuvieran a mano. No es una idea nueva, consiste en combinar lo que hay en una sola olla, en una cocción que aguanta para todo el día y para todos.

¿Y cómo se llegó a la receta actual?

Ese cocido vino al Valle con los españoles. Aquí ellos trataron de hacerlo, pero no tenían los ingredientes de Castilla, así que usaron otros distintos.

¿Se conoce la primera receta del sancocho vallecaucano?

La primera referencia que se tiene del sancocho vallecaucano es del cronista Pedro Siesa de León, quien describe al Valle del Cauca. El primer sancocho combinaba yuca, mazorca en choclo y pescado del Río Cauca, bocachico. Ese fue nuestro primer sancocho. Poder disponer de carne para la mesa fue poco habitual, porque adaptar la ganadería al trópico nos tomó más de un siglo. En cambio, el bocachico estaba allí.

¿Y a quién le correspondió mejorarla?

Las mujeres negras tomaron en sus manos el sancocho e introdujeron mejoras a ese cocido rudimentario de los españoles. Los españoles desconfiaban de los indios, y viceversa. Sobre todo en el Valle, la relación entre españoles e indígenas fue de despojo y de violencia, muchísimo más que en otras regiones. Así que las cocineras fueron las negras.

La desconfianza fue uno de los primeros ‘ingredientes’ del sancocho…

Sí, fue una de las razones para que las mujeres negras fueran introducidas por los españoles a la cocina, pues temían que las indígenas pudieran envenenarlos. Además, la relación de los españoles con los africanos fue mucho más antigua, pues la esclavitud es anterior al descubrimiento de América y había una conexión social más fluida entre ellos. Con la cocina era igual.

¿Y cuál es el factor indígena en el sancocho?

Los negros fueron enviados a las zonas de minería en las selvas, donde tenían que valerse del conocimiento de los indígenas sobre los alimentos de la zona. De los indios aprendieron qué plantas eran comestibles y qué frutos eran confiables, etc. Toda la tradición alimentaria indígena fue absorbida por las mujeres negras y estas, a su vez, le dieron al sancocho sus características vallecaucanas. Por ejemplo, fueron ellas las que le añadieron cimarrón.

¿Los afrodescendientes fueron los puentes entre las otras dos culturas?

Sí, jugaron un papel de puente. Hay que admirar su asombrosa capacidad para adaptarse a situaciones adversas.

¿Y qué pasó con el arroz con leche?

Es un plato de tradición árabe, referenciado en las ‘Mil y una noches’. Los árabes dejaron el cultivo del arroz a cargo de los africanos, quienes lo cultivaron en el África subsahariana. De allí pasó al sur de Francia y España, y es un aporte árabe a la cocina europea y americana. Al llegar aquí, cambian los ingredientes: el arroz con leche de los árabes tenía leche de almendras; el nuestro, no, porque las almendras son muy caras, no se dan bien aquí.

¿Y el manjar blanco?

Viene de la cultura árabe, era hecho con leche de almendras y se extendió por toda América Latina. La influencia árabe en España fue muy fuerte. Cuando España descubre América acababa de salir de ocho siglos de dominación mora, todo en lo español está arabizado, comenzando por el lenguaje. ¡Hasta la palabra ‘manjar’ es árabe!

¿Y dónde me deja el tamal valluno?

Es de la tradición indígena. Está muy documentado como plato de la celebración de muertos en la cultura mexicana, pero se hizo presente en toda América. El tamal es un ejemplo de cómo las negras se apropiaron del saber indígena y lo modificaron. Cambiaron el envoltorio. Los indígenas envolvían los tamales en maíz, como se hace aún en Perú y Ecuador. Las negras preferían la hoja de plátano traída del África.

¡Era el papel Reynolds de la época!

(Risas) Exactamente. Y en los condimentos también hubo cambio. Lo que ocurre con el champús, una tradición indígena, mezcla de maíz y fruta. Pero las negras le aportaron la panela, pues los trapiches eran manejados por negros.

Entonces el ingrediente negro fue el gran sazonador de América…

Sí, las cocineras negras recogieron lo indígena y lo europeo de las españolas, y lo transformaron todo, incluso el lenguaje de los amos con sus cantos, con las historias que les contaban a los niñitos. A ellas les debemos el acento, el mirá, el ve, el oís. Esa cosa cantarina, ese comerse las eses y las erres es herencia negra.

Hablemos de aborrajados…

Es un plato de transculturación. Tiene ingredientes hispánicos, como el queso y la harina, y uno africano, que es el plátano maduro. El huevo es universal. El aborrajado es muy africano en el procedimiento de cocción. Las frituras que nos encantan son muy africanas. Combinar lo dulce con lo salado es propio de los árabes. En sí, el aborrajado casi resume toda la transculturación alimentaria del Pacífico y el Valle del Cauca. Sólo le falta lo indígena. Es un plato más mulato que zambo.

¿Si un amigo quisiera complacerlo, adónde lo tendría que invitar?

A la galería Alfonso López, donde la señora Martha. Pido lengua a la criolla.

¿Y en gama alta?

Hay un problema: en Cali no hay un buen restaurante de alta gama especializado en cocina vallecaucana o colombiana. Hay un grupo reducido de restaurantes que hacen muy buena cocina, pero de otras culturas, como Platillos Voladores o Kiva. Me impresiona Litany, porque hace una cocina extraordinaria, de primer nivel. Su dueña hace con la cocina tradicional árabe lo que los colombianos deberían estar haciendo con la suya. La oferta en Cali no es mala, pero tampoco tan buena como pensamos. Ahí vamos…

¿Para qué le sirve a la gente saber más sobre gastronomía?

Para volverse más tolerante y empezar a comprender un principio básico: quiénes somos y a qué pertenecemos. Conocer más nuestra gastronomía aporta elementos para respondernos quiénes somos.

Después de tanto hablar de comida… ¿qué se le antoja en este momento?

(Suspira, sonríe como un niño) Un buen aborrajado con jugo de lulo.

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Delirio electrónico

Posted by pocho On junio - 16 - 2011

Por: Óscar Collazos

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

A un nivel empresarial y de negocios, es ya ridículo el accionar de muchos frente a los Smart Phone. Son innumerables las reuniones a las que asisto, en las que mis interlocutores ni oyen, ni ven, y mucho menos entienden. ¿Cuanto tiempo estamos perdiendo?, ¿Cuanta productividad?. Que plaga!. Excelente columna del Dr. Collazos.

De la satisfacción de muchas necesidades hemos pasado a la violación de numerosas normas de convivencia social.

En el oeste de Texas existe una cadena de pequeñas salas de cine llamada Alamo Drafthouse, frecuentada por cinéfilos, que ocupan sus butacas como si asistieran a misa. No solo reverencian el cine. Impusieron normas de obediencia casi religiosa, como no hablar ni tener celulares prendidos mientras se proyecta la película, todo un código moral para el espectador de cine.

Hablar o usar el celular está prohibido hasta el punto de que quien insista en cuchichear o enviar mensajes de texto creyendo que la luminosidad de la señal no interfiere la ceremonia, de inmediato es expulsado de la sala sin derecho a que se le devuelva el precio de la boleta. Reglas son reglas. La sanción social de Alamo Drafthouse es inflexible.

En compensación, las butacas tienen mesas frente al espectador. Se venden alimentos y bebidas distintos de las clásicas palomitas y perros calientes, pero estos deben consumirse en silencio, casi sin paladear y sin chasquidos. Ni siquiera se escucha el crujir de las envolturas. Y aunque este modelo de sala de cine para cinéfilos y cinemaníacos se ha extendido por el mundo, lo que lo singulariza es la prohibición de hablar y prender el maldito celular.

Asumo la responsabilidad de calificar de maldito al objeto móvil que tanto ha servido para cambiar nuestros hábitos sociales. Pese a que uno creía que era un instrumento de comunicación, de trabajo y de entretenimiento, resulta que el instrumento ha acabado siendo quien lo usa. Impulsado por un diabólico automatismo de conducta, ajeno a la voluntad y a la responsabilidad de elegir, el usuario del móvil se ha convertido en adicto.

Se trata de una adicción contraria a sencillas normas de convivencia social. Aunque por ahora ha sido imposible contrarrestar el efecto de una plaga que enferma por igual a jóvenes y adultos (desde niños se “enganchan” a esta droga), no estamos lejos de la solución tecnológica y legal que regule este compulsivo deseo de “estar comunicado” y en línea.

Si no ha aparecido ya, debería aparecer e imponerse un censor electrónico que interrumpa la señal de los móviles en ciertos lugares: aulas de clase, teatros, salas de cine o de conferencias, en fin, lugares donde es más la gente que desea silencio y tranquilidad que aquella que cifra su existencia en una señal. Pero sospecho que eso reduciría considerablemente los beneficios de los operadores de telefonía celular. Hagan cuentas y verán.

Algo se ha ganado en muchos países, pero la ganancia es proporcional a la madurez social de un país. Un ciudadano que no sanciona los comportamientos indebidos de otros ciudadanos es, en muchos casos, un ciudadano que se reserva el derecho de cometer actos indebidos. Tolera la bulla nocturna del vecino porque encuentra natural la posibilidad de hacer la misma bulla.

Las interferencias del delirio electrónico en nuestra calidad de vida son tantas, que muchas grandes conquistas de la tecnología han creado en millones de seres una servidumbre de alcances patológicos.

Uno esperaba que, pasado cierto tiempo de adaptación al uso de nuevas tecnologías, vendría una lenta autorregulación de ese uso. Pero no. Al parecer, vivimos en sociedades que lo desregulan todo: la economía, los derechos ciudadanos, la política, el derecho a la vida, las relaciones con los vecinos.

De la satisfacción de muchas necesidades hemos pasado a la violación de numerosas normas de convivencia social. Así como asistimos a una colosal empresa de corrupción del Estado y de los negocios de los particulares, de la política y del contrato social que uniría a los ciudadanos con sus gobernantes, así mismo asistimos a la corrupción de nuestra vida cotidiana.

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Risa y humor

Posted by pocho On junio - 16 - 2011

Por: Klaus Ziegler

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

No hay nada más cotidiano, ni más humano, ni más misterioso que el humor. Como la belleza, podemos reconocerlo pero no explicarlo. Como el arte, brota en inspiraciones repentinas sin que nadie conozca una fórmula mágica para crearlo.

Mucho se ha escrito sobre este enigma de la psiquis humana, aunque poco se ha revelado y casi nada se conoce sobre su génesis. Cuál no sería la sorpresa de una inteligencia alienígena al ver cómo los habitantes de este rincón del universo, en situaciones particulares, abren ligeramente la boca, muestran los dientes, y luego comienzan a exhalar aire en cortos intervalos, emitiendo un sonido único e inconfundible.

La risa, como el llanto, no tiene paralelo en el reino animal, con excepción de nuestros primos más cercanos, los monos antropoides. Estudios recientes del etólogo holandés Jan van Hooff muestran que los grandes simios también ríen, aunque su risa se asemeja más a un jadeo gutural y algo siniestro que recuerda las risotadas afectadas y burlonas que suelen acompañar los juegos de manos entre muchachos.

Sonreímos desde la cuna, una reacción sin duda programada en nuestros genes, pues hasta los niños ciegos de nacimiento sonríen sin que puedan haberlo observado en otras personas. Es notable que los mellizos idénticos, criados por separado, rían en forma muy parecida; y es curioso que sin importar cuál sea nuestro idioma nativo, riamos sin un acento particular.

Reír involucra al menos dieciséis músculos faciales controlados por zonas cerebrales no accesibles desde la consciencia. Ya en el siglo XIX, el neurólogo Duchenne de Boulogne había explicado por qué no tenemos ninguna dificultad para diferenciar la risa auténtica de la postiza: en la risa genuina se contrae el músculo orbicularis oculi, que arruga la piel alrededor de los ojos, lo que no ocurre cuando reímos de manera fingida. Un fenómeno aún sin explicar es la llamada “risa del conejo”, que aparece en forma misteriosa en algunos moribundos, y también en este animal antes de morir.

Y si la risa tiene aún aspectos por explicar, el humor es un verdadero misterio. Aristóteles lo concebía como algo acoplado con la fealdad y la bajeza, y señaló, como Kant, que la sorpresa era su esencia. Platón lo asociaba con el placer y la pena, mientras que Descartes creía que era una manifestación de gozo, mezclada con hostilidad. Freud interpretó el humor como un desplazamiento del acento psíquico del yo al superyó, una explicación que hoy hace reír a más de uno.

Pero hay un aspecto adicional al que no parece dársele la importancia que merece, y es el hecho de que la risa juegue un claro papel como mecanismo de recompensa, unas veces, otras de castigo, y que tal vez pudiera explicar su origen evolutivo. Cabe pensar que desde muy temprano, incluso antes de aparecer el lenguaje, la sonrisa pudo haber adquirido la función de premiar aquellas acciones dignas de ser emuladas. El fenómeno puede confirmarse en la vida cotidiana: con amplias sonrisas los padres celebran los triunfos académicos, o las hazañas deportivas de sus hijos (aun el triunfador sonríe ante sus propios éxitos). Sonreímos cuando resolvemos un acertijo, y reímos ante una ocurrencia ingeniosa. En el extremo opuesto encontramos la risotada estrepitosa y descompuesta, un instrumento para mofarnos del prójimo: ingenuidades, torpezas, equívocos… son castigados a menudo con una carcajada.

Una taxonomía gruesa del humor revela una gran familia de chistes construidos con una receta única: la incongruencia y la sorpresa. Con este método se elabora un contexto que promete un resultado para golpearnos luego con una interpretación insospechada. Un ejemplo es el chiste que se le atribuye al prolífico matemático húngaro Paul Erdös: “El primer síntoma de senilidad en un matemático es cuando comienza a olvidar sus teoremas. El segundo, cuando olvida subirse la cremallera; y el tercero: cuando olvida bajársela”.

Sarcasmo e ingenio son una combinación frecuente, fórmula que Groucho Marx cultivó con maestría, como en esta frase inmortal: “Es mejor permanecer callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas”. Y esta otra: “Detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, y detrás de ésta, su esposa”. Cuentan que cierto día en que le presentaron una mujer poco agraciada, le dijo con franqueza: “Nunca olvido una cara, pero en su caso haré una excepción”.

Humor y sabiduría a menudo se confunden. Joyas de este género son los geniales aforismos de Lichtenberg y las memorables ocurrencias de Mark Twain. Hay seso y humor en esta célebre frase: “El amor es ciego, pero el matrimonio le restaura la vista”. Y hay belleza e ingenio en esta comparación: “La diferencia entre la palabra adecuada y la casi correcta, es la misma que entre el rayo y la luciérnaga”. Cuentan que en una ocasión, siendo el gran escritor americano un hombre ya muy viejo, un periódico local anunció por error su muerte, a lo que éste se apresuró a declarar: “No se preocupen, puedo asegurarles que los rumores acerca de mi muerte son algo exagerados”.

Los equívocos y las torpezas nos hacen reír. La siguiente historia fue publicada en el diario The New York Times, el 18 de julio de 1967. En Picoaza, pequeño pueblo de Ecuador, cuatro mil ciudadanos eligieron como alcalde a pulvapiés, un talco para los pies. Tal parece que en la víspera de las elecciones, la empresa de talcos había distribuido un volante del mismo tamaño y color de la tarjeta de votación, donde se leía: “Vote por cualquier candidato, pero si quiere higiene y bienestar, vote por pulvapiés”.

Cabe la posibilidad de que el aparente equívoco en realidad no hubiese sido un error, si tenemos en cuenta el mal olor que siempre despide la política, en Ecuador, y en cualquier otra parte.

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