Fuente: El Espectador
El proyecto, que costaría US$7.600 millones, sería operado por el Grupo Ferroviario de China.
Con un perfil muy bajo, los gobiernos de Colombia y China vienen trabajando en una propuesta para construir un puerto seco que permita la conexión de los océanos Atlántico y Pacífico, a través de un ferrocarril, y que se convierta en una alternativa al Canal de Panamá para el comercio global.
Este viejo sueño de los colombianos podría hacerse realidad si el gobierno chino decide acompañar financieramente al presidente Juan Manuel Santos con una inversión cercana a los US$8.000 millones.
Se trata de un ferrocarril que no sólo conectaría los dos océanos, permitiendo un recorrido más rápido y más barato a los empresarios, sino que se sumaría a un proyecto ferroviario que uniría el interior del país con la Costa Atlántica. Allí sería necesario construir dos puertos, uno en el Pacífico y otro en el Golfo de Urabá.
El presidente de la Cámara Colombiana de Infraestructura, Juan Martín Caicedo Ferrer, señaló que no conoce los detalles del proyecto, pero considera que se deben atender los posibles problemas ambientales y diplomático con el gobierno panameño. Sin embargo, cree que es una alternativa interesante que hay que aterrizar para hacerla posible.
Pero no sólo la CCI no está enterada a profundidad del tema, sino también la gerente del Instituto Nacional de Concesiones (Inco), María Inés Agudelo, quien explicó que hasta ahora es sólo una idea, a pesar de que el primer mandatario informó que “es una propuesta real y que está muy avanzada”.
Por su parte, el exministro de Transporte Andrés Uriel Gallego, en diálogo con El Espectador, señaló que es una propuesta muy buena que ya se había contemplado durante el gobierno del presidente Virgilio Barco y que de cristalizarse sería muy importante para el desarrollo económico del país, ya que detrás del proyecto vendrán grandes inversiones de la segunda mayor economía del mundo.
El exfuncionario explicó que la ventaja del proyecto para Colombia es que hay identificadas varias zonas de aguas profundas donde se podrían construir megapuertos para atender el movimiento del ferrocarril y de un poliducto. “En el Pacífico están las bahías de Cupica, Aguacate y Humboldt, y en el Atlántico están Arenas y Ceverá”, recalcó Gallego.
Además, indicó que el impacto ambiental es mínimo, porque en las zonas donde existan humedales el ferrocarril sería elevado y en algunos tramos de la serranía se podría pensar en túneles, lo que haría que el movimiento de tierra sea mínimo.
Expertos consultados señalaron que sobre este tema hay estudios, ya que durante los gobiernos Barco y Samper se abordaron proyectos similares y se hicieron estudios de prefactibilidad, que finalmente se archivaron por los altos costos y los problemas ambientales (ver recuadro).
De acuerdo con la embajada china en Colombia, los cálculos que han realizado los expertos de los dos países vislumbran que el proyecto es viable y, aunque no hay ningún acuerdo cerrado, se mantendrán las conversaciones.
Para Beijing este proyecto se convierte en uno de sus grandes objetivos en Latinoamérica y de concretarse le permitiría a este gigante asiático ubicar sus productos en la cuenca del océano Atlántico y Colombia se convertiría en un puerto distribuidor para el resto del continente sin tener que pasar por Panamá, lo que reduciría los costos de transporte.
Los gobiernos adelantan conversaciones para suscribir acuerdos de cooperación que permitirán desarrollar proyectos viales para conectar el interior del país con los puertos. Para ello el Banco de Desarrollo de China viene desarrollando los estudios.
Otras iniciativas
El Puente Terrestre Interoceánico y el Canal Interoceánico.
El primero fue presentado en el gobierno del presidente Virgilio Barco (1986-1990) y consistía en una línea ferroviaria que uniría los litorales colombianos entre Bahía Ceverá, en el Atlántico, y Punta de Aguacate, en el Pacífico. El proyecto tendría 221 km de longitud y 8 km de túneles. Se contempló una inversión de US$3.500 millones, pero no fue ejecutado. El gobierno de Ernesto Samper (1994-1998) retomó una iniciativa similar bajo el nombre de Canal Interoceánico en la región de Urabá, pero esta vez uniendo los cauces de los ríos Atrato y Truandó. No se construyó porque, según estudios, la idea no era viable.


