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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

De héroes y de sapos

Posted by Pocho On noviembre - 9 - 2010

Por: Heriberto Fiorillo

Fuente: El Tiempo

Importante columna del Sr. Fiorillo. Ya es hora de que nuestros politicos de turno, dejen de entregar casitas, y se dediquen a entregar estadios, e infraestructura decente para nuestros deportistas. Educación & Deporte, serán siempre pilares básicos para construir un mejor país. Pocho

A propósito de Rentería, el país espera que el Estado enmiende lo que ha sido una conducta de indiferencia e injusticia frente a las necesidades de la población

Colombia está de fiesta. Una vez más, un colombiano demuestra que es capaz de llegar al tope de su carrera profesional, triunfando en el extranjero.

Acaba de hacerlo Édgar Rentería, el jugador más valioso de la última Serie Mundial. Antes lo han hecho Shakira, García Márquez, el Happy Lora, Juanes, Kid Pambelé, Rocky Valdés, Fidel Bassa y Cochise Rodríguez, para citar unos pocos.

Ellos solitos, con el estímulo de sus seres queridos, forjaron su destino a pulso. Nada le deben al Estado ni a la sociedad colombiana, mucho menos a los políticos, primeros en salir a tomarse la foto con el campeón de turno, al que le arman un protocolo para darle un pergamino, imponerle una medalla de cobre y bañarlo en elogios, por lo demás merecidos.

Pero los políticos son, en su mayoría, tan poco generosos con el deporte, la música, la cultura que, al verlos junto al héroe, la gente adivina su teatralidad y se pregunta qué hacen de verdad estos tipos, de sapos en la foto.

Porque la nación está de acuerdo en que, por ejemplo, un gobernante felicite a los triunfadores, por su representatividad, en nombre de todos, pero lo que un país como el nuestro anhela es que ese mismo gobernante enmiende lo que ha sido hasta entonces una conducta estatal de indiferencia e injusticia frente a las necesidades deportivas, culturales y recreativas de la población.

Sólo así entendemos en el mandatario una justa representatividad. Que al celebrar el triunfo de uno de esos compatriotas, él y nosotros cobremos orgullosos el apoyo que también como país le hemos brindado. De lo contrario, habrá que arrepentirse y hacer en cada ocasión, tras el golpe de pecho, un profundo propósito de enmienda.

A duras penas, un campeón de boxeo consigue de un presidente la promesa de una casita para él o para su señora madre. Un héroe solvente como Rentería espera por lo menos un nuevo estadio, pero es consciente de que el béisbol de la Costa y de Colombia demanda una política global que le permita asegurar canchas y campos de juego en barrios y colegios, para que los pequeños y numerosos Renterías que quieren iniciarse hoy en el béisbol encuentren un entorno propicio.

Pero qué va, si ya el mismo Estado le ha quitado al deporte su obligatoriedad escolar y los parques se destruyen y convierten en bombas de gasolina o en centros comerciales, sin grama y sin árboles donde reinventar el universo, sino con máquinas electrónicas y de juego que transforman a nuestros niños en tahúres. Los demás seguirán bateando con palos de escoba y “chequita”, garrotes y bolas de cinta aislante, en las calles y en los playones contiguos a los estadios cerrados, que se pudren por la desidia.

En Colombia, la empresa privada ha venido remplazando al Estado en sus obligaciones con la sociedad. En la Costa, empresas como Olímpica y Promigas apoyan equipos deportivos desde sus divisiones infantiles, pero necesitamos de una política nacional que aproveche esos recursos, los multiplique y garantice a su vez los escenarios, los fundamentos, los profesores, el trabajo en barrios y colegios, así como el regreso masivo del público a los eventos.

Sólo desde el Estado puede orquestarse una política de estos alcances. Un Estado convencido de construir país y orientar el desarrollo desde la cultura.

Porque nada mejor para cohesionar una tribu que el deporte, la música, las bellas artes. Cada tanto, un compatriota nos lo comprueba. A veces con un jonrón de tres carreras, y una vida entera, como acaba de hacerlo Édgar Rentería.

A ver si algún día los políticos aprenden, mientras se suben de nuevo al bus de la gloria, sonrientes, agitando la bandera.

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