"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" - Alfred North Whitehead

La libertad de fumar

Por: Francesc de Carreras

Fuente: La Vanguardia

Al margen de que no soy fumador, y que incomoda de sobremanera tener al lado a una persona fumando; pienso que es muy interesante lo planteado en esta columna de opinión. Se las recomiendo. Pocho

La ley del tabaco ya está vigente y, por tanto, hay que acatarla, es decir, cumplirla. Ahora bien, ¿respeta de forma adecuada la libertad de fumar? Tengo serias dudas.

Para responder a esta pregunta debemos remontarnos a los principios básicos que fundamentan nuestro Estado de derecho. Empecemos por el primero: los seres humanos son libres e iguales. Libertad quiere decir que cada individuo es dueño de pensar y actuar según su propio criterio; igualdad quiere decir que todos tenemos el mismo grado de libertad. ¿De acuerdo? Si es así, prosigamos.

Al convivir con otros seres humanos, el ejercicio ilimitado de nuestra libertad puede impedir el ejercicio de la libertad de los demás. Por tanto, ahí está el segundo principio: sólo en función de la garantía de la libertad de los demás puede ser restringida nuestra libertad. Para determinar la libertad de unos y otros, así como también para asegurar su ejercicio, se inventaron el derecho (es decir, las leyes que delimitan la libertad de cada uno, iguales para todos, no lo olvidemos) y el Estado (el instrumento que garantiza que el derecho se cumpla). Me refiero, naturalmente, a que se inventó el Estado democrático de derecho.

Sentados estos principios básicos, vayamos a la ley del tabaco, en concreto a la prohibición de fumar en espacios cerrados abiertos al público. Las razones que se suelen aducir para justificar esta prohibición son de tres tipos.

En primer lugar, algunos consideran justificada la ley porque protege la salud de las personas. Creo que esta no es una buena razón. El derecho a la salud no está fundado en la libertad, sino en la igualdad: se garantiza que mediante un buen sistema sanitario público tendrán igual derecho a la salud los ricos y los pobres, ya que la salud es un bien que proteger de forma igual para todos con independencia de la posición económica de cada uno. No está prohibido ir en moto, o en automóvil, o escalar montañas o bucear, aunque todas estas actividades tengan riesgos para la salud. Pero como somos libres, decidimos autónomamente asumir estos riesgos. Igual sucede con los fumadores, que también deciden libremente asumir el riesgo de fumar.

El segundo argumento es de tipo económico: el tabaco deteriora la salud y produce enfermedades, lo cual comporta un enorme gasto para las instituciones sanitarias públicas que están sufragadas por todos, fumadores y no fumadores. Es injusto, se dice, que estos últimos contribuyan a financiar algo que no han causado. Tampoco este parece un argumento válido. Primero, porque ello se puede argüir de muchos otros gastos públicos (“yo nunca voy a los museos; así pues, tengo derecho a no contribuir a su mantenimiento”). Segundo, porque al comprar tabaco una parte de su precio va a parar a la hacienda pública al estar gravado con impuestos y, al parecer, aunque es de difícil el cálculo, el importe de estos impuestos es superior a los gastos que comportan las enfermedades provocadas por el tabaco. Y una razón algo macabra: si los fumadores mueren antes, todo esto que se ahorra el sistema de pensiones de la Seguridad Social.

El tercer argumento a favor de la ley ya parece más plausible: su finalidad es proteger a los fumadores pasivos, aquellos que no fuman pero aspiran humo contaminado de tabaco. Se trataría, así, de un límite a nuestra libertad para respetar los derechos del otro. Sin embargo, no hay pruebas concluyentes sobre el alcance del daño que produce el humo del tabaco disuelto en el aire. Parece que para provocar un efecto comparable al que puede sufrir un fumador activo, el pasivo debería vivir muchos años durante todo el día en una atmósfera extraordinariamente viciada, lo cual no justifica las medidas prohibicionistas que adopta la ley. Pero acojamos este argumento aunque sea inseguro y partamos de la dudosa premisa según la cual nadie está obligado a aspirar humo de tabaco.

Podría ser aceptable, entonces, que en los establecimientos públicos se prohibiera fumar porque así lo ha decidido su dueño, sea el Estado, las comunidades autónomas o los ayuntamientos. Quizás también ello sería aplicable en los centros de trabajo privados a los efectos de proteger a los clientes no fumadores. Ahora bien, una prohibición general en los establecimientos privados de ocio, bares y restaurantes, contra la voluntad de su dueño, no parece tener justificación, ni siquiera como protección del trabajador, ya que nadie tiene derecho a trabajar en un establecimiento determinado y mucho menos el derecho a entrar en cualquier bar o restaurante.

Por tanto, mi objeción a la ley se funda en el principio de libertad, base de nuestros estados democráticos. Considero contrario a esta libertad que la prohibición sea general, porque me parece una medida arbitraria (sin fundamento lógico) y desproporcionada (inadecuada para los fines que se pretenden). No entiendo que esté prohibido fumar en todos los bares y restaurantes dado que existe el derecho a fumar.

(Nota: quizás todo lo que he escrito es un sofisma, yo mismo tengo dudas. Pero abramos un debate razonado sobre esta cuestión o acabarán, sin argumentos suficientes, por prohibirlo todo).

Apagón

Por: Luis Andrés Iregui V.

Fuente: www.enter.co

Entre todas las noticias que han salido de Egipto durante la última semana, quizás una de las más destacables para los fanáticos de al tecnología fue el ‘apagón’ de Internet que vive este país por cortesía del gobierno de Hosni MubarakAunque parezca absurdo y contradictorio con los principios democráticos de su país, en un futuro los estadounidenses podrían conferirles los mismos poderes absolutos a sus gobernantes.

La semana pasada, un comité legislativo del Senado de Estados Unidos aprobó el proyecto de Ley S. 3480(inglés), por medio del cual se crearía el National Center for Cybersecurity and Communications (Centro Nacional para la Ciberseguridad y las Comunicaciones, NCCC por su sigla en inglés). Esta nueva entidad quedaría bajo el mando del presidente y tendría una potestad absoluta para controlar la Red, incluyendo la posibilidad de ‘apagar’ Internet por 30 días.

A pesar de sus evidentes implicaciones negativas, la iniciativa estadounidense tiene fines muy diferentes a los que inspiraron a apagar la Red en Egipto. En teoría, el NCCC usaría sus poderes únicamente cuando haya ataques a la infraestructura informática de Estados Unidos, no para suprimir las opiniones o manifestaciones de sus ciudadanos.

Una fuente del gobierno le dijo a Wired (inglés) que el proyecto no ordena que se apague la Red del todo, sino que se limita a que se desconecte “infraestructura crítica”. Por ejemplo, desconectar la presa Hoover de la Red cuando un ciberataque sea inminente. La pregunta que se hacen grupos de libertades cívicas que han cuestionado la ley, como ACLU, es ¿por qué no apagar esos sistemas afectados si ya se sabe que viene un ataque en lugar de desmontar los sistemas críticos de la Red?

Otros, como el periodista Dan Costa, de la revista PC Magazine (inglés), resaltan las dificultades técnicas y prácticas de apagar Internet en Estados Unidos. A diferencia de Egipto, la sociedad estadounidense tiene millones de conexiones de todo tipo –privadas, públicas y secretas–, por lo cual un apagón total de Internet al estilo egipcio sería muy difícil de lograr, por no decir imposible.

Por otro lado, la economía estadounidense y su sistema financiero dependen de las transacciones instantáneas que permite la Red. Apagar Internet por 30 días puede evitar que un ciberataque afecte la vida de sus ciudadanos, pero también podría causar daños profundos e imprevisibles al país.

No obstante su peligrosidad, precisamente el alto grado de sofisticación que tiene esta sociedad la hace más vulnerable a los ataques cibernéticos. Un ataque tan sofisticado como Stuxnet –contra plantas nucleares iraníes– que atente contra las redes del país podría poner en serios aprietos la maquinaria social y económica de la nación más poderosa del mundo y, en consecuencia, pondría en juego la seguridad del resto del planeta.

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Las cajas del fútbol

Por: Xavier Batalla

Fuente: La Vanguardia

Invertir en el fútbol no es lo mismo que hacerlo en arte moderno, si se exceptúan –dirá el aficionado culé– las virtudes del juego del Barça. Esta semana, The Wall Street Journal, diario económico poco dado a la lírica, ha escrito que el Barça triunfa con “estilo y elegancia”. El cronista empleó la palabra swagger, que los raperos utilizan para decir que a uno le cae muy bien un traje.

La inversión en el fútbol tampoco ha sido históricamente lo mismo que poner dinero en el sector inmobiliario, hasta ahora tan boyante que a algunos constructores les gustaba eso de ponerse las botas. Lo único seguro es que, pese a la crisis, oligarcas rusos, magnates indios del acero y jeques árabes siguen invirtiendo en el fútbol. Después de la primera gran crisis del petróleo, la de 1974, cuando los precios se cuadruplicaron, los jeques invirtieron en inmuebles londinenses; ahora lo hacen en los clubs de la Premier League, aunque no parece que pretendan hacer negocio. ¿A qué obedece entonces este empeño en arriesgar el dinero en unas cuantas piernas?

Mohamed al Fayed, el primer extranjero que adquirió un club de fútbol inglés (el Fulham, en 1997), confesó en una ocasión que es imposible hacer dinero con el balompié. ¿Por qué entonces más de la mitad de los veinte equipos de la Premier League son ahora propiedad de extranjeros? Las explicaciones van por barrios, como ocurre con la globalización. Para los inversores estadounidenses no hay vuelta de hoja: lo que se persigue es ganar dinero. Si no fuera así, no serían estadounidenses. Pero para los inversores rusos, como Abramóvich, el amo del Chelsea, la inversión tiene mucho que ver con el miedo a que le persigan: cuando Abramóvich compró el Chelsea, un par de oligarcas rusos que no escaparon a Londres fueron encarcelados en Moscú. Y este también fue el caso de Thaksin Shinawatra, ex primer ministro de Tailandia, que adquirió el Manchester City para salir en la prensa inglesa y pedir asilo político.

El caso de los jeques árabes es distinto. ¿Pretende ganar dinero el jeque Mansur, hijo del mandamás de Abu Dabi, un emirato del que se dice que si el precio del barril de petróleo aumenta un dólar su fortuna se incrementa diariamente en 500 millones de dólares? Probablemente no. Lo que pretende el jeque, cuyo hermano gobierna gracias al golpe muy británico que derrocó a su padre, es dar otra imagen en Occidente, como pasa con el emir de Qatar, que pagará por un logo en la camiseta del Barça. Pero las inversiones en el fútbol, incluida la Liga española, tienen otra lectura.

A finales del siglo XIX, Europa exportaba militares y expertos constitucionales y legales. Después, y para colmo de lo atractivo de su poder blando, Europa también envió a la periferia a sus expertos en los asuntos del fútbol. Pero el mundo ha cambiado y las inversiones de los emergentes en el fútbol occidental pueden ser interpretadas como una revancha de la historia, ya que el balompié es un invento de los antiguos colonialistas.

Hace tres años, Ford anunció una operación que fue una ironía. Las empresas Land Rover y Rolls Royce, dos enseñas de la gloriosa industria británica, fueron adquiridas por la compañía india Tata Motors, lo que fue una compra cargada de simbolismo para quienes fueron colonizados por los antepasados de los señores Rolls y Royce. Y ahora, ¿qué pintan un empresario indio como Ali Syed comprando el Racing o un jeque como Abdulah al Thani fichando a todo lo que se mueve para el Málaga? Estas operaciones demuestran el poder de los emergentes, como India, y del petróleo. Pero también subrayan la debilidad de las cajas de nuestro fútbol, cuyos dirigentes manirrotos, cargados de deudas, aceptan capital venga de donde venga. Menos mal que no se dice nada de que los clubs se conviertan en bancos.

Filantropía

Fuente: Semana

La iniciativa para que las familias más ricas del mundo donen más de la mitad de su fortuna y expliquen sus motivos públicamente ha despertado un debate sobre la filantropía.

La idea suena absurda: convencer a los demás de donar más de la mitad de su patrimonio a causas caritativas. Pero cuando los que se comprometen a materializar esa iniciativa son dos de los tres hombres más ricos del planeta, y su objetivo son las 400 mayores fortunas de Estados Unidos, no solo se vuelve posible, sino que toma tintes revolucionarios. Por eso la campaña que ocupa desde hace meses a Warren Buffett y Bill Gates (el otro es el mexicano Carlos Slim) ha sacudido el mundo de la filantropía. Cerca de 60 magnates ya se han sumado a la iniciativa, que ha despertado interesantes discusiones a medida que crece la lista.

El consejo más famoso del oráculo de Omaha, como apodan a Buffett, es “sea temeroso cuando otros son codiciosos y viceversa”. Pero The Giving Pledge (algo así como ‘la promesa de dar’) no tiene nada ni de temeroso ni de codicioso. Buffet y Gates han sido consumados filántropos desde hace tiempo. El fundador de Microsoft ha desarrollado, junto con su esposa, Melinda, la Fundación Gates, probablemente la organización de caridad más poderosa del mundo. El legendario inversionista, por su parte, conocido por abogar por más impuestos para los ricos, se comprometió desde 2006 a donar el 99 por ciento de su fortuna. La mayor parte irá, precisamente, a la fundación de su amigo. Ahora esperan atraer a sus ‘colegas’, gente que, como ellos, puede pasarla perfectamente, sin perder un ápice de su extraordinario nivel de vida, con una fracción a veces mínima de sus fortunas.

Todo comenzó en 2009, cuando se filtró a la prensa que Buffett y Gates habían organizado un cena de millonarios muy confidencial en Nueva York. En total eran 14 invitados, entre los que estaban personajes como Michael Bloomberg, el alcalde de Nueva York que fundó la compañía de información financiera que lleva su nombre, el magnate David Rockefeller y Ted Turner, el titán de las comunicaciones que fundó CNN. Era una gran historia: la reunión secreta de las personas más ricas del mundo. Algo se traían entre manos. Muy pronto se supo que estaba relacionado con filantropía, y los medios buscaron afanosamente los detalles, pero sus promotores se negaron a hablar. Durante un año reinó un pacto de silencio. Esa era la semilla de la que podría ser la mayor recaudación de dinero de la historia. Se trataba, según se conoció después, de una reunión exploratoria para compartir varias filosofías caritativas a la que siguieron otras cenas que se mantuvieron en reserva.

Finalmente, The Giving Pledge salió a la luz a mediados del año pasado. En un artículo escrito a cuatro manos en la revista Fortune, Buffett y Gates les pedían a las familias más ricas del país que se comprometieran a donar más de la mitad de sus fortunas a las causas filantrópicas y a las organizaciones caritativas que escojan en vida o después de morir. Las condiciones son sencillas. Cada persona que se sume debe hacer una declaración pública para explicar su motivación y, en un evento anual, todos se reunirán para compartir ideas y aprender de las experiencias de los demás. Es, en pocas palabras, un exclusivo club filantrópico. La campaña no reúne, administra o fiscaliza el dinero. “Es un compromiso moral de donar, no un contrato legal”, aclara la iniciativa, y no está atado a una causa u organización determinadas. Y está específicamente orientada a los ‘billonarios’ estadounidenses (como se denominan las fortunas de más de mil millones de dólares), aunque eventualmente se puede convertir en una iniciativa global. En septiembre, de hecho, visitaron China para promover la filantropía.

The Giving Pledge también aspira a inspirar conversaciones no solo sobre cuánto se dona, sino cuál es el propósito. Y por último, al hacerlo público, la idea es crear una atmósfera que impulse a más gente a donar. Su impacto podría ser enorme. Gates considera el 50 por ciento una meta deliberadamente baja, para motivar la participación. De entrada le apuntan a los miembros de la lista Forbes de los 400 más ricos del país. Fortune calcula que si esos cuatro centenares se decidieran, sumarían más de 600.000 millones.

Apenas una semanas después del llamado, llegó la respuesta positiva de un primer grupo de 40 familias, entre los que estaban Bloomberg, Turner, el gigante hotelero Barron Hilton y el director de la mítica Star Wars, George Lucas. En diciembre se unió un segundo grupo con otras 17 familias. Entre ellos, el fundador y presidente de Facebook, Mark Zuckerberg, de 26 años, cuya fortuna de más de 6.000 millones de dólares inspiró una película, Red social, que no lo deja muy bien parado. “La gente espera hasta tarde en su carrera para donar. Pero ¿por qué esperar cuando hay tanto por hacer?-declaró Zuckerberg-. Con una generación de tipos más jóvenes que ha prosperado gracias al éxito de sus compañías, hay una gran oportunidad para muchos de nosotros para donar más temprano, mientras vivimos, y ver el impacto de nuestros esfuerzos filantrópicos”.

Como ocurre con todas las personas, entre los magnates la presión de grupo puede arrastrar a otros, y se especula que en cualquier momento van a sumarse más famosos, como Steve Jobs y Oprah Winfrey. Pero también hay una variada serie de argumentos, desde los pragmáticos hasta los idealistas, en las cartas que han escrito. Algunos han señalado que es tanto el dinero que acumulan que es imposible que lo gasten. Buffet, por ejemplo, explica que su donación del 99 por ciento de su fortuna puede parecer grande en dólares, pero comparativamente pequeña frente a los que se privan de algún placer para donar a una causa social todos los días. Argumenta que, con el uno por ciento de su dinero, él y su familia no renunciarán a nada que necesiten o quieran. Turner recuerda que su padre le inculcó la filantropía, y que la quiere ceder a sus hijos, y los Gates declaran que los motiva derribar las barreras que le impiden a cualquier niño alcanzar su potencial. Al final, el listado es amplio y variado.

Sin embargo, no todo son aplausos. Hay quien lo ve como una inmensa operación de relaciones públicas que, a fin de cuentas, genera grandes exenciones de impuestos. Otros señalan que simplemente refleja la inmensa concentración de riqueza. El crecimiento de las megafundaciones de los millonarios, argumenta Pablo Eisenberg, un profesor de Georgetown experto en el liderazgo sin ánimo de lucro y la filantropía, puede ser un desarrollo peligroso para la democracia norteamericana, pues estas no tienen que rendir cuentas públicamente y muchas funcionan sin mediar ninguna discusión. Al influir excesivamente en la agenda y las políticas públicas pueden debilitar al gobierno, que sí responde a dinámicas políticas. Vale la pena recordar que Estados Unidos viene de una feroz campaña en la que las donaciones de multimillonarios como los hermanos Koch, conocidos también por donaciones filantrópicas, financiaron movimientos de base como el Tea Party.

Sin embargo, otros expertos mantienen el optimismo. Según Peter Singer, una autoridad en el tema, de la Universidad de Princeton, las investigaciones demuestran que cuando la gente sabe que otros están donando son más proclives a hacerlo también. El debate apenas comienza, aunque Buffett y Gates ya son ganadores, pues han cumplido una parte fundamental de su propósito con solo vigorizar la discusión sobre la filantropía.

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Libélulas

Por: EFE

Fuente: El Espectador

Confirman que libélulas pueden reproducirse sin necesitar a los machos

Era el único insecto en el que no estaba confirmado ese modo de procreación.

Por primera vez, investigadores españoles han descubierto la capacidad de reproducirse sin necesidad de los machos de las libélulas, hasta ahora el único insecto en el que no estaba confirmado este modo de procreación (partenogénesis).

“Hemos confirmado la excepción de la regla. En el resto de insectos, desde mariposas hasta escarabajos y moscas había por lo menos un caso de partenogénesis”, explicó a Efe el biólogo de laUniversidad española de VigoAdolfo Cordero, una autoridad mundial en el estudio de las libélulas.

El hallazgo se ha llevado a cabo en las sucesivas expediciones del equipo del profesor Cordero a las nueve islas atlánticas de Azores (Portugal), situadas a 1.500 kilómetros de distancia de Lisboa.

Durante los viajes, los biólogos tomaron larvas de la especie Ishnura hastata, sobre la que ya existía la sospecha de que eran poblaciones compuestas únicamente por hembras, y las criaron en su laboratorio.

El resultado fueron nueve generaciones de estos caballitos del diablo -como se conoce genéricamente a esta especie- y 2.000 crías.

“Todas las hijas fueron hembras y clones de sus madres, es decir, con una variabilidad genética muy pequeña”, indicó el profesor en conversación telefónica.

La especie, que curiosamente sí se reproduce de forma “normal” en el resto del mundo, tiene presencia en las nueve islas del archipiélago portugués, salvo en Graciosa -donde casi no hay agua dulce-, añadió Cordero, que acaba de iniciar una colaboración con la Universidad de San Francisco de Quito para confirmar si este caso de partenogénesis también tiene lugar en las Galápagos.

Actualmente, la Ishnura hastata se reparte desde el sur de Canadá hasta el sur de Colombia y es relativamente común en todas las islas del Caribe.

Los investigadores de la Universidad de Vigo, que colaboran con la Universidad de Roma y la Universidad de las Islas Azores, barajan dos hipótesis acerca de las causas de este caso de partenogénesis.

La primera es que llegaran “machos y hembras a las Azores y, por alguna circunstancia que desconocemos, las hembras prescindieran de los machos, es decir, que la partenogénesis sea algo nuevo que haya evolucionado una vez que el animal colonizó el archipiélago”.

La segunda opción es que aterrizaran ya con esa capacidad de reproducción, “lo que parece lo más probable y razonable”.

Este pequeño caballito del diablo, de apenas 2,5 centímetros de longitud, posiblemente alcanzara Azores con ayuda del viento o de forma indirecta por actividades humanas.

“Revisando la historia, en Azores hubo mucho transporte de barcos que viajaban a América y viceversa, por ejemplo balleneros, que recogían agua en barriles para beber de cualquier lugar y luego los vaciaban en el lugar de destino. Es fácil que se colara alguna larva”.

El trabajo del equipo del departamento de Ecología y Biología Animal de la Universidad de Vigo ya ha sido publicado y citado en varias revistas científicas, entre ellas la prestigiosa “Nature”.

La libélulas representa un orden de insectos de alrededor de 5.700 tipos de especies, similar al tamaño de los mamíferos, pero dentro de los insectos supone un número muy modesto.

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