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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Archive for febrero, 2011

Corrupción

Posted by pocho On febrero - 27 - 2011

Por: Daniel Samper Pizano

Fuente: El Tiempo

Caricatura: Langer

Numerosos casos y estudios recientes revelan la magnitud de la podredumbre administrativa en Colombia

Sospecho cada vez con más firmeza que la corrupción se chupó a este país, sobre todo ante los escándalos de los últimos días. Ya los contratos de obras en Bogotá nos habían molido con su descaro, su elevado monto y la impunidad de los principales acusados, que dictan desde Miami sus declaraciones judiciales, llamadas “deposiciones” con comprensible sindéresis.

Siguió luego el informe de Semana sobre las prebendas que reparte el Consejo de la Judicatura, donde muchos jueces ocupan un efímero cargo auxiliar y, gracias a esa “palomita”, se jubilan con pensiones multimillonarias. El truco cuesta a los contribuyentes 140.000 millones de pesos. ¿Qué diferencia hay ya entre un empresario que esquilma al Estado mediante contratos leoninos y un magistrado tramposo, que defrauda la legalidad y dignidad de la República?

Pronto surgió un nuevo escándalo: el abogado Ramón Ballesteros, colaborador de ilustres personajes, profesor de Derecho y ex director alterno del Partido Liberal, se destapó como pícaro confeso. Su intento por comprar testimonios falsos siembra nuevas dudas sobre el sistema de repartir condenas a base de declaraciones extraídas a siniestros delincuentes que mienten atraídos por la rebaja de penas: testimonios que a veces las autoridades acogen con la reverencia y credulidad que merecerían las palabras de un profeta bíblico o un premio Nobel.

Remató tanda la noticia de que los subsidios y préstamos otorgados en el gobierno pasado a través del programa Agro Ingreso Seguro no eran tan inocentes como lo proclamaba el ex ministro Andrés Felipe Arias. Por no serlo, la Fiscalía General acaba de acusar a 22 personas de diversos delitos económicos. Dicho sea de paso, dos de las pocas noticias buenas de los últimos días en este campo han sido la posesión de Viviane Morales, una Fiscal de armas tomar, y el avance en el Congreso del Estatuto Anticorrupción que presentó el ministro Germán Vargas Lleras.

¿Nos chupó la corrupción? Así lo cree el 63 por ciento de los colombianos, según encuesta Gallup publicada el viernes, y así lo corroboran varios estudios. El más reciente, de la Auditoría General de la Nación, asegura que el Estado recupera apenas 8 de cada 1.000 pesos malversados o robados. Hace un año, la misma oficina calculó que el 10 por ciento de todos los presupuestos públicos se desvía a pagos indebidos. Este porcentaje significa 18 billones de pesos anuales, pero es menos pesimista que el 12,9 por ciento que, de acuerdo con el zar anticorrupción, se comen los sobornos y serruchos de la contratación pública. La Auditoría afirma que el sistema de controles internos cuesta una barbaridad y sirve de poco. Hay más de 4.500 dependencias de control interno, muchas de las cuales no cumplen su cometido o acaban corrompidas, como afirma la Fiscalía que lo ha hecho en el vergonzoso “carrusel de contrataciones” el contralor de Bogotá, Miguel Ángel Moralesrussi.

¿Nos chupó la corrupción? Las cifras dicen que sí: cursan 26.000 investigaciones por cohechos, concusiones y peculados. De ellas, la Justicia solo alcanzará a fallar algunas. Las demás terminarán en un oscuro limbo, que beneficia a los corruptos. También dicen las cifras de Transparencia Internacional que somos tierra abonada para la podredumbre administrativa. De 138 entidades que investigó esa organización, solo cuatro revelan bajo riesgo de corrupción, y la mayoría se ubica en riesgo medio, alto o muy alto. Entre las instituciones más corrompidas figura el Congreso de la República.

Ante semejante estado de cosas, ¿cómo no aceptar que la corrupción nos está chupando, noqueando, devorando?

ESQUIRLA. Una forma refinada de corrupción política es la reforma del censo electoral (artículo 47 de la Ley 190 del 2010), que expulsa del bloque de votantes a quienes se abstuvieron de depositar su sufragio en las últimas elecciones y omiten inscribirse de nuevo. De este modo, 15 millones de ciudadanos, muchos de ellos opositores o abstencionistas desencantados, dejan de existir ante las urnas, en un recorte antidemocrático de sus libertades.

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Gadafi

Posted by pocho On febrero - 27 - 2011

Por: Dario Menor

Fuente: El Tiempo

…en su rol de villano

En el podio mundial de los dictadores, Muamar Gadafi tiene el número uno. En longevidad, teatralidad y transformismo, nadie le gana.

Muerto el gabonés Omar Bongo y ‘retirado’ el cubano Fidel Castro, no hay quien lo supere. El coreano Kim Jong Il se le acerca con su manida estética soviética, pero Gadafi lo supera: sus discursos inconexos y declaraciones increíbles, su testaruda negación de la realidad, sus insólitas costumbres y su eterno halo enigmático lo convierten en el líder mundial más esperpéntico. Por añadidura, el libio afronta la revolución en el año 42 de su mandato.

Ha sido, o querido ser, el liberador de Libia, unificador de todos los africanos y de todos los árabes, mecenas del terrorismo internacional, amigo de Occidente y, finalmente, asesino de su propio pueblo.

El ascenso al poder de Gadafi se explica por el desorden que dejó el colonialismo en buena parte de África. Hasta la Segunda Guerra Mundial, Libia estuvo dominada por Italia. Cuando el conflicto acabó, los vencedores no sabían muy bien qué hacer con ese vasto territorio, de escasa población, y con una sociedad tribal capaz de superar cualquier sentimiento nacional.

Los libios optaron por apoyarse en una de las etnias principales para promocionar a su jeque y travestirlo de rey. El elegido, Idris I, mantuvo las riendas del país hasta 1969, y en ese lapso permitió que Occidente explotara las enormes riquezas de hidrocarburos con que cuenta Libia.

Aquel año, un grupo de militares dio un golpe de Estado en el que Gadafi fue catapultado al poder. Resulta un misterio cómo un desconocido oficial de 27 años y de humilde origen beduino consiguió liderar el nuevo régimen. Henchido de la ideología panarabista del egipcio Gamal Abdel Nasser, el nuevo líder se propuso la transformación total de su país, alejándolo de Occidente y acercándolo a África y a las otras naciones árabes.

Para conseguirlo se sacó de la manga una nueva forma de entender el poder: la ‘yamahiriya’, una suerte de Gobierno directo de las masas, que detalló en los tres tomos del Libro Verde, la biblia ideológica del ‘gadafismo’. Es esa línea la que, mientras las revueltas en su contra desangran a Libia, lo lleva a decir que es el pueblo el que gobierna, que su autoridad “es sólo moral”, que es el líder de la revolución “hasta el final” y que por todo esto él no tiene ninguna responsabilidad ni es “un presidente que derrocar”.

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Buenos modales

Posted by pocho On febrero - 25 - 2011

Por: EFE

Fuente: El Tiempo

No me cansaré de insistir en la necesidad de encontrar buenas prácticas, para el correcto uso de las nuevas tecnologías en comunicación. Pocho

Una encuesta, publicada por la compañía Intel, alerta acerca de que las buenas prácticas sociales corren peligro por el uso que se hace de la tecnología móvil.

El estudio, elaborado por la firma Ipsos a petición de la compañía tecnológica, también muestra que la inmensa mayoría de los estadounidenses (el 92 %) desearía que los usuarios de los teléfonos multimedia tuvieran mejores modales y pensaran en quienes los rodean cuando utilizan esos dispositivos en lugares públicos.

Entre las ofensas que cometen los usuarios de los teléfonos inteligentes que más molestan, según la encuesta, destacan usar el celular mientras se conduce (73%), mantener conversaciones en un elevado tono de voz en lugares públicos (65%) e ir pegado a uno de esos dispositivos mientras se camina por la calle (28%).

Además, según indican los encargados del estudio, también se encuentran situaciones incómodas y casi inaceptables, como el uso asiduo de esos aparatos mientras se está de luna de miel.

El estudio detalla que, “al tiempo que las nuevas tecnologías han permitido que las personas sean más productivas, la manera en que se utilizan esas tecnologías en presencia de otras personas puede conducir a la frustración”.

“El deseo de estar más conectado con la familia, los amigos y los compañeros de trabajo, combinado con la capacidad de los aparatos de estar siempre en pleno funcionamiento, contribuye a que exista una necesidad innata de tener los dispositivos móviles disponibles todo el día, desde la mañana hasta la noche”, añaden los responsables de la encuesta.

Los estadounidenses aseguran vivir hasta cinco situaciones al día en las que se hace “un mal uso” de la tecnología, acciones que pueden llegar a suponer un peligro -como el uso del teléfono mientras se maneja un automóvil- o una simple falta de respeto -estar pegado al móvil mientras se conversa con alguien personalmente-.

Intel ha utilizado los datos de esa encuesta para crear su propia guía de buenos modales para los usuarios de teléfonos móviles, donde afirma que “prestar la máxima atención a aquellas personas con las que se encuentra si está en una reunión o en una cita dará una mejor impresión”.

“Antes de realizar una llamada, mandar un mensaje de texto o un correo electrónico en público considere si sus acciones impactarán a otras personas. Si lo hacen, piénselo mejor, espere o retírese antes”, añade la firma tecnológica.

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Andrés Oppenheimer

Posted by pocho On febrero - 24 - 2011

Fuente: El Espectador

La clave es la educación!

¿Cuál es la obsesión de América Latina con el pasado?

Estamos desenterrando muertos. Chávez acaba de exhumar los restos de Bolívar, Correa acaba de trasladar los restos de Eloy Alfaro y en Centroamérica se están disputando los restos de Francisco Morazán. Se están discutiendo temas de siglos atrás que nos distraen de enfocarnos en el mañana.

¿Qué temas se deben poner sobre la mesa?

La educación debe convertirse en el centro de la agenda política y con ella deben venir la innovación, la ciencia y la tecnología.

¿Debemos dejar a un lado la historia?

No digo que nos olvidemos de ella, porque es importante, pero en América Latina se nos ha ido la mano. Nuestros billetes tienen en el reverso imágenes de los próceres, mientras que en Singapur tienen ilustraciones de universidades. Singapur está entre las economías más ricas del mundo, las nuestras no.

Frente a la educación, ¿cuál es la diferencia entre la mentalidad asiática y la latinoamericana?

No creo en las teorías biológicas del desarrollo que indican que una raza es más capaz que otra. Lo que sé es que mientras nosotros estamos guiados por la ideología y obsesionados por el pasado, los asiáticos están guiados por el pragmatismo y obsesionados por el futuro. Ellos miran lo que está pasando alrededor del mundo. Nosotros nos miramos al ombligo y nos comparamos con nosotros mismos.

¿Eso quiere decir que le falta humildad a América Latina?

En una entrevista que le hice a Bill Gates, concluía que la diferencia entre los países que avanzan y reducen la pobreza y los que no lo hacen es que los primeros tienen humildad. Y cuando fui a China e India lo comprobé, pues ellos, teniendo logros tan importantes frente a la educación, piensan que hay otros países como Singapur que lo están haciendo mejor. Los asiáticos tienen una paranoia constructiva que los motiva a trabajar cada vez más duro para perfeccionarse. América Latina sufre de triunfalismo y complacencia, nos vendría bien un poco de esa paranoia.

¿Latinoamérica se está creyendo el cuento de que está bien en educación cuando no lo está?

Una encuesta del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) muestra que el 72% de los latinoamericanos están satisfechos con su educación pública, cuando en los informes internacionales estamos en los últimos lugares. Esto es un poco como alcohólicos anónimos: si vas a resolver tu problema, lo primero que te dicen es que tienes que reconocer que lo tienes. A nosotros nos falta reconocer que estamos mal.

¿Qué iniciativas ha tenido Latinoamérica para afrontar esta crisis en la educación?

Colombia en los últimos diez años ha venido evaluando a sus profesores para aumentar la calidad de los maestros, pero arrancan muy tarde y están todavía muy atrás. En Chile se están entregando 6.500 becas anuales a estudiantes para que estudien en el exterior. En Brasil, donde la educación es muy mala, hubo una movilización por parte de los empresarios, los dueños de los medios de comunicación, los futbolistas y los periodistas para ejercer una presión social frente al gobierno y hacer que invirtiera en planes de educación a 20 y 30 años. Esa presión es necesaria para poner en el centro de la agenda política la educación y para dejar de esperar a que los gobiernos solucionen este problema.

Los gobiernos latinoamericanos les han cerrado la puerta a las universidades extranjeras con el argumento de proteger las propias, ¿realmente es un problema que lleguen estas universidades a competir?

El problema es que el bajo nivel de las universidades latinoamericanas quedaría en evidencia. China, una dictadura comunista, tiene 171 universidades extranjeras; India tiene 61 universidades extranjeras, trabajando y entregando diplomas en sus países. La llegada de esta competencia obligaría a elevar el nivel de las universidades de cada país. Sufrimos de aislamiento educativo.

¿Se podría pensar en que los gobiernos no educan al pueblo para tener un control sobre la masa?

Sí, pero no creo que ese sea el caso de Colombia, tal vez el de Venezuela o de Argentina, pero no el de Colombia. Cuando me entrevisté con el presidente Juan Manuel Santos, me dio la impresión de estar queriendo invertir en calidad educativa, ojalá lo haga.

¿Cuál es el primer paso que debe darse para poner en la agenda política la educación?

Tener visión periférica y no ceguera periférica, mirar qué están haciendo los países con condiciones similares, adoptar lo que funciona y desechar lo que no funciona. Además, es necesario reconocer que el maestro tiene que ser la columna vertebral de la sociedad, que debe ser un profesional preparado y bien remunerado.

¿Está cerca el cambio en América Latina frente a la educación?

Soy optimista, los países se pueden dar vuelta con una rapidez impresionante. Si miras lo que era Corea del Sur hace 50 años, salías corriendo, pero hoy están dentro de las economías más ricas del mundo. Nosotros tenemos una oportunidad muy importante de generar el cambio que se necesita, de dar el paso y convencernos de que la clave es la educación.

¿Entonces la clave para incentivar la educación está en la movilización civil?

Todos debemos incluirnos, los medios de comunicación deben empezar a hablar de educación, los columnistas de opinión, los ciudadanos, los empresarios. Soy escéptico al pensar que los políticos por su cuenta solucionarán este problema, ellos piensan en periodos de cuatro años y por eso es que te mandan a hacer todo lo que salga en la foto, pero los verdaderos procesos que se llevan 20 y 30 años no salen en las fotos. Pero hay que incluir al gobierno, poner la educación en su agenda para que junto a ellos se forje el cambio.

Colombia se ha concentrado más en impulsar su crecimiento económico que la educación, ¿andamos por el camino equivocado?

Esa es una de nuestras grandes falacias de nuestro tiempo, los medios, los periodistas, los políticos, todos estamos obsesionados con el crecimiento económico. Pero el crecimiento económico sin el crecimiento de la calidad educativa no nos va a ayudar a eliminar la pobreza. Ahora nuestras economías crecen pero solo benefician a los que integramos la economía formal, a quienes trabajamos en una empresa, pero la señora que vende limones en la calle, que nunca estudio, ella no se beneficia del crecimiento.

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Casi toda la verdad

Posted by pocho On febrero - 24 - 2011

Por: Julio Cesar Londoño

Fuente: El Espectador

Excelente libro escrito, por  la Dra. Rueda. Fascinante y revelador. Se los recomiendo. Pocho

A finales del año pasado la Editorial Planeta publicó Casi toda la verdad, una compilación de conversaciones de María Isabel Rueda con “los cinco grandes de mi generación”: Enrique Santos Calderón, Yamid Amat, Felipe López Caballero, Juan Gossaín y Álvaro Gómez Hurtado.

El libro está escrito como mandan los cánones: la prosa es sobria y clara, el cuestionario atrevido, las contrapreguntas incisivas y las respuestas están puntualmente confrontadas.

En su capítulo, Enrique Santos recuerda los tiempos cuando era íntimo de los jefes del M-19, El Tiempo le prestaba papel y tinta a Voz Proletaria y Jorge Restrepo comía helados con Gabino. Qué tiempos aquellos. ¡Es como si nos dijeran hoy que vieron a Roberto Pombo comiendo crispetas con Pablo Catatumbo!

Reconoce que le sacó la piedra el cierre de Cambio y que el hecho afectó la credibilidad de la Casa Editorial El Tiempo (el cierre de la revista precipitó el retiro del periodismo de Enrique Santos y provocó el silencioso portazo que marcó su despedida).

En la página 69 Juan Manuel Santos nos enseña cómo se manejan en Colombia los asuntos de Estado. Cuenta que un día lo llamó el presidente Gaviria y lo puso a escoger entre la Cancillería o la cartera de Comercio Exterior. JMS eligió la cartera de Comercio y corrió a contarle la buena nueva a María Clemencia, su esposa. “¡Animal, como se te ocurrió rechazar la Cancillería!”, trinó la señora, que ya veía sus bien cortados trajes y su esbelta figura del brazo del canciller en las portadas de las revistas del mundo. Entonces JMS corrió sudoroso a Palacio, pero Gaviria le dijo: “Es tarde, ya nombré canciller a Noemí Sanín”.

La página 72 trae la versión de Gaviria. “JMS sí me pidió la Cancillería y me puso en una encrucijada porque López Michelsen la estaba pidiendo para su hijo Alfonsito”. Gaviria resolvió el dilema nombrando a Noemí en la Cancillería (como quien dice, ni para Dios ni para el diablo), a Alfonsito en Agricultura, para desagraviar a López Michelsen, y a JMS en Comercio para controlar a El Tiempo y librarse, de paso, del acoso de Enrique Santos Castillo, el papá de JMS, que estaba loco por tener un hijo ministro (Gaviria no quería a JMS porque no lo había ayudado en la campaña. “Él no le ayudaba políticamente a nadie”, rezonga Gaviria en la pág. 70).

Meritocracia pura. ¡Y pensar que en los libros de historia todavía se le llama a su periodo “el revolcón”!

En la página 261 Felipe López declara que “el gobierno de Uribe me gustó mucho”. Pero en la 266, cuando María Isabel le pregunta por qué Uribe tenía tanta popularidad entre la gente y tan poquita entre los columnistas, él responde: “Es que Uribe se sintonizó con el país real, que es un poquito más paramilitar y más rural que el país periodístico”. ¿Habrá que deducir, entonces, que Felipe López es un poquito del primer país?

En la 256 dice que Samper sí sabía, pero en la 260 lanza este galimatías: “Samper me cae bien y hasta me considero su amigo. Me parece una persona honorable que metió la pata hasta el fondo. No creo que sea capaz de recibir un peso en forma indebida”.

El libro también tiene reflexiones interesantes sobre la ética del periodismo, revelaciones históricas y pasajes hondamente humanos. En resumen, una obra clave sobre nuestro pasado reciente, así tenga momentos tan poco serios como su materia, la política colombiana. Los entrevistados vacilan a veces porque nuestra realidad es muy compleja, pero también porque son parte interesada. María Isabel, una periodista muy inteligente, debe haberlo entendido. Tal vez por eso lo tituló Casi toda la verdad.

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El hambre

Posted by pocho On febrero - 21 - 2011

Por: Daniel Samper Pizano

Fuente: El Tiempo

La comida cara desató las protestas que están tumbando sátrapas árabes.

Las protestas contra gobiernos dictatoriales del Medio Oriente nos dejan una noticia buena y una mala. La buena es que la movilización popular ya cobró la cabeza de dos sátrapas: Ben Ali en Túnez y Mubarak en Egipto. La mala es que la rebelión de las masas árabes no se debe solo a su amor por la libertad y sus anhelos democráticos, sino a un factor que podría marcar dramáticos hitos en el 2011 y el 2012 y amenazar a Colombia y América Latina: el hambre.

Como dice la informada bitácora ambiental Climate Progress, los ciudadanos que se lanzaron a las calles y arrinconaron a gobiernos autoritarios lo hicieron, primero que todo, porque “estaban furiosos por las alzas brutales en alimentos básicos, como arroz, cereales, aceite de cocina y azúcar”.

Ha empezado ya una honda crisis de alimentos que, según expertos, es capaz de incendiar políticamente a medio planeta. En el 2008 la comida, que tres años antes estaba en 115 puntos del índice de precios de la FAO (agencia de la ONU para la alimentación), subió a 210 e incendió a Haití, Somalia y otros países. Los precios actuales superan ya los del 2008 y amenazan con dispararse en el curso de algunos meses.

Lester Brown, autoridad mundial en la materia, augura precios récord para el 2012. Esto significa que el número de hambrientos en el mundo subirá proporcionalmente. Ngozi Okonjo-Iweala, economista nigeriano, calcula que la crisis alimentaria de hace tres años hundió en la pobreza a 64 millones de personas que habían logrado salir de ella.

Varios factores conspiran para que así sea. Principalmente, la falta de agua para riego, que -por ejemplo- disminuyó la cosecha china de trigo en 8 por ciento; también los altos precios del petróleo y de los fertilizantes de él derivados, y los desastres naturales, cada vez más bravos e impredecibles por el cambio climático. El año pasado los incendios arrasaron los campos de cereales rusos, la lluvia destruyó la cosecha de trigo en Canadá y la sequía devastó la de soya en Argentina.

El hecho de que tales calamidades ocurran a miles de kilómetros de Colombia no quiere decir que no nos afecten. Nuestro país importa numerosos cereales, y su escasez en Australia o Ucrania repercute en precios más elevados para el ama de casa de Fusagasugá o Tamalameque. Padecemos un conjunto de males que hizo subir en 4,8 por ciento el precio de la comida en el 2010 y lo trepará a 5,7 este año.

El primer factor es ambiental: el invierno provocó en la Costa y en otros lugares del país una tragedia humanitaria y agrícola sin precedentes.

El segundo es circunstancial: la inseguridad, el deterioro de las vías y sucesos ocasionales como el paro de camioneros encarecen la comida. El tercero es el neoliberalismo, que acabó con la producción agrícola nacional y nos puso en manos de las multinacionales. Resulta deprimente que los descendientes de los chibchas importemos hoy tres cuartas partes del maíz que consumimos y paguemos por ello altos precios.

La crisis de alimentos no es una abstracción económica, sino una realidad que machaca a la población más pobre. Según informe reciente de la FAO, uno de cada cinco colombianos se acuesta con hambre. Son más de ocho millones de compatriotas, en su mayoría desplazados y desempleados, que no tienen qué comer. Algunos viven a tiro de piedra de los restaurantes lujosos de las ciudades. La FAO asegura que en Cazucá (barrio de Soacha, a media hora de Bogotá) hay familias enteras que pasan el día sin probar bocado. Otros habitan extensas zonas famélicas del mapa nacional. El 94 por ciento de los hogares chocoanos integrados por indígenas o afrocolombianos sufre “inseguridad alimentaria severa”.

El hambre necesita poco para convertirse en protesta política, como lo demuestra el Medio Oriente. Hace 23 años el precio de la comida provocó la sangrienta revuelta del “caracazo”, que cambió la historia de Venezuela. El hambre amenaza hoy a Evo Morales, en Bolivia. Hay que tenerle cuidado al hambre. Esa sí que es revoltosa.

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Canal seco

Posted by pocho On febrero - 19 - 2011

Fuente: El Espectador

El proyecto, que costaría US$7.600 millones, sería operado por el Grupo Ferroviario de China.

Con un perfil muy bajo, los gobiernos de Colombia y China vienen trabajando en una propuesta para construir un puerto seco que permita la conexión de los océanos Atlántico y Pacífico, a través de un ferrocarril, y que se convierta en una alternativa al Canal de Panamá para el comercio global.

Este viejo sueño de los colombianos podría hacerse realidad si el gobierno chino decide acompañar financieramente al presidente Juan Manuel Santos con una inversión cercana a los US$8.000 millones.

Se trata de un ferrocarril que no sólo conectaría los dos océanos, permitiendo un recorrido más rápido y más barato a los empresarios, sino que se sumaría a un proyecto ferroviario que uniría el interior del país con la Costa Atlántica. Allí sería necesario construir dos puertos, uno en el Pacífico y otro en el Golfo de Urabá.

El presidente de la Cámara Colombiana de Infraestructura, Juan Martín Caicedo Ferrer, señaló que no conoce los detalles del proyecto, pero considera que se deben atender los posibles problemas ambientales y diplomático con el gobierno panameño. Sin embargo, cree que es una alternativa interesante que hay que aterrizar para hacerla posible.

Pero no sólo la CCI no está enterada a profundidad del tema, sino también la gerente del Instituto Nacional de Concesiones (Inco), María Inés Agudelo, quien explicó que hasta ahora es sólo una idea, a pesar de que el primer mandatario informó que “es una propuesta real y que está muy avanzada”.

Por su parte, el exministro de Transporte Andrés Uriel Gallego, en diálogo con El Espectador, señaló que es una propuesta muy buena que ya se había contemplado durante el gobierno del presidente Virgilio Barco y que de cristalizarse sería muy importante para el desarrollo económico del país, ya que detrás del proyecto vendrán grandes inversiones de la segunda mayor economía del mundo.

El exfuncionario explicó que la ventaja del proyecto para Colombia es que hay identificadas varias zonas de aguas profundas donde se podrían construir megapuertos para atender el movimiento del ferrocarril y de un poliducto. “En el Pacífico están las bahías de Cupica, Aguacate y Humboldt, y en el Atlántico están Arenas y Ceverá”, recalcó Gallego.

Además, indicó que el impacto ambiental es mínimo, porque en las zonas donde existan humedales el ferrocarril sería elevado y en algunos tramos de la serranía se podría pensar en túneles, lo que haría que el movimiento de tierra sea mínimo.

Expertos consultados señalaron que sobre este tema hay estudios, ya que durante los gobiernos Barco y Samper se abordaron proyectos similares y se hicieron estudios de prefactibilidad, que finalmente se archivaron por los altos costos y los problemas ambientales (ver recuadro).

De acuerdo con la embajada china en Colombia, los cálculos que han realizado los expertos de los dos países vislumbran que el proyecto es viable y, aunque no hay ningún acuerdo cerrado, se mantendrán las conversaciones.

Para Beijing este proyecto se convierte en uno de sus grandes objetivos en Latinoamérica y de concretarse le permitiría a este gigante asiático ubicar sus productos en la cuenca del océano Atlántico y Colombia se convertiría en un puerto distribuidor para el resto del continente sin tener que pasar por Panamá, lo que reduciría los costos de transporte.

Los gobiernos adelantan conversaciones para suscribir acuerdos de cooperación que permitirán desarrollar proyectos viales para conectar el interior del país con los puertos. Para ello el Banco de Desarrollo de China viene desarrollando los estudios.
Otras iniciativas

El Puente Terrestre Interoceánico y el Canal Interoceánico.

El primero fue presentado en el gobierno del presidente Virgilio Barco (1986-1990) y consistía en una línea ferroviaria que uniría los litorales colombianos entre Bahía Ceverá, en el Atlántico, y Punta de Aguacate, en el Pacífico. El proyecto tendría 221 km de longitud y 8 km de túneles. Se contempló una inversión de US$3.500 millones, pero no fue ejecutado. El gobierno de Ernesto Samper (1994-1998) retomó una iniciativa similar bajo el nombre de Canal Interoceánico en la región de Urabá, pero esta vez uniendo los cauces de los ríos Atrato y Truandó. No se construyó porque, según estudios, la idea no era viable.

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Lección de vida

Posted by pocho On febrero - 13 - 2011

Por: Rubén Blades

Fuente: El Tiempo

La muerte, de la que solo algunos políticos han regresado, no editorializa. Suele servirnos para entender cosas.

Por lo general, con la muerte termina nuestro aporte o el despelote que armamos en vida. La muerte, de la cual solo algunos políticos han regresado, no editorializa.

Mas, en algunos casos, el fin de otra persona nos sirve para empezar a entender cosas.

Leyendo la página de obituarios que diariamente publica The New York Times, encontré un ejemplo proporcionado por un señor de nombre Tsumotu Yamaguchi, de 93 años.

Ingeniero de profesión, fue enviado por su jefe a una ciudad cercana, en un viaje de negocios. Camino a su cita, un resplandor incandescente lo cegó y, segundos después, se desencadenan los efectos de la primera bomba atómica utilizada en el mundo contra seres humanos, en Hiroshima (Japón), el 6 de agosto de 1945. Aunque más de 80.000 personas murieron incineradas, el señor Yamaguchi sobrevivió a sus quemaduras parciales y a la ruptura de sus tímpanos. Pasó la noche en un refugio improvisado, donde fue atendido, y al siguiente día, deseoso de volver a su familia, emprendió el regreso a su pueblo.

Luego de la alegría de reencontrarse con sus seres queridos, el ingeniero Yamaguchi se apersonó de su trabajo, ese 9 de agosto, para explicar a su jefe el resultado de su fallido viaje.

Allí, mientras narraba su horrenda experiencia, Yamaguchi volvió a ver la misma luz incandescente a través de la ventana de la oficina. La segunda bomba atómica acababa de ser lanzada, esta vez en su pueblo, Nagasaki.

Setenta mil personas murieron, pero Yamaguchi, aunque herido, no sucumbió.

Cuando leí la historia, mi primera reacción fue una sonrisa. Siendo caribeños, el tema de la ‘salazón’ de cierta gente nos resulta harto familiar y nunca cesa de producir hilaridad, aunque de la desgracia ajena se trate.

Pero inmediatamente se me acumularon otras consideraciones, más allá de la imposible coincidencia de esas fechas, del testimonio de un ‘Niju Hibaku’, el único humano reconocido oficialmente en el mundo como sobreviviente de las DOS bombas atómicas lanzadas en el mundo durante la Segunda Guerra Mundial.

¿Por qué sobrevivió Yamaguchi y no el resto? ¿Por qué le correspondió experimentar ese horror, no una sino dos veces? ¿Cómo es posible que haya vivido hasta los 93 años?

Ninguna de las interrogantes las puedo responder con propiedad.

Lo que me queda de su deceso, como una lección de vida, es que no existe una respuesta definitiva para todo, que jamás podremos explicar, o explicarnos, todo. Que quizás resulta inútil, e innecesario, el tratar de entenderlo todo.

Se puede argumentar, exprimiendo hasta la última gota de racionalidad, que las bombas explotaron a distancias que permitieron el necesario perímetro de separación, capaz de proteger a los que en él se encontraban. Podemos especular que las corrientes de aire provocadas por la explosión fueron atenuadas por edificios o inversiones atmosféricas, o desviadas hacia otros sectores. Se pueden crear todo tipo de consideraciones ad nauseam, pero, al final, creo que llegaremos a la eternamente y caribeña resolución de que al tipo no le tocaba morir ese día, y punto. Una explicación que, sin razón, resuelve.

El asunto es que el señor Yamaguchi sobrevive, se convierte en maestro de escuela y termina regresando como ingeniero a la compañía Mitsubishi.

Después de leerlo, recorté el obituario y lo pegué en la pared del cuarto que utilizo como oficina. Pasó el tiempo, terminé mi servicio público y regresé al cine y a la música.

Hoy, cada vez que comienzo a quejarme de pendejadas, a ser impaciente con otros, o a no entender las oportunidades que sobre mí se acumulan todos los días, cada vez que se me olvida esa enorme bendición que es la salud, levanto los ojos y encuentro la foto del señor Yamaguchi, con su impasible orientalidad examinándome, como preguntándose: “¿Y de qué carajo te quejas tú? A mí me tiraron dos bombas atómicas”.

Me sonrío otra vez, agradezco la lección de vida que me dio su muerte y recuerdo el otro punto que me impresiono de su historia.

Hay que ser japonés para, después de sobrevivir a una bomba atómica, aparecerse en la oficina del jefe a explicar por qué no funcionó el viaje. O por lo menos suizo.

Esa actitud profesional, en nuestro Caribe, resulta más difícil de creer que lo de las dos bombas.

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Sexo & Violencia

Posted by pocho On febrero - 11 - 2011

Por: Javier Sampedro

Fuente: El País España

La neurociencia puede encontrar pronto una forma eficaz de provocar una aversión combinada de un comportamiento agresivo y sexual.

En ‘La naranja mecánica’ , Anthony Burgess imaginó un método de condicionamiento pavloviano para provocar en el protagonista una aversión combinada hacia la violencia y el sexo. No tuvo éxito, pero el asombroso avance de la neurociencia puede encontrar pronto una forma más eficaz de lograr lo mismo, y también lo contrario: disparar el comportamiento agresivo de un individuo con un simple rayo de luz.

Dayu Lin, David Anderson y sus colegas del Instituto Tecnológico de California (CalTech), en Pasadena, han identificado el circuito neuronal básico que subyace al comportamiento agresivo. Está situado en una subregión concreta del hipotálamo, una estructura alojada en la base del cerebro. Sus experimentos, que se presentan hoy en ‘Nature’, están hechos en ratones, pero el hipotálamo y sus subdivisiones son universales en los mamíferos. El sexo y la violencia también lo son, y es muy probable que unos circuitos muy similares existan también en los humanos.

La forma más precisa de manipular circuitos cerebrales concretos es una técnica desarrollada en los últimos años llamada ‘optogenética’, porque usa tanto genes artificiales como moléculas activadas por la luz. Los detalles son muy complicados, pero la idea general es introducir en el cerebro -del ratón es este caso- unos genes diseñados para funcionar solo en ciertos tipos de neuronas, o que se puedan activar en una zona muy localizada del cerebro.

Esos genes fabrican (contienen la información para fabricar) unos canales neuronales especiales, capaces de activarse por la luz, o por una luz de cierta longitud de onda concreta. La combinación de genes que solo se activan en ciertas zonas y de luces que solo inciden en cierto momento permite un control espaciotemporal muy fino en la manipulación de la actividad cerebral. Es así como Lin y sus colegas del CalTech han identificado con gran precisión los circuitos del hipotálamo que subyacen a los comportamientos agresivos.

La nomenclatura de la anatomía del cerebro puede resultar fastidiosa, pero en realidad es tan simple como consultar un mapa urbano. Si imaginamos el hipotálamo como un reloj, las zonas laterales ocuparían la posición de las 3 y las 9. La ventral estaría a las seis. Y las zonas ventromediales (VMH, por ‘ventro-medial hypothalamus), a las que se refiere este trabajo, están a las 5 y a las 7. Dentro de ellas, la zona ventrolateral (VHMvl) es la más próxima a la periferia del reloj. Ese es el ‘locus’ cerebral de la agresividad.

La mitad de las neuronas del VMHv se activan por igual en presencia de un macho o de una hembra, pero muchas se mantienen activas solo en uno de los dos comportamientos. Por tanto, los dos comportamientos parecen compartir algunos tipos de input. “La interacción entre el sexo y la violencia está profundamente enraizada en la arquitectura básica del cerebro”, como dice el neurólogo Clifford Saper, de la Facultad de Medicina de Harvard .

Esta tecnología plantea la posibilidad de inhibir esos circuitos para refrenar el comportamiento agresivo. Los científicos han comprobado que la inactivación artificial de la región del hipotálamo VHMvl funciona bastante bien para reprimir los comportamientos agresivos: el 25% de los ratones se vuelven completamente pacíficos, y los demás muestran una agresividad más moderada de lo habitual. Por desgracia para las ‘naranjas mecánicas’ del futuro, este efecto solo dura ocho días. Pero esto es consecuencia de la técnica concreta que han usado Li y sus colegas para bloquear la actividad de esas redes neuronales, basada en unos virus especiales.

El amor suprime la agresividad. Cuando los investigadores hiperactivan los circuitos del VMHv con sus técnicas optogenéticas, los ratones macho se vuelven anormalmente agresivos: atacan no solo a machos y hembras por igual, sino también a los objetos inanimados, como un guante inflado, que se interponen en su camino. Pero esa misma hiperactivación optogenética no tiene el menor efecto si la actividad sexual ya está en curso.

Hay formas de violencia en la naturaleza que cuentan con la avenencia de la mayoría, e incluso con la legitimación de la ciencia. Que los zorros maten conejos para comer (agresión predatoria) y que los insectos envenenen a los pájaros que se los comen (agresión antipredatoria) es justo lo que cabe esperar de la “naturaleza roja en diente y garra” con que Tennyson saludó a la selección natural darwiniana.

Pero casi tan ubicua como la anterior es la violencia contra los miembros de la propia especie. Las anémonas -las ortiguillas de los bares sevillanos?, que pese a parecer algas se cuentan entre los más primitivos animales del planeta, se azotan unas a otras con sus tentáculos venenosos.

Los gusanos poliquetos se pelean con la trompa (proboscis, en la jerga), y los crustáceos con las pinzas. También se pelean entre sí las hormigas, las ranas, los petirrojos, los lagartos, las arañas, los salmones, los ciervos y los chimpancés. La humanidad ha sofisticado, pero de ningún modo inventado, este tipo de violencia intraespecífica.

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La felicidad

Posted by pocho On febrero - 10 - 2011

Por: Andrés Hoyos

Fuente: El Espectador

La imagen más extraña de la felicidad quizá sea la de Félicité, aquella criada de “Corazón simple”, el maravilloso cuento de Flaubert. Sí, es posible entender la felicidad como un sentimiento un pelín beato.

La etimología en este caso es clave. “Felicidad” comparte raíz con fecundus, que a su vez proviene de femina y más atrás del griego thele, que quiere decir ‘pezón’. La sucesión resulta reveladora, pues en su estado puro felicidad es lo que siente un bebé al mamar del seno de su madre. Así, podría decirse que la felicidad del latino es ante todo biológica, lo que plantea la obvia dificultad de discutirla en términos culturales, o sea de referirla a los seres humanos que ya no somos lactantes felices, sino otra cosa.

Para complicar el panorama, los distintos idiomas formaron sus conceptos de felicidad por vías muy diferentes y con énfasis muy variados. Happiness viene de hap, una palabra de origen nórdico que mezcla la buena suerte con la fatalidad. El francés, por su parte, hace mucho que prefiere los conceptos de joie (de gaudere, ‘alegrarse’) y bonheur (literalmente, ‘buen augurio’), desplazando al desván del desuso a la más pesada félicité. Con la felicidad de los filósofos tampoco se llega demasiado lejos, pues esta disciplina estudia lo que nos aleja del origen biológico. Immanuel Kant, por ejemplo, no confió en el término a la hora de adelantar sus pesquisas racionalistas.

La felicidad es por lo tanto una condición incierta e indefinible, entendida de manera distinta por las distintas culturas, lo que no ha obstado para que los estadísticos sientan la tentación de medirla, dando lugar a resultados que con frecuencia nos hacen reír. Colombia, que es un país averiado y martirizado, inmerso todavía en unos niveles de violencia espeluznantes, se ha llegado a ganar la medalla de plata de la felicidad en el mundo. A la luz de los extraños resultados, el entusiasmo académico resulta un poco ridículo, pues en cambio de ponerse a comparar lo que no tiene comparación, podrían empezar por estudiar cómo se entiende el sentimiento en cada lugar.

No soy, desde luego, partidario de pasarla mal, sino que prefiero referir mi vida a palabras más sápidas y adultas, como “alegría”, “diversión” y “placer”. Además, soy escritor y me acojo a la tradición que dice que la felicidad es poco fértil en los territorios literarios. La palabra aparece, pero no domina. Ya Tolstoi decía famosamente que es preferible escribir sobre familias infelices. Los poetas pueden ser incluso más cáusticos que él: “Ser estúpido y tener algo que hacer: he ahí la felicidad”, decía el gran expresionista alemán Gottfried Benn.

Al explorar la frecuencia en el uso de la palabra en los libros escaneados por Google queda claro que el apogeo de la felicidad sucedió en tiempos románticos. Pese a que la Constitución Americana cita su búsqueda como un derecho inalienable, el uso político del término es también problemático. Claudio Magris plantea el problema de la siguiente manera: “Todas las utopías que pretenden tener la receta para la felicidad ajena son totalitarias e insensatas, erróneas”. Yo haría extensiva la precaución de Magris al terreno más amplio de las políticas colectivas, proponiendo que la felicidad no es asunto de burócratas o de sociólogos. Que nos den la educación, el espacio, la seguridad y la libertad para vivir, pero que no pretendan conducirnos a ninguna Arcadia.

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