Por: Iván Mejía Alvarez
Fuente: El Espectador
Preocupantes las denuncias efectuadas por el periodista Iván Mejía. ¿Será que estamos condenados, a seguir fracasando en nuestros resultados fútbolisticos?. No debemos olvidarnos, que dichos resultados adversos de los últimos años, no son solo de los deportistas; sino también de Cuerpos Técnicos, y especialmente de los dirigentes. Lastimosamente aquí en Colombia, los primeros sacrificados son los jugadores, después los técnicos…y jamás! los directivos. Que hororrrr!!! Pocho
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Bedoya
Hace ya 15 días que el señor Luis Bedoya decidió, a título personal, que el técnico de la Sub-20 se quedaría en el cargo.
Su apoyo irrestricto a Lara supuso que la votación terminaría 4-3, pues el impuso su voluntad. Todavía no se conocen las razones lógicas y coherentes, diferentes a los caprichos personales o los respaldos ‘empresariales’, para que el fracasado técnico de la más fracasada selección Sub-20 siguiera en su cargo.
Desde entonces, Bedoya afín a su política “autista” no ha dado explicaciones sobre el tal “soporte psicológico” que le iban a brindar al técnico para que pudiera reconstituir un grupo totalmente disperso, desmembrado, que perdió la credibilidad en su conductor. Hace ya 15 días y todavía no se ha reanudado el trabajo en la Sub-20 a cinco meses del Mundial. Es como si no existiera el compromiso deportivo y todo hubiera sido bien hecho. Lara no da muestras de vida, no hay convocatorias, no hay partidos, no hay microciclos, no hay trabajo, no hay nada.
Esta semana se cayeron los dos partidos amistosos en las fechas Fifa de final de mes, que la Federación había dicho tenía firmados con China y Corea. No había nada escrito y los empresarios prefirieron llevar a Honduras, más barato y mundialista en Sudáfrica, antes que a Colombia.
La Sub-20, la de mayores, por donde se le mire, el señor Bedoya está dando muestras de pasar por su peor momento en el comando de la Federación. Su espíritu individualista, su falta de comunicación, ese “autismo” de yo con yo, no delegando, queriéndolo hacer todo, desconfiando hasta de la sombra, está pasando factura y las cosas van mal, muy mal, en todo sentido.
El entorno cercano a Bedoya está preocupado por el talante distante y la falta de gestión que muestra Bedoya en los últimos meses. Parece encerrado en una caparazón y no le entran razones, el síndrome del poder, ese que convierte a un presidente en un “faraón” cercano a cualquier Gadafi, lo está carcomiendo.
Bedoya, evalúese, como va… va muy mal, va rumbo al fracaso absoluto y con usted se entierra el Mundial Sub-20 en lo administrativo y deportivo, y la clasificación al Mundial donde ya lleva dos fracasos consecutivos.
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A cinco meses
Ya sólo faltan cinco meses para que arranque el Mundial Sub-20, un evento que pondrá el nombre de Colombia en boca de muchos aficionados al fútbol.
Al país lo juzgarán internacionalmente por la manera en que se hagan las cosas. Es un severo examen, ante periodistas y aficionados venidos de todas partes del mundo.
Los estadios van ahí, lentamente, con sobrecostos desmesurados en algunos, con los habituales “contraticos” nauseabundos en otros, con las ya tradicionales demoras que generan incomodidad y dudas sobre la idoneidad de la ingeniería nacional. Lento, pero ahí van, en ese rubro se cumplirá.
En lo otro, en lo fundamental, no se sabe nada porque este torneo parece depender única y exclusivamente de lo que informe a la gente el presidente de la Federación y él es silencioso, impenetrable, irreconocible, distante, se comporta como si fuera un autista. Bedoya ha decidido que el Mundial es suyo, de nadie más, que sólo él puede generar noticias, que sólo él conoce cómo marcha el torneo y cómo van las cosas. Ni siquiera a sus pares de la Federación se les informa sobre la marcha.
No se entiende la posición del presidente de la Federación y menos aún se acepta que haya convertido el Mundial en una labor unipersonal en la que los medios no cuentan, el Estado es sólo un arrimado para poner billete y nada se mueve sin su consentimiento. Bedoya le copió al expresidente Uribe ese estilito de “faraón” que tiene el país o el torneo en su bolsillo y no lo presta a nadie. Como si mandar no fuera una tarea gerencial y no una cuestión personal.
Hace un mes que el presidente Santos nombró a Fernando Panesso como interventor del Gobierno en el Mundial. Este es el momento en que no se ha oído al enlace -así lo presentaron- hacer un balance de las actividades. Será que de entrada el lacónico, adusto y poco comunicativo Bedoya lo silenció y le puso claro que el único autorizado para hablar era él. Si no es así, que Panesso cuente cómo va el torneo, qué se ha hecho en comunicaciones, cómo va el torneo en materia administrativa, cúanto se ha hecho en hotelería y turismo, cuáles son las canchas de entrenamiento, dónde se van a alojar las delegaciones. Cuándo arrancará la campaña promocional para que el pueblo se interese. No hay una cuña, un aviso o un mensaje promocional al aire y faltan sólo cinco meses.
Es impresentable e inaudito que el torneo se haya vuelto un campeonatico de bolsillo de Bedoya. Suéltelo, el torneo no es suyo, es de Colombia y la gente quiere saber cómo va. Es que ese silencio resulta hasta sospechoso.
