Por: Julio Cesar Londoño
Fuente: El Espectador
La China se adelantó cinco siglos a los grandes inventos de Europa. Todo se hizo primero allá. Antes del año 1000 los chinos ya usaban estribo, silla de montar, molinos de agua, brújula, papel, billetes de banco, pólvora y hasta imprentas de tipos móviles.
La pregunta entonces es: ¿Por qué la China se rezagó con respecto a Occidente durante más de siete siglos?
El imperio alcanzó su “renacimiento” en el siglo XII con el emperador Song Huizong, que les dio un gran impulso a las ciencias y a las artes, instituyó la carrera administrativa y decretó que la pintura hiciera parte de las asignaturas que los futuros mandarines debían aprobar (en el examen final debían ilustrar, con ingenio y originalidad, una línea de los clásicos elegida por los examinadores a la hora de la prueba).
Europa estaba rezagada porque era un continente mucho más inestable política, social y culturalmente que la China. Estaba fragmentada por la diversidad de lenguas, la proliferación de las ciudades-estado y los incipientes nacionalismos. La China era fuerte porque tenía unidad política y lingüística.
Pero a partir del siglo XIII China entró en decadencia. Los historiadores no se ponen de acuerdo en las razones que produjeron su declinación. Algunos creen que la perjudicó la fuerte injerencia estatal en todos los asuntos de la vida pública, incluidas las ciencias y las artes, hecho que perjudicó la formación de un pensamiento verdaderamente crítico.
Otros señalan que varios inventos chinos dieron sus mejores frutos en Europa, no en China, como la imprenta de tipos móviles, que no “pegó” allá por dos razones: porque el mercado de libros era muy incipiente en ese momento en la China (principios del siglo XI), situación muy diferente a la de Europa en el siglo de Gutenberg, y porque los miles de caracteres del chino le restaron fuerza al invento.
El estribo coadyuvó al auge de la clase caballeresca en China y en Europa. Pero mientras en Europa la invención de la pólvora anuló la ventaja de la caballería y marcó el fin del feudalismo y el comienzo del mercantilismo, en la China el colapso del feudalismo dio origen a un “mandarinato”, que no era otra cosa que un feudalismo burocrático.
Otros, como el escritor colombiano José Zuleta, piensan que el acabose fue la construcción de la muralla china. “La erigieron para protegerse de los bárbaros y terminaron aislados del mundo, ¡se barbarizaron!”, dice Zuleta con una sonrisa de oreja a oreja (recordemos que la erección de la muralla fue ordenada por Shih Huang Ti, el mismo emperador que mandó a quemar todos los libros para borrar el pasado, para que la historia comenzara con él… o tal vez, como sugiere Borges (La muralla y los libros), Shih Huang Ti quemó todos los libros para que nadie supiera que quería quemar sólo uno, el que contenía la historia de su bella y casquivana madre, un suceso que lo abochornaba.
El repunte actual de los chinos data por lo menos de la mitad del siglo pasado, cuando el gobierno becó a decenas de miles de estudiantes para que estudiaran en Europa y Estados Unidos (la carrera preferida entonces era la física nuclear). Pero el gran cabezazo fue la ocurrencia de Deng Xiaoping de mezclar economía de mercado y socialismo de estado. Aún es temprano para saber si este monstruo, la economía socialista de mercado, este excéntrico ornitorrinco, es la fórmula perfecta, la que hemos buscado durante siglos en las barracas de la esclavitud, en los cultivos del feudo, en la sangre del monarca, en la voz del pueblo, en el consenso de la democracia, en la equidad del socialismo, en la inteligencia del mercado… o si estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo fiasco, incubando otra decepción.
