Carlosprieto.net

"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Archive for abril, 2011

El aliado oscuro

Posted by pocho On abril - 30 - 2011

Por: Jesús Rodríguez

Fuente: El País – Madrid, España

El aliado oscuro de Juan Pablo II

Maciel, fundador de los Legionarios, ya era pederasta cuando el polaco llegó a papa – Ambos se apoyaron entre sí y compartieron una visión de la Iglesia

El papa Juan Pablo II bendice a Marcial Maciel durante una audiencia especial en noviembre de 2004.- PLINIO LEPRI (AP)

“Y a usted, padre, ¿cuándo le vino la idea de crear la Legión?”, le preguntó Juan Pablo IIMarcial Maciel la primera vez que cenaron juntos en el comedor privado del Santo Padre. La respuesta de Maciel fue inmediata: “Santidad, a los 15 años ya tenía claro que quería crear una congregación de sacerdotes para instaurar el reino de Cristo en la sociedad”. El Papa reflexionó y continuó: “Pues sabe usted, padre Maciel, yo a los 15 años aún no había sido ordenado y no se me pasaba por la cabeza llegar a ser Papa”. Según un religioso que presenció la conversación, tras esa frase del Papa los dos rompieron a reír. El Papa siempre admiró a Maciel esa seguridad absoluta que tenía en su misión. Sabía que iba ser de una fidelidad absoluta.

Cuando Wojtyla accedió al papado en 1978, Maciel ya era pederasta. Ya había tenido relaciones con mujeres; ya sufría una adicción a los opiáceos y llevaba décadas de manejos económicos. Controlaba con mano férrea a sus chicos presos en su particular voto de silencio; era señor de mentes y haciendas en la Legión de Cristo. Pero todo su poder poco tenía que ver con lo que conseguiría de la mano del nuevo pontífice. En 1978, la Legión de Cristo era apenas una congregación profundamente conservadora creada por un ambicioso sacerdote mexicano, que aún no tenía aprobadas sus Constituciones, secretista, poderosa en México y con presencia entre las élites reaccionarias de España, Italia, Irlanda y EE UU. Con Juan Pablo II, Marcial Maciel conseguiría una influencia que nunca pudo imaginar.

Y más aún arrastrando su oscuro pasado del que nadie al parecer se percató. Maciel era un geniocomo recaudador, sus seminarios estaban llenos y presumía de no ir ni un paso atrás ni delante del Papa. Y, por si fuera poco, apoyaba económicamente a Solidaridad, el sindicato católico creado en Polonia en 1980 y dirigido porLech Walesa que estaba minando los cimientos del régimen comunista de parte del nuevo Papa.

Durante el papado de Wojtyla, la Legión sería la congregación católica de mayor crecimiento. Cuando Wojtyla llegó al Vaticano, contaba con 100 sacerdotes. A su muerte tenía 800 y más de 2.000 seminaristas repartidos en 124 casas por todo el mundo. Universidades en México, Chile, Italia y España; facultades de Teología, Filosofía y Bioética. Más de 130.000 alumnos. Y 20.000 empleados en su grupo económico Integer. La cifra que más se ha repetido sobre el valor de los activos de la Legión en los últimos años es de 25.000 millones de euros.

Después de un Papa de dudas como Pablo VI, llegó en 1978 Karol Wojtyla, un Papa de certezas. Procedente de la siempre fiel Polonia. Como México. Un catolicismo de resistencia. Ese era el proyecto que ofrecía el nuevo Papa en un tiempo de incertidumbres. Para su batalla, necesitaba un ejército incondicional. Ya no le valían los franciscanos, dominicos o jesuitas. Estaban demasiado comprometidos con los pobres. Fronterizos con el marxismo. Enemistados con los poderosos. Wojtyla encontró sus nuevos reclutas en el Opus, los KikosLumen Dei, los carismáticos,Comunión y LiberaciónSchoenstattSan Egidio y en la Legión de Cristo. Juntos se montaron en la máquina del tiempo y rebobinaron hasta los años cincuenta. Hasta una Iglesia con un poder centralizado, sin lugar para la disidencia. Y decidieron que esa era la Iglesia de fin de siglo; la que tenía que reevangelizar el planeta. Maciel sería uno de los mariscales de campo.

Sus trayectorias eran casi gemelas. Habían nacido en 1920, con dos meses de diferencia, en el seno de familias conservadoras, rurales y de clase media. Criados en un catolicismo piadoso, vigoroso, excluyente, muy de resistencia política y unido al sentimiento nacional de México y Polonia. Vivirían momentos de opresión religiosa durante su niñez que les educaría en un catolicismo de batalla. Las madres de ambos, Emilia y Maurita, serían el amor de su vida; la clave de su adoctrinamiento religioso, su modelo. Las mujeres tenían que ser para ellos madres y esposas. Y transmisoras del catecismo. Como sus madres.

Según Maciel en su libro Mi vida es Cristo, Juan Pablo II y él se conocieron en enero de 1979, dos meses después de que Wojtyla fuera elegido sucesor de san Pedro. Al nuevo Papa se le metió en la cabeza que su primer acto de masas fuera de Italia tenía que ser en México, un país con más de 80 millones de católicos en las puertas de EE UU y la Centroamérica de la Teología de la Liberación. Había que arrebatar América a las garras del comunismo.

En enero de 1979, Wojtyla estaba decidido a realizar ese viaje. Pero el Gobierno mexicano no lo tenía tan claro. México y la Santa Sede no mantenían relaciones diplomáticas. México era un Estado profundamente laico con una constitución anticlerical. Pero a la vez contaba con un catolicismo muy emocional, de sangre. Su legislación implicaba que en el caso de que Juan Pablo II visitara México, no lo podría hacer como jefe de Estado, sino como un “turista ilustre”; no sería invitado oficialmente por el presidente José López Portillo. No podría celebrar la misa en espacios abiertos. Con su apuesta de visitar México, Wojtyla se la jugaba. Justo al comienzo de su pontificado.

En esto apareció Maciel. Dentro de la red de amistades que el fundador de los legionarios había tejido en México estaban Rosario Pacheco y Margarita y Alicia López Portillo. Católicas, ricas y madre y hermanas del presidente mexicano, José López Portillo. Maciel era el confesor de doña Rosario. Habló con ellas. Y ellas con el presidente. Se obró el milagro. López Portillo invitaría al Papa y le recibiría en el aeropuerto. Juan Pablo estaría autorizado a decir misa al aire libre ante cientos de miles de fieles. Y la visita sería transmitida por televisión.

Wojtyla nunca olvidaría aquel fino trabajo. A nadie en Roma le importó que corrieran los rumores contra el superior de los legionarios; que en algún rincón de la curia se escondiera un grueso dossier sobre sus andanzas. Juan Pablo II las ignoró. Y durante casi tres décadas no dejó de recompensar la lealtad de Maciel.

En los años siguientes, Wojtyla aprobaría las Constituciones de la Legión sin cambiar una coma, ordenaría en el Vaticano a 59 legionarios e invitaría a Maciel a fiscalizar varios sínodos de obispos en Europa y Latinoamérica. Favoreció la creación de la universidad pontificia de los legionarios en Roma y la implantación de la congregación en Chile. Y llegó a definir a Maciel como “guía eficaz para la juventud”.

Y cuando las cosas se comenzaron a poner mal para Maciel tras la publicación en The Hartford Courant de las primeras denuncias por abusos sexuales, en febrero de 1997, el Papa hizo oídos sordos. En uno de los últimos actos de la Legión que presidió al final de su vida, Wojtyla aún homenajearía a los miembros de la Legión de Cristo elevando la voz y sobreponiéndose a su enorme debilidad: “Se nota, se siente, los legionarios están presentes”.

Cuando el obispo mexicano Carlos Talavera entregó en 1999 una carta al cardenalRatzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y hoy Papa, que detallaba los abusos de Maciel sobre el ex sacerdote legionario Juan Manuel Fernández Amenábar, la respuesta de Ratzinger fue concluyente, según declaró después ese mismo obispo: “Lamentablemente, no podemos abrir el caso del padre Maciel porque es una persona muy querida del santo padre, ha ayudado mucho a la Iglesia y lo considero un asunto muy delicado”.

Tendría que morir Juan Pablo II en abril de 2005 para que el affaire Maciel se reactivase. Y ya nada podría salvarle de la condena. El fuego eterno lo tenía asegurado.

* Jesús Rodríguez es autor del libro La confesión. Las extrañas andanzas de Marcial Maciel y otros misterios de la Legión de Cristo (Debate).

Popularity: 3% [?]

El discurso de Guardiola

Posted by pocho On abril - 29 - 2011

Por: Ramon Besa

Fuente: El País – Madrid, España

Guardiola siempre guardó un respeto institucional hacia el Madrid. Mantiene todavía una buena relación con Raúl, recuerda a la Quinta del Buitre como una generación futbolística revolucionaria, intercambia mensajes con Fernando Hierro y es de la cuerda de Valdano. Desde su condición de barcelonista, le tiene desde siempre por un equipo muy competitivo y un club poderoso. Le preocupa, en cambio, cómo Florentino Pérez administra y aplica el poder, y a sus oídos ha llegado también que el presidente del Madrid recibió su llegada al banquillo del Camp Nou con una frase despectiva tal que “Guardiola es el López Caro del Barça”.

No hay pruebas, como de tantas otras afirmaciones que circulan por el mundo periodístico a gusto del consumidor, en función del bando en el que se milite, ya sea en la central lechera, como se denomina a la prensa afín a Florentino, o en la culé. No para el ventilador de la propaganda ni el de la contra propaganda. El presidente del Madrid ha congelado el organigrama y también el tejido social del club del señorío que tanto reverenciaba el entrenador del Barça. Florentino se ha vencido a Mourinho y la suma de ambos provocó que el martes reventara Guardiola, desquiciado al igual que en su día Rijkaard, después de que Mourinho le acusara de conspirar en la caseta del árbitro.

Hay quien sostiene desde el Camp Nou que Mourinho consiguió sacar “lo peor de Guardiola”, su perfil más desconocido y agresivo, no el reivindicativo, que siempre lo tuvo, tanto en las causas personales como de club. Una de las personas próximas al técnico aseguró ayer: “Pep ha reaccionó así porque cree que el equipo le necesitaba”. La cuestión era liberar a los jugadores, ponerles a salvo de cualquier duda, mientras el propio Guardiola se batía con Mourinho. Hombre de juzgados y comunicados, a Rosell le tocaba el papel de neutralizar a Florentino, que a ojos de algunos barcelonistas parece menos enemigo que Laporta.

A Guardiola y al Barça les convenía recuperar la iniciativa, o al menos el protagonismo positivo, después de que Mourinho hubiera visualizado mejor la serie de los clásicos. A diferencia del Barcelona, que ha distinguido tres torneos diferentes de una larga temporada y de un proyecto a largo plazo, el técnico portugués ha afrontado el choque como un pack en el que tenía una posibilidad única de destruir en 15 días la obra de Guardiola. No es casualidad que la trama haya ido in crescendo, siempre desde la espiral de Mourinho, empeñado en manchar todos los títulos del Barça, dispuesto a demostrar que todo su futbol es artificial, puro teatro, un invento de la prensa.

El discurso de negación del fútbol barcelonista había funcionado mucho mejor que el de afirmación hasta el desenlace porque la maquinaria madridista había actuado con más determinación que la azulgrana. La duda estaba en saber si la personalidad de Guardiola, personaje de club por excelencia, absorbente y capaz de asumir distintos papeles, había provocado una parálisis institucional o la directiva aún no encontraba su sitio en el club, más allá de la de controlar el gasto, siempre a la expectativa del discurso de Guardiola, incapaces los miembros del consejo de responder al pilón destructor de Mourinho.

Mou siempre se defendió a partir de medias verdades y procuró convencer al espectador de que el Barça no juega al fútbol sino que hace teatro y que no hay más guionista que Guardiola. Llegados a tal punto, no está en juego un título sino la cabeza de Mou o de Pep, sobre todo porque la política de los dos clubes descansa en sus técnicos. A Mourinho, sin embargo, le protege el poder mientras que al equipo de Guardiola se lo lleva la corriente, expuesto al marcador. El desgaste del técnico azulgrana es imparable porque se ha sentido solo mientras que el del Madrid congregó a la entidad. A Mou solo le preocupa desenmascarar a Pep, batirse en el cuerpo a cuerpo, desenmascarar al Barça.

No es extraño por tanto que el Madrid se sintiera más fuerte en el cuerpo a cuerpo, en los torneos de eliminación, que en la Liga, un torneo que domina el Barcelona por su capacidad para relacionarse con el Sporting u Osasuna, despreciados por Mou, deseoso de medirse con quien le disputa la jerarquía. A Mourinho le obsesiona desenmascarar al Barça mientras que Guardiola pretende ganarse a la gente del fútbol, y de ahí su arrebato colérico, su discurso contra Mourinho, porque en el fondo cree que está defendiendo a su equipo, al fútbol, a Valdano, a la Quinta del Buitre, al Madrid que perdió la Liga en Tenerife sin decir ni pío para gloria del Barça.

Así que, visto el guión y disputada la ida de la Champions, el fútbol se puso de parte de Guardiola y negó a Mourinho. Triunfó Messi a partir de la expulsión de Pepe, una jugada que permitirá a cada entrenador continuar con su discurso. Los guiños del fútbol son inacabables. De momento, sin embargo, visto el juego y el marcador, Messi le ha dado la razón a Guardiola. El entrenador se mojó por el equipo y el equipo homenajeó al técnico.

Popularity: 6% [?]

El Estado ladrón

Posted by pocho On abril - 28 - 2011

Por: Felipe Zuleta LLeras

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

Releyendo al pensador y político Carlos Lemos S., encuentro que él hace más de 18 años, en una columna titulada como esta y que, tímidamente hoy tomo prestada, describía al Estado, precisamente como lo vemos hoy: el enemigo de los ciudadanos que acabó convertido en el adversario voraz de los gobernados, que ha crecido sin límites en manos de unos pocos que se apropiaron del erario, dejando millones de colombianos sumidos en la pobreza absoluta y a la desoladora deriva de sus propias desgracias.

Decía Lemos entonces: “Hasta hace poco, el Estado preocupaba porque se había vuelto inmenso, costoso, perezoso y fisgón. Hoy esa desazón ha sido reemplazada por otra mayor. El Estado no es, simplemente irresponsable y haragán. Interferido por un sector de la clase política que decidió convertir la cosa pública en cosa nostra, se ha vuelto un malhechor. No usa el impuesto para redistribuir la riqueza. Lo utiliza para concentrarla en las manos de un conjunto de pícaros que resolvieron hacer de la burocracia una ganzúa y de la política una mafia con antifaz. Hoy el Estado no sólo interviene sino que despoja. Las tarifas de los servicios se han transformado en una modalidad inclemente de la confiscación. Cada vez son más altas, porque el pillaje es cada vez mayor. En realidad, en Colombia hace rato se privatizaron los servicios públicos: con su producido se han hecho ricos, riquísimo, más de un particular. Las empresas públicas, son fincas, haciendas, feudos personales de unos cuantos políticos que convirtieron en patente de corso su credencial. Aquí lo único que se ha nacionalizado, realmente, es la inmoralidad… Aun en la Justicia, que es el principal de los servicios públicos en cualquier país, se ha impuesto, lamentablemente, una forma —perversa— de la privatización. En Colombia la gente se hace justicia por cuenta propia, porque ya no confía en ella como institución…”.

Pensaba en estos días cuando el invierno azota el país como nunca antes, que el Estado colombiano es incapaz de prever, organizar, ayudar eficientemente a sus ciudadanos, pues su clase dirigente, si es que así se le puede llamar, ha estado dedicada a la protección de sus propios intereses que, ciertamente, no son los de la mayoría de los colombianos.

Apabulla ver a nuestros gobernantes prometiéndoles a los damnificados las ayudas que no llegan o lo hacen tarde, porque tienen que pasar por el tamiz perverso de los políticos locales. Sí, los mismos que meten sus escabrosas manos en los dineros públicos para hacerse a las arcas que provienen de todos y que acaban en manos de refinados ladrones de cuello blanco o, simplemente, de mendaces rufianes oficiales.

Cuántas veces más oiremos a nuestros gobernantes, y aún al mismo presidente de la República, prometiendo la reconstrucción de los pueblos arrasados por las aguas y el barro. Ello no ocurre, porque el Estado colombiano, como lo anunciaba Lemos, acabó convertido en un ávido ladrón.

Popularity: 4% [?]

La verdad sepultada

Posted by pocho On abril - 27 - 2011

Por: María Jimena Duzán

Fuente: Semana – Colombia

¿Por qué no se está investigando a las personas que recibían, calificaban y seleccionaban a los beneficiarios de los subsidios?

Yo no sé si el exministro de Agricultura Andrés Felipe Arias va a salir bien o mal librado del escándalo de Agro Ingreso Seguro (AIS). Lo que sí sé es que no le está diciendo la verdad al país cuando afirma que él no “tuvo ninguna injerencia ni técnica ni financiera” en el proceso de adjudicación de unos subsidios provenientes del programa AIS.

Hagamos un poco de historia a ver si se le refresca la memoria: en enero de 2005, a los pocos días de nombrado, varios de los funcionarios recuerdan la energía con la que el ministro anunció la creación de ese programa. Al otro día y por disposición suya se creó una nueva dirección dentro del Ministerio, que se llamó Dirección de Agro Ingreso Seguro, la cual empezó a funcionar en una oficina contigua a la suya, encargada del diseño, montaje y puesta en marcha del programa AIS. Arias, que ahora dice que no tuvo nada que ver con este programa, contrató a los más importantes profesionales y nombró director a Juan Camilo Salazar, con un sueldo de 14 millones de pesos, muy superior al de 4 millones que tenían los directores técnicos de planta del Ministerio.

Esa no era la única diferencia: ellos eran contratados a través de IICA-OEA, mientras que los demás funcionarios eran de planta del Ministerio. Evidentemente fue el IICA el que contrató a estos profesionales, pero quienes obtuvieron el empleo eran personas que había seleccionado el ministro Arias, de la misma forma que José Obdulio Gaviria fue contratado a través del PNUD por petición del propio presidente Uribe.

A lo largo de 2006 y 2007, Arias siempre estuvo rodeado por Salazar, quien entraba y salía de su despacho como si fuera su mano derecha y lo acompañaba sistemáticamente a las visitas regionales. En esa época Arias, quien hoy niega esa progenitura, se ufanaba de ser el padre del programa. Sería tan cercano Arias a esta Dirección que en enero de 2008 nombró a Juan Camilo Salazar como su viceministro.

Desde 2006 hasta 2009 se hicieron seis convenios. Tres sirvieron para pagar los honorarios del personal de AIS que operaba bajo las instrucciones del ministro y los otros tres se utilizaron para entregar la operación de la convocatoria de riego y drenaje. Durante estas convocatorias fue cuando la revista Cambio denunció un fraccionamiento de cinco predios por cuenta de acaudaladas familias de la costa: Lacouture, Vives, Dávila y Abondano, entre otras.

Lo curioso es que a pesar de que toda esta historia la conocen la Procuraduría y la Fiscalía, a ninguno de los dos entes le ha parecido relevante. Por el contrario, la Procuraduría abrió un pliego de cargos en contra de 12 funcionarios de planta del Ministerio, a sabiendas de que ninguno de ellos tuvo injerencia directa en la operación del día a día de AIS. Y lo más sorprendente es que los cargos principales se les imputan a dos funcionarios que no tuvieron que ver con la selección de los beneficiarios para la entrega del subsidio: Camila Reyes, directora de Comercio y Financiamiento para el convenio de 2007, y Javier Romero, director de Desarrollo Rural. Pero lo más truculento es que quienes terminan señalando a estos dos funcionarios son varios subalternos de Arias en el Ministerio. Tal es el caso del viceministro de la época, Fernando Arbeláez, quien en un interrogatorio ante la Procuraduría afirmó que la señora Reyes fue la autora no solo del convenio, sino que comprometió los recursos del Ministerio por 47.000 millones. ¿Quién puede creer que un ministro como Arias haya permitido que una subalterna de cuarto nivel comprometiera un presupuesto de tal tamaño, sin que él estuviera enterado?

Lo que se ha podido establecer es que tanto Camila Reyes como Tulia Eugenia Méndez, Javier Romero y Oskar Schroeder sí participaron en los trámites previos para la firma de los convenios, pero que quien los firmó fue Andrés Felipe Arias. Y no deja de ser curioso que el cargo imputado por la Fiscalía contra estos cuatro, el de celebración de contratos sin el lleno de los requisitos legales, se les imponga a unos funcionarios de cuarto nivel y no al ministro. También sorprende que ninguno de los contratistas de AIS, que fueron los que estructuraron todo el andamiaje de esos tres convenios, esté investigado ni por la Procuraduría ni por la Fiscalía. Entre ellos, Julián Gómez, el hijo del magistrado de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia Alfredo Gómez Quintero.

Pero lo que ya sí raya con el absurdo es que tanto la Fiscalía como la Procuraduría han centrado sus investigaciones solo en los tres convenios de riego y drenaje sin tener en cuenta que la irregularidad ocurrió en la entrega de los subsidios de la convocatoria, donde se entregaron los dineros a las familias antes mencionadas. Eso es lo mismo que tratar de buscar la fiebre en las sábanas. ¿Por qué no se está investigando a las personas que recibían, calificaban y seleccionaban a los beneficiarios de los subsidios?

Lo que ni la Fiscalía ni la Procuraduría quieren ver es que las reglas para la entrega del subsidio, que es donde está el problema, fueron estructuradas por la Dirección de AIS (ver documento) y aprobadas por Andrés Felipe Arias como ministro (ver documento).

Entre las mentiras de Arias y la actuación errática de la Procuraduría y de la Fiscalía, la verdad en este escándalo va camino a ser sepultada.

Popularity: 12% [?]

Bastones y pocas reglas

Posted by pocho On abril - 27 - 2011

Por: Paulo Coello

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Una revista semanal publicó recientemente una nota sobre mí, mencionando el hecho de que suelo hacer la llamada “caminata nórdica”. Bastó que en el artículo se comentase que caminando había perdido cuatro kilos para que mis buzones de correo se inundasen de mensajes pidiéndome más información sobre el proceso. Supongo que todos se creen con kilos de más: ¡olvídense de eso! Hacer ejercicio es importante, pero hay que divertirse mientras se educa el cuerpo. En mi libro Ser como un río que fluye cuento cómo descubrí el agradable proceso de caminar.

En el otoño del 2003 estaba yo paseando en plena noche por el centro de Estocolmo, cuando vi a una señora que caminaba apoyándose en unos bastones de esquí. En primer lugar deduje que la señora debía de haber sufrido algún tipo de lesión. Luego me di cuenta de que ella caminaba con bastante rapidez y siguiendo con sus movimientos un ritmo bien marcado, como si estuviese atravesando la nieve. La conclusión fue: “esta señora está loca: ¿cómo puede fingir que está esquiando en medio de una ciudad?”.

Al regresar al hotel, le comenté la anécdota a mi editor. Él me dijo que el loco era yo: lo que había visto era un tipo de ejercicio conocido como “caminata nórdica” (nordic walking). Según él, así, además de las piernas, se emplean también los brazos, los hombros y los músculos de la espalda, de manera que se trata de un ejercicio mucho más completo.

Mi intención al caminar es poder reflexionar, pensar, observar las maravillas que me rodean, conversar con mi mujer mientras paseamos… Cierto día, estaba yo en una tienda de artículos deportivos cuando vi estos bastones que usan los montañeros -leves, de aluminio, que pueden prolongarse o encogerse siguiendo el mismo sistema telescópico de los trípodes para cámaras fotográficas-.

¿Por qué no probar? Compré dos pares, uno para mí y otro para mi mujer. Regulamos los bastones a una altura que nos resultara cómoda y, al día siguiente, decidimos estrenarlos.

¡Fue un descubrimiento fantástico! Subimos y bajamos una montaña, sintiendo de hecho que todo el cuerpo entraba en acción, y además el equilibrio mejoraba y el cansancio era menor. Caminamos el doble de la distancia que recorremos normalmente en una hora.

Mi mujer buscó en internet y descubrió que de esta manera se quemaba 46 por ciento más de calorías que en una caminata normal. Se quedó muy entusiasmada, y a partir de entonces la “caminata nórdica” pasó a formar parte de nuestra vida cotidiana.

Cierta tarde, para distraerme, decidí entrar también en internet y ver lo que se decía sobre el asunto. Me quedé pasmado: había páginas y más páginas, federaciones, grupos, discusiones, modelos, y… reglas.

Imprimí todas las páginas. Al día siguiente -y los que lo siguieron- intenté hacer exactamente lo que indicaban los especialistas. Entonces la caminata comenzó a perder interés, yo ya no me paraba a observar las maravillas que me rodeaban, apenas conversaba con mi mujer, no conseguía pensar en nada que no fueran las reglas. Al cabo de una semana, me hice la siguiente pregunta: ¿por qué estoy aprendiendo todo esto?

Decidí olvidar todo lo que había aprendido. Hoy en día caminamos con nuestro par de bastones, disfrutando del mundo que tenemos alrededor, sintiendo la alegría de exigirle al cuerpo movimiento y equilibrio. Si lo que yo quisiera fuera hacer ejercicio en lugar de “meditación en movimiento”, me apuntaría a un gimnasio. Hoy estoy satisfecho con mi “caminata nórdica”, relajada e instintiva, aunque tal vez no esté perdiendo ese 46 por ciento extra de calorías. No sé por qué el ser humano tiene esta manía de inventarse reglas para todo.

Popularity: 3% [?]

Me da mucha pena

Posted by pocho On abril - 26 - 2011

Por: Saúl Hernández Bolívar

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

La reconstrucción de un país es una oportunidad de progreso en cualquier parte, pero no en Colombia.

Juan Manuel ya va a justar una cuarta parte de su mandato -pues no piensa repetir- y ni siquiera han arrancado sus locomotoras, mucho menos las tareas de recuperación de la primera ola invernal.

Mientras el presidente Santos se entretenía convirtiéndose en líder regional, pasó lo que todos sabíamos que iba a pasar: volvió ‘La Niña’, volvieron las lluvias y se volvió a inundar el país. Una tragedia repetida en apenas seis meses.

En una columna anterior reclamé más compromiso del Gobierno porque se notaba cierta frescura y despreocupación, y expresé que “sería lamentable que el país se tarde un año en abrir los ojos y aceptar la gravedad de la catástrofe porque, para entonces, ya se habrá llevado también la esperanza de la Prosperidad Democrática. Si el desastre es una oportunidad, como dicen, hay que tomar ese tren ahora” (EL TIEMPO, 21-12-10).

En ese entonces, muchos analistas coincidían en afirmar que la tragedia invernal necesariamente le cambiaba los planes a la nueva administración. Que Santos tenía que dedicarse a reconstruir el país, no solo por lo que se había afectado, sino por todo lo que tendría que adaptarse para enfrentar futuras calamidades invernales. Pero Juan Manuel ya va a ajustar un año de gobierno -una cuarta parte de su mandato, pues no piensa repetir- y ni siquiera han arrancado sus locomotoras, mucho menos las tareas de recuperación de la primera ola invernal.

Las disculpas no se han hecho esperar: que la nueva arremetida del invierno no dio tiempo de hacer nada o que es el peor invierno de nuestra historia y solo queda encomendarse al Altísimo en jornadas de oración. No, los japoneses recuperaron en solo cuatro días un tramo de carretera que fue seriamente fracturado por el terremoto del 11 de marzo, y en apenas un mes, el aeropuerto de Sendái, que quedó invadido de escombros por el tsunami.

Si el Gobierno está a la espera de que las CAR -o las nuevas entidades resultantes de una reforma en el Legislativo- les den solución a las fallas que el invierno acrecienta, se quedará esperando. La tregua invernal debió aprovecharse para dragar ríos y quebradas y recuperar sus retiros (léase, desalojar cientos de viviendas), iniciar programas de reforestación y de restablecimiento de humedales, limpiar alcantarillas, levantar verdaderos jarillones y muchas cosas más.

Se ha debido empezar a reubicar familias que viven en zonas de alto riesgo para que no se repitan tragedias como la de La Gabriela, en Bello, y a reasentar pueblos enteros como Gramalote. Si la construcción de viviendas es una de las cinco locomotoras base del programa del Gobierno y el déficit de viviendas es apremiante, ¿qué estamos esperando para hacerlo?

Por otra parte, la atención de la pasada temporada invernal ha presentado graves fallas. Mientras el Gobierno asegura que las partidas para la atención de damnificados se han entregado, la mayoría de los gobernadores se quejan de que la plata no les llega.

Igualmente, se han denunciado sobrecostos en la compra de mercados, politización de las ayudas humanitarias y, lo que es peor, alimentos que se dejaron perder en lugar de entregarlos. Ya hay 30 alcaldes y gobernadores investigados.

No nos digamos mentiras: lo que Colombia vive no es una tragedia invernal, sino una debacle institucional. La precariedad del Estado es de tal magnitud, que damnificados del Magdalena tuvieron que bloquear una carretera para protestar por un boquete de 400 metros que está abierto desde el año pasado sin que el Gobierno le preste atención. Todo muere en trámites, pobreza de gestión y negligencia en la ejecución.

La reconstrucción de un país es una oportunidad de progreso en cualquier parte, pero no en Colombia. Si no son funcionarios corruptos, son contratistas ambiciosos los que se quedan con el pastel. Santos tiene entre manos una verdadera oportunidad de cambiar el país y es reconstruyéndolo -como hizo Roosevelt en Tennessee, su inspirador-, no ahogándose en retórica. Me da mucha pena decirlo, pero no se ha dado cuenta.

Popularity: 11% [?]

Chernóbil, 25 años después

Posted by pocho On abril - 25 - 2011

Por: Beatriz Leal

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

Colombiana que estuvo en la zona de la tragedia, cuenta lo que se vive y se siente en el lugar.

Ucrania. Algunos hombres del equipo de rodaje visitaron los bancos de esperma de Islandia guardando una posibilidad para el futuro antes de iniciar nuestro viaje hacia Chernóbil. Otros ni siquiera tuvieron los cojones de arrancar, a pesar de haber estado en toda la etapa de preproducción. Todos sabíamos el riesgo que corríamos, pero así, con este incierto panorama, empezamos nuestro periplo hacia la zona donde hace 25 años, el 26 de abril de 1986, ocurrió el desastre nuclear más grande de la historia.

Lo que ocurrió en Ucrania había estado en una especie de letargo hasta que llegó el tsunami que dañó la planta nuclear de Fukushima. Nuestro equipo llegó a Chernóbil el 9 de marzo y dos días después, Japón y el mundo se estremecieron por la fuerza de la naturaleza.

Para hablar de Chernóbil es necesario hablar de Prípiat, la ciudad fantasma, que fue el lugar más cercano a la central nuclear donde pudimos llegar. Esta zona, que había sido construida especialmente para la gente que trabajaba en la planta, es hoy una ciudad inhabitable. El lugar está abandonado, desértico, el silencio es agobiante y la imaginación del visitante solo se dedica a recrear los momentos que se vivieron en cada rincón de esta fantasmagórica ciudad, que hoy parece suspendida en el tiempo.

Las palabras son cortas para describir lo que se experimenta al estar allá, al igual que pierden validez todos esos datos previos de búsquedas por Internet sobre el tema. La única y real información queda grabada en la mente de cada uno de los que la visitan, y que al pararse frente a la masa de edificaciones que conforman esta ciudad muerta, logran entender la magnitud de lo que pasó hace 25 años.

La razón por la cual tres colombianos llegamos allá fue Seven Years of Winter, un cortometraje del director alemán Marcus Schwenzel, en el que se muestra la vulnerabilidad de un niño expuesto por su hermano mayor a la radiactividad de Chernóbil para que busque objetos que se puedan vender en el mercado negro. Esto no solo es ficción, en la realidad sucede aunque parezca descabellado.

Luego de estar viajando cerca de una hora y media desde Kiev, llegamos al primer centro de control. Debimos ponernos unos trajes amarillos especiales, que si bien no iban a evitar que recibiéramos radiactividad, al menos nos hacían creer que contábamos con cierto nivel de protección. Pasamos nuestros pasaportes y, tras una rutina de control, nos fuimos a las oficinas, ubicadas en el pueblo de Chernóbil, que está localizado antes de llegar a Prípiat y a la planta del desastre.Ahí firmamos un documento que aseguraba que estábamos ingresando bajo nuestro propio riesgo.

En el camino veíamos bosques, entre los cuales a veces había casas abandonadas, y tuberías a lo largo y ancho de las calles. Después entendimos que elevar las tuberías del suelo era la única forma de lograr darles agua a quienes habitan el pueblo, ya que la contaminación nuclear se depositaba en el suelo y por esta razón los tubos debían estar separados de la tierra.

Ahí vimos a algunos de sus habitantes, ancianos que decidieron volver a sus casas, a pesar de la prohibición. A ellos, las autoridades les hace un chequeo médico una vez al mes para saber de su condición. También hay personas que viajan de distintos lugares para trabajar en Chernóbil durante diferentes periodos, viviendo en edificios que solían estar abandonados, pero que hoy son una especie de hostales especiales para trabajadores de la zona. Ellos se dedican a cuidar del lugar o a controlar los gases que aún se generan dentro del reactor 4,que fue el que estalló en la tragedia del 86.

Uno de sus habitantes en la actualidad es Maxim, un Ucraniano que vive 15 días al mes en el pueblo y otros 15 en su casa, a cuatro horas de ahí. Él fue nuestro guía.

Ya con todo listo dejamos el pueblo de Chernóbil y nos dirigimos finalmente hacia Prípiat, tan solo separada por un poco más de 3 kilómetros de la planta.

Maxim llevaba consigo un medidor de radiactividad, que varias veces pitó al superar los niveles normales de radiación en lugares cercanos a la naturaleza, donde había moho o cosas oxidadas, puntos donde la radiación tendía a ser mayor. Lo más recomendable era caminar por las áreas pavimentadas y evitar el contacto directo con objetos que estuvieran en el lugar. Cuando por fin arribamos a Prípiat, todas las imágenes que por meses había visto constantemente sobre el lugar tomaron vida frente a mis ojos.

El silencio de las calles contrastaba con los ruidos que el viento causaba. Era inevitable imaginarse la gente caminando por la ciudad, como si esta volviese a tener vida. Al entrar a los edificios la intriga aumentaba, el crujir de los vidrios y baldosas quebradas que uno pisaba al caminar, el frío de los espacios y la belleza de las paredes cuya pintura ya estaba cuarteada por los años, hacían que uno quisiera entrar a los apartamentos abandonados y poder descubrir lo que detrás de cada puerta se escondía.

Cuartos vacíos con ventanas, en su mayoría, sin vidrios; ropa, cuadros, juguetes, zapatos, libros, fotos, sillas, tarros y mil y un objetos hacían cada espacio único. El lugar se convertía en una verdadera historia de terror, creíamos escuchar voces, sentíamos gente que no estaba, veíamos sombras pasar y todo, al final, era una jugada de nuestra imaginación, de los mundos que esta intentaba recrear.

El tiempo se pasa lento en Chernóbil, el frío jamás se quita, el hambre y las ganas de orinar están continuamente presentes, pero nadie se atrevió a hacerlo por el miedo a exponer los genitales a la radiación. Fue un día entero reteniendo líquidos. Con todo esto pasando, nuestra única responsabilidad era lograr que el rodaje fluyera y que se consiguieran todas las tomas requeridas en tiempo récord, para que así el cortometraje saliera lo mejor posible. Sin embargo, hay momentos en los que no solo está dentro de uno el miedo a quedarse solo en un cuarto, a oír cosas, a caerse, a contaminarse, sino que crece un increíble sentimiento de impotencia y tristeza al ver cómo un accidente humano sepultó esta zona por cientos de años. Es un lugar muerto en vida y se destruyó un ecosistema, lo que hizo que personas padecieran numerosas enfermedades. Aun así, en pleno 2011, en cierta forma, la humanidad todavía desconoce lo que se vive en Prípiat y en Chernóbil.

Cortometraje de la tragedia

En el equipo participaron tres colombianos

Eduardo Ramírez, director de fotografía, Juan Garcés y Beatriz Leal viajaron por cerca de 20 días a Ucrania para hacer parte del equipo técnico de un proyecto que sería un reto para todos, no solo por tener que recrear situaciones terribles que sucedieron ahí por muchos años, sino por tener que rodar directamente en el lugar donde sucedió la peor tragedia nuclear del mundo.

Los colombianos conocieron al director alemán Marcus Schwenzel y él los invitó a participar en el cortometraje en Ucrania, sobre el aniversario de Chernóbil.

Beatriz, Juan Manuel y Eduardo viajaron desde Bogotá rumbo a París y Ucrania.

Durante un día entero estuvieron en Prípiat, grabando el documental ‘Seven Years of Winter’, que recrea la historia de la vulnerabilidad de un niño y la radiación en ese lugar.

Popularity: 4% [?]

Valores, no colores

Posted by pocho On abril - 24 - 2011

Por: Jorge Barraza

Fuente: El Tiempo – Bogotá, Colombia

“Ultrabarcelonista”, “Falto de imparcialidad”, “Argentino de m…” En lugar de utilizar la red de Internet para debatir ideas, el público -mayoritariamente- aprovecha el anonimato de los foros para descalificar al cronista, insultar a otros lectores o despotricar contra todo.

La gente flota en una fantasía: todo está amarrado. Los partidos, los jugadores, los periodistas. Ante cualquier apreciación del cronista viene la réplica del internauta: “Claro, porque a usted le paga fulano…”

Siempre sostenemos que en el fútbol hay más boca sucia que suciedad. ¿Quién es capaz de entrar a un vestuario de fútbol y decir “muchachos, hoy hay que ir para atrás”…? No lo imaginamos. En tantos años de fútbol no hemos sabido de algo así. Sólo una vez se conoció un pacto aberrante, en el Mundial-82, entre Alemania y Austria. Austria aceptó perder 1-0 con tal de que clasificaran los dos a segunda ronda. Nadie lo negó.

Lo mismo acontece con la prensa. “Al diario le conviene vender esto…”, “Los medios buscan entronizar a aquel…” Mitos. Definitivamente, el hombre común descree del ambiente; odia a los dirigentes, aborrece a los periodistas, se indigesta con los entrenadores y… piensa que los futbolistas son unos cándidos sujetos a quienes todos explotan y maltratan.

El duelo Barcelona-Real Madrid se ha convertido en más que un partido de fútbol, que una rivalidad y que dos camisetas en pugna. El hincha es hipersensible a toda opinión que se deslice al respecto. Pero ocurre que el periodista, sin perder objetividad, debe tomar partido.

El Barcelona de hoy, este fenomenal ballet creado por Josep Guardiola, es una escuela de valores. Más allá del indiscutible placer visual que genera, de los títulos conquistados, transmite sentimientos nobles: su respeto al buen fútbol, al juego limpio, a los rivales, la línea de educación y tolerancia que baja su entrenador hacia el plantel en cada declaración, el hidalgo manejo en todo sentido.

El Real Madrid fue posiblemente el equipo más popular del mundo durante medio siglo. Un club querido, admirado. Luego entró en una era de arrogancia deportiva, en la soberbia de los millones. Se volvió antipático. Hoy representa la antípoda del Barcelona.

La gente suele no advertir que un equipo que trata de generar un buen espectáculo está defendiendo el dinero de su entrada. Cree que todo es cuestión de camisetas. Ojalá un día el Real Madrid decida cambiar totalmente su política y contrate un Guardiola. Ese día seremos fervorosos hinchas merengues. No lo ocultaremos, lo gritaremos. Pero se trata de valores, no de colores.

Popularity: 6% [?]

Gran invento

Posted by pocho On abril - 22 - 2011

Por: Carlos Prieto

Caricatura por: Sin identificar

Fuente caricatura: Vía e-mail

Hay registros de actividad bancaria del Siglo XVIII A.C.. Fueron los sacerdotes los iniciadores del tan prospero invento, que hoy controla la humanidad. Sin lugar a equivocarnos; han sido, son y serán los dueños de nuestro futuro. Carlos Prieto

“Un banco es un lugar que te presta dinero siempre que demuestres que no lo necesitas” Bob Hope

Popularity: 5% [?]

Fútbol sin fútbol

Posted by pocho On abril - 20 - 2011

Por: Reinaldo Spitaletta

Fuente: El Espectador – Bogotá, Colombia

En 1948, en Argentina hubo una huelga de futbolistas, muchos de los cuales, sobre todo de la llamada “máquina” de River, emigraron a Colombia para inaugurar la era legendaria de El Dorado.

Llegaron, entre otros, José Manuel Moreno (El Charro), Pedernera, Di Stefano, René Pontoni y por esos días hasta muy avanzada la década del cincuenta, el fútbol colombiano gozó de armonía, imaginación, gambetas fenomenales y espectáculo.

Después, digamos que en los sesenta, la herencia de la época dorada continúo y hubo jugadores, nacionales y extranjeros, extraordinarios, como el Caimán Sánchez, Cobo Zuluaga, Omar Corbatta, el Coco Rossi y un extenso catálogo de figuras, que hacían del fútbol una especie de arte. La decadencia llegó y las mafias del narcotráfico se metieron en toda la vida nacional, incluidos los equipos de fútbol.

Los capos mafiosos encontraron en el fútbol un resquicio para la inversión y lavadero de dólares y también para disputarse entre ellos la hegemonía en el campeonato colombiano. Así que no fue gratuito que equipos como América y Nacional fueran los “reyes” en los ochenta y noventa. Eran los tiempos de otro “dorado”: el dinero de los narcotraficantes. Es fama todo lo que se movió en esos días de infamia, desde la compra de árbitros o muerte de alguno de ellos, hasta las amenazas contra dirigentes deportivos. Se recuerda, por ejemplo, la presencia de Pablo Escobar en las graderías del Atanasio Girardot, con un “combo” de más de treinta guardaespaldas, armados hasta los “guayos”.

No era raro por esas calendas que uno que otro futbolista fuera miembro de bandas armadas al servicio de la mafia. Y si bien hubo un tiempo de fútbol bonito, luego una desazón suprema contagió al futbolito de aquí hasta convertirlo en una expresión de raquitismo y miseria. Sin calidad ni fantasía. Sin nada. Absoluta pobreza, aunque algunos jugadores tuvieran salarios millonarios.

Por otra parte, se echó a andar la engañifa de que los futbolistas no debían sindicalizarse. Hubo rompehuelgas y lambones de toda índole. Algunos hasta proscribieron palabras como sindicalismo. Mejor dicho, parecían uribistas redomados. Se sabe que el futbolista colombiano, en general, es inculto y que es presa fácil de empresarios y dueños para que no simpaticen con organizaciones gremiales e incluso se deje manipular en los contratos y pagos de seguridad social.

El reciente estallido de la crisis en el fútbol profesional da cuenta de anomalías y violaciones a la legislación laboral. El fenómeno, sin embargo, logró que los jugadores del Quindío, en un acto de defensa de sus derechos, se declararan en paro. Y pese a que el dueño de ese equipo mandó a unos chiquitines a jugar un compromiso profesional, el escándalo fue mayor. Y por fin Coldeportes se puso alerta, aunque se le señala de discriminación frente a un “equipo chico”, como el de Armenia.

El presidente de la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales, el ex arquero Óscar Córdoba, dijo que “el gobierno por fin puso sus ojos en tantos problemas que han venido ocurriendo desde hace mucho tiempo en el fútbol profesional colombiano”. Por el momento, los jugadores del Quindío, con su enaltecedora posición, y esta entidad gremial, son las que se anotan un gol.

Por lo demás, con casi la totalidad de equipos que incumplen con la ley y atropellan la dignidad de sus jugadores, el fútbol colombiano es un hazmerreír ordinario. Los futbolistas no alcanzan ya (como lo dijo Garrincha) la categoría de payasos. Es increíble, por ejemplo, que oncenos como el DIM, en su cumpleaños 98, sea goleado, en una muestra de desgano y mediocridad, además de irrespeto a su hinchada. Si no les pagan, si tienen líos con la dirigencia, lo mejor es que paren, no que hagan una exhibición miserable.

El fútbol colombiano parece un circo pobre, con artistas del trapecio hambreados y con unos dirigentes que violan la ley cuando les da la gana. Hace mucho tiempo que, como espectáculo, pasó a ser una burda recocha. Cuánto daría uno (como lo recordaba Eduardo Galeano) por ver otra vez una fantasía, una proeza imaginativa sobre el gramado. Habrá que seguir soñando con la aparición de un carasucia, que gambetee todos los rivales y a los de la tribuna, para volver a ver en el fútbol aquello que ya se perdió: un canto a la libertad.

Popularity: 13% [?]

VIDEO DE LA SEMANA

Música recomendada

Escuchar Pocho.fm

Twitter